LAS MUJERES BAUTISTAS EN MIAHUATLÁN DE PORFIRIO DÍAZ, OAXACA.

Ángel Christian Luna Alfaro

1.5 La historia mexicana desde el género

La historia de la mujer, amparada por los movimientos feministas, surgió como una disciplina que pretendió indagar el antecedente que explicase la situación actual de la mujer (Ramos, 2008: 117), éste proceso se ha hecho cada vez más complejo, en la medida de los avances y descubrimientos de la misma historia.

En sus inicios, la etnicidad y el género han sido dos de las principales preocupaciones dentro de la manufactura de la historia mexicana con éste enfoque. La construcción genérica de las mujeres y hombres, homosexuales, indígenas, afroamericanos y mestizos, han sido de las principales preocupaciones al respecto. Las temporalidades son vastas, abarcando la línea histórica occidental, desde tiempos prehispánicos, hasta llegar a nuestros días (siglo XXI).

Los tópicos han ido desde la construcción de las relaciones de poder intergenéricas, la visibilidad e invisibilidad de las mujeres en los discursos políticos, de la ciencia, etc. La sexualidad, la masculinidad, el derecho al voto, la maternidad, entre otros tantos más, se anexan al listado.

Carmen Ramos , (2008: 151), diserta, apoyada de otras autoras que a pesar de la aparición, cada vez más numerosa de una diversidad de temas en el campo de la historia de la mujer y las relaciones de género, la falta de difusión del tema, la carencia de políticas institucionales especificas, la falta de trabajos de equipo, ha traído por consecuencia que aún no existan en el caso mexicano, historias globales ni de la mujer, ni de la vida privada, ni de la sexualidad ni de la sexualidad, a diferencia del caso argentino, colombiano o peruano, donde se han elaborado estudios colectivos con estas temáticas.

Las producciones referentes a la historia de la vida cotidiana en México, suelen incluir varios relatos sobre pasajes de las interacciones sociales de mujeres, con el mundo patriarcal, en diversos tiempos y espacios de la República. La obra dirigida por Pilar Gonzalbo Aizpuru (2004), Historia de la vida cotidiana en México, conformada por 6 tomos , resulta ser un ejemplo importante dentro de las pesquisas con "nuevos enfoques", en torno a las realidades mexicanas.

1.6 Las Ciencias Sociales y sus aportes para el surgimiento del enfoque de género

La herencia que legan los movimientos feministas y los reacomodos de estructuras sociales tradicionales, impactan de manera diferente a cada espacio, difiriendo cada una en aspectos geográficos, cultura oriunda y circunstancias económicas que se experimentaban en su momento. Por ende, la Historia (social), resultó insuficiente para entender las nuevos roles y orientaciones que los hombres y las mujeres comenzaron a adquirir en sociedades donde se alentaba el individualismo y a su vez se luchaba por mantener una débil conformación de la familia tradicional, que se desgajaba a pasos apresurados. El abandono del análisis al respecto de la construcción de estructuras mentales como resultado de las transformaciones socioeconómicas, fue una pena grave por parte del ejercicio de la Historia social, que los franceses de la Escuela de los Annales, anexaron en su estilo de hacer historia. Las mentalidades, ideas, imaginarios y demás aspectos de la cultura no material (y en otras ocasiones materializada), resultaron ser aciertos que a la fecha son recurrentes en algunas investigaciones históricas con fusiones de otras disciplinas sociales. Por ende, fue necesario entender la complejidad de los casos, así como de las revoluciones sociales y culturales de occidente, bajo la óptica de la historia, psicología, filosofía, antropología y la sociología principalmente.

Con el paso de los años, los estudios donde se recurre a las mujeres como sujetas de estudio, han evolucionado. Salvador Cruz y Patricia Ravelo (2004) nos recuerdan que hablar de los principales debates en los estudios de género, es una labor que necesariamente implica abordar una constelación de planteamientos, de posiciones ideológicas y de referentes epistemológicos elaborados desde múltiples coordenadas de observación, donde, le anexaría yo, las ciencias sociales, han jugado un papel preponderante en la socialización de resultados que nos han auxiliado al proceso de nuevas interpretaciones de las dinámicas socioculturales entre los géneros humanos.

Dichos debates, han contado con los estudios feministas, de la mujer y del género como escenario discursivo. Los mismos autores argumentan que los primeros debates que orientaron los estudios de la mujer durante las décadas de los sesenta y setenta del pasado siglo, giraron en torno al peso que debería considerarse a las determinaciones biológicas, sociales y culturales para la conceptualización de la mujer. La búsqueda de los orígenes de la opresión y la subordinación fue lo que guió principalmente a este tipo de estudios, trasladando un tipo de interpretación marxista, donde las relaciones entre hombres y mujeres, se llegaron a concebir como desiguales, aspecto que potenció la noción de interpretar a los varones como figuras opresoras, dando obviamente como resultado, pensar a las mujeres como sujetas oprimidas, conceptualizando a las mismas en un papel de víctimas.

Otro debate sugerido por Cruz y Ravelo, interroga la posición de las mujeres al interior del sistema patriarcal, la división sexual del trabajo, aspectos que nos dan la posibilidad del reconocimiento de las estructuras materiales y simbólicas del poder, aspecto que nos recuerda la importancia de construir una historia cultural del género sobre la base de las diferencias y desigualdades genéricas a lo largo de la historia; de las significaciones culturales de lo masculino/femenino/andrógino, entre otras. En este contexto se propuso el concepto de género, como categoría relacional y con mayores posibilidades analíticas.

La transición de los llamados estudios de mujeres, hasta llegar a los ahora conocidos como "de género", han tenido serias implicaciones epistemológicas y políticas. "La mujer", al igual que "el hombre", tiene un sentido generizado en su condición humana y en sus relaciones sociales, por eso la dificultad y confusión en el estudio de ambos y de sus relaciones se hace más complicada. Para fines de análisis y de teorización, la categoría género tiene la cualidad de servir como mediadora entre otros conceptos y teorías. Puede ser utilizada como una categoría intermedia para entender algunos procesos, o puede representar una dimensión cultural, simbólica e ideológica, como la clase social, raza y etnia, entre otras (Gonzáles, 1993, citado en Pérez-Gil y Ravelo, 2004: 7).

Prosiguiendo con el análisis de Cruz y Ravelo (2004: 8), habrá que citar que el discernimiento generado por los estudios de género ha revolucionado la producción del conocimiento científico en las ciencias sociales, porque ha incorporado otras orientaciones epistemológicas, métodos y técnicas de investigación que permiten mayor profundidad y nuevos modelos de interpretación de la realidad social. En la dimensión de género confluye el análisis crítico de la sociedad. Esto constituye un aporte fundamental para el conocimiento social, pues se descubren nuevos campos que le otorgan una mayor legitimidad en las ciencias sociales.

Harding (1996, citado en Pérez-Gil y Ravelo, 2004: 8) opina que la categoría de género adquiere una posición explicativa al interior del pensamiento feminista, a tal grado que se ha llegado a pensar en una ciencia feminista surgida de la experiencia vital, o bien se ha tratado como un enfoque teórico inscrito en otras ciencias establecidas, por lo que se propone el reconocimiento de una antropología feminista y de una filosofía feminista, entre otras (Gomáriz, 1992:85, citado en Pérez-Gil y Ravelo, 2004: 8).

Si bien en un primer momento fue importante estudiar la "condición, situación y acción de la mujer", ahora es necesario pasar al estudio de las diferencias, las identidades, la cultura, la subjetividad las políticas sociales orientadas al trabajo, la salud, la educación, la ciudadanía, el cuerpo y la sexualidad entre los géneros y sus relaciones con la clase, la etnia, la generación, la pareja, el parentesco, etcétera. Es decir, es fundamental considerar la constelación de elementos que se articulan entre sí y que necesitamos complejizar (Pérez-Gil y Ravelo, 2004: 8).

Algunos otros debates que nos sugieren las y los autores ya citados, tienen que ver con interrogantes sobre el análisis de los sistemas sexo/genéricos de manera unificada o separada de los sistemas económico/políticos a los que pertenecen, ya que se tiene la idea de que las relaciones de género pueden cambiar conforme cambian las relaciones sociales y los sistemas culturales.

Al mismo tiempo, se ha reflexionado sobre la existencia de una metodología feminista, misma que permita debatir con más claridad y comprensión sobre los puntos de vista y posturas para argumentar las propuestas de análisis y continuar de esta manera, reflexionando sobre la complejidad que implican cada uno de los sujetos genéricos. Analizar, por ejemplo, si los procesos de empoderamiento femenino, han traído equilibro entre las relaciones sexo/genéricas, o han abierto más las brechas de opresión por parte de las sujetas con poder, hacia otras mujeres y a los varones. Al respecto, es necesario resaltar la importancia del estudio de relaciones lésbicas, gays y de las diversas relaciones eróticas, amorosas y sexuales, que se manifiestan de diferentes maneras en cada cultura, en cada contexto y en cada época (Cruz y Ravelo, 2004: 9-10). Concluyendo con las reflexiones de Cruz y Ravelo (2004: 13), es imperativo observar el debate referente a los estudios cuyo punto de partida recae en el análisis sobre el carácter histórico del significado de la masculinidad y las formas de expresarla, por lo que no es estática ni atemporal, es histórica y es construida socialmente, es creado en la cultura. Sin embargo, en determinados momentos históricos puede prevalecer un modelo dominante de masculinidad que sea altamente valorado, pero sobre todo, es impuesto, en la mayoría de ocasiones, de una manera violenta, sin consenso alguno, responsabilizándose al respecto, más de una institución, donde bien puede intervenir el mismo Estado, las religiones, entre otras.

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