Tesis doctorales

EL IMPULSO DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO ESPAÑOL, FELIPE GONZÁLEZ, A LOS PROCESOS DEMOCRÁTICOS Y DE PAZ EN NICARAGUA Y EL SALVADOR, 1982-1996

Belén Blázquez Vilaplana

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2.3. UNA POLÍTICA EXTERIOR DEMOCRÁTICA.

2.3.1. ESPAÑA COMO POTENCIA MEDIA.

A. INTRODUCCIÓN.

Muchos autores al definir la política exterior española, hacen aseveraciones como las del Ministro de Asuntos Exteriores Fernando Morán en 1984 “España es una potencia media en el sistema internacional, aunque en el plano regional pueda ser una potencia de cierta consideración141”. Pero casi ninguno de ellos llena de contenido este concepto, lo cual da lugar a que a la hora de realizar un análisis de cuál ha sido la Política llevada a cabo tras la instauración de la democracia en el ámbito exterior por los distintos gobiernos que hasta el momento se han sucedido, no sirva de gran ayuda la adjetivación referida. Puesto que al no insertarlo en una jerarquización definida y exhaustiva, ni ofrecer al investigador elementos conceptuales de referencia, no aporta ninguna información complementaria a la que pueda deducirse de su catalogación como país occidental, europeo, democrático y desarrollado, por citar algunos de los elementos que pueden definir a España en la actualidad, dentro del concierto internacional142. Mas, al contrario, lo que nos plantea son interrogantes tales como ¿Potencia media con relación a qué o a quiénes?, ¿Qué rasgos definen la política exterior que debe desarrollar una Potencia media?, ¿Condiciona el catalogarse como tal sus acciones en el exterior?, ¿Cuáles son los actores que formulan esa política?. Esto se debe a que uno de los principales problemas existentes en esta área de estudio, es que al tratar estas materias, se suelen dar por supuesto los contenidos de algunos de los términos empleados, entre ellos, el aquí referido. Y ello, debido en gran parte a la falta de tradición de estos estudios en España. Incluso como algunos autores han apuntado, a la hora de escribir sobre cómo se ha relacionado España en su ámbito exterior, inmediato y mediato, se ha producido una penuria conceptual de la que ya hemos adelantado algunos aspectos en apartados anteriores. Siendo en este punto necesario introducir conceptos, categorías y sistemas de conjuntos terminológicos o bien dotar a los que hay de elementos analíticos válidos para realizar los análisis de los que tan huérfanos estamos en esta disciplina. No hay, de cualquier modo, que ignorar que el concepto al que nos enfrentamos es de reciente introducción como categoría analítica en los análisis científicos sobre esta materia. Ya que, aunque existen estudios acerca de su utilización que nos remontan a autores tan lejanos en el tiempo como Santo Tomás de Aquino143, lo cierto es que su papel en la política internacional ha adquirido especial relevancia en las últimas décadas, cuando, por una parte se produjo el fin del enfrentamiento Este / Oeste y, por otra, comenzaron a surgir nuevos Estados en la sociedad internacional. Esta erupción en el contexto internacional, postguerra fría, produjo una jerarquización de los Estados que superaba con creces la conocida dicotomía de países capitalistas/socialistas; países del bloque del Este/Oeste; países prosoviéticos/pronorteamericanos, etcétera, tan de moda en épocas pasadas. Siendo ésta la constatación más fehaciente de que aunque en la teoría todos los Estados son iguales en derecho, en la práctica son desiguales de hecho. Y de ahí la supervivencia de un Organismo Internacional, como son las Naciones Unidas, en donde el voto de todos y cada uno de ellos no tiene el mismo peso en determinadas tomas de decisiones144.

Se tuvo constancia a lo largo de la investigación, de la existencia de una serie de cintas magnetofónicas que recogían los encuentros del Presidente del Gobierno, con diversos líderes y políticos centroamericanos. Mas, en ese caso, se nos indicó que aún no era el momento para que los mismos vieran la luz.

El objetivo de este apartado es doble, por una parte, se busca suplir esa deficiencia de contenido en aras de catalogar a España, durante el período estudiado, como una Potencia media a escala mundial y una potencia de cierto rango en el ámbito regional europeo145, situada en el vértice del Atlántico Norte y del Mediterráneo Occidental, entre el suroeste de Europa y el Norte de África146. Y por otra, se pretende sentar las bases para responder a si el hecho de considerarse como tal incide o no en la política exterior diseñada y puesta en práctica por el Gobierno español hacia Centroamérica. Esto va a ser determinante para poder posteriormente analizar qué se hizo, por qué y cómo se actuó en Nicaragua y El Salvador o por citar un caso concreto que se analizará más adelante, si España tenía capacidad y posibilidad efectiva de realizar las Operaciones para el Mantenimiento de la Paz en esa región147. Ya que, como acertadamente ha expuesto Jordi Palou148, el hecho de que un Estado se autoperciba como una Potencia Media, va a determinar no sólo las directrices que va a elaborar con relación a su política hacia otros Estados, sino también cómo esos Estados van a delimitar sus acciones exteriores hacia esa potencia media explícitamente manifestada. Y ello, porque tal y como es fácilmente deducible, la política exterior que lleva a cabo un Estado de estas características no va a ser igual que la realizada por una superpotencia o una pequeña potencia, ya que sus potencialidades de actuación, valga la redundancia, tampoco lo son. Estas van a estar en función, no sólo del verdadero poder que tenga el citado Estado en el concierto internacional, entendiendo a éste como la capacidad149 de un Estado para influir en el comportamiento de otro Estado en su propio interés, sino también de la voluntad de acción del Estado. Puesto que, como afirma Truyol y Serra150, las acciones de política exterior de un Estado, no siempre coincide con su poder material, debido a que la distancia entre el poder potencial o teórico y el efectivo, atañe a la aplicación de la voluntad política. En última instancia, va a depender de que el Estado, personificado en aquellos que toman las decisiones en el ámbito de la política exterior, tenga o no intereses para intervenir en un área concreta, sean estos nacionales o personales. O al menos, que sus dirigentes sean capaces de exponer y convencer a la opinión pública de esta necesidad.

Nos hallamos ante un concepto reiterativo en un estudio como el que estamos encarando: interés.

Aunque el mismo se vaya desgranando a lo largo de la exposición de esta investigación, consideramos que este es un momento, espacial y temporal, acertado para acercarnos de manera sucinta al mismo.

Para su análisis, debemos considerar que allí donde aparece relacionado con la política exterior de un Estado, suele ir acompañado de la palabra “nacional”. El mismo, puede ir complementado a su vez, mediante un adjetivo, lo cual permitirá en última instancia diferenciar su significación. En el caso de que el referido adjetivo fuera VITAL, este interés tendría un valor casi permanente, siendo el eje central de la mencionada política, independientemente de la ideología del Partido político que se encuentre en el gobierno. Estos intereses serían aspectos tales como la defensa y protección de los Derechos Humanos; de la democracia, etcétera. El gobierno actuaría conforme a una Función de Estado. En el caso de que fuera SECUNDARIO, se entendería por el mismo, aquellos intereses donde el ejecutivo en su función de gobierno planifica y ejecuta, independientemente de otras fuerzas políticas, puesto que están legitimados por el resultado de las elecciones. Sería, en última instancia, la implementación de los casos concretos de los intereses considerados vitales. Aquí, ya no sería una Función de Estado, sino de Gobierno151.

En el caso de la investigación que estamos exponiendo, el punto anteriormente mencionado es uno de los que primero llama la atención cuando se comienza a trabajar. Y ello, porque si nos atenemos a los datos aportados por el Ministerio de Asuntos Exteriores español, ni en el caso de Nicaragua, ni en el del Salvador nos encontraríamos ante países que para España en el campo de inversión económica o en el de intercambios comerciales produjeran intereses de ningún tipo152, y aunque es cierto que durante los gobiernos centristas comenzaron a tenerse contactos con la denominada realidad centroamericana, éstas no estuvieron exentas de contradicciones e incoherencias por la falta de intereses directos españoles en esta región. En este sentido, el hecho más trascendental, consecuencia de la apariencia progresista de la política centrista y de la descoordinación de la política hacia la subregión153, fue la ocupación de las Embajadas de España en Guatemala154, en enero de 1980 y en El Salvador en febrero del mismo año, por integrantes de movimientos opositores a los regímenes establecidos. La llegada del PSOE al gobierno dos años después, favoreció una política exterior basada en un apoyo explícito en sus primeros momentos al régimen sandinista y al movimiento guerrillero en El Salvador. Mas la pregunta sería entonces ¿Por qué se mantuvo a estos países en el centro de la atención de la política exterior española? O ¿Por qué incluso se potenció esta actuación?. A ello intentaremos contestar más adelante. Teniendo en cuenta en todo momento, que la catalogación de España como potencia media, o no, va a ser determinante en relación con el papel que pudo desempeñar en función de los intereses norteamericanos y de las particularidades de la crisis centroamericana. La llegada de Reagan al poder, al comienzo de la década de los ochenta, va a determinar que la superpotencia norteamericana acepte o no de mejor talante la participación de otros países en la búsqueda de soluciones a los problemas concretos de la Región155. Puesto que bajo su consideración, estas actuaciones serían una injerencia por parte de un actor externo al conflicto en su zona “natural” de influencia y, por tanto, se considerarían con derecho a aceptar o no la misma.

Con relación al segundo punto mencionado, es decir, a la actuación que se espera de una Potencia Media en política exterior, utilizaremos un método inductivo para buscar su comprobación. Considerando para ello, que no serviría de nada sacar deducciones de cuál debe ser la política exterior de una Potencia Media, a partir de sus acciones. Y ello, debido a que lo anterior daría lugar a una falacia, ya que como el sistema internacional es inmensamente heterogéneo se produciría una clasificación tan amplia, que en última instancia nos llevaría de nuevo al comienzo de la investigación, a no avanzar hacia ningún resultado concreto. Y, además, en el caso aquí tratado el problema sería doble desde el momento en que no se va a llevar a cabo un estudio de Política Comparada entre los Estados miembros de la Sociedad Internacional. Se quiere decir con ello, que si lo que se van a exponer son las acciones españolas en Nicaragua y secundariamente en El Salvador durante el gobierno socialista, lo que nos va a permitir es ver qué se hizo y si esas acciones se correspondían con las esperadas, pero no deducir de ahí que esa sea la Política posible de un País con las características sociales, económicas, culturales, etc. de España.

Sin embargo, la utilización del método de análisis inductivo supera esta problemática, ya que lo que pretende es inducir a partir de una serie de rasgos objetivos y prefijados de antemano, cuáles pueden ser las posibilidades reales de acción de un Estado como el que aquí es nuestro objeto de estudio. Esto dará el marco de referencia para la segunda parte de esta investigación, los estudios de casos. Y no sólo eso, sino que permitirá tener una base analítica para futuras investigaciones sobre otros problemas de política exterior que hayan atañido a España en el mismo período de tiempo. Aunque en estos casos, se deban añadir otras variables, fundamentalmente de ámbito regional, para dotar de significación a los estudios y no caer en el error de traspasar modelos teóricos a realidades geográficas diferentes. La simple enumeración de datos cuantitativos no basta para explicar o intentar comprender el por qué de las acciones de un Estado en cuanto a su proyección exterior.

Mas, en este caso, además, hay que considerar una tergiversación que se puede, y sobre todo, se debe tener en cuenta y que fue señalada por Esther Barbé156 a la hora de realizar este tipo de análisis.

Según esta autora, las estrategias de un país intermedio como es el caso español, es más realista que se basen en su “prestigio”, y no tanto en sus recursos. Es decir, los datos sobre población, P.N.B, potencial militar, etcétera, van a ser importantes para tener una primera aproximación a las posibilidades de actuación de un Estado en el contexto internacional. Pero, éstos no tendrán sentido, si no se analizan en relación con un elemento subjetivo como es la consideración que el resto de los actores internacionales tengan sobre ese país. Siendo crucial en el análisis que aquí se plantea, por cuanto, si hay algo que realmente España y el gobierno socialista supieron aprovechar bien, fue el prestigio alcanzado por el país debido a diversos motivos. Entre éstos, cabe mencionar: el modo y manera en el cual se realizó la transición española; la conseguida descentralización del país; la continuidad y estabilidad en el ámbito gubernamental; la imagen del Monarca, del Presidente del Gobierno y de algunos altos burócratas españoles; el éxito de la modernización del país con la ayuda procedente del exterior y el papel alcanzado por España en los Organismos internacionales de los cuales forma parte. Aunque este prestigio no siempre fuera reafirmado y, sobre todo, asumido dentro de nuestras fronteras. Esto se confirma en las palabras del Ministro de Defensa del Partido Popular, Eduardo Serra Rexach, en la primera Comisión de Defensa celebrada tras el triunfo de las elecciones del PP. El Señor Serra, afirmaba que de cualquier país se suele oír hablar mejor dentro de sus fronteras que fuera de ellas. A mi juicio, así acontece al menos con los de nuestro entorno, excepto, curiosamente, en el caso español. Al menos, quien les habla ha recibido innumerables muestras de admiración y asombro respecto a España fuera de aquí, actitudes excepcionales entre nosotros. Y es que el aislamiento también ha producido una pérdida de relación, de contraste, con otras naciones, lo que quizás explique un cierto complejo de inferioridad del español157 .

Ideas ya expresadas años antes por Fernando Morán. Afirmando que éste era un país sin conocimiento suficientemente claro de lo que puede y de lo que no puede hacer, herencia del franquismo y de su ostracismo y aislamiento internacional158.


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