Tesis doctorales de Ciencias Sociales

LA AUTORREPRODUCCIÓN DEL SISTEMA DE LA CIENCIA EN EL CAMPO ACADÉMICO DE LA COMUNICACIÓN EN MÉXICO. UNA REFLEXIÓN A PARTIR DE NIKLAS LUHMANN

Juan Soto del Angel



 

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La reconstrucción de Jesús Galindo

Uno de los trabajos publicados por Galindo en el Campo académico de la comunicación: hacia una reconstrucción reflexiva, se denomina “La comunidad percibida. El campo académico de la comunicación”. Inicia rememorando la fundación de la primera carrera de comunicación en México. Hace treinta y tres años en la Universidad Iberoamericana, menciona. Ahora es posible entender a qué se refería cuando hablaba de “poco más de 30 años de comunicación académica en México”. Ni más ni menos que al desarrollo del campo académico de la comunicación en México, cuyo origen fija en la fundación de la primera carrera de comunicación en el país. De tal manera comienza su reconstrucción, la cual servirá de base a la nueva reconstrucción que, a partir de una óptica luhmanniana, aquí se pretende.

Galindo (en Galindo y Luna, 1995) define el perfil del egresado de la primera carrera de comunicación del siguiente modo: “filósofos que sabrían qué hacer con toda la emergencia tecnológica de la difusión de información” (p. 93). Indica: “la actualidad dista de aquella claridad inicial tanto como más de cien carreras dispersas por todo el país” (p. 93).

De la fundación de la primera carrera de comunicación (que ubica en 1960), el autor se mueve a la segunda parte de los setenta. Cita tres acontecimientos: la primera maestría en comunicación en la Universidad Iberoamericana, la fundación del Consejo Nacional Para la Enseñanza e Investigación de las Ciencias de la Comunicación (CONEICC) y también la fundación de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación (AMIC).

Todo pintaba bien, parecía que los ochenta serían los tiempos de la consolidación del campo. No fue así. El crecimiento desorganizado de las escuelas de comunicación coincidió con distorsiones en la construcción del sentido y de la identidad. Surgen dos tendencias: una hacia la cohesión, hacia la dispersión la otra. El resultado: el desgaste. En síntesis:

Las autoridades universitarias más que visionarias –aunque algo hay de eso- fueron prácticas, la oferta laboral existía y la demanda estudiantil era real. La comunicación en la academia aparece entonces como un lugar escolar que representa mucho más de lo que se da cuenta, que representa justo lo que es, que abre un espacio donde no pasará nada importante. Todo esto puede juzgarse así en el tiempo, entonces no había elementos para ubicar lo que sucedía más allá del mercado y el entusiasmo de lo nuevo y distinto. (Galindo en Galindo y Luna, 1995: 95)

¿Cómo se leen aquí estas líneas? El sistema económico impuso sus reglas En efecto, la demanda estudiantil hace posible la venta de la profesión y la oferta laboral permite obtener lo indispensable a fin de montar el negocio. No hace falta más: ábrase el changarro escolar. Y en tanto changarro es incapaz de darse cuenta de lo que representa y lo que es: “un espacio donde no pasará nada importante”, salvo, quizá, para la autorreproducción del sistema económico. Todo ello se ve ahora bajo las condiciones del sistema de la ciencia en el campo mexicano de la comunicación; en aquellos tiempos “no había elementos para ubicar lo que sucedía más allá del mercado y el entusiasmo de lo nuevo y distinto”.

Galindo habla después de una apertura desordenada y un cierre alocado. El campo de la comunicación se abre a la sociología, las ciencias políticas, la psicología, la educación, la administración, la mercadotecnia, la literatura, las artes plásticas. Todo se aceptaba. Los cierres, según Galindo, fueron desesperados, soberbios, caseros, llevando siempre a la nada. La filosofía, protagonista en los inicios con la Universidad Iberoamericana, quedó olvidada. Relaciones nacionales e internacionales ajustaron la situación.

Las ciencias sociales y políticas sustituyeron a la filosofía, la carrera se politizó, eran los setenta, había marcas por los acontecimientos nacionales del sesenta y ocho y la izquierda universitaria de las ciencias sociales, había marcas internacionales en la migración del cono sur. La comunicación en la academia navegó en el mar de las contradicciones de las ciencias sociales como si fuera el suyo, y como alternativa tuvo al desierto del sinsentido curricular de la suma sin ton ni son de temas y materias que rellenan un currículo, hasta adquirir cierta presencia en las guías técnicas de operación práctica de medios de comunicación. (Galindo en Galindo y Luna, 1995: 96)

De la propuesta filosófica de la Iberoamericana que nunca fructificó, por tanto, se pasó a las ciencias sociales y políticas. A la izquierda universitaria. Galindo advierte, además, contradicciones en las ciencias sociales y sinsentido curricular en la carrera. En la perspectiva luhmanniana: hay cambios en el campo académico mexicano de la comunicación y el sistema de la ciencia reacciona con variaciones. Manifiesta interés por algunas variaciones, anunciando la posibilidad de seleccionar nuevas estructuras: las de la izquierda universitaria. Las contradicciones de las ciencias sociales y el sinsentido curricular forman parte de los ajustes evolutivos.

Continúa Galindo (en Galindo y Luna, 1995) exponiendo la complejidad mundial de los ochenta. Algunas palabras clave del escenario: globalización, tecnología de la información, política, sin faltar religión y espectáculo. Esta situación no llegó a ser tema dentro del campo académico. Sólo algunos, por sus relaciones, tuvieron el privilegio de abordarlo. Ello engendró dos formas de vida en el país. La de la “élite que participaba del exterior al tiempo que ordenaba la dirección intelectual” (p. 97) y la de emergencia frente a la cotidianidad: “dar clases, sostener escuelas y carreras” (p. 97). Una y otra terminaron desconociéndose recíprocamente. Agrega un elemento: el poder. Alcanzarlo es lo único que importa en CONEICC.

En la lectura que aquí se viene haciendo, lo anterior es el reflejo de la interdependencia sistémica. La economía, la política, los medios masivos son subsistemas que cumplen su función en la sociedad. Ellos coevolucionan por interpenetración con los sistemas psíquicos. La ciencia es también un subsistema de la sociedad que coevoluciona con los sistemas psíquicos. Y si la élite ordena la dirección intelectual del campo, es porque hay seducción entre los sistemas psíquicos de élite y el sistema de la ciencia. Seducción que da origen a la coevolución y que, en el caso de la ciencia, se traduce en transformaciones de las estructuras que determinan lo verdadero y lo falso.

De la complejidad mundial, Galindo (en Galindo y Luna, 1995) pasa a la complejidad nacional: ausencia de visión con sentido de la comunicación, crecimiento del número de escuelas caracterizadas por la carencia de reflexión, intereses personales en AMIC, bibliografía repetida, textos de moda tomados y abandonados sin ton ni son. Sólo la institucionalidad escolar y la consistencia del mercado estudiantil sostuvieron al campo. En los planes de estudio, la constante fueron los medios de comunicación masiva. Más aún: ellos “permiten hacer una lectura de la situación académica de la comunicación en treinta años” (pp. 100-101). Las características escolares tampoco son alentadoras: sin metodología, formación heterogénea de profesores, carencia de docentes de tiempo completo, “cultura académica de la politiquería, la grilla, el cinismo, la indiferencia y el desaliento” (p. 103). “Ante la pobreza de recursos y sobre todo de organización, la atención a los docentes es mínima, se trata de que lleguen a dar sus clases y punto (p. 103). “Los maestros no estudian, no leen, no tienen contacto con una vida académica activa y estimulante” (p. 103).

Junto a los medios, dentro de las escuelas de comunicación aparecían, entre otras, dos alternativas: educación y administración. No obstante, instituciones especializadas también se ocupaban de ellas. Esto trajo un doble movimiento. Se salió y se entró al campo. Algunos partieron en busca de aquellas disciplinas, pero gente nueva ingresó.

Como se ve, Galindo sigue describiendo la autorreproducción de sistemas y la interdependencia sistémica. Centra su atención en el entorno de la ciencia. Hay que destacar ahí las insuficiencias que marca en cuanto a la reflexión de los sistemas psíquicos; por tanto, la escasa relevancia que ello puede representar para el sistema de la ciencia. Para finalizar, una observación y una propuesta que podría atraer la atención del sistema de la ciencia. Con relación a México: “somos el campo académico más expandido en los últimos años y con la menor forma de orden”, no obstante “somos miles, mucha energía en potencia, muchísima” (Galindo en Galindo y Luna, 1995: 104). La propuesta:

Hay distintos niveles de orden y progresión de las ideas que pueden energetizar el campo. Estas imágenes del entorno y de sí mismo se alimentan en las fuentes de la teoría, de la filosofía, de la ciencia, de la práctica, del ensayo, de la administración, de la política, de la ética. Es decir, existe en este momento un universo de posibilidades por ordenar, por configurar, se requiere de la metodología, de la lógica, y del deseo y el espíritu para poner las manos a la obra. (Galindo en Galindo y Luna, 1995: 107)

He ahí el sistema de la ciencia y un sistema psíquico cautivándose uno al otro. El sistema psíquico, seducido por el sistema de la ciencia, señala: “se requiere de la metodología, de la lógica”. Por supuesto, de la metodología o de la lógica de la ciencia. Por su parte, el sistema de la ciencia seguramente se mantiene atento a la convocatoria del sistema psíquico: “somos miles” y hay que “poner manos a la obra” con metodología, es decir, con ciencia. Una conciencia convoca ¿Cuántos acudirán al llamado? El tiempo decidirá. Variaciones, selecciones de variaciones y reestabilizaciones quedan así anunciadas.


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