Tesis doctorales de Ciencias Sociales


PERIODISMO AMBIENTAL Y ECOLOGISMO, TRATAMIENTO INFORMATIVO DEL VERTIDO DE AZNALCOLLAR EN EL PAÍS, EDICIÓN DE ANDALUCIA 1998-1999

Rogelio Fernández Reyes



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3.1.4.- Evolución de la conciencia medioambiental en Andalucía.

El medio ambiente despertaba inicialmente especial interés tan sólo a los naturalistas y ecologistas. Tan sólo en unos años ha pasado a inquietar a los científicos, a una masa social y, con la cumbre de Río de Janeiro, a los jefes de Estado. Desastres ecológicos como los producidos por petroleros como el Exxon Valdez (1989) en las costas de Alaska, o el Mar Egeo (1991) en el mar Cantábrico, impacto de las emisiones radioactivas de las explosiones atómicas nucleares, o el escape radiactivo en la central nuclear de Chernobil, son algunos de los ejemplos de problemas macroecológicos de interés internacional.

En la Cumbre de la Tierra se analizó, se descompuso y se criticó el modelo de la relación del hombre con la naturaleza, para luego construir otro modelo. De Río de Janeiro surgieron propuestas que ahora están adoptando los países. Según el periodista ambiental Miguel Montaño :

“Los medios han de plantear estos modelos de conducta y de actuaciones a la sociedad para que sirvan de referente y no se adquiera el problema del medio ambiente como algo insoluble. Hay que denunciar el problema, pero también es responsabilidad del informador apuntar la solución, o quién la tiene, o qué se está haciendo para hallar dicha solución”.

En 1992 la Unión Europea comienza a contemplar la política medioambiental, elemento importante para la evolución de la concienciación dada la importante cantidad de dinero destinado a subvencionar e incentivar la conservación de la naturaleza a través de programas como Leader, Feder o Proder.

En España se evoluciona con cierto retraso con respecto a otros países europeos (el Ministerio de Medio Ambiente Francés se creó en Francia en 1971, en España en 1996). Sin embargo, la consideración del medio ambiente en los programas electorales muestra que el ciudadano medio está mejor formado e informado en esta materia. En un sondeo realizado a universitarios y licenciados sobre el medio ambiente en la opinión pública, el Dr. Ingeniero de Montes Mariano Seoánez concluía:

“Los consultados piensan en su gran mayoría que la información que reciben sobre medio ambiente no es ni mucha ni poca.

La realidad es que no reciben demasiada, y frecuentemente está sesgada. Sin embargo opinan que más o menos es suficiente”. (Seoánez, 1997: 138)

Según recoge el periodista ambiental Miguel Montaño en su investigación, en la población andaluza hay una considerable sensibilidad por los problemas ambientales, aunque se reconoce que la asunción de dichos problemas por la colectividad todavía son débiles.

“Una de las conclusiones más llamativas es que esta sensibilidad se manifiesta especialmente entre los sectores más jóvenes, de mayor nivel cultural, con ocupaciones típicas de nuevas clases medias, urbanos e ideológicamente inclinados hacia la izquierda”. (Montaño, 1999: 13)

Sobre el nivel de información que tienen los andaluces sobre la cuestión medioambiental, un informe del IESA (Estudios Sociales Avanzados de Andalucía) exponía:

“El escaso nivel de información sobre medio ambiente que los propios ciudadanos reconocen (el 51,3% se considera poco o nada informado) constituye uno de los datos más llamativos del estudio sociológico. Entre los canales más habituales para acceder a este tipo de información, los encuestados destacan los documentales de televisión y los programas de radio (80%), seguidos de las publicaciones de información general (36%), mientras entre los grupos de jóvenes se percibe la creciente importancia de las campañas de educación ambiental”

A continuación recogemos algunas reflexiones de agentes que han sido testigos en Andalucía de la evolución en la conciencia medioambiental:

Según el ecologista Juan Clavero, el cambio en los objetivos y en los métodos de actuación de la corriente denominada ecologismo social, ha tenido una gran repercusión en el aumento de la conciencia ciudadana sobre los problemas ambientales, en el logro de una mayor implicación en su resolución por parte de los ciudadanos, y en una mayor eficacia en la consecución de los objetivos propuestos en las distintas campañas realizadas. Sin embargo, según el mismo autor, dicha mayor concienciación no ha evitado que siga sin haber mejoras en la gestión de los problemas ambientales que repercutan en su resolución. A continuación reproducimos su análisis por su interés:

“los problemas ambientales y la conciencia ecológica han calado también en otros movimientos asociativos, sobre todo grupos juveniles, asociaciones de vecinos e, incluso, sindicatos. Las actividades desarrolladas por las asociaciones juveniles y de vecinos se han centrado normalmente en campañas de divulgación, reduciéndose la participación e intervención -salvo contadas excepciones-, a actividades en la naturaleza, campañas de limpieza, plantaciones de árboles, campañas de reciclaje, marchas en bici, etc... Estas campañas han tenido una cierta repercusión en la conciencia “cívica” de respeto a parques, jardines, o a la propia limpieza de barrios y zonas urbanas, pero adolecen de planteamientos más globales y de un seguimiento de estas actividades. Prueba de ello es que muchas de las repoblaciones realizadas a iniciativas de estas entidades no han prosperado -lo que supone un factor negativo en la concienciación ciudadana- y que las campañas de limpieza y recogida de residuos para reciclar -vidrios, papeles, pilas- han sido temporales, por lo que no han servido para demostrar a los ciudadanos que el reciclaje es necesario y posible como sistema de gestión normalizada.

El medio ambiente y la naturaleza han sido incluidos como un elemento más en las actividades ciudadanas, de forma que hoy es difícil encontrarse una semana cultural o un programa de festejos en un barrio que no contemple una charla o vídeo sobre temas de naturaleza, una salida al campo, un paseo en bici o una plantación de árboles. Los elementos positivos de estas actividades son evidentes, la población empieza a asumir como algo normal eso del “medio ambiente”, pero al quedarse estas actividades en algo puntual y anecdótico, se crea la falsa expectativa de que con una vez al año basta, y no se influye en los cambios de hábitos cotidianos que supongan la resolución de los problemas reales del barrio o población.

Al ciudadano le llega el mensaje de que estos sistemas de actuación y gestión racional de los recursos son inviables en la práctica y sólo son aplicables en estos actos folklóricos. Así es curioso que en zonas urbanas o industriales jamás se trata sobre el alcantarillado del barrio, la depuración de sus aguas, el ruido, los gastos de energía de las casas, el tráfico o las basuras. Pocas barriadas han diseñado -a partir de estas campañas puntuales- programas de prolongación en el tiempo de estas propuestas: carriles bicis, propuestas de reducción de consumos energéticos, recogida selectiva de basuras, o depuración de aguas residuales. En definitiva hay una mayor conciencia pero sigue sin haber mejoras en la gestión de los problemas ambientales que repercutan en su resolución.

Los sindicatos deberían tener un papel fundamental en la creación de una conciencia social sobre los problemas ambientales y la concreción de actuaciones que conlleven a su resolución. Es sorprendente que siendo los trabajadores de ciertos sectores productivos (industrias químicas, agroalimentarias, piel, invernaderos, pesca, etc.) los más directamente afectados por la contaminación y la degradación ambiental, no participen en las campañas que persiguen la resolución de estos problemas. Incluso ha sido frecuente que los trabajadores de empresas contaminantes se hayan posicionado contra las denuncias y propuestas de planes de saneamientos, ante el supuesto chantaje de una pérdida de puestos de trabajo. Este desencuentro entre el movimiento ambientalista y el sindical ha sido una de las causas del bloqueo de muchas de las propuestas de mejora de la gestión ambiental, y ha tenido como consecuencia conflictos y enfrentamientos que en nada han servido para concienciar a la población laboral de la necesidad -y de los beneficios- de corregir los problemas ambientales que generan -o padece- su empresa o actividad productiva”.

Saturnino Moreno también opina que la conciencia ambiental ha evolucionado notoriamente:

“Sin duda, desde la fundación de ADENA, cuyo éxito estuvo muy unido a la gran personalidad y atractivo como comunicador de Félix Rodríguez de la Fuente, hasta la fecha, la conciencia ambiental ha cambiado sustancialmente, tanto como para pasar de ser un tema testimonial, más vinculado a la protección de la naturaleza, a abarcar una concepción global tal como se contempla en la actualidad de una forma integradora.

Hoy la propia administración ambiental que ha adoptado formas y modos “ecologistas” se autoconsidera como la punta de lanza en la defensa ambiental. Los hechos desmienten esta pretensión, pero al ciudadano medio poco crítico con la situación ambiental le tranquiliza mucho este mensaje.

Las propuestas alternativas que se hacen desde el movimiento ecologista al consumo, gasto energético, sobre la energía nuclear, la gestión del territorio, la política forestal, las infraestructuras (AVE, autopistas, puertos, estaciones de esquí como en Sierra Nevada, etc.), no pretenden, como se divulga insesantemente, “volver a la caverna”, sino llevar sentido común y mejor gestión del gasto hacia temas prioritarios.

En general se puede decir que hay una mayor conciencia, pero también se puede afirmar que muy pocas personas están dispuestas a comprometerse e invertir su tiempo en estos temas donde no hay un beneficio personal, y sobre todo, esta conciencia se debilita cuando alguien se siente afectado en sus intereses personales como consecuencia de una actitud más consecuente con la defensa ambiental. En otras ocasiones hay destellos de actividad cuando el afectado lo es directamente por una carretera junto a su domicilio, un tendido eléctrico, un foco de ruidos, etc.”

Para Francisco Casero signos que demuestran la concienciación son la necesidad de la clase política de hablar ante el electorado de temas medioambientales (ha creado concejalías, consejerías y ministerios) y la respuesta social que se ha reflejado en las denuncias y oposición que han frenado proyectos con grandes impactos medioambientales:

“Existe una participación activa. Y la movilización va completada de análisis y respuestas, no denunciando solamente el problema, sino proponiendo vías de cómo resolverlo.

Todo ello se debe a la militancia activa de personas o colectivos que han permitido crear un grado de contradicción que ha llevado implícito que medios de comunicación y organismos tengan que dar respuesta.

No ha existido reconocimiento a las aportaciones desinteresadas, las cuales han hecho que hoy, Andalucía, sea referente de militancia ecologista y uno de los signos de la vanguardia del movimiento ecologista europeo. Aunque en Andalucía existe el problema de la escasez de militancia y asociacionismo. Por ejemplo: en Nerva la gente no se asocia a la CEPA, y sin embargo, sale todo el mundo a las manifestaciones (no hay precedente de una protesta tan larga). Todo ello se debe a la labor de personas anónimas que, con su esfuerzo y tesón, han conseguido muchas cosas. Por ejemplo: es impresionante la campaña Un andaluz, Un árbol, que, en dos años, ha conseguido plantar medio millón de árboles”.

José María Montero por su parte opina que la evolución es, hasta cierto punto, sorprendente:

“Echas la vista atrás y ves que de hace 15 años para acá, la conciencia ambiental de la población andaluza ha crecido de una manera espectacular. A los ciudadanos ya les resulta familiar mucha de las cuestiones que plantea el movimiento ecologista, tiene asumidos, hasta cierto punto, una serie de comportamientos, vamos a denominarlos “ambientalmente responsables”, y se ha generado una gran demanda de información ambiental. Si en un primer momento la preocupación iba ligada, sobre todo, al tema de espacios naturales y especies, ahora la gente, al igual que el movimiento ecologista, está preocupada por las cuestiones de medio ambiente urbano e industrial: el ruido en la ciudad, cómo se gestionan sus basuras, el tema del cambio climático, etc.

Los ciudadanos ha incorporado como elemento, hasta cierto punto cotidiano toda esa serie de cuestiones. Eso se refleja en las encuestas que se vienen haciendo periódicamente”.


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