Tesis doctorales de Economía


PERSPECTIVA DE LA MIGRACIÓN MÉXICO-ESTADOS UNIDOS. UNA INTERPRETACIÓN DESDE EL SUBDESARROLLO

José Luis Hernández Suárez



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CAPITULO II. EMPLEO INSUFICIENTE Y DESBORDAMIENTO DE LA MIGRACIÓN HACIA ESTADOS UNIDOS

Conforme al marco teórico del capítulo precedente, aquí nos proponemos destacar que si bien en el subdesarrollo el crecimiento del empleo siempre es insuficiente, ello se agrava en las condiciones de una economía volcada al mercado externo y establece mayores presiones para que ocurra la migración.

El deterioro del empleo y las caídas salariales en un contexto en el cual el abandono del mercado interno corrió aparejado con la reorientación del Estado para favorecer a los grupos potentados dejando a la mayoría de los trabajadores a la suerte de un mercado dominado por los poderosos significaron un impulso sin precedentes en la migración de trabajadores mexicanos hacia Estados Unidos.

Las maquiladoras en las cuales se confiaba la generación de empleo no pudieron contener la migración dado las bajas remuneraciones, inestabilidad y precarias condiciones de trabajo que las caracteriza, mientras en paralelo crecía el sector informal que no constituyó una opción para muchos trabajadores en el cual obtener el sustento familiar e ingresos para una vida digna. Pero antes comenzamos con un recuento histórico de la migración México-Estados Unidos para tener un panorama más amplio del fenómeno.

2.1. Breve repaso de una larga historia.

La migración de trabajadores mexicanos hacia los Estados Unidos tiene una larga historia y “…muy probablemente es el flujo migratorio contemporáneo con mayor antigüedad en el ámbito mundial.” Desde finales del siglo XIX y principios del XX crecieron los flujos migratorios hacia aquél país como resultado de la crisis, el caciquismo y la introducción del ferrocarril cuya construcción exigía de la expropiación de tierras a los campesinos al tiempo que los trenes facilitaban los traslados. Pero el flujo comenzó desde mediados del siglo XIX, cuando muchos mexicanos trabajaron en el tendido de vías ferroviarias durante los años de expansión hacia el oeste en Estados Unidos, iniciada poco después de la firma del tratado de Guadalupe Hidalgo, en 1848, que formalizaba el arrebato a México de los territorios de Texas, Nuevo México, Arizona, California y parte de Tamaulipas.

En la segunda parte del porfiriato se presentó la crisis de los sectores exportadores en los cuales se había basado el crecimiento económico. La minería, por ejemplo, ante la caída de los precios internacionales de su producción tuvo que despedir trabajadores o limitó su capacidad para absorber mano de obra. El caciquismo y la construcción del ferrocarril, por su parte, incrementaron la proletarización de grandes contingentes a través del despojo de tierras por las compañías deslindadoras contratadas por el gobierno para ser apropiadas por hacendados de tal suerte que a finales del porfiriato más del 90% de los campesinos del país habían perdido sus tierras a mano de los voraces hacendados pero en un proceso que se había venido dando desde principios del siglo XIX, si bien la mayor ola de expropiaciones ocurrió durante la dictadura.

Durante la revolución la migración no sólo continuó sino que aumentó como consecuencia del deterioro que se dio en las relaciones de peonaje y la liberación de trabajadores además de que debido al conflicto armado “…por primera y única vez, ingresaron a Estados Unidos como refugiados miles de mexicanos” al tiempo que Estados Unidos demandaba grandes cantidades de fuerza de trabajo debido a su incorporación en la primera Guerra Mundial viéndose en la necesidad de celebrar con México el primer Programa Bracero entre 1917 y 1921 , un programa de contratación de trabajadores temporales que se dedicaran a actividades agrícolas.

Sin embargo hay quien dice que no fue propiamente un Programa Bracero porque aún cuando hubo pláticas y acuerdos consulares nunca se dio una negociación bilateral y menos aún se firmó un convenio. Ello explica que los reclutadores del ejército estadounidense tuvieran mayor margen para exigir a los trabajadores que se naturalizaran, de tal suerte que “…en 1918 ya habían sido enrolados y enviados al frente de guerra cerca de 60 mil mexicanos. El grupo de extranjeros más numeroso.”

No obstante al parecer se exageraba entonces la cantidad probable de migrantes, en el fondo se reconocía que esta emigración era ascendente y se calculaba en cerca de un millón de trabajadores en un lapso de 18 años.

Una serie de circunstancias fueron conduciendo hacia una nueva fase de crecimiento que tendría como objetivo el desarrollo de la acumulación a partir del impulso del mercado interno, estrategia en la cual el Estado intervino activamente. Entre dichas circunstancias estuvieron: el agotamiento de la fase de crecimiento absoluto en la década de los años treinta basado en las ramas exportadoras de la economía cuyos precios de la producción se habían vuelto muy inestables; el relajamiento del control que los países imperialistas tenían sobre los países subdesarrollados en virtud de que probablemente estallaría una segunda Guerra Mundial teniendo que desproteger a sus capitalistas que invertían en las ramas exportadoras de estos países y; en el caso de México, la presión social por el mejoramiento de las condiciones de vida que si no recibían cierta atención se transformaría en un movimiento armado de dimensiones semejantes al surgido en 1910.

Durante el período de gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940) se dieron grandes cambios en materia económica y social cuyos ejes principales fueron la reforma agraria, que ejecutó el reparto masivo de tierras por el cual se habían levantado en armas miles de trabajadores del campo en 1910, el impulso a la educación y la industrialización.

Hasta donde sabemos, el cardenismo planteó seriamente la necesidad de evitar la emigración. En el Primer Plan Sexenal se estableció que:

Se evitaría la emigración de mexicanos y su miseria en el extranjero a través de la redistribución de la población, de acuerdo con las condiciones de empleo regionales; el apoyo al empleo; una labor de ilustración y persuasión de los daños que podría causarles y la autorización de emigración colectiva sólo bajo la previa contratación y garantías laborales. Se proponía crear un servicio especial de repatriación que además se encargara de distribuir a esa población en el territorio orientándola hacia los campos de cultivo o centros donde pudieran encontrar ocupación; establecer colonias agrícolas de repatriados que permitieran poblar el país, para lo cual se crearía un fondo especial y un plan de acondicionamiento de terrenos nacionales, coordinados con el reparto agrario. Esta política sería ejecutada por la Dirección Nacional de Movimiento de Población.

Como se ve, el intervencionismo y el entusiasmo en el cardenismo eran tales que incluso se decía que la emigración debía evitarse o ser autorizada pensando en garantías de condiciones de trabajo y de vida no miserables. Además se proponía cómo hacerlo y en manos de quién estaría la gigantesca tarea.

Sin embargo, los grandes cambios en materia económica, social y política impulsados durante el cardenismo estaban condenados a agotarse y la migración no cesó, si bien se mantuvo mansa. Así, muy pronto, en 1942, Estados Unidos y México impulsarían, ahora sí, un Programa Bracero que duraría hasta 1964 en el que el gobierno de México se comprometió a proporcionar trabajadores para la minería, la agricultura y los ferrocarriles habiéndose movilizado en el período alrededor de 5 millones de trabajadores por medio del programa pero también un número similar de indocumentados.

Una vez terminado el Programa a causa del inicio del agotamiento del fordismo y el surgimiento de la toyotización se posibilitó, en el marco del Programa de Industrialización Fronteriza en 1965, la instauración del Programa de la Industria Maquiladora de Exportación en el mismo año para crear una zona franca hasta 25 kilómetros hacia dentro del territorio mexicano que facilitara la circulación de los productos industriales intermedios para las operaciones de ensamblado de la industria maquiladora que planteaba “…dar empleo a unos 200 000 trabajadores mexicanos que tenían que regresar de los Estados Unidos debido al término del Programa Braceros” para desincentivar la migración. Sin embargo, ésta continuaría aunque ahora básicamente en forma indocumentada.

Ahora bien, durante la década de los cuarenta el crecimiento poblacional fue visto favorablemente debido a que la producción había crecido a altas tasas potenciada por el éxito del esquema fordista y el crecimiento sostenido de las exportaciones especialmente hacia Estados Unidos. Pero la recesión de 1952 y 1953 comenzó a provocar pesimismo en el gobierno por el acelerado crecimiento demográfico debido a la disminución de la mortalidad, el mejoramiento de los servicios de salud, educación y condiciones de vida en general, relativamente mejores en comparación con décadas anteriores, aunque también debido a la inercia de las estructuras sociales y el insuficiente crecimiento económico dentro de un marco escasamente proclive a cambios socioculturales, que provocó la reducción de la mortalidad sin que ocurrieran cambios significativos en la fecundidad. De este modo la migración hacia Estados Unidos, que continuaba creciendo, constituía un ligero alivio a las presiones sobre el empleo, servicios sociales y además los migrantes enviaban remesas, las cuales fueron 163 millones de dólares en 1959 según Ruiz Cortínes y 275 millones en 1961 según López Mateos.

En la década de los setenta el alto crecimiento de la población en edad laboral producto de las elevadas tasas de crecimiento demográfico de las décadas anteriores más la introducción de mejoras técnicas en la agricultura que desplazaron fuerza de trabajo abasteció a la industria de abundante mano de obra que presionó fuertemente un nivel salarial a la baja al tiempo que el desarrollo industrial dependía permanentemente y en grados cada vez mayores de la compra de los productos del trabajo general a los países desarrollados aumentando así las transferencias de valor y por lo mismo las transferencias de capacidad de inversión interna y generación de empleo potenciando la emigración hacia Estados Unidos.

Ya en 1986 lograron regularizar su situación migratoria en Estados Unidos cerca de 2 millones de mexicanos por medio de la Immigration Reform Control Act (IRCA) y al hacerse posible la reunificación familiar por esta vía, creció el número de mexicanos en aquel país.

Se calcula que el flujo de personas que se dirigieron hacia Estados Unidos fueron:

…de 260 mil a 290 mil personas entre 1960 y 1970; de 1.2 a 1.55 millones entre 1970 y 1980; de 2.10 a 2.60 millones entre 1980 y 1990 y de más de 1.8 millones durante el último quinquenio. Estas cifras indican que el flujo neto anual se ha multiplicado –en términos absolutos- más de 12 veces en los últimos treinta años, al pasar de un promedio anual de 26 a 29 mil personas en la década de los sesenta a cerca de 360 mil por año en el quinquenio de los noventa.

Por lo tanto la pérdida de población mexicana derivada de la migración internacional ha sido sistemática desde 1960 con efectos perceptibles sobre la dinámica demográfica del país especialmente a partir de que se comienza a agotar la fase de crecimiento relativo desde la segunda mitad de la década de los setenta para dar lugar a la fase del crecimiento absoluto en la cual los problemas de generación de empleos se profundizaron y una parte de la sobrepoblación se vio en la necesidad de abandonar el país temporalmente o de manera definitiva.


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