LA ESTÉTICA DE LA LIBERTAD Y SU EXPRESIÓN EN CINTIO VITIER

Marilys Marrero Fernández

2.1.3 La asunción del pensamiento martiano en torno a la libertad

En sus palabras de Elogio a Cintio Vitier, Lecciones de Cintio, en el año 2000, Abel Prieto califica esta asunción martiana en Cintio desde lo fundacional, desde la raíz en la búsqueda de lo cubano, al expresar que guiado por el cubano mayor se ha adentrado como pocos en los misterios de la nación:

El mejor ejemplo de esa relación pasado-presente se da en el vínculo insondable, hondísimo, sanguíneo, de Cintio con Martí. No es solo que conozca como pocos la obra del Maestro; no es solo que haya hecho aportes sustanciales a los estudios martianos; no es solo que conviva cotidianamente con el ejemplo y el pensamiento de Martí; es más que eso: Cintio ha asumido creadoramente el punto de vista martiano para ver la vida y la cultura y ha hecho suyo el sentido ético martiano, y Martí fluye como un componente básico de su mirada.

Medardo Vitier, gran conocedor de la obra martiana, fue el primer maestro que le enseñara el pensamiento martiano; en su ensayo Martí, un estudio integral, (1954), destaca el significado de la eticidad martiana, la cual denominó “eticismo práctico.” Estas enseñanzas fueron asimiladas por Cintio para convertir esa eticidad en el sustento filosófico y estético de todo su pensamiento, su acción y su obra. Para este filósofo cubano, el humanismo y la ética martianas tienen sus fuentes en el ideario independentista bolivariano, en la concepción de la libertad de los próceres cubanos Carlos M. de Céspedes, Ignacio Agramonte y Antonio Maceo, y en la actividad revolucionaria de Martí junto a los emigrados cubanos. Profesó que si en Martí hubiera un solo tema, ese sería el del hombre y su libertad: “La libertad como el medio y el fin en que se realiza lo humano.”

En su texto, La realidad y el recuerdo, Cintio Vitier revela el significado del pensamiento martiano para su generación, “José Martí fue una tabla de salvación en el naufragio, un hogar en medio de la nieve [...]. Veintidós años después [de 1959] Martí sigue siendo para mí, para todos, el maestro del día y también de la noche fecunda de una memoria colectiva que apunta al horizonte.”

Para él y para la generación de Orígenes, liderada por Lezama Lima, José Martí fue además el estímulo de eticidad y dignidad humanas que los condujo a soportar “la irrealidad”, “el sinsentido” de la historia neocolonial. En medio de la corrupción republicana, la cual siempre rechazó, y el ejemplo de “Orígenes” es una expresión de la cultura de la resistencia manifestada en la cultura frente al servil contexto político republicano, Cintio declaró que en esos años solo le interesaba la historia secreta de la poesía, del arte, de su santidad y de su patria; así lo confesó en sus textos autobiográficos.

En el capítulo séptimo de Lo cubano en la poesía, (1958) analiza en la obra martiana como “el arribo a la plenitud del espíritu” ; en su concepción cristiana es el momento en que se funde el alma ―reino del sentimiento―, con el espíritu ―facultad de objetivación―, y la entrega al sacrificio para alcanzar la libertad: “Martí, en cambio, es un espíritu de abierta frontalidad, que va derecho al grano, a la cepa, a la sustancia, que busca la coincidencia de su libertad con su destino.”

Para Vitier las categorías alma-espíritu, dogma–libertad , son dimensiones espirituales que incorpora al estudio del ser y de lo cubano por el sentido trascendente de la vida; la existencia como un combate espiritual; la visión espiritualizada de la naturaleza y del hombre; la integración de lo cubano en lo americano y en lo hispánico eterno, en su sentido fundacional: “Él es el primero entre nosotros que, asumiéndolo desde la raíz, posee al destino. Por eso está capacitado para que nuestra naturaleza y nuestro hombre reciban de su mirada la iluminación espiritual.”

En el centro focal de su pensamiento está la figura de José Martí; analiza en sus Temas martianos, la trayectoria que sigue la temática de la libertad, categoría esencial del pensamiento cubano desde sus orígenes, y que en la concepción martiana se expresa en la libertad social y espiritual del hombre: “El ver en sí, el ser para sí, el venir de sí, son las constantes básicas del pensamiento y la expresión martiana en dos dimensiones conexas: su concepción del hombre y su concepción de América.”

Para Vitier la fórmula martiana de origen cristiana en la concepción sobre la libertad es el amor: el amor como expresión de lo justo, el amor en la experiencia definitiva y juvenil del Presidio Político, en la creación artística, en la organización de la contienda revolucionaria y en la obra de su vida. Junto al amor, aparece otro concepto cristiano, el de la muerte como reencarnación: “morir es nada, morir es vivir, morir es sembrar. El que muere, si muere donde debe, sirve. En Cuba, pues, ¿quién vive más que Céspedes, que Agramonte? Ama y vivirás.”

En su análisis, Martí es el fundador de una ética revolucionaria, base de su política y de su obra; su ética se funda en el decoro: el decoro del hombre como honor y honra personal, pulcritud moral al derecho ajeno y toma de partido con los pobres de la tierra.

El objetivo esencial es la libertad en su expresión más radical y contemporánea: el antimperialismo. No es posible eludir las polémicas sobre axiología cubana que establece Cintio con Rafael Rojas, publicadas en 1994 y 1997 por las Revistas Casa de Las Américas y Unión, respectivamente. En su texto La otra moral teleológica cubana (1994), Rafael Rojas desde una filiación neoanexionista, aplica al estudio del proceso histórico de Cuba las tesis de Adorno y de Horkheimer sobre la existencia de una racionalidad emancipatoria y otra racionalidad instrumental.

El centro del análisis de Rojas es la crítica a la racionalidad emancipatoria que caracteriza al proceso cubano abordado por Vitier en el libro Ese sol del mundo moral, subvalorando las posiciones revolucionarias de nuestros fundadores, especialmente en el pensamiento y en la obra martianas. Vitier destaca el contenido emancipatorio y antimperialista de la generación de cubanos que desarrolló la guerra contra el colonialismo español en la Cuba colonial y responde de manera bizarra a los postulados neoanexionistas del discurso de Rojas: “No era Martí ese iluso poeta e ideólogo antimoderno que Rojas presenta. Ni antiliberal, ni antimoderno: su liberalismo revolucionario es la segunda fase antimperialista del bolivarismo” ; también otros intelectuales cubanos han enfrentado el discurso del neoanexionismo, instalado este en la postmodernidad, el cual acusa a Martí de haber elaborado una delirante lectura teleológica de la historia de Cuba, en un ataque que abarca a la revolución Cubana y al propio cubano.

Para Vitier, una de las expresiones de la materialización del ideario martiano sobre la problemática de la libertad, está en su eticidad revolucionaria, en su proyecto de lucha por la dignidad y el decoro del hombre. En su concepción política, el pueblo y la creación constituyen la vida real de la nación; el legado martiano fundamenta el proyecto educativo de la Revolución, legado que se recibe de toda su obra al exaltar los valores del amor por la justicia, la solidaridad, la libertad, el antimperialismo, la dignidad; valores calificados por Vitier como “el gusto por la limpieza de la vida.”

Su concepción teórica sobre la libertad explica los juicios sobre determinadas imperfecciones de la obra educativa revolucionaria, y de algunas ineficacias en el estudio del pensamiento martiano, juicios explícitos en su artículo de 1994, Martí en la hora actual de Cuba, al valorar con profunda objetividad la problemática ideológica que significó para Cuba la llamada “crisis de los balseros” , y la necesidad de revitalizar el conocimiento de la obra martiana en el reconocimiento de sus valores éticos y patrióticos, juicios transidos de un sustento religioso por la función religiosa del mismo, al sacralizar el pensamiento martiano: “la palabra martiana.”

En las palabras de presentación a la edición cubana de 1995 de Ese sol del mundo moral, Vitier cataloga este como un libro imprescindible para la historia, la filosofía y la literatura cubanas, el que junto a Lo cubano en la poesía, complementan su visión de la unidad historia-poesía, entendida como creación: “Ambos libros fueron escritos en medio de situaciones negativas, apostando sin embargo, afirmativamente por la superación del imposible histórico que de muy diversos modos siempre nos persigue.”

La asunción de la obra martiana no solo constituye el sustento filosófico, estético y ético de su obra, y de su pensamiento, los cuales lo conducen a una obra de contenido emancipatorio, raíz que subyace en su obra poética, novelística, y en su ensayística. Esta ha sido temática específica de sus estudios sistemáticos y de una praxis ideoestética expuestos en sus libros, Temas Martianos, labor realizada junto a su esposa y poeta, Fina García Marruz.

La estética de la libertad, tendencia del pensamiento estético de Martí, es incorporada por Vitier a través de las funciones estética y creadora del arte; sus textos publicados en Poética (1997), expresan la necesidad de libertad como elección estética y los textos “Poética”, “Sobre el lenguaje figurado” y “La palabra poética”, son sus mejores ejemplos de una propuesta estética auténtica, innovadora y modernista; criterios de libertad expresiva y antiacademicista que aun no ha recibido respuesta de la crítica especializada.

En estos textos el concepto de la libertad para latinoamericana, es metaforizado por Vitier como “irrupción americana”: “Nada ayuda tanto a la libertad como el conocimiento de que se es persona en sí, con raíces en el país en que se vive, y no arria y reflejo.” Este concepto de irrupción americana que alude al nacer de las entrañas de las tierras de América, se corresponde con la necesidad de la conquista de la libertad, y Vitier las identifica en los símbolos presentes en el discurso martiano: el caballo, el torrente y el volcán; los tres identifican la “irrupción americana” como vía de la libertad.

Otro concepto que conexa con la libertad en el discurso martiano, es el amor. El amor como principio activo, que renace, que libera. El amor que vence al odio, que viene del interior del ser, de la fidelidad a sí mismo. Para Vitier estos conceptos asimilados del pensamiento martiano, provienen de la tradición de la estética antigua sobre la belleza como un bien, la cual hace posible la libertad. Es este un significativo momento de su pensamiento sobre la libertad, pues se manifiesta en diversas facetas de un discurso en evolución, al ser concebida la “irrupción” como libertad nativa y original que ha de plasmarse en libertad política, económica, social y espiritual en cada momento de la historia por su esencia transformadora: “Libertad que además, en el reino de lo íntimo y trascendente, le permite al hombre hacerse un creador del mundo y de sí mismo [...], porque la capacidad de autocreación espiritual es la que alimenta a la capacidad de transformación revolucionaria.”

En el pensamiento estético martiano, el concepto de “la irrupción americana” es “ígneo amor” del hombre en su visión ecuménica, pues en su opinión, una vez alcanzada la autoliberación le corresponde al hombre dos tareas: asumir el sentido total del universo y realizar su imagen íntegra de hombre.

Para Martí, sus versos son “sus guerreros”, cuya labor no es destruir, sino liberar. En el plano de la expresión poética, Vitier conceptualiza la libertad martiana en tres símbolos que denomina puntos dinámicos de apoyo: lava, espada, alas, cuyos significados expresivos aluden a la libertad; en su propuesta, la liberación del poeta dependerá de la liberación del verso; analiza además que el vértice conceptual de la poética martiana de la libertad está en la antítesis libertad-esclavitud, tema central de su acción y de su obra:

Martí encarna un nuevo tipo de revolucionario que no se resigna a partir de los postulados del colonizador (el desprecio, la represalia, el odio) sino de postulados propios y originales, que no se conforman con la conquista de la libertad desde la esclavitud, que escapa a la trampa del resentimiento y al cerrado causalismo de las relaciones primarias.

En su opinión el esquema martiano de Nuestra América se encuentra amenazado por dos polos antitéticos: uno interno ―aldeanismo y desarraigo―, y otro externo, el imperialismo. Ambos son una amenaza al concepto de unidad de nuestra América: la pérdida de la libertad; de ahí el rasgo principal de nuestra cultura: la autoctonía, símbolo de independencia e identidad.

Coincide en reconocer junto a Martí, que el amor como conocimiento de nuestros propios problemas conduce a lo original, a lo creador y a la justicia; asume además, la concepción cristiana de la identificación del amor con la libertad, simbolizado en la metáfora de la luz, cuyo contenido es el bien del cual es depositario el hombre americano. Por ello, en 1996 Vitier expresa en entrevista a Félix Guerra, que el legado del humanismo martiano está en el “eros universal”: las semillas de la libertad, en el rechazo a la retórica, a los dogmas y a las preceptivas clásicas. Los antecedentes están en la forja de la cubanía que constituyó la obra de los ilustrados cubanos del siglo XIX y en la obra poética fundadora de José M. Heredia, primer poeta cubano de la libertad, quien demostró con su acción práctica en sus años juveniles su entrega a la libertad de la patria, y se convirtió así en paradigma de su generación criolla en el siglo XIX cubano. Tanto el humanismo martiano, como su cubanía, fueron las premisas de la formación de un pensamiento y de una sensibilidad que lo llevaron a la necesidad del acto: la libertad, la justicia y la belleza: “En la necesidad de combatir el odio basó la obra de su vida”.

En relación con la función creadora, su estética de la libertad tiene sus raíces en el pensamiento martiano: la necesidad de la libertad expresiva y de la elección, línea de continuidad que enlaza los presupuestos estéticos de “los origenistas” con los autores modernistas del siglo XX latinoamericano; hacer trascender lo aparentemente intrascendente, rechazo a lo retórico y establecido como inalterable.

La asunción del pensamiento estético martiano conducen a Vitier hacia una comprensión humanista y dialéctica, antidogmática de la cultura; diversos son lo análisis realizados por él, y en especial se destacan sus estudios sobre el Modernismo y la revalorización de la figura de Julián del Casal, como su exponente cubano más significativo, o en el caso de la obra del poeta José María Heredia, poeta fundador de la libertad.

El contenido de la libertad en el discurso martiano examinado por Vitier constituye la fuente teórica y práctica esencial de su eticidad, de la robustez de sus posiciones frente a las adversidades que ha enfrentado su vida intelectual. Tal como ha expresado en varias ocasiones Martí fue “la tabla de salvación”; su lección sobre el decoro y el amor han fortalecido su obra y su ser individual, su identidad en la búsqueda de lo cubano a partir de la libertad.

La materialización del pensamiento martiano no solo se encuentra en sus textos impresos sino en su labor de divulgación y de análisis de la obra de José Martí, en las ediciones de las Obras Completas, en especial de su edición crítica, en su posición antimperialista, en sus análisis críticos sobre la perfectibilidad de la obra revolucionaria, en su colaboración en la formación de valores de la joven generación y en el fortalecimiento de nuestra identidad nacional, la cual está vertebrada por una estética de la libertad.

El pensamiento integral de José Martí y su práctica ideológico política, es una fuente esencial en la formación humanista de Vitier, resumida en una conducta vital íntegra; no es reducible a planos, la praxis o la creación. Asumida en la concepción de la vida y de la cultura, en la unidad de lo estético y lo ético; de ahí la tendencia hacia una estética de la libertad de carácter transformador: “La libertad hay que construirla cada día, no nos es dada como la condición misma del ser […]. No le debe bastar a la libertad conocer o explicar el mundo, sino que debe aspirar a transformarlo, para que el reino de la justicia se cumpla en la tierra, misión máxima del hombre”.

Influencias y confluencias de la tradición del pensamiento y de la cultura universal en su vertiente humanista y artística están presentes en la obra de Cintio Vitier para derivar en una estética de libertad, que la convierten en sustento ideológico de su discurso emancipatorio.

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