Tesis doctorales de Ciencias Sociales

EL IMPACTO TRIBUTARIO DE LA ECONOMÍA INFORMAL EN MÉXICO. EN BUSCA DE UNA PROPUESTA ESTRUCTURAL

Emigdio Archundia Fernández




 

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2.8 México no se preparó para hacer frente a los retos de la sociedad del conocimiento.

Reconociendo las necesidades actuales, el concepto actual de la sociedad del conocimiento no está centrado en el progreso tecnológico, sino que lo considera como un factor del cambio social entre otros, como, por ejemplo, la expansión de la educación. Según este enfoque, el conocimiento será cada vez más la base de los procesos sociales en diversos ámbitos funcionales de las sociedades. Crece la importancia del conocimiento como recurso económico, lo que conlleva la necesidad de aprender a lo largo de toda la vida. Pero igualmente crece la conciencia del no-saber y la conciencia de los riesgos de la sociedad moderna.

Estas consideraciones implican la necesidad de preguntarse por los fundamentos del concepto. Un punto de partida debe ser la pregunta: ¿Qué es conocimiento?

Por un lado, (Heidenreich: 2008), en el artículo anteriormente mencionado, propone partir de las teorías de Kant, James, Dewey y Luhmann para responder a esta cuestión. Ya Kant indicó que conocimiento no es una representación objetiva del mundo. Sin embargo, tampoco es una representación meramente subjetiva y discrecional. El ser humano es capaz de distinguir entre “sueños” y “realidad”, independientemente de que se entiende por ésta. Algunas representaciones se confirman en la práctica, otras no.

Lo que hace falta es conseguir un equilibrio entre lo subjetivo y lo objetivo de la noción conocimiento, para lo cual se puede recurrir a las propuestas conceptuales del pragmatismo norteamericano de James y Dewey y a la teoría de sistemas desarrollada por el sociólogo Luhmann.

Este último, define conocimiento como un esquema cognitivo que se considera verdadero, pero que, al mismo tiempo, es variable. Estos esquemas regulan la relación de sistemas sociales y físicos con su entorno. A diferencia de las expectativas normativas, que no se revisan ni siquiera en caso de decepción, las expectativas cognitivas si se revisan y se corrigen en caso de que será necesario a base de las experiencias adquiridas.

A pesar de que el conocimiento no representa el mundo de forma objetiva, hay un criterio de su adecuación (su verdad), que reside en su convalidación en la experiencia (James 2001 y Dewey, 1960) aunque estos efectos prácticos no están dados de forma objetiva, sino que a su vez, se constituyen a través de las interrelaciones entre las personas perceptoras y actuantes por un lado y la realidad por otro lado. De esta forma se construye socialmente una certeza de la realidad (Realitätsgewißheit – Luhmann, 1995: 166) que es condición imprescindible para cualquier formar de pensar y de actuar. En este sentido, conocimiento implica la “capacidad de acción social” (Stehr, 1994: 208).

La utilización de esta definición del conocimiento implica que no se puede hablar de la sociedad del conocimiento, refiriéndose solo al hecho de que se está produciendo cada vez más conocimiento tomando como indicador, por ejemplo, que el 90% de todos los científicos de todos los tiempos están viviendo ahora. No se trata de un indicador de la “sociedad del conocimiento”, sino, como mucho, de un indicador de la constitución de un sistema autónomo de la producción de conocimiento.

Basándose en la definición expuesta, la sociedad actual no dispone de más conocimiento que otras sociedades, sino que la definición de conocimiento como variable y verificable en cuanto al no cumplimiento de expectativas hace pensar, que la “sociedad del conocimiento” está caracterizada por la decreciente importancia de los rituales, de las tradiciones y de las normas aceptadas sin más.

Al contrario, la “sociedad del conocimiento” está marcada por la disposición de poner en cuestión las percepciones, suposiciones y expectativas tradicionales socialmente aceptadas. La tesis implícita es que las sociedades actuales consideran cada vez más la expectativas basada en conocimiento en lugar de normas. Es decir, las expectativas son cada vez más variables y revisables.

Indicadores de una sociedad del conocimiento.

En el ámbito económico se observa que los sectores de producción de bienes pierden importancia en la estructura económica a favor del sector servicios. Más concretamente, crece la importancia de los mercados globalizados de divisas, de finanzas y de capitales frente a los mercados de productos.

Además, la estructura ocupacional cambia radicalmente a través del crecimiento de las categorías profesionales altamente cualificadas y la disminución de las categorías menos cualificadas. Y dentro de las empresas, crece la relevancia de tener sistemas adecuados de gestión del conocimiento y adaptar las estructuras organizativas y de gestión a un entorno cambiante.

También se observan cambios profundos en el ámbito político en el sentido de que las decisiones políticas dependen cada vez más de una legitimación científica, lo que causa que los actores políticos están en manos de más de expertos y asesores. Además parece que están disminuyendo los márgenes de decisión y de la capacidad de gestionar procesos sociales por parte del sistema político, lo que es más evidente frente al sistema económico que depende cada vez menos de las decisiones políticas a causa de la globalización de los procesos económicos.

Relacionado con los cambios en las estructuras ocupacionales, se observa una creciente importancia de la educación, que queda reflejada en el nivel de educación más alto de la población. Un indicador es la transformación de las Universidades como Instituciones de Elite en Instituciones de Educación superior masificada.

No obstante, en el debate alrededor de la sociedad del conocimiento no está resuelta aún la cuestión de si el progreso tecnológico es el causante del incremento de nivel educativo o si el incremento del nivel formativo ha impulsado la innovación tecnológica y por consiguiente, la transición hacia la sociedad del conocimiento.

También en el ámbito cultural se han producido cambios profundos. A pesar de que apenas se debaten estos cambios en el ámbito cultural relacionado con la transición hacía la sociedad del conocimiento, se ha producido un intenso debate en torno a la globalización y al uso de Internet, que indica un profundo cambio en los procesos culturales y las interacciones sociales relacionadas con el uso de las nuevas tecnologías de información y comunicación, así como los avances en las tecnologías de tráfico.

El sociólogo N. Stehr (2000) resalta, por ejemplo, la fragilidad de la sociedad del conocimiento moderno cuando subraya que los avances tecnológicos y científicos son una de las causas de la incertidumbre actual. Así, por ejemplo, los avances en las tecnologías de información y comunicación han aumentado la fragilidad de los mercados financieros y comerciales, lo cual obliga a las organizaciones a aumentar su flexibilidad para poder adaptarse a los cambios en los mercados.

También el aumento del conocimiento científico y su amplia difusión causan más incertidumbre, fragilidad y contingencia (Stehr: 1996). En este sentido se considera que el mayor conocimiento produce también más desconocimiento. Mientras los conocimientos aumentan con gran rapidez, el saber de lo que no sabemos aumenta con velocidad aún más vertiginosa. (H. D. Evers 2000: p. 8). Por lo tanto, uno de los rasgos de la “sociedad del conocimiento” es el aumento de las zonas de incertidumbre, convirtiendo la ignorancia - entendida como el desconocimiento del no-conocimiento – en incertidumbre – entendido como el conocimiento del no-conocimiento (sé, que no sé).

En el concepto de “sociedad del conocimiento” se proyecta la visión de que se puede alcanzar una mayor igualdad social a través de esfuerzos educativos y formativos. Sin embargo, hay varios argumentos de peso que inducen más bien a una versión pesimista. Hay, por ejemplo, el argumento de que un aumento general del nivel de cualificación de la población y un aumento de las titulaciones académicas causarían una devaluación de estos títulos. En otras palabras, una alta cualificación no serviría ya para conseguir subir escalones sociales sin solamente evitaría bajarlos.

Características de la Sociedad del Conocimiento:

Una de las características de la “sociedad del conocimiento” es la transformación radical de la estructura económica de la ‘sociedad industrial’, de un sistema productivo basado en factores materiales hacia un sistema económico, en que los factores simbólicos y basados en conocimiento son dominantes. Factores cognitivos, creatividad, conocimiento e información contribuyen cada vez más a la riqueza de las empresas.

Otra característica es la cientificidad de áreas esenciales de la sociedad de acuerdo a las tendencias:

• Sustitución de otros formas de conocimiento por la ciencia.

• Tendencias hacia la constitución de la ciencia como fuerza productiva directa.

• Constitución de un sector político especifico (política de educación y ciencia).

• Constitución de un nuevo sector productivo (producción del conocimiento).

• Transformación de las estructuras de poder (debate de la tecnocracia).

• Transformación de la base legitimadora del poder hacia el conocimiento especial (poder de expertos).

• Tendencia hacia que el conocimiento se constituya como factor básico de la desigualdad social y de la solidaridad social.

• Transformación de las fuentes dominantes de conflictos sociales.

Como puede apreciarse, el país no se ha preparado para lograr atender los cambios representativos de la sociedad del conocimiento, el desarrollo está basado en esta tendencia, México se caracteriza por ser un país donde los aspectos cualitativos se han dejado de lado, provocando con ello un deterioro generacional por el poco interés por apoyar la ciencia y la tecnología, el conocimiento científico, es un país maquilador, lleno de informales y con crisis económicas recurrentes polarizando con ello, los niveles de desarrollo social basado solamente en el desarrollo de un sector económico de extrema derecha donde unos cuantos solamente obtienen un beneficio y no una sociedad en su conjunto.

Es pues evidente que México dejó de lado este importante tema, al no prepararse de manera formal a desarrollar una transformación con tendencia hacia el conocimiento y no tan solo no atendió lo que representa el conocimiento en sí, sino en la posibilidad de atender el desarrollo del no conocimiento.


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