Tesis doctorales de Ciencias Sociales

MODELO DIDÁCTICO PARA EL DESARROLLO DEL PROCESO DE COMPRENSIÓN-CONSTRUCCIÓN TEXTUAL COMO AGENTE MOTIVADOR DE APRENDIZAJE, EN EL 1ER. AÑO DE LAS CARRERAS DE FORMACIÓN DE PROFESORES PARA PREUNIVERSITARIO DE LA UCPRMM, DE PINAR DEL RÍO.

Ana Delia Barrera Jiménez
 



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I.3- El texto como categoría fundamental dentro del enfoque cognitivo, comunicativo y sociocultural


La transferencia del interés, por parte de los investigadores de una lingüística de la lengua, a una lingüística del habla ha provocado un desplazamiento hacia un nuevo objeto de investigación constituido por las unidades funcionales de la lengua: el texto; lo que concede un papel determinante a la lingüística del texto, ciencia que define el lenguaje como medio esencial de cognición y comunicación social humana, idea que como antes se declaró constituye un principio esencial del enfoque cognitivo, comunicativo y sociocultural asumido.


Al abordar la categoría texto desde dicho enfoque, se particularizará en aquellos elementos que lo distinguen: concepto, dimensiones y tipología.


- Conceptualización


Los avances en relación con los estudios lingüísticos han conducido a que la ciencia del texto haya pasado a ocupar un lugar relevante, en tanto se encarga de ofrecer una nueva perspectiva de análisis, por lo que da respuesta a problemas teóricos y metodológicos que la lingüística tradicional no hubo de resolver. Su objeto de estudio es el texto, que significa tejido, según su originario en latín. Alrededor de esta categoría, diferentes puntos de vista han convenido, dando lugar a importantes referentes como concepto, dimensiones y tipología, los cuales permiten comprender la misma con más amplitud y profundidad.


No obstante la diversidad de criterios en torno a la conceptualización de la categoría texto, la mayoría de los autores hacen énfasis en su esencia comunicativa. Para Parra (1989), es la unidad comunicativa fundamental y encuentro semiótico mediante el cual se intercambian los significados; para Halliday (1986), es la unidad básica del proceso de significación y según refiere Casado (1993), representa el nivel individual del lenguaje en cuanto a manifestación concreta del habla en general y de la lengua histórica.


En sentido amplio, el texto, para Roméu (2003), incluye todas las formas de expresión que el hombre emplea para emitir significados y que comprende los discursos orales o escritos, pinturas, esculturas, películas o, simplemente, la forma como vestimos o vivimos, criterio este que se asume como básico en el marco del presente trabajo. En su sentido estrecho, constituye cualquier enunciado comunicativo coherente, portador de un significado, que se expresa en un contexto determinado, con una intención y una finalidad definidas, para lo cual el emisor se vale de determinados medios comunicativos funcionales.


Opina dicha autora que todo texto es resultado de la integración de múltiples saberes: lingüísticos, comunicativos, matemáticos, históricos, geográficos, etc., lo que permite explicar su naturaleza interdisciplinaria. Un individuo culto se conoce por su capacidad para integrar múltiples saberes en los textos que comprende o produce. El análisis de un texto por ello, debe implicar precisamente el “desmonte” de esa “integración de múltiples saberes”.


El texto constituye “un enunciado comunicativo coherente, portador de un significado, que cumple una determinada función comunicativa (representativa, expresiva, artística) en un contexto determinado, que se produce con una determinada intención comunicativa, una determinada finalidad, que posibilita dar cumplimiento a ciertas tareas comunicativas para lo cual el emisor se vale de diferentes procedimientos comunicativos y escoge los medios lingüísticos más adecuados para lograrlo.” (Roméu, 1996:1). En tanto Van Dijk (2000), concibe al texto como una abstracción, un constructo teórico, que se concreta o manifiesta mediante los discursos que el individuo produce en diferentes situaciones y contextos.


Es necesario referir que, frecuentemente, diversos autores emplean los términos texto y discurso indistintamente, en relación con una misma realidad; sin embargo, a pesar de la gran relación entre ambos existe diferencia y esta radica, según Sales (2007), en “la diferencia entre lenguaje y lengua, el primero como capacidad común a los seres humanos de comunicación mutua por medio de cualquier sistema de signos, expresados en diversos códigos, aun aquellos que no se han concebido específicamente para la comunicación, pero que en situaciones y contextos determinados funcionan en este sentido. Y la segunda, como sistema de signos lingüísticos depositados en la conciencia social que se manifiesta en el discurso comunicativo de cada hablante mediante el código verbal, mediante la palabra. De acuerdo con esta diferenciación, se puede inferir que todo discurso constituye también un texto, pero no todo texto puede constituir un discurso”. (Sales, 2007:101).


Otro elemento relevante y muy relacionado con las categorías texto y discurso lo constituye el contexto, el cual incluye los elementos que se interrelacionan en un acto comunicativo: situación, intención y finalidad comunicativas, tarea comunicativa, estatus social de los interlocutores, así como los factores espacio temporales y los propios sujetos en calidad de miembros de categorías sociales, grupos institucionales. La interrelación entre ellos depende básicamente de la coherencia global y esta, a su vez, se manifiesta en una coherencia semántica (interrelación y unidad de las ideas en lo que se significa), formal (estructuras gramaticales y sintácticas oracionales y discursivas que se utilizan para la expresión de ese significado) y pragmática (depende, del contexto de significación. (Sales, 2007: 1001).
Como parte del texto es imprescindible la comprensión de sus dimensiones.


Dimensiones


A saber de Roméu, (2003), se reconoce que la comprensión y producción de discursos, además del dominio de los niveles en los que se estructuran, exige también el dominio de las dimensiones que revelan los componentes que entran en la urdimbre del texto: la sintaxis, la semántica y la pragmática textual.
El proceso para entender el valor significativo (semántico) que aporta una estructura lingüística cualquiera, considera esta autora, “no puede ser resuelto solo por la sintaxis, independientemente de que se comience por identificar a qué clase pertenece una palabra determinada; para ello es necesario tener en cuenta los factores del contexto que están determinando dicha significación. (Roméu, 2003:8)


Existen varios criterios acerca de cómo se establece la relación entre estas dimensiones; algunos autores conceden una total autonomía a la sintaxis, al considerar su capacidad para operar más velozmente que las otras dos. Teniendo en cuenta los criterios de los autores que defienden este punto de vista, la semántica y la pragmática, una vez que han obtenido la información necesaria que la sintaxis les aporta, pueden posteriormente desecharla, sin dejar de resaltar que "es la sintaxis la reina suprema al comienzo del flujo del procesamiento". (Fodor, 1983). Esta concepción establece que la dimensión sintáctica "se ejecuta primero, aun cuando la semántica y el discurso puedan luego prevalecer". (Graesser, 2000: 417).


Otros autores difieren de este parecer al considerar que los módulos o dimensiones son altamente interactivos y defienden el criterio de que no existe un orden obligatorio que exija comenzar por una dimensión para luego transitar a otras. (Just y Carpenter, 1995; Hess y otros, 1995).


Desde el punto de vista de la psicología cognitiva, apunta la autora referida, la comprensión no constituye un proceso de abajo hacia arriba. Al respecto plantea Graesser (2000):"no se trata de que la sintaxis comience o que la semántica se complete antes de que los procesos discursivos se inicien. Más bien, análisis parciales evolucionan en todos los niveles (y en todas las dimensiones) hasta alcanzar la representación final". (Graesser, 2000: 434).


Ningún análisis - afirma Roméu- “sería psicológicamente aceptable si se exige el análisis total en una dimensión antes de proceder a otra, o sea, en el análisis se podrá transitar de una dimensión a otra, para hacer evidente su interdependencia”. (Roméu, 2003:9).


El proceso de atribución de significados al texto y producción textual, desencadenado a partir de esta dimensiones, favorece la calidad de dicho proceso en el acto de aprendizaje, lo que reclama que didácticamente el profesor dirija su atención a ellas, de modo que el alumno las tenga en cuenta de forma natural, dentro del propio algoritmo de trabajo, al resolver la tarea, independientemente del tipo de texto del que se trate.


Tipología


Dada la complejidad del mundo de la diversidad textual resulta necesario hacer referencia a los diferentes criterios de clasificación existentes al respecto. De acuerdo con los llamados géneros se clasifican en: narrativos, poéticos y dramáticos; según las líneas de composición en: progresivos (expositivos), enumerativos (descriptivos) y asociativos (dialogados).


La estilística funcional por su parte, se encarga de la clasificación de los textos según la función comunicativa que le es esencial, lo que implica comprender como punto de partida los conceptos de estilo (la selección de los medios de expresión y su composición; Dubsky, 1975), estilística (ciencia del estilo) y estilística funcional (estudia las particularidades y regularidades del funcionamiento del idioma en distintas variedades del habla, correspondientes a determinadas esferas de la comunicación y actividades humanas, y analiza también la estructura de los estilos funcionales, las normas de elección y combinación de los medios idiomáticos.


Según los criterios estilísticos, la clasificación de los textos resulta también diversa. Autores como Martín (1968); Dubsky (1975), Shishkova (1989) y Popok (1989), entre otros, proponen los siguientes:


Martín: La estilística del investigador, la estilística del filósofo, la oratoria (política, leída, ateneísta o académica), la carta (privadas, comerciales, eruditas), el teatro, el periodismo, la noticia, crónicas de información, interview y reportaje, artículo, el humorismo, la traducción, la estilística lexicográfica, el guión de cine.


Dubsky: El método psicológico, el método estadístico, el método funcional (conversacional o coloquial, de trabajo o profesional, artístico o poético), la estilística comparada.


Shishkova y Popok: Estilo científico, oficial, publicista, literario y estilo coloquial.


Teniendo en consideración los criterios anteriores y atendiendo a la función comunicativa que le es esencial, Sales (2000) propone considerar la clasificación de los textos como sigue:


I-Estilo funcional- coloquial:
- Conversación, discusión, debate, la carta familiar y privada, el comentario oral informal.
II- Estilo funcional- profesional:
- Sub-estilo científico y científico popular: notas, resumen, ponencia, informe, artículo, libros de textos.
- Sub-estilo oficial: acta, carta oficial y comercial, circular, informe, hago constar, certificaciones, oratoria, notas.
- Sub-estilo publicista: noticia, crónica informativa, entrevista, reportaje, artículo, comentario, avisos.
III- Estilo funcional artístico
- Narrativa, lírica, dramática (teatro y guión de cine), humorismo, artículo de crítica artística.


No obstante la amplia gama de criterios existentes respecto a la diversidad textual, es preciso asumir una clasificación determinada para que se dé un trabajo homogéneo en este sentido. En este caso y según los criterios que en la actualidad priman en la enseñanza, se asume la siguiente clasificación, reformulada por Domínguez (2007).


1. Según su código: orales, escritos, icónicos, simbólicos y gráficos.
2. Según su forma elocutiva: dialogados, narrativos, descriptivos, expositivos y argumentativos.
3. Según su función: informativos (referenciales o representativos), expresivos, poéticos y apelativos
4. Según el estilo: coloquiales, oficiales (administrativos, jurídicos, diplomáticos), publicitas
(políticos, periodísticos y publicísticos), literarios (líricos, épicos y dramáticos) y científicos.


Vale destacar, y en ello se concuerda plenamente con Sales (2000), que en la diversidad textual incide fundamentalmente el papel del docente al escoger los textos de acuerdo con el grado y las características de sus alumnos, de forma tal que esta rica gama de matices que aportan los diferentes tipos de textos forme parte de su universo del saber.


En el contexto específico de formación de profesores, el trabajo con el texto es elemental para estimular, desde los procesos de significación que se producen en el PEA, la motivación de los alumnos, a partir de la elaboración de tareas que así lo posibiliten, más allá de la clase de lengua materna en sí misma. Para ello es esencial profundizar en relación con el proceso de CCTAMA y sus particularidades en el 1er. año de las carreras de Formación de Profesores para Preuniversitario.


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