Tesis doctorales de Ciencias Sociales

LA COMPETITIVIDAD DEL SISTEMA AGROALIMENTARIO LOCALIZADO PRODUCTOR DE QUESOS TRADICIONALES

Enrique Espinosa Ayala





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6.3. Competitividad

La competitividad es un tema por demás controversial, existen diversas posturas y enfoques para conceptualizarla y analizarla, a pesar de la controversia en su concepto, la mayor parte de los autores coinciden en un proceso económico pero depende de aspectos políticos, sociales y culturales. El término de competitividad se comenzó a utilizar de manera más intensa a partir de la publicación La Ventaja Competitiva de las Naciones (Porter, 1991), donde describe los elementos más destacados que permiten a un país o región ser competitivos en un contexto de economías abiertas.

Los términos planteados por Porter (1991; 1998) han sido tomados y discutidos por diversos autores. En este punto se pretende definir la competitividad a través de los diferentes conceptos utilizados, con la finalidad de establecer un concepto que se aplique a los SIAL.

Para Cebreros (1993) la competitividad es un proceso de creación de ventajas competitivas, donde es importante la capacidad de innovar para obtener saltos tecnológicos, al tener la capacidad de innovar en aspectos tecnológicos y además anticipar las necesidades de los consumidores; se obtiene la capacidad de organización, infraestructura y un marco jurídico. No sólo es un problema de tipo tecnológico y económico, sino involucra una gran variedad de aspectos como: territorio, elementos sociales, ambientales y políticas (Díaz-Bautista, 2006). Por lo tanto debe de integrar la tecnología, con los aspectos ecológicos, con la finalidad de equilibrar la rentabilidad económica con los objetivos de bienestar social; todo esto basado en el buen uso de los recursos naturales (Cebreros, 1993).

Ferraz y colaboradores (2004) mencionan que una empresa es competitiva si es capaz de formular y aplicar estrategias que la lleven a una posición de mercado sostenida o ampliada en el segmento de la industria donde opera. Las estrategias, las capacidades y el desempeño de una empresa deben ser coherentes con los patrones de competencia prevalecidos en la actividad realizada, es decir, se define sobre la base de las empresas, es posible considerar, por extensión que un sector es competitivo si una proporción alta de valor de producción se origina de empresas que son y deben presentar cuatro elementos (Ferraz et al., 2004):

1. Ventajas en materia de costos: la competencia basada en el costo predomina en productos básicos que son no diferenciados, por lo tanto las empresas son competitivas si tienen el costo unitario más bajo y el mayor volumen de producto, y a la vez controlan el acceso a insumos y a sistemas logísticos eficientes lo que permite reducir costos de los insumos y de distribución.

2. Diferenciación de producto: importante en el sector de bienes durables, las empresas concentran sus capacidades en las funciones de diseño y comercialización. La movilización y supervisión de proveedores es una fuente fundamental de ventajas competitivas.

3. Capacidad de respuesta: es una prioridad en el sector de actividad tradicional. Las empresas apuntan a nichos de mercado para llegar a consumidores específicos, estratificados según el ingreso, la educación u otros criterios. Las exigencias de calificación empresarial son menos estrictas que en otros grupos industriales, pero la habilidad de gestión y supervisión son vitales para obtener buenos resultados.

4. Las empresas difusoras de progreso técnico: funcionan en segmentos de mercado específico. Deben contar con capacidades tecnológicas sólidas y tener acceso a laboratorios científicos y tecnológicos actualizados.

Para Cordero y colaboradores (2003) así como para Cebreros (1993), la competitividad se define como la capacidad de mantener y ampliar la participación de las empresas en los mercados locales e internacionales de una manera lucrativa que permita su crecimiento. Se presenta en diferentes niveles: entre países, entre regiones, entre sectores, entre cadenas productivas, entre industrias del ramo y entre empresas, pero donde un elemento importante es el territorio el cual es la unidad espacial con un tejido social propio, que se encuentra asentado en una base de recursos naturales particulares, que presenta ciertas formas de producción, consumo e intercambio, y que está regida por instituciones y formas de organización particulares (Cordero et al., 2003).

El territorio por si mismo establece las condiciones para que se presenten las ventajas comparativas, las cuales mencionan que una nación o región ser competitiva por su abundante dotación de factores básicos de producción (tierra, mano de obra y capital), además de factores especializados (educación, tecnología e infraestructura) cuando son aprovechadas para obtener el máximo beneficio (Cilloniz et al., 2003; Silva, 2005).

Macias (2000) menciona que un elemento básico de la competitividad es la presencia de ventajas comparativas, que son estáticas y se basan principalmente en la riqueza del territorio; pero para que se sea aun más competitivo las ventajas comparativas se deben de transformar en ventajas competitivas las cuales son dinámicas y permiten innovaciones en los procesos y los productos. Por su parte Cordero et al., (2003), establece que la sola posesión de ventajas comparativas no es suficiente para garantizar la competitividad, para generarla se debe de desarrollar tecnología, conocimiento y capacidad empresarial. En el mismo tenor Linares y Gutiérrez, (2002) establecen que la presencia de factores de la producción y ubicación de los recursos naturales no son el factor determinante de la competitividad, ya que estas ventajas se han ido sustituyendo por ventajas competitivas que implican una visión más dinámica y global, este cambio se ha dado por cambios estructurales de los países efecto de la globalización (ampliación del espacio geográfico, social, cultural, político y económico).

Como se observa, de nuevo se regresa el concepto de territorio, y al integrarlo se obtiene el término de competitividad territorial en el cual se da la cohesión al interior del territorio con el resto de la economía nacional, su revitalización y su reestructuración progresiva para nuevas funciones y demandas (Cordero et al., 2003). Por otra parte y en el mismo sentido de competitividad regional, Silva (2005) menciona que la competitividad territorial se da en función al desarrollo del territorio a través de la transformación del sistema productivo local, incremento de la producción a través de la productividad, creación de empleos locales y la mejora de la calidad de vida de la población. Además de la capacidad para mantener, ampliar y mejorar de manera continua y sostenida, su participación en el mercado tanto doméstico como extranjero, por medio de la producción, distribución y venta de bienes y servicios en un momento, lugar y forma y sin olvidar que el fin último de la actividad es buscar el beneficio de la sociedad (Cordero et al, 2003).

Diversos autores (Díaz-Bautista, 2006; Cilloniz et al.; Silva, 2005; Mañallch, 2004; Cordero et al., 2003) coinciden que la competitividad de un territorio es un proceso complejo el cual se debe de analizar bajo cuatros niveles:

Metaeconómico: Que involucra la capacidad de una nación para ser integrada, además de todas las destrezas para conducir a la nación y comprender los patrones socioculturales, valores, organización política, jurídica y económica, en síntesis es la capacidad estratégica y política.

Macroeconómico: Se relaciona con políticas propuestas por gobiernos, parlamentos y banco central que aseguran la estabilidad y la certeza, se da a través de control de inflación en niveles bajos, establecer políticas fiscales que estimulen la inversión, política monetaria y cambiaria que favorezca las condiciones del comercio internacional.

Mesoeconómico: Se refiere a la formación de un entorno capaz de fomentar, complementar y multiplicar los esfuerzos de las empresas, los elementos más importantes son las distancias, infraestructura, tecnología, educación y los recursos naturales; se da a través de la promoción económica, comercio regional, información comercial, estructura industrial y políticas apuntadas al fortalecimiento de la competitividad de algunos sectores.

Microeconómico: Considera lo relacionado a las empresas, intervienen factores como: precios, costos, utilidades, eficiencia, calidad, rapidez de reacción, articulación en redes de colaboración mutua y competencia entre las empresas.

Díaz-Bautista (2006), menciona que los países competitivos fomentan la competitividad a través del Gobierno, sociedad civil y empresas realizando políticas y acciones con el objetivo de fortalecer a cada uno de los niveles de análisis, en el Metaeconómico al favorecer la cultura de competitividad; en el Macroeconómico: si el Estado proporciona estabilidad en la política económica; en el Mesoeconómico si se desarrollan políticas de apoyo fomentando la formación de estructuras y articulando los procesos de aprendizaje de la sociedad, y finalmente en el Microeconómico si las empresas son más eficientes al mejorar los estándares de calidad, reaccionar con rapidez ante escenarios desfavorables y lograr colaboración entre ellas.

Díaz-Bautista (2006) y Mañallch (2004) mencionan que dos elementos determinan realmente la competitividad, uno es el nivel microeconómico que incluye la capacidad de la empresa para captar el mercado, la actitud de vender aquello que es producido y la capacidad para mantener o incrementar de forma sostenida su cuota en el mercado; y la segunda es el nivel macroeconómico el cual incluye la capacidad de un país para participar en los mercados, la actitud del país para enfrentar la competencia, para alcanzar los objetivos centrales de la política económica e incrementar el producto con alta productividad.

Contrario a lo establecido por Díaz-Bautista (2006), Cordero y colaboradores (2003) mencionan que además de los niveles microeconómico y macroeconómico, el nivel mesoeconómico es fundamental para que se lleven a cabo los procesos productivos y por consecuencia la competitividad, debido a que el entorno mesoeconómico incluye todos los recursos del territorio. Cordero y colaboradores (2003) mencionan de manera puntual que los factores más importantes para determinar la competitividad territorial son:

1. Entorno:

 Todos aquellos elementos que afectan la competitividad de las empresas pero no pueden ser controladas por ellas como es el marco institucional, políticas de comercio exterior, estabilidad macroeconómica, paz social, etc.

2. Disponibilidad y calidad de los factores de producción:

 Tecnología: a mayor tecnología mayor competitividad.

 Recursos humanos: calidad y disponibilidad de personal, además la capacitación y flexibilidad del personal.

 Recursos naturales: no bastan por si mismos se les deberá dar valor agregado a través de la industria.

 Disponibilidad y costo del capital: costo del crédito y acceso son elementos que determinan el nivel de inversión.

 Inversión: que se capitalice en la generación de empleo y producción de bienes y servicios.

 Infraestructura: su presencia o ausencia es un factor de suma importancia, la infraestructura puede ser física (telecomunicaciones, caminos, presas, canales de irrigación, etc.), financiera (instituciones de crédito, bolsa de valores, etc.) y social (servicios de salud, educación, vivienda, transporte, recreación, etc.).

 Distancia: a mayor distancia de la industria del centro de consumo, mayor costo de transporte y menor competitividad, en contraste a menor distancia el costo de transporte disminuye y se incrementa la competitividad..

3. Condiciones de la demanda interna:

 Aumentar la calidad de los bienes y servicios aplica a todas las empresas de insumos, bienes intermedios y bienes de consumo, al incrementar la calidad se incrementa la competitividad.

 Las exigencias del mercado local ocasionan un incremento en la calidad de los bienes y servicios prestados por las industrias.

4. Sectores de apoyo y relacionados:

 Favorecer la creación de complejos productivos favorece la competitividad de las empresas del ramo, de esa manera se ven en la necesidad de innovar. La competencia el motor de la competitividad.

5. Estrategia empresarial, organizacional del mercado y competencia:

 Las estrategias que cada empresa tome para la comercialización de sus productos y la inserción a los diferentes mercados.

Por otra parte Cilloniz y colaboradores (2003): mencionan sólo cuatro atributos fundamentales. Las condiciones de los factores básicos de la producción además de los factores especializados, las condiciones de la demanda, las Industrias relacionadas y de apoyo y finalmente la estrategia, estructura y competencia de la empresa. Estos elementos y sus interacciones se explican por los procesos de innovación.

Los factores citados tanto por Cilloniz y colaboradores (2003) así como por Cordero y Colaboradores (2003) coinciden en los atributos de disponibilidad y calidad de los factores, condiciones de la demanda interno, sectores de apoyo y relacionados y estrategia empresarial, organizacional y competencia; a excepción de que Cordero y colaboradores (2003) incluyen el entorno como elemento a considerar debido a que el entorno incluye los aspectos del territorio. Los factores antes citados fueron descritos por primera vez por Porter (1991) al realizar su metodología para medir la competitividad de las naciones a través de un diagrama conocido como Diamante de Porter como se ilustra en la Figura 2.

Figura 2. Ilustración del Diamante de Porter

Fuente: Porter (1991)

El modelo de Porter (1991) sostiene que la diversidad e intensidad de las relaciones funcionales entre las empresas explican la formación de un complejo productivo y su grado de madurez. Estas relaciones se refieren a los cuatro puntos del Diamante, es decir, de las relaciones de competencia entre empresas de la misma actividad, las relaciones con sus proveedores, con actividades de apoyo, con productores de insumos complementarios y con proveedores de insumos y factores especializados. El enfoque empleado por Porter (1991) aplica para complejos productivos en torno a recursos naturales como son los aspectos agropecuarios.

Narayanan et al. (2005) realizaron un análisis del modelo propuesto por Porter desde el punto de vista epistemológico y llegaron a la conclusión de que Porter creó un nuevo paradigma para el estudio de la competitividad ya que incluye un número grande de variables para el análisis y no se queda sólo con los aspectos macroeconómicos como se analizaba con anterioridad. Dentro de la estructura del diamante se observan interacciones entre los diferentes componentes, las cuales son complejas, las interacciones indican que para la competitividad es necesario que las empresas no funcionen como un ente único, la dinámica al interior del Diamante favorece la creación de grupos competitivos de industrias relacionadas en regiones geográficas concentradas. Coenen y colaboradores (2004) mencionan que la aglomeración de las empresas en un territorio determinado es un punto clave para incrementar la competitividad ya que facilita el aprendizaje y por consecuencia se da la innovación.

Esta aglomeración se define como Cluster que son grupos de firmas con proximidad geográfica, con componentes interconectados e instituciones asociadas con una producción en común, ligados por conveniencias y son complementarios. En términos de innovación se da por un contacto cercano entre los miembros (Coenen et al., 2004).

Una vez establecidos los cuatro atributos de la competitividad se puede medir en una empresa o bien un grupo de empresas del mismo ramo (Cluster), para ello se utiliza el semáforo de la competitividad en el cual se establecen las variables de cada uno de los atributos que afectan la competitividad de la empresa y se procede a calificarlos con “+” (aspecto positivo para la competitividad), “-“ (aspecto negativo para la competitividad) y “+/-“ (aspecto intermedio de la competitividad).

Davies y Ellis (2000), mencionan que al aplicar el modelo de Porter (1991) a nivel país, las entidades que muestran mayor competitividad se caracterizan por utilizar cinco estrategias bien definidas como:

• Capacidad de innovar, definida como el proceso de aprendizaje interactivo entre los agentes económicos con la sociedad y el territorio, en un contexto cultural e institucional.

• Sucesos internacionales, los cuales no controla directamente el país, pero las instituciones del país garantizan la estabilidad al interior de si mismo.

• Cambios que se dan en las firmas, las empresas estáticas no desarrollan la capacidad de innovar.

• Concentraciones y aglomeraciones (Clusters), necesidad de crear cadenas ligadas entre producción e infraestructura,

• Si las industrias son competitivas se extrapola y por lo tanto la cadena es competitiva y la nación entre más cadenas competitivas presente será un país competitivo.

Por otra parte Acosta (2006) establece que a nivel de una actividad, cadena o cluster las condiciones para no ser competitiva son la baja calidad de los productos, elevados costos de producción y de transacción, poco acceso a recursos financieros, bajo capital humano, escasa infraestructura, falta de organización empresarial y seriedad, deficiente apoyo institucional y falta de compromiso organizacional.

Además de lo propuesto por Porter (1991) la Unión Europea ha utilizado la competitividad territorial, el modelo propuesto es conocido como LEADER por sus siglas en francés (Liaisons entre Activities de Development de L´Economie Rural), surgió en 1990 como un instrumento específico de las políticas estructurales de la Unión. Consistió en la integración de programas y proyectos bajo una lógica territorial y ha asignado €2,000 millones en sus programas (Cazorla et al., 2005).

El método LEADER establece siete aspectos básicos en su concepto (Cazorla et al., 2005). Territorio, ascendente, creación de partenariado, innovación de sus acciones, integración (multisectorial), introducción de redes y cooperación; y gestión y financiación de proximidad. Cordero y colaboradores (2003) establecen que para medir la competitividad territorial se puede emplear la metodología con enfoque LEADER (1999) con ocho ejes centrales:

1. Recursos físicos: todos los recursos naturales (relieve, suelo, subsuelo, vegetación, fauna, recursos hídricos, atmósfera, etc.), equipamiento, infraestructura, patrimonio histórico y arquitectónico presente en le territorio.

2. Cultura e identidad: valores compartidos por los agentes del territorio, intereses, formas de pensar de la población y apropiarse del entorno.

3. Recursos humanos: hombres y mujeres que viven en el territorio, migración, demografía, estructura social y organizacional.

4. Conocimientos, técnicas y competencia: cada espacio territorial tiene sus propias características tecnológicas.

5. Gobernación y recursos financieros: instituciones locales, reglas políticas, normas de comportamiento colectivo, y gobierno del territorio.

6. Actividades y empresas: concentración, estructura social y sectores: concentración geográfica y estructuración de las empresas y de los sectores productivos de la economía.

7. Mercados y relaciones externas: integración de los mercados, redes de intercambio, procesos de comercialización, etc.

8. Imagen / percepción: imagen y concepto que se tiene del territorio, tanto interna como externamente.

Cada uno de estos factores se evalúa respecto a las condiciones imperantes en la región, analizando aspectos como:

Fortalezas con respecto a otros territorios que se pueden clasificar como competidores potenciales.

Oportunidades económicas, sociales, ambientales y políticas.

Debilidades, limitantes y problemas que enfrentan los agentes económicos del territorio.

Amenazas de los diferentes agentes o territorios externos.

Como resultado se obtiene un factor de competitividad por cada uno de los conceptos que intervienen en la formación del capital territorial, aunque sólo tiene un valor objetivo limitado, permite una visión más precisa del territorio.

Como se observa tanto el enfoque de Porter como el propuesto por la UE dan cuenta de una competitividad sistémica, donde los elementos que componen al sistema son básicamente las cadenas de valor, el territorio y los mercados. En contraste a esto, existe una postura no sistémica que establece sólo una competitividad económica y es la de la OCDE (2009), mencionan como elemento primordial para la competitividad que una empresa presente costos bajos y precios de venta inferiores a los de la competencia, tal situación asegura la permanencia en los mercados tanto locales como internacionales. Para que se den los costos bajos las empresas deben maximizar sus ventajas comparativas y competitivas.

Por otra parte existen trabajos que analizan la competitividad desde una perspectiva de desarrollo de capacidades de todos los actores involucrados en la actividad, Herrera (2000) desarrollo el concepto de competitividad con equidad en cadenas agroalimentarias, una actividad es competitiva si al interior de la cadena productiva se genera valor y se distribuye de manera equitativa entre los actores de la cadena.

La distribución equitativa del valor es un elemento que favorece a todos, Requier-Desjardins (2006), establece que uno de los objetivos primordiales de un análisis sistémico es favorecer ente los actores el “win-win” (ganar-ganar), asegurando que el sistema se fortalezca e incremente su competitividad, además de ser un modelo de desarrollo regional justo.

Existen algunos ejemplos de trabajos desarrollados en Latinoamérica, donde el termino competitividad se ha empleado en los últimos 10 años, siendo la CEPAL el organismo promotor de este concepto, países como Brasil (Silva, 2005; Ferraz et al., 2004), Perú (García, 2004; Cilloniz et al., 2003) y Chile (Cordero et al., 2003; Dirven, 2001) han sido quienes han realizado trabajos en sus diferentes industrias. En México los estudios son pocos, aunque las instituciones del Estado realizan mediciones por sectores basándose principalmente en indicadores macroeconómicos.

García (2004) utilizando la metodología del Diamante (Porter, 1991) y dividió a los países según su competitividad en tres grandes grupos:

Países más pobres, descansan en la mano de obra barata y en el uso de los recursos naturales; la tecnología es asimilada vía imitación, importación e inversión directa.

Países de ingresos medios, descansan en las mejoras de la eficiencia para producir bienes y servicios estándares, se caracterizan por grandes inversiones en infraestructura, la administración del país está preocupada por el desarrollo de empresas y fuertes estímulos a la inversión privada y a la llegada de capitales, los bienes y servicios se tornan más sofisticados, pero el cambio tecnológico sigue siendo del exterior; pese a que existe la capacidad de adaptar y mejorar la tecnología es extranjera.

Países de alto ingreso, presentan la habilidad de producir bienes y servicios innovadores, en la frontera tecnológica global, utilizando los métodos más avanzados disponibles, el entorno empresarial se caracteriza por su fortaleza en diversas actividades y por la existencia de cadenas de producción y aglomeraciones productivas.

Según la clasificación anterior, García (2004), menciona que los países pobres de América Latina han incrementado su competitividad a través de estrategias como la disminución del costo de la mano de obra y mejora de infraestructura, obtención de divisas por productos primarios e ilícitos, instalando la cultura empresarial e incrementando técnicas especializadas y por último mejoras macroeconómicas como tipo de cambio e inflación. Para el caso de Brasil, Silva (2005) menciona que los puntos clave de la competitividad están dados por la integración en un sistema productivo y social dinámico a nivel local, mejoramiento de la calidad del producto, proceso y recursos humanos y la difusión del conocimiento y las competencias para poder estructurar la economía local para generar bienes de alto valor agregado. Ferraz y colaboradores (2004), concluyen que las empresas exitosas de Brasil ofrecen: ventajas en materia de costos, diferenciación de productos, capacidad de respuesta y productos complejos desde el punto de vista tecnológico.

Bisang y Gutman (2005), al realizar un estudio en los países integrantes del MERCOSUR mencionan que estos países son competitivos en su agroindustria debido a que presentan un fuerte dinamismo, convirtiéndose en ejes de acumulación y crecimiento económico. La expansión productiva y mayores niveles de competitividad estuvieron sustentados por la organización de estas producciones en tramas o complejos productivos con mínima adaptación local y un paquete tecnológico de origen externo. Los autores concluyen que la competitividad en el MERCOSUR se puede concentrar en tres factores: los países han redefinido parcialmente su patrón de especialización para orientarlo hacia un conjunto de actividades fuertemente competitivas, basado en la disponibilidad de sus recursos naturales. La expansión productiva estuvo sostenida por adopción (con una mínima adaptación local) de paquetes tecnológicos originados al exterior. Estos elementos se potencializan a partir de una creciente tendencia a operar sobre la base de tramas productivas y de la generación de competitividad sistémica.

En México se han realizado algunos estudios sobre la competitividad en diferentes actividades agropecuarias, aunque al realizar el estudio se basan principalmente en los aspectos monetarios de la unidad de producción (aspectos microeconómicos) y en la política comercial internacional (aspectos macroeconómicos), dejando a un lado lo propuesto por los autores citados en relación al análisis bajo la perspectiva multidimensional.

Macias (2000) utilizando el modelo de Porter, determinó los elementos que le dan competitividad al sector frutícola mexicano, el autor concluye que el sector frutícola mexicano se presentan ventajas comparativas por clima, cercanía con el mercado estadounidense y bajo costo de mano de obra en el corto plazo pero a largo plazo generaría un uso excesivo de la tierra y de la mano de obra ocasionando un agotamiento del recurso además de impactos en el ambiente.

Como se observa en los trabajos reportados ninguno realizó el análisis considerando un enfoque sistémico, económico y con equidad, en parte es debido a la complejidad de cuantificar la competitividad y el impacto que tiene.


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