Tesis doctorales de Economía


COMPETITIVIDAD SOSTENIBLE DE LOS ESPACIOS NATURALES PROTEGIDOS COMO DESTINOS TURÍSTICOS. UN ANÁLISIS COMPARATIVO DE LOS PARQUES NATURALES SIERRA DE ARACENA Y PICOS DE AROCHE Y SIERRAS DE CAZORLA, SEGURA Y LAS VILLAS

David Flores Ruiz


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4.2.4. Importancia de los espacios naturales protegidos como destinos turísticos: de la gestión pasiva a la gestión activa

En el presente epígrafe analizamos la importancia que han adquirido en los últimos años los espacios naturales protegidos como destinos turísticos, así como los factores que la han generado, para, con posterioridad, analizar el tipo de gestión turística que éstos vienen desarrollando ante esta compleja realidad en continua transformación.

4.2.4.1. Importancia de los espacios naturales protegidos como destinos turísticos

Los espacios naturales ocupan un lugar cada vez más importante en el contexto del bienestar social, pues son fuente de una serie de demandas sociales, unas más antiguas que otras. En este sentido, los tipos de demanda o necesidades que satisfacen los espacios naturales son las siguientes (Azqueta 2001):

- Como soporte para la producción directa de bienes y servicios apropiables, tales como: actividades agrícolas, silvícolas o ganaderas; actividades de prospección, extracción y proceso de minerales y productos energéticos; instalación de actividades de producción y distribución de bienes industriales y como soporte para infraestructuras residenciales -viviendas, calles, parques, edificios públicos, etc.-.

- Como soporte indirecto para la producción de bienes y servicios: estos espacios generan una serie de externalidades que afectan positivamente la producción de otros muchos tipos de bienes y servicios, al aumentar y/o mantener la productividad de diversos activos.

- Funciones ecológicas: una parte importante de las externalidades positivas generadas por los espacios naturales no se manifiestan directamente en la producción de bienes y servicios, sino que tienen que ver con el mantenimiento de algunos activos ecológicos, de la resiliencia del sistema, o del equilibrio ecológico global, pues la sociedad experimenta una mejora de su bienestar con ellas. Sin embargo, al no confluir estos impactos positivos en un mercado, la valoración de los mismos es menos directa.

- Funciones recreativas: los espacios naturales proporcionan un entorno en el que la persona puede desarrollar una serie de actividades que tienen que ver, tanto con el disfrute de la naturaleza, como con la utilización del tiempo libre. Por lo que los espacios naturales entran a formar parte de la función de producción de las economías domésticas .

Debe decirse que el tipo de relaciones que la sociedad mantiene con la naturaleza y, por tanto, con los espacios naturales protegidos, van cambiando con el paso del tiempo en función, entre otras cosas, del grado en que las personas van cubriendo sus necesidades básicas. De esta forma, cuando comienzan a cubrirse todas las necesidades básicas, es decir, cuando se llega a un determinado nivel de desarrollo socioeconómico, se pasa de la primacía de los valores de uso y consumo individual de estos espacios -como soporte de actividades productivas- a los valores de existencia y consumo compartido y colectivo de los mismos -funciones ecológicas y recreativas- (Azqueta, 2001:65).

En consecuencia, en las últimas décadas, debido al importante crecimiento económico que han vivido la mayor parte de las economías occidentales, hemos pasado de esos valores de uso y consumo individual a aquellos otros de consumo colectivo y compartido. Y, entre ellos, ha sido muy importante el crecimiento que ha experimentado el turismo en espacios naturales, pudiéndose afirmar, tal y como recogía ya en 2002 Pérez (2002:37), que mientras que el turismo mundial crecía a un ritmo de un 4,3%, el turismo de naturaleza lo hacía a un ritmo entre el 10 y el 30% .

Buena parte del turismo en espacios naturales se realiza en espacios naturales protegidos , experimentando estos espacios, en línea con lo comentado en el párrafo anterior, una gran afluencia de visitantes, cada vez mayor. Así, por ejemplo, en España, las visitas a los estos espacios han pasado de 4,2 millones de visitantes en 1973, a 20 millones en 1982, 25,5 millones en 1999 y más de 30 millones en 2004 (Secretaría de Estado de Turismo y Comercio, 2004:20). Por lo que los gestores de estos espacios, conscientes de dicha realidad, han comenzado a prestarle la importancia que merece al encuadrar todos los aspectos relacionados con las actividades recreativas y turísticas dentro del área de gestión conocida como uso público.

Así pues, tal y como comentábamos al comienzo del presente capítulo, los espacios naturales protegidos han evolucionado en paralelo a la importancia que ha venido adquiriendo el turismo de naturaleza en las dos últimas décadas, fundamentalmente. No en vano, estos espacios naturales, por sus singulares valores medioambientales y socioculturales, son considerados activos muy importantes para el desarrollo de la actividad turística en los mismos, sobre todo si tenemos en cuenta el importante grado de atractivo que representa su simple declaración como espacio natural protegido, la cual contribuye a crear una imagen de calidad para los mismos. En este sentido se manifiesta Vacas (2001) al afirmar que los espacios naturales protegidos deben considerarse como recursos turísticos, dado los valores que representan para un segmento específico de la oferta turística en el ámbito de nuestra sociedad.

Puede decirse que son varias las razones que han impulsado el importante crecimiento que ha experimentado el turismo en los espacios naturales, en general, y protegidos, en particular. Estos factores, según la literatura consultada, se pueden clasificar en dos grandes grupos, factores de oferta y de demanda, los cuales pasamos a comentar:

Factores de demanda

- Los turistas viajan, cada vez más, por una gran variedad de motivaciones, por lo que los viajes y actividades realizadas durante los mismos cada vez son más diversas, de forma que un mismo turista ya no se puede clasificar como demandante de un sólo tipo de turismo, pues estamos ante un mercado turístico maduro cuya demanda, cada día, es más exigente, experimentada y diversificada. En este sentido, el turista ya no demanda disfrutar sólo de unas vacaciones de descanso, sino que, además, demanda la práctica de una gran variedad de actividades en determinados entornos naturales.

- A su vez, los individuos comienzan, cada vez más, a fraccionar sus vacaciones, realizando varios viajes a lo largo del año, por lo que, si además tenemos en cuenta lo comentado en el punto anterior respecto a la diversidad de motivaciones, podemos constatar cómo esos viajes son realizados a destinos diferentes: litoral, interior, urbano, espacios naturales protegidos, etc., para, de esta forma, practicar actividades turísticas muy variadas.

- Los cambios en el sistema de valores sociales también impulsan a la demanda turística a visitar aquellos destinos que ofrecen esos nuevos valores, cada día más demandados. Entre estos nuevos valores destacan el desarrollo de una mayor conciencia ambiental, tanto natural como social, provocando que el individuo trate de buscar entornos naturales no masificados, en los que pueda practicar actividades al aire libre, entrar en contacto con la sociedad rural y, en definitiva, en los que pueda mejorar su calidad de vida. Así pues, el turista trata de buscar en los destinos que visita aquellos aspectos que no encuentra en sus lugares de residencia habitual, generalmente entornos urbanos, tales como: la tranquilidad, el contacto con la naturaleza y las tradiciones rurales, la práctica de determinados deportes, etc.

- El proceso de emigración que se produjo de las zonas rurales hacia las zonas urbanas a partir de la segunda mitad del siglo pasado como consecuencia del crecimiento económico que se producía en las ciudades y la crisis agraria que comenzaba a sufrir el mundo rural, provocó posteriormente la aparición de un turismo de “retorno” de aquellas personas que en su día emigraron y que regresan al entorno rural para pasar sus vacaciones y visitar a sus familiares.

Todos estos cambios que se producen en la sociedad, en general, y en la demanda turística, en particular, generan, tal y como recogen Vera et al (1997:142), nuevas necesidades y nuevos consumos que suponen, de facto, la mercantilización de la naturaleza. No obstante, este fenómeno ha venido apoyado también por una serie de factores y actuaciones desde el lado de la oferta, los cuales, en base a la literatura consultada, pasamos a comentar de forma somera.

Factores de oferta

- Como hemos apuntado anteriormente, el mundo rural comienza a experimentar en la década de los setenta un proceso de reconversión de sus actividades productivas tradicionales -agrarias y ganaderas, fundamentalmente- ante la pérdida de dinamismo y competitividad de las mismas y el consiguiente despoblamiento de estos territorios, por lo que el turismo rural empieza a ser considerado como una alternativa que permitiría una cierta recuperación socioeconómica del entorno (Cals, Capella, Vaqué, 1995 en [Valdés, 2004:178]).

Este apoyo institucional, para el caso español, se produjo no sólo desde el Gobierno Central -Programa de Vacaciones en Casas de Labranza, ayudas a diversos proyectos turísticos , planes estratégicos FUTURES y PICTE y, dentro de éstos los Planes de Dinamización, etc.- y sus comunidades autónomas -en Andalucía la puesta en marcha de los PRODINTUR, Plan DIA, Plan Senda y Plan General del Turismo- sino también desde la Comunidad Europea a través, sobre todo, de las subvenciones contenidas en los programas LEADER y PRODER, dentro del marco de la Política Agraria Común. Así pues, en base a todas estas actuaciones, las administraciones públicas han tenido un importante papel en el desarrollo de estos tipos de turismos.

- El importante impulso de la oferta turística en espacios naturales protegidos también ha venido dada, para el caso español y andaluz, por la necesidad de diversificar una oferta turística basada fundamentalmente en la explotación del turismo de litoral, con la consiguiente concentración, tanto temporal como territorial, de los flujos turísticos.

Ante esta situación, se hace necesario, por tanto, redistribuir en el tiempo y en el territorio la llegada de turistas a este tipo de destinos, pues ello repercutirá notablemente en una mejora de la rentabilidad y sostenibilidad del turismo para aquellos destinos que apliquen este tipo política. En este sentido, tal y como apunta Valdés (2004:300), no es hasta los años ochenta cuando comienza a pensarse en las posibilidades que ofrece el turismo rural como nuevo producto que ayudaría a diversificar la oferta turística de nuestro país. Una oferta turística excesivamente concentrada en el turismo de sol y playa.

- El nuevo enfoque del desarrollo rural, basado en gran medida en la teoría del desarrollo local, surgida ésta en la década de los setenta a raíz de las graves crisis económicas internacionales, ve en el turismo, no sólo una actividad generadora de riqueza para las comunidades locales de los espacios naturales sino también un factor determinante en la conservación de los recursos naturales y socioculturales en el desarrollo local (Reyna, 1992:5). Por lo que, en base a esta función, esta actividad pasa a ser considerada como una actividad estratégica para el desarrollo rural de muchos territorios, pues no sólo ayuda a diversificar sus economías sino que también supone un instrumento muy importante para aplicar una estrategia de desarrollo local sostenible que contribuya a conservar el patrimonio local.

- La existencia de un creciente número de publicaciones especializadas, de medios de comunicación, de eficaces campañas de comunicación y promoción por parte de los gestores de los destinos turísticos de naturaleza y de un creciente número de operadores que comienzan a elaborar productos turísticos con un fuerte componente natural, están generando la necesidad, en muchos casos artificial, de conocer y disfrutar las excelencias de estos lugares (Pulido, 2005:102).

- La mera declaración de los espacios naturales con espacios protegidos, tal y como ya hemos apuntado, supone una revalorización de su interés turístico, convirtiéndose en un foco de atracción de visitantes para la zona, pues proporciona una imagen de calidad ambiental. En este sentido, la creciente demanda social de espacios naturales de calidad ha influido en decisiones políticas que han llevado en los últimos años a un aumento, no sólo en el número de espacios naturales protegidos sino también en inversiones millonarias en equipamientos de atención al cliente en los mismos (Vacas, 2001:59).

- Y, por último, las mejoras en las infraestructuras de comunicaciones, fundamentalmente de carreteras, han mejorado sustancialmente el acceso a muchos espacios naturales protegidos , los cuales, hasta entonces, se encontraban aislados de los grandes núcleos urbanos, impidiendo, por tanto, el desarrollo turístico de este tipo de destinos (Marchena et al, 1992).

En definitiva, el efecto sinérgico de todos estos factores ha incidido en la importancia que en las últimas décadas ha venido adquiriendo la actividad turística en los espacios naturales, en general, y en los protegidos, en particular. Aunque actualmente la mayor cuota del mercado turístico sigue estando en el turismo litoral los porcentajes de crecimiento más importantes corresponden al turismo practicado en estos espacios, sobre todo en los espacios naturales protegidos -turismo rural, ecoturismo, turismo activo, etc.-, el cual se corresponde con un turismo de naturaleza genérico.

Por tanto, como consecuencia de todos estos factores, la declaración de espacios naturales protegidos, fundamentalmente a partir de la segunda mitad del S. XX, ha venido unida a un incremento exponencial de las visitas a los mismos. A esto se ha unido el hecho de que entre los objetivos de estas declaraciones se encuentra el favorecer sus usos recreativos y turísticos, sobre todo en la que respecta a los parques nacionales y naturales. Así, para el caso español, la Ley de Parques Nacionales de 1916 recogía como objetivos fundamentales la defensa de los valores naturales y “…favorecer su acceso por vías de comunicación adecuadas…” (Machena et al, 1992). Por lo que desde el primer momento de la actividad proteccionista encontramos una declaración expresa por el uso público y recreativo de estos espacios, lo cual comienza a convertirlos en verdaderos destinos turísticos.

Por su parte, Mulero (2002:162) considera que el auge de la recreación en los parques españoles obedece a dos razones fundamentales:

- El crecimiento de la recreación de la demanda social al aire libre, la cual ha aumentado sostenidamente en España -como en todos los países desarrollados- desde la década de los sesenta, que, unido a la extensión de la formación ambiental básica de la población, ha convertido al sistema de parques en el punto preferente de las poblaciones urbanas, las cuales no se conforman con visitar estos espacios naturales, sino que demandan espacios naturales “de calidad”. Este factor puede ser encuadrado dentro de los factores de demanda considerados anteriormente.

- El apoyo de las actividades turístico-recreativas por parte de los responsables políticos de la gestión medioambiental , conscientes de que, hoy por hoy, éstas son las únicas fuentes importantes de ingreso derivada de la proliferación de tales espacios y, en consecuencia, lo único que se puede alegar en el discurso político para justificar el “desarrollo prometido” a las poblaciones locales. No sin razón, se repite con frecuencia que la incidencia de los parques en el desarrollo económico está ligada a la actividad turística (Murelo, 2002: 162). Este factor puede ser encuadrado dentro de los factores de oferta, considerados anteriormente.

Así pues, el resultado de todo ello es un crecimiento espectacular del número de visitantes a los espacios naturales protegidos, en general, y a los parques españoles. De tal forma que es imprescindible reconocer el papel de los espacios naturales protegidos como focos de atracción turística y como principales destinos para realizar turismo de naturaleza (Secretaría de Estado de Comercio y Turismo, 2004). Realidad que, tal y como se argumentará en los siguientes apartados, no debe ser obviada, pues estaríamos desaprovechado todos los beneficios que puede aportar la actividad turística a una estrategia de desarrollo sostenible para estos espacios.


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