GESTIÓN ESTATAL DEL SUBDESARROLLO Y DOMINACIÓN AUTORITARIA EN MÉXICO, (1934-2006).

Héctor de la Fuente Limón

Reflexiones finales.

A diferencia de otras teorías entendemos el desarrollo, como desarrollo de la relación de capital que dio origen a la división entre trabajo general y trabajo inmediato, y a la ausencia de esta división como subdesarrollo. De este modo, desde que la producción en el capitalismo llevó a la incursión de la gran industria, que se manifiesta en la división entre trabajo general (todo trabajo científico aplicado al desarrollo tecnológico y los procesos productivos) y trabajo inmediato (todo trabajo inmerso en la dinámica inmediata del proceso productivo), el desarrollo estuvo determinado por la explotación del trabajo general por el capital. En contraste, el subdesarrollo no puede ser más que lo inverso, una situación en la que el capital no ha logrado explotar el trabajo general, lo que no implica que lleve a acabo la explotación del trabajo sin recurrir a sus propios fundamentos.
Es aquí donde identificamos la función económica más importante que cumple el Estado como parte de sus tareas en tanto organización política de la clase burguesa: la gestión estatal del desarrollo, que no es otra cosa que el impulso al desarrollo científico y tecnológico aplicado a los procesos productivos, así como al abastecimiento de bienes de consumo colectivo y capital constante social.
El imperialismo es el principal obstáculo para que los países subdesarrollados emprendan una gestión estatal originaria del desarrollo, ya que dicha condición está inscrita en las relaciones que este tipo de naciones establecen con los países desarrollados, quienes basarán su domino precisamente en el monopolio del desarrollo científico y tecnológico, complementándolo con su hegemonía militar, ideológica y cultural.
En la mayoría de los países latinoamericanos se registra un fuerte activismo estatal en la creación de las condiciones generales para que la acumulación capitalista transcurra en su forma subdesarrollada, esto es lo que denominamos gestión estatal del subdesarrollo.
Al analizar el caso mexicano se demuestra que la gestión estatal del subdesarrollo en el país es un rasgo particularmente revelador de la forma en que en nuestra formación social, se ha impulsado la acumulación capitalista. Dentro del patrón de crecimiento orientado al mercado externo, dos grandes etapas caracterizan el papel jugado por el Estado mexicano dentro de este periodo histórico, que podemos caracterizar como de despegue y consolidación y de agotamiento de la industrialización con sustitución de importaciones. De igual forma, dentro de estas etapas se pueden distinguir dos enfoques distintos en relación a la importancia de la ciencia y la tecnología para el desarrollo económico del país. En las etapas de despegue y consolidación, éste es un problema de crecimiento industrial y de producción de nuevos productos y procesos, que requiere de la renovación de la planta productiva a partir de la importación de maquinaria; y en la etapa de agotamiento de la ISI se adopta un discurso nacionalista con una visión más crítica hacia el capital extranjero, donde se empieza a cuestionar el carácter dependiente del proceso de industrialización y a ubicar a la subordinación tecnológica como el elemento central de esa dependencia, sin que se tomen las medidas necesarias para impactar sobre ello.
Este rasgo que caracteriza la intervención del Estado en la economía y la forma en que ésta influye en aquél, durante el patrón de crecimiento relativo llevó a una crisis de la planta industrial mexicana, que había pasado a ser el motor de la economía al final del ciclo, y para entonces se había vuelto totalmente dependiente del progreso generado en los Estados Unidos.
La salida de esta crisis tuvo que hacerse impulsando la introducción de la ideología neoliberal en la política económica, destacándose la apertura comercial, la retirada del Estado de la economía y la retirada de la organización estatal de sus responsabilidades sociales. Se impulsó la reestructuración productiva como eje de las transformaciones en desarrollo, incorporándose nuestro país de manera subordinada a los ciclos de la acumulación mundial de manera subordinada, bajo los esquemas del toyotismo y la flexibilidad laboral en los centros productivos.
Este proyecto ha llevado a la desarticulación de cadenas productivas existentes y la falta de sustitución por otras nuevas; déficit en la balanza de pagos; falta de investigación y desarrollo tanto en el sector privado como en el público, que ha impactado en el incremento de la importación creciente de maquinaria y equipo; fracaso de las empresas productivas por el encarecimiento y la escasez de crédito; y la falta de una política de fomento industrial, para mejorar las condiciones de inserción en el mercado internacional de aquéllas empresas sujetas a la competencia exterior.
Con ello además se ha consolidado actualmente una visión sobre la ciencia y la tecnología funcional a las necesidades del patrón de crecimiento económico vigente, de tal forma que la apertura al comercio exterior y el privilegio del sector exportador de la economía como eje vector del crecimiento han fomentado la importación de más tecnología y consolidado el subdesarrollo en nuestro país.
En la gestión estatal del subdesarrollo en los dos periodos históricos abordados en este trabajo, existe un rasgo persistente y es la ausencia de proyectos de la burguesía nacional que tengan por objeto la generación de progreso endógeno, porque la satisfacción de las demandas inherentes a la acumulación capitalista -condicionadas por la obtención de ganancias extraordinarias y el incremento de la productividad- han sido satisfechas con el progreso generado en el polo de los países subdesarrollados. En consecuencia no ha existido un desenvolvimiento propio de la burguesía nacional, por ello concuerda con la inserción subordinada de nuestras economías, y el Estado, en tanto organización del poder político de esta clase social, no ha hecho sino crear la condiciones para la reproducción de la acumulación capitalista en su forma subdesarrolla.
Actualmente la innovación científica y tecnológica es el discurso que desde la academia se está impulsando para generar propuestas para la generación de progreso en el país, pero en realidad tiene por objeto poner masivamente a disposición de las grandes transnacionales la infraestructura y los desarrollos en ciencia y tecnología, gracias a un eficaz control de los mercados internacionales. Algo que no es nuevo, sólo que ahora la globalización neoliberal ha derrumbado las barreras de las soberanías nacionales para que el gran capital invierta estratégicamente sus recursos donde existan las condiciones necesarias para obtener ganancias extraordinarias. Sin embargo, esta estrategia no resuelve el problema de subdesarrollo de la relación capital-trabajo en nuestro país, ya que los beneficios de la explotación local del trabajo general no repercuten en los procesos productivos locales, y al contrario, estos beneficios son apropiados y utilizados en su beneficio por las grandes trasnacionales en los estados desarrollados. Esta condición nos da cuenta de la activa participación del Estado en la creación de condiciones generales para subsumir la generación de progreso endógeno a los intereses de las grandes trasnacionales.

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