Tesis doctorales de Ciencias Sociales

PROBLEMAS AMBIENTALES Y CONFLICTO SOCIAL EN ARGENTINA: MOVIMIENTOS SOCIOAMBIENTALES EN MENDOZA. LA DEFENSA DEL AGUA Y EL RECHAZO A LA MEGAMINERÍA EN LOS INICIOS DEL SIGLO XXI

Lucrecia Soledad Wagner




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CAPÍTULO 5: CONFLICTOS Y MOVILIZACIONES SOCIOAMBIENTALES EN ARGENTINA

“El escritorio está en los valles y en las montañas; las cátedras, en los surcos y caminos de los pueblos saqueados del Sur. Si el Sur cerrara el grifo, el Norte dejaría de ser el Primer Mundo”

(Javier Rodríguez Pardo, 2006)

5.1. LOS CONFLICTOS SOCIOAMBIENTALES EN EL MARCO DE LA DISCUSIÓN DE LA HISTORIA AMBIENTAL

La Historia Ambiental ha cobrado relevancia recientemente, de la mano del reconocimiento de la crisis ecológica por el sector científico y por la sociedad en general. Paralelamente, la discusión académica sobre sus objetivos y contenidos ha sido abordada desde hace pocas décadas por diversos autores en diferentes países.

Algunas de estas corrientes de historiadores preocupados por la relación entre historia y medio ambiente han surgido de Europa y de América del Norte a fines de la década de 1980. La mayoría de las primeras contribuciones, reunidas en revistas, boletines, cursos e incluso libros, tuvieron el objetivo de fundamentar teórica e historiográficamente la conveniencia de la Historia Ambiental.

Entre estas fundamentaciones, se hacía hincapié en la imposibilidad de seguir realizando una historia optimista con una fe ciega en el progreso y el desarrollo tecnológico a la vista de la crisis ambiental, reconocida por casi todos los gobiernos del mundo en la Cumbre de Río de 1992. Esta realidad implicaba la necesidad de un discurso historiográfico más acorde con los tiempos actuales, que reconociera los costos sociales y ambientales del crecimiento económico. Se puede decir, entonces, que la Historia Ambiental es un llamamiento a poner en el centro de la memoria colectiva al ser humano en inseparable relación con la naturaleza. Su objetivo es, justamente, restaurar el necesario vínculo que siempre existió entre el ser humano y su medio ambiente (González de Molina y Martínez Alier, 2001).

Además, desde la Historia Ambiental se pretende rehabilitar la naturaleza como agente histórico activo, porque el medio natural cambia más rápidamente de lo que puede parecer, sobre todo si se alteran bruscamente los lazos recíprocos entre naturaleza y cultura en los diferentes sistemas (Galafassi y Zarrilli, 2002).

Por ejemplo, el historiador estadounidense Donald Worster, considera tres ejes esenciales de la Historia Ambiental: las consecuencias de las intervenciones humanas en la naturaleza; el carácter histórico de nuestras ideas sobre la naturaleza, que se imbrican de múltiples maneras con intereses, valores y conductas referidos a otros planos de nuestra existencia y desempeñan un importante papel en nuestras relaciones con el mundo natural; y el hecho de que los problemas ambientales de hoy tienen su origen en nuestras intervenciones en los ecosistemas de ayer.

Es así como la preocupación por las consecuencias de la degradación ambiental a nivel mundial, la realización de conferencias mundiales sobre medio ambiente a partir de los años ´70, la confirmación de la crisis ambiental con un cúmulo de evidencias científicas, la ocurrencia de accidentes y catástrofes ambientales durante los ´80 y el progresivo aumento de ONGs y movimientos socioambientales, entre otros acontecimientos, han creado un contexto favorable para la consolidación de la Historia Ambiental.

Las principales líneas de trabajo en este campo han sido el estudio de las comunidades cuya evolución o desarrollo histórico está vinculado a la apropiación y explotación de algún recurso natural, la reflexión teórica en perspectiva histórica del problema medioambiental, el análisis de las relaciones extramateriales que establecen los hombres con su entorno natural, la descripción y análisis de las modificaciones del paisaje, la revisión histórica de los conflictos socioambientales, el estudio de los marcos políticos e institucionales que han permitido procesos degradativos del medio ambiente, etc. (Galafassi y Zarrilli, 2002).

Además, la Historia Ambiental condujo también a la fijación de nuevos temas de investigación. Entre ellos, el estudio de los conflictos sociales entendiéndolos como conflictos ecológicos, motivados por la desigualdad en el acceso a los recursos naturales y a la capacidad asimilativa o depuradora de la naturaleza, ha llevado a considerar en nuestro pasado la lucha por el uso y disfrute de los recursos naturales. Como afirma Martínez Alier, la nueva Historia Ecológica busca el contenido ecológico de los conflictos sociales rurales y urbanos, y de los internacionales (Martínez Alier, 1998). Como ya fue mencionado en el Capítulo 2, deben incorporarse aquellas luchas que, sin que sus autores lo sepan, lo reconozcan o se autodenominen ecologistas, son luchas ecológicas.

En cuanto a América Latina, en las últimas décadas, la conjunción de un incierto crecimiento económico, deterioro social y degradación ambiental, ha estimulado un creciente interés por las formas de interacción entre las sociedades y su medio natural a lo largo del tiempo así como por las consecuencias que se han derivado de esa interacción para ambas partes. Se trata de una Historia Ambiental que, si bien se nutre de los desarrollos de las vertientes europeas y norteamericanas, va adquiriendo un perfil y una tarea propios y originales. Así, es posible destacar como referentes latinoamericanos a investigadores como Nícolo Giglio y Jorge Morello (Galafassi y Zarrilli, 2002).

En Argentina, el trabajo de Antonio Brailovsky y Dina Foguelman titulado “Memoria verde”, constituye un aporte pionero en el camino de pensar la ecología y la historia argentina de modo entrelazado (Brailovsky y Foguelman, 2006). Además, estos autores, en concordancia con los argumentos ya mencionados de europeos y norteamericanos vinculados a la temática, destacaron a la Historia Ecológica no sólo como una investigación sobre hechos del pasado, sino como herramienta de acción en el presente.

La obra de Brailovsky y Foguelman constituye un precedente que analiza la Historia Ambiental de la Argentina en relación a las fases de desarrollo económico social que vivió el país. Esta historia se inicia con una de las catástrofes ecológicas más serias que hayan ocurrido en el país: la destrucción del sistema incaico de agricultura en terrazas, perpetrada por los conquistadores españoles. “…Este desequilibrio ecológico fue la principal herramienta utilizada para consolidar una conquista que, de otro modo, hubiera resultado políticamente inestable...” (Brailovsky y Foguelman, 2006:25). A partir de este inicio, marcado por la conquista española del continente americano, los autores dividen la historia argentina en etapas que implicaron modalidades diferentes de uso de los recursos naturales, con definidas consecuencias ambientales:

- Fase colonial (hasta 1810)

- Fase de los primeros años de vida independiente (1810-1860)

- Fase de inserción en la división internacional del trabajo (1860-1930)

- Fase de industrialización sustitutiva de importaciones (1930-1976)

- Fase de modernización periférica (desde 1976)

A partir de las reflexiones sobre la Historia Ambiental, consideramos a los conflictos socioambientales como un eje central de la misma, ya que éstos visibilizan los enfrentamientos entre diferentes dinámicas de apropiación de los bienes naturales y de los territorios, ya sea material o simbólica, y denuncian los efectos que tienen sobre el ambiente el manejo de estos bienes y servicios ambientales. A su vez, impulsan modificaciones sobre las instituciones y configuran sus propios espacios de resistencia, dejando así su impronta en la historia socioambiental del país y la región.

En Argentina, consideramos que los movimientos socioambientales, surgen en la década de 1980 en diferentes lugares de la Patagonia. Igualmente, reconocemos la dificultad de establecer este “corte” histórico, ya que podrían rastrearse conflictos con connotaciones ambientales en las diversas luchas de pueblos indígenas y campesinos en diferentes lugares del país. También existían previamente algunas ONGs ambientales, pero los predecesores de los movimientos socioambientales que son objeto de análisis en este trabajo nacen en los años ´80, y van a extenderse a todo el país, en lo que podríamos denominar el “efecto post-Esquel”, en la década del 2000.

Scott Maiwaring y Eduardo Viola, argumentan que los nuevos movimientos sociales surgidos en la década de los ´80, constituyen actores importantes, y por lo general poco examinados, en la transición a la democracia. Tales movimientos cuestionarían la cultura política semidemocrática y traerían a la arena política nuevos valores, perspectivas, métodos y enfoques, pudiendo constituir una fuerza democratizante, que también enfrenta muchos obstáculos y problemas (Maiwaring y Viola, 1985). Estos autores destacan que, en Argentina, las asociaciones ecológicas surgieron durante el régimen militar. El movimiento habría enfocado los problemas de salud y de estilo de vida, manteniéndose "apolítico" debido a la severa represión. La caída del régimen autoritario habría permitido su politización y rápido crecimiento. Tal fue el impulso adquirido que en una primera conferencia nacional de asociaciones ecológicas a realizarse en agosto de 1984, se propuso discutir la creación de un Partido Verde.

Aun cuando admiten la notable influencia del movimiento ecológico internacional sobre las expresiones surgidas en Latinoamérica, destacan las diferencias que los caracterizan: “… En Brasil y en Argentina – afirman- el movimiento enfrenta los dilemas producidos por el intento de tratar asuntos ecológicos en sociedades que todavía tienen niveles significativos de pobreza. Esta circunstancia suscita problemas vinculados a la relación que pueden tener con las clases populares, por cuanto estas tienen necesidad de incrementar en lugar de disminuir los niveles de consumo...” (Maiwaring y Viola, 1985:51). Según estos analistas, el movimiento ecológico tuvo un impacto limitado sobre la política pública, una base social media y un número pequeño de participantes. Esto coincide con los movimientos socioambientales actuales, donde predomina la clase media.

El artículo de Maiwaring y Viola nos permite establecer un correlato interesante entre la situación argentina de los ´70 y los ´80, y el papel de los nuevos movimientos sociales en el regreso a la democracia. Asimismo, se hace necesario para este trabajo continuar y actualizar sus planteos, realizados a mediados de la década de los ´80. En aquel entonces, estos autores mencionaron: “…Mientras en los movimientos del norte el problema nuclear se ha convertido en el principal punto de enfoque, planteando el problema de la supervivencia global, en el sur, continúa teniendo prioridad el problema de la supervivencia inmediata y el debate con respecto a la energía nuclear...” (Maiwaring y Viola, 1985:58). Sin embargo, un año después, se generaba en el sur del país un movimiento de oposición a un repositorio nuclear, referente de los movimientos socioambientales que hoy se extienden por todo el país. Esto nos lleva a reflexionar cómo, a lo largo del tiempo, estos movimientos fueron ampliando su repertorio de protesta y fueron acercándose a otros sectores sociales y a otros movimientos.

Es así como en el año 1986, en la provincia de Chubut, algunos pobladores, preocupados por la posibilidad de que se instalara un repositorio –también denominado “basurero”- nuclear en Gastre, decidieron organizarse. De aquellos encuentros, asambleas y movilizaciones, nació el “Movimiento Antinuclear de Chubut” (MACH). Uno de sus miembros, el periodista Javier Rodríguez Pardo, escribió un libro que detalla la historia “antinuclear” de la Patagonia, titulado “En la Patagonia NO. Crónica de la epopeya antinuclear de Gastre. Veinte años de movilizaciones que impidieron el basurero atómico nuclear en Chubut” (ver: Rodríguez Pardo, 2006).

La movilización social fue fundamental para la cancelación de este proyecto. Bajo un pequeño subtítulo “El basurero que nadie nunca quiso”, podía leerse en el Diario “La Nación” de junio de 1996: “…¨Lo importante es la exteriorización del pueblo¨ decía Maestro. Tiene razón. Y lo hizo tras ver a gente económicamente pobre pero rica de orgullo plena por querer "con todo" a su tierra. Para la impresión de todos esta vez venció la gente porque solamente un necio podría volver a intentar traer aquí el basurero…”.

Incluso años después, algunos medios de prensa nacionales aún hacían referencia a ello: “…Lo que sí existió es el proyecto del basurero nuclear dentro del Plan Nuclear Argentino, diseñado por el proceso militar, que sobrevivió durante la democracia y que fue proyectado en Gastre, Chubut. Su definitiva cancelación se dio recién en 1997. Entre otras razones, por la oposición de la población, partidos políticos y organizaciones de todo tipo, de la Patagonia y del país…” , se recordaba en el Diario “Clarín” en el año 2002.

¿Por qué consideramos a Gastre como un referente histórico de los movimientos analizados en este trabajo? Por un lado, porque trazando una línea histórica entre Gastre (1986, Chubut) –Esquel (2002, Chubut) -San Carlos (2003, Mendoza), todos pueden ser considerados “ejemplos de qué es posible.” En Palabras de Javier Rodríguez Pardo: “…El movimiento antinuclear que nació en Chubut, puso de relieve que cualquier lucha por imposible que parezca, se puede ganar con dedicación y constancia; no decimos nada nuevo, pero diariamente nos sentenciaban al fracaso…” (Rodríguez Pardo, 2006:9).

Las movilizaciones en contra del repositorio nuclear, se realizaron en Trelew de forma constante, y desde otras zonas de la Patagonia se sumaron a la convocatoria. Entre ellos, algunas comunidades de la Comarca Andina, como El Bolsón, Lago Puelo, El Hoyo y Epuyén, decidieron organizar una marcha conjunta, para que las dos columnas, de la cordillera y de la costa, se encontraran en Gastre, demostrando el rechazo conjunto al proyecto.

Además de este movimiento, que alcanzó repercusión nacional, existieron otros en la región, que son rescatados por Lucas Chiappe en su libro “La Patagonia de Pie. Ecología vs. negociados”, donde describe diversas “eco-batallas” acontecidas entre 1981 y 2003. “Tomar conciencia es un paso irreversible” afirma Chiappe en la introducción de este recorrido por la movida antinuclear de Gastre, el rechazo la construcción de diques, fábricas, tala de árboles y otros emprendimientos, y el No a la mina de Esquel (ver: Chiappe, 2005).

En conclusión, podemos afirmar que en la región patagónica diversas movilizaciones fueron precursoras regionales del movimiento de Esquel, que, a su vez, pasará a ser el precedente nacional del “NO a la mina”.

Antes de abordar el caso de Esquel y de otros movimientos socioambientales que surgieron en la Argentina en la década del 2000, haremos un paréntesis en el devenir de estos movimientos, para hacer referencia a los acontecimientos del año 2001 en el país, que sentarán un precedente importante en cuanto a formas organizativas que luego serán replicadas por estos movimientos.


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