Tesis doctorales de Ciencias Sociales


ANÁLISIS DE LAS DIFICULTADES FINANCIERAS DE LAS EMPRESAS EN UNA ECONOMÍA EMERGENTE: LAS BASES DE DATOS Y LAS VARIABLES INDEPENDIENTES EN EL SECTOR HOTELERO DE LA BOLSA MEXICANA DE VALORES

Alberto Ibarra Mares



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CAPITULO 4. LA ACTUALIZACIÓN DE LAS BASES DE DATOS

4.1. PROBLEMA DE ESTRUCTURACION DE LAS BASES DE DATOS Y LA ACTUALIZACION DE LAS CIFRAS A TRAVES DE LA REVELACION Y REEXPRESION

Uno de los objetivos principales que busca el análisis financiero tradicional y moderno es llegar a un indicador o índice resumen a través de una serie de mediciones, que nos permita predecir, pronosticar y evaluar, para llegar finalmente a la toma de decisiones.

El sistema contable como producto del pensamiento económico, también busca dicha cifra o indicador resumen para medir el desarrollo y la vida de la empresa. Sin embargo, la estructura contable es un sistema de medición defectuoso que se complica con la inestabilidad de la unidad de medida y las variaciones de los precios, originados principalmente por cambios más acelerados que se dan cada día en la tecnología y en la calidad del producto.

A través de los siglos, esta serie de mediciones contables dentro de las diferentes estructuras económicas y políticas, se habían venido aplicando y desarrollando mediante mediciones cronológicas e históricas, en donde el sistema contable se había fundamentando sobre todo en dos principios muy importantes que eran: a) el principio de coste histórico, y b) el principio de medición en la unidad monetaria. En ambos casos no importaba el poder adquisitivo de la moneda.

Sin embargo, actualmente el problema de la comparabilidad de las mediciones contables a través del tiempo, se ha visto cada vez más complicado por la alteración del poder adquisitivo general de las distintas monedas, ya que sus cambios son continuos entre los diferentes períodos del análisis financiero. Esto es debido fundamentalmente al fenómeno inflacionario que se volvió a desarrollar en todo el mundo a partir de la década de los setenta, pero que ya había tenido también sus consecuencias negativas después de la primera guerra mundial.

En períodos inflacionarios la unidad monetaria se distorsiona significativamente como parámetro de las dimensiones reales o físicas de las transacciones empresariales. El efecto distorsionador, que se produce a través de los cambios en el nivel general de precios sobre las mediciones contables, ya había comenzado a ser reconocido a comienzos de la década de los sesenta cuando en muchos países se inició un declive del poder adquisitivo de su moneda (inflación) .

Generalmente la inflación actúa en todas las empresas como un impuesto sobre los saldos de tesorería y provoca fenómenos tan importantes como: las pérdidas y ganancias derivadas de los activos y pasivos monetarios, los cambios en los flujos y demanda de fondos, los cálculos erróneos en los beneficios que se vuelven ficticios, etc.. Por otra parte, las altas tasas de interés provocadas por el efecto de los cambios en el nivel general de precios afectan también aunque de distinta forma a cada empresa, pues depende de la magnitud del cambio y de la composición de sus activos, pasivos y capitales invertidos.

Según los estudios empíricos realizados en los Estados Unidos por Norby (1981) entre 1970 y 1980, para ver las revelaciones del SFAS 33 (“Información Financiera y Cambios de Precios”), indican que la inflación puede originar cambios muy significativos en los resultados de explotación y financieros. Dichos estudios demuestran que los ajustes por inflación reducen los beneficios globales de operaciones continuadas entre un 53 % en moneda constantes y un 60 % al coste actual. Por otra parte, Pérez (1995: p.58) apunta que la inflación además de obligar a cambiar los sistemas de contabilidad, también provoca que se revisen las técnicas financieras tradicionales y se implementen nuevas técnicas de análisis financiero como las siguientes:

a) Analizar la administración del cash flow para conocer con más exactitud el beneficio en efectivo que se genera. Esto permite saber cuales son las inversiones y desinversiones que pueden llevarse a cabo y de forma oportuna en la administración del capital de trabajo y en los activos fijos, pues la liquidez es todavía más vital en contextos inflacionarios.

b) Diseñar los estados de cambios, expresándolos en una misma unidad de medida para obtener el poder de compra equivalente.

c) Estudiar el punto de equilibrio y contribución marginal que incluyan los efectos inflacionarios.

d) Agregar nuevos indicadores financieros y analizar los efectos que producen en los ratios tradicionales.

e) Implementar nuevas reglas de consolidación.

Al ser detectada la anterior situación por gran número de analistas y contables, en 1963 se publicó en los Estados Unidos de Norteamérica por parte de la SEC del “Accounting Research Study” (ASR) 6. Este documento de ámbito internacional reconoció por primera vez que la inflación continua tenía efectos negativos sobre la presentación, interpretación y comparación de los estados financieros.

Para 1969, el “Accounting Principle Board” (APB) , del “American Institute of Certified Public Accounting” (AICPA), emitió el Statement No. 3: “Información Financiera y Cambios de Precios”. Aquí también por vez primera se trataban las etapas concretas a seguir para la actualización o reexpresión de los estados financieros con relación a los cambios en el nivel general de precios.

De 1969 a 1974, el Statement No. 3, que tuvo al inicio el objetivo de ser un documento de carácter consultivo, dio como resultado para 1974 un borrador sobre el pronunciamiento que reconocía que la presentación de la información financiera convencional debía modificarse parcialmente para producir cierta información financiera específica, expresando ésta en unidades monetarias de poder adquisitivo.

Para 1976, la “Security Exchange Commission” (SEC), que pasó de una etapa de debate a una etapa real de experimentación, exigía por primera vez a las grandes empresas: la revelación de los costes actuales de reposición de existencias, los costes de ventas y los activos amortizables con sus provisiones.

En México este problema también se percibió aunque de manera más dramática. En 1973, la Comisión de Principios de Contabilidad del Instituto Mexicano de Contadores Públicos emitió el boletín B-5: “Registro de Transacciones en Moneda Extranjera”. Esto fue una tentativa de solución para no perder razonabilidad en la información contable por las altas devaluaciones que sufrió el peso mexicano, que después de 22 años de paridad estable: de los 12.50 pesos por dólar hasta agosto de 1976, inició un drástico declive situando la paridad a 26.16 por dólar en diciembre de 1981, a 47.30 en junio de 1982 y a 3074 pesos en diciembre de 1991.

En aquellos momentos en que ya la devaluación había sido tan significativa, la unidad de medida se sustituyó por otra denominada,“nuevos pesos”. Esta nueva unidad entró en vigor el 1 de enero de 1993. Sin embargo, la devaluación continuó hasta llegar a diciembre de 1994 a 3914 pesos (39.14 nuevos pesos por dólar). Posteriormente, la paridad se estabilizó en 3.91 nuevos pesos, para posteriormente reiniciar su devaluación hasta llegar a una segunda estabilización que a marzo del 2000 es de 9.80 pesos por dólar aproximadamente.

Este mismo problema que experimento México, también se presentó en otras muchas economías emergentes. Por eso en 1979, el FASB a través del SFAS 33 intentó implementar una mejor estructura para la elaboración y presentación de los estados financieros mediante diversas pruebas experimentales que se caracterizaron por la gran cantidad de debates y desacuerdos entre las empresas y las autoridades responsables. El SFAS 33 consistió básicamente en un experimento de 5 años que obligó a 1300 grandes empresas norteamericanas a informar sobre los efectos de la inflación general y otros cambios de precios en la información financiera.

Para esto el FASB utilizó dos estructuras contables que fueron el Modelo Coste Histórico/Moneda Constante y el Modelo de Coste Actual/Moneda Nominal. Pero en 1984, cuando la tasa inflacionaria que se mantuvo en porcentajes altos durante esos cinco años descendió en los años posteriores en los Estados Unidos, la SEC optó por no obligar más a las empresas a la revelación del efecto inflacionario en los informes financieros. Esta decisión llevó a otros países con grandes avances en este campo como Inglaterra, a dejar de aplicar totalmente la contabilidad de la inflación.

En México, posterior a la emisión del Boletín B-5, se emitió la Circular 14 del IMCP, que estableció que las fluctuaciones cambiarias debían afectar los resultados del período. A finales de 1979, la Comisión de Principios de Contabilidad emitió el Boletín B-7: “Revelación de los Efectos de la Inflación en la Información Financiera”. Este documento tuvo como objetivo principal ofrecer un enfoque práctico al problema complejo de la inflación en la información financiera, sin pretender con esto obtener una solución definitiva, sino únicamente establecer los lineamientos generales para incrementar el grado de significación de los estados financieros.

El Boletín B-7 fue considerado como el inicio de un proceso evolutivo experimental para cubrir el vacío conceptual y técnico que existía en México sobre la contabilidad de la inflación. Así, durante 1980 se llevó a cabo una amplia actividad de difusión en todo el país acerca del contenido y aplicación de este boletín. Para 1981 se aplicó una encuesta entre las personas involucradas en la preparación, presentación y uso de la información financiera, con el fin de captar sus experiencias en cuanto a los siguientes aspectos:

* Impacto de la actualización en las cifras históricas.

* Grado de cumplimiento de las normas establecidas en el boletín.

* Preferencia en los métodos de actualización.

* Dificultad encontrada en la aplicación del método de costes específicos (Modelo de Capital Físico).

* Problemas observados en la preparación y presentación de la información complementaria relativa al capital contable.

* Grado de interés de los usuarios de la información.

Las conclusiones y recomendaciones obtenidas fueron que el Boletín B-7 debía establecer un único método para reexpresar las cifras y mantener la utilidad de la información contable. También se concluyó que se debía integrar y reconocer el coste financiero real, es decir, incorporar el efecto por posición monetaria en el estado de resultados (repomo). Por último, se acordó que dado que en México la inflación se prolongaría en el tiempo y su intensidad se incrementaría, existía la urgente necesidad de reconocer la información relativa a los efectos de la inflación dentro de los estados financieros.

Después de más de una década de inflación, para noviembre de 1981 el IASC aprobó el NIC No. 15: “Información que Refleja los Precios Cambiantes” . Con esto, por fin, se reconoció el efecto inflacionario en la información financiera a escala internacional y se permitió a las empresas actualizar las cifras de sus estados financieros a través de los dos métodos alternativos. Posteriormente, en julio de 1983 fue aprobado el NIC No. 21: “Efecto de las Variaciones en Tipos de Cambio de Moneda Extranjera”. Su objetivo principal fue el seleccionar el método de cálculo de la tasa de cambio aplicable a las operaciones y transacciones en moneda extranjera, así como reconocer el impacto financiero que esta tasa tiene en los resultados de la empresa.

De esta forma se reconoció también la importancia del coste financiero en moneda extranjera ante la creciente globalización de las economías. Además, se indicó y reguló la mecánica para la traducción de estados financieros.

Con relación al resultado cambiario, se estableció a través del Nic. 21 que las partidas monetarias deben mostrarse utilizando el tipo de cierre. Para las partidas no monetarias, que se contabilizan a su coste histórico y están denominadas en moneda extranjera, se concluyó que deben mostrarse utilizando la tasa de cambio a la fecha de la transacción.

Para junio de 1983, el IMCP emitió el Boletín B-10: “Reconocimiento de los efectos de la inflación en la información financiera”. Los pronunciamientos emitidos en este boletín fueron complejos porque el problema a tratar de resolver era complejo, y por eso, de junio de 1984 a marzo de 1995 se publicaron cinco documentos de adecuaciones (que tienen el carácter de normatividad) y ocho circulares con criterios que han intentado uniformar la aplicación del documento original a través de la incorporación de algunos puntos en el boletín con el objetivo de hacerlo más eficaz.

A partir de diciembre de 1994, las normas que se establecieron como obligatorias fueron de carácter evolutivo pues se consideró que la actualización de la información financiera es un tema sujeto a un permanente proceso de investigación para mejorar el contenido y presentación, así como para simplificar la aplicación de los métodos de actualización y llegar a una comparación mejor de los estados financieros.

Actualmente en México, el Boletín B-10 representa una de las técnicas de aplicación obligatoria más avanzadas en el mundo, de ahí que esta técnica sea compleja y requiera un estudio profundo y evolutivo para erradicar la distorsión en las cifras de los estados financieros que provoca la inflación, la cual ha demostrado no ser fácil de manejar. Este documento técnico tiene como objetivo central ayudar al contable a cuantificar el efecto inflacionario, y como apunta Pérez (1995), esto es necesario “para estar conscientes que la utilidad de la información financiera no se aprecia al conocer “cómo” está hecha, sino al saber “qué” nos dice, ya que la información siempre cobra mayor fuerza cuando es analizada e interpretada” (p.18).


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