Tesis doctorales de Economía


EL TIEMPO LIBRE EN CONDICIONES DE FLEXIBILIDAD DEL TRABAJO: CASO TETLA TLAXCALA

María Áurea Valerdi González




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2.4 Flexibilización un concepto polifacético

Bajo las circunstancias de globalidad, los conceptos derivados del sistema industrial productivo se han extendido a casi todos los ámbitos sociales: la escuela, el gobierno, el comercio e incluso aparecen en los medios de comunicación de masa. Hoy es del conocimiento común hablar de calidad, eficiencia y flexibilización. Sobre éste último habíamos dicho que tiene distintas connotaciones dependiendo de la postura teórica que lo sustente. La flexibilización puede entenderse de una manera si se parte del razonamiento neoliberal o de otra si se ve desde la doctrina Keynesiana que preconiza el pleno empleo, o si se intenta su explicación desde el nivel macroeconómico o si se estudia desde las teorías sobre el posfordismo. Consideramos importante primero, retomar algunos aspectos sobre la crisis para después precisar el concepto de flexibilización.

En la síntesis de posturas teóricas que señala Lara (1998) sobre las causas de la crisis, aceptamos para los fines de esta investigación primero, que la crisis actual puede ser “resultado del agotamiento de un modelo de producción que caracterizó una fase anterior”. En este período se “insiste en el papel de las tecnologías de información y comunicación como elementos que influyen en la recomposición de las técnicas de producción y en las relaciones con el mercado”, sobre todo se plantea que “las formas de organización taylorista-fordista han llegado al límite histórico de eficacia”. En segundo lugar coincidimos en que el desarrollo que expone la escuela de la regulación, nos ofrece elementos para explicar la articulación entre la producción y el consumo (en consecuencia el tiempo libre), en lo que denomina “modo de regulación” (Lara 1998: 31).

Ni la explicación neoliberal a la que hace referencia Lara (1998), ni los cambios ocurridos en el mercado de productos, me parecen suficientes argumentos para interpretar las condiciones del capitalismo actual. No sólo es la economía de mercado, ni las fuerzas del Estado, lo que desencadena cambios en la sociedad. Es el mercado y el Estado en una economía neoliberal, junto a otros actores sociales, como las transnacionales, los trabajadores, el capital, las finanzas, los medios de comunicación, etc., e incluso su articulación con procesos más allá de los límites del estado-nación, lo que permite comprender esta etapa del capital. Incluso agregamos la perspectiva que incluye el análisis de la nueva división internacional del trabajo, con la búsqueda de mano de obra barata y de asentamientos industriales en los países que ofrecen las mejores condiciones para una mayor ganancia. En este sentido, si las formas de organización taylorista-fordista han llegado a su “límite histórico de eficacia”, no significa que desaparezcan, sino que se han vinculado a otras nuevas alternativas como la producción flexible, bajo la denominada globalización.

También se reconoce que este no es un proceso homogéneo ni se presenta de la misma manera en América Latina, al contrario los nuevos modos de producción se han combinado con anteriores procesos de producción y con formas artesanales, en una amplia gama que favorece la aplicación de la flexibilización en los horarios, en jornadas parciales, en condiciones de trabajo y prestaciones pactadas en forma individual, etc., circunstancias que son aprovechadas sobre todo por la transnacionales en lo que se ha dado en llamar redes de producción o cadenas productivas.

Para cada corriente de explicación de la crisis Lara (1998), propone una forma determinada de flexibilidad, así señala un razonamiento neoliberal, una visión keynesiana, o desde el punto de vista macroeconómico, como se dijo antes me parecen formas de explicación parciales. En cambio, el enfoque denominado “especialización flexible” creo el más adecuado para fines de este trabajo, se asocia también con el concepto de posfordismo, entendido como:

Una vía alternativa caracterizada por el desarrollo del trabajo artesanal, la desintegración de las grandes empresas, la emergencia de redes de empresas pequeñas, independientes, especializadas y flexibles, capaces de reaccionar rápidamente a los cambios de la moda en el mercado mundial y de operar de manera eficaz las nuevas tecnologías, funcionando con ahorros propios (Lara 1998: 36).

Aunado a lo anterior, se incluye el enfoque nacido de las más reconocidas empresas japonesas para conseguir la participación de los individuos y lograr el éxito, considera al ser humano como lo más importante y se supone que responde mediante motivaciones. En esta postura gerencial las empresas analizan estas motivaciones con base en la teoría de las expectativas, entonces “la flexibilización se traduce en recetas”, de este proceso se habla también como japonización o toyotismo (Lara 1998). En este contexto la flexibilidad implica la armonía entre el capital y trabajo, en el entendido de que ambos comparten el mismo objetivo, es decir, la misión de la empresa. En realidad “las actitudes defensivas o de resistencia de los individuos se interpretan como problemas del comportamiento humano” (Lara, 1998: 36).

En el texto de Lara (1998) Michael Piore y Charles Sabel, son dos autores representativos de la tesis denominada especialización flexible, esta postura coincide con la de la escuela de la regulación. Para ellos, la idea de crisis de la producción en masa es provocada por una saturación del mercado, que demanda mercancías más diversificadas y de mejor calidad. “De acuerdo con este planteamiento, el sistema de producción fordista no tiene respuesta, ya que las empresas tiene que ser capaces de reaccionar de modo rápido y flexible a las modificaciones constantes del mercado” (Lara 1998: 38). Piore y Sabel sostienen que el progreso técnico puede; o estar ligado a la producción artesanal o a la producción en serie, lo que los autores proponen entonces es la llamada “especialización flexible” que definen como:

La especialización flexible es una estrategia de innovación permanente, una forma de adaptarse al cambio constantemente, más que de intentarlo controlar. Esta estrategia se funda en la utilización de equipamientos flexibles, de usos múltiples, el empleo de obreros calificados y la creación, por medios políticos de una comunidad industrial capaz de eliminar todas las formas de competencia que no favorezcan a la innovación. Así, la propagación de la especialización flexible equivale a un renacimiento de formas artesanales de producción, marginadas por la primera ruptura industrial (Piore y Sabel 1989: 35, transcrito por Lara 1999: 39).

Los autores mencionados no solo reconocen la participación de las organizaciones e instituciones en este proceso, también señalan que es bajo una ideología en la que el progreso está vinculado a un modelo de desarrollo industrial que sigue el camino de la especialización. Contrario a la idea de la desaparición de pequeñas empresas éstas son complementarias, lo que los lleva a “la teoría del dualismo industrial, según la cual la producción en serie camina a la par de su contraria: la producción artesanal” (Lara 1999: 40).

Para estos autores [Piore y Sabel], los obstáculos que presenta la producción artesanal no residen en la incapacidad fundamental de este modo de producir para innovar su sistema de acuerdo con las exigencias exteriores, sino más bien en la hostilidad que ejerce en contra de ellas el medio político, institucional y económico. Plantean que la orientación del crecimiento depende de las ventajas económicas que otorga el Estado para favorecer a ciertos grupos y a ciertas actividades, así, la economía es un reflejo de la política (Lara 1999: 41).

Al lado de la especialización flexible, deben mencionarse como señalamos antes, las aportaciones de la toyotización o modelo japonés para caracterizar las condiciones actuales de flexibilización del trabajo. “El espíritu Toyota” es el nombre con el que se le ha identificado a este proceso de industrialización, nacido bajo determinadas condiciones económicas y sociales que Benjamín Coriat (1992) explica en detalle en su texto Pensar al Revés. Entre la crisis económica de 1949, el movimiento de trabajadores que los llevó a la huelga y la guerra de Corea, nace el método Kan Bam cuya principal aportación se resume en que “lo ideal sería producir justo lo necesario y hacerlo justo a tiempo”. Mientras en Estados Unidos se pensaba en la producción en masa, integración vertical, organización laboral, al estilo fordista, en Japón con Ohno a la cabeza se pensaba en la producción en pequeño y “no en la uniformidad del producto sino en la diferencia y la variedad (Coriat 1991: 22 y 29).

Japón logró colocarse como uno de los países desarrollados que pronto extendieron sus inversiones en aquellos lugares donde existían las condiciones para instalarse, con esta salida de capitales japoneses, no sólo viajaron mercancías, a mediados de los años ochenta, las estructuras y prácticas administrativas de Japón (Kaizen) se expandieron por todo el mundo en la llamada “orientalización”, junto con otra serie de tópicos como su inversión en la música, el cine, la televisión, los juegos de nintendo y el karaoke (Morris 1998).

En este modelo productivo destacan a) la eliminación de recursos innecesarios, b) las tecnologías de grupos y células de producción autónomas, c) la auto activación de la producción, d) el principio de tiempo compartido, e) los círculos de calidad o equipos de trabajo, f) el principio de calidad total o cero defectos, g) el principio de mejoramiento continuo o kaizen, h) involucramiento o implicación de los trabajadores con la empresa, i) suministro justo a tiempo (Lara 1999: 46-48). En el caso de México, este modelo en especial el punto h) ha sido criticado, pues se duda de que los asalariados logren interiorizar como forma de vida los principios en los que está sustentada la política de calidad (Valerdi 2002). Por lo mismo, hay autores que sostienen que este modelo no es más que un “fordismo avanzado” por el empeoramiento de las condiciones de trabajo y la desarticulación del sindicato entre otras (Lara 1999).

Para Ricardo Antunes (2001), otro punto importante del toyotismo es que “además de la flexibilidad del aparato productivo, es preciso también la flexibilidad de la organización del trabajo” y de las condiciones de contratación de los trabajadores.

Derechos flexibles, para poder disponer de una fuerza de trabajo en función directa a las necesidades del mercado consumidor. El toyotismo se estructura a partir de un número mínimo de trabajadores, pudiendo ampliarlos a través de las horas extras, por trabajadores temporarios, o subcontratados, dependiendo de las condiciones del mercado (Antunes, 2001: 40).

Coriat según este autor, defiende la entrada de este sistema en Europa “en la búsqueda de una salida para la actual crisis del capitalismo, planeando en su interior una nueva forma de organización del trabajo, una nueva forma de regulación y un nuevo ordenamiento social pactado entre el capital, el trabajo y el Estado” (Antunes 2001: 44; cursivas en el original).

Así Octavio Ianni (1998) supone una occidentalización a través de la imposición hegemónica de diversas formas culturales y Antunes (2001) no duda “que la occidentalización del toyotismo… se constituirá en una verdadera herramienta del capital contra el trabajo”. Este último intenta demostrar en su libro, ¿Adiós al trabajo? cómo el toyotismo no solo es un nuevo modo de organización social, sino que su forma “solo es posible porque se realiza en el universo estricto y rigurosamente concebido del sistema productor de mercancías, del proceso de recreación y valorización de capital” (Antunes, 2001: 45 cursivas en el original). El trabajo se reconfigura pero no pierde su papel como creador de valor. Antunes coincide con Harvey en que el desarrollo tecnológico que supone esta nueva etapa, genera excedentes de fuerza de trabajo, que hacen posible el retorno a estrategias de extracción de plusvalía absoluta, en cualquier país en el que se adopte esta vía, en definitiva sugiere que el trabajador bajo la sujeción del “espíritu Toyota” está más manipulado, que afecta su subjetividad y dificulta la organización de la clase que vive del trabajo (Antunes 2001), en consecuencia modifica, transforma la organización del tiempo de trabajo y del tiempo libre de los trabajadores.

En el caso de México, para precisar el concepto de flexibilidad, partimos del hecho de que el proceso de industrialización se caracterizó por el conocido patrón de sustitución de importaciones en el que se definieron las bases socio técnicas, que de acuerdo con Enrique de la Garza (1998) se refieren; a) la organización del trabajo, b) la tecnología en sus diferentes campos de transformación, c) las relaciones laborales o relaciones industriales y d) tiene que ver con las características socio demográficas de la fuerza de trabajo. Es en el ámbito de las relaciones laborales que se establecen entre capital y trabajo, en las que centraremos nuestra atención, sin desconocer la estrecha relación que guardan con las otras bases socio-técnicas. Las relaciones laborales “comprenden espacios y niveles que no necesariamente se repiten en otros países” (De la Garza, 1998: 200). La flexibilidad, o el uso flexible de la fuerza de trabajo pueden comprender varias dimensiones:

a) Flexibilidad numérica: ajuste flexible de la cantidad de fuerza de trabajo según las necesidades de la producción y el mercado. Esta dimensión puede tomar las formas de reajuste de personal de base, empleo de eventuales, empleo de subcontratistas, empleo de personal de confianza.

b) La flexibilidad en el uso de la fuerza de trabajo en el proceso de trabajo: sus formas principales pueden ser la movilidad interna y la polivalencia, o bien las multitareas. También pueden estar incluidas en esta modalidad la aplicación de sanciones, la eliminación del escalafón ciego, etcétera.

c) La flexibilidad salarial: flexibilidad en la jornada (jornada anual) con pago por hora trabajada y, sobre todo, salario según productividad individual o grupal. (De la Garza, 1998: 203).

Esta flexibilidad en la relaciones laborales es la que consideramos de utilidad para el presente estudio, dado que de ello se deriva la constancia en el empleo, la movilidad en horarios flexibles, la variabilidad en los ingresos e incluso el desempleo, lo que indudablemente modifica la organización de la vida de los trabajadores y el uso del tiempo libre. También Ludger Pries (1993) señala que Alonso (1991) diferencia dos tipos de flexibilidad del trabajo: “la flexibilidad externa” que se refiere a las posibilidades de subcontratación y de contratación a tiempo limitado, jornadas parciales o tiempos flexibles y “la flexibilidad interna” que se refiere a la movilidad horizontal y vertical de los trabajadores (Ludger 1993: 57). Esta última relacionada con la organización del trabajo al interior del trabajo.

De las tres dimensiones de flexibilidad de las que habla De la Garza (1998), las dos primeras (la numérica y sobre el uso de la fuerza de trabajo) están relacionadas con estas últimas, por lo que también se usaran como categorías de análisis en este trabajo. La flexibilidad “interna”, que implica cambios tecnológicos, nueva estructura de ocupaciones (de mayor calificación) que pueda adaptarse flexiblemente a los cambios tecnológicos, con trabajadores polivalentes. Es decir, aquellos cambios que se dan al interior del ámbito del trabajo, tecnología, organización del trabajo, capacitación, movilidad, características de la fuerza de trabajo. La flexibilidad “externa” se entenderá como aquella que tiene que ver con la desregulación del mercado laboral, a través de prácticas flexibles de contratación y despidos y reducción de los niveles salariales, lo que lleva a la vulnerabilidad del trabajador (Canales 1999).

Entonces, ¿El tiempo libre ha aumentado con la tercera revolución tecnológica?, ¿Hemos recibido los beneficios que se esperaban? Al respecto muchos teóricos se han pronunciado, desde diferentes enfoques, desde distintos puntos geográficos, con coincidencias y diferencias. Veamos algunos puntos de vista.


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