Tesis doctorales de Ciencias Sociales

LA AUTORREPRODUCCIÓN DEL SISTEMA DE LA CIENCIA EN EL CAMPO ACADÉMICO DE LA COMUNICACIÓN EN MÉXICO. UNA REFLEXIÓN A PARTIR DE NIKLAS LUHMANN

Juan Soto del Angel



 

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La carrera de comunicación en México

Se había mencionado que Fuentes, igual que Galindo, piensa que la institucionalización del campo académico de la comunicación parte de la licenciatura. Es por ello que se ocupa del origen de la carrera. Considera, en México y América Latina, tres modelos fundacionales: la formación de periodistas, el comunicador como intelectual y el “comunicólogo”. Ninguno de ellos ha logrado legitimarse, sino que se yuxtaponen en los diversos planes de estudio (Fuentes en Galindo y Luna, 1995).

Fija el origen del modelo de formación de periodistas en la década de los cuarenta, en Argentina. A partir de allí, las escuelas de periodismo centran su atención en el desarrollo de habilidades técnico-profesionales, el ajuste a las demandas del mercado profesional y la intención político-social por medio de la influencia en la “opinión pública”. La investigación se hace coincidir con la indagación periodística y las ciencias sociales se limitan a formar parte del acervo cultural que el periodista requiere. El modelo del comunicador como intelectual se lo atribuye a la Universidad Iberoamericana, en 1960. Se trataba aquí de formar profesionales con amplia competencia en las humanidades, a la cual se subordinarían las habilidades técnicas de difusión; y, todo ello, al servicio de la humanidad. En el modelo del comunicólogo, ubicado en los setenta, los planes de estudio se sobrecargaron de teoría crítica, es decir, de contenidos marxistas, abandonándose en alguna medida la formación y habilitación profesional. Asociados a este último modelo, Fuentes cita dos problemas: la oposición maniquea entre teoría y práctica, así como la desvinculación entre las prácticas universitarias y la producción de la investigación latinoamericana. Señala después las limitaciones de la investigación y la oportunidad de ser superadas a partir del incremento, en cantidad y calidad, de la planta académica de las universidades. La propuesta:

Los múltiples reajustes teóricos y prácticos, epistemológicos, económicos y éticos, que parecen indispensables, tendrán que integrarse sobre un marco reconfigurado de institucionalización, cuya orientación está en juego actualmente. Por ello, conviene discutir también, y buscar acuerdos, sobre el sentido básico de la reconfiguración posible. (Fuentes en Galindo y Luna, 1995: 76)

Atendiendo a la reconstrucción que se viene haciendo. El primer modelo, la formación de periodistas, desarrolla movimientos que no resultan de interés para el sistema de la ciencia. De igual modo, este último no atrae al modelo, se relega en calidad de acervo cultural. El segundo modelo, de comunicador como intelectual, tampoco llama al sistema de la ciencia. Por el contrario, las ciencias humanísticas cautivaron a los sistemas psíquicos defensores del segundo modelo, puesto que la formación del comunicador intelectual subordina a ellas las habilidades de difusión. El tercero y último modelo, de comunicólogo, marca los inicios de las autoirritaciones del sistema de la ciencia. En efecto, la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt, que había llamado ya la atención del sistema de la ciencia en el entorno europeo, se refleja también en el campo académico mexicano.

“Los múltiples reajustes teóricos y prácticos, epistemológicos, económicos y éticos, que parecen indispensables” no constituyen más que las posibilidades de la interrelación sistémica y de la interpenetración entre los sistemas psíquicos y el sistema de la ciencia, cuya evolución se hace patente.

Resumen

El primer apartado muestra la función del subsistema de la ciencia: la producción de conocimiento a través de seleccionar recursivamente entre verdad y no verdad. La recursividad hace que la ciencia goce siempre de un estado que consigue gracias a sus operaciones, pero las transformaciones que produce exigen estructuras que logren cambios sin disolver el subsistema. Tales estructuras, que no son otra cosa que verdades y falsedades que producen verdades y falsedades, es lo que da consistencia al subsistema de la ciencia. De allí que no sólo se considere estructural, sino también autopoiético. Además es autónomo. Los subsistemas económico, religioso, jurídico u otro podrán limitar a la ciencia en su desarrollo (falta de recursos, prohibición de experimentos, etc.), pero no tienen injerencia cuando se trata de seleccionar entre verdad y falsedad. Ostenta, así, una clausura operativa. Finalmente, hay que decir que las publicaciones constituyen el medio por excelencia para la recursividad del subsistema de la ciencia: allí se debate para decidir entre la verdad y la falsedad.

El segundo apartado describe las operaciones observadoras del sistema de la ciencia. Destacan las teorías, los métodos y la argumentación. Las primeras y los segundos, mediante condicionalizaciones, distinguen entre las verdades y las no verdades. La tercera suele exponer el conocimiento a partir de la combinación de una mayor redundancia con una mayor variedad.

El tercer apartado apunta que la ciencia transforma sus estructuras con sus propias operaciones. Pero no de manera uniforme, da saltos. Tres mecanismos operados de manera conjunta (y no secuencial) ayudan a explicar tal cosa: variación, selección de variaciones y estabilización. Dichas transformaciones constituyen la evolución o aumento de complejidad interna: la disolución y recombinación de los temas. Circunstancia que se refleja en la producción de conocimiento y cuando la ciencia opera consigo misma en tanto unidad. Esta disolución y recombinación frecuentemente se organiza a través de proyectos. Hay quienes allí se vuelven expertos. Pero la igualdad colegiada, la comunidad científica, es el modelo dominante de inclusión.

El cuarto apartado, entre otras cosas, justifica la selección del concepto de sistema frente al de campo, preferido por investigadores nacionales. El mundo “se mueve con lógicas que no nos incluyen”, señala Galindo (1998: 31). Cuando se habla de este modo, claramente se ve la funcionalidad del concepto luhmanniano de sistema. No únicamente los sujetos se mueven con lógicas propias, también los sistemas sociales operan con las suyas. Acá interesa la ciencia, en calidad de subsistema de la sociedad global. Éste, si se reconstruyen las selecciones de Sánchez (1991), ha pasado por diversas etapas (la búsqueda de la “piedra filosofal”, “EL método científico”, la “reacción crítica” y el “desfile de modas”), pero se asienta en el método histórico-estructural. Galindo se inclina más por referencias al entorno. He aquí los momentos importantes de su reconstrucción: los inicios de la carrera de comunicación (cuyos egresados se perfilaban como filósofos conocedores de lo que debía hacerse con la emergencia tecnológica de la difusión de información); la fundación de la primera maestría en comunicación, de AMIC y de CONEICC; y, el crecimiento desorganizado de las escuelas, así como las distorsiones en la construcción del sentido. La reconstrucción luhmanniana de Fuentes halla un contexto estadounidense, uno latinoamericano y uno mexicano. En el primero, el arranque del subsistema de la ciencia se ubica en la investigación administrativa de origen positivista, le sigue una preferencia por las estructuras críticas y termina favoreciendo una perspectiva constructivista. En el segundo, para el estudio de la comunicación se reclaman criterios de pertinencia social, así como “afinar y extender los criterios de rigor científico” (Fuentes en Galindo y Luna, 1995: 61). En el tercero, se distinguen tres modelos fundacionales de la carrera de comunicación: la formación de periodistas, el comunicador como intelectual y el “comunicólogo”.


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