Tesis doctorales de Economía


CONTRIBUCIÓN A LA EVALUACIÓN DE LA SUSTENTABILIDAD; ESTUDIO DE CASO DOS AGROECOSISTEMAS CAMPESINOS DE MAÍZ Y LECHE DEL VALLE DE TOLUCA

Luis Brunett Pérez



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I.2.- La producción de leche en la región del Valle de Toluca

Dentro de la actividad pecuaria en la región sobresalen las explotaciones destinadas a la producción de leche. Se registra una población de vientres del orden de 31,570 , en 11, 745 unidades de producción (INEGI, 1994). Por su parte, la SAGAR a través del Distrito de Desarrollo Rural No. I Toluca, en su informe de cierre de producción del año 1999 (SAGAR/DDRI, 2000), reportó que se produjeron 48,115 miles de litros de leche lo que representó un 11.13 por ciento de la producción total estatal, con un hato de 37,438 cabezas.

Por su parte, la información del Censo Agropecuario de 1992, sobre unidades de producción, existencias y producción de leche, muestra que el mayor número de unidades se encuentra en el rango de una a cinco cabezas de bovinos. Situación que destaca la importancia de esta estrategia en gran parte de los productores del Valle de Toluca (INEGI, 1992).

La producción de leche en el Distrito de Desarrollo Rural I, presentó una importante caída de más del 50 por ciento, entre 1991 y 1993. El descenso puede explicarse en función de la poca rentabilidad que presentó la actividad a finales de la década de los ochenta, con motivo del precio controlado de la leche, así como por el crecimiento de la mancha urbana, situaciones que provocaron la desaparición ó desplazamiento de los establos.

Figura.- I.3: Comportamiento de la producción de leche en el DDR I, 1999.

Fuente: elaboración propia con base en datos del Distrito de Desarrollo Rural No I

Actualmente, en el Valle de Toluca, la principal fuente de leche es el sistema conocido como semi-especializado (Muñoz et al., 1995), ganadería campesina (INEGI/COLPOS, 1998), sistema de producción de leche familiar (Zorrilla et al., 1997) ó sistema de producción de leche en pequeña escala (Arriaga et al., 1997:a). De acuerdo con el personal técnico de la SAGAR y la SEDAGRO, en la región sólo se cuenta con 10 explotaciones con 40 o más vacas.

Al igual que en otras partes del altiplano mexicano, estos sistemas se caracterizan por estar estrechamente vinculados con la producción agrícola, fundamentalmente con el cultivo de maíz, en donde los esquilmos se incorporan a la alimentación del ganado, en tanto éste proporciona abono orgánico para el cultivo, lo que crea una complementariedad entre los subsistemas (Arriaga et al., 1997; Castelán 1999).

En el Valle el sistema opera bajo el régimen de la semiestabulación, ya que está condicionado al estado fisiológico del cultivo de maíz. Es común la práctica de pastoreo de la tierra de cultivo durante el periodo comprendido entre la finalización de la cosecha y la preparación de los suelos para la siembra del siguiente ciclo agrícola.

La dieta de los animales se basa en alimentos balanceados comerciales con un consumo de 5.0 a 6.0 kg/vaca/día (solo las vacas en producción reciben este complemento), rastrojo de maíz, maíz molido, deshierbes de los campos de cultivo y del pastoreo en pastos nativos en agostaderos y áreas no útiles para los cultivos. Algunos productores incorporan el cultivo específico de forrajes (praderas cultivadas, maíz para ensilar, avena y otros forrajes de corte) en sus unidades de producción (Arriaga et al., 1997).

Los animales son una cruza de ganado Holstein y “criollo” con una alta capacidad de adaptación al medio y a las condiciones de manejo. No existen prácticas de medicina preventiva ni de manejo reproductivo del hato.

El principal producto es la leche bronca, de baja calidad sanitaria. En el Valle no se identifica un desarrollo de la agroindustria de la leche. El sistema es practicado en áreas dispersas del Valle, pero cercanas a centros de población, dada la necesidad de comercializar rápidamente la leche. La ordeña es manual y la leche se comercializa a través de intermediarios llamados “boteros”. Los excedentes se transforman en quesos frescos. Una parte de estos productos se destina al autoconsumo y el resto para la venta. La etapa difícil para la comercialización de la leche es la época de lluvias, ya que por una parte aumenta la producción, por razón de que los animales reciben forrajes verdes y por otra, baja la demanda como consecuencia de las vacaciones escolares (julio y agosto). Estas dos condiciones provocan que el precio de la leche baje y que no se recolecte toda la producción, lo que genera pérdidas económicas a las unidades de producción.

Es imprescindible la participación de los miembros de la familia en las diferentes fases del proceso de producción, ya sea con trabajo o a través de aportes monetarios, a fin de mantener la dinámica y estabilidad económica del sistema. Es común la presencia de pequeños establos que utilizan materiales de la región que se ubican al lado de la casa habitación, a fin de aprovechar elementos disponibles (como el agua, las paredes, etc). Además de que permite a los propietarios estar al pendiente de los animales.

Estos sistemas son considerados como complejos por la multitud de interacciones (cultivos-animales-familia) en las que se desenvuelven. De acuerdo con Castelán (1999), el sistema de producción maíz y leche es complejo por lo impredecible del ambiente y las adversidades económicas que tienen que enfrentar los campesinos, de tal manera que estos sistemas se convierten en múltiples opciones, al tener que manejar varias especies animales y por lo menos tres variedades de maíces para cubrir diferentes propósitos: maíz criollo para autoconsumo, maíz mejorado para la venta y maíz forrajero para el ganado.

Las características generales de los sistemas de producción de maíz y leche en el Valle han sido descritas por (Castelán, 1996), de la siguiente manera:

 En su mayoría son operados por campesinos ejidatarios de bajos ingresos, o bien, dentro de niveles de subsistencia.

 La principal forma de tenencia de la tierra es el ejido, aunque también existe la pequeña propiedad.

 El tamaño promedio de la unidad de producción es de 1.5 has por familia.

 La principal actividad agrícola es el cultivo de maíz.

 La producción de ganado bovino y de leche es una actividad tradicional para los productores.

 El tamaño del hato por familia varía entre 1 y 15 animales, con un promedio de 6.

 La producción de leche es una actividad altamente integrada con la agricultura (maíz).

 La producción de leche depende principalmente de esquilmos, como pajas y rastrojos para la alimentación de los animales dentro del sistema.

 La actividad ganadera constituye una forma importante de ahorro, de acumulación y de estatus social.

 Los bovinos constituyen una fuente importante de fertilizante orgánico y de combustible.

 Por la integración de la ganadería lechera con la agricultura, ésta es menos susceptible a las fluctuaciones del mercado.

En cuanto a la distribución en el Valle de Toluca, Espinoza (1999) establece, de acuerdo a la información disponible de INEGI (1994), que el 64 por ciento de las unidades de producción se encuentra en la subregión alta; el 30 por ciento en la subregión media, y sólo el 6 por ciento en la subregión baja del Valle de Toluca. Así mismo, identifica el número de animales por unidad (tabla I.1).

TABLA No.I.1.- Estructura de los hatos lecheros en el Valle de Toluca

Cantidad de cabezas % de las unidades de producción

1 a 5 animales 68

6 a 29 animales 23

Fuente: Espinoza, 1999. Modificado.

Respecto a los sistemas existentes y tomando como referencia los trabajos del Centro de Investigación en Ciencias Agropecuarias (CICA), de la Universidad Autónoma del Estado de México, se reconoce que en el Valle de Toluca existen tres sistemas de producción de leche, los cuales son identificados de acuerdo a su ubicación y fuentes de alimentación, de la siguiente manera:

El primero se identifica en la zona baja. Su principal característica es la alimentación de los hatos en épocas de lluvia con base en el pastoreo en diferentes áreas anegadas o ciénegas, donde se obtienen pastos naturales, mientras que en épocas de estiaje la alimentación se centra en rastrojo y grano de maíz. Es el sistema menos especializado y con bajos rendimientos de leche (Castelán, 1996).

El segundo se ubica en la subregión alta. El sistema se caracteriza por incorporar cultivos forrajeros, específicamente avena, así como destinar parte del maíz para silo, concentrado comercial y pastoreo continuo en áreas no sembradas (Carmona, 1992). En ciertas partes se identifican variantes como es la presencia de praderas inducidas de pastoreo y de corte que desplazan al cultivo del maíz. También utilizan silo de maíz, concentrado comercial y/o suplementos agroindustriales en la dieta de los animales (Arriaga, et. al 1997:A).

El tercer sistema, localizado en la zona media también se basa en rastrojo y grano de maíz, con la diferencia de que se incorporan esquilmos de hortalizas en la alimentación animal y presentan un proceso de intensificación del uso del suelo, al contar con agua para riego y buenos suelos —lo que permite sembrar diferentes cultivos de desarrollo rápido en un mismo año, como es el caso de lechuga (Lactuca sativa), zanahoria (Daucus carota), espinaca (Spinacia olerancia) —. Otra particularidad es que este tipo de sistema esta más integrado al mercado regional de comercialización de hortalizas, de manera que el subsistema animal es menos importante en la operación de toda la unidad (Castelán, 1999 y Villa, 1997).

Por otra parte, se afirma que el crecimiento y desarrollo de los sistemas de producción de leche de la región, obedecen a las siguientes condicionantes:

1) En los sistemas de producción del Valle de Toluca se está gestando un proceso de reconversión productiva hacia la producción de leche en pequeña escala, donde cada vez más productores están destinando pequeñas superficies a la producción de forrajes y maíz para el consumo animal, que para la venta (Espinoza, 1999).

2) La actividad de la lechería en pequeña escala ha tomado una mayor importancia dentro de las estrategias productivas de los campesinos, como consecuencia de la pérdida en la rentabilidad del cultivo del maíz (Arriaga, et al., 1998).

3) La producción de leche en pequeña escala aporta ingresos superiores a los generados por el cultivo de maíz, e iguales o mejores que los que podrían obtener en actividades no agropecuarias, dentro o fuera de la comunidad; además, los ingresos son estables a lo largo del año, lo que permite a las familias campesinas presupuestar sus gastos (Espinoza, 1997 y 1999).

4) La lechería en pequeña escala genera ocupación de la fuerza de trabajo familiar, con ingresos los 365 días del año, lo que permite a la población rural tener oportunidades de ocupación, permanecer en la comunidad, y disminuir la migración a las ciudades (Arriaga, et al., 2000).

5) Se reconoce también la capacidad de estos sistemas de adaptarse a condiciones adversas, tanto de carácter climático como económico, así como la facilidad para operarlas con escasos recursos monetarios y tecnológicos (Arriaga, et. al., 1996).

Los diferentes trabajos que han abordado al sistema de producción campesino de maíz y leche, de la zona alta han concluido que:

 Uno de los principales problemas que enfrenta el sistema es la necesidad de contar con una mejor fuente de alimentación para los animales, que no implique costos adicionales (Arriaga, et. al., 1996).

 La etapa crítica para el sistema es la época de estiaje, cuando la disponibilidad de forrajes es escasa. En esta etapa los animales son sometidos a altas cantidades de rastrojo y subproductos agrícolas de bajo nivel energético, lo que representa problemas nutricionales (Castelán. 1997; Arriaga, 1997; Domínguez, 1997).

 El sistema de producción campesino de leche, no presenta medidas sanitarias adecuadas y es común la presencia de enfermedades como mastitis, tuberculosis y brucelosis, que además de afectar a los animales en su estado general, representan un problema de salud pública y una disminución en la rentabilidad (Fernández, et al. 1997).

 El sistema de producción de leche se ve seriamente afectado por el incremento acelerado de los costos de producción, sobre todo en lo referente a la alimentación, ya que existe una gran dependencia de alimentos balanceados, los cuales sufren constantes aumentos (Brunett et. al., 2000).

 El crecimiento urbano que presenta el Valle está ejerciendo una presión sobre el suelo, lo que origina incrementos en el valor de la tierra, así como un aumento en la demanda de mano de obra. Esto ocasiona que las actividades agropecuarias sean menos atractivas para los campesinos (González et al., 2000).

 Los sistemas de producción basan su dinámica en la capacidad que tiene el “botero” de colocar la leche; es decir, la prioridad no es aumentar la producción de leche, sino abaratar los costos de producción, lo que se busca invirtiendo lo menos posible y sobreexplotando la mano de obra y sus recursos productivos (Hernández, 2001).

 La dinámica del sistema contribuye al sobrepastoreo y a la pérdida de cobertura del suelo, propiciando un proceso de erosión; de igual manera, el mal manejo de los pastos nativos trae consigo la desnutrición de los animales, debido a la baja calidad nutritiva de los pastos (Gutiérrez, 2000).

Una estrategia para abordar parte de la problemática expuesta ha sido el establecimiento de praderas de pastoreo y de corte, como una opción para elevar la productividad y rentabilidad del sistema, así como un elemento para mejorar los suelos. En este sentido la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, a través del Distrito de Desarrollo Rural No I Toluca, realizó, entre 1992 y 1995, una serie de trabajos dentro del Proyecto de Investigación y Extensión (PIEX), financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo, con la intención de proponer alternativas de producción frente a las dificultades del mercado de maíz. Con este fin se seleccionó al ejido de San Cristóbal, en el municipio de Almoloya de Juárez.

La SAGAR se propuso transferir el paquete tecnológico de praderas para pastoreo, liberado por el INIFAP (Carmona, et al. 1992), bajo el esquema de módulo de demostración que buscó sensibilizar a los productores en el pastoreo de praderas, más que en el corte, así como impulsar distintas prácticas relativas al manejo del ganado. El proyecto finalizó en 1995 por aspectos administrativos, pero se considera que hubo una respuesta positiva para incorporar a las praderas de pastoreo en los sistemas de producción.

El proyecto fue retomado por el Centro de Investigación en Ciencias Agropecuarias (CICA), de la Universidad Autónoma del Estado de México, con la intención de realizar diferentes investigaciones para el mejoramiento de las condiciones de vida, a través del incremento de la productividad y sustentabilidad del sistema de producción de maíz y leche. Sus trabajos de investigación han profundizado en diferentes aspectos, tales como los tecnológicos, productivos, sociales y económicos, por medio de la metodología de investigación de desarrollo participativo (Arriaga, et al., 1996).

Los principios sobre los cuales se basan estos trabajos son: a) el animal cosecha su propio alimento, por lo que se reduce el consumo de concentrado comercial y se incrementan los beneficios económicos; b) libera mano de obra en aspectos como el acarreo de forraje y la limpieza del establo; c) se favorece la incorporación de nutrientes al suelo, a través de las deyecciones directas en complementación con el uso de tréboles como fijadores de nitrógeno (que reducen el uso de nitrógeno químico), y por último, d) al ser la pradera un cultivo perenne, permite la cobertura del suelo durante varios años, con lo que se mejora la estructura del suelo y se eliminan plagas del mismo. En cuanto al aspecto social, esta opción es ampliamente aceptada, ya que la mayoría de los productores tienen acceso a esta tecnología por su bajo costo, lo que genera oportunidades de trabajo para más campesinos (Arriaga, et al., 1997).


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