Tesis doctorales de Economía


DISTRITO TURÍSTICO RURAL UN MODELO TEÓRICO DESDE LA PERSPECTIVA DE LA OFERTA. ESPECIAL REFERENCIA AL CASO ANDALUZ

Francisco José Calderón Vázquez

 

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II.3.3.- Efectos Colaterales del Turismo Rural

El problema estriba en que tanto el “efecto demostración” como la reiterada promoción efectuada en torno al turismo rural ha despertado enormes expectativas en muchas áreas rurales dentro y fuera de la Europa Comunitaria, provocando una presión muy fuerte sobre las iniciativas turísticas en el medio rural. Ello ha supuesto la degeneración del fenómeno y la producción de efectos no deseados a partir de la sobreestimación de la faceta turística del desarrollo rural. Tal exceso de expectativas ha conducido a situaciones de estancamiento, de retroceso, incluso de desaparición, de la rentabilidad económica, así como de la peculiaridad y autenticidad de la oferta turística local. La aceleración en el proceso de desarrollo turístico se traduce en un incremento exponencial de la capacidad de acogida de la zona y la aparición de fenómenos de especulación interna y externa, la degradación medioambiental del entorno, y la pérdida del carácter humano personalizado como expone la l'Association européenne pour l'information sur le Développement local (AEIDL,1997)

El proceso de degradación, parte con la “industrialización” del proceso turístico rural, que se inicia cuando la obsesión por incrementar la capacidad de alojamiento buscando mayores ganancias, deviene el elemento protagonista en la jerarquía de prioridades del empresarial local. Pero ello en definitiva no es sino confundir el numero de plazas con la rentabilidad, lo cual es un comportamiento característico del turismo de sol y playa, basado en las economías de escala, inherente a la etapa fordista, pero cada vez más fuera de lugar en las actuales coordenadas. El resultado es una proliferación de estructuras de acogida con la práctica reducción de la Oferta al alojamiento (AEIDL, 1997)

La masificación de los procesos que se deriva, reduce sustancialmente la calidad del servicio y el trato personalizado, precisamente los elementos genuinos del turismo rural; todo ello provoca un deterioro del entorno de acogida, sea natural que cultural, lo que acaba incidiendo negativamente sobre el corazón del turismo rural y su mayor campo magnético: el patrimonio y la cultura local. Por tanto se genera, parafraseando a Ragnar Nurkse, “una acumulación negativa de causalidad” que acaba por desustanciar casi por completo el fenómeno turístico rural, propiciando la quema del ciclo del producto incluso en sus etapas iniciales.

Esta situación se produce en un contexto de debilidad organizacional, donde no existen instituciones adecuadas a nivel local capaces de regular los flujos del mercado, por lo que la única prioridad es la obtención rápida y desordenada de ganancias. Igualmente las carencias de capital humano, en particular el déficit de formación profesional y de cuadros que posibiliten dar una respuesta adecuada a las exigencias de una oferta turística de calidad, individual como colectivamente, agravan notablemente la situación. Distintos análisis realizados en el marco de la Iniciativa Comunitaria LEADER (Programas Leader I y II) han detectado tales tendencias y casos especialmente acentuadas en las denominadas "zonas rurales profundas" del sur de Europa. (AEIDL, 1997)

Parece claro que el exceso de expectativas proviene del predominio de comportamientos empresariales y sociales reactivos a la demanda, y a las oscilaciones de la misma, cuando deberían promoverse las conductas proactivas, es decir, anticiparse a los problemas antes de que surjan, lo que conlleva la realización de una planificación previa, flexible pero exhaustiva, que constituya la base de las actuaciones a realizar. El Observatorio Leader (AEIDL) se muestra tajante, aduciendo que sin la presencia de tales elementos de planificación y organización aun cuando la zona en cuestión reúna una serie de ventajas naturales y culturales para la práctica de la explotación turística muy probablemente fracasará el modelo de desarrollo turístico en dichos emplazamientos.

De todo lo anterior la consecuencia, parece evidente como pone de relieve la Asociación Europea de Información sobre el Desarrollo Local, cuando afirma que el turismo rural no puede ser considerado una especie de panacea universal contra todos los males, no pudiendo aportar soluciones definitivas a los problemas de rezago económica y social de muchas zonas rurales (AEIDL,1997)

Dicho con otras palabras, el turismo rural no es un modelo de desarrollo en sí. En todo caso, podría ser parte importante de una estrategia de valorización de los recursos del medio rural, patrimonio etc., por ello, puede ser un instrumento que ayude en gran medida, a la revitalización de muchas áreas rurales como así está sucediendo en diversas localizaciones territoriales de la Europa comunitaria y de la geografía española, pero su rol aunque importante es limitado, en el sentido que necesariamente debe ser compartido con otros segmentos productivos (agroindustria, energías alternativas, acumulación de intangibles, nuevas tecnologías, etc.) en un contexto de generación de valor y de diversificación económica local que posibilite la salida de las escalas primarias de la Cadena de Valor y de la situación de productor primario.

En este sentido parece certera la recomendación de la AEIDL (1997) cuando plantea que la actividad turística rural tiene que promoverse en equilibrio con otras actividades económicas, en un modelo integrado de desarrollo rural. Basar este desarrollo casi exclusivamente en el turismo rural suele provocar a menudo desequilibrios que debilitan el proceso.

Por tanto es fundamental la noción de equilibrio en la ordenación de los factores de la estrategia integrada de Desarrollo Rural, de lo contrario un sesgo hacia la “turistización” podría provocar, una suerte de monocultivo turístico, constituyéndose en el curso de muy pocos años en el sector económico prioritario del área donde actúa, relegando a la agricultura y al resto de las actividades primarias y secundarias a un papel de meros comparsas, dado que su gran rentabilidad y “facilidad” en la obtención de dichas rentas en comparación con el esfuerzo a realizar en las restantes actividades económicas. Por ello podría convertirse en una suerte de “Leviathan” económico que devora paulatinamente a los restantes sectores, a través de la desinversión de los mismos, drenando todos los flujos de inversión hacia la actividad mas rentable y productiva, como es normal en la lógica económica. Pudiendo incluso producirse mas que un efecto complementación de las rentas agrarias, un efecto sustitución de las mismas, fenómeno que solo podría ser atemperado por la estacionalidad del turismo en los ámbitos rurales y su concentración en determinadas fechas.


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