LA ESTÉTICA DE LA LIBERTAD Y SU EXPRESIÓN EN CINTIO VITIER

Marilys Marrero Fernández

2.1.2 Su filosofía cristiana y la concepción de la libertad

Cintio Vitier proclamó que la libertad es lo único esencial para el ser americano e insular, no solo la libertad política, de las ideas, sino la libertad espiritual, la independencia del ser; buscó en la libertad el sentido fundacional del proceso de nuestra identidad, sus dimensiones filosóficas y estéticas. La libertad como necesidad para el conocimiento de sí mismos; la libertad como máxima y suprema aspiración del hombre, sustentada en una profunda cultura humanista, filosófica y estético-literaria, una concepción cristiana arraigada y una comprensión de la praxis social cuyas raíces se encuentran en la consciente y apasionada asimilación del pensamiento martiano, conjugadas con una activa praxis, como ciudadano y como escritor, concepciones expresadas en su obra a través de una compleja polifuncionalidad del arte.

Estas dimensiones de la libertad en su pensamiento se manifiestan además, en su concepción filosófica cristiana, adquiridas por diversas fuentes y expresadas a través de su poética de la creación; de ellas de derivan las influencias esenciales:

Desde la adolescencia me sentí atraído por el cristianismo, más o menos heterodoxo de Unamuno y de Pascal. Me sensibilizaron también mucho en este sentido San Juan de la Cruz y Fray Luis de León, Vallejo, Dostoievski, Rilke, Bloy, Eliot, el Seminario de María Zambrano sobre San Agustín.... una noche pasada en la sala de niños del hospital Calixto García por accidente de mi hijo mayor y la gran Misa católica de Bach [...]. De pronto supe que siempre había sabido que el Evangelio era verdad y que estaba viviendo desde la niñez una vida clandestina, oculta.

El origen de su concepción cristiana, como lo testimonia, se encuentra en experiencias vitales, emocionales y en lecturas eminentemente literarias inscritas en la tradición humanista del pensamiento occidental. En la década del cuarenta el Seminario de Filosofía de María Zambrano sobre el cristianismo fue decisivo por lo que le aporta a esa unidad indisoluble que encuentra entre la filosofía y la estética, al decir de Vitier: “Una filosofía milagrosamente ajustada a lo que estaba empezando a ser nuestra propia experiencia poética.” Si especial fue la lección sobre San Agustín, por el significado de la trascendencia de la memoria, también lo fueron las dedicadas a Descartes, Hegel y Bergson. En su primera novela, De Peña Pobre (Memoria y novela), (1980), la nota-testimonial que la presenta cita como fuente referencial la conferencia de María Zambrano titulada Nacimiento y desarrollo de la idea de la libertad de Descartes a Hegel, ofrecida en 1944, sobre la libertad ; en ella Vitier cita las principales reflexiones de la filósofa andaluza sobre la libertad y sus raíces históricas, desde su concepción cristiana:

…la idea de la libertad…nace con el cristianismo... ¿Qué había antes...? De un lado Grecia; del otro, el Oriente. En el Oriente múltiples religiones, y en ella nunca la idea de la libertad, sino de liberación, destacada sobre un fondo religioso. [...] …la libertad que en las religiones anteriores no aparecía sino como liberación, en el horizonte del cristianismo, que pone en limpio la originalidad del hombre, aparece como rescate.[…] Es decir que alguien paga por su agonía y devuelve al hombre su libertad y su ser. No se trata, pues, de algo que le sobreviene al hombre sino que le es restituido, ya que en cuanto hijo directo de Dios, es constitutivamente libre.

La concepción judeo-cristiana de Vitier sobre la libertad, bajo la tutela filosófica de la Zambrano posee una ascendencia agustiniana, esta nutre su pensamiento sobre la memoria: trascendencia de futuridad, libertad espiritual que alcanza el hombre en el sacrificio y en la resurrección: “La libertad se descubre como el bien, como Dios, por irrupción de la persona original.” Tesis contenida en pasajes bíblicos como El Éxodo y Los Evangelios.

Comprendió, con la lectura de “La Cuba secreta” de María Zambrano, que lo ontológico está en la búsqueda del ser nacional a través del tiempo histórico-literario. Esta concepción se expresa a través del concepto de tiempo ético. Así, en el prólogo Lo cubano en la poesía (1958), manifestó cómo el libro surgió debido al profundo abatimiento en que se encontraba, producto del “sinsentido” de la realidad republicana vivida y sufrida; de ahí que en su sistema estético, “poesía e historia” estaban separadas en el tiempo, expresadas en las metáforas “distancia y lejanía”; es decir, el hecho físico separado de lo espiritual en la búsqueda de “lo cubano”, en el período anterior a 1959.

Situaciones negativas tuvo que enfrentar, antes de 1959, en medio de una sangrienta tiranía que rechazó y calificó de irrealidad y extrañeza; después de 1959, en medio de una compleja lucha ideológica en los inicios de la Revolución, afronta una nueva “situación negativa” debido a las polémicas con algunos miembros de Lunes de Revolución, debido a su cristianismo militante, por lo que algunos funcionarios se involucraron en la marginación de que fue objeto, frente a la cual se erigió su pensamiento ético y humanista, hechos que afectaron incluso, la primera edición de ese libro paradigmático de nuestra cultura en defensa de la libertad, Ese sol del mundo moral. Para una historia de la eticidad cubana. El punto de partida del texto es la eticidad, fundamento de universalidad situada y de libertad concreta, a la vez señala los momentos principales en el proceso de formación de la nacionalidad cubana en su raíz ética.

Otro factor determinante en esta evolución fue su vínculo con los teólogos de la liberación en América Latina, por su definida posición al lado de los humildes, de la justicia social, y de la libertad para América; su amistad entrañable con el sacerdote Ernesto Cardenal y con su maestro espiritual, el sacerdote norteamericano Thomas Merton . De su admiración por la entrega revolucionaria del sacerdote-guerrillero colombiano Camilo Torres, el cual lo introdujo en la idea de la unidad espiritual y de fines humanistas, del cristianismo con el comunismo, expreso: “[…] la ayuda de Camilo Torres, padre, héroe y mártir del cristianismo revolucionario [...] me permitió entrar en la materia viva de la realidad, de la historia, de la Revolución, y alcanzar la perspectiva necesaria para conjugar lo íntimo y lo social, la memoria y la historia” ; igualmente influyó su identificación con la obra y el pensamiento revolucionario de Frei Betto, especialmente su antimperialismo: “Mis simpatías están con los católicos revolucionarios como Camilo Torres y Ernesto Cardenal. Creo que el cristiano sincero debe estar al lado de la Revolución porque es el único esfuerzo real que se ha hecho en nuestro país por cumplir el mandato del Yahvé y de Cristo, de hacerle justicia al pobre y rechazar la explotación y el lucro.”

La defensa de la otredad, sustentada por los pensadores antes señalados, es un punto nodal en el pensamiento de Vitier, al cual también llegó por su convicción cristiana y los contenidos bíblicos. Su pensamiento asume la lógica de la alteridad en relación con la libertad individual y social, y su realización en el martirologio, sobre todo en la existencia de una conciencia ética. Estas reflexiones se relacionan con el pensamiento ético martiano sobre la libertad espiritual, idea evidente en los propósitos de un texto tan significativo como Ese sol del mundo moral, (1974), en los análisis realizados en su ensayística literaria sobre la poesía encarnada en la historia, y en las propuestas sobre las vidas de los protagonistas de la novela De peña pobre (1980).

En la base de su pensamiento filosófico cristiano, se destaca su correspondencia ideológica con los fines humanistas de la teología de la liberación, humanismo sobre el cual fundamenta su proyecto estético sobre la cultura cubana como instrumento de liberación nacional, esencia de su estética de la libertad. En su concepción inicial, historia y poesía ―poesía como sinónimo de creación― estaban separadas; después de 1959, la poesía encarna en la historia, vista no solo en su sentido oficial, sino a través de fragmentos, relatos de historias anónimas que conforman la lucha del hombre por encontrarse a sí mismo y con ello su libertad; concepción presente en la mejor tradición del pensamiento de nuestros fundadores, la memoria fundadora; Cántico nuevo es el testimonio estético de este cambio de paradigma sobre la creación, donde asume la conciencia estética con plena responsabilidad declaratoria:

Este libro no es tanto de poesía

como de conciencia [...]

La poesía no está por encima de nada.

Echo mi vida a un juego: ser honrado

He pasado de la conciencia de la poesía

a la poesía de la conciencia.

Esta “encarnación de la poesía en la historia” es la imagen viteriana que expresa la inserción del arte en su contexto histórico, solución dada a la evolución ideoestética sobre la libertad y la funcionalidad del arte. Concibe la poesía como un llamado secreto de la materialidad del mundo en busca de un sentido; expresa en el discurso estético cristiano su concepto sobre la creación poética, donde “el espíritu es la energía de la materia poética”:

[...] ahí está el misterio mayor de la revelación judeocristiana, para lo cual el espíritu no es lo contrario de la materia sino su energía […]. Si el espíritu en el mundo solo puede existir como materia, la materia tiene que resucitar, o más bien, la materia es, ya, el anhelo de la resurrección que la poesía oscuramente recibe de las cosas, de las criatura. […] ¿no es la materia misma de la poesía?

En 1968 escribe un texto El Violín; este instrumento es su símbolo de la creación artística, el que por primera vez lo introdujo, en su niñez, en el mundo del arte y de la creación. El texto marca una nueva etapa en el desarrollo de su concepción cristiana y revolucionaria sobre la libertad : “Únicamente se alcanza la libertad por el vencimiento del yo y la entrega […].” La dimensión de este concepto es el renacer, es compromiso social a partir del dominio y conocimiento de su individualidad como una unidad:

Y es que no hay compartimientos en la realidad. Todo está en todo, el ser es solidario […]. Ya no hay abstención, sino tensión perenne. Ya no hay actitud pasiva sino pasión activa […]. Ya no hay, no puede haber, neutralidad, […]. Uno siente que lo verdaderamente necesario y lo verdaderamente honesto, sería olvidarse de sí, entregarse al servicio de los otros, en una forma u otra, sin más miramientos […].

En otro texto, En Cuba: antes y después, presentado en el Simposio sobre Ernesto Cardenal en Nicaragua en 1985, insiste en el concepto de la libertad en el pensamiento religioso y su conflicto al tratar de conciliar los principios del marxismo con su filosofía cristiana; este proceso lo calificó como “el inicio de un nuevo aprendizaje cristiano y revolucionario.”

El concepto sobre la libertad en Cintio Vitier transita por reflexiones teológicas caracterizadas por una eticidad cristiana que trascienden a la comprensión de la libertad como una necesidad social materializada en el proceso político de la Revolución Cubana, en su obra de justicia y solidaridad humanas, para ascender a un antimperialismo martiano y militante. La comprensión de la realidad concreta del país ha contribuido a la evolución de su concepto de la praxis liberadora en un sentido dialéctico al reconocer la profunda relación de los problemas económicos con los problemas morales.

El pensamiento cristiano de Cintio Vitier coincide con estas concepciones expuestas por los teólogos de la liberación en relación con su vertiente humanista, independentista y antimperialista, lo cual le ha permitido nutrir su obra y su acción con una consecuente postura cristiana y revolucionaria, un sustento estético basado en la identidad con sus postulados filosóficos cuyas expresiones en el plano estético se manifiestan en la función religiosa sobre la creación; a ello se une una característica muy particular, su experiencia en el aprendizaje y la acción en la Revolución Cubana; esta experiencia ha enriquecido su filosofía cristiana y la comprensión de las tesis esenciales del marxismo, al expresar un concepto sobre la libertad con mayor objetividad, expresión de la dignidad humana:

No la libertad egocéntrica del que cree que tiene derecho a permitírselo todo, del que pone su realización individual por encima de todo, o del que ignora las cadenas colectivas de la historia en que se inscribe la libertad humana […] porque la libertad ha de conjugarse con la obediencia voluntaria a la justicia posible de tal modo que formen un solo cuerpo y una sola alma en constante evolución […] la batalla de la especie humana por ser digna de sí misma.

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