LAS MUJERES BAUTISTAS EN MIAHUATLÁN DE PORFIRIO DÍAZ, OAXACA.

Ángel Christian Luna Alfaro

 

5.4 Las referencias y antecedentes de estudios en la Sierra Sur y Miahuatlán

Antes de plantear el estado del arte, considero importante ubicar algunos aspectos sociales y culturales de manera general de la entidad. El estado de Oaxaca se compone de 570 municipios, distribuidos de la siguiente forma: la Sierra Sur de Oaxaca abarca un total de 70 municipios. De acuerdo al número de municipios que tiene, ocupa el tercer lugar, después de las siguientes regiones: Mixteca (155), el Centro (121). La Sierra Norte, con 68 municipios, es una región que está por arriba de la Costa (60). Cañada, Istmo (31) y el Papaloapan (20).

En Oaxaca se presentan una serie de fenómenos históricos y sociales muy singulares debido a la fuerte presencia de distintos grupos indígenas. De acuerdo con el conteo de 2005 por parte del INEGI, los hablantes de lengua indígena, de 5 años y más, son el 29.8% (1 millón 120,312) del total estatal y el 6% nacional. Actualmente, se considera que en el Estado conviven 16 grupos etnolingüísticos: amuzgo, chatino, chinanteco, chocho, chontal, cuicateco, huave, ixcateco, mazateco, mixe, mixteco, náhuatl, popoluca, zapoteco, triqui y zoque. El número de personas que conforman estos grupos lingüísticos es muy variado, algunos apenas alcanzan cien como los ixcatecos, mientras que otros rebasan los 300 mil como los zapotecos .

Debido a la gran variedad climática y regional (entre otras ya mencionadas), estos grupos viven en las montañas, otros en las costas y los valles. Elementos que asociados a la variante etnolingüística da por resultado una organización social compleja a la que las y los analistas e investigadores han tratado de entender desde distintos ángulos como el cultural, de desarrollo regional y económico, organización social y política, movimientos sociales indígenas, así como desde el ámbito migratorio, especialmente el que se realiza hacia los Estados Unidos de Norteamérica; la entidad, en este sentido, se convierte inevitablemente en un atractivo laboratorio para efectuar pesquisas desde todas las ópticas inimaginables, gustos y/o posturas.

Barabas y Bartolomé (1990) arguyen que todo lo que se escribe sobre Oaxaca parece condenado a una prematura obsolescencia. La región constituye una cambiante e inagotable fuente para el conocimiento y reflexión antropológico (y yo le anexaría histórico), así como para la configuración de inéditas perspectivas políticas orientadas hacia la articulación de la diversidad. Buena parte de la reflexión aquí citada, se sitúan en el marco de la pluriculturalidad en la que las tierras oaxaqueñas se encuentran asentadas. Bien cabría la crítica al respecto, considerando que el trabajo académico centrado en una región y sociedades determinadas durante mucho tiempo, nos puede trazar una trampa, dando como resultado una visión corta de otras realidades e interacciones en diversos tiempos y espacios.

Las y los oaxacólogos, como gustosamente se autonombran o identifican las y los investigadores de las dinámicas socioculturales de las tierras oaxaqueñas, caen, a mi juicio, en múltiples ocasiones, en la trampa del etnocentrismo académico. Si bien es cierto que Oaxaca, resulta ser un espacio donde su población y manifestaciones culturales distan mucho de ser uniforme, considero que es una falacia asegurar la existencia de una homogeneidad en sociedades donde no se pueda encontrar población indígena. El sentimiento de pertenencia, identidad, o adscripción a grupos, etnias o tribus (urbanas o rurales), es un asunto sumamente complejo y cambiante. Tanto las percepciones o referencias de lo que las personas dicen ser, pertenecer o hacer, dentro de un grupo sociocultural, tienen cada vez menos elementos rígidos en el mundo de las definiciones, aspecto que se amplía en el mundo de lo simbólico, volátil, con otras lógicas y cosmovisiones; este es un asunto, donde también se encuentran inmiscuidos las comunidades en zonas urbanas, metropolitanas y/o grandes ciudades del mundo.

Coincido con la obsolescencia de lo investigado en Oaxaca, pero discrepo con pensar que las cosas sólo caducan en esta región, considero que todas las sociedades son sumamente complejas, difíciles de encasillar o colgarles un concepto inamovible. Creo que el problema de la caducidad es un riesgo general que se corre al efectuar pesquisas y presentar los resultados de las mismas. Lo interesante es efectuarlas, y quizás, no pensar que el lugar donde las efectúas puede ser especial o incluso el terreno más "paradójico" e irrepetible del mundo. Lo que no podemos negar al respecto, es la diversidad de los grupos indígenas que en el Estado de Oaxaca cohabitan, 17 de los 56 grupos étnicos o naciones sobrevivientes de la civilización del México Antiguo, se encuentran alojados a lo largo de las 8 regiones que componen el territorio de esta entidad. Los mecanismos de resistencia, adaptación o mutación, de los grupos citados, a lo largo de los siglos, han sido motivo de interés, en el ámbito de la investigación social.

Por lo citado, quiero partir del hecho, de que existen varias "oaxacas", y que tanto el espacio, como los tiempos y culturas, no son uniformes. Por un lado se encuentran las "oaxacas" ubicadas en el imaginario de las y los investigadores, así como las oaxacas indígenas, mestizas, citadinas, entre otras. Por ende, efectuar estudios de carácter social y/o humanístico, bien se puede pensar como una empresa difícil de concretar. A pesar de ello, la Sierra Sur y el caso de Miahuatlán, han sido, al menos citados, pensados e interpretados desde algunas ópticas, los resultados se muestran en las siguientes líneas.

Son mínimas las referencias sobre estudios serios o basados en fuentes tradicionales, en el sentido histórico (archivos, memorias, etc.) en las tierras del sur oaxaqueño. Lo que podemos hallar escrito sobre la historia del poblado y sus alrededores, resulta ser el esfuerzo de cronistas, algunos con formaciones académicas, pero con ausencia del conocimiento de la disciplina histórica. Como es de esperarse, existe la tendencia hacia las historias de bronce, oficial, cuantitativa, anticuaria y divina. Ya sea para exaltar a la Santísima Iglesia Católica y su piadoso aporte a la civilización de los pueblos locales o a las grandes contribuciones del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la democratización de las sociedades oriundas. La historia de Miahuatlán de Porfirio Díaz y la Sierra Sur oaxaqueña, sigue trunca y bifocal; se nos presenta en un escenario compartido por los buenos y los malos, los ángeles y los demonios, donde las mujeres, diversos géneros humanos, sociedades religiosas no católicas, tribus urbanas y los movimientos sociales locales, no acaban de ser digeridos y plasmados en la cosmovisión e historiografía oriunda.

Al respecto de los aportes al estudio de la región (Sierra Sur), por parte de instituciones de investigación superior del Estado de Oaxaca, tales como el INAH/Centro Regional Oaxaca, CIESAS unidad Pacífico Sur, o la misma Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, así como investigadores independientes y otras instituciones, son escasas. Lo que esencialmente se ha llegado a abordar, suelen ser etnohistorias, o lo que también han denominado, estudios de caso en comunidades etnolingüísticas, cuyas perspectivas van desde la Escuela Estructural Funcionalista, Culturalistas, pasando por aportes teóricos de la Escuela de los Annales, así como posiciones Neo-marxistas. Algunos ejemplos los tenemos con Miguel Bartolomé y Alicia Barabas (1982, 1999, 2002, 2003 y 2005), quienes contribuyen con importantes y diversas pesquisas antropológicas sobre grupos indígenas que cohabitan en el actual Estado de Oaxaca, siendo el análisis de la identidad, cosmovisión, interacciones socioeconómicas, etnografías, entre otros aspectos, los principales tópicos que abordan, sus estudios. Saúl Millán y Julieta Valle (2003), coordinan el libro La comunidad sin límites, donde deciden incluir resultados de investigaciones realizadas en regiones habitadas por chatinos, amuzgos, mixtecos, triques, zapotecos, chontales, entre otros grupos etnolingüísticos. Una vez más Bartolomé y Barabas se anotan contribuciones importantes en el citado texto .

Jorge Hernández (1987), contribuyó al conocimiento del impacto de la producción de café entre los chatinos de la zona sur de Oaxaca. Sobre zapotecos y chontales del sur de Oaxaca, el asunto resulta más preocupante. Apenas algunos ensayos y artículos aislados se hacen presentes (Juana Hernández, 1987). Sobre historia, también podemos rescatar a Francisco del Paso y Troncoso (1981), Dalton (2004), Reina (2004) y Peter Gerhard (1986), quienes mencionan de forma un tanto superficial, ciertas referencias de la región y sus periferias. No podemos dejar de mencionar los aportes de Nahmad, González y Vázquez (1994) cuyo texto: Medio Ambiente y Tecnología indígenas en el Sur de Oaxaca, nos brindan a finales del siglo pasado, una interesante incursión por el conocimiento la naturaleza, historia y cultura de los pueblos de la costa y la sierra sur de Oaxaca. Otros ejemplos más, sobre estudios sociales, culturales y un tanto históricos, para nuestros días, efectuados en Miahuatlán y poblados aledaños, los tenemos con las tesis de Rosario Maya (2008) Cecilia Monjaraz (2008) y Alejandra Ramírez (2007), aportes significativos desde la Universidad de la Sierra Sur, quienes fusionando enfoques de la administración municipal, efectúan reflexiones importantes para el conocimiento de la sierra sur.

Los aportes de los trabajos citados, nos heredan la posibilidad de conocer (en la mayoría de las ocasiones) por primera vez, historias, culturas y un sinfín de pormenores sobre las regiones o comunidades investigadas; por otra parte, las limitantes, suelen posicionarse en la ausencia de analogías con otros espacios tanto de tierras oaxaqueñas, como del mundo. Digamos que el paso de universalizar el conocimiento, sigue siendo el paso pendiente para la mayoría de las pesquisas aquí citadas.

5.5 Historiografía Miahuateca

La identidad de cada individuo, pueblo o nación, nos dice Ricoeur (2005), la constituye su historia, es decir: sus historias; las tramas diferentes, incluso opuestas de las que cada una de las personas, es personaje. En este sentido habrá que recordar el objeto de estudio de la historia: mujeres y hombres interactuando en sociedad. Hacer, analizar y estudiar historia implica entender y comprender las acciones de las y los individuos en tiempos y espacios. Olvidando los juicios de valor contemporáneos, sino averiguar los que se tenían en aquel pasado, los motivos que incitaron a los hechos, inmiscuyéndose en los laberintos de las ideologías del pasado. La historiografía bien la podemos entender como el registro escrito de la Historia, la memoria fijada por la propia humanidad con la escritura de su propio pasado. Según el diccionario de la real academia española (2001), el término proviene de «historiógrafo», y éste del griego ἱστοριογράφος (historiográfos), de ἱστορία (historia) y -γράφος (gráfos), de la raíz de γράφειν (gráfein: 'escribir'). Significa el que escribe (o describe) la Historia. A veces se ha propuesto otro vocablo para entender a la historiografía. Es innegable que desde el punto de vista filológico, tal palabra desempeñaría a la perfección la tarea de designar la ciencia de la historia. Pero, posee sin embargo, un matiz demasiado pretencioso: el de suponer que la investigación de la historia puede considerarse, sin mas, una ciencia. Fue Ortega y Gasset (1983:147-148) quien propuso el empleo de ese término de historiología como designación de una actividad que él creía imprescindible: no se puede hacer historia si no se posee la técnica superior, que es una teoría general de las realidades humanas, lo que llamo una historiología.

La palabra Historiología es empleada también, como investigación de la historia, por algunos filósofos más, mientras que, por el contrario, ciertos historiadores la han empleado en el sentido de reflexión metahistórica que le da Ortega. Por otra parte se designa dos casos en que pueda existir ambigüedad, se acepte el término de historia para designar los hechos y los eventos a los cuales se refieren los historiadores y el de historiografía cuando se trata de escritos. Esto ilumina entonces con claridad en modo de que dos palabras distintas pueden servir, efectivamente para designar dos realidades distintas: historia, la entidad ontológica de lo histórico; historiografía, el hecho de escribir la historia (Aróstegui, 2001).

La historia hegemónica de Miahuatlán de Porfirio Díaz, ha sido pensada, redactada y difundida, principalmente por oriundos (y no oriundas), algunos de ellos con profesiones perfiladas a la pedagogía, abogados o literatos, dinámica en la que los historiadores de formación, están ausentes. La mayoría de ellos resultan ser personajes bastante conocidos por el poblado. Provenientes de familias de largo arraigo en la región, se han dado a la tarea de investigar y tejer, en la medida de lo posible, textos que sirvan como brújula que brinde identidad y referencias históricas para su gente. A continuación unos ejemplos.

Uno de los escritos más antiguos referentes a la historia del poblado, fue redactado por Basilio Rojas Mijangos. Nacido en el año de 1893 en la misma Miahuatlán, falleciendo para 1989. Su longevidad es aprovechada por él mismo y como resultado de su experiencia de vida redactó algunas obras que le valieron, entre otras cosas, ganarse la medalla de Historiador por parte del gobierno del estado de Oaxaca y otros reconocimientos concedidos por el Ayuntamiento de Miahuatlán. Es difícil encontrar los textos de Don Basilio en la actualidad; viejos y descoloridos, pueden ser consultados en alguna biblioteca personal o la ya gastada fotocopia del museo del municipio. Rojas ha sido citado en innumerables ocasiones en las mini investigaciones de estudiantes de la región. Al mismo tiempo, ha servido su escrito como base para la elaboración de textos contemporáneos alusivos a la historia de Miahuatlán, sin el debido reconocimiento, acusando, por parte de familiares, simpatizantes y amistades en eventos públicos y en entrevistas informales, el plagio de su escrito en más de una ocasión.

Por lo que pude detectar, el trabajo de Rojas, es el primer escrito sobre Miahuatlán de Porfirio Díaz, hecho por un miahuateco, basado en muchas percepciones personales y carente del apoyo o al menos omitiendo la mayor parte de fuentes en que basó "su historia", convirtiéndose en una obra pionera que hereda identidad histórico-cultural a las y los habitantes tanto de Miahuatlán, como de las regiones aledañas. Su trabajo abarca hasta "sus tiempos", siendo un proyecto inacabado, propenso a las críticas y mutilaciones de muchos de los que nos apoyamos de su legado.

Esta es mi sangre, novela histórica a cargo de Carlos Elizondo (1991) que expresa parte del amor, tragedia, pasiones, heroísmos, sensualidad, erotismo, violencia, alegría y dolor de un pueblo de la sierra sur del Estado de Oaxaca (palabras del autor). El libro, es una fuente interesante y apasionada sobre lo que se piensa y siente de la matria miahuateca. La obra puede auxiliar como una fuente alternativa dentro de la literatura, para fortalecer pesquisas sobre la región.

Otro de los escritores conocidos e invitado a casi cualquier evento contemporáneo, alusivo a las remembranzas históricas del pueblo, es Jairzinho Víctor Alcázar López. Alcázar cuenta con un libro titulado Historia de Miahuatlán (2004), así como otras obras que han contribuido al conocimiento de la cultura e historia oriunda. Los datos en sus libros, al respecto de la ciudad, alrededores y del mismo Estado (en su contexto mundial) son abundantes. En su obra podemos encontrar un manejo de las fuentes de primera mano (archivos) , así como de bibliografía referente al conocimiento histórico del país y del Estado de Oaxaca. El autor es oriundo de Miahuatlán, situación que sugiere la elaboración de un tipo de historia patria. A su vez, habrá que anexar como una cuestión extra al respecto de Alcázar López; él es católico y ha laborado para la iglesia como catequista (entre otros puestos), esta situación provoca que sus textos, así como tendencias para abordar sus escritos, sean con ciertas características acordes al pensamiento moral e ideológico de la religión con más seguidores en México. La información en torno a la iglesia católica, historia, su radio de acción e influencia en la región, resulta ser abundante en sus obras. También podemos notar en sus textos, muchos aspectos interesantes acerca de las características que conforman la identidad de las y los miahuatecos; una fusión entre los aportes católicos y mesoamericanos. Es fácil notar una inevitable folclorización en su estilo de escritura, reflejo claro de la tendencia de varios cronistas del país. Siguiendo con la vertiente histórica, podemos hallar dentro de los manuscritos contemporáneos, Los cuerudos, de Ricardo Ojeda Bohórquez (2007). Ojeda, nos brinda un texto apoyado por una especie de historia oral y/o testimonios (bastante folclórica) sobre un grupo social apodado (por su vestimenta) como los cuerudos . Para los tiempos de la Revolución Mexicana, se erigen diversos frentes comandados por caciques de varias regiones del país. La historia de los cuerudos es uno de esos tantos casos. Olvidados, hasta por la historia oficial, el grupo que auxilia para la legitimación de varios gobiernos estatales, tuvo como una de sus sedes, al pueblo de Miahuatlán de Porfirio Díaz, Oaxaca. A pesar de proponerse el texto, como un libro serio sobre la historia del poblado, da la impresión de quedarse en un buen intento, aun con una línea oficial, llena de anécdotas, carente de metodología y teorías históricas que nos puedan brindar un aporte formal sobre los hechos históricos de la región. El texto, se queda en una de las tantas opiniones que conforman los caminos de las historias, mitos y leyendas de los pueblos.

Después de ellos hay otros trabajos aislados, pero de corto alcance. Pequeños artículos, evocaciones en folletos, etc. Las instituciones de prestigio estatales, como se señaló con anterioridad, no han abordado estudios extensos referentes al poblado. La violencia típica de la región, así como los sistemas de gobierno regidos por los usos y costumbres , cierran posibilidades para que estudiosos de la historia o antropología, aborden un tratado serio, profundo y formal sobre Miahuatlán y las zonas colindantes. Para concluir este apartado, quiero resaltar que los textos aquí expuestos, no son todos los que existen, pero si los más recurrentes y básicos para tejer parte de las historias del municipio y la misma Sierra Sur. En este sentido habrá que tomar en cuenta que todos, sin excepción alguna, exaltan las magníficas dotes de sus hombres. Las mujeres al respecto, siguen figurando como extensiones de los mismos, la hermana, madre, esposa, hija de algún personaje, que desde luego, se pensó y piensa que fue una persona excepcional, gran soldado, religioso (católico), presidente municipal, defensor de la patria, guerrero, ejemplo a seguir de todos los hombres del pueblo y del mundo. Por ende, no es raro que los textos aquí expuestos se piensen como viables para la educación de las y los estudiantes de la región, factor importante para la conformación de las identidades masculinas y femeninas locales, mismas que rearguyen el control patriarcal.

Temporalmente, los libros aquí citados, han sido publicados, en su mayoría, para la segunda mitad del siglo XX y unos cuantos, de lo que va del presente siglo. Las vertientes están posicionadas en la historia oficial (gobierno), historicismo, positivista, heroica, de bronce y divina. Pese a que algunos escritos se dan a la tarea de criticar y desacreditar los libros de antaño, dichas criticas, se encuentran sin fuentes o referencias históricas. Lo que si podemos notar entre líneas, con estas rencillas, son los conflictos acumulados por siglos, entre las familias fundadoras del poblado, las posturas, ideologías, así como formación política y religiosa, aspectos que bien pueden sugerir una historia del pensamiento y de las ideas, por parte de los grupos de poder regional.

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