Tesis doctorales de Ciencias Sociales

MODELO PEDAGÓGICO PARA EL PROCESO DE EDUCACIÓN COMUNITARIA

Aida Rosa Gómez Labrada
 




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2.2 Modelación pedagógica del proceso de educación comunitaria

Como se ha puntualizado en el capítulo uno, en la educación comunitaria el ser humano es el principal factor a desarrollar con sus características particulares, su cultura, pautas de conducta, gustos y rutinas que es preciso conocer; por lo que para educar, es importante partir de lo que la gente siente como necesario y respetar su propio ritmo, su entorno. El trabajo colectivo es un gran instrumento de toda educación, ya que permite a los integrantes del colectivo emitir sus propios juicios y asumir responsabilidades. El cambio social no se alcanza de una sola vez; es propio del ser humano querer mejorar los hábitos, gustos, exigencias, recursos; esto exige de una orientación y capacitación para el desarrollo de valores, habilidades y conocimientos.

En los diferentes encuentros anuales de experiencias de trabajo comunitario, realizados por el Centro de Investigaciones Educativas (CIE) Graciela Bustillo, se ha debatido, de una u otra forma, la interrogante relacionada con el proceso de educación comunitaria, el contenido del concepto lo ubica en el carácter participativo y protagonista de los actores sociales y los niveles o instancias de realización u orientación.

Ello exige la búsqueda de nuevos modelos que se aproximen de manera científica a la esencia de este complejo proceso; revelando sus leyes y regularidades, de manera que se explique y prediga su comportamiento; ofreciendo modelos flexibles que integren, de manera coherente, lo mejor del pensamiento pedagógico y comunitario con concepciones modernas que aseguren un desarrollo del trabajo comunitario, en correspondencia con los propósitos más trascendentales de la realidad y el entorno.

Por otra parte, se procura la búsqueda y consolidación de un paradigma que sea productivo, creativo e innovador, que propicie la participación activa y no directiva de los actores sociales, en correspondencia con nuevos enfoques y modelos que tomen en cuenta las experiencias nacionales y extranjeras. Esto implica un análisis profundo, no sólo de las concepciones, sino también de las condiciones reales en que se debe promover este proceso para que se logre un cambio efectivo.

Por tal razón, en la investigación, el proceso de educación comunitaria es modelado a partir de la consideración de su naturaleza consciente, holística y dialéctica, lo cual justifica el planteamiento del Modelo Holístico Configuracional de los procesos sociales y de sus principales presupuestos teóricos.

El proceso de educación comunitaria es:

Consciente: No sólo por su naturaleza social, es decir, por tener al hombre en su centro, sino porque se trata de, a través de los métodos y estrategias empleados para su desarrollo, comprometer y hacer responsable al sujeto de su proceso de crecimiento y transformación, para que así pueda trazarse nuevas metas.

Holístico: Por su naturaleza totalizadora, porque cada uno de sus eventos están en constante interacción entre sí y con el todo, lo que hace que cada uno de estos sea expresión de las cualidades de la totalidad.

Dialéctico: Por el carácter contradictorio de las relaciones que en su interior se producen, las cuales determinan su movimiento y desarrollo.

Desde este punto de vista, el proceso de educación de las comunidades es una totalidad, portador de cualidades significantes para su funcionamiento que son el resultado de las múltiples relaciones dialécticas entre sus expresiones y aspectos constitutivos que se dan en la comunidad.

Sin embargo, el estudio de este complejo proceso lleva a la necesidad de abstraer algunos de estos aspectos para centrar la atención sólo en aquellos que, desde la perspectiva asumida, sean los que más aporten a la comprensión del proceso y predicción de su comportamiento.

Una de las categorías principales de este enfoque es la configuración, que se identifica con aquella expresión del sistema de naturaleza holística, interpretado como una unidad, por lo que no se puede identificar con una de sus partes o componente aislado. Al relacionarse e interactuar dialécticamente con otras configuraciones, se revelan las regularidades y leyes que explican el movimiento del sistema.

Otra de las categorías del enfoque holístico es la dimensión que se define como la expresión del movimiento que se da en el proceso, a través de las relaciones dialécticas entre configuraciones. La dimensión constituye una configuración de orden superior.

En el proceso de educación comunitaria se pueden determinar múltiples dimensiones, sin embargo, en esta investigación, el proceso será analizado desde tres de sus dimensiones más generales: diversidad social comunitaria, integración social comunitaria y la socialización comunitaria. Sólo se separan para su estudio, por cuanto constituyen expresiones de la totalidad.

Las dimensiones del proceso de educación comunitaria.

La dimensión socialización comunitaria es esencia del proceso, cualidad distintiva de la totalidad. Proceso donde se establece una relación entre las aspiraciones de los comunitarios y la participación social que muestran con respecto a los distintos hechos y fenómenos que se sintetizan en los logros que van obteniendo en el proceso, permite un movimiento hacia un liderazgo comunitario.

La dimensión diversidad social comunitaria infiere el conocimiento y lo axiológico de dicho proceso, ofrece variedad de saberes a la anterior dimensión, sin la cual es imposible su existencia, en tanto como proceso consciente e intencional, también resulta una cualidad de la totalidad, fruto de las relaciones que en su seno se producen. Es el proceso donde se establece la relación entre la percepción social y valoración social con expresión en una comunicación educativa. En esta relación emerge un comportamiento social activo y positivo que caracteriza el movimiento configuracional.

La dimensión integración social comunitaria refleja la necesidad, el poder, la fuerza e imprime el sello distintivo a los diferentes eventos. Es un proceso colaborativo comunitario en relación con la coordinación el cual se sintetiza en la toma de decisiones donde los actores sociales actúan como decisores, y emerge un aprendizaje social.

La dimensión diversidad social comunitaria (Fig. 2.2) se da en tanto en la comunidad existen diferentes actores sociales que inciden en su educación y desarrollo con un mayor o menor grado de actuantes como decisores. En lo social una de las formas de expresión de procesos de complejización está dada por la multiplicación de actores, de los nexos reales y potenciales que se generan entre ellos y la multiplicación de repertorios de acciones posibles entre los que estos pueden elegir y de innovaciones que podrían introducir en sus formas de reproducción.

Esta dimensión es expresión concreta de la praxis comunitaria, mediada por esta, manifiesta su unidad dialéctica y constituye una manera esencial que refleja la realidad y la reproduce en forma de conocimientos. Se expresa en principios, leyes, categorías, otorga el dinamismo a las necesidades e intereses de los comunitarios, sirve de vínculo en la relación conocimiento práctica, revelando las propiedades, cualidades de la realidad; el sujeto participa en los diferentes eventos a partir del prisma de su valor y significado que tengan para él.

La transformación práctica desentraña la naturaleza de las cosas. Su acción no se reduce al simple conocimiento, sino además a qué necesidad satisface y qué propiedad posee significado en correspondencia con sus intereses. Esto determina la interpretación recíproca objetiva de conocimientos y valor en todo su quehacer social.

Es la expresión del movimiento a través de las relaciones dialécticas entre las configuraciones percepción social y valoración social y su expresión en la comunicación educativa. La primera infiere las características del yo individual y del yo actuando con el otro para materializase un nosotros actuando, la percepción de si y del otro con sus cualidades positivas y negativas permite ir configurando; cualidades, valores, conocimientos que los actores sociales significan necesarios para influir en la educación.

La configuración valoración social es expresión de la práctica social, en interacción recíproca mediada por la práctica expresa en síntesis los momentos objetivos y subjetivos del devenir social. Lo valorativo penetra en el sentido y significado que tiene en la diversidad social los diferentes eventos que se desarrollan en la comunidad, en relación con la percepción que tengan de los actores decisores.

La valoración social tiene su significación a partir de su expresión concreta como valor, en tanto permite al comunitario asumir posiciones en las relaciones con sí mismo, con los otros y con la realidad donde se desenvuelve, a partir de aquello que representa un valor para el propio individuo. Esta visión alcanza determinada connotación en el proceso de formación y desarrollo de los valores que orientan la conducta de los actores sociales en la comunidad.

Estas configuraciones tienen su expresión en una comunicación educativa como proceso social, colectivo, pero con un sentido personal para los comunitarios, el cual no se puede separar de su valor social. Los actores sociales implicados promueven motivos, necesidades específicas hacia un proceso interactivo de enriquecimiento mutuo entre los comunitarios, cuya riqueza principal es la propia calidad del proceso. Marx señala que precisamente en la comunicación los individuos se crean unos a otros de manera física y espiritual. “La comunicación, según Marx, es la elaboración de los hombres por otros, su formación mutua como sujetos sociales” (Pupo, R., 1990). En el proceso de comunicación se lleva a cabo un intercambio de actividades, representaciones, ideas, orientaciones, intereses y se desarrollan y manifiesta el sistema de relaciones entre los actores sociales.

En estas relaciones no solo interviene el contenido de la información que se trasmite, sino las imágenes de uno y otro interlocutor; así como también una imagen de cómo somos percibidos por esta otra persona. La manera en que se organizan las percepciones está permeada por nuestras experiencias anteriores, el conocimiento, el significado y posiciones que tienen los otros actores sociales en la acción transformadora de la comunidad.

En las relaciones entre estas configuraciones se produce un movimiento hacia un comportamiento social activo y positivo en los comunitarios. Evidencia la necesaria solidez de los nexos en la diversidad que promuevan procesos de desarrollo en la comunidad y desde ella en un constante precisar de los puntos de contactos, lo colectivo y lo individual pero con un nexo a través de la comunicación educativa, de manera que distinga la posibilidad que en un orden jerárquico va integrando habilidades, conocimientos y valores que se reflejan en todo el quehacer comunitario y enriquecen la dimensión.

El comportamiento socialmente activo se sitúa primero en un concepto de sujeto consciente, que participa activamente desde la actualización de sus potencialidades, en su desarrollo personal y en el contexto social que le envuelve, sustentado en los valores sociales que hacen más positiva las relaciones interpersonales (independencia, autonomía, responsabilidad, sentido del deber, cooperación, solidaridad, autenticidad, creatividad, apertura a la comunicación). El carácter positivo de la actuación, entendido en el sentido humanista, significa asumir la comunicación como un proceso que favorezca en sí mismo y en el otro el entendimiento y el crecimiento, basado en la asimilación de valores morales valiosos dentro del proyecto de desarrollo social.

La dimensión integración social comunitaria (Fig. 2.3) es vista como un fin, como un medio en la medida que reporta un cierto orden societario, pero también es vista como un camino por el cual transitan los sujetos para incorporarse a tal estructura. En este sentido la integración social requiere de la capacidad de vincular individuo y sociedad en un solo gesto. Es decir, la integración es un producto de la vinculación social en sus diferentes planos y en su resultante de la articulación de las configuraciones colaboración y coordinación comunitaria con síntesis en la toma de decisiones.

Las relaciones dialécticas en estas configuraciones vista como un accionar de alcance estratégico, permite la armonización de políticas, la identificación de todos los que participan con los objetivos y metas del proceso integracionista, y facilita la circulación de sujetos y medios para el logro de estos objetivos. La integración se hace, se construye desde las prácticas concretas y cotidianas “La integración más que una exigencia teórica, es un requerimiento concreto. En lugar de ser algo que debe definirse ha de convertirse en algo que debe hacerse” (Guédez, 1994: 34)

Esta dimensión también es expresión de la praxis comunitaria y las necesarias transformaciones, convirtiéndose en una necesidad para el logro de resultados positivos, reflejan un accionar educativo en tanto va integrando comunitarios, estructuras, medios y antepone la acción colectiva a la individual.

Así, en una comunidad los diferentes actores sociales tanto endógeno como exógenos llegan a entender una mejor colaboración y coordinación. Según M. Marchioni (2001:18) ”la coordinación busca la implicación del servicio o institución y no de las personas a título individual y voluntario.” Esto requiere de un trabajo y una metodología que son funciones de los investigadores o promotores comunitarios y de la propia comunidad. La coordinación implica tanto los recursos oficiales o institucionales y voluntarios como las características de la personalidad de los actores sociales.

La colaboración comunitaria es expresión que antecede y precede, es consecuente con lo coordinativo, si esta no se hace realidad en el proceso comunitario, entonces lo coordinativo no surte efectos positivos, refleja la subjetividad. Se trata de poner énfasis en los sujetos actuantes como portadores de capacidades cognitivas–afectivas que los distinguen en su interacción con los otros, lo cual puede favorecer el proceso de educación y desarrollo en la comunidad.

Armonizar dialécticamente estas configuraciones permite su síntesis en la toma de decisiones como expresión que propicia actuar colectivamente y de forma coordinada en la organización, planificación y desarrollo de las actividades y acciones comunitarias que promueven la solución de problemas y satisfacción de necesidades. De estas relaciones emerge un movimiento de aprendizaje social como expresión de interiorización y concientización de modos de actuación que posibilite hacer, convivir y crear en un contexto determinado y mostrar interactividad entre los comunitarios lo que permite un crecimiento individual y social presente en todo el proceso integracional y que en su relación dialéctica con la diversidad social comunitaria hace que se sustenten las bases para el proceso de promoción como fundamento para la educación comunitaria.

El aprendizaje social, cualidad que refleja la apropiación de la experiencia histórico social, de las riquezas y diversidad de la cultura en un orden comunitario; su apropiación a través de los diferentes métodos y recursos propios en determinados espacios y es reflejo de un proceso activo interaccional del sujeto en la construcción del conocimiento y generar sentimientos, valores y actitudes positivas en la comunidad.

La socialización comunitaria, (Fig. 2.4) es una dimensión cuyo sello distintivo emerge como centro de todo el modelo pedagógico. Se habla de una socialización que alude a una forma de acción social que les permita a los sujetos reconocerse como actores que, al compartir una situación determinada, tiene la oportunidad de identificarse desde intereses, expectativas y demandas comunes que están en capacidad de traducirlas en formas de actuación colectiva.

En esta dimensión se integran aspectos sociológicos, psicológicos y pedagógicos por los cuales los actores sociales se insertan en dicho proceso, reciben sus influencias y gradualmente de manera activa la elaboran e interiorizan. Se explicitan las acciones de influencias sobre los comunitarios y los suyos propios, puesto que en todo ello no sólo los actores sociales se hacen miembros de la sociedad, sino también se individualizan. Por tal razón, la socialización comunitaria es resultante de las relaciones de las configuraciones aspiraciones y expectativas comunitarias que se sintetiza en la participación social comunitaria.

Las aspiraciones como configuración están ligadas al crecer y vinculadas a las experiencias y necesidades de los comunitarios, a su contexto histórico- cultural concreto, suponen el querer y poder lograr nuevas formas de autonomía que implica a su vez fomentar la autoeducación y autoestima.

La percepción de si y del otro con determinadas posibilidades para educar y emprender acciones en la comunidad, la autoestima positiva condicionan consecuentemente expectativas a ese nivel; la confianza en la obtención de logros y éxitos y la seguridad necesaria para esforzarse y perseverar a pesar de los obstáculos que puedan surgir en el desarrollo de las acciones transformadoras.

Si las aspiraciones de los actores sociales no están vinculadas a la eficacia y calidad de la propia educación en la comunidad que implique necesidades, motivos e intereses, las expectativas no estarán comprometidas con la atribución de éxitos, ambas se dan en una unidad.

La configuración participación social comunitaria como síntesis, denota la posición de tomar parte o intervenir en una actividad o tarea. Los niveles y formas de su intervención pueden ser diferentes de acuerdo con el significado que tengan para los actores sociales; esto infiere el interés subjetivo o ideológico: la correspondencia entre los fines de la participación y las necesidades reales de los comunitarios, la satisfacción socio afectiva, reconociendo la identidad social y la posición real de cada sujeto con la comunidad.

Si estos móviles actúan en un sentido positivo, emerge un movimiento desde un núcleo teoría-práctica, praxis transformadora, con lo que muestra la capacidad de movilización activa de los actores sociales para la toma de decisiones y de influencia en el ámbito comunitario, que se hace efectiva cuando el tejido social toma parte con el fin de que actúen en la solución de problemas y la satisfacción de sus necesidades.

Tal organización permite las aspiraciones y expectativas como configuraciones que muestran conocimientos y habilidades las cuales conjugadas con lo motivacional-afectivo, despliega la capacidad de interiorización, personalizando aquello que es significativo, a la vez que se encuentran situaciones donde aparecen puntos de coincidencia entre lo que individualmente se expresa como necesidades subjetivas y, asimismo, al formar parte de una comunidad, en sus necesidades colectivas, es reflejo trasmitido por una misma base, aunque con distintos grados de asimilación, son portadores y resultados de una semántica social y cultural, al formar parte de sus vidas, su historia y cotidianidad, reflejo de un proceso educativo, que hace un movimiento de liderazgo comunitario. Se establecen relaciones y se comunican en función de las experiencias y representaciones, como parte de la comunidad donde participan, se van desarrollando sentimientos, actitudes, ideales y motivos que le imprimen peculiaridad, se manifiestan los actores sociales que orientan y enseñan a hacer haciendo, aquellos que por sus capacidades y cualidades orientan y guían todo el proceso educativo.

Lo subjetivo se expresa en la interacción del sujeto individual cuyo proceso de auto desarrollo comunitario integra lo cognitivo, habilidades y valores, desde esta perspectiva; de igual forma hay que considerar a los actores sociales, como sujetos que se implican en este proceso con sus creencias, saberes, identidad y experiencias, los cuales le permiten argumentar las posiciones que adoptan ante las exigencias de la propia comunidad. Sobre la base del despliegue de estas dos configuraciones emerge la socialización comunitaria como dimensión que resuelve la contradicción fundamental en el proceso de educación comunitaria.

El modelo que se presenta (Fig. 2.5) permite establecer la estrategia educativa de promoción del trabajo comunitario y tiene en cuenta las realidades y acción transformadora desde lo cotidiano de las comunidades, unida a la identidad social-cultural abre espacios para el desarrollo humano, lo cual quiere decir:

• Espacios para un diálogo abierto y participativo, despojados de toda intervención, entendida como intromisión.

• Espacios que promueven el trabajo colectivo, la creatividad y posibilite soluciones a las necesidades pensadas y sentidas.

• Espacios para un aprendizaje que promueve la educación y coeducación.

El proceso investigativo, sin duda, parte de prácticas singulares, dando cuenta, comprendiendo, expresando y reinformando sus matices práxicos, axiológicos y simbólico-culturales. El desafío para lo educativo no está allí sino en la construcción de lo colectivo, los actores sociales (organismos, organizaciones, instituciones, estructuras comunitarias y comunidad en general), ubicando las necesidades sentidas como elementos centrales y constitutivos, del pensar, del ser y del hacer social desde acuerdos, articulaciones y responsabilidades colectivas que son necesarias para reconfigurar sujetos sociales solidarios capaces de abrir caminos compartiendo el ser, el quehacer y el conocer en las comunidades.

En una comunidad el rol fundamental de los actores sociales está ubicado en fomentar su autoeducación y a la vez la educación del otro en la medida que se produzca un proceso de enseñanza-aprendizaje el cual propicie a los comunitarios ampliar cada vez más la dinámica interactiva de las realidades socioculturales, se promueva una lógica capaz de revelar la construcción de espacios de reflexión, análisis y debates creativos en torno a las necesidades-problemas-soluciones.

El contexto educativo sociocultural no es solo un punto de llegada o de partida para el desarrollo del proceso educativo comunitario sino que posibilita influir en los comunitarios con un determinado grado de socialización en los complejos problemas que le son propios y en tal sentido sienta pautas específicas. Estos códigos socioculturales constituyen referentes para el proceso formativo que realizan los actores sociales, aportando modelos propios, transformados y reconsiderados por sí mismos.

En lo sociocultural se llega a conceder significados equivalentes a cuestiones que resultan muy diferentes entre sí, a su vez, se van trasmitiendo expectativas y frustraciones que emergen de las propias relaciones sociales elementales y primarias que establecen los actores sociales en el contexto y vida cotidiana, que constituyen sus formas concretas de existencias y se manifiestan en un espacio, tiempo y con un ritmo dado en las relaciones que se establecen y que están en gran medida dirigidas a la solución de sus problemas fundamentales y en un ambiente colaborativo.

El modelo propuesto se sustenta en la contradicción dialéctica existente entre los procesos diversidad e integración social comunitaria, como unidad, expresión en síntesis en un proceso de socialización comunitaria. En esta contradicción se manifiesta la necesaria integración armónica de las influencias educativas que se realizan desde los diferentes espacios comunitarios del cual emerge una nueva cualidad: la sustentabilidad educativa comunitaria.

No puede existir un proceso de diversidad social comunitaria espontáneo sin la percepción y valor de sí y del otro en la interacción de los diferentes actores sociales y a su vez, esta individualidad que distingue este proceso se refleja en la necesaria integración a través de las configuraciones: colaboración y coordinación comunitaria y su expresión en la toma de decisiones. No existe por sí solo, se da un movimiento que distingue lo particular de cada dimensión, se refleja en el proceso de desarrollo y educación de la comunidad como nivel que llega a alcanzar el individuo en un contexto.

Lo anterior es consecuencia de la influencia y la acción de determinadas estrategias individuales y colectivas las cuales proporcionan a los miembros de una comunidad las herramientas necesarias para modificar su entorno físico y psico-social. Se apropian de los contenidos de la cultura de forma consciente, con un carácter histórico y con los elementos de la vida cotidiana, y desde ella, adquiere significado como medio de transformación de la realidad y de sí mismo.

Por tanto, las dimensiones diversidad social comunitaria e integración social comunitaria en el modelo, son procesos que desde la educación comunitaria, reflejan en su desarrollo la contradicción fundamental que encuentra su expresión en el proceso de socialización comunitaria. Los actores sociales, sujetos de su propio aprendizaje y formación, no se dinamizan, al menos de una forma eficiente por una exigencia social externa; sucede cuando esa exigencia se convierte en una necesidad propia, endógena, de ahí que la contradicción real y efectiva empieza a concretarse a partir de las necesarias relaciones entre las configuraciones.

El quehacer investigativo de la autora permite plantear que en el núcleo del movimiento se generan zonas de contactos interaccionales de potencialidades comunitaria (ZOCIPC). Este movimiento va cualificando conocimientos, valores, sentimientos, motivos y conformando las pautas culturales como parte de las configuraciones que adoptan criterios racionales o no, acerca del conocimiento de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento en un contexto, espacio y tiempo determinados.

Las zonas de contactos se producen entre los propios actores sociales, a su vez se identifican con las relaciones y nexos en la diversidad y la necesaria colaboración-coordinación–decisión, como premisa fundamental para el desarrollo de las comunidades. En dependencia de las aproximaciones sucesivas y la calidad de estas, puede producirse la síntesis básica inicial que permite condiciones para una acción social comunitaria, mediadas por el devenir de una realidad contextualizada, estableciendo las pautas de aproximación entre la percepción individual y colectiva de necesidades y problemas de la comunidad.

En tanto el modelo es consciente, permite la interactividad desde una visión humana e integral y enfatiza en una comunicación con sentido del otro, en función de determinados fines y objetivos que necesariamente reflejaran el interés social de esa comunidad, en forma concreta y específica. Los actores sociales empiezan a asumirse como parte de ella, sin abandonar su individualidad, pero sí el individualismo, gestan y avanzan hacia un movimiento de educación y transformación comunitaria.

La expresión de ZOCIPC promueve el cambio social comunitario al inscribirse en la práctica educativa, insertada en la riqueza de la realidad social, exige y plantea un proceso de despliegue, descubrimiento y potenciación de las vías de satisfacción de las necesidades sociales detectadas. Se trata de revalorizar, rescatar, y resignificar la promoción del trabajo comunitario como mediador para la concientización de los problemas sociales y la búsqueda de alternativas para su satisfacción, se sintetiza en la socialización comunitaria y se visualiza en la sustentabilidad educativa comunitaria como cualidad de orden superior.

En la dimensión diversidad social comunitaria lo perceptivo valorativo como expresión en la comunicación educativa deviene como fuerza motriz en las relaciones entre actores sociales, impulsa las acciones encaminadas a la satisfacción y en esta dirección se fundamenta como fuente objetiva en la misma medida que actúan, evalúan la realidad, discriminan aquello que es negativo o superfluo de lo útil, positivo y necesario que esté a tono con lo que tenga significación vital y social para la comunidad, se distingue como cualidad un comportamiento social activo y positivo.

Al mismo tiempo lo colaborativo-coordinativo con expresión en la toma de decisiones en la dimensión integración social comunitaria, constituyen configuraciones que impulsan la actuación para, desde lo endógeno, propiciar la educación comunitaria en correspondencia con la imagen de los comunitarios que se quieren formar y desarrollar.

Los diferentes eventos que se dan en la comunidad tienen que estimular en los actores sociales el protagonismo y el autodesarrollo, lo que está en el núcleo de la contradicción, si se separa de ese nivel se produce la ruptura entre los procesos diversidad social comunitaria e integración social comunitaria y la contradicción desaparece, cesa por tanto el movimiento y el cambio en el proceso de educación comunitaria.

Las relaciones entre las dimensiones y configuraciones son penetradas por la subjetividad de los actores sociales permitiendo:

• el desarrollo de motivos e intereses.

• la participación en el diseño, organización y ejecución de los diferentes programas y acciones.

• la solución de problemas.

• el intercambio de saberes, aprenden a aprender y enseñan a enseñar.

• determinar la significación que para ellos tienen cada aspecto del objeto que estudian y transforman y personalizar nuevas cualidades.

La socialización comunitaria es una expresión de las relaciones dialécticas entre las dimensiones diversidad social comunitaria e integración social comunitaria. En la interrelación dialéctica de ambas dimensiones se fortalece un núcleo; el movimiento ZOCIPC. En la jerarquía de su rol y función se distinguen los actores sociales decisores, que con un enfoque interdisciplinario y el respeto a la identidad, trazan las estrategias para construir zonas de potencialidades y saberes que fluyen en un interactivo educativo.

La socialización trasciende a la integración y respeta lo diverso, la identidad y particularidades de los actores sociales, evidencia nexos interdisciplinarios que promueven procesos de desarrollo en la comunidad y desde ella y en constante precisión con respecto a los puntos de contacto a través de la comunicación. Lo anterior distingue la sustentabilidad educativa comunitaria. Refiriéndose a lo interdisciplinario Ander-Egg planteó “un estado mental que requiere de cada persona una actitud, a la vez, de humildad, de apertura, de curiosidad, una voluntad de diálogo y finalmente, una capacidad para la asimilación y la síntesis” (1999:45).

La interdisciplinariedad debe situarse y estar presente en el accionar de la comunidad, desde el punto de llegada hasta penetrar en la esencia del saber social. La lógica fragmentada es sustituida por una comprensión integradora y múltiple de los procesos sociales, centrada en los nexos y las formas en que se relacionan las dimensiones y configuraciones.

En la socialización comunitaria se da el tránsito de lo singular a lo general, desde las acciones de autoeducación individual de los actores sociales, hasta las estrategias a nivel de Circunscripción, Consejo Popular, Asamblea Municipal y Provincial. Es un proceso que va integrando conocimientos, muestra saberes, al mismo tiempo que los actores sociales trazan objetivos específicos de educación comunitaria. También puede transitar de lo general a lo singular, desde las concepciones, objetivos y acciones más complejas en las estrategias integradas a nivel de Asamblea Provincial, Municipal, Consejo Popular y Circunscripciones, hasta las más simples, en las acciones individuales.

De estas relaciones entre configuraciones y dimensiones surge la cualidad distintiva y de orden superior; la sustentabilidad educativa comunitaria, entendida como requerimiento esencial para el autodesarrollo y la praxis transformadora en la que participan los actores sociales como sujetos reflexivos, creativos, generadores de conocimientos de sí, de los otros y de su entorno y sobre esta base diseñar estrategias, programas y proyectos que propicien cambios educativos. Reflejo de las relaciones sociedad-comunidad con un enraizamiento de la cultura pero no para detenerse, sino para mostrar elementos que promuevan un desarrollo creativo y distintivo educativo en la comunidad.

Es importante comprender cómo las personas se organizan socialmente para producir, conocer y tomar en cuenta de que forma viven las experiencias colectivas. Al intentar se da la posibilidad de crear tal experiencia, de reconocer, considerar y desarrollar las emociones, lo afectivo de todo este proceso que promueve un trabajo comunitario.

La promoción de este trabajo adquiere su más alto significado, en tanto las salidas y propuestas como vías para la educación comunitaria adquieren la expresión conjugada de las distintas fuerzas internas de las comunidades, como gestores y reguladores de su propio accionar, asumiendo conscientemente la búsqueda de la educación y desarrollo de la comunidad.

Cuando las fuerzas internas de una comunidad concientizan el desarrollo comunitario, más allá del grado con que lo hagan, implica que empieza a tomar la responsabilidad de transformarse a sí misma. El pensamiento y el accionar social se fusionan y combinan produciendo el desarrollo comunitario propio y la sustentabilidad educativa comunitaria como cualidad que surge desde lo endógeno, en relación y movimiento con un comportamiento social activo y positivo, el aprendizaje social y el liderazgo que al configurarse refleja el autodesarrollo en el cual los actores sociales son protagonistas.

En la dimensión socialización comunitaria, como centro del modelo pedagógico, se manifiesta la promoción del trabajo comunitario. Por promoción se asume, mover hacia delante, pro–mover, poner en movimiento, es desatar energías, potencialidades, en este caso humanas, que continuarán actuando por sí mismas. Es el ser humano como sujeto, multiplicándose e integrándose para actividades comunes. Como toda acción, la promoción debe ser útil y producir valores o bienes. Sin embargo, estos bienes o valores deben ser producidos por aquellos a quienes se dirige el trabajo de promoción.

La promoción busca el desarrollo de la capacidad de pensar, de analizarse, de decidir, de comprometerse, de correr el riesgo de un fracaso y de enorgullecerse con el éxito, según Carolina Ware (1986:67) “proceso para suscitar grupos funcionales de ciudadanos capaces de ser agentes activos y responsables de su propio progreso usando para ello como medio la investigación, en común de los problemas locales, el planeamiento y la ejecución por sí mismo de soluciones que antes convinieron de la coordinación voluntaria con los demás grupos y con las autoridades oficiales, de modo que se obtenga el bienestar total de la comunidad.” En esencia, esta definición infiere el abordaje desde una posición endógena de la comunidad y con el protagonismo de los actores locales, cuestión esta para una eficiente promoción.

El tratamiento conceptual ha estado presente en los principales foros de discusión que signa la actualidad cultural cubana. Una aproximación desde el punto de vista terminológico aparece en el texto "Acerca del concepto de promoción", de Rafael Carralero, en el que hace referencia a los factores que de manera conjunta le imprimen carácter sistémico y materializado en una acumulación y continuidad de los mismos, todo lo cual asegura cambios cualitativos de real significación en dos direcciones; de una parte se aspira a lograr el cambio en la conducta del público receptor en la medida que se transforma en consumidor activo y demandante de la producción artística y de otra, el enriquecimiento de la calidad estética del bien cultural ofertado.

Como resultante de las investigaciones realizadas, la autora plantea la promoción como un sistema de interrelaciones e integración de procesos y acciones que tiene en cuenta la contextualización, las necesidades y valores de los actores sociales como protagonistas de su propio accionar y tiene como fin el desarrollo de un proceso educativo en la comunidad.

De este modo el objetivo de la promoción del trabajo comunitario es tributar al autodesarrollo a partir de potenciar el diálogo de saberes en la comunidad en su sentido horizontal e integrador, con lo que contribuye a elevar su calidad de vida y enriquecer y fundamentar la identidad y la cultura en la comunidad. Esta propuesta se basa en el proceso de socialización comunitaria y en ella transitan los eslabones como una expresión significativa.

Las relaciones que se establecen entre las configuraciones y dimensiones se concretan en los eslabones, diagnóstico, concreción y retroalimentación y constituyen su lógica interna.

Los eslabones como parte del proceso holístico que configuran el proceso de educación comunitaria.

Los eslabones constituyen una sucesión en el movimiento del proceso, en los que se revelan determinadas dimensiones del mismo, son complejos estadios o momentos del proceso que al tener en su centro a los sujetos, su actividad y comunicación, a la vez que se diferencian de las características del quehacer de dichos sujetos, se integran y se relacionan dinámicamente, expresando la lógica interna del proceso que se examina. Los eslabones, a su vez, poseen una lógica interna determinada por los subeslabones que los conforman y a los que son inherentes determinadas dimensiones y configuraciones.

En el proceso pedagógico, en una comunidad, es de gran significación el diagnóstico, concreción y retroalimentación como eslabones de orden superior que están en el centro del proceso de educación comunitaria; se trata de que los coordinadores, investigadores o equipo comunitario, facilitadores y en este caso, la universidad, actúen para que la comunidad se sitúe en el centro de sus propias realidades, en las decisiones, organización, planificación y desarrollo de programas, proyectos y eventos, con una función eminentemente educativa y pedagógica.

El eslabón diagnóstico permite realizar un autodiagnóstico en la comunidad con un triple enfoque y el reconocimiento sistémico de la realidad objetiva, contextual, en la que el grupo y organizaciones viven y actúan. Se trata de un reconocimiento objetivo y sistemático de sus necesidades, motivos e intereses, la profundización en el entorno, las condiciones materiales, sociales y el accionar del hombre en ellas.

Analizar las acciones espontáneas u organizadas, que realiza la comunidad para transformar su medio, las relaciones entre lo qué hacen y cómo lo hacen y piensan y qué se debe hacer, es otra arista del diagnóstico. Lo subjetivo, las razones del accionar en la comunidad, es una combinación de aspectos subjetivos con aspectos objetivos. La esencia radica en buscar el autodiagnóstico de la realidad, de las acciones que realizan para transformarlas y del nivel de interpretación que sobre ella tienen, así como del potencial con que se cuenta para la acción, que actores sociales por sus características, son considerados como decisores.

La concreción es un eslabón que su fuerza se refleja fundamentalmente en la socialización comunitaria, pero desde la diversidad y hacia la integración adopta particularidades diferentes; en la primera ocurre una movilización hacia la determinación de qué actores sociales son los que, dado su identidad y percepción social, movilizan a la comunidad hacia el encuentro con la realidad y desde esa perspectiva, trazan las estrategias. En la socialización comunitaria se produce este despliegue donde se concreta el qué, cómo y cuando de la actuación.

Desde esta posición la concreción es entendida como un camino pedagógico, necesaria para la educación comunitaria. En ella se establecen las relaciones entre los actores sociales, donde unos son decisores, entendido como orientadores, guías para el accionar y desde una posición de liderazgo, promueven y dinamizan este proceso.

Referirse a la totalidad significa conocer los elementos esenciales que definen y explican la existencia de una realidad comunitaria, su identidad, entorno y cotidianidad, al revelar sus interrelaciones, necesidades, motivos, problemas y, por consiguiente, los mecanismos que estimulan la satisfacción y solución, el abordaje integral de una realidad donde la comunidad sirve de plataforma para la construcción de un proceso educativo dinámico y complejo.

La retroalimentación es eminentemente educativa, aparece en todo el proceso comunitario y está presente en todas las dimensiones. Se fundamenta a partir de la sistematización como un nivel superior de reflexión a la evaluación; aunque se apoya en esta, a través de ella se hace una teorización sobre las experiencias y permite un análisis más profundo de qué y cómo se ha ido actuando en la complejidad del proceso educativo comunitario.

Sobre la base de las nuevas relaciones en el proceso comunitario, surgen regularidades. La autora de la tesis, a partir del análisis del modelo, deja establecidas las siguientes:

Regularidades del proceso de educación comunitaria.

1. Las relaciones dialécticas que se establecen entre las dimensiones diversidad social comunitaria e integración social comunitaria, generan la contradicción que se sintetiza en la dimensión socialización comunitaria.

2. Las relaciones dialécticas entre las dimensiones fomentan un movimiento ascendente que se denomina zonas de contactos interaccionales de potencialidades comunitarias (ZOCIPC), que promueve el autodesarrollo y la educación en la comunidad.

3. La sustentabilidad educativa comunitaria es una cualidad de orden jerárquico que emerge de la síntesis de la dimensión socialización comunitaria.

Estas regularidades caracterizan al modelo pedagógico de educación comunitaria. Entre sus rasgos más significativos se encuentran:

• La base epistemológica, con el reconocimiento del carácter consciente que implica una naturaleza holístico-dialéctica lo cual acerca su interpretación a la esencia misma de los procesos y las relaciones que se dan en la comunidad.

• El carácter distintivo, pedagógico y educativo de la promoción del trabajo comunitario como condición fundamental para un proceso de educación comunitaria.

El propósito central planteado desde este abordaje es: el proceso de educación comunitario. Trata concretamente, de contribuir a la generación de procesos educativos y organizativos al interior de las comunidades que hagan posible su participación activa y plena en la reflexión sobre su situación, sus necesidades y problemas, en la formulación de propuestas y en la ejecución de acciones las cuales permite avanzar colectivamente en la comprensión y transformación de su entorno social y, al mismo tiempo, ofrecer a los actores sociales y decisores, una vía que permita realizar la promoción del trabajo comunitario.


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