Tesis doctorales de Economía


USOS, CONSUMOS Y ATRIBUTOS QUE LOS JÓVENES GUANAJUATENSES OTORGAN A LAS TECNOLOGÍAS DE INFORMACIÓN Y COMUNICACIÓN

Jorge Alfredo Blanco Sánchez


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Aproximación a las tradiciones de Ciencia, Tecnología y Sociedad

Se ha tratado de encadenar a la ciencia, la tecnología, la sociedad y la cultura a la idea de progreso, especialmente en los estudios sociológicos, filosóficos, históricos, económicos y políticos contemporáneos. Sin embargo, las diferentes propuestas al respecto han tomado rumbos heterogéneos, de los cuales se van a analizar algunos de ellos en este apartado.

La idea general de la tradición de Ciencia, Tecnología y Sociedad; trata de constituir a la ciencia como la espina dorsal de este proceso, con todo su cúmulo de conocimientos en ciencias naturales y en ciencias sociales teórico-práctico como toda la estructura metodológica que a lo largo de la historia se ha construido bajo la idea fundamental de búsqueda de “La verdad ”. A la tecnología se le atribuye la realización material del conocimiento, es decir, la construcción de los procesos y herramientas como extensiones del hombre, artefactos prácticos que facilitan las tareas del individuo y a la sociedad como el receptáculo donde la mezcla de los anteriores tiene su crisol (González, et al.1996, pp. 15-25). De esta manera, se desarrolló la concepción unidireccional del progreso humano atendiendo a los siguientes procesos que se consideran acumulativos: El progreso científico propició el progreso tecnológico, este a su vez con todo su desarrollo debe de facilitar el progreso económico, la acumulación de capital por el hombre y la sumatoria de los anteriores debe verse reflejado en el progreso social.

De manera muy sencilla, como en cascada los diferentes progresos antes mencionados deberían promover, de los anteriores a los posteriores como parte de una sinergia evolutiva. Sin embargo, los acontecimientos no se han dado en el mundo como el modelo de progreso lo planteó y también vale la pena cuestionar la simplicidad con que se construyó este modelo que en términos generales tiende a la idealización evolutiva del ser humano en forma abiertamente lineal y progresista, sin dar espacio a retrocesos o a caminos alternativos de desarrollo. Tal es la propuesta de esta tradición por explicar de manera más clara cómo un modelo lineal y unidireccional, facilita el razonamiento, pero no explica la realidad, ni tampoco promete ser veraz, ya que las relaciones entre los diferentes actores interdisciplinarios determina el camino y la influencia de cada tendencia por explicar desde su concepción su realidad vigente. El mundo se puede explicar de muchas maneras, porque existe el mismo número de visiones fundamentadas por disciplinas divergentes.

El origen del concepto de ciencia, tecnología y sociedad (CTS) se identifica con el ámbito académico denominado “ciencia radical”, el cual en su inicio, quería manifestar su inconformidad contra los grupos científicos elitistas, cerrados, y al tipo de investigación que se promovía en ese entonces (González, et al.1996, pp. 25-30). La propuesta trataba de defender la vanguardia democrática, con tecnologías blandas, no agresivas al medio ambiente. En pocas palabras esta corriente crítica estaba en contra de la forma en que el desarrollo de la industrialización se encaminaba al igual que estaban en contra del desarrollo armamentista. Las primeras críticas salieron publicadas en la revista Science for People (Ciencia para el pueblo). Estados Unidos y la Gran Bretaña fueron los polos donde alcanzó mayor fuerza esta nueva corriente que permitiría pensar de manera definitiva en la sociedad de la información como una forma de tomar conciencia de los riesgos que acarrearía el desarrollo de la ciencia y la tecnología en el sentido del determinismo tecnológico. Estos científicos y tecnólogos, vanguardistas y críticos indicaban que la solución al problema del impacto tecnológico no era generar más ciencia y más tecnología, sino establecer un nuevo rumbo para crear verdadero beneficio social.

Los miembros de esta corriente, propusieron establecer una forma más democrática, donde el modelo unidireccional existente fuera desactivado y se construyera uno nuevo con participación horizontal de los miembros, es decir, menor jerarquización entre niveles científicos y tecnólogos y una abierta participación del usuario y la sociedad en general. De esta manera, se manifiesta una demanda legítima que trata de conectar a la ciencia y a la tecnología como mediadores para contribuir a la participación de los miembros de una sociedad más justa y más preocupada por el cuidado de los recurso ambientales no renovables, al igual de sus avances científicos y tecnológicos hacia un beneficio social más equitativo.

A partir de este campo de investigación surgen dos corrientes con diferentes puntos de partida que permite diferenciarlos aunque solamente sea en su origen, ya que en la actualidad las propuestas se encuentran mezcladas. La tradición europea de Science and Technology Studies STS (Estudios sobre Ciencia y Tecnología) y la tradición americana denominada Science, Technology and Society CTS (Ciencia Tecnología y Sociedad). La diferencia principal entre una y otra es la dimensión social, pero vista (por la tradición europea) como causa y en el otro lado como efecto (tradición americana). Para la tradición europea lo importante es investigar las condiciones sociales que contribuyen a la generación y consolidación de procesos científicos y tecnológicos. Mientras que a la tradición americana le interesa investigar las consecuencias sociales que los productos de la ciencia y la tecnología impactan en la perspectiva cultural.

La tradición europea trata de describir y explicar cuáles son las causas sociales favorables que permiten el desarrollo científico y tecnológico. En tanto que la tradición americana estima a la ciencia y la tecnología como un producto y trata de explicar su influencia en las estructuras y dinámicas sociales. La tradición europea por tanto, establece una estrecha vinculación entre ésta y el término de tecnociencia, el cual ya fue abordado en el apartado referente a las aproximaciones filosóficas de la técnica y la tecnología. La tradición europea se origina en el llamado “programa fuerte” de la sociología del conocimiento científico, encabezado por la Universidad de Edimburgo y por los autores muy conocidos como Barry Barnes, David Boor y Steven Shapin, quienes se caracterizan por su interpretación radical de los condicionantes sociales de la ciencia. Por el momento solamente conviene recordar que los escasos estudios sobre tecnociencia abren la posibilidad de establecer un diálogo entre implicaciones sociales, económicas y políticas con la amalgama de ciencia y tecnología, aunque no se debe olvidar que para este grupo de investigadores la tecnociencia es sinónimo de tecnología en sentido restringido. El término restringido se refiere que la tecnociencia es entendida como técnica moderna de base científica y a lo largo del estudio se ha tratado de diferenciar entre técnica y tecnología en sentido amplio . Otro asunto implícito en la tradición europea es la tendencia a considerar como principio rector de la relación tecnocientífica al constructivismo social, el cual enfatiza que la propia sociedad participa de manera activa en la funcionalización de la tecnología, ya que la propia sociedad es quien otorga valor a la tecnología y le da el carácter simbólico que también ya fue referido en este trabajo.

La tradición americana por su parte aborda el tema de la tecnología desde las disciplinas de la filosofía y la política dentro de un contexto social culturizado. Los estudios americanos centran su atención en las consecuencias sociales de la innovación tecnológica y la forma de poder y control que ejercen sobre los efectos tecnológicos en la sociedad. La reflexión primordial de la tradición americana es investigar si la tecnología junto con su desarrollo tiene aspectos inherentes que los convierten en artefactos autónomos ajenos al control humano. Esta es la propuesta del determinismo tecnológico que también ya fue descrita con anterioridad.

Autores reconocidos como Lewis Mumford (1934), Ortega y Gasset (1939), Jacques Ellul (1964) dieron solidez a la corriente americana al considerar que la tecnología tiene carga valorativa intrínseca, rechaza la idea del instrumentalismo y la supuesta neutralidad de los artefactos tecnológicos, el hombre posee la capacidad para reconocer que el orden material de la técnica obedece a procesos ingenieriles por un lado, pero por otro el mismo hombre reclama su derecho de intervención y manipulación de la propia técnica por su creación en beneficio de los sujetos que se sirven de la utilidad del desarrollo tecnológico. Para explicar esta idea es importante recordar que la técnica es una construcción del propio hombre para relacionarse con la naturaleza de la mejor manera. Inventa herramientas útiles para manipular su entorno natural, crea artefactos como ampliaciones de su cuerpo y sus extremidades, le permite percibir su medio natural de diversas formas al ocupar sus propias creaciones técnicas. Tal es el caso del microscopio, telescopio, por dar unos ejemplos muy conocidos. Pero, también se debe considerar que los seres humanos se han convertido en tecnomórficos, es decir, los sujetos se encuentran condicionados por el entorno vigente en la civilización tecnológica y no hay marcha atrás. La técnica en un principio ayudó a manipular la naturaleza, en la actualidad la tecnología ha proporcionado un nuevo entorno (E3); la virtualidad. Se puede aseverar (Ellul, 1964, Mitcham, 1994) que la tecnología no sólo ha propiciado cambios estructurales, sino cambios culturales profundos en nuestra vida cotidiana.

De otra manera, también la tradición americana reconoce que la tecnología ha favorecido la democratización de proyectos, la apertura para dar voz a los usuarios sociales, interacción a los cibernautas, de cierta manera se participa de un proyecto incluyente y convergente donde el hombre es tomado en cuenta de acuerdo a sus necesidades, como una medida de participación abierta a la sociedad. López Cerezo (1995, pp. 1-9) indica que la CTS en la actualidad ya no muestra gran diferencia entre la tradición europea y americana, de hecho se han integrado en una sola propuesta que trata de estudiar de manera crítica los espacios sociales de la ciencia y la tecnología, tanto en sus condiciones sociales del cambio científico tecnológico como en los impactos sociales de dicho cambio.

Steve Fuller (1995) propuso a la “epistemología social” como uno de las supuestos viables para la consolidación del movimiento CTS. Su idea consistió en abrir un fórum democrático para discutir cuestiones relativas a la producción y distribución del conocimiento en la sociedad, una especie de foro para la filosofía política en el ámbito del conocimiento. La propuesta de Fuller (1995, pp. 1-6) está encaminada en abrir dos foros donde se discutan, por un lado, la normatividad de la epistemología social, en concreto se hablaría sobre la producción y distribución del conocimiento. El otro foro estaría abierto para los investigadores interesados en aportar pruebas empíricas de cómo realmente ocurren las cosas en la sociedad, es decir, cómo se produce y distribuye el conocimiento en ciertas sociedades con casos específicos. La epistemología social tendría la función de tratar de conciliar estas dos perspectivas y emitir recomendaciones para la democratización del conocimiento en la sociedad.

Los estudios de CTS se encuentran en la actualidad en pleno desarrollo, pretende presentar a la ciencia y a la tecnología desmitificada de la idea de actividad autónoma, los nuevos esfuerzos están decididamente encaminados a mostrarlos como un proceso o producto eminentemente social y cultural, donde los elementos no técnicos desempeñan un papel decisivo en su desarrollo e interpretación. El fenómeno científico-tecnológico debe ser visto como una compleja actividad humana, con un gran poder instrumental, pero manejado y orientado a final de cuentas por el principio del beneficio cultural y social (López Cerezo,1998, pp. 3-4) No se trata de minimizar los aspectos técnicos, por el contrario son de gran influencia, pero por ello mismo, deben ser intencionalmente guiados por el hombre para generar capital valioso desde la perspectiva humanística, sin olvidar que los sujetos usuarios son los entes que le atribuyen valor simbólico a los artefactos a partir de su utilidad y de la generación de valor social y cultural.

Desde otro ámbito podemos indicar que la polaridad entre cultura humanística y cultura científico-tecnológica no deberían ser extremos opuestos o confrontados, porque tienen la posibilidad de ser convergentes si se consideran como dos formas de abordar el mismo tema. Tal es el caso de los artefactos tecnológicos que muestran su fase científica-técnica en el diseño, construcción y manejo de productos útiles para los usuarios, pero los mismos beneficiados no pueden ser unos cuantos que por su condición socioeconómica o por su conocimiento en el manejo de herramientas info-cominacionales, serían los directamente favorecidos en contraposición con los entes sin recursos suficientes para acceder a la tecnología y sin los conocimientos necesarios para manipular los artefactos tecnologizados. Aunque este último es un planteamiento humanístico, la corriente de ciencia, tecnología y sociedad trata de equilibrar la balanza para que los aspectos instrumentalistas no sean los definitorios al momento de la implementación tecnológica. Ya se ha explicado ampliamente que los artefactos en sí mismos no deberían ser considerados como motores de desarrollo tecnológico, pero en la vida cotidiana y a través de la historia, sí son considerados como elementos determinantes del desarrollo de países y sociedades. Es más, algunos parámetros para medir el desarrollo de una nación se encuentra delineada por la cantidad de infraestructura tecnológica, así que no tan fácilmente se puede aceptar una argumentación tan bien intencionada pero a su vez tan lejos de la realidad.

La CTS entiende a la tecnología como un producto valioso ya que proporciona en gran medida satisfactores a la sociedad, pero no por eso se puede dejar de señalar de manera crítica la influencia que tiene en las estructuras y dinámicas sociales. Esta reflexión crítica, valorativa, interactiva, debe de privilegiar la búsqueda de la democratización de la tecnología y sus relaciones de poder como temas imprescindibles del debate social y cultural.

Langdon Winner (1983) propone la “flexibilidad interpretativa” como una forma de mirar los efectos de la tecnología dentro del entorno humano, ya que encuentra que los cambios producidos por dicha tecnología dentro de la sociedad, son estructurales, pero más que nada culturales. De tal manera que los artefactos tecnológicos traen consigo un acervo cultural implícito que viene a impactar a los usuarios y a su capital cultural tradicional. Por tal motivo resulta trascendental hacer que la tecnología favorezca la democratización de los accesos, disposiciones y usos, que repercuta en un beneficio social importante mediante un proceso incluyente, convergente donde los hombres o entes de uso tecnológico sean tomados en cuenta de acuerdo a sus necesidades y a sus expectativas.

La presente investigación trata de agregar información empírica que posibilite esta democratización de los medios tecnológicos a favor de los usuarios, de los consumidores tecnológicos que puedan confirmar que la tecnología les aporta beneficio social palpable, útil y que son partícipes del desarrollo social y cultural de sus comunidades y de su entorno inmediato.

La tecnociencia como propuesta de acercamiento entre ciencia, tecnología y sociedad es un buen punto de partida para entender las diferentes corrientes que tratan de explicar el fenómeno del desarrollo tecnológico. Uno de esos caminos es abordado por el presente estudio que permite observar a las TIC como herramienta virtual que ha impactado a las sociedades del mundo moderno y que no se puede mantenerse al margen de los sucesos de la globalización ya que no hay otra opción que convivir de la mejor manera con la tecnología como motor del cambio social y cultural que reflejan las sociedades modernas.

Giménez (2003, p. 56) enfatiza que “(…) la cultura implica el conjunto de modelos de representación y de acción que de algún modo orientan y regularizan el uso de tecnologías materiales, la organización de la vida social y las formas de pensamiento de un grupo. En este sentido, el concepto abarca desde la llamada “cultura material” y las técnicas corporales, hasta las categorías mentales más abstractas que organizan el lenguaje, el juicio, los gustos y la acción socialmente orientada”. Está sería una idea muy clara de lo que se pretendió explicar en este apartado como la combinación o la construcción de lo objetivo con lo netamente subjetivo y que está presente en nuestra convivencia con la tecnología hoy en día.

A lo largo de este capítulo se han expuesto diversas posturas sobre ciencia y tecnología, las cuales han permitido completar el recorrido por los diversos senderos de la técnica y la tecnología, además se han mostrado las más controversiales corrientes filosóficas de la tecnología y sus implicaciones. Las propuestas de convergencia aportadas por los estudios de CTS. La sociedad de la información como concepto propio del humanismo que trata de regular al actuar tecnológico. Todo el panorama permite observar a la distancia que la tecnociencia no es solamente una nueva forma de nombrar algo ya establecido, es darle nombre a un proceso que se viene dando a lo largo de finales del siglo veinte y principios del veintiuno y que trata de demostrar que algo nuevo se desarrolla entre la sociedad y su cultura a partir del constante interactuar con los proceso tecnológicos. Se ha repetido en varias ocasiones que el sujeto tecnologizado, no solo es el consume tecnología sino que la vive y la conceptualiza a partir de su visión globalizada, moderna y planetaria. No es un ser con más tecnología es un sujeto mezclado con elementos de corte tecnológico, instrumental, ingenieril y que también reconoce su parte humanística de desarrollo social y se sabe además usuario de un producto que debe estar para otorgar beneficio social y cultural.

Para contrastar lo antes señalado, en el siguiente capítulo se abordara el tema de la cultura como elemento primordial para entender la relación tan estrecha entre sujeto usuario de tecnología junto con el sujeto que trae su propia cultura, sus rasgos identitarios dentro de sus parámetros de acción y ejecución.


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