Tesis doctorales de Economía


LA TUTORÍA A ESTUDIANTES DE ECONOMÍA EN LA UNIVERSIDAD DE SONORA

José Darío Arredondo López
 


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2. PROCEDIMIENTOS

En este apartado, se abordan los siguientes aspectos: características de la investigación cualitativa, la estrategia de indagación cualitativa, el rol del investigador, características de los informantes, los aspectos éticos observados, las estrategias de obtención de datos, la validación de los resultados, los procedimientos para el análisis de los datos y el reporte de resultados.

2.1 Características de la investigación cualitativa.

En la actualidad es ampliamente aceptado el enfoque cualitativo en investigación, pero no siempre fue así. Del siglo XVIII al siglo XX se observa el carácter predominante del enfoque científico que privilegiaba los métodos de investigación de la naturaleza, es decir, los de corte positivista. La discusión sobre la cientificidad de las ciencias sociales, luego del triunfo de la Revolución Francesa y de las grandes transformaciones que, en el aspecto económico, político y social ocurrieron en el mundo con la instauración del capitalismo, se ha ido sucediendo con variada intensidad hasta nuestros días (Mardones & Ursúa, 1987).

Cerda (citado por Bernal, 2006) señala que desde finales del siglo XIX se planteó un debate sobre la forma de abordar científicamente el estudio de la realidad, entre los científicos de las ciencias sociales y las naturales. De hecho, el conflicto se genera en el momento en que los estudios sobre el hombre y la sociedad se definen como ciencia y, por ende, se establecen los límites y alcances de cada disciplina.

Básicamente, la discusión ha girado en torno a si las primeras son ciencias autónomas, es decir, que tienen un enfoque metodológico propio, o si deben sujetarse al enfoque de las ciencias naturales. En este tenor se presenta la confrontación entre el positivismo y la corriente hermenéutica.

El primer enfoque que marca el inicio de los trabajos de los científicos sociales se ubica dentro de los supuestos del modelo de estudio de las ciencias naturales, el cual concibe la ciencia como una tarea “racional y objetiva, orientada a la formulación de leyes y principios generales, cuya función es explicar con una base empírica los fenómenos sociales y naturales” (Tarrés, 2004, p. 43).

Emilio Durkheim (1858-1917) se identifica con la corriente positivista y tuvo como proyecto central el establecimiento de la sociología como una disciplina científica autónoma, capaz de trascender los límites de las tradiciones de su tiempo.

E. Durkheim es un sociólogo y filósofo francés; positivista, seguidor de Comte, profesor de la Sorbona. Como breve reseña biográfica, se puede decir que era francés de la región de Lorena, nacido en 1858, hijo y nieto de rabinos desde ocho generaciones, Durkheim conoció una infancia movida: laicización y abandono de su dedicación al rabinato; período de gran expansión económica e industrial; pérdida de la guerra franco-alemana y ocupación de su ciudad natal, Epinal, en 1870. Se traslado a París, preparó y obtuvo su admisión en la Escuela Normal Superior (1876-1882). Diplomado en filosofía, fue nombrado profesor de liceo y pasó luego a enseñar en la Universidad de Burdeos (1887) y en la Sorbona (1902). Habiendo creado y mantenido con éxito una prestigiosa revista de Ciencias Sociales, L’année sociologique (1898-1913). Durkheim tuvo la originalidad de rodearse de colaboradores de talento en un plano multidisciplinar. Profundamente decepcionado e inconsolable por la trágica muerte de su hijo en el frente, durante la guerra, murió en Fontainebleau el 15 de noviembre de 1917 (Diccionario soviético de filosofía, 1965).

Con él se puede afirmar que inicia la sociología como ciencia autónoma, al negar que la sociología deba ser una sociología de la historia que se jacte de descubrir las leyes generales del progreso de la humanidad, tampoco es una metafísica que sea capaz de determinar la naturaleza de la sociedad. Por el contrario, Durkheim afirmaba que la sociología debía estudiar la sociedad como realidad espiritual singular, cuyas leyes son distintas de las leyes de la psique del individuo. Toda sociedad, según él, se basa en representaciones colectivas de valor general; el hombre de ciencia se ocupa de hechos sociales y representaciones colectivas (derecho, moral, religión, sentimientos, costumbres, etc.) impuestas con carácter forzoso a la conciencia humana por el medio social. Durkheim explicaba el desarrollo de la sociedad por tres factores: densidad de población, desarrollo de las vías de comunicación y conciencia colectiva. Toda sociedad se caracteriza por la solidaridad social. En la sociedad primitiva, la solidaridad era “mecánica” y se basaba en el parentesco de sangre. En el mundo moderno, la solidaridad es “orgánica” y se basa en la división del trabajo, es decir, en la colaboración de clases en pro de la obtención de los medios de existencia. Durkheim consideraba que uno de los aspectos importantes de la vida social es la religión. Cambiando sus formas en función del desarrollo de la sociedad, la religión existirá mientras exista el hombre, pues en ella la sociedad se diviniza a sí misma. Obras principales: La división del trabajo social (1893) Las reglas del método sociológico (1895), Las formas elementales de la vida religiosa (1912) (Emilio Durkheim, 2007).

Sus ideas han dejado una profunda huella en diversos campos de estudio de lo social, como es el caso de la sociología funcionalista, el estructuralismo, la antropología, la historia o la lingüística. Influyó asimismo de manera sustancial en el desarrollo de la metodología de las ciencias sociales, habida cuenta sus esfuerzos teóricos en definir su objeto o campo de observación, lo cual plasma en Las reglas del método sociológico (Tarrés, 2004; Alonso, 2004).

La propuesta metodológica de Durkheim se perfila con claridad hacia la corriente positivista cuando afirma que el estudio científico de lo social debe comprometerse a descubrir relaciones generales y definir leyes verificables en diversas sociedades, estableciendo que el método adecuado es el comparativo. La comparación es el instrumento por excelencia del método sociológico y, para este autor, el equivalente a la experimentación en las ciencias naturales. En ese sentido, Durkheim afirma que:

Para que pudiera existir una verdadera ciencia de los hechos sociales, fue preciso que se llegara a ver en las sociedades realidades comparables a las que constituyen los demás reinos, y a comprender que tienen una naturaleza que no podemos modificar arbitrariamente y leyes que derivan necesariamente de esa naturaleza. En otros términos, la sociología sólo pudo nacer cuando la idea determinista, sólidamente establecida en las ciencias físicas y naturales, se extendió finalmente al orden social (citado por Gutiérrez Pantoja, 1998).

Tanto Augusto Comte como Spencer veían a la sociología con un espíritu marcadamente positivista, dándole cualidades puramente psicológicas u organicistas. Por el contrario Durkheim concibió la existencia de fenómenos específicamente sociales ("hechos sociales"), que constituyen unidades de estudio que no pueden ser abordadas con técnicas que no sean las específicamente sociales (Émile Durkheim, s.f.).

Para Durkheim, el objeto de estudio de la sociología es el “hecho social”, y lo define de la siguiente manera: “Hecho social es toda manera de hacer, fijada o no, susceptible de ejercer una coacción exterior sobre el individuo, o bien, que es general en la extensión de una sociedad dada, conservando una existencia propia, independiente de sus manifestaciones individuales” (citado por Gutiérrez Pantoja, 1998).

Con ello establece que toda sociedad tiene una conciencia colectiva que ejerce un poder coactivo sobre sus miembros a fin de que sigan una determinada forma de comportamiento. Por lo general, dicha forma de comportamiento colectivo obedece más a la costumbre o herencia cultural que a una aceptación razonada y asumida por consenso.

Los hechos sociales, según Durkheim, deben ser tratados como cosas, como objetos que se observan aunque no tengan las características de cosas. Un objeto social difiere de un objeto natural en que el primero es pasajero, efímero, mientras que el segundo es estable, experimental y verificable. El hecho social se registra y así puede ser sujeto de verificación, en cambio un hecho natural además de ser registrado puede ser utilizado como objeto en sí (Durkheim, 1972; Rex, 1971).

Lo anterior significa que los hechos sociales no son cosas naturales, sino cosas sociales, representadas mediante el dato que es el sustento de la verificación, de tal manera que la objetividad de una ciencia debe partir de la percepción sensorial sobre la cual se forman los conceptos, y así los hechos sociales son cosas que se perciben mediante el dato que se conceptualiza para identificarlos y verificarlos (Gutiérrez Pantoja, 1998).

Durkheim sugiere que el investigador descarte de manera sistemática las nociones preconcebidas, las nociones comunes sobre el objeto, para oponerles el criterio de la razón, así el estudio de lo social puede pasar del estado subjetivo al objetivo:

Hay que descartar sistemáticamente todas las prenociones. [...] Es preciso que [el sociólogo] se libere de esas falsas evidencias que dominan el espíritu del vulgo; que sacuda, de una vez por todas, el yugo de esas categorías empíricas que una larga costumbre acaba a menudo de transformar en tiránicas. Si alguna vez la necesidad lo obliga a recurrir a ellas, que por lo menos lo haga teniendo conciencia de su poco valor, para no dejarlas desempeñar en su doctrina un papel del que son tan poco dignas (Durkheim, citado por Bourdieu, Chamboredon & Passeron, 1993, pp. 132-133).

Precisamente, el evitar las prenociones del sentido común y la ideología permite el conocimiento rigurosamente científico, la consideración del hecho social como el objeto de estudio de la sociología a partir de considerarlo como cosas con características externas (Bravo, 1997; Bachelard, 1976).

A partir del análisis sobre la relación entre el hombre y la sociedad, llegó a la conclusión de que el individuo es producto de la sociedad y no esta última del individuo, de donde deduce que la sociología debe ocuparse del estudio del todo social y no de sus partes. Debe, entonces, ocuparse de los fenómenos sociales determinantes y no de las acciones sociales determinadas. Lo anterior indica que se privilegia la evidencia empírica y que la finalidad del objeto de estudio es el de la verificación de la teoría. Lo empírico atrae la atención de Durkheim en la medida en que pueda ser interpretado por un marco teórico previamente formulado y estático.

Finalmente, aunque el trabajo de Durkheim haya asumido una posición positivista que acerca metodológicamente las ciencias sociales a las naturales, cabe reconocer que su método y su teoría aceptan los recursos que ofrece el enfoque cualitativo, tanto como el cuantitativo: “El sociólogo puede recurrir a la historia, a las observaciones de los textos antropológicos o a las estadísticas para construir su objeto” (Durkheim, citado por Tarrés, 2004).

En resumen, para el positivismo el conocimiento científico es aquel que se acomoda al enfoque de las ciencias naturales, caracterizado por la unidad de método y la homogeneidad doctrinal, es decir, el monismo metodológico.

Asimismo, se asume como la medida de la cientificidad el modelo fisicomatemático, y consideran que la ciencia debe dar respuesta a las causas de los fenómenos, por lo que la explicación causal debe expresarse por la búsqueda de leyes generales hipotéticas. Desde el punto de vista positivista, el conocimiento científico debe tener un carácter predictivo, de control y dominio de la naturaleza (Bernal, 2006).

De acuerdo con Flórez (1999), al positivismo se le pueden hacer las siguientes críticas:

1. Asume una parte de la realidad como si fuera el todo, pues niega los fenómenos que quedan por fuera de sus instrumentos y métodos de observación y de medición. Así, las ciencias sociales y humanas no están incluidas en el área del conocimiento científico.

2. Niega al investigador la posibilidad de identificar y formular un problema relevante para la ciencia desde su intuición y su experiencia precientífica, sin contar que sin sujeto investigador e intérprete no habría problemas, ni conjeturas, ni hipótesis en las ciencias sociales, ni siquiera en las ciencias naturales.

3. Ignora que hay realidades vitales y culturales concretas, únicas e irrepetibles sobre las cuales el sujeto conocedor y protagonista no genera conocimientos universales y abstractos sino específicos y contextuales, no replicables.

4. Desconoce que el ser humano, aunque sea el investigador, no se puede suprimir, ni dividir entre externo e interno, entre sensibilidad y concepto, conocimiento científico y comprensión humana, entre experimento y hermenéutica, entre investigación cualitativa y cuantitativa, pues tales dualismos son momentos de un mismo movimiento cognitivo, expresivo y vital del ser humano.

5. No acepta que el progreso de la ciencia no es continuo ni lineal, pues los historiadores y epistemólogos han hallado períodos de largos errores y estancamientos, de ruptura con los conocimientos anteriores y, a veces, de aceleramientos desconcertantes.

6. Olvida que los valores estéticos y éticos no sólo no pueden aislarse de la actividad investigativa, sino que son parte de la esencia misma de su producción científica y sistemática, de su argumentación y demostración deductiva, de su observación y prueba responsable y honesta, puestas al servicio de la humanidad.

En oposición al positivismo surgió el movimiento hermenéutico, como una actitud de rechazo al monismo metodológico, a la física matemática como reguladora de la explicación científica, y al afán predictivo, causalista, y de la reducción de la razón como razón instrumental (Bernal, 2006; Gutiérrez Pantoja, 1998)).

Con el movimiento hermenéutico, se planteó que el método de las ciencias sociales debe ser el de la comprensión y no el de la explicación, como lo plantea el positivismo. El método de la comprensión, según los hermeneutas, “busca entender o interpretar el sentido y significado de los actos humanos. Las ciencias del espíritu pretenden comprender hechos particulares, mientras que las ciencias naturales tratan de formular leyes generales” (Bernal, 2006, p. 34).

En el marco de la corriente hermenéutica, surge la figura de Max Weber (1864-1920) que se considera el sociólogo más influyente de la sociología de fin de siglo y fundador de la sociología comprensiva.

A modo de breve semblanza biográfica, se puede decir que Max (Karl Emil Maximilian) Weber nació en Erfurt el 21 de abril de 1864. Su padre, fue el abogado prusiano Max Weber, procedía de una familia de empresarios textiles y participaba en la política como diputado por el partido Liberal Nacional en la época de Bismark.

Weber, el hijo, estudió derecho, economía e historia en Heidelberg, Berlín y Göttingen. Las primeras investigaciones de Max Weber versaron sobre temas económicos, algunas de ellas realizadas por cuenta de los intelectuales reformistas conocidos como “socialistas de cátedra”. Desde 1893 fue catedrático en varias universidades alemanas, fundamentalmente en Heidelberg, salvo los años 1898-1906 en que, aquejado de fuertes depresiones, dejó la enseñanza para dedicarse a viajar y a investigar.

En 1909 fundó la Asociación Sociológica Alemana. Fue un gran renovador de las ciencias sociales en varios aspectos, incluyendo la metodología: a diferencia de los precursores de la sociología, Weber comprendió que el método de estas disciplinas no podía ser una mera imitación de los empleados por las ciencias físicas y naturales, dado que en los asuntos sociales intervienen individuos con conciencia, voluntad e intenciones que es preciso comprender. Propuso el método de los tipos ideales, categorías subjetivas que describen la intencionalidad de los agentes sociales mediante casos extremos, puros y exentos de ambigüedad, aunque tales casos no se hayan dado nunca en la realidad; Weber puso así los fundamentos del método de trabajo de la sociología moderna -y de todas las ciencias sociales-, a base de construir modelos teóricos que centren el análisis y la discusión sobre conceptos rigurosos.

El primer fruto de la aplicación de este método fue la obra de Weber sobre La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1905); trabajando sobre los tipos ideales del “burgués”, la “ética protestante” y el “capitalismo industrial”, estudió la moral que proponían algunas sectas calvinistas de los siglos XVI y XVII para mostrar que la reforma protestante habría creado en algunos países occidentales una cultura social más favorable al desarrollo económico capitalista que la predominante en los países católicos.

En términos generales, puede decirse que Weber se esforzó por comprender las interrelaciones de todos los factores que confluyen en la construcción de una estructura social; y en particular reivindicó la importancia de los elementos culturales y las mentalidades colectivas en la evolución histórica, rechazando la exclusiva determinación económica defendida por Marx y Engels. Frente a la prioridad de la lucha de clases como motor de la historia en el pensamiento marxista, Weber prestó más atención a la racionalización como clave del desarrollo de la civilización occidental: un proceso guiado por la racionalidad instrumental plasmada en la burocracia.

Todos estos temas aparecen en su obra póstuma Economía y sociedad (1922). Políticamente, Weber fue un liberal democrático y reformista, que contribuyó a fundar el Partido Demócrata Alemán. Criticó los objetivos expansionistas de su país durante la Primera Guerra Mundial (1914-18). Y después de la derrota adquirió influencia política como miembro del comité de expertos que acudió en representación del gobierno alemán a la Conferencia de Paz de París en1918 y como colaborador de Hugo Preuss en la redacción de la Constitución republicana de Weimar (1919) (Espada, 2006; M. Weber, s.f.).

De acuerdo con Tarrés (2004), la obra de Weber se propone:

1. Definir el campo de las ciencias sociales, en especial la sociología, sobre bases firmes y sustentadas.

2. Establecer las fronteras del trabajo científico en las ciencias sociales, respecto de los valores morales y los asuntos políticos.

3. Ofrecer una amplia gama de conceptos y generalizaciones para el estudio de los problemas sociológicos sustantivos.

4. Contribuir al estudio de la modernidad destacando los procesos de racionalización subyacentes que acompañan el desarrollo del capitalismo occidental.

Un elemento esencial en la obra de Weber es su convicción de que el fin de la sociología es lograr una comprensión de los significados subjetivos de la acción social, lo cual permite identificar los motivos del actor y explicar las causas de la acción, con lo que plantea una posición opuesta al uso de conceptos colectivos tales como sociedad, Estado o conciencia colectiva, salvo que éstos se relacionen a nivel analítico o histórico con las acciones individuales. En ese tenor, se opuso a la utilización del razonamiento abstracto puro, estando a favor de la investigación empírica e histórica.

Para Weber, la sociología debe considerar los objetos materiales y los hechos que influyen en la actividad humana, pero su meta es relacionarlos con los significados subjetivos de la acción. Los hechos o fenómenos tales como el clima, factores biológicos, geográficos, etcétera, son condiciones del comportamiento y adquieren significado sólo cuando se relacionan con la subjetividad de los actores, de esta manera pasan a formar parte de la actividad social.

Weber marca distancia de la teoría funcionalista clásica, que concede la mayor importancia al todo sobre las partes individuales, con lo que se puede considerar un antecedente teórico en el desarrollo de la antropología culturalista norteamericana (relativismo cultural), interesada en estudiar los fenómenos de la personalidad cultural básica a partir del juicio de las conductas particulares de los individuos en su interacción con las características generales de la cultura (Malinowski, 1971; Radcliffe-Brown, 1971; Linton, 1971, 1972).

Weber es el autor de la teoría de la burocracia, la cual es altamente influyente para explicar la estructura y dinámica de las organizaciones. Para Weber, la matriz que articula la organización es la racionalidad orientada a la construcción del poder. La burocracia, afirma, requiere de cierta disciplina para contener a los individuos y encauzarlos hacia objetivos específicos (Weber, 2001).

El trabajo de la burocracia es especializado y también se construye al interior de las organizaciones educativas, y entraña un deber y conlleva cierta fidelidad a la organización. La burocracia es un instrumento técnico organizativo sin el cual no hubiera sido posible la construcción del Estado moderno que ha impulsado la expansión del capitalismo en dos dimensiones: como modo de producción y como proceso civilizatorio.

Sin una organización burocrática en el sentido weberiano, no hubiera sido posible la expansión del capitalismo, habida cuenta que el sistema requiere un enorme aparato que haga que los individuos acaten cierta disciplina que los haga converger hacia los objetivos de la organización. Para Weber, la burocracia es el medio de transformar la “acción comunitaria” en una “acción societal” organizada racionalmente (Weber, 2001a).

Respecto al desarrollo del capitalismo, señala que un factor determinante para su triunfo fue la ética protestante, sin la cual no hubiera sido posible, con ello descarta lo que considera un error del marxismo al considerar que un solo factor, el económico, pudo influir en la construcción del sistema capitalista: si el capitalismo ha triunfado se debe no a la plusvalía ni al maquinismo, sino a la eficiencia social de unos valores encarnados por la ética, protestante, que ha hecho del trabajo un estilo de vida que va mucho más lejos del puro elemento económico e impregna todas nuestras acciones (Weber, 2000, 2001b; Alcoberro, s.f.).

El trabajo de Weber es abundante en generalizaciones y conceptos que van desde su tipología básica sobre la acción social hasta constructos complejos, además del ya mencionado de la burocracia, como por ejemplo los tipos de autoridad (Weber, 1984; Salinas, s.f.), los cuales pretenden facilitar el análisis de la acción social, desentrañar sus causas, sus consecuencias y expresiones institucionales.

Para Weber, los conceptos científicos no son capaces de abarcar la complejidad social, siendo simplificaciones de tendencias más o menos presentes en la complejidad de la realidad social y que son construidos por el científico social de manera selectiva, con lo que plantea que el conocimiento supone una selección que obedece al interés científico o a la importancia que le concede el estudioso.

El problema sustancial para Weber fue el desarrollar categorías que permitieran tanto su investigación correlacional mediante la aplicación de las leyes del método generalizante, como que a su vez aseguraran la unicidad de los objetos singulares, lo que resuelve con los tipos ideales (Parsons, 1968).

[El tipo ideal se] obtiene mediante la acentuación unilateral de uno o varios puntos de vista y mediante la reunión de gran cantidad de fenómenos individuales, difusos y discretos, que pueden darse en mayor o menor número o bien faltar por completo, y que se suman a los puntos de vista unilateralmente acentuados a fin de formar un cuadro homogéneo de ideas (Weber, 1988, p. 61)

Si bien es cierto que el objeto de estudio en la investigación weberiana toma la forma de tipo ideal, no toda construcción similar se puede suponer objeto de estudio. Esto se debe a que existen dos categorías de conceptos muy heterogéneas con el término de tipo ideal: los conceptos individualizadores y los generalizadores, siendo los primeros el objeto de la investigación en Weber (Parsons, 1968; Parsons & Bales, 1970).

En cuanto al plano metodológico, para Weber ningún método es considerado superior a otro, sino que es legítimo en virtud de los supuestos en los que se fundamenta y con respecto a los resultados que obtiene. Por otra parte, el mundo de la ciencia no debe estar comprometido con juicios de valor, elecciones éticas o preferencias políticas, lo cual surge cuando se elige el problema de estudio o, en su caso, una teoría para su discusión y estudio (Tarrés, 2004).

Al respecto, Weber distingue con claridad entre conocer y valorar, entre lo que es y lo que debe ser. Desde su punto de vista la ciencia social es objetiva porque busca la verdad, se preocupa por arrojar claridad respecto a cómo ocurrieron los hechos y por qué ocurrieron de esa manera y no de otra. En su concepto, la ciencia explica, no valora. Tal visión de la ciencia tiene dos significados: En el plano epistemológico, defiende la libertad de la ciencia respecto a valoraciones de carácter ético, político o religioso, así por ejemplo, una teoría no tiene por qué asociarse a tal o cual perspectiva política: liberal o marxista, o religiosa: católica o protestante; en el plano ético-pedagógico, plantea la defensa de la ciencia ante la demagogia de los “socialistas de cátedra” (Weber cita como ejemplo a Schmoller) por considerar que subordinan el valor de la verdad a valores ético-políticos y, por ende, el valor de la propia cátedra que se subordina a los ideales políticos.

En ese sentido, critica fuertemente a los profesores que se sirven de la cátedra y de la autoridad académica que de ella emana, a fin de hacer propaganda ideológica o política. Considera que los profesores no están a la misma altura que los estudiantes, por lo que el docente debe hacer buen uso de su autoridad y dejar claro cuando manifiesta posiciones personales y cuando aborda los asuntos de su cátedra. (Weber, 1987)

Para Weber, los significados de la acción social pueden ser interpretados tomando como base una explicación racional de la acción de acuerdo a la relación de fines y medios dentro de la lógica del marco de referencia, o bien, mediante una comprensión afectiva, es decir, empática (Weber, 1984; 1988).

Weber, además de postular medios de conocer la realidad como las relaciones empáticas, insistió en la utilización de estadísticas, a la par que sostuvo que los resultados de la sociología comprensiva no pueden ser considerados como finales o definitivos, sino como guías explicativas con las cuales se puede comparar y medir la realidad para exploraciones y explicaciones posteriores; con lo que se abre la puerta a la utilización de métodos de investigación social tanto cuantitativos como cualitativos, siempre y cuando tengan sentido teórico y, consecuentemente, ayuden a la construcción del objeto de investigación.

En otro punto de vista, Karl Marx es uno de los personajes más influyentes en el pensamiento sociológico contemporáneo porque, sea a favor o en contra de sus posiciones, concita la atención y la pasión de muchos de los actores en la filosofía, la política, la educación, la cultura o el arte contemporáneos, toda vez que en la base de los planteamientos de carácter rupturista o emancipatorio se encuentran elementos del pensamiento marxista.

Por ejemplo, en el caso de la Escuela de Frankfurt, es innegable la influencia que el marxismo tuvo en las ideas y preocupaciones de sus fundadores. Es en ese sentido que resulta pertinente decir unas breves palabras sobre este autor y su obra.

Karl Marx nació en Tréveris el 15 de mayo de 1818, sus padres fueron Heinrich Marx y Henriette Pressburg, abogado el primero y ama de casa la segunda. Karl termina su bachillerato en Tréveris, en 1835, e ingresa al año siguiente en la Universidad de Bonn para seguir estudios de derecho, pero, en parte por inclinaciones personales y por decisión paterna, se traslada a la Universidad de Berlín en 1836 donde continúa sus estudios. Abandona sus estudios de derecho en la Universidad de Berlín para estudiar filosofía. Se doctoró en 1841 en Jena con una tesis titulada Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro. Pronto se implicó en la elaboración de trabajos en torno a la realidad social, colaborando en 1842 junto con Bruno Bauer en la edición de la Gaceta Renana (Rheinische Zeitung), órgano de los radicales burgueses de Renania, publicación de la que pronto llegó a ser redactor jefe. Durante este período también frecuentó la tertulia filosófica de Los Libres (Die Freien). La publicación finalmente sería intervenida por la censura, y posteriormente, Marx tuvo que marchar al exilio. En este período Marx estudia con entusiasmo a Feuerbach, y escribe, en el verano de 1843, la Crítica al derecho público de Hegel (Karl Marx, 1974; 2007a; Reale & Antiseri, 1992).

Junto a Ruge funda en París la revista Anales franco-alemanes (Deutsch-französische Jahrbücher), de la que fue director, en donde publica la introducción de la Crítica al derecho público de Hegel , al poco tiempo el gobierno francés la cierra por presión del gobierno prusiano. En 1844, en París, Marx conoce y traba amistad con Friedrich Engels, que se convertirá en su principal colaborador y además le ofrecerá en múltiples ocasiones apoyo económico debido a la penuria económica a la que se ve sometida su familia dada la eventualidad de sus ingresos. También conocerá en Francia a otros importantes pensadores socialistas de la época tales como Pierre-Joseph Proudhon, Louis Blanc y Mijaíl Bakunin y al poeta alemán Heinrich Heine. Escribió sus reflexiones teóricas de esa época en una serie de cuadernos de trabajo que póstumamente fueron publicados como los Manuscritos económicos y filosóficos. Por otra parte, el peso político de sus artículos periodísticos le hizo ganar fama de revolucionario, lo que provocó su expulsión de Francia. En 1845 aparece La sagrada familia, escrito en colaboración con Engels y dirigido contra Bruno Bauer y los hegeianos de izquierda; Marx y Engels escribieron en Bruselas La ideología alemana. Las Tesis sobre Feuerbach se remontan a 1845, mientras que Miseria de la filosofía, respuesta a la filosofía de la miseria de Proudhon es de 1847 (Karl Marx, 1974; 2007b).

Establecido en Bruselas, funda la Liga de los Comunistas, tras lo cual se declara apátrida, ateo y revolucionario. Tras el período revolucionario de 1848 y la publicación del Manifiesto del Partido Comunista, con la coautoría de Engels, se traslada a Colonia, donde organiza un nuevo diario, "Nueva Gaceta Renana" (Neue Rheinische Zeitung). Su nueva publicación alcanza un éxito inmediato, en el contexto de una época de fuerte sentimiento social y compromiso revolucionario. En consecuencia, es prohibido por el gobierno renano. De Colonia regresó a París donde el gobierno prohíbe su residencia, así que Marx tuvo que partir a Inglaterra, donde llegó el 24 de agosto de 1849. Es ahora cuando Marx se dedica a la escritura de una de sus obras fundamentales, El Capital, que elabora en las salas de lectura del Museo Británico. El primer volumen de El Capital no verá la luz hasta 1867, tras dieciocho años de trabajo. Los otros dos volúmenes fueron publicados por Engels después de la muerte de Marx, en 1885 y 1894 respectivamente. En 1859 había aparecido su importante obra Crítica de la economía política (Karl Marx, 2007a; 2007c; Reale & Antiseri, 1992).

Además, Marx participó en la fundación y organización de la Primera Internacional (28 de septiembre de 1864), conocida como la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), participando activamente en las discusiones. A él se le encarga la redacción del Llamamiento inaugural de la Internacional y participa en la elaboración de su estatuto y otros documentos. Se entablará a partir de los debates un enfrentamiento entre Marx y Bakunin, que terminará con la expulsión de este último en el Congreso de La Haya de 1872 y la salida de la Internacional de las secciones bakunistas. Estos últimos, reunidos en el Congreso de Saint-Imier (Suiza), no reconocerían los acuerdos de La Haya y refundarían la Internacional (Karl Marx, 2007d; 2007e).

Tras la derrota de la Comuna de París de 1871, que significó un duro golpe para la Internacional, la cual fue disuelta en 1872, Marx se retiró de la lucha política y se dedicó a la escritura de su pensamiento. En 1875 publicó la Crítica al programa de Gotha, donde analiza las doctrinas de Lassalle, aunque trabajó principalmente en El Capital. El 14 de marzo de 1883 falleció en Londres y fue sepultado tres días después en el cementerio de Highgate (Karl Marx, 2007c; 2007d; Reale & Antiseri, 1992).

El sabio de Tréveris, aborda el estudio de la sociedad a partir de la concepción de que la sociedad es dinámica y no estática, que está sujeta a cambios cuantitativos y cualitativos, merced a las leyes del materialismo histórico y el materialismo dialéctico, es decir, el marxismo aporta una sociología materialista de la sociedad y una filosofía basada en la dialéctica materialista.

Desde esta perspectiva están en la consideración del estudioso las acciones de los seres humanos como constructores de la sociedad, como hacedores de la historia y no sólo como objetos de la historia.

El elemento dinámico de la sociedad es el hombre y la acción del hombre es lo que le da sentido y dirección, el actor social y motor de la historia es, de manera clara, el ser humano. Pero, están presentes estructuras que sujetan al hombre y que expresan relaciones económicas inequitativas, injustas, relaciones de dominación y de subordinación merced a la explotación del hombre por el hombre. Aquí la idea de sistema económico conjuga una constelación de factores que van de la base económica de la sociedad a la superestuctura ideológico-política, que se construye a partir del tipo específico de relación económica que se da en la base. Mientras que la base expresa las relaciones económicas del sistema, la superestructura da cuenta de la forma que revisten en la conciencia de los hombres, da cuenta de las relaciones jurídico-políticas que explican y justifican el sistema, de su cultura, de su educación, de los usos y costumbres que tienden a perpetuar y ampliar el sistema en forma de una ideología dominante, ahí se encuentran las instituciones tales como el Estado, los tribunales, iglesia, etcétera (Blauberg, 1984).

Se parte del supuesto que el sistema económico es el elemento esencial de la dominación y que sobre él recae el bienestar o malestar del hombre en sociedad, de manera que el sistema determina la vida de los seres humanos y afecta su visión de la realidad mediante el elemento ideológico-político; pero es justamente mediante el descubrimiento de la ideología como conciencia falsa que el hombre puede alcanzar su liberación, su emancipación, a través de la lucha de clases y el triunfo del trabajador sobre la explotación del capital.

Al triunfar el trabajo sobre el capital, se liberan los trabajadores, pero también lo hacen los que antes eran explotadores al desaparecer la sociedad clasista y pasar a un estadio de desarrollo social basado en la autoconciencia y la solidaridad (Dynnik, 1968; Marx & Engels, 1973).

Es, finalmente el marxismo, una doctrina económica, social y política que tiene como sustrato una filosofía humanista que lo hace, hasta la fecha, sumamente atractivo y que ha servido de base ideológica para gran cantidad de movimientos emancipatorios en el mundo, particularmente en América Latina.

Cabe recordar que la sociología misma nace en abierta confrontación con el marxismo que plantea que todo sistema social es esencialmente transitorio, cambiante y perecedero. La sociología clásica, por lo contrario, postula la estabilidad del sistema y, en consecuencia, su permanencia.

En ese sentido, se trata de una visión de la realidad que corresponde con una sociedad capitalista que busca los mecanismos que hagan posible reproducir al sistema, y opone al marxismo la teoría que lo justifique.

La diferencia fundamental consiste en que mientras que los marxistas postulan el enfoque histórico de las sociedades, poniendo de relieve el carácter contradictorio del sistema social y, por ende, la necesidad de proveer los instrumentos necesarios para el cambio revolucionario, los sociólogos clásicos sustentan una visión sistémica y sincrónica que desestima la perspectiva histórica subrayando, en cambio, la tendencia al equilibrio y la armonía, con lo que sus esfuerzos estarán enfocados a encontrar los mecanismos que hacen posible la estabilidad del sistema (Díaz-Polanco, 1997).

Las categorías de análisis en el marxismo son de carácter transitorio debido a que su validez está relacionada con las condiciones objetivas de las que surgen; es decir, las categorías en el análisis marxista obedecen al carácter histórico de las condiciones que las originan y solamente tienen sentido en el marco de la temporalidad de los fenómenos que explican. Ello se debe al carácter transitorio del sistema social y a su necesaria transformación en otro que supere las contradicciones que se generan en su seno.

De ahí la necesaria correspondencia entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, lo que genera un equilibrio transitorio en tanto que el desarrollo de las fuerzas productivas requiera una nueva forma de relación social de carácter progresiva que permita su desarrollo. Las categorías están expresando de qué manera se relacionan los hombres, por lo que poseen un carácter relativo.

Los cambios en la base económica de la sociedad hacen que sea imposible que las categorías de análisis sean fijas y para siempre. Su carácter transitorio obedece justamente a la naturaleza transitoria e histórica del sistema social (Díaz-Polanco, 1977).

Cabe preguntarse ¿qué relación tienen las categorías con la concepción de la realidad según el marxismo? Las categorías no sólo tienen un carácter histórico sino que revelan fundamentalmente las relaciones que se ocultan detrás de lo fenoménico.

Esto quiere decir que las cosas tienen una doble expresión: lo aparente y lo esencial. Esa apariencia fenoménica es, con frecuencia, la forma inversa de la sustancia real, de donde la apariencia tiene por función el ocultamiento de la realidad de las cosas.

Las categorías que se construyen a partir de la apariencia del fenómeno son víctimas de su función mistificadora, así –dice Marx– aparece el obstáculo que impide a la economía política clásica discriminar entre el trabajo y la fuerza de trabajo, lo que es esencial en el análisis marxista.

La finalidad de todo trabajo científico consiste en reducir el movimiento aparente al movimiento real, con lo que se pone en tela de juicio la utilidad del empirismo para el conocimiento de las leyes ocultas de los fenómenos.

Al respecto, Kosik (1967) señala que “la comprensión del fenómeno marca el acceso a la esencia. Sin el fenómeno, sin su manifestación y revelación, la esencia sería inaccesible”. En el mundo de la pseudoconcreción, el lado fenoménico de la cosa es considerado como la cosa misma, de tal suerte que la diferencia entre fenómeno y esencia desaparece. Es así que la realidad es la unidad de la esencia y el fenómeno (p. 28).

En la comprensión de la cosa, el hombre tiene que dar un rodeo en tanto que el fenómeno es el que primero aparece, ocultando la esencia. La apariencia de la cosa es engañosa para quien intenta conocerla, pero sin el conocimiento de lo aparente, sería imposible llegar a fondo de la cosa, es decir, conocer su esencia.

De esta suerte, el trabajo de investigación a menudo debe hacerse de acuerdo a aproximaciones sucesivas, yendo del fenómeno, externo, en su apariencia, a la esencia de la cosa, de donde Kosik advierta que, en virtud de que la esencia (a diferencia del fenómeno) no se manifiesta directamente y que el funcionamiento oculto de las cosas debe ser descubierto mediante una actividad especial, existen la ciencia y la filosofía. “Si la apariencia fenoménica y la esencia de las cosas coincidieran totalmente, la ciencia y la filosofía serían superfluas” (Kosik, 1967, p. 29).

En el análisis el papel de las categorías es crucial y Marx recomienda partir de las categorías más simples. Lo que se llama lo concreto (por ejemplo, la población) no es más que la síntesis de múltiples determinaciones más simples, es el resultado, en el pensamiento, de numerosos elementos cada vez más abstractos. Por eso hay que iniciar el análisis desde esos elementos simples e ir construyendo lo concreto. Por eso Marx empieza su estudio del capital partiendo del análisis de la mercancía como categoría más simple, y en la medida en que avanza su obra se ocupa de estudiar la renta del suelo, etcétera, hasta llegar al examen de las clases sociales.

En todo momento postula que las categorías son producto o expresión de las relaciones concretas que sostienen los hombres en la sociedad, asimismo señala que existen los concretos esencialmente distintos que no se deben confundir: el concreto-realidad y el concreto-de-pensamiento, que es el conocimiento de aquel objeto real (Althusser, 1971).

El método correcto es, entonces, aquel que consiste en elevarse de las categorías más simples, más abstractas, hasta lo más concreto. Lo concreto únicamente podrá ser construido por ese camino. Lo concreto construido de esa manera es el concreto-de- pensamiento, es decir, el conocimiento de lo real, de la síntesis dialéctica de lo concreto-realidad en el pensamiento (Marx, 1970).

Por último, mientras que Marx centra su atención en los fenómenos estructurales que contienen relaciones sociales dinámicas, y las categorías deben expresar tales relaciones en lo que tienen de reales y esenciales, Durkheim, por su parte, elimina la consideración del individuo, conceptuando el fenómeno social como irreductible a este último. Weber, por lo contrario, sostiene de manera clara que la acción, como orientación significativa comprensible de la propia conducta, sólo existe para nosotros, como conducta de una o varias personas individuales. Para Weber, contrario al pensamiento de Durkheim, no existen personas colectivas (o fenómenos sociales colectivos) independientemente de los individuos que dan sentido subjetivo a su acción (Freund, 1968).

La ruptura del modelo positivista de la ciencia trae consigo un replanteamiento de qué se debe entender por conocimiento científico y cuáles son en última instancia los aspectos que la ciencia debe contemplar en su búsqueda del conocimiento.

El suponer la ausencia de interacción entre el sujeto y el objeto es una visión aséptica de la realidad que, sin proponérselo, la deforma por hacerla perder sentido y sustancia, la hace ajena al hombre porque niega en principio la posibilidad de conocer. Esto se explica a partir de una idea particular de la objetividad desligada del sujeto que observa y que, en última instancia conoce y conceptualiza, y en la medida en que conceptualiza, refina su conocimiento de la realidad estudiada.

Si bien es cierto que la realidad es independiente de nuestra conciencia, es la conciencia de su existencia la que la hace cognoscible, por lo tanto conceptualizable, definible y comprensible. La explicación como producto último y deseable queda corta ante la posibilidad de que el sujeto conozca y así pueda decir no sólo qué es lo que conoce, sino cómo es la naturaleza de lo que conoce, es decir, que comprenda.

Lo anterior es deseable cuando se trata del estudio de la sociedad, de las relaciones entre seres humanos en interacción constante y cambiante en un contexto social históricamente determinado, conocimiento que no se logra cabalmente cuando se aborda desde una perspectiva cuantitativa sin mayor pretensión que la de establecer relaciones numéricas generalizables.

Entonces, el estudio de lo particular gana terreno en la medida en que se entiende la complejidad del mundo social, en la medida en que se hace necesaria más que la explicación, la comprensión. El estudio de resultados puede tener un feliz término con la relación cuantitativa, pero el análisis de procesos que pueden ser complejos por la interacción humana entre sí y con su entorno, exige subrayar la calidad de esas relaciones, es decir, comprenderlas. El enfoque cualitativo proporciona respuestas a la complejidad de las relaciones humanas.

De acuerdo con LeCompte (1995), la investigación cualitativa se refiere a una categoría de diseños de investigación que extraen descripciones a partir de observaciones que adoptan diversas formas: entrevistas, narraciones, notas de campo, grabaciones, transcripciones de audio y vídeo cassettes, registros escritos de todo tipo, fotografías o películas y artefactos. Sólo desde mediados de los 80 se han considerado respetables en los círculos educativos. La mayor parte de los estudios cualitativos están preocupados por el contexto de los acontecimientos, y centran su indagación en aquellos contextos en los que seres humanos se implican e interesan, evalúan y experimentan directamente (Dewey, 1934; 1938, citado por LeCompte, 1995). Esto es lo que significa calidad: lo real, más que lo abstracto; lo global y concreto, más que lo disgregado y cuantificado. Es más, la investigación cualitativa investiga contextos que son naturales, o tomados tal y como se encuentran, más que reconstruidos o modificados por el investigador (Sherman & Webb, 1988, citados por LeCompte, 1995).

Por su parte, Taylor & Bogdan (1987) consideran diez características de la investigación cualitativa:

1. La investigación cualitativa es inductiva. Los investigadores desarrollan conceptos e intelecciones, partiendo de los datos y no recogiendo datos para evaluar modelos, hipótesis o teorías preconcebidos. En los estudios cualitativos, los investigadores siguen un diseño de investigación flexible. Comienzan sus estudios con interrogantes formuladas vagamente. Ésta es una de las diferencias torales con el enfoque cuantitativo.

2. En la metodología cualitativa el investigador ve el escenario y a las personas en una perspectiva holística. Las personas, los escenarios o los grupos no son reducidos a variables, sino considerados como un todo. El investigador cualitativo estudia a las personas en el contexto de su pasado y de las situaciones en las que se encuentran.

3. Los investigadores cualitativos son sensibles a los efectos que ellos mismos causan sobre las personas que son objeto de su estudio. Se ha dicho de ellos que son naturalistas, es decir, que interactúan con los informantes de un modo natural y no intrusivo. En la observación participante, tratan de no desentonar en la estructura, por lo menos hasta que hayan llegado a una comprensión del escenario. En las entrevistas en profundidad, siguen el modelo de una conversación normal, y no de un intercambio formal de preguntas y respuestas. Aunque los investigadores cualitativos no pueden eliminar sus efectos sobre las personas que estudian, intentan controlarlos o reducirlos a un mínimo, o por lo menos entenderlos cuando interpretan sus datos (Emerson, citado en Taylor & Bogdan, 1987).

4. Los investigadores cualitativos tratan de comprender a las personas dentro del marco de referencia de ellas mismas. Para la perspectiva fenomenológica y por lo tanto para la investigación cualitativa es esencial experimentar la realidad tal como otros la experimentan. Los investigadores cualitativos se identifican con las personas que estudian para poder comprender cómo ven las cosas. Herbert Blumer (citado por Taylor & Bogdan, 1987) explica que el esfuerzo del investigador cualitativo se centra en tratar de aprehender el proceso interpretativo permaneciendo distanciado como un denominado observador “objetivo” y rechazando el rol de unidad actuante, equivale a arriesgarse al peor tipo de subjetivismo: en el proceso de interpretación, es probable que el observador objetivo llene con sus propias conjeturas lo que le falte en la aprehensión del proceso tal como él se da en la experiencia de la unidad actuante que lo emplea.

5. El investigador cualitativo suspende o aparta sus propias creencias, perspectivas y predisposiciones. Tal como lo dice Bruyn (citado por Taylor & Bogdan, 1987), el investigador cualitativo ve las cosas como si ellas estuvieran ocurriendo por primera vez. Nada se da por sobrentendido. Todo es un tema de investigación.

6. Para el investigador cualitativo, todas las perspectivas son valiosas. Este investigador no busca “la verdad” o “la moralidad” sino una comprensión detallada de las perspectivas de otras personas. A todas se las ve como iguales. Así, la perspectiva del delincuente juvenil es tan importante como la del juez o consejero; la del “paranoide”, tanto como la del psiquiatra.

7. Los métodos cualitativos son humanistas. Los métodos mediante los cuales estudiamos a las personas necesariamente influyen sobre el modo en que las vemos. Cuando reducimos las palabras y actos de la gente a ecuaciones estadísticas, perdemos de vista el aspecto humano de la vida social. Si estudiamos a las personas cualitativamente, llegamos a conocerlas en lo personal y a experimentar lo que ellas sienten en sus luchas cotidianas en la sociedad. Aprendemos sobre conceptos tales como belleza, dolor, fe, sufrimiento, frustración y amor, cuya esencia se pierde en otros enfoques investigativos.

8. Los investigadores cualitativos dan énfasis a la validez en su investigación. Los métodos cualitativos nos permiten permanecer próximos al mundo empírico (Blumer, citado por Taylor & Bogdan, 1987). Están destinados a asegurar un estrecho ajuste entre los datos y lo que la gente realmente dice y hace. Observando a las personas en su vida cotidiana, escuchándolas hablar sobre lo que tienen en mente, y viendo los documentos que producen, el investigador cualitativo obtiene un conocimiento directo de la vida social, no filtrado por conceptos, definiciones operacionales y escalas clasificatorias.

9. Para el investigador cualitativo, todos los escenarios y personas son dignos de estudio. Ningún aspecto de la vida social es demasiado frívolo o trivial como para ser estudiado. Todos los escenarios y personas son a la vez similares y únicos. Son similares en el sentido de que en cualquier escenario o entre cualquier grupo de personas se pueden hallar algunos procesos sociales de tipo general. Son únicos por cuanto en cada escenario o a través de cada informante se puede estudiar del mejor modo algún aspecto de la vida social, porque allí es donde aparece más iluminado (Hughes, citado por Taylor & Bogdan, 1987). Algunos procesos sociales que aparecen con relieve nítido en ciertas circunstancias, en otras sólo se destacan tenuemente.

10. La investigación cualitativa es un arte. Los métodos cualitativos no han sido tan refinados y estandarizados como otros enfoques investigativos. Esto es en parte un hecho histórico que está cambiando con la publicación de libros y de narraciones directas de investigadores de campo; por otro lado, también es un reflejo de la naturaleza de los métodos en sí mismos. Los investigadores cualitativos son flexibles en cuanto al modo en que intentan conducir sus estudios. El investigador es un artífice. El científico social cualitativo es alentado a crear su propio método (Mills, citado por Taylor & Bogdan, 1987). Se siguen lineamientos orientadores, pero no reglas. Los métodos sirven al investigador; nunca es el investigador el esclavo de un procedimiento o técnica.

Dalton refiere que, si le fuera posible elegir, preferiría métodos simples, rápidos e infalibles. Si pudiera encontrar tales métodos, sostiene que evitaría las variantes consumidoras de tiempo, difíciles y sospechables de la “observación participante” con la cual ha venido a asociarse (Dalton, citado por Taylor & Bogdan, 1987).

Al respecto, María Teresa Anguera (1997, p. 75, citando a Guba & Lincoln), señala como axiomas comunes a la investigación cualitativa los siguientes:

a) Concepción múltiple de la realidad. Existen muchas realidades que no pueden ser consideradas de forma unitaria, por lo que cabe una diversificación en la interpretación de dicha realidad. Son diversas las facetas que se pueden estar considerando.

b) El principal objetivo científico será la comprensión de los fenómenos. Se pretende llegar a captar las relaciones internas existentes, indagando en la intencionalidad de las acciones, sin permanecer únicamente en la capa externa a la que parece propicia la descripción de los fenómenos.

c) Se interrelacionan el investigador y el objeto de la investigación, de forma tal que se influyen mutuamente.

d) Se pretende un conocimiento de carácter ideográfico, de descripción de casos individuales. La investigación cualitativa no pretende llegar a abstracciones universales, y de ahí que abogue por el estudio de casos en profundidad, que luego se compararán con otros, con el fin de hallar regularidades y generar redes. Se pretende averiguar lo que es único y específico en un contexto determinado y lo que es generalizable a otras situaciones.

e) La simultaneidad de los fenómenos e interrelaciones mutuas en el hecho educativo hace imposible distinguir las causas de los efectos.

f) Los valores están implícitos en la investigación, reflejándose en las preferencias por un paradigma, elección de una teoría, etc.


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