Tesis doctorales de Economía


USOS, CONSUMOS Y ATRIBUTOS QUE LOS JÓVENES GUANAJUATENSES OTORGAN A LAS TECNOLOGÍAS DE INFORMACIÓN Y COMUNICACIÓN

Jorge Alfredo Blanco Sánchez


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Teoría Sustantiva y determinismo tecnológico

En la teoría sustantiva, la tecnología constituye un nuevo tipo de sistema cultural que reestructura por completo el mundo social con objeto de establecer un control significativo (Feenberg, 1991, p. 7). Este sistema es caracterizado por la imposición de nuevas reglas que no toman en cuenta las características humanas existentes y tratan de imponer la supremacía del poder y la riqueza como formas de valorar a la sociedad mediante la tecnología. La política y la moral están fuera de este contexto. No existe una racionalidad tecnológica en el sentido de qué es lo deseable para el ser humano, sino únicamente, lo útil y productivo.

Para Martín Heidegger (1994) y Jacques Ellul (1986), la técnica se ha vuelto autónoma y domina la vida cotidiana en su esencia, involucrando todo tipo de acciones en donde la voluntad del ser humano se ha degradado, ya que la tecnología convierte a los individuos en meros objetos y el hombre pasa a ser parte del “fenómeno técnico”. La teoría sustantiva de la tecnología trata de concienciar a la sociedad de que el ámbito tecnológico es simplemente un medio para el desarrollo del ser humano, no un fin es sí mismo.

Para Borgmann (1984) esta es una postura sociológica, antitecnológica o del imperativo tecnológico, porque considera que la tecnología tiene un poder irresistible, autónomo que impacta tanto a la ciencia, el arte, la cultura en general. No desconoce el valor de la técnica como herramienta de la modernidad que ha producido grandes beneficios a la humanidad, pero advierte que el propio ser humano ha perdido el control de la misma.

Para Aibar (2001) esta es una tendencia tecnófoba ya que el crecimiento incontrolado de la tecnología pone en serio peligro a la civilización actual. El aceptar que el conocimiento tecnológico se desarrolla según sus propias leyes inexorables, acaba traspasando cualquier intento de control humano y cualquier voluntad explícita del hombre. Este es el sentido fuerte del determinismo tecnológico, que para algunos estudiosos es de carácter fatalista y pesimista, su propuesta deja por lo pronto al descubierto que el futuro tecnológico es totalmente incierto. Esta visión del poder de la tecnología se ha ido construyendo durante más de cinco siglos, gracias a la visión triunfalista de la propia ciencia y la tecnología, según Staudenmaier (1994) el determinismo tecnológico aparece en el siglo XX, pero sus antecedentes se encuentran claramente en el Siglo de las Luces con énfasis en pensadores como Condorcet o Turgot.

Ellul (1986) menciona que buena parte del éxito de la tecnología es que se encuentra regulada por la noción de eficiencia. Pero advierte que la eficiencia es un concepto sistemáticamente incompleto ya que se encuentra en una carrera sin fin, donde nada termina, todo se encuentra en constante proceso y progreso. La idea del desarrollo tecnológico es mirar al pasado, observar los artefactos y tratar de mejorarlos en función de la maximización de los recursos con el mínimo de costes, sin tomar en cuenta por supuesto el costo social, ambiental, político, cultural. Los deterministas tecnológicos consideran que el desarrollo tecnológico condiciona, como ningún otro elemento singular, el cambio de las estructuras sociales. Ciertas tecnologías han cambiado ámbitos sociales como son las instituciones, las formas de interacción, el imaginario cultural y las cosmovisiones.

La perspectiva determinista se caracteriza por considerar la relación entre tecnología y sociedad como unidireccional. La tecnología se desarrolla en un ámbito externo al medio social, es como ya se mencionó, un factor exógeno a la dinámica propia de la sociedad. El determinismo tecnológico mantiene varias posturas. Por ejemplo Heilbroner en 1967 escribió un artículo titulado ¿Son las máquinas el motor de la historia? (Smith y Marx, 1996) donde desde una perspectiva mecanicista trata de establecer que los sistemas tecnológicos entrelazan sus necesidades con los sucesos históricos o las innovaciones de los artefactos, para establecer una dinámica lineal autónoma. Esto quiere decir, que el autor establece una línea histórica donde el progreso está estrechamente ligado al desarrollo tecnológico. Aunque el mismo autor establece su postura a favor de la teoría instrumental, la interpretación que se puede hacer es corroborar una clara tendencia hacia la teoría sustantiva ya que afirma que dentro del desarrollo tecnológico existe una determinada secuencia de tecnología productiva para las sociedades que están interesadas en originar y aplicar esta tecnología. Encuentra varias razones para afirmar lo anterior de las cuales se destaca: La simultaneidad de la invención. El autor indica que el proceso del descubrimiento tiene lugar a lo largo de una frontera definida del saber, más que por sorpresa, la evolución técnica sigue un rumbo secuencial y determinado en lugar de aleatorio (Heilbroner, 1996, p. 72)

Queda claro que el desarrollo tecnológico se da a partir de un cúmulo de conceptos conocidos que son la base fundamental para la innovación tecnológica y resultaría más claro tomando en cuenta el ejemplo de la dependencia entre tecnología y ciencia. La parte conceptual permanecería para la ciencia y la puesta en práctica para la tecnología. Desde esta perspectiva habría una ausencia de saltos tecnológicos. La mayoría de los avances parecen esencialmente acumulativos, especialmente con visiones retrospectivas, Hailbroner (Ibíd.) utiliza el ejemplo de la naturaleza al afirmar que, si la naturaleza no da saltos repentinos, tampoco parece que la tecnología los dé. El gran desacuerdo del presente estudio con Hailbroner es considerar a la tecnología como equivalente a la naturaleza. La naturaleza y la tecnología no tienen ninguna similitud y por lo tanto no pueden ser comparadas. La tecnología es un producto humano y la naturaleza es el escenario donde habita el hombre. La naturaleza es independiente al desarrollo tecnológico.

El desarrollo de la tecnología de producción presenta un perfil uniforme y continuo, en lugar de un perfil de discontinuidades. Por tanto, el carácter predecible de la tecnología queda sustentado en la continuidad de su desarrollo, el progreso técnico siempre ha parecido previsible. No en términos específicos, aclara el autor, pero sí en las líneas generales de avance. De hecho, algunos científicos estarán dispuestos a realizar vaticinios generales sobre el futuro tecnológico, otros ya lo hicieron con resultados diferentes, pero con una visión fundamentada en los logros anteriores. La tecnología en general, muestra una historia estructurada (Ibíd., p. 73).

Las razones fundamentales para esta afirmación es que en cierto sentido, como ya se mencionó, existe la limitación del acervo acumulable de conocimiento, por tanto la realización técnica está condicionada al saber acumulado. Difícilmente la realización técnica puede preceder a lo que saben los hombres. La segunda limitación es la competencia material de la época, el nivel de pericia técnica. Un aspecto es la creación tecnología y otra diferente es la creación de una máquina . Como ejemplo recurrente de sustento a lo mencionado ahora, se señala que hasta que no se consolidó la tecnología de la metalurgia no fue posible crear la tecnología industrial. Se requiere reconocer que existe un principio de “congruencia tecnológica”. Esta es una expresión sugestiva para poder alinear la historia de la tecnología en una secuencia lógica, reconocible.

El determinismo tecnológico se encuentra en la frontera entre la teoría sustantiva y la teoría instrumentalista que posteriormente será analizada, pues comparte buena parte de las dos concepciones. La problemática de la racionalidad tecnológica, que puede pensarse desde la propuesta antirracionalista y antidemocrática del desarrollo tecnológico, propone que la tecnología obedece a una propuesta política intrínseca (monotécnica) de detentar el poder vía la producción y administración de la tecnología y sólo aquellos que la controlan, deciden el futuro tecnológico y por ende el futuro social. Por ejemplo Winner (1983) desarrolla la idea sugerida por Ellul que el desarrollo tecnológico implica forzosamente la creación de la política tecnológica porque la tecnología es una forma de vida. Desde esta postura, se podría abrir el diálogo político incluyente o de sectores, quedaría abierto para el público experto o no experto, permanecería cerrado a ciertos actores políticos interesados en el tema o prevalecerían los aspectos económico-políticos como los determinantes en la toma de decisiones. Por lo pronto la propuesta política convergente es una vía para resolver la problemática de la racionalidad tecnológica.

La postura más radical del determinismo tecnológico aparece en Mitcham (Andoni y Galán, 2004) al indicar que la tecnología no es algo que hacemos sino algo que somos. Mitcham revela que uno de los primeros autores en citar este punto de vista se le debe de adjudicar a Descartes y su Tratado del Hombre (de 1630 aproximadamente), donde describe el cuerpo humano de manera semejante a las estatuas hidráulicas construidas para los jardines públicos. Este determinismo tecnológico ya no concede ningún distanciamiento entre el hombre y la tecnología sino que los funde en una dependencia fatal. “Las máquinas somos nosotros, somos cyborgs” (Ibíd., p. 168).

Heilbroner (1996) afirma que realmente la tecnología determina a la sociedad, ya que le impone pautas sociales como la organización jerárquica del trabajo o división entre obreros por requisitos de operación. La propia maquinaria determina el tipo de trabajadores que se requieren, al igual que sus destrezas y habilidades. El mismo Heilbroner (Chávarro, 2004) trata de matizar el determinismo tecnológico con una nueva propuesta llamada “determinismo blando”, en el cual acepta que existen elementos mediadores entre tecnología y sociedad que inciden en el rumbo del desarrollo tecnológico y uno de esos casos es la economía. El mundo capitalista se encuentra dominado por la economía y en especial por el principio de la maximización que implica una cierta racionalidad entre costo beneficio. Para Heilbroner el capitalismo constituye una mediación porque los estímulos económicos son las variaciones que entran en juego en el campo de la producción, al igual que en la esfera del mercado occidental globalizado. De esta manera la relación entre tecnología y sociedad ya no es directa sino que un elemento exógeno sirve para mediatizar los efectos mutuos. En este sentido el determinismo tecnológico acepta niveles o grados ya que la máquina introducida en la sociedad no produce efectos directos, sino que es un elemento importante pero no el definitorio para influenciar, en tal caso sería la lógica del capital el mediador y definidor de los resultados.

Las consideraciones que sustentarían al determinismo suave permitirían el análisis de por qué la misma tecnología no causa los mismos efectos en todas las sociedades y abriría la reflexión sobre otros factores importantes que permiten la mediatización de los efectos tecnológicos en la sociedad. Esta forma de abordar al determinismo tecnológico concuerda con lo propuesto en este trabajo, ya que el impacto tecnológico no puede ser el mismo entre usuarios jóvenes que entre usuarios adultos. Los aspectos culturales, determinados por la sociedad, la época y el contexto general determinan en cierto sentido la influencia que provoca la propia tecnología. Su aceptación o rechazo también se encuentra ligada a aspectos definitorios como son la economía, la política y la cultura.

Bimber (1994) por su parte es de la idea que el determinismo tecnológico no es un concepto simple y de fácil determinación causal, propone cuestionar hasta el mismo vocablo de determinismo tecnológico. El autor indica que en la corriente determinista se encuentran tres interpretaciones: la nomológica, la normativa y la de efectos no anticipados.

La interpretación nomológica entiende al desarrollo tecnológico como una lógica natural, unidireccional, donde la sociedad es consecuencia de una tecnología, por tanto la cultura y la sociedad en sí, representan el efecto de la influencia tecnológica, nunca la causa. Así como la naturaleza es determinada por leyes naturales que el hombre descubre, la tecnología surge en consecuencia de la aplicación de ese conocimiento y por tanto sus efectos se reflejan en el ámbito social y cultural. La postura normativa representa la interpretación suave del determinismo tecnológico porque otorga a la sociedad la capacidad de darle sentido y significado tanto política, económica y social al artefacto dentro de su propio contexto o contorno conceptual. En este sentido la tecnología sigue siendo la causa determinante del rumbo a seguir por la sociedad, pero la misma sociedad juega un papel secundario al poder atribuirle propiedades valederas para la sociedad a los productos tecnológicos, pero no modificarlos, ni influir en su desarrollo.

La interpretación de los “efectos no anticipados” indica que la tecnología sigue siendo la pieza clave del cambio social, pero no en función de una secuencia lógica, predecible y determinada, sino bajo la influencia de la incertidumbre y la carencia total de intervención y control. En este aspecto la tecnología se considera totalmente autónoma, impredecible y ausente de cualquier relación con el desarrollo humano. Este es el concepto duro del determinismo porque se apegaría de manera literal al concepto fatalista del imperativo tecnológico.

Por tanto, el determinismo duro es la tecnología “per se” como agente causal histórico, siempre hay un antes y un después de la tecnología: En este sentido se considera una tecnología independiente, casi autónoma, iniciadora del cambio. Sin embargo, el determinismo suave supone una tecnología vista como una matriz social, económica, política y cultural, variada y compleja. No existe desde esta perspectiva una explicación mono causal. El lado crítico del determinismo tecnológico no acepta esta última postura de manera clara pero indica que en el nivel pragmático los individuos seguimos pensando en estos tiempos, que gran parte del determinismo tecnológico sigue siendo el motor del desarrollo económico, social, político y cultural.

Heilbroner (1996) establece que el orden socioeconómico es determinante para explicar la influencia tecnológica. Es más, propone que la historia de la tecnología como disciplina, debería de encargarse exclusivamente de los casos que hicieran referencia al mundo occidental y capitalista, pues solamente en esos contextos la lógica tecnológica se puede advertir. Para aclarar esta afirmación, el propio autor hace una revisión histórica de casos y manifiesta que el capitalismo impulsó el desarrollo de la producción tecnológica al establecer una clara dinámica social a la organización de las fuerzas de trabajo y de esta manera la máquina es la que establece las condiciones en las instituciones productivas y no el fenómeno tecnológico.

La teoría sustantiva y el determinismo tecnológico comparten gran parte de sus supuesto teóricos, sin embargo, la primera enfatiza la autonomía de la propia tecnología y el poder casi irresistible que mantiene ante la parte humanística, al grado de considerar que poco ha hecho el hombre para controlarla. Por su parte el determinismo tecnológico afirma que la tecnología determina a la sociedad, al grado de no conceder ningún distanciamiento entre máquina y hombre, más bien el hombre se encuentra atrapado dentro de la concepción tecnológica y el motor del desarrollo humano es precisamente su concepción tecnológica. Nada más revelador que esta concepción fatalista, de la cual no se comparten sus postulados en este trabajo, pero sí se reconoce que son altamente sugestivos para denominar los excesos tecnológicos a los cuales el hombre está expuesto.


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