Tesis doctorales de Economía


MICHEL FOUCAULT Y LA VISOESPACIALIDAD, ANÁLISIS Y DERIVACIONES

Rodrigo Hugo Amuchástegui




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Tirado y Mora y el espacio contra la historia

Francisco Javier Tirado, profesor titular de psicología social en universidades de Barcelona y Catalunya, y Martín Mora del Departamento de Estudios Socio-Urbanos de la Universidad de Guadalajara y profesor en las universidades anteriores presentan en su trabajo “El espacio y el poder: Michel Foucault y la crítica de la historia” (2003) una perspectiva de análisis que también quiere dar una visión integral del problema del espacio en Foucault. En una consideración introductoria, es el rechazo al predominio del análisis temporal y la particularización del espacio, lo que surge como punto de partida de su presentación. Citando enunciados de Michel Serres, se introduce la crítica a la historia como discurso global y globalizante en tanto ésta, más allá de las múltiples historias que puedan producirse, es omniabarcadora. “La historia no tiene zonas oscuras, carece de agujeros negros en los que su lógica y su posibilidad se disloquen. Todo es una posible historia” (2002: 12), aunque esto es relativamente nuevo. Ni siquiera la tradicional oposición naturaleza-historia puede seguir sosteniéndose, pues hoy puede hablarse de una “historia de la naturaleza”, incluida en una teoría de la evolución como en cualquier consideración estricta de la importancia del tiempo en fenómenos físicos, biológicos o sociales, plantean los autores. Por el contrario, hay una valoración del espacio desde la geografía y desde teóricos como Harvey, Soja o Gregory, pero es justamente Foucault el que adelanta esta posición de reconocimiento de que el espacio ha sido desvalorizado frente al tiempo, y debe ser recuperado en sus implicancias políticas y sociales.

A diferencia de Boullant y el mencionado giro que supone “Des espaces autres”, este autor acepta claramente que la problemática espacial estaba explícita en Historia de la locura, aunque incluye otros textos que tienen escaso lugar en nuestro análisis de la visoespacialidad como ser La arqueología del saber y Las palabras y las cosas donde “las epistemes descritas … obedecen a formas geométricas” (2002: 13). Vigilar y castigar es obviamente incluido como un texto clave en esta cuestión. Es decir, queda claro que el tema espacial no es un tema secundario en la obra de nuestro filósofo, lo que se sintetiza en la afirmación: “Michel Foucault miró de cara al espacio y le confirió vida” (2002: 14).

Si bien nosotros hemos nos referido al concepto de ‘dispersión’ para dar cuenta de la multiplicidad con que aparece la problemática –que en nuestra terminología está ampliada a lo que llamamos visoespacialidad’– los autores hablan de una ‘polifonía’ en relación con la cuestión espacial o más específicamente en los diversos encuentros que tuvo Foucault con ‘objetos espacializados’ (2002: 14). Permítasenos citar la tesis completa de los autores, por su valor sintético:

“La pretensión de este artículo es mostrar que la cuestión del espacio es en Michel Foucault algo más que el juego recurrente, quizás ingenioso y novedoso, de un piélago de metáforas para entender el cuerpo, el desarrollo del conocimiento, el ejercicio del poder o el futuro de nuestra sociedad. Argumentaremos que es una pieza fundamental para el dispositivo poder-saber que lo ha convertido en referencia inmediata en los análisis sociales del poder, y dimensión clave para esbozar una manera de pensar que soslaye la tiranía de lo histórico” (2002: 15)

El orden de lo visible y de lo decible, o sea visibilidades y enunciados, son para Foucault heterogéneos –“hablar no es ver y ver no es hablar. Lo que se ve no se ajusta nunca a lo que se dice, ni se dice nunca lo que se ve” (2002: 18). Estos dos órdenes que en si mismos son, podríamos decir empleando una conceptualización matemática, conjuntos disjuntos, se encuentran articulados por el poder, o más foucaultianamente por la relación poder-saber. Con esta idea, e incorporando a Baudrillard (Olvidar a Foucault de 1978), se caracteriza al poder en tanto productivo como la capacidad de exhibir, de hacer ver, de operar “liberando las cosas en el terreno de la visión” (2002: 19). Y en ese sentido introducen los autores lo que nosotros llamamos la visoespacialidad –como indicamos en la introducción– al afirmar: “La exhibición de las cosas es simultáneamente creación de un espacio, de un plano que espacializa el pensamiento y, en especial, el orden de las cosas” (2002: 19). Si poder, espacio y mirada entonces están articulados, si el poder opera a través del espacio y el espacio es también posibilidad de la mirada es porque estamos en la dimensión de las realidades. Es decir, no estamos en una dimensión de análisis puramente teórico sino de localizaciones particulares, específicas: “Los espacios son siempre e inevitablemente particulares” (2002: 20) y en esta particularización contraponen el panóptico a la colonia Mettray de Vigilar y castigar, París y su hospital general y la dimensión campestre del establecimiento cuáquero de York en La historia de la locura: “La geografía urbana de la primera ciudad, y la rural de la segunda, son algo más que elementos incidentales en las respuesta institucional que recibe la locura en el primer centro, y el surgimiento de un régimen terapéutico especializado en el segundo” (2002: 21). Por otra parte, Las palabras y las cosas es para los autores un ejemplo claro de un aspecto diferente de la espacialización: la espacialización del saber. Allí, Foucault “analizó objetos que en sí mismos habían sido espacializados” (2002: 21). Es decir, la clasificación de los objetos fue posible por una espacialización de los mismos, entendido esto como la espacialización propia del hacer visible, por ejemplo a las plantas y sus características formales y no incluyendo por ejemplo otras características no espaciales, como las propiedades medicinales (2002: 21).

Volviendo a Vigilar y castigar, corresponde destacar la contraposición que hacen los autores entre el Panóptico y Mettray. Subyacente a la misma está el rechazó a las posiciones que reducen el panoptismo al Panóptico. Siguiendo a Foucault, se ubica el nacimiento del sistema carcelario europeo el 22 de enero de 1840 con la inauguración de la colonia penitenciaria para jóvenes delincuentes de Mettray. Pero este conjunto edilicio no responde a la arquitectura del Panóptico, aunque “es tan o más importante que el panóptico de Bentham en la comprensión del advenimiento de la sociedad carcelaria” (2002: 24). No hay muros, no hay celdas allí, ni torre central. Un diseño espacial de casas separadas, con sus propios talleres, comedores, aulas y dormitorios que imposibilitan “una inspección visual continua”. Pero, sin embargo, tendrá existencia concreta y será suficientemente imitada, a diferencia de la inexistencia del edificio pensado por Bentham (2002: 25). Su mecanismo de control disciplinario era equivalente al del edificio del filósofo inglés. No por tanto un edificio panóptico, si un exponente del panoptismo social, de este sistema de control y domesticación que cobra relevancia en el siglo XIX y que, por lo tanto, permite unificar en un proyecto común arquitecturas disímiles.

De todos modos no basta con la arquitectura para esta tarea de domesticación. “La política como arte del gobierno de los hombres interroga y requiere un conocimiento sobre urbanismo, higiene, planificación. Requiere, en última instancia, una reflexión sobre los espacios” (2002: 28).

En Historia de la locura se destaca que la línea que separa razón y sinrazón no es una línea abstracta, sino literal. Hay espacios específicos –los manicomios- que la exponen materializada. En el Nacimiento de la clínica las clasificaciones también se basan en evidencias visuales: “Las evidencias visuales son clasificadores de enfermedades, ‘productoras de las taxonomías médicas, y anunciadoras de un nuevo tipo de medicina” (2002: 30). Aunque nosotros no lo hemos incluido, estos autores encuentran que en La historia de la sexualidad I hay líneas espaciales demarcatorias estrictas en la medida en que “el cuerpo será el recipiente último de las relaciones de fuerza y poder” (2002: 30).

Volviendo a la idea general del trabajo, se destaca la crítica que hace Foucault a la ‘historia total’ , que, en palabras de los autores, muestra que “la historia total opera colocando un corazón central en el mundo social… Desde ese centro, un sistema homogéneo de relaciones, un flujo laminar, se extiende para envolver y gobernar todas las cosas” (2002: 31) estableciendo en un área espacio-temporal relaciones homogéneas, causalidades, formas comunes, transformaciones simultáneas. Se construyen grandes unidades espaciales como los continentes y los países. Ello es así en tanto el tiempo o más específicamente el devenir aparece como principio de inteligibilidad. Pero esto se hace en detrimento de las categorías espacio-geográficas particulares, localizadas, específicas. No se trata tanto, sin embargo, de rechazar lo total/global sino de recuperar lo específico, el fragmento geográfico. “El espacio, el lugar, la geografía, son para él los indicadores de tal fragmentación, y la herramienta para abordarla” (2002: 32)

Esta fragmentación es una indicación ontológica, la realidad –principalmente espacial– como fragmentada aparece como aquello de lo cual se debe dar cuenta. Es en la literatura que aparece esta idea, y se cita –ahora sí coincidiendo con Boullant, aunque también con Jay – el “Le langage de l’espace” (1964b), en tanto Foucault encuentra en la obra de Raymond Roussel el ejemplo del “tránsito de una ontología [clásica] que privilegia el tiempo como mecanismo de inteligibilidad, a una que destaca el espacio” (2002: 33) pues este autor elimina el tiempo en su relato “mediante el uso de un espacio circular, de una descripción que se origina y acaba en el mismo punto, en el mismo nimio detalle”. Las ideas de origen, que son criticadas en el texto sobre Nietzsche (1971b) encuentra en ese texto anterior un antecedente: “Roussel se rebela contra la idea de origen y destino” (2002: 33).

Y, por último, es ese rechazo a una historia que unifica en una continuidad lo que presenta el predominio del espacio. Pero es un espacio no ingenuo, sino el articulador de las relaciones de poder y saber, el que expone Foucault en sus trabajos: “la cartografía que busca reseñar e imponer las relaciones entre las cosas es en sí misma y remite siempre, ineludiblemente, al poder y al saber… Continuamente el intento de trazar la historia de los poderes-saberes remite a la escritura de espacios”.

Desde nuestra perspectiva crítica, coincidimos con los autores en la recuperación de textos bastante anteriores como específicos de la problemática espacial, aunque la reflexión sobre lo visual tiene una dimensión muy ajustada, siendo muy pocas las referencias al Nacimiento de la clínica, lo cual implicaría una explicación justamente por el escaso énfasis en la cuestión. Nuestro análisis, como ya se ha visto, incluye a dicho texto como momento previo a la síntesis visoespacial que es el texto que tematiza el panoptismo. Sin embargo, el énfasis en la contraposición historia-temporalidad y espacio nos parece necesario, aunque también limitado en el tipo de exposición que se presentó.


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