Tesis doctorales de Economía


EL TIEMPO LIBRE EN CONDICIONES DE FLEXIBILIDAD DEL TRABAJO: CASO TETLA TLAXCALA

María Áurea Valerdi González




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2.6.1 El ocio desde la perspectiva humanista.

Manuel Cuenca (2000) en su texto, Ocio humanista. Dimensiones y manifestaciones actuales del ocio, señala que no es sino a partir de 1988 que esta corriente empieza a ser estudiada en la Universidad de Deusto, España, en donde ha cobrado auge. Cuenca es uno de los fundadores del Instituto de Estudios de Ocio y ha venido trabajando para “ofrecer elementos de reflexión que permitan enfocar el estudio del ocio de un modo más global”, preocupado por delimitar los conceptos y campos de acción. Su intención es escribir los rasgos del ocio del “nuevo ciudadano” en una visión interdisciplinaria, no en un tratado de sociología, ni una reflexión filosófica. En esta presentación el autor ubica al Instituto en una clara dimensión humanista (Cuenca 2000: 15), frente a la que de inicio diferimos en varios aspectos de los que daremos cuenta en su momento.

Para Cuenca existen diferentes concepciones del tiempo, entre ellas la del tiempo industrial. Distingue al igual que Offe (1988) entre tiempo de trabajo y tiempo de vida. El tiempo objetivo, medible y cuantificable es el tiempo social, “pero el ocio, entendido como vivencia humana, se relaciona necesariamente con nuestro tiempo personal y subjetivo”. La diferencia entre ocio y tiempo libre entonces está relacionada con cómo se vive la experiencia, pues “el hecho de tener tiempo libre no implica vivir el ocio” (Cuenca 2000: 21). En este sentido, el ocio es para este autor sinónimo de ocupación, gustosa y querida.

Las condiciones sociales en las que el ocio se ha incrementado según el autor son las que hemos designado como de flexibilización, “aumento del tiempo libre, con la consiguiente reducción de la jornada laboral, el retraso de los jóvenes en su incorporación al trabajo, el adelanto de la jubilación y el aumento de las expectativas de vida…” además de otras como la elevación en el nivel educativo, o el acceso masivo a los medios de locomoción y a las tecnologías de la comunicación, que “han favorecido el desarrollo de unos estilos de vida en los que el ejercicio del ocio tienen una gran incidencia, personal, económica, política y social” (Cuenca 2000: 30).

Subraya que en general nos hemos resistido a hablar de ocio, pero que su práctica se ha hecho presente en la vida cotidiana, aunque para algunos se reduce a una ocupación, “para otros viene a ser práctica de actividades no obligadas, deseadas y queridas” aludiendo más a un carácter voluntario y personal del uso del ocio. En el siglo XX el nuevo tiempo social –dice- se ha centrado en el ocio, pues “un ciudadano de un país desarrollado no sabría vivir sin televisión, deporte, cultura, viajes, música moderna o vacaciones” (Cuenca 2000: 31). En esa idea de que el ocio es una cuestión que atañe más a la voluntad personal independientemente de la clase social, el trabajo o la relación capital-trabajo, cree que el ocio es “un cuestionamiento directo de cada cual consigo mismo, de cómo ser un poco más libre para hacer lo que queremos y nos gusta hacer” de ello se supone, dependería realizarnos o sentirnos mejor (Cuenca 2000: 32). Por supuesto se refiere a ciudadanos de países desarrollados y urbanos.

Este autor habla de tres indicadores referenciales: a) disposición temporal, b) actividades y c) consumo. En primer lugar el ocio como disponibilidad de tiempo libre que ha sido posible gracias a diversos aspectos , que han contribuido a borrar la frontera entre tiempo de trabajo y tiempo libre. En segundo lugar el ocio visto como una serie de actividades que relaciona con las artes; ir a museos, a conciertos de música, leer etc. Resalta la idea de que estas ocupaciones “dependen de la libre elección personal de cada uno, pero también de las oportunidades para poder realizarlas” (Cuenca 2000: 38). Establece diferencias entre actividades prácticas, intelectuales, físicas o sociales, según él las actividades por excelencia son el turismo y la televisión.

En tercer lugar indica la importancia de medir el ocio por el nivel de consumo. Supone que esta “relación del ocio con la sociedad de consumo es algo tan cotidiano que no necesita demostración”. Presenta al ocio como asociado a los valores hedonistas (placer, bienestar, felicidad etc.) y que “tener, comprar y consumir son verbos esenciales para entender el modo en el que se nos quiere vender el ocio”, aludiendo a un tercero que pretende darnos una visión ideologizada (Cuenca 2000: 43). Llega a la conclusión de que “ir de compras” es la primera afición o entretenimiento del ocio, derivada de un aumento en los gastos de ocio que las familias españolas realizan en actividades de recreación, como el turismo, la compra de revistas, la televisión, la lotería y los juegos de azar. Retoma las ideas de Pierre Laine quien señala que solo se accede a la verdadera vivencia del ocio, en las naciones en las que han logrado un cierto nivel de prosperidad, en sentido contrario “cuando el tiempo libre y el consumo son débiles, la búsqueda de adquisición y producción de bienes primarios atrofian el gusto por el ocio y la cultura” (cursivas mías) (Cuenca 2000: 45). Pero las actividades de ocio no son solo cuestión de consumo, sino también “la educación debe ayudar a los ciudadanos de hoy a que el tiempo libre se convierta en auténtico ámbito de humanismo” (Cuenca 2000: 46), suponiendo que el acceso a la educación fuera para todos.

Al igual que Munné, Cuenca (2000) tienen como preocupación principal clasificar las funciones del ocio, para lo que se auxilia de Dumazedier , y de R. Sue (1980) , de éste retoma las funciones psicológicas, sociales y económicas del ocio. Para reforzar su visión humanista retoma algunos puntos de Kriekemans (1973), en este sentido, agrupa las características del ocio humanista en cuatro, que son, a) la vivencia lúdica (como juego) que luego transforma y relaciona con la alegría y los hobbies, b) la liberación, que está relacionada con la falta de obligatoriedad, con la voluntad de querer hacer algo y la satisfacción de realizarlo c) el autotelismo (referido a fines y medios), trabajo y ocio son ámbitos diferenciados, no necesariamente interdependientes. El trabajo es un medio para ganar dinero, “el ocio, entendido en su sentido más puro, es un fin en sí mismo, busca la realización de algo sin pretender otra cosa a cambio de la acción” y d) la formación sobre todo humanista que será “el mejor antídoto para soportar los embates de la propaganda, los impulsos de la moda o los estragos de una vida precipitada e irreflexiva” (Cuenca 2000: 68-69).

Cuenca concluye que el ocio no es tiempo libre, ni una actividad sino “un modo de ser y percibir, un derecho, si se quiere, un ámbito de la experiencia humana” eventos de los que destaca el ocio: a) como autorrealización, en el sentido de que somos los únicos sujetos y protagonistas de la libertad para que se haga del ocio “la fuente de satisfacción, alegría y creatividad del mundo” b) se considera un derecho pues es una experiencia irrenunciable al que todos los seres humanos tienen acceso, reconociendo sus derechos humanos como ciudadanos y c) como calidad de vida que “tiene que ver en la actualidad con las distintas necesidades humanas y su satisfacción, desde unos parámetros sociales y humanos equitativos y justos” (Cuenca 2000: 70-77).

Hasta aquí podemos decir que mucho del discurso de Cuenca (2000), es una clara manifestación del giro teórico hacia la recuperación del sujeto, en el que las condiciones sociales se perciben como ya dadas, no se ven las situaciones históricas que dieron paso a este nuevo escenario, ni mucho menos el proceso histórico del capitalismo en esta etapa. En especial el autor hace girar en torno al ocio y su visión humanista, casi todas las consecuencias de la que hemos denominado acumulación flexible de capital, en un intento por regresar la responsabilidad al individuo. En esta perspectiva, le compete solo al sujeto liberado la posibilidad de cambiar su entorno por uno más justo y equitativo, en el que la vida comunitaria y las instituciones serían copartícipes de un mundo en el que los ciudadanos serán felices. Desde mi punto de vista ésta sí es una visión ideologizada, en el sentido de que oculta las condiciones reales del desarrollo capitalista en el que se inserta el tiempo de ocio, desde su postura euro-céntrica o de los países desarrollados, en una idea de minimizar el trabajo y exaltar el ocio.

Por otro lado y también perteneciente a la corriente de Estudios de Ocio, Roberto San Salvador del Valle D. (2000), en su libro Políticas de ocio, presenta una visión complementaria a la anterior, reconoce que la sociedad ha pasado a ser pos-fordista, pos-industrial o postmoderna, como resultado de un nuevo contexto social, el de la crisis de la sociedad del bienestar y del pensamiento único, en donde gran parte del mundo occidental –señala- ha adoptado fórmulas de flexibilización que demanda el mercado neoliberal.

El propósito de San Salvador (2000) es fundamentar la necesidad de crear un modelo de intervención política del ocio, más adecuado al nuevo milenio, partiendo del análisis de las interdependencias de la sociedad actual. Manuel Castells es su guía teórica para explicar los rasgos de esta sociedad, incluye también el análisis del concepto de espacio y de tiempo y propone la intervención política para reconocer el ocio como un derecho ciudadano. Considera a la tecnología como el soporte material de la sociedad e indica que en una sociedad red, la búsqueda de identidad personal y colectiva se convierte en fuente fundamental de significado social, idea que retoma de Castells. Asimismo menciona la globalidad como un proceso que abarca la creación, producción, consumo y circulación de todos los elementos en un camino más de mundialización, en el que existe la pérdida de liderazgo de la administración pública.

San Salvador (2000) en su análisis sobre las políticas de ocio muestra distintos escenarios para contextualizar lo que denomina “sociedad emergente”, cuyas características son la flexibilidad, la globalidad, las jornadas parciales de trabajo y otras que nosotros ubicamos en el contexto de una nueva etapa de acumulación de capital. En ese ámbito el autor se refiere al concepto de tiempo como un bien escaso y asegura que no es que aumente el tiempo de ocio, sino que su uso es distinto, pues existe un cambio cualitativo del tiempo. De los antiguos ciclos estacionales, en los que el día y la noche tenían estrictos límites, pasando por los ciclos económicos que articulaban tiempo de producción y consumo. El ciclo de trabajo organizado en torno a la jornada laboral tradicional, hoy se ha diversificado y combinado en cada vez más horarios. El ciclo vital ahora se ve en función al nuevo significado de la edad y la generación. El ciclo social que pasó del tiempo y espacio de convivencia en una comunidad, a la complejidad de espacios y dimensiones del tiempo de relación social. El ciclo familiar constituido durante siglos por familias integradas y que hoy sufre modificaciones en su constitución interna (San Salvador 2000). Sin lugar a dudas, el tiempo es para el capital tan importante como el trabajo vivo para la obtención de la ganancia.

Las modificaciones que se susciten en cada ciclo señalado traerá consecuencias en las manifestaciones del ocio, por eso San Salvador (2000) formula una serie de cambios en el uso del tiempo y del ocio, a) la secularización del tiempo, con la superación de un calendario natural, b) la desnaturalización relacionada cada vez menos con el clima o la estación, c) la selenización del tiempo con la invasión de la noche, d) la globalización a través del transporte y los medios, e) la versatilidad que cambia los gustos de ocio y e) la flexibilización del tiempo , f) la individualización del tiempo cada vez más personal, g) la privatización que arrastra el mundo de relaciones al ocio selectivo y h) la aceleración presente en todos nosotros, consecuencia del avance tecnológico .

La visión teórica desde donde parte San Salvador, es más completa que la que vimos con Cuenca. De entrada identifica varios aspectos histórico sociales que inciden en la concepción del ocio y reconoce que el tiempo y “el espacio es un producto social”, que coincide, en parte, con lo que he venido sosteniendo, el tiempo libre o de ocio son una construcción social (San Salvador 2000: 32). Son de utilidad algunas de sus descripciones con respecto al valor del ocio y de las actividades que clasifica y ordena para cada tiempo modificado. Pone el acento en que el ocio es hoy menos colectivo y comunitario que antes, que cambia por actividades más individuales. El tiempo social se transforma en un tiempo inmediato -dice- sobre todo por impacto de las nuevas formas de trabajo; jornada continua, semana condensada, horarios flexibles, horarios escalonados, tele-trabajo, años sabáticos, contratos a tiempo parcial etc. No solo el tiempo social se fragmenta, también el tiempo personal de lo vivido, en un tiempo biológico y psicológico, que acarrea modelos y estilos de vida segmentados. “En este proceso de evolución de un tiempo social a otro más personal, la interrelación entre trabajo y ocio adquiere nuevas dimensiones” (San Salvador 2000: 53).

En la sociedad emergente de la que habla este autor, “se observa una nueva inversión de los términos, dotando de un papel secundario al mundo del trabajo en la escala de prioridades. Se está pasando del vivir para trabajar de nuestros mayores, al trabajar para vivir de los más jóvenes” (San Salvador 2000: 55). El ocio entonces se coloca en primer lugar. Para los Estudios de Ocio, la idea de este ocio es definida por tres variables fundamentales: tiempo, actividad y experiencia subjetiva, convirtiéndolo en un fenómeno mucho más complejo que el mero no trabajo. Derivado de las diferencias que existen entre Cuenca y San Salvador, ubicamos en el cuadro de autores de Munné , al primero en la columna A, es decir, en los teóricos funcionales estructuralistas. A San Salvador lo colocamos en la columna B, es decir, del lado de la Escuela de Frankfurt porque presenta el análisis del ocio con relación a las circunstancias histórico-sociales de su existencia, aunque no tiene un origen marxista.


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