Tesis doctorales de Economía


LA EDUCACIÓN SUPERIOR TECNOLÓGICA FRENTE AL PROCESO DE GLOBALIZACIÓN: LA INFLUENCIA DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE INFORMACIÓN EN EL INSTITUTO TECNOLÓGICO DE PUEBLA

Saúl Corral García



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2.1.2 El contexto nacional

2.1.2.1 Los ámbitos demográfico y educativo

La demografía constituye una de las variables altamente influyentes en el comportamiento de la matrícula del sistema educativo en todos sus niveles. La nueva composición demográfica y la mayor escolaridad de la población exigen una reflexión profunda sobre la orientación del desarrollo futuro de las instituciones de educación superior.

Si bien la presión demográfica se ha atenuado en el país en términos globales al reducirse la tasa de crecimiento poblacional, la cuarta parte de la población todavía está en edad de escolarización obligatoria (primaria y secundaria) y más de 50 millones de mexicanos tienen menos de 25 años. (INEGI, 2003) En las dos primeras décadas del nuevo siglo continuará la presión sobre el sistema de educación superior y ésta no empezará a disminuir sino hasta entrada la tercera década. México, como el resto del mundo, ha venido ampliando los niveles de escolaridad de su población, una tendencia que seguramente se reforzará en el futuro. En la Gráfica 2-1 se aprecia el aumento del nivel educativo en el período de tiempo 1990-2003.

Sin embargo, es importante reconocer que México se ubica en una situación desfavorable ante sus socios comerciales de América del Norte, en lo que se refiere al porcentaje de la población entre 25 y 64 años de edad con educación media y superior, tal y como se observa en la Tabla 2-1. Los datos contenidos en este cuadro dan muestra de los enormes rezagos que se tienen que superar en el contexto de una sociedad del conocimiento y de una creciente interdependencia entre los países.

*Valor promedio no ponderado del conjunto de los países miembros.

Comparado con el desarrollo de los países señalados, México es un país joven. Esta característica lo enfrenta desde luego a nuevas realidades económicas y sociales. Observamos que en 1996, tenía una población compuesta en un 54% por niños y jóvenes entre 5 y 29 años de edad, mientras que en Canadá era del 35%, en Estados Unidos del 36% y en todos los países de la OCDE del 36% en promedio. México tendría por tanto que realizar un esfuerzo muy superior al de cualquiera de estos países en materia de educación en todos sus niveles. (OCDE, 1997: 4) Por grupos de edad se mantienen estas diferencias: en México la población entre 5 y 14 años representa al 24% del total, mientras que el promedio de los países miembros de la OCDE es del 13%; el rango de los 15 a los 19 años es del 11% contra un 7% y el de 20 a 29 años es del 19% frente a un 15%. (OCDE, 1997: 4)

De las cifras anteriores, observamos que la evolución demográfica planteará en esta y en las siguientes décadas retos adicionales a la educación superior, derivados principalmente del cambio en la estructura por edades de la población. Por tanto, se estima que en el medio siglo, la población mexicana seguirá creciendo, aunque a tasas menores a las observadas en la actualidad. En una publicación reciente, el Consejo Nacional de Población (CONAPO, 1999) prevé que continuará el descenso de las tasas de mortalidad y fecundidad, y que la población de México comenzará a decrecer poco antes del 2050. En las próximas cinco décadas, de acuerdo con la hipótesis programática de crecimiento demográfico utilizada por el CONAPO, se dará una disminución gradual de la tasa de crecimiento del 1.73% en 1995, a 0.20% en el 2050. (Tabla 2-2)

El CONAPO también ha formulado proyecciones con otras hipótesis de crecimiento mínimo y máximo para las próximas décadas, tomando en consideración la fecundidad, la mortalidad y la migración internacional. De acuerdo con ellas, para el 2010 la población oscilaría en millones de habitantes entre 111.3 y 116; para el 2020 entre 119.7 y 130.5; para el 2030 entre 124.4 y 142.2 y para el 2050 entre 122 y 152.2 millones de habitantes. (CONAPO, 1999:55)

Las estimaciones del CONAPO advierten que el descenso de la mortalidad y la fecundidad no sólo mantendrían el ritmo que sigue el proceso de envejecimiento de la población mexicana, sino que incluso lo acelerarán durante la primera mitad del próximo siglo:

Hasta el 2010, el cambio más notable consiste en la reducción de la base originada en el descenso de la fecundidad. A partir del 2020 es evidente la presencia de la inercia del acelerado crecimiento del pasado, la cual se desplaza progresivamente hacia la cúspide de la pirámide, hasta que la población envejecida llega a representar la cuarta parte del total en el 2050. (CONAPO, 1999: 55)

Mientras la población en edad preescolar (0 a 5 años) disminuirá a lo largo del período, el número de niños y jóvenes en edades de escolaridad obligatoria (6 a 14 años) que alcanzó un máximo histórico de 20 millones en 1999, año a partir del cual empezó a disminuir. En cambio, el número de personas en edad laboral (15 a 64 años), donde están los potenciales demandantes de la educación superior, aumentará progresivamente hasta alcanzar 80.8 millones en el 2031, para luego descender gradualmente. La población de la tercera edad (65 años o más), por su parte, será la que tendrá el mayor cambio al multiplicarse por un factor ocho en el 2050. El paulatino proceso de envejecimiento propiciará un aumento gradual en la edad media de la población: de 25.2 años en 1995 a 30.3 en el 2010, 38.1 en el 2030 y 45.1 en el 2050. Así, la pirámide poblacional irá perdiendo su estructura de base amplia y adquirirá una más rectangular.

La reducción en la tasa de natalidad, una menor tasa de mortalidad y una mayor esperanza de vida al nacer, pueden generar que para el año 2020, aproximadamente, uno de cada cuatro mexicanos tenga entre 35 y 54 años de edad, y uno de cada tres sea mayor de 35 años. Este fenómeno de envejecimiento relativo tendrá profundas consecuencias en las esferas social, económica, política y cultural; y particularmente en lo que se refiere a los servicios de educación, empleo, salud y vivienda. El panorama del desarrollo económico y social que presenta la población nacional, no será muy alentador, según lo podemos observar con dichas estimaciones, sobre todo el acceso a la educación en sus diferentes niveles se muestra todavía muy restringido e inequitativo para la sociedad futura.

Se requerirá entonces de una enorme infraestructura en el país para la comunicación y la movilidad física de una creciente población, ya que la demanda de empleos aumentara de manera acelerada; más de un millón por año, con una creciente incorporación de la mujer al mercado laboral: La población económicamente activa pasará de 36.5 millones en 1995, a 54.6 millones en 2010. Además, habrá presión sobre los servicios de salud y de seguridad social (incluyendo las jubilaciones), estos se incrementarán considerablemente, no sólo en el volumen de usuarios sino en el costo de la atención (se estima que una persona de mayor edad cuesta 2.5 ó más veces que el costo de atención de un niño o un joven). Se requerirán más médicos, enfermeras, hospitales y clínicas, así como programas de capacitación de personas dedicadas al cuidado de ancianos. Aumentará la presión de la población en materia de vivienda (se pasará de 19.4 millones de viviendas en 1995 a 31.6 millones en el 2010), con el correspondiente aumento del suministro de agua potable y energía eléctrica. También se modificarán la cantidad y el tipo de alimentos que se consuman en el país como consecuencia de una población más numerosa y envejecida. (CONAPO, 1999: 57-61)

El cambio demográfico y la consiguiente modificación en la estructura por edades tendrán efectos relevantes en el sistema educativo en general y en la demanda de educación superior, tanto de la población tradicionalmente demandante (grupo de 20 a 24 años), como de la población de mayor edad. Por otra parte, de acuerdo con el estudio realizado por la Fundación Javier Barros Sierra (SEP-ANUIES, 1999), la población del grupo de edad que demanda educación media superior y superior, de 16 a 22 años, crecerá lentamente hasta el año 2010, y luego descenderá hasta que en el año 2025 represente el 95% de la de 1995.

Si se toma en cuenta la evolución de los indicadores demográficos que se utiliza en el modelo de flujos desarrollado por la Fundación Javier Barros Sierra, para el año 2010 la población entre los 5 y los 9 años de edad, que constituye el núcleo fuerte de la matrícula de educación primaria, habrá disminuido en un 9% con respecto al 1995. La población entre los 10 y los 14 años, por su parte, registrará una disminución del 2% en ese período. De esta manera, en el nivel de primaria la educación está garantizada y su expansión se orientará hacia los grupos sociales más deprimidos, ubicados principalmente en las zonas rurales. Por contraste, en el nivel de secundaria será necesario mejorar tanto el acceso como la eficiencia para cumplir con el propósito estipulado en el Programa de Desarrollo Educativo 1995-2000, de que en el año 2010 toda la población de 15 años tenga 9 años de escolaridad. Así, aunque la población en edad de asistir a la secundaria disminuya, la matrícula de este nivel se elevará en un 33%, con respecto a 1995, al incrementarse la cobertura, lo cual tendrá consecuencias sobre la educación media superior y superior. El impulso a la educación secundaria tendrá consecuencias en los niveles subsecuentes y sus efectos sobre la educación media superior se prolongarán hasta el año 2010 en que se estabilizará para después disminuir, mientras que su influencia sobre la educación superior se extenderá un lustro más.

Los niveles de atención a la demanda potencial crecerán según las estimaciones señaladas, pero aún así estarán por debajo de los niveles que otros países de mayor desarrollo relativo han alcanzado en la actualidad. Por consiguiente, uno de los retos fundamentales a enfrentar en los próximos años será el de desarrollar la infraestructura para atender a la creciente población escolar en los niveles de educación secundaria, media superior y superior. Un incremento de gran magnitud en la matrícula de los niveles mencionados representa no sólo un reto del proceso de globalización sino, el desarrollo de la capacidad de innovación educativa de la sociedad mexicana del futuro. Por tanto, las formas tradicionales de concebir la educación no serán suficientes para responder exitosamente a este desafío, ni en términos de números, ni de calidad. El reto más bien será entre otras cosas diseñar sistemas pedagógicos que hagan un uso más eficiente de los recursos, los tiempos, los modos y los espacios para aprender.


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