Tesis doctorales de Economía


CONTRIBUCIÓN A LA EVALUACIÓN DE LA SUSTENTABILIDAD; ESTUDIO DE CASO DOS AGROECOSISTEMAS CAMPESINOS DE MAÍZ Y LECHE DEL VALLE DE TOLUCA

Luis Brunett Pérez



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CAPITULO III. MARCO TEÓRICO-CONCEPTUAL

“Sustentable ó insustentable, cuestión de evaluar”

III.1.- EL DESARROLLO SUSTENTABLE COMO MARCO CONCEPTUAL

La concepción más generalizada del Desarrollo Sustentable, es la propuesta “Nuestro Futuro Común”, también conocida como el informe Brundtland, documento que apareció en 1987. De acuerdo con el mencionado informe, el desarrollo económico y social debe descansar sobre la base de la sustentabilidad, por lo que es entendido como “...el manejo y conservación de la base de los recursos naturales y la orientación de un cambio tecnológico, de tal forma que se asegure la satisfacción de las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades, conservando con ello el medio en que vivimos”. Esta concepción hace hincapié en un uso racional del suelo, el agua y la biodiversidad, bajo la perspectiva de un desarrollo técnicamente apropiado, económicamente viable y socialmente aceptable.

A partir de esta visión, se convierte en un constante reto el diseñar un nuevo modelo de desarrollo con un concepto diferente de crecimiento económico —que no supere la capacidad de restauración de los recursos naturales—, a través de una racionalidad económica, en que los hábitos de consumo y los patrones de producción sean compatibles con la naturaleza.

Uno de los elementos más utilizados para llegar a cubrir los principios que establece el Desarrollo Sustentable es proponer un nuevo desarrollo cultural, por lo que se habla de “un cambio tecnológico-educativo e institucional y de nuevos principios éticos de conservación de la naturaleza”, que nos conduzcan a una transformación en la relación sociedad-naturaleza y a un nuevo nivel de equidad frente al modelo hegemónico de desarrollo; de ahí que se contemple también a “la voluntad política” como elemento importante para impulsar acciones en pro de la sustentabilidad (Allen et al., 1991).

En el Desarrollo Sustentable está implícito un proceso de “cambio social” ya que requiere de la participación activa de los habitantes y de una voluntad política que dé preferencia a las necesidades humanas básicas y al respeto a los procesos biológicos, ecológicos y culturales, antes que a los intereses de crecimiento económico (Schaller, 1993; Murillo,1997).

De estas reflexiones se desprende que al Desarrollo Sustentable hay que ubicarlo en el contexto social, económico, cultural y político de la producción, dando especial interés a la renovación de los recursos naturales.

No obstante, los argumentos sobre el paradigma del Desarrollo Sustentable y el tiempo transcurrido después de su aparición y la infinidad de documentos que se han elaborado usándolo, aún no hay consenso respecto a lo que realmente significa e implica. Existen infinidad de interpretaciones, en función a ideologías, disciplinas, contextos, enfoques e intereses en que está siendo utilizado, así como a la amplitud de la problemática que se pretende abordar (UICN, 1997).

III.2.- Sustentabilidad y agricultura

En términos teóricos es posible identificar por lo menos tres posturas teóricas que abordan a la sustentabilidad en la producción agrícola:

La primera, se puede ubicar dentro de una corriente Neoeconomicista, la cual parte de la idea de que la sustentabilidad se logra con asignar un precio al medio ambiente, tras reconocer la incapacidad del mercado para responder a los procesos de deterioro ambiental. Su marco conceptual se deriva de la teoría marxista de valor de uso y valor de cambio, con lo que se construye una perspectiva conocida como Economía Ambiental. Su propuesta se concentra en analizar un proceso denominado externalización de los costos ambientales en los procesos de producción, bajo la idea de darle un costo teórico a los servicios que proporciona la naturaleza así como aplicar un costo al deterioro ambiental e incorporarlos al marco de análisis de la relación costo/beneficio. Es decir, considera a los recursos naturales una mercancía y en un medio para obtener ganancias.

La segunda postura, es clasificada como Socio-Antropológica, parte de la crítica al modelo tecnológico por su alto contenido de insumos y capital y por su característica excluyente para la población que no cuenta con recursos para la adquisición de los medios de producción. Reconoce la necesidad de mantener la cultura y conocimiento tradicional como elementos necesarios para la conservación de la naturaleza y de la producción. Dentro de este grupo se encuentra una derivación de la ciencia de la Ecología conocida como Etnoecología que se basa en una evaluación de tipo ecológica de las actividades productivas, pero incorpora a los patrones culturales e instituciones sociales como elementos que mantienen un equilibrio en el uso y distribución de los recursos. Sostiene que las unidades de producción campesinas y sus prácticas tradicionales son más eficientes en el manejo de sus recursos que los sistemas intensivos.

La tercera corriente, es la Técnico-Biológica, establece la importancia de la biodiversidad y de las interacciones de los ecosistemas, por lo que promueve un abordaje multidisciplinario. Su concepción es que es posible maximizar la eficiencia de los sistemas de producción y obtener mayores beneficios con el uso de técnicas ecológicas. Reconoce la importancia de un verdadero conocimiento del potencial ecológico para impulsar alternativas productivas propias para cada región. Dentro de esta propuesta se encuentra un enfoque conocido como Agroecología , la cual busca el desarrollo de tecnologías de uso eficiente de energía, de bajo impacto ambiental y de conservación de los recursos naturales por medio de sustituir el uso de insumos derivados de la química, así mismo sostiene la importancia de una integración del conocimiento tradicional con el conocimiento moderno. Su abordaje es de tipo integral al incorporar las dimensiones: biofísica, socio-económica y tecnológica que intervienen en el proceso productivo. Esta postura hace énfasis en que la tecnología no sólo se debe dirigir a la productividad de los ecosistemas, sino que debe de contemplar otros indicadores como los sociales, económicos y biológicos.

La postura que se asume en este trabajo corresponde a la última de las descritas, por lo que requiere de una revisión más a fondo.


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