Tesis doctorales de Ciencias Sociales

LAS DOCTRINAS POLÍTICAS DEL PARTIDO ACCIÓN NACIONAL: DEL FALANGISMO A LA DEMOCRACIA CRISTIANA

Héctor Gómez Peralta
 




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1.2 Conceptualización de los Partidos Demócrata Cristianos

La lógica catch-all de los Demócrata Cristianos consiste en que esos partidos formulan e implementan una política social y económica que, por un lado, unifica a trabajadores y patrones y, por otro lado, defiende las diferencias sociales.

David Hanley

Debido a que la Democracia Cristiana (DC) surge de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), para poder entender a la DC, primero tenemos que entender lo que es la DSI.

La DSI es un conjunto de normas y principios generales de la Iglesia Católica referentes a los problemas sociales, políticos y económicos de la humanidad, impulsada desde el pontificado de León XIII, con su famosa Encíclica Rerum Novarum (1891), que tiene como objetivo proponer una tercera vía entre el liberalismo y lo que (según su perspectiva) es su engendro: el socialismo. Ésta tercera vía tiene como objetivo central el mejorar las condiciones económicas de las masas de desposeídos que el capitalismo generó, pero a diferencia del socialismo rechaza la lucha de clases, la estatización de la propiedad y su materialismo que se manifiesta en indiferencia (y en algunos casos hostilidad) frente a la religión.

Previa a Rerum Novarum, fue publicada la Encíclica Sapientiae Christianae (1890), que versaba sobre los deberes de los ciudadanos cristianos. En ella León XIII hizo un llamado a los laicos a defender los derechos y libertades de la Iglesia Católica en el terreno del derecho común. Ese propósito implicaba su participación activa en la política.

En el seno de la Iglesia no hubo una sola interpretación sobre este tipo de llamados y directrices pontificias, tanto para defender los derechos de la Iglesia, como para procurar seguir la DSI en una sociedad donde la ideología oficial era el liberalismo .

En la Europa de ese tiempo había grupos de católicos que consideraban que para implantar la DSI era necesario restaurar al Ancien Régime como fue el caso de todos los movimientos que trataron de restaurar a las monarquías que las revoluciones burguesas derrocaron ; otros católicos consideraban que se debía de dar una cierta representatividad a las clases populares, pero por medio de corporaciones, proponiendo la tutela de las “clases superiores” sobre la masa popular, como fue el caso del Confessionele Katholieke Partij (Partido Católico Confesional) en Bélgica; otro grupo de católicos consideraron que el cristianismo había entrado en una nueva era, que se debía de intentar romper la rígida estructura jerárquica de la sociedad y abrirla a la participación popular e igualitaria .

Ese último movimiento de católicos empezó a ser llamado “socialistas cristianos”, “cristianos populares” o “cristianos sociales”. La proliferación de esos movimientos católicos obligó al Papa León XIII a expresar su opinión al respecto. Como lo hizo el 18 de enero de 1901, cuando emitió la Encíclica intitulada Graves de Communi -Sobre la Democracia Cristiana-. En ese documento, el pontífice trató de hacer una diferencia entre el movimiento de católicos que actúan con las masas en beneficio de éstas y el de la democracia social de los socialistas, por lo que bautizó oficialmente a éste movimiento de católicos con el nombre Democracia Cristiana. Según León XIII, la DC es la acción social de católicos encaminada a mejorar la situación de las “clases inferiores”, basándose en los valores y directrices de la Iglesia Católica, y siempre respetando a los gobiernos e instituciones legítimamente instituidas . Con esa Encíclica el pontífice trató de acotar al movimiento católico que planteaba la introducción de las masas en la política, pues el Papa, como grandes sectores de la Jerarquía, desconfiaba de lo que de ello podría derivarse, pues consideraba a los sectores populares incapaces de acción independiente. León XIII quería una relación de paternalismo y proteccionismo hacia la clase trabajadora.

Los Demócrata Cristianos tenían en común con los demás componentes de la familia católica el rechazo a la economía de Laissez Faire, así como al colectivismo socialista, pero al concentrarse en atender las necesidades de las masas populares preconizaban la participación y la igualdad de derechos para todos los ciudadanos. Desde luego que ni León XIII ni su sucesor Pío X entendían por Democracia Cristiana a partidos políticos, mucho menos la pensaban como la participación de los católicos en la vida electoral y parlamentaria , por DC ellos entendían a un movimiento social inspirado en la DSI que atendiera las necesidades de las masas populares y con ello se evitaría que éstas fueran a engrosar las filas de los movimientos socialistas.

Partidos Católicos europeos existieron desde el siglo XIX, pero sus programas estaban centrados en el objetivo de defender los derechos de la Iglesia en el terreno del derecho común, participaban en la competencia electoral sin aceptar a la democracia liberal como el modelo a seguir , su objetivo era defender a la institución eclesial de los embates liberales y socialistas. Eran claramente organizaciones anti-sistema. La singularidad de la Democracia Cristiana radicaba en sus planteamientos democráticos, ya que si bien tenían inspiración católica, su objetivo no era defender una legislación donde la Iglesia tuviera una posición de privilegio, sino procurar mejoras materiales y concretas en la vida de los laicos, por lo que fue hasta el pontificado de Benedicto XV (1914-1922) que el Sumo Pontífice autorizó la creación del primer partido político Demócrata Cristiano bajo el liderazgo del sacerdote siciliano Luigi Sturzo.

La Democracia Cristiana y la separación Iglesia-Estado:

Es toral aclarar que la DC no es un movimiento confesional. Sus valores y proyectos beben de la doctrina social-cristiana, pero no plantea la reimplantación de privilegios para la Iglesia católica. De hecho, consideran que la separación entre la Iglesia y el Estado es saludable e indispensable para el buen funcionamiento de ambas instituciones.

Luigi Sturzo, fundador del primer partido político Demócrata Cristiano, el Partito Popolare Italiano o PPI (1919), planteaba a la DC como una alternativa católica para que las masas populares, al ser guiadas por el magisterio de la Iglesia, salieran de la situación de miseria creada por el liberalismo económico, pero rechazando al socialismo, planteando la creación de una nueva sociedad cristiana . Su proyecto era crear una auténtica democracia que le permitiera a las masas participar y reclamar sus derechos, pero esa política al ser llevada a cabo en el parlamento, que por definición es un órgano de debate y negociación, significó reafirmar la autonomía del partido en relación con el clero, y por tanto, desconfesionalización y colaboración con los no creyentes, con los liberales e incluso con los socialistas, aceptando una legislación que ya no concedía a la Iglesia una condición de privilegio. El adjetivo “popular” de su partido hacía referencia a una visión orgánica de la sociedad, compuesta por varios grupos, todos ellos diferentes en función pero iguales en derechos, los cuales se relacionan de manera simbiótica, siendo interdependientes entre sí, trabajando para un objetivo común y beneficiándose mutuamente, idea opuesta tanto al individualismo liberal como la lucha de clases socialista .

Este primer partido político Demócrata Cristiano, así como el resto de los partidos social-católicos en Europa con los que mantenía fuertes vínculos, principalmente en Alemania a través del Zentrumspartei (partido de centro) de Konrad Adenauer, fueron confinados a la clandestinidad desde que tomaron el poder el fascismo (1922) y el nazismo (1933), situación que prevaleció hasta el final de la Segunda Guerra Mundial (1945) . Lo anterior se debió al hecho de que los Demócrata Cristianos asumieron una vigorosa resistencia antifascista y defendieron a las instituciones y valores propios de los regímenes democráticos y plurales.

Ese hecho fue un parte aguas en las relaciones entre los partidos Demócrata Cristianos y la Iglesia. Para comprender el por qué los partidos Demócrata Cristianos y la Iglesia tomaron caminos diferentes (aunque no opuestos) es necesario conocer la postura de la Iglesia internacional de esa época. La política pontificia de Pío XI (1922-1939) era conseguir acuerdos o “concordatos” con los nuevos Estados nacionales que le permitieran a la Iglesia conservar sus “libertades”, entendidas como aumentar el campo de acción de la Iglesia, sobre todo en el ámbito educativo, obtener garantías diplomáticas y consolidar la autoridad exclusiva de Roma sobre las Iglesias nacionales. A cambio el pontífice hizo una serie de concesiones, como liquidar o debilitar a los movimientos de laicos, sindicatos y partidos católicos, que se proponían atacar a los regímenes seculares .

Con Pío XI y XII (1939-1958) se lograron 13 concordatos, destacando aquellos con Lituania en 1927 y los Acuerdos de Letrán con Italia en 1929 -que incluyó además del concordato el Tratado internacional que dio origen al Estado Vaticano-. También se lograron veintiséis convenciones más limitadas, como el Modus vivendi de 1928 con República Checa y el de 1929 en México que dio fin a la guerra cristera. Una importante característica de esa política era que en su afán de defender “las libertades de la Iglesia”, se pactaba con regímenes de todo tipo, desde liberales hasta totalitarios. Con esos acuerdos el Estado se libraba de unos católicos que intentaban hacer activismo político contra él, al tiempo que el Papa limitaba la acción de unos laicos que, en su afán de ser congruentes con sus creencias y su fe, se convirtieron en un estorbo para el proyecto pontificio .

Esa política pontificia fue determinante para el rumbo que tomó la Democracia Cristiana en sus dos países de origen: Italia y Alemania. En la primavera de 1922, el partido de Luigi Sturzo buscó un acercamiento con los socialistas (socialdemócratas) que también eran parte del parlamento italiano, con la intención de defender al régimen democrático y constitucional frente a Mussolini; inmediatamente la Secretaría de Estado del Vaticano mandó una carta a todos los obispos italianos invitando al clero a “abstenerse de todo compromiso político”, que en realidad era una condena al Partito Popolare . En 1923, con el objetivo de calmar a Mussolini, Pío XI obligó a Sturzo a renunciar como secretario del partido y lo mandó al exilio en Londres y luego en Nueva York, al tiempo que Alcides de Gasperi, que dirigía el grupo parlamentario del PPI, fue encarcelado cuatro años. Sobrevivió hasta la posguerra gracias a que logró negociar un refugio en el Vaticano en su carácter de archivista de la Biblioteca, a cambio de renunciar a todo activismo político .

El caso de Alemania fue similar pero no idéntico. En 1932, el Vaticano ordenó a los militantes del Zentrumspartei evitar toda alianza o contacto con los grupos socialistas, que tenían la posibilidad de obstaculizar la llegada de Hitler al poder. El presidente del Zentrumspartei era un sacerdote alemán llamado Ludwig Kaas, el cual siguió la política de desmantelar al partido y neutralizar al histórico y combativo líder laico Konrad Adenauer. Los católicos, laicos y obispos, miembros del Zentrumspartei, no dejaban de señalar que el Nacional-Socialismo (NAZI) era contrario a las enseñanzas del cristianismo. Es importante señalar que muchos sacerdotes alemanes no impartían los sacramentos a los miembros del partido NAZI a menos que devolvieran su carnet de miembros de esa organización política. Pero el 20 de abril de 1933 el Vaticano intervino directamente y obligó al Zentrumspartei a votar en el Reichstag los plenos poderes del Canciller Hitler. A cambio, los nazis habían prometido el concordado tan anhelado por Pío XI .

Ni la Jerarquía Alemana ni mucho menos el Zentrumspartei fueron tomados en cuenta por el Vaticano. Sacerdotes, obispos y laicos protestaron, pero la mayoría inclinó la cabeza. El 3 de Junio de 1933 los obispos publicaron un mensaje pastoral donde hacían público el fin de su oposición al nazismo, haciendo énfasis en que el apoyo al régimen sería siempre y cuando el Estado nazi respetase “las libertades” de la Iglesia. Los católicos que se negaron a aceptar esos arreglos, fueron dejados por la Jerarquía a su suerte y sufrieron la persecución y el castigo correspondiente por parte del régimen de Hitler. Tal fue el caso del líder histórico del Zentrumspartei, Konrad Adenauer, que fue encarcelado en 1933, y en 1944 fue enviado a un campo de concentración donde permaneció hasta la caída del Tercer Reich. Heinrich Brüning, otro de los líderes del Zentrum, fue obligado, igual que Sturzo, al exilio en el Reino Unido y más tarde a Estados Unidos. Poco antes de morir escribió en sus memorias:

El sistema de los concordatos llevó al Vaticano a despreciar la democracia y el sistema parlamentario (…) Gobiernos rígidos, una rígida centralización, unos tratados rígidos, abrirían una era de orden estable, una era de tranquilidad y paz (…) El Vaticano creyó que se encontraría mejor en las manos de Hitler que en las mías, las de un devoto católico .

Al terminar la guerra, los miembros del Zentrumspartei y del Partito Popolare nombraron a sus propios partidos como Christlich-Demokratische Union (Unión Demócrata-Cristiana) y Democrazia Cristiana (Democracia Cristiana) respectivamente. No fue un cambio sólo de nombre, sino que significó un explícito reconocimiento a los regímenes pluralistas, al tiempo que reivindicaban los valores y principio cristianos, pero separados de las estructuras eclesiásticas. Lo ocurrido en las décadas de la búsqueda de concordatos y acuerdos por parte de la Iglesia para con los poderes terrenales, fue una lección que los Demócrata Cristianos europeos no olvidarían y siempre procurarían mantener su autonomía frente a la Jerarquía. A diferencia de los sinarquistas mexicanos que inventaron que el Papa había sido engañado para aceptar los “arreglos” .

La Democracia Cristiana como partido electoral o catch-all:

La oposición al nazi-fascismo por parte de la Democracia Cristiana (DC), aunada a su natural anticomunismo, le otorgó un papel privilegiado en la Europa de la posguerra, con lo cual la DC dejó de ser un movimiento marginal y se convirtió en partidos políticos modernos y competitivos.

La fiebre anticomunista que invadió a Europa occidental durante la posguerra provocó un clima muy adecuado para la proliferación de partidos Demócrata Cristianos, incluso en países con mayoría protestante como el caso Neerlandés, donde el Anti-Revolutionaire Partij con una larga tradición luterana se adhirió a la familia ideológica Demócrata Cristiana .

En la década de los 50, Europa contaba con los siguientes partidos de ideología Demócrata Cristiana que formaban parte de los gobiernos de sus respectivas naciones, o al menos con altos porcentajes de asientos parlamentarios: Democracia Cristiana en Italia; Movimiento Republicano Popular en Francia; Unión Cristiano Demócrata en Alemania Federal; Partido Social Cristiano en Bélgica; Partido Antirrevolucionario en Países Bajos; Partido Popular en Austria; Partido Social Cristiano en Luxemburgo y Partido Conservador Popular en Suiza .

En la Europa de posguerra surgió la Democracia Cristiana como una familia de partidos de raíz ideológica católica pero al mismo tiempo compatible con los regímenes políticos y económicos liberales. Es un tipo de partido que apuesta por la estabilidad gubernamental basada en una lucha política que se lleve a cabo exclusivamente dentro de instituciones democráticas, un modelo económico que combina el dinamismo del libre mercado con la atención adecuada de la seguridad social ; y aunque defiende férreamente la separación Iglesia-Estado, adopta una religiosidad moderada que defiende valores considerados tradicionales, como la familia “natural”, y una mayor presencia de los principios de la Doctrina Social de la Iglesia en la vida pública y privada, por lo que se opone al relativismo ético y la permisividad moral y sexual.

La DC es un movimiento laico de origen Europeo que nace como reacción a las políticas liberales y socialistas, con la diferencia respecto de los partidos católicos de la Europa del siglo XIX de que los partidos Demócrata Cristianos aceptan de manera plena la vía parlamentaria-electoral y el libre mercado. La DC es la aceptación de la democracia y el capitalismo por parte del movimiento católico; semejante al papel que jugó la socialdemocracia para el pensamiento socialista.

Así como Sartori define a los socialdemócratas como los socialistas que repudian, en la práctica y en la doctrina, al marxismo , en este trabajo defino a los Demócrata Cristianos como los conservadores que rechazan, en la práctica y en la doctrina, al integrismo y el ultramontanismo; además de que superan las posiciones católicas de rechazo frente a la democracia pluralista y el libre mercado.

Los partidos Demócrata Cristianos poseen raíces ideológicas religiosas, pero no son partidos confesionales, sino partidos modernos, partidos electorales, es decir, sus votantes no necesariamente comparten su doctrina (si es que la conocen).

En ese sentido, los partidos Demócrata Cristianos son partidos de electores (catch-all party) :

a) La maquinaria institucional está enfocada en la obtención de votos. Su principal objetivo es ganar la siguiente elección;

b) Tratan de situarse lo más posible en el centro del espectro ideológico -que es donde está situada la mayor parte de los votantes-;

c) Se abandonan los grandes proyectos de radical transformación de la sociedad propia de los partidos políticos de antes de la Segunda Guerra mundial;

d) Las organizaciones políticas de masas, con un fuerte peso ideológico y clasista como lo eran los viejos partidos socialistas y católicos, se vuelven partidos de todos los grupos sociales diluyendo su doctrina frente al electorado -el cual es cada vez más heterogéneo y menos propenso a adherirse a una ideología-, cambiando a posiciones parciales frente a temas específicos y planes a corto plazo.

El que la doctrina de los partidos catch-all se diluya ante el electorado, no quiere decir que la pierdan totalmente en su interior. Aunque el sentido común haría pensar que los partidos Demócrata Cristianos excluyen a los sectores anti-clericales del electorado, su doctrina partidista es lo suficientemente flexible y genérica como para que grandes sectores de la población acepten sus postulados: Solidaridad, Subsidiariedad y libre mercado con sentido social.

En 1947 se fundó, con el apoyo de los partidos Demócrata Cristianos de Europa (principalmente de Alemania Federal), la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA) con lo que dicha ideología tuvo presencia (aunque bastante discreta salvo en Venezuela y Chile) en los países más importantes de Latinoamérica -Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Venezuela y Perú- . Diez años más tarde, a finales de la década de los 50 y principios de los 60, la ODCA y los partidos que la integran tuvieron la suficiente fuerza como para ser partidos electoralmente competitivos en sus respectivos países.

La nueva fuerza electoral tuvo como centro de operación política al Partido Social Cristiano de Venezuela, también conocido como Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI). Este partido fue formado en 1946 por estudiantes pertenecientes a organizaciones juveniles católicas, los cuales recibían becas e invitaciones para recibir cursos de “formación política” de parte de partidos Demócrata Cristianos de Europa. A esa política para hacer de la DC un producto de exportación, principalmente de parte del gobierno de Konrad Adenauer, sería posteriormente bautizada por Soledad Loaeza con el nombre de “diplomacia blanda” .

Los vínculos entre la ODCA y la Democracia Cristiana Europea se hicieron más sólidos cuando en 1957 surgió la Comunidad Europea con el impulso de los líderes políticos Demócrata Cristianos de Robert Schuman (Francia), Alcides de Gasperi (Italia) y Konrad Adenauer (Alemania Federal), mejor conocidos como “los padres fundadores de la Unión Europea”. En 1961 surgió la Unión Europea Demócrata Cristiana (ECDU por sus siglas en inglés), y forma junto con la ODCA la Internacional Demócrata Cristiana. En 1965 nace como parte de “La Internacional” el Partido Popular Europeo (EPP), reflejando en su nombre la herencia política e ideológica de Luigi Sturzo.

Es preciso aclarar que la Democracia Cristiana latinoamericana, al menos durante la Guerra Fría, no alcanzó los niveles de secularización y oposición leal que mantenían sus contrapartes europeas, aunque sí eran partidarias de un régimen democrático. Citaré el ejemplo chileno: durante los años 70 y 80 América Latina fue azotada por varios regímenes militares auspiciados o apoyados por Estados Unidos en su afán por detener el avance del pensamiento marxista. Este fue el caso de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, la cual contó con el apoyo de la Iglesia católica y del Partido Demócrata Cristiano de aquella nación andina. La postura de la Democracia Cristiana cambió a sólo seis semanas de haberse efectuado el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende. La DC chilena se volvió opositora del régimen, pues tenían planeado que la asonada militar sería una medida transitoria para terminar con los socialistas y que el poder les sería entregado por los militares y restaurado el orden constitucional, lo cual no sucedió hasta la década de los 90 . Además la Comunidad Europea y la Internacional Demócrata Cristiana repudiaron el golpe de Estado, por lo que a sólo 6 semanas de instaurado el gobierno de Pinochet, la Democracia Cristiana Chilena se declaró oficialmente opositora el régimen. Numerosos fueron los Demócrata Cristianos chilenos que participaron en la defensa de los derechos humanos como Gabriel Valdés, Andrés y Patricio Aylwin, Jaime Castillo Velasco, Adolfo Zaldívar, Andrés Zaldivar, entre muchos otros .

Durante el resto del siglo XX el nombre oficial de La Internacional fue Democracia Cristiana. Sin embargo, en la década de los 80 y 90 ocurrieron una serie de cambios geopolíticos en Europa, como la caída del bloque soviético, que provocaron que en noviembre de 2001, durante la Reunión de Líderes de La Internacional en las oficinas centrales del PAN en la Ciudad de México, la Internacional Demócrata Cristiana modificara su denominación a Internacional Demócrata de Centro (IDC). La anexión a La Internacional de partidos provenientes de países de Europa del Este y Turquía, con grandes sectores de población musulmana, generó que se optara por que el nombre de la organización no tuviera una alusión directa a una religión en particular .

Según la resolución de La Internacional, se deja abierta la opción de que cada partido que la conforma elija la denominación “Demócrata Cristiana” o “Demócrata de Centro”, según lo juzgue conveniente. Sin embargo, quedó ratificada por unanimidad la declaración doctrinal llamada “humanismo cristiano” .


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