Tesis doctorales de Economía


MICHEL FOUCAULT Y LA VISOESPACIALIDAD, ANÁLISIS Y DERIVACIONES

Rodrigo Hugo Amuchástegui




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Stuart Elden y la espacialidad

Stuart Elden encuentra también en su Mapping the present (2001) que la cuestión del espacio es constitutiva en Foucault, y en su enfoque liga dicha dimensión a Heidegger. La vinculación de Foucault con la obra heideggeriana en forma explícita es bastante escasa, si consideramos obviamente sus textos, aunque Foucault sugiere que “todo su desarrollo filosófico fue determinado por Heidegger” (Elden 2001: 1) e incluso su acceso a Nietzsche se debió a dicho filósofo y su Nietzsche (1961 [2000]). Por cierto que, si bien Heidegger entonces no aparece continuamente citado, puede deberse –como cita Elden– a la posibilidad de que éste pertenezca a ese pequeño número de autores “con los que se piensa, con los que se trabaja, pero sobre los cuales no se escribe” (1984c: 703).

La reinterpretación de Foucault, en esta vía heideggeriana, que acentúa el rol del espacio, busca diferenciarse de otras interpretaciones de este aspecto, por caso la de Soja y su oposición al tiempo –reconozcamos que alimentada también en citas de Foucault, como ya vimos– y a favor del espacio geográfico. Así,

“nosotros necesitamos tanto historizar el espacio como espacializar la historia. En otras palabras, más que proporcionar únicamente un análisis de cómo el significado y el uso de la palabra ‘espacio’ ha cambiado durante el tiempo –sin duda un análisis útil– necesitamos reconocer cómo el espacio, el lugar y la locación son factores cruciales determinantes de cualquier estudio histórico. Éste es el proyecto de una historia espacializada (spatial history)”. (Elden 2001: 3)

En Foucault no hay una tematización del espacio. Éste está imbricado en su propia obra. Sin embargo, Elden destaca que las traducciones inglesas no han sido completas y por tanto dicho sustrato espacial no ha aparecido como relevante para los países de habla inglesa (2001: 3).

Los puntos de influencia heideggeriana, que Elden quiere hacer evidentes, son: “la orientación de la historia hacia el presente, la relación entre poder y conocimiento, las cuestiones de la tecnología y el dispositivo” (2001: 4) y la ya mencionada mediación por Nietzsche. En particular, y en relación con el título de su libro, la ontología histórica heideggeriana es repensada por Foucault como historia del presente, o más específicamente: “Aquí, con el énfasis en la importancia del espacio, ésta [la historia del presente] es vuelta a describir como “cartografía del presente” (mapping of the present). Tal cartografía del presente es la historia espacializada, más que una historia del espacio” (2001: 6).

La propuesta del autor es releer los textos de la Historia de la locura y de Vigilar y castigar desde esta perspectiva espacial, tarea que nosotros ya encaramos en la primera parte de este trabajo, pero destacando la importancia de lo que llamamos “visoespacialidad”, más que de lo exclusivamente espacial, como quiere hacer Elden. Igualmente, compartimos las premisas de esta investigación, pues:

“En ambas historias nosotros vemos la relación entre conceptualizaciones del espacio y sus aplicaciones prácticas; cómo el espacio y el tiempo operan juntos dentro de un estudio histórico; el modo en que las comprensiones del espacio han cambiado en el tiempo; y cómo el espacio es fundamental en cualquier ejercicio del poder. El espacio es intrínsecamente político; la política es intrínsecamente espacial”. (2001: 6)

De todos modos, adelantamos ya que la interpretación de Elden de Foucault y Heidegger excede en varios momentos lo que responde a lo propiamente espacial, realizando críticas a otros textos de las obras de ambos autores.

En lo que sigue, nosotros destacaremos los lineamientos generales de su libro, pero intentando mostrar lo que tiene no solo de novedad, en tanto tesis general vinculada a la cuestión espacial, sino también aquellos aspectos en que Elden se haya detenido, y que no estén incluidos en los capítulos de nuestro trabajo, tanto en referencia a nuestra propia lectura, como a la de los diferentes autores que venimos presentando.

De los cinco capítulos del libro, los tres primeros están centrados en Heidegger, los dos últimos en Foucault. El capítulo cuarto diferencia entre una “Historia del límite” y una “Cartografía del presente”.

Elden encuentra que hay un constante interés en Foucault en los límites, tanto en una dimensión real como imaginaria, pero pensada principalmente como “límite de la experiencia”. Y así nombra “a la transgresión, al cruce de fronteras, al trazado de mapas de lugares ignorados, al camino entre lo conocido y lo desconocido” (2001: 93). Es decir, no se está refiriendo a una categoría únicamente propia del espacio físico. Su uso más difundido en la obra Foucault aparece en relación con la idea de transgresión. Estrictamente, la referencia al límite de la experiencia está en la experiencia límite, como se presenta a partir de Nietzsche, pero también de Bataille, Blanchot, etc. y especialmente en el ámbito literario. Hay textos literarios que sirven como clave temporal para la puesta en el tapete de los límites, así aparece la figura de Don Quijote como límite entre el Renacimiento y la época Clásica, o el marqués de Sade (2001: 97). “El límite y la transgresión se deben el uno a la otra la densidad de su ser”, dirá Foucault (1963c: 237).

Gracias a este concepto de “límite”, introduce Elden la cuestión del lenguaje espacializado que emplea frecuentemente Foucault, en especial en su período llamado “arqueológico”. Pero no se trata simplemente del empleo de metáforas espaciales, sino que entiende que hay un modo de pensar foucaultiano que se traduce también en la forma de las periodizaciones que emplea, sin sujetarse a la teleología de la historia. Es decir, “concibiendo períodos históricos o épocas como áreas limitadas, él es capaz de investigar sus límites o umbrales, y trazar el potencial de transgresión o salida (egress)” (2001: 94).

Pero, y como ya sabemos, más allá de esta conceptualización espacializante, Foucault desarrolló ampliamente las historias de los espacios: “Sus historias no fueron simplemente espaciales por el lenguaje que ellas usaron, o por las metáforas del conocimiento que ellas desarrollaron, sino que fueron historias de espacios, que prestaban atención a los espacios de la historia” (2001: 102).

En esta primera parte, los vínculos que Elden establece entre Heidegger y Foucault o, mejor dicho, los elementos heideggerianos que encuentra en el filósofo francés son variados y no se refieren estrictamente a la cuestión espacial. Una enumeración sintética es la siguiente:

1. Apoyándose en la introducción que se hace a la La arqueología del saber en la edición inglesa, Elden encuentra que la diferencia que allí Foucault establece entre connaissance y savoir puede ser puesta en paralelo con la diferencia entre conocimiento óntico y conocimiento ontológico propia de Ser y tiempo (1927). Así,

“por connaissance yo significo a la relación del sujeto con el objeto y a las reglas formales que lo gobiernan. Savoir se refiere a las condiciones que son necesarias en un período particular para que éste o aquél tipo de objeto sea dado al connaissance y para que se formule ésta o aquella enunciación”. (2001: 99)

El paralelismo reside en que en Ser y tiempo la cuestión del ser se refiere también a las condiciones de posibilidad para que existan los enunciados científicos específicos que formarían el conocimiento óntico. O, en palabras de Heidegger:

“La pregunta que interroga por el ser apunta, por ende, no sólo a una condición apriorística de posibilidad de las ciencias que escudriñan los entes en cuanto tales o cuales entes, moviéndose en cada caso ya en cierta comprensión del ser, sino a la condición de posibilidad de las ontologías mismas que son anteriores a las ciencias ónticas y las fundan”. (1927 [1974: 21])

El paralelismo se amplía si se tiene en cuenta que la lectura que Heidegger hace de la Crítica de la razón pura kantiana, situándola como ontología, es equivalente para Elden a La arqueología del saber foucaultiana, que considera “una teoría del conocimiento ontológico (savoir) más que del conocimiento óntico (connaissance)” (2001: 99).

2. El antihumanismo foucaultiano basado en su concepción de que “el hombre es una invención cuya fecha reciente muestra con toda facilidad la arqueología de nuestro pensamiento, y quizá también su próximo fin” (1966 [1984: 375]) es el resultado, dice Elden, de su lectura de la “Carta sobre el Humanismo” de Heidegger (1947), quien entiende que todos los humanismos tradicionales son metafísica, es decir, expresiones del olvido del ser.

3. La concepción del cuerpo como superficie de inscripción de los sucesos, que recorre buena parte de la obra de Foucault, es asociada por Elden con Heidegger en la medida en que abandona “la simple ecuación del cuerpo con un ‘Yo’, un ‘ego’ o un sí mismo” (2001: 104).

4. La concepción perspectivística foucaultiana de la historia se deriva de Nietzsche, y se expone explícitamente en su artículo “Nietzsche, la Genealogía, la Historia” (1971b) y en la primera conferencia de La verdad y las formas jurídicas (1973b), y de Heidegger, quien dice: “Nietzsche piensa tácitamente como sigue: ‘todo pensamiento en categorías, todo pensamiento naciente en esquemas, esto es, de acuerdo a reglas, es perspectivista’” (citado en Elden 2001: 59). Dice además Heidegger: “Cada época histórica es no solo grande en un modo distintivo en contraste con otras; también tiene, en cada instancia, su propio concepto de grandeza” (citado en Elden 2001: 61). No se trata de que no exista la verdad, sino de que hay muchas verdades, lo que llama Elden, “realismo plural”. Esta idea “se encuentra claramente en los trabajos del último Heidegger, y antes de él, en Nietzsche. En varios de sus trabajos Foucault hace suyas estas ideas” (Elden 2001: 61).

5. Elden desarrolla la cuestión de la techné y el dispositivo como nexo entre Heidegger y Foucault. En Foucault, los conceptos “técnica” y “tecnología” aparecen en relación con el concepto de “práctica”:

“Las prácticas se definen por la regularidad y la racionalidad que acompañan los modos de hacer ... Los términos “técnica” y “tecnología” agregan a la idea de práctica los conceptos de estrategia y táctica. (Es decir), estudiar las prácticas como técnicas o tecnología consiste en situarlas en un campo que se define por la relación entre medios (tácticas) y fines (estrategias) ... Así se hablará de tecnología política del cuerpo en relación al objetivo de obtener cuerpos dóciles y productivos, tecnología de gobierno, tecnología política de los individuos y tecnología reguladora de la vida, para hablar de las tecnologías del poder”. (Castro 2004: 336)

Considerando lo anterior, Elden tiene una concepción más acotada de la técnica en Foucault, que “entiende techne como una ‘práctica’, como un saber-hacer” (2001: 109) y relaciona esa concepción con Heidegger. No podemos aquí dar todos los matices de la concepción heideggeriana (2001: 75-81), pero nos basta presentar la cita de Heidegger que refiere Elden: “τέχνη es el nombre no solo para las actividades y destrezas del artesano sino también para las artes de la mente y las bellas artes ... la palabra τέχνη está ligada a la palabra επιστήμη. Ambas palabras son términos para conocer en su sentido más amplio” (citado en 2001: 109).

Por otra parte, al concepto de dispositivo foucaultiano lo encuentra Elden relacionable con el concepto Gestell heideggeriano:

“Dados los vínculos entre la concepción de Foucault y Heidegger de la tecnología y los papeles otorgados al dispositif y Ge-stell parece que Foucault está apostando por el término de Heidegger. Sin embargo, mientras que Heidegger ve la Ge-stell como surgiendo solo en un momento histórico particular, a través de la concepción del ser como calculable, para Foucault, como la noción de episteme que reemplaza, hay muchos dispositifs”. (2001: 111)

6. Tanto Foucault como Heidegger sostienen que ha habido una comprensión del espacio iniciada con Descartes (Heidegger) o Galileo (Foucault) que lo considera como extensión, pero que ahora es posible entenderlo de otro modo. Heidegger, nos informa Elden, se interesa en el espacio en “términos de experiencia vivida, proximidad o alejamiento, sitio y situación. En los trabajos de Foucault tal comprensión se encuentra en su texto más explícitamente heideggeriano, la introducción a Binswanger Sueño y existencia” (2001: 117).

7. Con respecto a la Cartografía del presente, título que da el nombre al libro, Elden la hace a través de la mediación de Heidegger, en la medida en que éste hace también una crítica del presente.

El pensamiento espacializado de Foucault se mostraría en esta preocupación por la actualidad, que toma la forma de una cartografía, o mapping o repérage del presente (2001: 114). Elden, por lo tanto, se detiene en esta palabra “cartografía”, que nosotros empleamos para traducir mapping y que es la traducción de repérage. Foucault emplea dicha palabra en El nacimiento de la clínica y en La arqueología del saber. Y es justamente a través de ella que introduce Elden el ámbito de lo militar, pues “en los primeros estudios de Foucault, éste es el principal término militar usado y, por lo tanto, prefigura sus posteriores cambios metafóricos –proveyendo otro hilo de continuidad en su recorrido” (2001: 115).

Elden observa que los mapas son herramientas no solo para la descripción de un terreno o territorio, sino para ser usados allí como forma de orientación. Con ello quiere significar que si Foucault es un constructor de “mapas” no lo hace con intención simplemente descriptiva, sino de orientar la historia “hacia el servicio del presente” (2001: 115). Foucault mismo se describe como cartógrafo como ya mencionamos (1975c: 725) y sus cartografías

“están lejos de ser totalizadoras, quizás sean mejor consideradas como esbozos de mapas (sketchmaps), aproximaciones hacia, postes indicadores. Ellas destacan características claves, diseñan contornos y proveen una orientación. Lejos de ser bidimensionales, estos mapas trabajan con el espacio y el tiempo, pero no son cartesianos en su abstracción; más bien, ellos operan en el nivel de la acción cotidiana”. (2001: 115)

Por último, y antes de pasar a sus análisis específicos de la Historia de la locura y de Vigilar y castigar, nos interesa destacar la valoración que hace Elden de las ideas de Foucault con respecto a la arquitectura.

En sus análisis arquitectónicos, Foucault

“examina sus formulaciones teoréticas, sus aplicaciones prácticas y las relaciones de poder involucradas. La arquitectura es entendida como una techne, y forma parte de un dispositif ... Si la luz que guía las investigaciones históricas de Foucault es, siguiendo a Nietzsche, el rol del poder, haríamos bien en tener en mente lo siguiente: ‘El espacio es fundamental en cualquier forma de vida comunal; el espacio es fundamental en cualquier ejercicio del poder’ (1982a: 282)”. (Elden 2001: 119)

Basándose en la mencionada frase, Elden relee Historia de la locura y Vigilar y castigar. Con respecto al primero, interesa destacar que el texto inglés está titulado Madness and Civilization. A History of Insanity in the Age of Reason y es la traducción de una versión francesa reducida. Elden nos informa que abarca solo el 45% del texto original, lo que nos permite conocer los límites de la lectura inglesa, especialmente en este tema espacial, como quiere hacer notar. Vigilar y castigar, por su parte, es enfocado desde una perspectiva amplia, de forma de no reducir el libro a su capítulo más conocido, el Panóptico “para mostrar que el énfasis en la prisión, y particularmente en el Panóptico, es engañoso, particularmente en la cuestión de cómo el espacio es usado como mecanismo de poder” (2001: 120).

Con respecto al enfoque que hace de la Historia de la locura, Elden realiza una lectura minuciosa que no quiere reducir el libro a los aspectos que son más característicos: “el insano medieval comiendo en los botes, el monolito carcelar del Gran Encierro; la sin razón tratada como animalidad; la falsa emancipación del tratamiento moral” (2001: 121). En su intento de mostrar los datos para construir una historia espacializada recupera elementos que nosotros ya presentamos en nuestro primer capítulo “La Historia de la locura y las formas espaciales” y, por lo tanto, solo señalaremos aquí aquellos aspectos que tengan una característica diferencial con respecto a lo ya dicho.

Así, en la locura medieval, destaca el rol que tienen las enfermedades venéreas como nexo entre los leprosos y los locos, en tanto “es solo con ellos que se establece la idea de exclusión moral. Como los leprosos, ellos son socialmente excluidos, a diferencia de ellos, no tienen integración espiritual” (2001: 122). No está de más observar que este rol aparece como novedoso para Elden, desde que la traducción inglesa no los había incluido. Pero también cita una crítica histórica que se le hace a la importancia que le da Foucault al vínculo entre los lazaretos y los manicomios. H. C. Erik Midelfort “sugiere que los hospitales medievales y los monasterios eran precursores más importantes” y que, más que estrictamente el rechazo que Foucault destaca, había una consideración más matizada que “mezclaba ‘el temor y la piedad’” (2001: 122). Pero Elden observa que los matices ya estaban en Foucault y no se trataba de simple exclusión. Con respecto a la “Barca de los locos”, el ya mencionado cuadro de El Bosco, se reconoce en Foucault cierta ambigüedad con respecto a la definición de la existencia real o imaginaria de dicha nave y el acento dado al carácter errático de la situación del loco, por su continuo desplazamiento. Elden, en particular, se centra en la palabra errante correspondiente a “les fous alors avaient une existence facilement errante” (Foucault 1964: 22). “Errant, como la palabra inglesa, tiene tanto el sentido de vagabundo como de irregularidad, así como la connotación más directa del que se desvía de la senda de la razón” (Elden 2001: 123).

Cuando pasa al contexto moderno, Elden acentúa el rol de Descartes en relación con la locura, como aparece en la primera de sus meditaciones. Allí, recordemos, después de plantear la ausencia de certeza en relación al conocimiento provisto por la sensación y la percepción visual, Descartes pone en cuestión la percepción de sí mismo. Y analiza la posibilidad de estar loco como posible refutación, pero ella es rápidamente descartada pues no es estrictamente una posibilidad propia del hombre razonable (Descartes 1980: 217). Sí, lo será, como sabemos, la posibilidad de estar soñando:

“Veo tan manifiestamente que no existen indicios concluyentes ni señales lo bastante ciertas por medio de las cuales pueda distinguir con nitidez la vigilia del sueño, que me siento realmente asombrado; y mi asombro es tal que casi llega a convencerme de que duermo”. (1980: 218)

Elden encuentra, siguiendo a Foucault, que el rechazo de Descartes a esta posibilidad puede ponerse en paralelo con las prácticas de la época de exclusión del loco:

“Este rechazo puede ser visto como legitimando las ‘prácticas de división’ que se ponen en juego en la misma época del texto de Descartes. Las Meditaciones fueron publicadas en 1641, y Foucault ve la creación del Hôpital Général en 1656 como desarrollo clave de la exclusión del loco de la sociedad”. (2001: 125)

Es decir, hay una percepción generalizada en la época hacia la separación de la locura. Elden observa que los argumentos de justificación de la sociedad disciplinaria que se presentarán en Vigilar y castigar están claramente anticipados aquí con la apertura del Hôpital Général. En éste, “‘el internamiento juega no solo el rol negativo de la exclusión, sino también el rol positivo de la organización’. Era un ‘mecanismo social’ para el control de la ciudad, para el establecimiento de un mundo homogéneo” (2001: 126).

Entre los elementos que rescata como exponentes de una preocupación espacial en Foucault está la obsesión de la época por las clasificaciones:

“Foucault sugiere que la gran preocupación de los clasificadores del siglo XVIII fue transformar los desórdenes de la enfermedad en algo semejante al orden de las plantas. La organización de la botánica podría ser usada para clasificar patologías” (2001: 127).

Este paralelismo entre estructuras sociales y cognoscitivas además anticipa el tema que aparecerá en Las palabras y las cosas y, como ya indicamos, será retomado en Vigilar y castigar.

Con respecto al tema del encierro moral, desarrolla el establecimiento El Retiro (o El Refugio, The Retreat) fundado por el padre (William) de Samuel Tuke. Samuel Tuke describe las características y principalmente los métodos de dicha institución, en Practical Hints on the Construction and Economy of Pauper Lunatic Asylums. Elden da cuenta justamente de este ejemplo concreto de la relación espacio y poder, en la medida en que fue y es un espacio de transformación –por sus principios– de los individuos allí localizados. Nos referimos a este desarrollo con mayor extensión, dado que Foucault, aunque se refiere ampliamente a Tuke, no se centra en este aspecto del texto:

“Tuke sugiere cuatro objetivos para el diseño arquitectónico: la separación de los pacientes masculinos de los femeninos; la separación de los pacientes por el estado de sus mentes; un diseño que permita la vigilancia fácil y constante; un diseño que permita a los pacientes un cambio voluntario de lugar y escenario, compatible con la seguridad”. (Elden 130)

Elden se refiere a Erving Goffman como un autor que justamente observó la relación que existe entre el espacio en los lugares de encierro y el poder, en su trabajo sobre los asilos, Asylums (1987). En estas instituciones,

“su carácter abarcador o total está simbolizado por el impedimento para la comunicación social con el exterior y para salir, que es generalmente construido justamente en la planta física, tales como puertas cerradas con llave, paredes elevadas, alambre con púas, precipicios, aguas, selvas o páramos”. (Goffman, citado en Elden 2001: 131)

Si bien Tuke quería eliminar y efectivamente retiró las barreras físicas internas, diferenciándose de otras instituciones psiquiátricas, a fin de dar una sensación de libertad,

“las habitaciones fueron construidas de forma que la aparente autonomía de los pacientes fuese mayor que la real –manijas falsas en algunas puertas, con algunos espacios prohibidos; se minimizaron los aspectos de custodia, tales como el amortiguamiento de cerrojos, y el uso de marcos de hierro con yeso (cast iron frames) alrededor de las ventanas para sacar la necesidad de barrotes”. (Elden 2001: 131)

A la aparente benevolencia de la intención institucional de esta ‘arquitectura de la compasión’ se le oponía, en la perspectiva foucaultiana, un “sistema de auto control, con la potencial amenaza de culpabilidad” (2001: 131). El acento aquí está puesto en el peso de la mirada vigilante.

Con respecto a Pinel, se recupera también su carácter clasificador de los internados, como un intento de “imponer sistema y orden sobre las variaciones de los fenómenos vitales, pero también tiene paralelos con las situaciones físicas de los pacientes, con diferentes enfermedades ubicadas en diferentes locaciones” (2001: 132).

Por último, con referencia a este libro, Elden retoma la dimensión espacial de los textos de Foucault sintetizando:

“La historia de la locura busca el modo en que el espacio ha sido usado en relación con el loco, trazando los modelos de exclusión, ordenamiento, moralización y confinamiento que fueron aplicados en su situación, modificando su percepción. Foucault muestra una conciencia del modo en que las concepciones del espacio –teóricas, médicas, morales y filosóficas– generalmente se relacionan al ejercicio del poder sobre el loco”. (2001: 133)

En su relectura de Vigilar y castigar, Elden dice que, así como Historia de la locura ha sido reducida a algunos de sus elementos, como ya se dijo, lo mismo ha ocurrido con este libro, reduciéndolo a “la tortura de Damiens, la Casa de jóvenes prisioneros, el Panóptico y el Archipiélago Carcelar” (2001: 133), por el contrario, él quiere ampliar esa perspectiva, que sería la que Foucault inició desde Historia de la locura, de vigilancia de la sociedad. En este sentido es que se refiere ampliamente al origen y función de la institución policía y el amplio campo que ella cubre, que no se limita a la práctica contemporánea de “prevención y detección del crimen”, sino que se ocupa de un espectro mucho más extenso como ser actividades vinculadas con “la religión, moralidad, salud, aprovisionamiento, caminos, carreteras y construcción de ciudades, seguridad pública, artes liberales, negocios, fábricas, criados, operarios fabriles y pobres” (2001: 134). Este autor se basa para ello en los artículos “La politique de la santé au XVIII siècle” (1976b), “‘Omnes et singulatim’: vers une critique de la raison politique” (1981) y en “Espace, savoir et pouvoir” (1982a), y no en el desarrollo más amplio del tema como aparece en Sécurité, territoire, population (2004), pues sin duda no había sido publicado cuando escribe esta tesis sobre Foucault. Como nosotros trabajamos dicho texto en nuestro capítulo “Políticas espaciales del siglo XVII”, solo continuaremos puntualizando aquellos elementos diferentes a los que ya desarrollamos. Es claro entonces que no estamos siguiendo a Mapping the present en todas sus observaciones, pero reiteramos que el interés de Elden está en el espacio, y en este caso en la relación espacio y policía, que nos permite “comprender cómo los temas de la policía y el espacio entrelazados iluminan la concepción del poder de Foucault” (2001: 135).

Es propio del enfoque de este autor la afirmación de que el proyecto de Foucault, al describir el nacimiento de la prisión, está queriendo escribir “una historia ... del alma moderna” (Foucault 1975 [1976: 29]). Desde esta perspectiva, introduce un cambio importante en las lecturas tradicionales de Vigilar y castigar. En primer lugar, observa que el modelo de la sociedad disciplinaria no debiera detenerse en la prisión, sino en el ejército. En segundo lugar, que el relativizar el lugar de la prisión en el discurso foucaultiano, nos permite entender el interés por otras instituciones tales como “escuelas, monasterios, hospitales y fábricas. Estos también son instrumentos del nacimiento del alma moderna y de la vigilancia policíaca de la sociedad” (2001: 135). Un tercer elemento es el pasaje del cuerpo singular al cuerpo social. Este cambio, que en algunos casos es entendido como un momento diferente de la obra foucaultiana, porque aparecería allí la preocupación por la gubernamentalidad, lo encuentra Elden como totalmente imbricado en los intereses de Vigilar y castigar, es decir en el control de la población. Un cuarto elemento son “los lazos entre el hombre, las ciencias humanas y la noción de sujeto”. Por último, reitera entonces que el análisis del espacio en la sociedad disciplinaria para Foucault no descansa en el Panóptico, (2001: 135) y que éste es descrito principalmente a través de los ojos de Bentham:

“Es esta última cuestión con la que esta interpretación desea seriamente disentir. El Panóptico de Jeremy Bentham es considerado un pasaje sorprendente, y Foucault realmente ayudó en su redescubrimiento, pero le corresponden sólo pocas páginas del texto. Muchos lo han considerado no solo como el ejemplo más apropiado del nuevo método de control que conduce a la vigilancia (surveillance-led control), sino también como modelo para muchos de los otros”. (Elden 2001: 136)

Ya refiriéndose estrictamente a Vigilar y castigar, resalta el aspecto de espectáculo del suplicio y observa el rol que también allí tiene lo militar. Así, cita a Foucault: “Todo un aparato militar rodea al suplicio: jefes de la ronda, arqueros, exentos, soldados” (2001: 136). Con respecto al ‘alma’, retoma la inquietud de los reformadores que querían que los castigos no se ensañen con el cuerpo, sino que se dirijan al alma, y que busquen la utilidad. Y reitera –siguiendo obviamente a Foucault– la importancia de las clasificaciones, que muestran un pensamiento que necesita ordenar, organizar los castigos:

“Así como el jardín de las especies había mostrado un modelo para la comprensión del loco, éste podría también ser usado para una taxonomía de los crímenes: ‘se trata de constituir un Linneo de los crímenes y de las penas’ (Foucault 1975 [1976: 104])”. (Elden 2001: 136)

Se pregunta por qué los proyectos de los reformadores no prosperaron y por qué se pasó del suplicio a la forma carcelaria como modo de castigo. Y la respuesta debe considerar la problemática espacial, o sea, “¿cómo nos ayuda una historia espacializada para entender los cambios en las relaciones poder-cuerpo, especialmente en instituciones no penales?” (2001: 138).

Recordando lo ya dicho, destaca la importancia que tiene el modelo militar en el capítulo siguiente:

“El ejemplo de lo militar y el uso de metáforas militares es ciertamente clave al trabajo de Foucault. Su énfasis en estrategias, tácticas y batalla muestra esto ... Es notable que los dos primeros capítulos de la sección titulada ‘Disciplina’ dependan fuertemente del modelo militar y apenas mencionan la ley criminal”. (2001: 139)

En esta perspectiva, se observa el antecedente del campamento como modelo urbano para las viviendas obreras, pero también para hospitales, asilos, prisiones, escuelas. Si bien se refiere a la imagen de la medalla que conmemora la primera revisión de sus tropas por Luis XIV como un ejemplo de cómo los procedimientos de control del espacio fueron transferidos de un reino a otro, medalla que fue ampliamente presentada por nosotros, es interesante observar que también este texto, como Madness and Civilization, ha llegado al público de habla inglesa con importantes reducciones. En este caso señala que las 30 láminas presentes en el texto francés

“muestran un amplio rango de diagramas disciplinarios y escenas –hospitales, escuelas, colegios, zoológico, algunas del ejército y varias de prisiones. El texto inglés las reduce a simplemente diez, de las cuales una es de una escena militar, ninguna de hospitales o escuelas, y la mayoría son de prisiones”. (2001: 193, n. 45)

Esto explica en buena parte la observación de Elden de que es una interpretación acotada de la obra foucaultiana por parte de los críticos ingleses, lo que se entiende por este límite en el acceso a las fuentes originales, al menos hasta el 2001.

Dentro del proyecto general espacial de Foucault hay que incluir El nacimiento de la clínica. De éste, dice que el inicio de su primer capítulo es “un sumario sucinto de cómo sus historias son espacializadas y cómo el espacio es historizado” (2001: 141). Citamos el primer párrafo de dicho texto, que evidencia lo dicho:

“Para nuestros ojos ya gastados, el cuerpo humano define, por derecho de naturaleza, el espacio de origen y la repartición de la enfermedad: espacio cuyas líneas, cuyos volúmenes, superficies y caminos están fijados, según una geometría ahora familiar, por el Atlas anatómico. Este orden del cuerpo sólido y visible no es, sin embargo, más que una de las maneras para la medicina de espacializar la enfermedad. Ni la primera indudablemente, ni la más fundamental. Hay distribuciones del mal que son otras y más originarias”. (Foucault 1963 [1983: 1])

Foucault diferenciará tres niveles de espacialización de la enfermedad: primaria, secundaria y terciaria:

“Por el juego de la espacialización primaria, la medicina de las especies colocaba la enfermedad en una región de homologías en la cual el individuo no podía recibir estatuto positivo; en la espacialización secundaria, ésta exige en cambio una percepción aguda del individuo [de su organismo] ... Se llamará espacialización terciaria al conjunto de los gestos por los cuales la enfermedad, en una sociedad, está cercada, médicamente investida, aislada, repartida en regiones privilegiadas y cerradas, o distribuida a través de los medios de curación, preparados para ser favorables”. (Foucault 1963 [1983: 34])

Elden sintetiza estas dimensiones así: “Nosotros tenemos aquí el espacio de las clasificaciones imaginarias, el espacio de las realidades corporales y el espacio del orden social” (2001: 142).

Foucault reconocerá indirectamente la debilidad de El nacimiento de la clínica para el análisis del mencionado espacio social, la espacialización terciaria. Así se dice posteriormente en La arqueología del saber: “Es preciso describir también los ámbitos institucionales de los que el médico saca su discurso, y donde éste encuentra su origen legítimo y su punto de aplicación (sus objetos específicos y sus instrumentos de verificación)” (Foucault 1969 [1977: 84]).

La temática del hospital es recuperada por Elden, destacando el interés de Foucault por su dimensión social, que fue central al seminario “La historia de la institución y de la arquitectura hospitalaria en el siglo XVIII” dado en el College de France en el período 1973-1974, así como a tres conferencias pronunciadas en el Instituto de Medicina Social de Río de Janeiro en Octubre de 1974: “¿Crisis de la medicina o crisis de la antimedicina?”, “El nacimiento de la medicina social” (1977d) y “La incorporación del hospital en la tecnología moderna” (1978e). Estas investigaciones apuntaban a estudiar el crecimiento de la hospitalización y sus mecanismos en el siglo XVIII e inicios del XIX y proyectaba también estudiar el hábitat y lo que lo rodea: recolección de basura, medios de transporte, recursos públicos que permiten el funcionamiento de la vida cotidiana, particularmente en el entorno urbano (Foucault 1977d: 208). Dentro de los temas relacionados, está el de los cementerios, y el interés higiénico que busca evitar los contagios y los desplaza hacia el exterior de las ciudades, así como los mataderos, los movimientos del agua, del aire y de los residuos.

Si antes se había destacado el papel de la policía, ahora interesa indicar el de la medicina para el control del espacio urbano, la ciudad como espacio medicalizable. Y esta idea está sintetizada en la variante de la policía, que es la institución alemana Medizinischepolizei, la policía médica, que aparece en 1764 (1977d: 212). Ciudad y hospital se encuentran medicalizados, es decir,

“la nueva tecnología hospitalaria permite tanto que el individuo y la población se vuelvan objetos de conocimiento y de intervención médica. … La medicina del siglo XVIII, por su uso del espacio, es simultáneamente una medicina del individuo y de la población”. (1978e: 521)

Elden se interesa en el hospital y la medicalización social para justificar su propuesta de no reducir al Panóptico y lo carcelario el texto Vigilar y castigar. Más aún, cita como apoyo la afirmación de Foucault de que su interés por las prisiones derivó de su estudio de los dispositivos hospitalarios (Foucault 1977a).

El capítulo “el Panoptismo”, como vimos, parte de una ciudad asolada por la peste y los controles rigurosos que la afectan. Asimismo ya nos referimos al modelo de la lepra y la exclusión, o segregación y al de la peste, que da lugar a un espacio cuadriculado, vigilado estrictamente. Esto le sirve para retomar, basándose obviamente en Foucault, su afirmación del peso del modelo militar: “el modelo militar de la disciplina organizada reemplaza el modelo religioso de la exclusión” (1977d: 218), y destacar que esta oposición lepra-plaga es tan relevante como la que, al inicio de Vigilar y castigar, opone el suplicio a los horarios disciplinarios, aunque este paralelismo escasamente haya sido reconocido (2001: 146).

A partir de La voluntad de saber y con la clase del 17 de marzo de 1976 del curso “Il faut défendre la société” (Castro 2004: 43) comienza a plantearse en Foucault la referencia al biopoder y la biopolítica como problemática que comenzó a desarrollarse desde el siglo XVIII.

Elden considera entonces el doble aspecto del poder, como disciplina y biopoder para replantear el lugar que tiene el Panóptico en la obra foucaultiana. Éste es una forma arquitectónica, pero representa una forma de gobierno. No es por tanto el edificio proyectado por Bentham el punto de partida de una nueva forma de control, sino su forma condensada y, por lo tanto, no debiera tener la relevancia que ha tenido: “El Panóptico es un ejemplo excepcional ciertamente, de los usos del poder y el espacio, pero es la culminación de una variedad de tecnologías del poder más que de su inicio” (Elden 2001: 147).

Este autor acentúa la variedad de funciones del panóptico (y no simplemente la carcelar) para justificar por qué habla Foucault del panoptismo, e indica que la cárcel no es diferente de otras instituciones de secuestro, sino su expresión más acabada. Y nosotros podemos sintetizar estas distinciones diciendo que el Panóptico es invención de Bentham y el panoptismo una propuesta de Foucault para entender la sociedad.

Además, la ampliación del archipiélago carcelario individualizante hacia los controles de toda la población, como ‘cuerpos en plural’

“provee una defensa contra la acusación de críticos como Rorty y Taylor de que el proyecto de Foucault es ‘apolítico’, en tanto parece que concebir los cuerpos en masse es una práctica inherentemente política. En este período el gobierno trata no justamente con un territorio y los individuos o la ‘gente’ dentro, sino con ‘un problema económico y político’ –la población”. (Elden 2001: 147)

En la conclusión, reconoce la amplitud de los trabajos sobre el espacio que vienen desarrollándose, especialmente desde la perspectiva de la globalización, y que tienen, en muchos casos, a la ciudad de Los Angeles como ejemplo particular. Sin embargo, su argumentación apunta a considerar, no tanto al espacio como centro de las investigaciones, sino como herramienta conceptual del análisis, como forma de diferenciar “una historia espacializada y una historia del espacio”. Foucault aparece para él como un caso ejemplar de producción de historias espacializadas. Y esas historias espacializadas son profundamente políticas o, como él dice, “la política es inherentemente espacial”.

“Entender cómo es el espacio fundamental para el uso del poder y para la investigación histórica en el ejercicio del poder nos permite reconstruir el trabajo de Foucault no precisamente como una historia del presente sino como una cartografía del presente. Esta orientación del estudio histórico hacia el presente, más que hacia el pasado, es un tema que yo encuentro común a Nietzsche, Heidegger y Foucault”. (2001: 152)


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