Tesis doctorales de Economía


COMPETITIVIDAD SOSTENIBLE DE LOS ESPACIOS NATURALES PROTEGIDOS COMO DESTINOS TURÍSTICOS. UN ANÁLISIS COMPARATIVO DE LOS PARQUES NATURALES SIERRA DE ARACENA Y PICOS DE AROCHE Y SIERRAS DE CAZORLA, SEGURA Y LAS VILLAS

David Flores Ruiz


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4.4.2. Condiciones de la demanda

La Declaración de Québec (OMT, 2003) recoge una perspectiva de la sostenibilidad desde el punto de vista de la demanda, a la cual se le suele prestar poca atención en las definiciones de turismo sostenible, más preocupadas por las perspectivas de oferta, de planificación y de gestión del destino turístico. Se trata pues, de hacer incidencia en la responsabilidad de los visitantes con el destino, su patrimonio sociocultural y natural, no sólo en sus comportamientos y actividades, sino también en la selección de sus viajes, ya que sus cambios, motivaciones, características y preferencias pueden condicionar el desarrollo de los destinos (Benayas y Blanco, 2000a:129).

En este mismo sentido se manifestaban Marchena et al (1992) al recoger que para que este tipo de turismo adquiera realmente la etiqueta de “suave” o “verde” se precisa una formación por parte de los turistas que les dote de un código ético de comportamiento. Por lo que se hace necesario promover actuaciones que generen conciencia entre los turistas y garanticen un comportamiento ético y respetuoso con los valores medioambientales, culturales y antropológicos de los destinos, a la vez que esta mayor conciencia se convierte en una exigencia para la gestión de los mismos.

En este sentido, los expertos aseguran que es más factible cambiar las pautas de consumo que tratar de modificar los volúmenes o niveles de consumo, promoviendo normas, precios e incentivos que faciliten la adopción de hábitos de consumos racionales y ecológicos. Estos cambios no se consiguen sólo gracias a la voluntad de los consumidores, sino que deben desarrollarse programas de participación ciudadana, así como utilizarse la publicidad y las posibilidades de los medios de comunicación para transmitir mensajes positivos a cerca de la bondad de los estilos de vida sostenibles . En definitiva, para buscar este modelo de comportamiento de la demanda turística se requiere la participación activa de los destinos turísticos mediante una actuación coordinada de las empresas turísticas y administraciones públicas localizadas en los mismos. De ahí las importantes interrelaciones que se establece entre este vértice del “diamante” y el resto -“efecto gobierno”, “sectores de apoyo y relacionados con la actividad turística” “estrategia, estructura y rivalidad de las empresas turísticas” y “condiciones de los factores”-.

No obstante, aunque parece indiscutible la existencia de una tendencia constante hacia una mayor concienciación medioambiental y la adaptación correspondiente en los hábitos de compra de los consumidores, ésta no se produce de forma homogénea en toda la población, sino que da lugar a diferentes “segmentos” de consumidores . Esto mismo sucede para el caso del turismo de naturaleza, pues, como comentábamos cuando caracterizábamos a esta tipología turística, el perfil del turista que visita los espacios naturales suele ser muy heterogéneo, con una motivación medioambiental muy variada. Así, por ejemplo, según Múgica y Lucio (1992), los visitantes de los espacios naturales, de acuerdo con el comportamiento demostrado, se pueden agrupar en cinco grandes tipos:

- Los turistas de naturaleza ocasionales: que participan de la naturaleza accidentalmente, como parte de un viaje más amplio.

- Los campistas: que forman un grupo muy heterogéneo en cuanto a su comportamiento.

- Los aventureros-montañeros: que buscan un reto o desafío en la naturaleza y necesitan espacios naturales, espacialmente de montaña.

- Los turistas de naturaleza bien informados: que gozan de una elevada especialización y conocen con detalle el relieve.

- Los naturalistas y admiradores de la naturaleza: que buscan el contacto íntimo con la naturaleza y suelen desarrollar comportamientos cuidadosos con el medio natural.

Por su parte, el Plan de Impulso de Turismo de Naturaleza realiza la siguiente segmentación de la demanda turística de naturaleza: a) descanso y esparcimiento en la naturaleza; b) ecoturistas básicos; c) ecoturistas científicos; d) turistas de territorio y naturaleza; e) turistas ocasionales de naturaleza; y f) turista mixto experimental de deporte y naturaleza y g) turista deportivo en la naturaleza. Todo esto permite contrastar, una vez más, la enorme diversidad y heterogeneidad de perfiles de demanda de turismo de naturaleza, ocasionando diferentes impactos sobre los espacios naturales protegidos (Secretaría de Estado de Comercio y Turismo, 2004).

No obstante, este Plan resalta que la mayor parte de las actividades realizadas en los espacios naturales protegidos son aquellas de esparcimiento, paseos cortos o contemplación del paisaje y la naturaleza, encontrándonos, por tanto, tal y como hemos comentado, ante un turismo de naturaleza genérico, cuya principal motivación es pasar las vacaciones en contacto con un entorno, más o menos, natural. Si bien, algunos espacios naturales concretos son visitados para realizar otras series de actividades más directamente relacionadas con la naturaleza, tales como: la observación de aves y flora, la caza, etc., dando lugar al desarrollo de diferentes tipologías de turismos específicos.

En definitiva, la demanda de turismo de naturaleza, en general, y de espacios naturales protegidos, en particular, no es homogénea, pues existen desde amplias capas de la sociedad motivadas simplemente por la “moda verde o ecológica” y la necesidad artificial generada a base de marketing, de disfrutar sus vacaciones en entornos naturales, hasta los ecoturistas puros motivados por el contacto con el medio natural, su observación y comprensión, e implicados en su conservación y en la repercusión de su visita sobre la población local.

En este sentido, la gestión sostenible del turismo en espacios naturales protegidos, desde el lado de la demanda, pasa por que, tanto las empresas -“sectores de apoyo y relacionados” y “estructura, estrategia y rivalidad de los alojamientos turísticos”- como las administraciones públicas -“efecto gobierno”-, de una forma coordinada, capten aquellos perfiles de demanda que se acerquen, cada vez más, tal y como venimos defendiendo, al ecoturista, por ser éste el segmento de demanda más implicado con el medio natural y sociocultural que visita, así como por la necesidad de modificar los comportamientos de aquellos segmentos menos respetuosos con el espacio natural protegido que visitan.

Sin embargo, para ser competitivos en los segmentos de demanda más exigentes y concienciados con los valores naturales y socioculturales del entorno es necesario crear y perfeccionar una serie de factores avanzados . En este sentido, si se compite en segmentos poco exigentes de la demanda utilizando los factores básicos, abundantes y de bajo coste -entorno natural y sociocultural, mano de obra no especializada y barata, precios bajos, etc.-, aún satisfaciendo sus necesidades, este modelo de desarrollo, tarde o temprano, va a dejar de ser sostenible, tanto en términos medioambientales -deterioro del medioambiente- como económicos -pérdida de rentabilidad, reducción de la ratio beneficio/coste, deterioro de la calidad de la experiencia turística, etc.-. Por lo que se hace necesario elaborar diferentes productos turísticos de acuerdo a las necesidades de los diferentes segmentos de demanda y ajustados a las características de cada una de las zonas que se pueden identificar en este tipo de destinos.

Siguiendo con este mismo razonamiento, como se recoge en el cuadro 4.4, Pulido (2002) identifica las siguientes tipologías de turistas en los espacios naturales protegidos en función a los impactos que ocasionan sobre el entorno y al grado de percepción que tienen sobre éstos. De acuerdo con ello, puede decirse que los grupos de turistas que menores impactos negativos ocasionan y que, al mismo tiempo, tienen una percepción más positiva del espacio natural que visitan, son aquellos en los que los grupos son más reducidos, por lo que la competencia en el mercado se hace aún más intensa, motivo por el cual, los espacios naturales protegidos no deben renunciar a implementar una estrategia turística competitiva en este tipo de segmento del mercado turístico de naturaleza.

Así pues, el grado de conocimiento de los diferentes tipos o segmentos de turistas proporciona una valiosa información para la planificación y gestión turística de los espacios naturales protegidos, pues, tal y como recoge De Juan (1996), esto ayudaría a comercializar a precios elevados las visitas a recursos escasos por parte de la demanda especializada; del mismo modo que se comercializaría a precios económicos los recursos menos frágiles y más abundantes, así como el entorno de los espacios naturales protegidos, destinados a una demanda popular menos exigente en cuanto a la rareza y especialidad de los recursos que desea contemplar.

Sin embargo, una gestión turística sostenible y competitiva de cualquier espacio natural no se debería conformar sólo con el análisis del perfil del turista, y, consecuentemente, con la satisfacción de sus necesidades y expectativas, sino que debería influir, tal y como apuntamos anteriormente, en un cambio motivacional de estos visitantes, haciéndolos cada vez más responsables y sensibilizándolos con el entorno social y medioambiental que visitan. Este modelo de gestión de la demanda turística debería lograr, por tanto, cuatro objetivos básicos: a) determinar las condiciones de acceso de los flujos turísticos al entorno natural; b) seleccionar y captar determinados segmentos de demanda; c) distribuir los flujos en el tiempo, estableciendo mecanismos de desestacionalización de la demanda; y d) distribuir los flujos en el espacio, estableciendo mecanismos de descongestión de las zonas más visitadas (Pulido, 2003:167). Para lo cual, el uso público, como comentábamos anteriormente, puede convertirse en un instrumento muy importante, de ahí las importantes interrelaciones que se establece entre los vértices del “diamante” relacionados con las condiciones de los factores y de la demanda.

En definitiva, se hace necesario fragmentar el producto “espacio natural protegido” para el amplio y variado espectro de demanda turística que hoy acude a este tipo de destino, definiendo una auténtica política de gestión de los flujos turísticos e implantando un proceso activo de transformación motivacional del visitante para la cual se hace imprescindible la implicación, de forma coordinada, tanto de la iniciativa pública como privada, pues ambos agentes actúan de forma directa sobre la demanda turística, tanto en lo referido a los programas de uso público como a la prestación, promoción y comercialización de bienes y servicios turísticos por parte de la iniciativa privada. Ello demuestra, una vez más, las intensas relaciones que se establecen entre el vértice “condiciones de la demanda” y los restantes del “diamante” de competitividad: “efecto gobierno”, “sectores de apoyo y relacionados”, “estrategia, estructura y rivalidad de las empresas de alojamiento” y “condiciones de los factores”.


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