Tesis doctorales de Economía


CAMBIO INSTITUCIONAL EN LA REPÚBLICA POPULAR DE CHINA
SU INFLUENCIA EN EL SECTOR INDUSTRIAL

José Salvador Meza Lora

 

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1.4.1.1.4 Autores propios de la Nueva Economía Institucional (NEI):

El argumento central de los representantes mas connotados de la Nueva Economía Institucional: R.H. Coase, Oliver E. Williamson Douglass North, Marcur Olson estriba en reconocer la importancia de las instituciones en el desempeño económico de cualquier nación dado que van a ser las instituciones las que van a inducir a que las economías sean (o no) más eficientes. Es en ese sentido que las instituciones ambiguas, precarias e ineficientes al elevar los “costos de transacción” van a incrementar la incertidumbre, generarán desconfianza y desmotivarán a los agentes económicos a involucrarse en el intercambio. R. H. Coase, hace una fuerte critica a la “economía convencional” al considerar que solo está viva en la mente de los economistas pero no sobre la tierra en virtud de constreñir su análisis a un “sistema de precios” y olvidarse de métodos de coordinación alternativos al mercado. Desde su punto de vista los economistas no solo deben interesarse en lo que sucede en el mercado, sino prestar atención a lo que sucede al interior de la empresa, no olvidar el lapso que se presenta entre la compra de los factores productivos y la producción, es decir, en todos aquellos costos que se originan fuera de la producción, tales como: los arreglos institucionales que gobiernan el proceso de intercambio, las negociaciones que se asumen, los contratos que han sido redactados, las inspecciones que tienen que hacerse, los arreglos para resolver disputas, etc., todos ellos conocidos como “costos de transacción”. Los costos de transacción van a influir, de una manera determinante, en el desempeño económico. Al decir de Coase: “si los costos de hacer el intercambio son mayores que las ganancias derivadas del intercambio, no habría intercambio ni una mayor producción ni especialización”. En contraste con los economistas “neoliberales” que no le atribuyen una relevancia significativa a los “costos de transacción” en la determinación de los precios, y que por lo tanto no consideran relevante la intervención del Estado, ni de agentes extraños al mercado; para Coase la presencia indiscutible de los costos de transacción en el intercambio económico, serán los que, en un momento determinado, justificarán (o no) la intervención gubernamental. Es decir, la presencia de costos de transacción “positivos” en el mundo real alientan la intervención del gobierno en la aplicación de medidas que tiendan a reducir dichos costos. Aunque habría que precisar, que las acciones del gobierno, no necesariamente, conducen a un mejor resultado que el que dependería de las negociaciones del individuo con el mercado, para conocer con precisión los alcances de esa intervención habría que “... movernos del análisis de gobiernos del mundo imaginario al de gobiernos actuales” . En el sentido de las anteriores afirmaciones, sin nos movemos de costos de transacción cero a uno de costos de transacción positiva, independientemente de la intervención formal del Estado, resulta crucial la importancia que adquiere el sistema legal, en el establecimiento de: los derechos de propiedad, los derechos atribuidos a los diversos agentes económicos, los arreglos contractuales que rigen el intercambio, etc. todos ellos aspectos importantes para la credibilidad de la actividad económica. Pudiésemos concluir con Coase de que tiene poco sentido discutir el proceso de intercambio sin no se especifican los arreglos institucionales en los cuales la actividad económica tiene lugar, desde los efectos de los incentivos para producir y los costos de transacción que se generan. Este análisis es de gran relevancia relevante si consideramos las transformaciones institucionales que se han operado en los países “socialistas” en su camino hacia una economía de mercado.

A diferencia de la visión neoclásica que enfatiza la efectividad de los mercados sobre la base de un sistema eficiente de precios y complementando la visión de los teóricos de la “Nueva Economía Institucional”, que habían asignado un énfasis predominante en la institución de los “derechos de propiedad” y sus efectos determinantes para el intercambio y la producción, Oliver E. Williamson reconoce el concepto de “instituciones” en su noción más general (en el que los “derechos de propiedad” son solo una parte de ellas) y establece la noción de eficiencia en el desempeño económico sobre la base de lograr las “Instituciones correctas”. El punto de partida en su análisis son los mecanismos de “gobernación” de las unidades económicas y las formas organizacionales que se establecen entre ellas con la finalidad de cooperar y/o competir. No tan radical como pudiesen ser las posturas de quienes sostienen que el “sistema de precios” es el mecanismo superior para la coordinación económica” o de quienes reconocen que consiste en la organización formal (conciente y deliberada), para este autor, la coordinación económica óptima debería combinar ambas: el alto desempeño que resulta de un equilibrio autónomo por el mercado (resultante de la acción de la mano invisible), y dadas las continuas transformaciones que se operan en el medio ambiente, la adaptación cooperativa (el proceso de reajuste interno en la organización) que resulta de la intervención visible en la empresa: “... de una manera discriminada, la mano invisible y la mano visible deberían estar unidas”. En su análisis de las organizaciones, y en contraste con la visión neoclásica que establece un tipo de organización capitalista “ideal”, en la que cualquier desviación de ese tipo es inconsistente con el sistema de mercado y que es eliminada automáticamente por la economía capitalista, considera que cualquier forma organizacional en la estructura de gobernación será una elección óptima si la acción de las unidades económicas permite reducir, a su nivel más bajo, los costos de producción y transacción. En ese sentido, los cambios que se operan en el medio ambiente institucional puede inducir a transformaciones profundas en la estructura de gobernación de las empresas lo que daría lugar a una reducción en los costos de transacción. En otras palabras, la creación de instituciones dirigidas por una estructura organizacional puede generar transformaciones óptimas en el medio ambiente institucional, que al influir en los mecanismos de gobernación reducirá los costos de producción y transacción, propiciando con ello, un mayor nivel de desempeño económico. En consideración de Williamson el éxito de algunas economías del Sudeste de Asia lleva implícito racionamientos de orden institucional, mismos que se dejan ver en: la calidad de las políticas públicas, la creación de instituciones que generaron incentivos para promover el intercambio, la vinculación entre los sectores productivo y educativo, la credibilidad y confianza en el gobierno, etc. hace énfasis en la importancia que representan las instituciones para el logro de un desempeño económico óptimo. Para el análisis de la experiencia China resulta de primordial importancia hacer la distinción entre la distinción que este autor presenta de las instituciones de jure y de facto. Las instituciones de jure son aquellas que han sido formalmente constituidas, las de facto son aquellas que, independientemente de si están (o no) constituidas formalmente, son acatadas por la sociedad y ejercen una influencia determinante en su comportamiento. Pudiese por lo tanto haber instituciones de jure que no son de facto, es decir, son establecidas formalmente, sin embargo, no son acatadas por la sociedad. Por el contrario, pudiese haber instituciones de facto que no son de jure, es decir, instituciones que no son formales, pero que sin embargo, ejercen una grande influencia en el quehacer de los agentes económicos.

Para Douglass North las “instituciones” deben ser entendidas como:

Las reglas del juego de una sociedad (que son) ideadas por el hombre para dar forma a las interacciones humanas (y serán las que) estructurarán los incentivos de una sociedad

En otras palabras las instituciones proporcionan los incentivos (y las restricciones) que pueden mejorar (o inhibir) el desempeño económico de un nación, dado que provee de las estructuras necesarias que permitirán impulsar las oportunidades para las organizaciones y los individuos, en virtud de que con su acción se alienta el intercambio y los motiva para modificar sus decisiones con respecto a las actividades económicas y políticas. Desde el punto de vista de este autor las reglas que van a regir dicho intercambio pueden ser formales o informales. Las formales son aquellas que están legalmente constituidas y que, por lo tanto, pueden cambiar con relativa facilidad, son aquellas instituciones creadas ex profeso para resolver problemas de coordinación, son obligatorias, por lo tanto, se requiere de un poder que las haga cumplir. Las instituciones estatales caen dentro de este tipo de instituciones dado que se impone externamente a los individuos, se encuentra centralizada por la autoridad pública y se obliga su observancia. Las informales, en cambio, son aquellas que a pesar de no estar escritas, cambian con lentitud y ejercen una gran influencia en el comportamiento de los individuos, a pesar de no ser obligatorias ni requerir de ninguna fuerza externa para hacerlas cumplir, es auto punitiva. Ambas reglas moldean las percepciones subjetivas que tienen los individuos del mundo que les rodea y serán las que, en última instancia, determinarán sus elecciones explícitas. Desde esta perspectiva, la estructura de incentivos no surge espontáneamente del mercado, sino que surgirán de unas instituciones fuertes, bien diseñadas y con la capacidad suficiente de influir en las decisiones de los agentes económicos. En consideración de lo anteriormente descrito en el análisis del desempeño económico de cualquier país deberá tomarse en consideración la evolución de las instituciones políticas y económicas, dado que serán éstas las que van a crear el medio ambiente económico e institucional necesario que permitirá entender dicho desempeño y serán las que explicarán los cambios en la dirección y la velocidad del desarrollo de una economía . Lo anterior será descrito por North en la siguiente frase:

A través de las historia, las instituciones han sido dispuestos por los seres humanos para crear orden y reducir la incertidumbre en el intercambio(...). Junto con la fuerzas comunes de la economía (las instituciones) definirán el conjunto de elecciones y por lo tanto determinarán los costos de transacción y producción (...) el desempeño económico histórico solo puede ser entendido como una parte de una historia secuencial (donde) las instituciones proveen la estructura de incentivos de una economía, envuelve su estructura y moldea la dirección de los cambios económicos hacia el crecimiento, estanflación, o declinación

Marcur Olson, por su lado, ha sugerido la importancia de los vínculos que se presentan entre los arreglos institucionales, la sociedad y el Estado, para entender el desempeño económico. Desde su punto de vista el desarrollo económico debe ser visto como un problema de acción colectiva, es decir, en el análisis de los procesos de crecimiento económico resulta necesario indagar los mecanismos que llevan a los grupos sociales a trabajar por alcanzar objetivos colectivos. Su teoría sugiere que los individuos no se organizan espontáneamente para alcanzar sus intereses individuales o de grupo, antes bien su acción se constriñe a buscar maximizar su bienestar personal y solo actúan colectivamente cuando, existe una coerción que los obligue a ello o cuando se presentan fuertes incentivos y perciben, de que con su acción, lograrán obtener una recompensa mayor a la que hubieren logrado con su acción individual. En ese sentido para la consecución de objetivos colectivos y lograr que los sujetos se incorporen a ellos se requiere de la intervención del Estado, dado que es la única fuerza que puede, por un lado obligar a los diversos grupos sociales a que adopten dichos objetivos (posee el monopolio de la fuerza), y por otro lado, es la única institución que tiene la capacidad para coordinar las acciones individuales hacia el logro de objetivos preestablecidos. El Estado por su parte, se organiza de acuerdo a una red de instituciones que le facilita la toma de decisiones colectivas y coordina las acciones de los diversos actores económicos y políticos. Olson hizo patente la necesidad de que solo un Estado autónomo es capaz de dirigir a la sociedad en su conjunto hacia el logro de altos niveles de desempeño económico, dado que con estas características, el Estado podría resistir las presiones de otros grupos, y por lo tanto, será capaz de gobernar en nombre del interés nacional .


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