Tesis doctorales de Ciencias Sociales

SIGNIFICACIÓN DEL IDEARIO EDUCATIVO DE FIDEL CASTRO EN LA FORMACIÓN DE MAESTROS PRIMARIOS Y PROFESORES DE ENSEÑANZA MEDIA EN LA CUBA REVOLUCIONARIA

Raúl Osvaldo Quintana Suárez




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1.1.2.- La primera ocupación norteamericana en Cuba (1899-1902) y la república mediatizada (1902-1958): resistencia del ideario educativo progresista cubano ante los intentos de penetración del neocolonialismo cultural

Entre los propósitos de la intervención norteamericana en Cuba, aspiración de los más connotados representantes de la oligarquía industrial-financiera en la vecina nación, no estaba tan sólo satisfacer sus pretensiones de dominio político y económico, sino el de iniciar un proceso de transculturación, que a mediano y largo plazo, a través de la influencia educativa en niños, adolescentes y jóvenes, e incluso con particular interés en los maestros, castrase el sentido de identidad cultural y nacional, logrado con empeño y sacrificio por nuestro pueblo, imponiendo el ideal del modo americano de vida, que aún pervive en no pocas conciencias (42).

Como ejemplo esclarecedor, valoremos la reflexión del senador Alberto G. Berevidge, en carta fechada en 1898, donde expresa como...“...Cuba es sencillamente una prolongación de nuestra costa atlántica”. Mientras que para Whitelaw Read, amigo cercano del Presidente MacKinley... “...personalmente siempre he concebido la resolución del Congreso, tomada tras el estallido de la guerra, como un grave error” (43).

El criterio que quizás mejor refleja las opiniones de entonces, respecto a esta temática, lo expuso el general Leonard Wood, partidario de utilizar métodos más sutiles, con la manipulación de la educación como punta de lanza, en busca de una anexión no forzosa, lograda a largo plazo y que condicionase al pueblo cubano a aceptarlas (44).

Diversas vías se utilizaron para la implementación y consolidación de un ideario educativo foráneo, fuera de contexto, apologista del sistema de vida y político norteamericanos, así como de sus costumbres y tradiciones, muy ajenas a nuestras propias raíces históricas, culturales y pedagógicas pero acorde a los intereses propios de un naciente imperialismo, ávido de expansión económica y territorial (45).

Tales propósitos tuvieron como contrapartida, pese a su innegable influencia en las ideas pedagógicas promovidas por las autoridades escolares oficiales en la república mediatizada, a un magisterio que supo conservar y defender el legado ético-político y patriótico-educativo de sus insignes predecesores, en anonimato revelador de su sencilla grandeza, inmersos en un medio poco propicio de enconada lucha de clases, frustraciones y politiquería.

La supervivencia de los componentes esenciales del ideario educativo cubano más progresista en la etapa iniciada el 20 de mayo de 1902, en los marcos de una república de soberanía cercenada por la Enmienda Platt, con una economía dependiente y la tutoría de gobernantes generalmente corruptos e ineptos, sometidos al arbitrio de la férula imperial, constituyó un reto formidable, en las complejas y contradictorias condiciones económicas, políticas, sociales e ideo-culturales, en que ésta decursa.

Las tristes condiciones en que nace la república son tempranamente caracterizadas por el general mambí y reconocido “antiplattista” Manuel Sanguily, quien en carta a jóvenes norteamericanos, valora en 1907, como...“...el imperialismo, como quiera que se considere

-y así ha sido siempre en América, como lo es ahora- es expresión del antiquísimo espíritu de conquista...”...pues...“...nosotros sabíamos y sabemos lo que es un estado americano, pero nadie todavía lo que es una colonia americana. Con respeto, pero con sinceridad, debo decir que toda colonia -bajo españoles, ingleses o americanos- es un infierno para la casta o población subordinada” (46).

Para Enrique José Varona, como expresase en su discurso en la Academia Nacional de Artes y Letras, en 1915...“...la Cuba republicana parece hermana gemela de la Cuba colonial... ¿Cuál de los males públicos, que denunciábamos con indignación, no se ha reproducido? Han vuelto el asalto a la administración pública, la incompetencia, el favor, el nepotismo y la corrupción” (47). Mientras que el Dr. Ramiro Guerra, en “Los principios de la pedagogía cubana” (1912) manifiesta que...“...el cubano si quiere subsistir tiene que educarse. La norma de esa educación no hay que buscarla en el extranjero, ni en el perfeccionamiento de los métodos y las técnicas solamente, sino en el espíritu de nuestro propio pueblo, ahondando en nuestras necesidades y tendencias” (48).

Entre los educadores cubanos, cuya actividad decursa en el tránsito entre las dos centurias, ocupa un lugar meritorio María Luisa Dolz y Arango (1854-1928), contemporánea de Martí, nacida en tiempos de máximo auge de las tendencias anexionistas y sistemática defensora de los derechos de la mujer a la educación. En su obra “La superación del individuo por medio de una educación integral”, expresa sus aspiraciones de que el educador... “...no será nunca el más sabio, sino el que a la vez sea más benevolente, el más discreto, el más delicado, que a la autoridad de la ciencia, una la dignidad del carácter” (49).

En Arturo Montori (1878-1932) tuvo nuestra patria un abanderado en defensa de las virtudes de la escuela pública, expresión entonces de la educación popular preconizada por José Martí. Desde las páginas de la revista “Cuba pedagógica”, bajo su dirección, Montori se constituyó en permanente crítico de la labor deformadora ejercida en no pocas escuelas privadas, especialmente en las religiosas, donde... “...no se habla al niño de la patria, de Cuba; no se le dice el lugar que en su tierra ocupa, ni cuál es su misión...”...no obstante que...“...para pocos pueblos del mundo es tan necesario mantener vivos y ardientes los sentimientos patrióticos, como para el nuestro” (50).

En décadas posteriores, otro educador de meritoria militancia política, el Dr. Jorge Gaspar García Galló, secundaría criterios similares en defensa de la humilde escuela pública, preterida por los desgobiernos de turno, al considerar que ésta...“....y sus mejores maestros fueron durante la etapa republicana como una célula dentro del cuerpo social, que no llegó a contaminarse con el cáncer de la politiquería...”...y...“...que nos enseñaron las gestas de Agramonte, Maceo, Martí y Máximo Gómez ” (51).

Los riesgos de la pérdida irreparable del legado educativo progresista cubano se evidencia en el reclamo de Don Fernando Ortiz (1881-1969) en su dramático “Llamamiento a los cubanos hacia un movimiento renovador de las energías nacionales” que data de 1923 y que describe y contextualiza en su memorable conferencia “La decadencia cubana” pronunciada en 1924, en la que aporta datos acerca del estado de la educación en la época, evidencia de la falta de voluntad política de los gobiernos de turno (52).

La corrupción, nepotismo y sumisión al coloso del norte por los gobiernos de Estrada Palma

(1902-1906), José Miguel Gómez (1909-1913), Mario García Menocal (1913-1921) y Alfredo Zayas (1921-1925), hacen crisis en el de Gerardo Machado (1925-1933), incondicional a los dictados de Washington, quien aglutinó en su oposición, a estudiantes, intelectuales, obreros y pueblo en general.

La década del 20 e inicios del 30 del pasado siglo XX revistió singular importancia para nuestro país, por el surgimiento de figuras portadoras de un pensamiento antiimperialista, con diáfana visión de que todo intento de rescate de nuestra cubanía, debe fundamentarse en la movilización y lucha de las masas por las transformaciones económicas, políticas y sociales; y en la educación, la vía expedita, conformadora de conciencias y valores. Entre éstas personalidades van a desempeñar un papel protagónico: Julio Antonio Mella (1903-1929), Rubén Martínez Villena (1899-1934) y Antonio Guiteras (1906-1935) (53).

Entre los rasgos del ideario educativo cubano en la república mediatizaba, alcanzaba cada vez mayor relieve su esencia antiimperialista, con enfoque diverso acorde con las ideologías, pero siempre con sustento patriótico. Esto se expresa en el pensamiento de Enrique José Varona quien proclama desde las páginas de la Revista Avance, en 1930:

“¿Y el colosal imperio americano? Su sombra ingente se proyecta sobre nosotros, sobre nuestros vecinos. Tremenda amenaza silenciosa que va paralizando como secreta ponzoña nuestros miembros, que incluso chupa nuestra sangre” (54).

Ya en el programa de “La Joven Cuba”, fundada por Antonio Guiteras Holmes, se reclama en 1934, que...“...la escuela pública debe de ser un instrumento en manos del estado, para formar hombres, por lo tanto, la enseñanza debe socializarse, debiendo el estado supervisar e intervenir la enseñanza privada, laica y religiosa, mientras no se implante integralmente la escuela única” (55).

La Universidad de La Habana, la única existente entonces en Cuba, resultó escenario del Congreso Nacional de Estudiantes, el 27 de noviembre de 1939, convocado por la Confederación de Estudiantes Cubanos, en cuyo documento final se reclamaba que...“...corresponde al estado la misión fundamental de nacionalizar la educación, proporcionar a nuestro pueblo una educación integralmente democrática en la que pueda orientarse la liberación social, política y económica” (56). Exigía además la gratuidad de la enseñanza, su carácter laico y patriótico, erradicar de la misma todo tipo de discriminación, así como la reorganización de la escuela rural.

La década de los 40 nace marcada por la promulgación de la Carta Magna, que sustituirá a la Constitución de 1901, hasta entonces vigente, en un marco socio-político internacional y nacional complejo y contradictorio. Los debates preliminares en el seno de la Asamblea Constituyente son expresión de la polarización ideológica entre las fuerzas políticas de entonces (57). No obstante, como argumentaba el Dr. Raúl Roa ( 1907-1982 ), en su escrito

“Dos revoluciones simuladas y una contrarrevolución verdadera” (1948) la Constitución de 1940...“...puede servir lo mismo para impeler el país hacia delante que impelerlo hacia atrás. El ritmo y el rumbo en materia económica, política y social, dependerá forzosamente de las clases, los intereses y de los partidos, que interpreten la constitución y rijan la república ” (58). Evidentemente, la previsión de Roa, bajo los gobiernos auténticos y la nefasta dictadura batistiana, se cumpliría con los tintes más sombríos. En fecha coincidente, desde México, don Fernando Ortiz, en la revista “Cuadernos mexicanos” expone su criterio acerca de la conveniencia de...“...seguir de cerca la política interna de los angloamericanos. Mientras los gobernantes del Norte no eviten la desocupación y la miseria de su propio pueblo, nada les importará la infelicidad económica de sus vecinos” (59).

Otra personalidad de singulares aportes al ideario educativo progresista cubano, el reconocido intelectual martiano y marxista Dr. Juan Marinello Vidaurreta ( 1898-1977 ), expresa en conferencia en el Club Atenas, en 1939, que...“...el ideal educativo, lo que nos representa como cubanidad lograda y superada, está de continuo impedido o desnaturalizado por profundas razones de orden político o económico” (60).

No es posible obviar, al abordar la contribución al ideal educativo progresista cubano durante la república neocolonial, desde diversas posiciones filosóficas, sociológicas e incluso políticas, a personalidades como Medardo Vitier ( 1886-1960 ) y Alfredo Miguel Aguayo ( 1866-1948 ), promotores de una filosofía de la educación, cimentadora de las ideas pedagógicas, así como su enfrentamiento, a la perniciosa influencia del pragmatismo norteamericano tanto en la teoría como en la práctica escolar en Cuba. Para Alfredo M. Aguayo...“...la educación consiste en transformar los intereses del niño en valores de carácter permanente, y reconstruir estos valores dándoles forma de ideales capaces de guiar la vida. La escuela es un taller de valores humanos” (61). Mientras que para Medardo Vitier...“...entre las cosas que la República tiene por estudiar e implantar está el sistema de educación...que debe sostenerse sobre dos pilares esenciales...el nexo con las varias realidades nacionales y la expresión concreta del tipo de sociedad a que se aspira” (62).

Respecto a la caracterización más generalizadora del ideario educativo cubano más progresista anterior al triunfo de la Revolución Cubana es dable valorar como sus rasgos esenciales ( no obstante las diversas concepciones filosóficas, pedagógicas. sociológicas y psicológicas que lo sustentaban e incluso sus diferencias inevitables de matices ideo-políticos, en cada contexto concreto ), un raigal contenido ético-patriótico, estrechamente vinculado a la heroica lucha del pueblo cubano por su liberación nacional; un creciente latinoamericanismo, fecundado por el pensamiento de los próceres continentales más preclaros, y con particular deferencia, al ideario martiano y bolivariano; su sólida vocación independentista-liberadora, plasmada en la ejecutoria de hombres de reconocida valía, tanto por su obra como su pensamiento, así como una singular autoctonía, siempre abierta a los aportes universales, pero con la presencia crítica de marcada tendencia “electista”.

Se distingue asimismo por su consustancial antiimperialismo, con sus diferentes matices y posiciones, que decursa, en su evolución progresiva, desde el naciente criollismo en Caballero, la marcada cubanía en Varela, el civismo refulgente en Luz, el antianexionismo de Saco, hasta sus manifestaciones ya maduras en Martí, que se profundiza en las figuras cimeras del siglo XX, con el aporte martiano y marxista de Baliño, Mella y Villena; un definido componente filosófico, enriquecedor en su diversidad, aportador en su creatividad, sustentador en su hondura; trascendente avizorador del papel formativo del trabajo, como componente imprescindible del quehacer educativo; una vocación popular, no exenta de utopismo, que legitima el derecho del pueblo al acceso a la enseñanza, así como su vínculo permanente, al siempre ilimitado proceso de surgimiento, formación, consolidación y desarrollo de nuestra identidad cultural.

El papel rector que desempeña el ideario educativo cubano más progresista, anterior al triunfo de la Revolución Cubana, adquiere una especial connotación, en las aspiraciones, más que concreciones, de los diversos planes, proyectos y propuestas de formación y superación de maestros primarios, donde se advierte, no obstante la variedad de coyunturas históricas y de disímiles motivaciones, intereses y fines, la presencia aglutinadora de una rica tradición patriótico-pedagógica, forjada en la teoría y la práctica escolar, en la gradual consolidación de nuestra cubanía y de un pensamiento que reclama los fueros de su propia autoctonía.


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