Tesis doctorales de Ciencias Sociales


ANÁLISIS DE LAS DIFICULTADES FINANCIERAS DE LAS EMPRESAS EN UNA ECONOMÍA EMERGENTE: LAS BASES DE DATOS Y LAS VARIABLES INDEPENDIENTES EN EL SECTOR HOTELERO DE LA BOLSA MEXICANA DE VALORES

Alberto Ibarra Mares



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7.2. LA UNIDAD GEOGRÁFICA

La unidad geográfica se refiere a la selección del país, región y sector al que pertenece la empresa. Hasta la fecha la unidad geográfica donde se ubica la empresa no presenta grandes problemas, ya que al no existir aún una homologación en la presentación de la información financiera y una misma unidad monetaria entre los países, los investigadores han optado por seleccionar muestras pertenecientes a un único país. En un futuro cercano será interesante ampliar la unidad geográfica a varios países por su significativo avance en la armonización de sus criterios contables y la adopción de una unidad monetaria única como es el caso de la Unión Europea.

En este punto hemos observado que la determinación correcta de la unidad geográfica en los diferentes estudios se ha realizado con base en los siguientes dos criterios: a) aquellos que están dirigidos a un sector muy concreto, y b) los estudios que abarcan varios sectores pero con características financieras homogéneas. En ambos casos normalmente se excluyen de la muestra las empresas financieras, aseguradoras y los bancos, ya que tienen características particulares. En resumen podemos decir que para que la muestra sea más representativa y puedan llevarse a cabo generalizaciones, la unidad geográfica debe seleccionarse considerando aspectos tan importantes como: a) determinación correcta del país y región; b) determinación correcta del sector y subsectores macroeconómicos en que opera la empresa; y c) fijación de las condiciones necesarias para obtener el tamaño de la empresa.

En esta investigación y con respecto a la determinación del sector y subsectores, como ya apuntamos, se seleccionaron sólo cinco empresas hoteleras grandes que operan en todo el país y que cotizan en Bolsa. Al reducir la muestra sólo a un subsector muy específico, partimos de la base de que en economías muy inestables algunos subsectores tienen comportamientos más dinámicos que otros, e incluso pueden beneficiarse de dichas inestabilidades en períodos a corto y mediano plazo.

7.3. LA UNIDAD TEMPORAL.

La unidad temporal comprende el período de tiempo de la base de datos. Aquí el investigador selecciona el número de años para obtener indicadores predictivos sobre el futuro éxito o fracaso de un conjunto de empresas. Normalmente estos períodos son anuales y oscilan de los tres hasta los diez años. El período de cinco años es un promedio muy común en los trabajos que se han desarrollado desde los años sesenta. Algunos investigadores han comenzado a recomendar que dentro de esos períodos se obtengan también informes financieros trimestrales y no sólo anuales para observar mejor las tendencias en los cambios de los ratios. Esto lleva a que de alguna manera la unidad temporal se amplie y compense algunos aspectos negativos de aquellas muestras que sean pequeñas, como fue nuestro caso. Por eso obtuvimos informes trimestrales comprendidos entre 1990 y 1997. Sin embargo, hemos de apuntar que al existir distintos criterios sobre el número de años y trimestres en los períodos seleccionados es indudable que continuará presentándose un problema para la consistencia del modelo.

Según Fernández (1986: p.116), al considerar la unidad temporal para la selección de la muestra, se presentan serios problemas para el investigador cuando debe definir el período de la base de datos de las empresas fracasadas, pues como se apunta acertadamente el estudio del fracaso empresarial es un problema complejo, y más que una situación puntual es una sucesión de etapas que implica una interacción de factores secuenciales en el tiempo. En general, podemos decir que los dos problemas principales a resolver a la hora de determinar la unidad temporal son los siguientes:

a) La dificultad de una definición representativa y objetiva del fracaso. Este punto que se desarrolló con amplitud en el inciso sobre los problemas para la definición de la variable dependiente, implica que mientras no sepamos con certeza qué es el fracaso empresarial en términos cuantitativos y cualitativos, menos sabremos cuándo se inicia dicho fenómeno.

b) La dificultad para establecer la fecha concreta del fracaso. Este problema, derivado del anterior, resulta de vital importancia, pues sirve de referencia para que el analista establezca los momentos de tiempo anteriores al fracaso, a partir de donde inferirá la capacidad de predicción. Aquí el problema radica en que el fracaso no se presenta en un momento repentino, sino en una sucesión progresiva de enfermedades financieras que desembocan en la quiebra.

De las investigaciones consultadas, hemos concluido que en general éstas presentan dos tipos de unidades temporales. El primer tipo contiene períodos de tiempo para las bases de datos que van de uno hasta los dos años previos al evento. El segundo grupo está representado por aquellas bases de datos con períodos de tres o más años previos al evento. En el contexto del fracaso empresarial, el término evento se considera como la entrada al sistema concursal, el cual puede desembocar en la reestructuración o en la liquidación de la empresa con problemas de solvencia y continuidad.

Continuando con el problema de la determinación de la fecha, suele existir la opinión de algunos investigadores de que ésta es fundamental. Sin embargo, en la práctica tal vez este objetivo no sea del todo alcanzable, pues la mayoría de las empresas operan con desfases en sus cierres contables trimestrales y anuales. La Bolsa Mexicana de Valores sabe de esta realidad, y por lo tanto, permite la entrega previa de estados financieros no consolidados ni auditados para proporcionar al inversor una información financiera previa. Posteriormente se da un período que suele llegar hasta los seis meses para presentar la información final ya consolidada y auditada.

Con respecto a la información anual, el ejercicio técnicamente se cierra el 31 de diciembre, sin embargo, la legislación mexicana al igual que muchas otras del mundo, da como plazo hasta el 31 de marzo para la entrega final de la declaración anual del impuesto sobre la renta. Esta declaración contiene en realidad importantes ajustes a varias de las principales cuentas que se toman para el análisis financiero final. Por otra parte, en este trimestre también se concluye el ciclo anual de la auditoíia interna de las empresas. Aquí, el auditor interno junto con el contralor general y el tesorero, preparan aquellas reclasificaciones y ajustes a los estados financieros finales del año que no se incluyeron en el cierre anual por diversos motivos, pero que sin embargo, son necesarios para alcanzar la razonabilidad y confiabilidad de las cifras.

Esta última operación técnica e interna de la empresa, y cuyo producto final son las bases de datos contables, es también el inicio de los trabajos centrales de la auditoría externa, cuyo objetivo se centra en llegar a la cifra final más real de beneficios para el reparto de dividendos a los accionistas y el reparto de beneficios a los trabajadores (“Participación de los trabajadores en las utilidades de la empresa”). En general, durante el mes de agosto se da la conclusión de la auditoría externa para el año anterior inmediato de operaciones. Esto culmina con la entrega del dictamen del auditor, en el cual se incluyen las propuestas de reclasificaciones y ajustes importantes para ciertas partidas que inevitablemente modificarán los ratios financieros.

Como se puede deducir con base a lo anteriormente expuesto, la práctica contable condiciona y dificulta la determinación de la fecha puntual que se trata de alcanzar rigurosamente en los modelos predictivos. Esto lo podemos asegurar por dos razones básicamente: a) primero no es viable que un investigador o un ejecutivo pueda determinar una fecha puntual del fracaso de una empresa, y menos aún en una serie amplia de empresas muestreadas; b) segundo, lo anterior nos puede llevar a sugerir que las fechas del fracaso no se deben establecer con base a una determinada emisión de información financiera, sino con base a un período que contenga el cierre final de cada año. Por lo tanto, deberíamos de estar abiertos a la idea de que dicho cierre puede variar de uno hasta seis meses.

Los períodos de variabilidad superiores a los tres meses regularmente representan signos de problemas para la producción de su información financiera, y en los casos más extremos también pueden ser signos de evidente fracaso empresarial. Según algunos estudios que hemos consultado a lo largo de esta investigación (ejemplo: Ohlson:198, p. 144; Lizarraga:1993, p.234), el problema temporal ha sido considerado como un elemento primordial para establecer la fecha puntal del fracaso. Esta idea se basa en que es necesario que los estados financieros sean publicados con anterioridad a la fecha del fracaso. Hasta este punto coincidimos con dichos autores siempre que el elemento central se enfoque principalmente para distinguir el cambio de proceso y técnica contable que sufre una empresa que se considera a llegado al estado de fracaso definitivo, es decir, que ha pasado de la contabilidad del devengo hacia la contabilidad liquidatoria.

También se ha podido analizar que el problema temporal se ha entendido tal vez de forma errónea como una simple metodología que busca principalmente una delimitación de fechas para obtener en cada ratio mayor capacidad de predicción cuando la empresa va hacia el fracaso. Sin embargo, el establecimiento de una fecha representativa para estimar la capacidad de predicción hasta el momento no se ha logrado. Este error o limitación metodológica en parte se debe a que repetidas veces se llega a datos ajustados con relación a una fecha, y no a la inversa, es decir, a una fecha ajustada con relación a los datos más representativos del estado evolutivo del fracaso empresarial.

Autores como Lizarraga (1993) reconocen que el fracaso es antes que nada un proceso lento y complejo, y por lo tanto, todo lo que se deriva de ello también suele ser lento y complejo, como es el caso de la elaboración y aplicación de la técnica contable. Al determinar mejor los períodos reales de los cierres contables, no es prioritario el preocuparse sobre los resultados de los ratios, pues éstos los podemos volver a calcular basados en las cuentas y partidas finales ya ajustadas. Ciertos investigadores opinan que si el fracaso se da en el año anterior inmediato, se debe considerar un año previo al fracaso, es decir, dos años anteriores al análisis financiero. Esto se debe a que normalmente se considera que durante el año del fracaso se abandona la contabilidad del devengo. En nuestro caso esta situación no se presentó pues la única empresa considerada como fracasada estaba en suspensión de pagos, y por lo tanto, su situación la obliga a continuar aplicando la contabilidad del devengo y presentar oportunamente la información financiera.

Una ventaja para seleccionar empresas en suspensión de pagos, es que se pueden consultar sus estados financieros trimestrales del “año actual del fracaso” y no sólo del “año anterior al fracaso” o “del segundo año anterior al fracaso”. Esto es importante si consideramos que son precisamente los últimos trimestres en donde están los datos más interesantes para llevar a cabo el análisis entre las empresas sanas y en crisis.


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