Tesis doctorales de Economía


MICHEL FOUCAULT Y LA VISOESPACIALIDAD, ANÁLISIS Y DERIVACIONES

Rodrigo Hugo Amuchástegui




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Introducción. Acerca de la pertinencia del problema y de la noción “visoespacialidad”

Sin duda el edificio “Panóptico” de Bentham, en la interpretación de Foucault en Vigilar y castigar, ha sido referido tan ampliamente como clave de lectura de su pensamiento, que abre el interrogante sobre el alcance e interés que realmente tenía en él la cuestión de la arquitectura y la problemática del espacio.

Por otra parte, la famosa descripción de “Las Meninas” de Velázquez, en el inicio de Las palabras y las cosas, permite también preguntarse por el grado de atracción de nuestro autor por las imágenes y el orden visual.

Además, siendo dicha pintura también un objeto material, que representa y problematiza cuestiones espaciales, ¿puede plantearse a partir de ella algún tipo de interrelación entre un orden visual y otro espacial, presente en los textos foucaultianos?

Agreguemos otra pregunta, considerando esta vez la repetida referencia a la obra de Foucault como ‘caja de herramientas’: ¿permite ésta proyectar o continuar ese tipo de análisis espacial hacia otros casos o situaciones?

Nuestra respuesta es afirmativa a estas cuestiones, y por ello sostenemos que la obra de Foucault está recorrida por una dimensión visoespacial. La misma solo ha sido parcialmente reconocida y hace necesario poner en evidencia los diferentes enfoques que en dichos textos y desde ellos tiene dicha dimensión, a fin de constituirla en dato inevitable para todo aquél que quiera acercase a las páginas acotadas por el nombre “Michel Foucault”.

Corresponde ya hacer una aclaración terminológica. Proponemos el término “visoespacialidad” porque, por su amplitud significativa, nos permite unificar tanto las cuestiones espaciales como las propiamente visuales y, en particular, su interrelación. Reiteremos esta idea para su mayor claridad: se pueden hacer análisis propiamente espaciales en y a partir de los textos foucaultianos; éstos tendrán en cuenta cuestiones geográfico-territoriales-urbanísticas, edilicio-arquitectónicas, tanto externas así como de distribución espacial interna. Pero también hay un campo muy amplio de análisis y derivaciones centradas en la tematización de la mirada: es el caso de la pintura, la fotografía, el cine, la historieta. Por último, podemos incluir la interrelación de ambos aspectos y, en ese caso, la visoespacialidad propiamente dicha tendría sus objetos específicos: el Panóptico y el dispositivo catedralicio serían algunos ejemplos posibles. En síntesis, el término ‘visoespacialidad’ nos parece un neologismo necesario.

¿Puede decirse que estas cuestiones recorren toda la obra? Aunque con variados grados de focalización, entendemos que sí. Habrá autores que las encuentren solo en los textos de determinado período o en tal o cual acento, pero su autorización a publicar “Des espaces autres” en 1984, el mismo año de su muerte, no debería ser relativizada.

¿Cómo probar esta presencia? Un modo de hacerlo es lo que podemos llamar arbitrariamente “modo cuantitativo-cualitativo” (cuántas veces y en cuántos autores aparece esta problemática y cómo se la presenta), considerando a los escritos de Foucault como fuentes y, por lo tanto, organizando una búsqueda con metodología historiográfica (o detectivesca) que nos permita mostrar las evidencias del caso, en un paralelismo policial que encontramos en Collingwood (1946). Es decir, el momento heurístico de búsqueda de fuentes debe encontrar un volumen considerable de referencias al espacio, al orden visual o a su conjunción en la obra de Foucault como prueba, pero, al mismo tiempo –y de ahí el aspecto analítico de la primera parte, la interrogación dirigida a estos textos–, debiera poder mostrarse en el interior de esta obra algún tipo de hilo conductor, de nexos, de relaciones, de unificaciones, aunque sean parciales.

Digamos que en estas referencias –y manteniendo este modelo policial propuesto– Foucault se está autoincriminando, aunque ello no sea explícito, sino el resultado de nuestra particular selección y ordenamiento de los textos. Por otra parte, una prueba complementaria sería encontrar otros autores que reconociesen –aunque en forma limitada– esa dimensión visoespacial (o visual o espacial) interna a los propios textos. Testigos por la defensa, sometidos a nuestro interrogatorio, no nos interesará tanto si lo que ellos dicen está realmente en la obra de Foucault, como que eso es lo que ellos creen o –mejor dicho– creen poder demostrar.

¿Cuántas pruebas bibliográficas son necesarias, cuántos testimonios son suficientes? Para condenar a un acusado no se puede muchas veces, ni es necesario, incluir todos los delitos realizados, sea ello por desconocimiento o por ausencia de denuncias, que es una variante. En este caso, el autor de este trabajo actúa como juez y fiscal y considera que las pruebas que proporciona son suficientes para lo que quiere probar. Aunque no puede confiar absolutamente que su veredicto no sea apelado…

Nuestras pruebas, sin embargo, pueden ser ampliadas. Proponemos para ello una segunda cuestión, las “derivaciones” de la problemática visoespacial en Foucault. Probar esto supone que deben ser presentadas las justificaciones de la proyección (o influencia) de Foucault en distintos autores y disciplinas. Para ello hemos empleado una estrategia complementaria. Si bien, al igual que en el primer caso, hemos incluido, explicitado, desarrollado y eventualmente criticado a distintos autores que, a partir de la obra foucaultiana encuentran sus propios enfoques en la dimensión visoespacial, por otra parte, hemos necesitado desarrollar nuestras reinterpretación de distintas herramientas conceptuales que sirvan para justificar ese carácter de “derivación” de nuestras propuestas. En el capítulo siguiente las mismas son presentadas. ¿Son estas “derivaciones” fieles a Foucault, a su pensamiento o, mejor dicho, a sus textos?

Hacemos propio este texto de Bourdieu:

“Para ser verdaderamente fiel al espíritu de Foucault, ¿no sería necesario leer a Foucault como él mismo ha dicho que leía, y así solamente? Se ha recordado, en efecto, que Foucault había dicho que había leído tal o cual autor no para sacar de él saberes, sino para sacar reglas para construir su propio objeto. Es necesario distinguir entre los lectores, los comentadores –que leen para hablar después de lo que han leído–, y los que leen para hacer algo, para hacer avanzar el conocimiento, los auctores. ¿Cómo hacer una lectura de auctor, que quizá podrá ser infiel a la letra de Foucault, pero fiel al espíritu foucaultiano?”. (2000: 198)

En esta segunda parte, por consiguiente, intentamos hacer una lectura de auctor empleando la caja de herramientas foucaultiana, pero también alguna herramienta provista por otras cajas. Pero dejemos en claro lo siguiente: nuestro trabajo es de selección de textos y temáticas y de presentación de los mismos tanto en su análisis –con las limitaciones ya indicadas– como en sus derivaciones. Puede perfectamente sostenerse en una mirada perspectivística, pero no por ello menos objetiva, o por decirlo de otro modo, menos válida para dar cuenta de la dimensión visoespacial de la obra foucaultiana. Con Nietzsche, y siguiendo a Bourdieu, entonces, podemos también decir:

“Existe únicamente un ver perspectivista, únicamente un ‘conocer’ perspectivista, y cuanto mayor sea el número de afectos a los que permitamos decir su palabra sobre una cosa, cuanto mayor sea el número de ojos, de ojos distintos que sepamos emplear para ver una misma cosa, tanto más completo será nuestro ‘concepto’ de ella, tanto más completa será nuestra ‘objetividad’”. (Nietzsche 1887 [1972: 139])

¿Por qué es necesario este trabajo? Si bien, por ejemplo, Foucault nunca dedicó ningún libro al poder, sin embargo este tema es el lugar común de buena parte de las referencias a la obra foucaultiana. No vamos por supuesto a desconocer la extensión e importancia que dicha cuestión tiene en su obra pero, en forma equivalente, el hecho de que Foucault no se haya dedicado específicamente a la cuestión del espacio, no menoscaba su lugar central. Permítasenos hacer un cambio de palabras. Así, cambiemos “poder” por “espacio” en la cita siguiente donde se da cuenta de la “Situación del curso” de las lecciones de Hay que defender la sociedad. El párrafo así transformado presenta lo que nosotros entendemos como la importancia específica, en este caso, del espacio:

“Foucault nunca consagró libro alguno al espacio. Esbozó en varias oportunidades sus lineamientos esenciales; se explayó incansablemente; no escatimó advertencias y puestas a punto. Estudió más bien su funcionamiento, sus efectos, el ‘cómo’, en los numerosos análisis históricos que realizó sobre los asilos, la locura, la medicina, las prisiones, la sexualidad, la ‘policía’. La cuestión del espacio, por lo tanto, se despliega a lo largo de todos esos análisis, se confunde con ellos, les es inmanente y, por eso mismo, indisociable. Enriquecida bajo la presión de los acontecimientos y con el transcurso de su desarrollo interno, sería vano querer inscribir la problemática en una coherencia a cualquier precio, en una continuidad lineal y sin fallas. Antes bien, se trata, en cada oportunidad, de un movimiento de recuperación: Foucault, en un rumbo que le era característico, no dejó hasta el final de su vida de ‘releer, resituar y reinterpretar sus antiguos trabajos a la luz de los últimos, en una especie de reactualización incesante. Es por eso, sin duda, que siempre negó haber querido proponer una ‘teoría general’ del espacio, que no dejó de atribuírsele, en referencia, por ejemplo, al ‘panoptismo’. … ‘No tengo teoría general y tampoco un instrumento seguro’”. (Fontana y Bertani 1997: 246)

Aunque, entonces, y aceptando que no tenía aquí ni teoría ni instrumento seguro, Foucault nos muestra un territorio que, por cierto, no descubrió, pero que sin duda contribuye a colonizar, estableciendo algunos mojones que deberían ser advertidos por aquel que quiere realizar su recorrido por el complejo mundo de los espacios y de las imágenes. Foucault dejó huellas, señales, marcas, y de ellas queremos hacer con este trabajo, aunque parcialmente, un relevamiento.

Él mismo reconoció que había una tarea que continuar en esta área que comenzó a desmalezar, por ejemplo, en la relación espacio y política. Así, afirmó claramente: “Queda por escribir una historia total de los espacios –que podría ser al mismo tiempo la historia de los poderes– desde las grandes estrategias de la geopolítica hasta las pequeñas tácticas del hábitat” (1977a: 192), y perfectamente esa historia total puede incluir la imagen y, más específicamente, la visoespacialidad, según nuestra perspectiva.

Preguntarse por estos temas es intentar ingresar en una región difícil por las múltiples entradas, los variables recorridos y la inexistencia de una salida o conclusión única. Si bien, más adelante, nos referiremos al laberinto, el laberinto tradicional no nos sirve como imagen para sintetizar nuestro recorrido. Los laberintos tradicionales no tienen múltiples entradas. Un concepto quizá más conveniente para dar cuenta de nuestro enfoque, además de la metáfora detectivesca ya propuesta, es el de “dispersión”. Foucault lo utiliza en varias ocasiones y nos sirve para justificar el aspecto polifónico de nuestra investigación. Nuestro texto no presenta la unidad de una problemática y, en ese sentido, puede considerarse débil la conexión entre los distintos capítulos. No busca además desarrollar una serie de antecedentes foucaultianos que preparen y muestren como resultado deducible el surgimiento y los orígenes de la temática de la visoespacialidad, no recurre por lo tanto –salvo excepción y solo en los casos de que tengan referencias específicas a Foucault– a autores presentes en el contexto cultural de Foucault.

Nosotros encontramos un tema subyacente, la visoespacialidad, que nos parece poco trabajado en la dispersión de sus presentaciones. No hay, por lo tanto, algo así como un objeto unitario o la unidad de un objeto –aunque sea conceptual– perfectamente identificable y compartido por los diferentes intérpretes, aunque sí hay elementos reiterados, comunes, en conjunción y en oposición que pueden ser englobados en el campo de significaciones de dicha palabra. Quizá debamos restringir para mayor claridad el amplio campo significativo de la palabra, para enumerar sus referencias y debamos enumerar objetos físicos muy variados, conjuntos de enunciados, palabras y en esa sumatoria aparezca –aunque más no sea por acumulación inductiva– nuestra propuesta analítica. De este modo el texto –este texto– tematizaría no solo la dispersión del espacio sino también ‘el espacio de una dispersión’ (1969: 19).

Se nos podría decir:

-“Es cierto, podría aceptarse que hay ‘enunciados dispersos y heterogéneos’ sobre lo que Ud. llama “visoespacialidad”, pero Ud. está citando a Foucault para avalar la dispersión de su trabajo, sin embargo el filósofo francés va más allá de esta y da cuenta de reglas, de transformaciones, incluso de contextos que avalan esos cambios conceptuales, Foucault construye genealogías, por ejemplo. Mientras que Ud. no hace nada de eso”.

-“Usted tiene razón –podríamos contestar. Pero también el historiador, psicólogo, lingüista, científico social, geógrafo francés –por citar algunas de las disciplinas en los que sus trabajos son empleados– dice:

“Sería un error, pues, sin duda, buscar, en la existencia de estos temas, los principios de individualización de un discurso. ¿No habrá que buscarlos más bien en la dispersión de los puntos de elección que deja libres?¿No serían las diferentes posibilidades que abre de reanimar unos temas ya existentes, de suscitar estrategias opuestas, de dar lugar a intereses inconciliables, de permitir, con un juego de conceptos determinados, jugar partidas diferentes?”. (1969 [1977: 60])

Esta tesis describe dispersiones y, por lo tanto, no busca establecer una continuidad unificadora entre los distintos modos en que la temática está presentada. No se nos planteó ni era nuestro interés simplificar la cuestión: tomar de un autor que estaba interesado en este tema específico solo la parte que coincidía con nuestras ideas y desconocer el resto. Aquí se trata de desplegar una red tejida con hilos de diferentes colores, donde los textos se ligan entre sí en forma cruzada, aunque en muchos casos mantienen su autonomía, donde a veces se habla de lo mismo –del espacio, la imagen, la visoespacialidad– sin que se reconozcan deudas e influencias mutuas, donde se encuentran anticipaciones e isomorfías, donde las remisiones se hacen necesarias para no repetir lo dicho, pero junto a ello debe aparecer el matiz diferencial que otro autor encuentra. Donde se citan y emplean textos de Foucault que no tienen envíos a nuestro tema, pero que son empleados en contextos que sí lo tienen.

Tratamos, por lo tanto, de exponer –de ahí cierto carácter expositivo de tesis ajenas– los aportes singulares y diferenciales de cada autor, e incluso en un mismo autor cuando retomando el tema agregaba o eliminaba aspectos que estaban en escritos anteriores (caso Jay, por ejemplo). ¿Y dónde estábamos nosotros? En dos lugares, pero jugando un mismo juego. Uno de esos lugares era la selección y organización de los textos foucaultianos. Había una impronta propia de éstos que había dejado un rastro en nosotros que nos llevó a presentar los textos de Foucault en una organización personal y creemos significativa. Había otro lugar, el de la búsqueda, selección, exposición y eventual crítica de estos otros autores (sea tanto en lo que llamamos la dimensión interna como externa). Presentarlos como otros relatos, dándoles voz, pero no demasiado estentórea. No se trataba de duplicar sus escritos, ciertamente. Si se quiere una imagen “pictórica”, es la construcción de una superficie más parecida al collage que a la pura representación pictórica; el sentido de esos ‘aparentes’ fragmentos surge de su ‘emplazamiento’. Si se quiere una imagen literario-cinematográfica –Rashomón es un buen ejemplo–, se trataba y se trata de hacer evidentes las distintas posiciones sobre el mismo “crimen” –por volver entonces a la inicial figura detectivesca– o –por volver a la frase citada de Nietzsche– las distintas perspectivas.


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