Tesis doctorales de Economía


REMESAS FAMILIARES Y CONDICIONES DE VIDA EN EL CONTEXTO DE LA MIGRACIÓN GUERRERENSE HACIA LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

Ramiro Morales Hernández



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2.2 Migración internacional y sus efectos en el desarrollo.

Como antecedentes históricos de la migración internacional, se puede señalar que en Europa, entre los siglos XVII y XVIII, la fuerza económica de los países se medía por la fortaleza de población económicamente activa, es decir, se planteaba que la fortaleza laboral de las naciones se debilitaba a medida que su población emigraba y, por otro lado, los países receptores se veían beneficiados, al fortalecer sus sectores industriales con la mano de obra inmigrante quienes además se constituían como consumidores potenciales de la manufactura, por lo tanto los procesos de movimiento de las poblaciones han incidido en el desarrollo económico tanto de los países desarrollados como de aquellos que se encuentran en el proceso de desarrollo (Geyer, 2002).

Posteriormente la atención del análisis del fenómeno migratorio fue perdiendo interés debido a que los economistas neoclásicos se dedicaron al debate de nuevas concepciones teóricas como las economías duales, es decir, le daban mayor importancia a discutir temas concernientes a las economías de aglomeración o bien a las relaciones del comercio Inter.-regional ó internacional, donde los estudios sobre temas de empleo se enfocaron principalmente a estimular el crecimiento económico y a eliminar el desequilibrio del empleo entre los distintos sectores económicos e industriales. Este escenario propició que las disertaciones sobre migración no tuvieran gran significancia y sólo fueran considerados algunos aspectos de los procesos de movimiento de habitantes de regiones sobre pobladas hacia áreas urbanas industrializadas, lo que restablecía el equilibrio general que se presentaba entre las regiones centrales y la periferia (Lewis, 1954; Ranis and Fei, 1961).

En el siglo XIX el proceso de atracción y recepción de poblaciones fue un fenómeno que se empezó a analizar sobre todo con la naciente revolución industrial, primero en Inglaterra y posteriormente en otros Estados europeos, sobre todo desde la perspectiva de las causas y efectos que traía consigo el traslado de la población rural hacia nuevos centros de población urbana, así como de las formas de adaptación de los migrantes a los trabajos esquemáticos de los sectores industriales. Es decir, los estudios versaron sobre la colonización del tercer mundo (Shrestha,1988).

En ese naciente contexto industrial del siglo XIX, donde la inversión externa fue inducida en el sector industrial en centros donde las economías de aglomeración existían (Hirschman,1958; Boudeville,1974) y el estancamiento de sectores agrícolas en las regiones periféricas habían dado por resultado un nivel elevado de la prematura migración rural-urbana, hubo quienes dieron importancia a los estudios migratorios, destacándose por sus propuestas, Ravestein, quien en 1885, estableció que la relación causal de las corrientes migratorias se propiciaban por las diferencias que se daban entre las actividades económicas de un Estado Nación (Durand, 1994).

Ante las nuevas tendencias industriales y de economías sectoriales nacen los polos de crecimiento, originalmente ostentados en términos de la economía sectorial (Yamasaki, 1997), pero más tarde concebidos en términos de desarrollo industrial (Boudeville, 1974). Estos fueron considerados como el instrumento más apropiado para crear el desarrollo económico en las áreas periféricas, por lo que, las políticas de descentralización apuntaron al establecimiento de centros de crecimiento industrial en las regiones periféricas, que se implementaron tanto en los mundos desarrollados como en el de desarrollo. Bajo esta nueva conceptualización de relación espacial, las nuevas políticas se enfocaron hacia nuevas visiones, y se puso énfasis en el desarrollo regional, por lo que las ciudades intermedias, en ocasiones fueron identificadas y designadas puntos de crecimiento y localidades con fronteras específicas (Geyer, 2002).

La economía ha jugado un papel importante en la creación de los polos de crecimiento, también identificados como de desarrollo, tomando en cuenta el factor espacial, así como la movilidad de capitales y su generador principal: el elemento humano, en sus razonamientos teóricos, hallando en la geografía económica su principal aliado para la explicación espacial de las actividades humanas -aunque dicha disciplina no toma en cuenta su desarrollo-, viendo la aglomeración espacial como un fenómeno autosostenido, a través de la atracción de actividades que demanda su mercado y el propio sistema de producción, lo cual incide en la valoración del concepto espacial centro-periferia.

La existencia de un polo de desarrollo predominante económicamente en un espacio geográfico, con el transcurso del tiempo puede convertirse en una mega ciudad como sucedió con las ciudades mexicanas del Distrito Federal y su área conurbana, Monterrey, Guadalajara y Puebla, las cuales se desarrollaron por su hegemonía económica-espacial sobre grandes espacios territoriales, sustentadas en su influencia de concentración de actividades y de capital. En principio, cada uno de ellas ejerció una influencia decisiva en el ritmo de la migración que se dio en México, generando cambios en el mapa poblacional y transformando las estructuras espaciales productivas, así como nuevos patrones de relaciones sociales tanto en las regiones expulsoras como en ellas mismas.

En términos generales, parte del crecimiento de la influencia de los polos de desarrollo es consecuencia del subdesarrollo del sector rural y de la falta de oportunidades de la población que vive en pequeñas ciudades o ciudades medias (en México se les considera como mayores de 2 500 habitantes y menores de 15 000), lo que provoca que la población emigre por razones de marginalidad derivada de la carencia de una planificación regional.

Por tanto, la emigración es consecuencia de la no planificación del desarrollo regional, situación que provoca que las poblaciones tengan que buscar en otro lado lo que no tienen en sus propias regiones, y sientan la necesidad de emigrar al verse postergadas en el desarrollo, por lo que es pertinente ver el desarrollo regional como elemento que permita eliminar las causas de la movilidad de la población.

En consecuencia, para entender la relación migración-desarrollo hay que tomar como punto de partida el conocimiento del fenómeno, sobre todo, los factores de desarrollo demográfico, sociales y económicos que subyacen tras el entramado de las relaciones que surgen de la movilidad de las poblaciones, tras la idea de que una región debe de sustentar sus fortalezas tanto en los aportes de sus inmigrantes como en el esfuerzo que realizan sus emigrantes.

Es de llamar la atención la posición de nuevas corrientes de opinión de investigadores, de líderes de opinión e inclusive de funcionarios públicos que preocupados por el fenómeno migratorio en América Latina, como conclusión del Seminario “Problemas y Desafíos de la Migración y el Desarrollo de América Latina”, en abril del 2005 hicieron la “Declaración de Cuernavaca, México”, señalando que:

“El modelo de desarrollo adoptado en la inmensa mayoría de los países americanos emisores de mano de obra no ha generado oportunidades de crecimiento ni, en general, de desarrollo económico y social. Por el contrario ha significado la generación de dinámicas regresivas: precarización laboral y desempleo, profundización de las desigualdades sociales; pérdida de trabajadores calificados; desarticulación y estancamiento productivo; inflación; mayor dependencia económica del exterior; entre otras.” (http://www.migracionydesarrollo.org/).

Es de considerar este enfoque que sin duda emanó de la disertación de distintos modelos explicativos y herramientas utilizadas para aclarar y analizar la migración y el desarrollo. Por un lado se nota una posición economista-geográfica, por otro, se distingue una presencia social y cultural del fenómeno; por lo tanto, la relación migración-desarrollo es un debate que está en la presencia de las distintas teorías de la migración que tratan de describir y analizar su comportamiento.

En relación al presente trabajo, aunque cae dentro de la posición positivista, por las características de su abordamiento y análisis de discusión, no quiere decir, que mi posición al respecto sea tajante en esa vertiente, puesto que considero que la discusión sobre el rol de las remesas, no debe ser estudiado desde la perspectiva “positivista” o “no positivista” del desarrollo. No creo sano mantener una posición radical en cada uno de los extremos, ya que la migración no puede ser vista únicamente como un fenómeno no desarrollista, ni tampoco como la panacea del desarrollo, sino más bien se debe abonar en la contextualización total de los efectos que logren generar, para poder corregir aquellos que deterioren las condiciones del desarrollo regional e impulsar los que lo beneficien.

Sí estoy de acuerdo en lo planteado en la “Declaración de Cuernavaca”, desde la perspectiva de que la emigración a través de las remesas no ha generado crecimiento económico regional; que la migración va minando la población de las comunidades expulsoras y cambiando las estructuras laborales; pero también considero que las remesas ayudan a la adquisición de bienestar básico-económico y permiten mejores condiciones de sobrevivencia de quienes las reciben, y pueden llegar a ser generadoras de mejores niveles de calidad de vida de la población receptora.

Es decir, en lo particular considero pertinente desarrollar nuevos enfoques alternativos, en los cuales incide mi investigación, donde se razonan los efectos de las remesas familiares bajo ambas consideraciones -pesimista y optimista-. Todavía hay mucho que abonar a los estudios de las remesas, investigaciones que seran un aporte a la nueva forma de conceptuar la migración y el desarrollo; que describan, cuantifiquen y valoren su importancia en el ámbito espacial de los estudios, no importando cuál sea la posición teórica desde la que se haga.

Se ha de considerar que en la búsqueda para enriquecer la discusión sobre las remesas familiares y sus efectos al interior de las regiones, no puede dejarse a un lado estudiar el comportamiento de la migración en el territorio donde se hace el análisis, puesto que las remesas son consecuencia de ese fenómeno, motivo por el cual a continuación se hace un análisis sobre el comportamiento de la emigración a nivel nacional.


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