LA ESTÉTICA DE LA LIBERTAD Y SU EXPRESIÓN EN CINTIO VITIER

Marilys Marrero Fernández

2.2.2 Lo cubano en la poesía (1958) y la estética de la libertad

En los años cincuenta del pasado siglo, los miembros del grupo Orígenes emprenden, a partir de nuevos presupuestos, una tarea presente siempre, y siempre inconclusa, por su carácter histórico la definición de lo cubano; el análisis de las bases de la poética del grupo son trascendentales para el estudio de “lo cubano”, en su sentido emancipatorio, en medio de un contexto histórico hostil, opuesto a toda clase de libertad, incluyendo la estética y artística:

Por encima de las diferencias individuales, se advierte en el grupo una innegable coherencia en el empeño de captar nuestro ser nacional. La línea central, del origenismo ortodoxo que va desde las preguntas de la personalidad insular en el coloquio con Juan Ramón Jiménez hasta el empeño más abarcador de Orígenes por caracterizar la cubanidad en Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier. Lo cubano en la poesía no puede leerse ni juzgarse como una historia de la poesía cubana, ni como crítica literaria. Debe leerse siguiendo las sugerencias de su autor ―como un poema―, pero también como un programa, como un extenso y dramático manifiesto.

Se sintetizan así sus propósitos en la concepción de una teleología de lo insular ―a propuesta de Lezama― materializado en un amplio proyecto origenista en la definición y el análisis histórico literario de lo cubano como expresión del ser nacional y de su finalidad histórica, en el ser nacional que concurre al final de la libertad auténtica.

Dentro del contenido de la estética de la libertad en el pensamiento de Cintio Vitier de esta etapa, un espacio singular lo ocupa este estudio sobre lo cubano como expresión de identidad y reconocimiento del ser nacional, concepto que posee un contenido emancipatorio cuyo eje central es la libertad. El estudio de las manifestaciones de su estética de la libertad en estos textos son resumen y continuidad de la trayectoria de su pensamiento teórico, el cual alcanza madurez en los años sucesivos, expresados en el proceso histórico y libertario de la poesía cubana en Lo cubano en la poesía, texto capital de la cultura cubana, donde la necesidad de libertad es la esencia que define la cubanidad:

Es aquí donde tenemos que situarnos, en la infinitud cualitativa de una vocación de integralidad cuyos sumandos no se cierran ni se detienen nunca. Eso es lo que en Lo cubano en la poesía llamamos vocación esencial del cubano: vivir en lo libre. No la libertad egocéntrica del que cree que tiene derecho a permitírselo todo, del que pone su realización individual por encima de todo, o del que ignora las cadenas colectivas de la historia en que se inscribe la libertad humana […] porque la libertad ha de conjugarse con la obediencia voluntaria a la justicia posible de tal modo que formen un solo cuerpo y una sola alma en constante evolución […] la batalla de la especie humana por ser digna de sí misma.

El texto Lo cubano en la poesía se considera su poética sobre la búsqueda de la libertad de la patria como necesidad, y de sus resonancias en un proceso continuo en la poética cubanas. Su lectura revela en cada “lección” que es la libertad el motivo de su análisis, a través del proceso de la poesía cubana como expresión de la fidelidad del poeta con su historia. Se define como proyecto o manifiesto de la intelectualidad cubana que tuvo como fuente nutricia el pensamiento martiano en medio del imposible histórico.

En la primera edición del texto publicada en 1958, expresó Vitier al respecto de la necesidad de rescatar la dignidad de los cubanos, en un año tan crucial de la historia como fue 1958:

Quisiera que la interpretación que presento tuviera por lo menos la virtud de hacernos cobrar conciencia de nosotros mismos en una dimensión profunda. La poesía de mi país significa un conocimiento espiritual de la patria [que] contribuya al rescate de nuestra dignidad. Porque tal es el propósito que secretamente me anima.

En medio de una situación histórica que califica como irreal por lo absurda, su poética de lo cubano se propuso cobrar conciencia de nosotros mismos, no solo del ser individual, sino del ser nacional en una dimensión profunda, donde la poesía es un vehículo expresivo de los anhelos y sentimientos de libertad en su carácter fundacional; estudio lírico acerca de las relaciones de la poesía y la patria. Continuaba así su diálogo con la Estética, revelando su función cognoscitiva como expresión de su discurso, aún desde la subjetividad:

Muy lejos de mi proceso personal, el país se debatía en nuevas convulsiones. Otra vez, a partir del desembarco del Granma, la juventud se lanzaba contra la tiranía, en una lucha feroz, elemental, desesperada [...]; la agonía de la patria llegaba a sus raíces y esas raíces estaban para mí en el testimonio poético, había que ir como a un rescate, siquiera simbólico, de sus esencias y la dignidad cubanas. Desorientado en el terreno político pisaba en cambio tierra firme y nutricia cuando hablaba en el Lyceum de octubre a diciembre de 1957, sobre Lo cubano en la poesía.

El estudio de las voces de la poesía cubana significó para él una afirmación de la patria en medio de la traición y la agonía. En 1989 expresó que en Lo cubano en la poesía los temas patrióticos y políticos no son predominantes, pero sí la toma de conciencia que contribuyó al rescate de la dignidad a través de sus poetas más significativos. Se hace explícita la tesis de considerar la libertad como motivo central del mismo en sentido emancipatorio a través del estudio ideotemático del proceso poético cubano, género fundacional de la cultura cubana como expresión de la estética de la libertad.

Por esta razón explicó en su artículo de 1983, “Hacia De Peña Pobre”, que la mayoría de los poetas cubanos se vieron obligados a sumergirse en la intimidad de una patria que no lograba configurarse visiblemente en la historia. En 1990, desde una perspectiva ya distante de la primera edición del libro en 1958, actualiza lo que para él constituyen las constantes de “lo cubano” en la poética cubana, y es así como lo redefine: “[…] la imagen del cubano que se desprende de Lo cubano en la poesía es la un ser que no llega nunca a coincidir con su tantálica realidad. Hoy todos sabemos quiénes somos y dónde estamos.”

El empeño por encontrar el ser nacional en la identidad de una poética de lo cubano se expresa en el programa que sobre la libertad nos propone el libro que se analiza, radical en sus posiciones antimperialistas. De ahí la significación que le confiere a la Última lección del texto. El análisis de “lo cubano” se convirtió en necesidad profunda del conocimiento y de la ética implícita en la tradición del pensamiento cubano, expresada a través de la poesía al decir de Vitier, como única continuidad profunda que hemos tenido:

Somos libres e independientes por esencia.[...] No se trata de la estoica libertad de la conciencia, ni de la libertad como fatum del existencialismo, sino más bien de la libertad del aire que riza las aguas de cada mañana como al Principio. No traicionar esa libertad, esa apertura, esa dichosa esencia inalcanzable de nuestra alma, es el deber más profundo que tenemos […].

El análisis de lo cubano a través de una selección de la poesía cubana desde los orígenes hasta la década del cincuenta del siglo XX, está contenido en este libro; las coordenadas se sitúan en los conceptos: naturaleza [expresión americana de lo cubano], patria y libertad. Al decir del autor el libro surge por su profundo abatimiento, y su única arma para enfrentarlo fue la “estética”: estudio lírico acerca de las relaciones de la poesía y de la patria.

Desde la primera lección Vitier aborda el concepto de “lo cubano” , expresado en las variables: aciertos, caídas, desviaciones, mimetismos, arraigos y desarraigos, lo que más genuinamente nos expresa en cada instante el devenir histórico. Es, en los textos poéticos donde Vitier descubre lo que ha llamado la voz de lo cubano que nos anima; lo define como “espejo fiel” de la integración de la patria en el siglo XIX y del drama de la república en la primera mitad del siglo XX. Lo distintivo de este proceso es la sensibilidad y la reacción peculiar ante el mundo, elaborado a lo largo de su historia, y del esfuerzo creador de sus generaciones. Hoy el modo de “lo cubano” se expresa cada vez más en la identidad del ser nacional.

Este proceso de diferenciación empieza a manifestarse en los poetas neoclásicos en su acercamiento a la naturaleza insular―la pompa de mi patria―,en la abundancia indiana, el ornamento frutal, pero como acuña Vitier, también patria como sinónimo de tierra nativa: “el separatismo comienza inconscientemente por la idiosincrasia de los dones.”

El concepto de naturaleza, básico en el proceso diferenciador que conduce al inicial separatismo, y de ahí a la libertad como expresión poética de lo cubano, interiorizado en la poética de la patria, adquiere connotación temática y espiritual en la poesía de José María Heredia, por su integración con el paisaje de la patria: “Con él comienza un nuevo mito, el de la libertad que va a derramar su luz romántica sobre la naturaleza cubana durante el siglo XIX.” Heredia encarna en su obra el anhelo separatista y lo define como el primer gran poeta nuestro sacrificado al ideal de la independencia de Cuba: “Heredia inicia una cubanidad de trascendencia moral, de intención histórica, del anhelo de libertad.”

En el análisis del proceso lírico del primer romanticismo cubano del siglo XIX, Vitier concluye que lo esencial para la criatura americana e insular, es la libertad, y no solo la libertad en términos políticos y sociales, sino la libertad individual, traducida como libertad del alma en su concepción cristiana. La línea de continuación en esta vocación libertaria de la lírica cubana la retoma en la Lección séptima del libro, dedicada al análisis de la obra de José Martí:

Martí, en cambio, es un espíritu de abierta frontalidad [...] que busca la coincidencia de su libertad con su destino. Por eso es el primero entre nosotros que entra a fondo en el problema y lo resuelve genialmente, no por la vía de la diferenciación, sino por la vía de la incorporación y trascendencia […]. Vocación de libertad, sentido absoluto del honor y del deber, sentido de la igualdad y de la dignidad de todos los hombres, eticismo grave y doloroso, cólera ante la injusticia, entusiasmo alucinado por la empresa imposible y descomunal, voluntad constituida por la fundación y la resistencia.

Este significado que la libertad adquiere del pensamiento martiano, Vitier lo define como libertad polémica , porque no se trata de separar sino de unir, de incorporar, integración de lo cubano en lo americano y en lo hispánico eterno. Este concepto de Vitier no considera la herencia africana, omisión inexcusable, parcialidad para otros, y objeto de polémicas en la actualidad.

No obstante, Vitier no desconoce en sus estudios sobre el proceso de integración de la nacionalidad cubana, la decisiva incidencia de lo africano; este aspecto es abordado en diferentes textos donde analiza la integración cultural de lo africano y lo español. En su conferencia, “Cuba: su identidad latinoamericana y caribeña”, se refiere a lo africano como componente esencial de “lo cubano”, como fruto del proceso de transculturación, y en 1999, en el texto “Latinoamérica: integración y utopía” ; asume el principio martiano: “No hay odio de razas porque no hay razas […]” .

En su Capítulo Final (Lección decimoséptima) de Lo cubano en la poesía, esclarece cómo en su análisis escogió solo aquellos poetas de una obra más cuajada y más significativa en la comprensión de lo cubano, a través del proceso poético, en su opinión, “la única continuidad profunda que hemos tenido.” Este sentido de la libertad, frustrada luego de intensas luchas revolucionarias a lo largo de la historia patria, se convierte en materia poética, en situación recurrente: tiranía-sacrificio, sacrificio-tiranía: “Somos libres e independientes por esencia” ; otro juicio de Vitier al respecto, fue emitido por en 1996, al declarar que el libro Lo cubano en la poesía, no habría existido, si el amor a la patria no le estuviese dictando al autor una ciega semivigilancia y tenaz esperanza en los valores estructurales de la cultura cubana. En este período se consagró a la labor origenista y a la creación de las bases de su estética.

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