Revista: TECSISTECATL ISSN: 1886-8452


MUJERES INMIGRANTES COMO “TRANSFORMADORAS DE CULTURA”. UN MÉTODO EXPERIMENTAL PARA LA TRANSFERENCIA INTERGENERACIONAL DE LA IDENTIDAD CULTURAL

Autores e infomación del artículo

María Luisa Di Martino
Universidad de Deusto

Ricardo J. Sánchez Cano
Universidad del País Vasco

riconsoto@gmail.com

RESUMEN

El presente artículo es de naturaleza descriptiva y está basado en un trabajo experimental. El objetivo principal es proponer una herramienta metodológica alternativa, que comulgue los principios de la investigación cualitativa tradicional y estrategias de intervención socio-comunitaria a través de la metodología de la investigación-acción participativa (IAP), con la doble finalidad de explorar la identidad cultural de las personas inmigrantes y transformar diálogos intergeneracionales (en el seno de las familias migrantes) conflictivos en diálogos interculturales constructivos y positivos, basados en procesos de aprendizaje desde la aplicación del enfoque apreciativo. La dinámica descrita aquí es la “caja de vida”, una poderosa herramienta transformadora dentro de un proceso de IAP con mujeres inmigrantes de diferente origen en Euskadi. Las mujeres migrantes en la literatura se identifican como principales “portadoras” de valores humanos e identidad cultural. Se demuestra que también son “transformadoras” de cultura, al desarrollar un papel activo en el diálogo intergeneracional.
Palabras clave: Identidad cultural, diálogo intergeneracional, diálogo intercultural, mujeres migrantes, familias migrantes, investigación apreciativa.

ABSTRACT

This paper has a descriptive nature, based on an experimental work, and its main aim is to propose an alternative methodological tool, which is able to gather the principles of the traditional qualitative inquiry and socio-community intervention strategies. This method is suitable for exploring both immigrants’ cultural identity and transforming conflictive intergenerational dialogues (in the core of immigrants’ families) into constructive and positive intercultural dialogues, based on a learning process through the application of the appreciative approach. This paper describes the dynamic of the “life box” as a powerful transforming tool in a participatory action-research process carried out with immigrant women from different origin and located in the Basque Country. In migration studies migrant women are identified as “bearers” of human values and cultural identity. The main findings show that they also are “transformers” of culture, having an active role in the intergenerational dialogue.

Keywords: Cultural identity, intergenerational dialogue, intercultural dialogue, migrant women, migrant families, appreciative inquiry.


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

María Luisa Di Martino y Ricardo J. Sánchez Cano (2017): “Mujeres inmigrantes como “transformadoras de cultura”. Un método experimental para la transferencia intergeneracional de la identidad cultural”, Revista TECSISTECATL, n. 21 (junio 2017). En línea: http://www.eumed.net/rev/TECSISTECATL/n21/mujer-inmigrante-cultura.html
Handle: http://hdl.handle.net/20.500.11763/tecsistecatln21mujer-inmigrante-cultura


INTRODUCCIÓN

La globalización ha propiciado una extensa cultura de migraciones internacionales, y en esta movilidad tanto las fronteras políticas como las fronteras de la “identidad” de las personas que transitan a lo largo del planeta se ensanchan, creando cada vez más identidades híbridas (Suárez-Orozco, 2003; Boggio, 2016; Falicov, 2007; Castles, 2000; Arango, 2004). Sin embargo, hablar de identidades no es un asunto fácil, ya que el término en sí conlleva un abanico amplio de conceptos, teorías y significados, además como un hilo interdisciplinario e interseccional en el ámbito de estudio de las migraciones internacionales, ya que cruza las varias categorías de nacionalidad, etno-culturalidad, clase, educación, profesión y género. En el caso de las personas migrantes, por el hecho de que su identidad se define a priori a partir de “su condición de sujeto fronterizo” entre dos mundos, entre dos sociedades, se hallan viviendo en una tensión constante (Nash, 2005; Boggio, 2016; Vereda Muñoz 1999, 114). Según informes de la Organización Mundial de las Migraciones (OIM), “el estrés por aculturación, que genera una disminución de su estado de salud, sentimientos de marginalidad, aumento de trastornos psicosomáticos, confusión de identidad y presencia de trastornos ansiosos y depresivos” (Alarcón, 2016; Di Martino, 2016).
En este proceso, cabe destacar el hecho de que es difícil abordar la problemática de la identidad individual en las migraciones, ya que intervienen diferentes estructuras en su construcción o “(re)adaptación, considerando que la identidad tiene una estructura multidimensional (donde el referente puede ser la nación, la religión, la lengua, la raza…)” (Vereda Muñoz 1999, 114). Por tanto, el equilibrio entre las diferentes facetas de la identidad se construye cotidianamente en función de los contextos de acción, de las circunstancias, de las situaciones, de los talantes, de los interlocutores. 
En general, se puede afirmar que las personas en situación de movilidad, durante su proceso migratorio están ocupadas en la actividad de (re)negociación de una nueva identidad que sintetice los elementos culturales de origen y destino (Suárez-Orozco 2003, 1), y que toca aspectos psíquicos y físicos de la identidad. En este sentido, la literatura sobre el arraigo y la adaptación psico-social de las personas inmigrantes revela que hay dos situaciones fundamentales que pueden darse en la trayectoria migratoria: las personas migrantes, de hecho, pueden destacar la nueva identidad positiva o negativamente, imponiendo un distanciamiento entre el yo individual y el yo social. En estrategias positivas, se pueden hallar personas que remarcan elementos de la nueva identidad que lo destacan del grupo. Las estrategias negativas se hacen evidentes cuando hay personas inmigrantes que, por ejemplo, denigran los comportamientos y valores de otros compatriotas (Díaz y Gonzáles 2011, 145) y reniegan de su identidad cultural.

El proceso de transformación para alcanzar una identidad en equilibrio a lo largo de la vida no es estable ni acabado, ya que depende de factores internos y externos que mueven los cimientos de nuestras vidas en todo momento. En el proceso migratorio se da de forma más evidente en el entrelazarse de dos mundos y culturas. Por ende, “la identidad étnica es un dominio de identidad personal y de grupo que cambia a través del contexto del continuo de vida” (Noriega, et al., 2009), de ella puede depender el éxito o fracaso del arraigo y de la experiencia migratoria. De hecho, estudios demuestran que un sentido de la identidad ligada a un grupo etno-cultural claro y establecido lleva a mejor identidad personal y al éxito, mientras que una identidad más débil en afiliación a un grupo etno-cultural crea instabilidad, inseguridad, emociones y autoestima negativa (Noriega, et al. 2009, 103; Suárez Orozco, 2003; Díaz y González, 2011). Dentro de la experiencia migratoria se reactiva la renegociación de la identidad, porque el individuo se encuentra en un nuevo contexto, un contexto que no ofrece las mismas condiciones de seguridad social como en el país de origen, pues tiene que enfrentarse con nuevos miedos y nuevos desafíos. La migración representa también desafíos socio-emocionales, sobre todo para los recién llegados, y para los niños y niñas y adolescentes, por ejemplo, en el entorno escolar (Suárez Orozco 2016, 12).
Por consiguiente, este proceso podrá afectar a la autoestima de la persona a causa de la comparación social, que si es negativa creerá una “identidad social inadecuada” (Díaz y González 2011, 138).  Además de eso, el caso de las personas inmigrantes, el sentido de pertenencia se encuentra en una oscilación constante entre dos grupos diferentes. Pertenecer a dos mundos a la vez conlleva a una renegociación de la propia identidad presente, pasada y futura en el tiempo actual, más allá de las fronteras culturales (Boggio, 2016).  ¿Cómo se resuelve este dilema en las familias migrantes y cómo se trasmite de madres a hijas e hijos es la cuestión que se desarrolla en este artículo?
En el contexto migratorio la creación de una identidad cultural pasa por diferentes fases: se toma conciencia del propio ser, entendido como “raza”, se explora hacia fuera, y luego se interioriza como propia identidad étnica y cultural. Este proceso no hubiera ocurrido en un contexto de continuidad cultural (Suárez-Orozco 2003, 3). La creación de la identidad a partir de la etapa adolescente, en las segundas generaciones de inmigrantes, sirve de referencia también para explicar el proceso de transformación por el cual pasa el sujeto migrante adulto, en el caso de este método experimental, la indagación se centra en las mujeres inmigrantes donde hay una componente más a analizar que es la identidad cultural de origen en su pasaje a hijos e hijas en destino.

Por ende, se podría afirmar que, en la interrelación con individuos y sociedades de origen y destino, un sujeto ha conseguido su identidad cuando reconoce un sentido de pertenencia. Solo si se nutre un interés constante por el propio país de origen y un lazo estable con las propias raíces, se puede seguir manteniendo un sentido de pertenencia a la propia cultura de origen (Suárez-Orozco 2003, 3-5). Mientras que, en el país receptor, se diferencia entre sistemas de grupos y subgrupos (Neuburger, 2003).
En particular, Neuburger diferencia entre las relaciones interpersonales y las relaciones de “pertenencia”, y se enfoca en las interacciones como transformadoras de la identidad personal, ya que el sujeto, en la interacción con otras identidades y culturas, las interioriza y, por consiguiente, relaciones, entornos y contextos, que dan forma  al “sentido de pertenecía”, que inevitablemente le transforman, según el tipo de relación que la persona instaura con otras personas (Neuburger 2003, 170). Esta teoría de la interrelación se instaura dentro de las teorías eco-culturales de los sistemas de grupos (Noriega, et al., 2009). Por tanto, “(…) el individuo tiene conciencia de la pertenencia a un grupo determinado, así como el carácter positivo o negativo de dicha pertenencia en comparación con otros grupos”. Cabe señalar que “la fuerza de la teoría eco-cultural y socio-cultural vincula la investigación universal y específicamente comunitaria, pues se enfoca sobre procesos institucionales individuales e interpersonales considerados universales” (Cole 1996, citado en Noriega, et al. 2009, 104).
En cuanto a las ventajas y desventajas del proceso de adaptación o aculturación de las identidades en tránsito, según Falicov (2002) se ha visto el nacer de identidades transculturales, el desarrollar la habilidad de manejar diferentes códigos culturales al mismo tiempo. Las personas más jóvenes tienen más ventajas, ya que las identidades transculturales resultan ser más adaptativas en la era actual de la globalización y del multiculturalismo, por consiguiente, el modelo asimilacionista unilateral ya no es una opción viable (Suárez-Orozco 2003, 16).
Ahondando un poco más en las estrategias para los procesos adaptativos, la situación migratoria en si misma podría provocar un estado de oscilación constante de la identidad “fronteriza”, como revelan los estudios empíricos de Nash, Tello y Benach (2005) cuando hablan de los “intersticios” como lugares de tránsito para las identidades migrantes en un proceso de re-negociación. Sin embargo, hay que considerar también el hecho de que podrían no estar reconstruyéndose, o transformándose, dentro de un proceso de desarrollo estable, sino más bien inestable: “Ni ciudadano, ni extranjero, ni totalmente al lado de uno mismo, ni totalmente al lado del otro (…) el inmigrante se sitúa en la frontera del ser y no/ser social” (Vereda Muñoz 1999, 115).

En este caso, justamente, las personas migrantes pueden experimentar “procesos adaptativos” desde la negación, “que conllevan la ocultación de marcas identitarias, hasta la modificación del vestuario, peinado o aspecto físico”. Este proceso de modificación de la propia identidad, que intenta asimilar elementos del país de origen es conocido como “identidad sustractiva”, o la que Goffman (1970) identificaba también con el “encubrimiento” en las formas de autorrepresentación de la persona migrante (Vereda Muñoz, 1999). En segundo lugar, la situación migratoria podría revelarse positiva, ya que, en muchos casos, el marco dual (origen-destino) para las personas migrantes de primera generación suele ser una ventaja, porque les proporciona una comparación donde siempre hay una mejor situación que reside en la elección misma de migrar. En cambio, en otros casos, es el optimismo que mueve los pasos de las personas en su proyecto migratorio, porque “están suportadas por el deseo de sustentar a sus seres queridos” en origen, que hace más liviano el esfuerzo (Suárez-Orozco 2003, 2-3).  
Así que, no siempre la ruptura genera un “proceso traumático”, sino que a veces puede ser vivida como una “liberación de normas sociales rígidas”, implantadas en las sociedades de origen (Díaz y Gonzáles 2011, 145). Finalmente, el proceso de adaptación a través de la ruptura con la sociedad de origen, a veces es un proceso traumático, otras veces es liberatorio, porque hace que el individuo rompa con las normas rígidas del país de origen con las cuales no se identifica (Díaz y González 2011, 145). Aunque, la ruptura, por otra parte, puede darse también por la separación que se da entre el ser y el hacer, “entre los valores personales y la posibilidad de ponerlos en práctica en la sociedad en la que se ubica el individuo” (Vereda Muñoz 1999, 115). Como señala Carola Suárez-Orozco (2003) las personas migrantes extranjeras la comparación entre dos mundos, dos situaciones o dos condiciones existenciales, de todas maneras, proporciona la explicación correcta, reconstruida, rectificada, o la razón misma de la proyección de haber cumplido con las aspiraciones pre-migratorias, no obstante, los momentos de desasosiego, depresión, o soledad vividos durante el proceso. Ese marco dual de comparación, por tanto, también le da sentido a la experiencia migratoria, aunque de forma retrospectiva, y le entrega coherencia interna a la identidad en tránsito, permitiéndole afirmar que ha valido la pena, y que el proyecto migratorio no ha sido un fracaso. En base a las anteriores reflexiones, se quiere describir en este artículo una herramienta que podría propiciar un cambio positivo en la transferencia de identidad cultural de madres a hijas e hijos, y otros miembros de la familia, en aquellos casos donde sería necesaria una intervención para los procesos adaptativos de inmigrantes de segunda generación, pero que pasa por un cambio actuado primero a partir de los inmigrantes adultos.      

1. TRANSFERENCIA DE IDENTIDADES INTERGENERACIONALES EN FAMILIAS MIGRANTES

“La palabra ‘Yo’ no indica un origen en acción, sino un logro relacional” (Gergen 2015, 207). Con esta frase Kenneth Gergen abre el debate sobre la existencia de múltiples yoes, múltiples identidades, que se mueven en las aventuras de la vida diaria de la co-creación relacional. Según el enfoque de construccionismo socio-relacional, pues, este “yo” es el punto de partida para otras identidades, otras relaciones y acciones de transformación cultural que tienen un potencial desarrollo en acción y agencia, y que contribuyen a donar significado al análisis de las dinámicas de la identidad dentro de los contextos diferentes de las familias migrantes.  
Cada relación es una historia compartida y esta explicación de múltiples “yoes” establece senderos para considerar diferentes trayectorias relacionales. Por tanto, el enfoque de este trabajo parte de la argumentación que las mujeres inmigrantes no solamente son “portadoras” de cultura (Okin, 1994), sino también son “transformadoras” de cultura (Siim 2007, 4) dentro del contexto y ambiente intra-familiar y extra-familiar, siendo así un elemento social y político proactivo.
Por otro lado, Contreras Soto (2007, 24) habla de “construcción simbólica dentro de contextos estructurados”, por lo tanto, integra elementos esenciales del que llama “ego migrante”, que se aborda aquí en términos de identidad subjetiva y colectiva dentro del planteamiento de la estructura socio-cultural.
La construcción simbólica, de hecho, adquiere una importancia fundamental para la elaboración de la identidad cultural de origen desde el campo de acción del país de destino. En su primera tesis sobre la interacción simbólica, Blumer (1969) habla de las relaciones interpersonales como una reacción de las personas en la relación con el mundo externo, partiendo de los objetos externos y los significados con los cuales éstos se asocian. En la segunda tesis, habla de la interacción es entre el ser humano y el mundo externo como elemento que define el contexto de las cosas. La tercera tesis implica la transformación del concepto del mundo a través de la traducción y el proceso de evaluación, que el individuo usa cuando interactúa con el mundo externo (Mella, 1998).
Este mecanismo es la guía que se sigue en la dinámica preparada para explorar la trasformación de la identidad cultural en las mujeres inmigrantes y para su reelaboración dirigida a la transferencia intergeneracional de madres a hijas e hijos de segunda generación. Desde el interaccionismo simbólico el “Yo”, o identidad, se construye y desarrolla a través de la agencia de los individuos que interactúan en las relaciones sociales.

Por un lado, el proceso de construcción de la identidad está desarrollado basándose en el espacio y en el tiempo, en el contexto social en el que el “Yo” está involucrado, y retorna al “Yo” a través de la auto-imagen, el auto-concepto, roles establecidos, posiciones sociales y estructuras relacionales (Gergen, 2015).
Por otro lado, cabe mirar que hay detrás de los roles, para analizar el lenguaje simbólico, contenidos, y códigos que están todavía ocultos y que están articulados detrás de la vida diaria de sujetos en continuo cambio y evolución, que son los únicos creadores de sus realidades, a través del que Blumer definía el “acto creativo” (Mella 1998, 6), que también se asimila al que Gergen define “fascination act” (2015).
En este sentido, la psicología social y las teorías sociales evitan el reduccionismo de la psicología del sujeto como elemento monolítico y estático, para añadir valor a la perspectiva de la construcción socio-relacional de la identidad, basada en las interrelaciones socio-comunitarias y humanas. Por ende, su influencia va en doble sentido: una vertiente está relacionada con el mundo externo o dimensión eco-cultural (Gallimore, et al., 1993), donde la ecología, el medioambiente y la familia tienen fuerte vínculos e influencian en el desarrollo de los niños y niñas en la sociedad.
En cambio, la otra vertiente está relacionada con el proceso contrario, de la dimensión interior hacia la dimensión exterior. Ambas son válidas y se toman como referencias conceptuales para la base de esta experimentación. De hecho, “Inspirado en el modelo de Bronfenbrenner (1989), la teoría de sistemas y la ecología llegaron a desarrollar un cuerpo teórico que asume a la cultura como un conjunto de sistemas concéntricos o satelitales, conformando una gama de relaciones que son interdependientes entre si y configuran un escenario de transiciones. Los sistemas relacionales como la familia, escuela, trabajo, pareja, amigos se definen en términos de competencias que incrementan en dificultad y definen las normas requeridas para incluirse en sistemas de complejidad progresiva. La persona vive en su micro-sistema con vínculos a través de los contextos o mesosistemas e interactúa con ecosistemas dístales y macrosistemas vistos a través del tiempo histórico (crono-sistema). En este modelo la cultura es definida como valores y costumbres sociales y subyace entre las propiedades dístales del exosistema. Este modelo no ubica la cultura como una propiedad explicita de las personas, ve a la cultura como algo que la gente construye de sus experiencias a través de los contextos, como hacen sentido o conciencia de sus mundos” (Noriega, et al. 2009, 102).

El proceso de reconstrucción de la identidad y la re-negociación vivida por las personas inmigrantes, en el caso de este experimento, por las mujeres inmigrantes en el País Vasco, el país de destino tiene un impacto directo en sus vidas, como en las experiencias de las familias, en los hijos y en las parejas. Este impacto, además, tiene una alta resonancia en las familias de origen, por ejemplo, en el caso de las cadenas transnacionales de cuidado (Russel, 2008) y en el caso de relaciones a larga distancia a través de las nuevas tecnologías, en las cuales la distancia emocional es un elemento estresor; o en situación de largo tiempo esperando la reunificación por ley.
La identidad del “nosotros” necesita de la construcción de un vínculo, además, el vínculo ha de tener un valor específico y el lenguaje, la comunicación verbal, es el vehículo principal de construcción de valores (Gergen 2015, 270). Sin embargo, el lenguaje simbólico es mucho más poderoso, ya que crea fuertes vínculos inconscientemente, por ende, es muy interesante observar, analizar y comprender junto con las mujeres participantes lo que se ha dicho con el lenguaje (simbólico) contenido dentro de las “cajas de vida”, y lo que se esconde más allá de él. Es importante, en este sentido, crear el valor, que sería lo que Gergen llama proceso de “fascination” (Gergen 2015, 270; Gergen 1985, 5).
El proceso de “fascinación” conlleva un momento preciso y un significado específico ligado al seno familiar y a las relaciones en las cuales los vínculos y las emociones están atados entre los miembros. La “fascinación” es un momento mágico, un acto comunicativo mágico, que permea los momentos y los hitos más importantes de las vidas de las personas, como los rituales, pero raramente se traslada a acciones de la vida cotidiana.
El construccionismo socio-relacional es la base teórica de esta idea, que invita a retar la mente ontológica, el típico pensamiento clásico de la cultura occidental, e invita a tomar en consideración los orígenes de las suposiciones como la bifurcación entre emociones y racionalidad; entre motivaciones y memorias; relaciones e identidades (Gergen y Davis 1985, 5). Sería interesante observar el hecho de que detrás de las narrativas, y de las historias de vida de estas mujeres inmigrantes, hay otros significados, que se pueden expresar en forma simbólica a través del lenguaje no verbal de una forma aún más rica e intensa que el lenguaje hablado, las narrativas, porque es importante la construcción que se esconde detrás del producto final. Por tanto, la alternativa metodológica empleada, las “cajas de vida” como elemento capaz de producir aquella “fascinación” necesaria para ir más allá de la construcción narrativa consciente y con carácter retroactivo a menudo guiada por la persona entrevistada.

Se propone como una herramienta, entre otras, innovadora, eficaz y eficiente, en el campo de la investigación participante desde un enfoque interdisciplinarios, en el cual se emplean diferentes disciplinas, como la psicologías social, la antropología y la sociología, no solamente con el fin último de crear nuevos conocimientos; sino también como herramienta útil para recoger información en terreno, analizar vidas y formas de transmisión intercultural e intergeneracional de identidad como instrumento de re-construcción de vínculos emocionales dentro del seno de las familias migrantes.
A través del método de las “cajas de vida”, por ende, se pretende recoger la principal parte emocional de las experiencias de vida de las mujeres inmigrantes, para dar una prueba tangible de la idea de realidad que están viviendo y sintiendo. Además, para dar una oportunidad de transformarla en algo que quieren, añadiendo valores y agradeciendo por ella. Este sería el punto de partida de un trabajo personal de construcción de un diálogo intercultural e intergeneracional a la vez dentro de sus familias y con sus hijos e hijas. Este método puede crear una conexión directa entre origen y destino, y dar sentido a acciones y reacciones, causas y efecto, en el proyecto y la experiencia migratoria de estas familias.
Finalmente, permitiría crear solidaridad, comprensión mutua, un ambiente afectivo más cercano entre los miembros de las familias migrantes, influenciando positivamente y de manera apreciativa la vida de las segundas generaciones de migrantes y sus familias. La adopción de un enfoque alternativo y socio-construccionista desde la indagación apreciativa a través de la herramienta de las “cajas de vida” es una técnica que permite capturar las experiencias de la vida diaria de las familias participantes y sus procesos sociales, a través de la identificación tangible de elementos identitarios e hitos personales y psicosociales dentro de un ambiente diferentes y dentro de un proceso de adaptación y renegociación de identidades. El objetivo principal de este artículo es mostrar la comprensión lograda a través de cómo las mujeres inmigrantes construyen el mundo y cómo transfieren su legado identitario a las futuras generaciones.
Las mujeres como regentes de las estructuras familiares son los principales vectores de transmisión de valores, identidades y culturas para sus hijas e hijos, de forma consciente o inconsciente (Siim, 2007). Así que, ellas se consideran el vector principal del dialogo intercultural e intergeneracional que se establece en los hogares. Las preguntas que se plantean aquí son las siguientes: ¿Cuáles son los elementos que determinan la identidad cultural desde su posición de inmigrantes? ¿Cuáles elementos simbólicos se mantienen para representar la conexión con el país de origen? ¿Cuáles se descartan? Y, finalmente: ¿Cuáles se transforman y cómo para el proceso de adaptación en el medio del proyecto migratorio?  

Estas son algunas de las cuestiones que se quieren responder, para planear un futuro modelo de intervención social efectivo basado en la co-creación del proceso de adaptación como proceso intercultural, a través del diálogo intergeneracional en el seno de las familias migrantes y dentro de las comunidades en el país de destino.
Otra cuestión importante es reconocer dónde se hallan aquellos “elementos estabilizadores” (Gergen 2015, 208) que permiten la transferencia de la identidad socio-cultural dentro de las familias migrantes, y que permiten la adaptación después de haberse transformado en el país de destino en elemento de co-educación de los miembros de las familias migrantes.
En realidad, los seres humanos actúan por imitación, para identificar y crear patrones que son acciones básicas del proceso de socialización (Gergen 2015, 210). Muchos roles se adoptan de acuerdo al contexto en el que el individuo se instala y desarrolla, y dichos roles dependen, por ende, de las interrelaciones establecidas con el entorno.
En las familias migrantes los padres predisponen la identidad cultural de sus hijos e hijas desde origen, al mismo tiempo que sus hijos e hijas se preparan para un futuro rico de retos potenciales y oportunidades en el país de destino. Siguiendo este hilo conceptual, este trabajo propone que la cuestión de las múltiples identidades es fundamental para las familias migrantes como proceso de adaptación, ya que ellas están libres de las cargas de la coherencia con roles heredados en origen; ya que el proceso migratorio conlleva la hibridación entre culturas como proceso de aprendizaje sobre lidiar con la parte emocional y racional de la experiencia migratoria.

2. PERCEPCIÓN DE LAS PERSONAS MIGRANTES ACERCA DE LA IDENTIDAD EN EL PAÍS VASCO

Cabe evidenciar algunos datos recogidos de fuentes secundarias, para ver la cuál es la percepción general de la población migrante en la Comunidad Autónoma de Euskadi (CAE), donde se considera necesario cierto tipo de intervención.
“(…) un 8,7% de esta población desarrolla su vida en un marco de convivencia afectado por problemas graves de separación familiar y un 8,8% experimenta en su entorno problemas de soledad o tristeza. Un 11,9% ha conocido, por otra parte, problemas de rechazo que han afectado a alguna persona de la unidad de convivencia, quedando estos asociados a la condición de extranjero, a la religión o a aspectos de tipo racial. El cuatrienio 2010-2014 se caracteriza sin embargo por una sustancial reducción del impacto de las problemáticas consideradas. La reducción es del 11,5 al 8,7% en lo que se refiere a la incidencia de los problemas graves de separación familiar, del 18 al 8,8% en lo relativo a los problemas de soledad y tristeza y del 28,6 al 11,9% en lo que respecta a la percepción de problemas de rechazo por la condición personal (…)” (EPIE, 2015, 56).

“(…) A pesar de ello, esta percepción de rechazo aún supera niveles del 15%, con cifras situadas entre el 16,5 y el 23,5%, entre la población procedente de Rumanía y otros países orientales de la U.E., Colombia/Ecuador/Perú, Bolivia y Senegal. Este último grupo, de origen africano, tiene los niveles máximos en las problemáticas analizadas, siempre por encima del 15%, en lo relativo a los tres indicadores considerados (separación familiar, soledad/tristeza y percepción de rechazo)” (EPIE 2015, 56).
En cuanto a la percepción de pertenencia/rechazo, según la Encuesta de Población Inmigrante Extranjera (EPIE) en el País Vasco se refleja lo siguiente: en la aproximación al grado de identificación con la CAE por parte de la población de origen extranjero mayor de 16 años, un primer aspecto a destacar es que un 88,6% de esta población tiene una valoración positiva de la población autóctona (87% en 2010) por apenas un 0,4% de opiniones negativas (un 11% se posiciona como indiferente o no contesta)” (EPIE, 2015).
 “El sentimiento de integración en la CAE resulta más matizado entre la población analizada. La proporción de personas que se sienten muy integradas en Euskadi no pasa del 29,1%. Sin embargo, otro 51,5% señala sentirse bastante integrado en la comunidad. Resulta con todo significativo comprobar que hasta un 80,6% de las personas con origen extranjero mantienen una posición claramente orientada hacia la parte positiva de los niveles de integración. Aunque esta cifra es similar al 80,8% de 2010, la parte que refleja mucha integración aumenta del 23,5% al 29,1% entre 2010 y 2014. La población que se siente poco o nada integrada en la CAE supone sin embargo un 19,4% del total, en línea con el 19% de 2010. Los colectivos en los que mayor proporción adquieren las posiciones de escasa integración corresponden a la población con origen en China (50,6%) y, en niveles ya situados entre el 27,8 y 32,5%, a la procedente de Rumanía y otros países orientales de la UE, Magreb, Resto de África y Resto del Mundo. El indicador se sitúa en torno al 20% entre las personas procedentes de Bolivia y Senegal. En relación a los grupos señalados, destaca el aumento superior a los 10 puntos en la percepción de falta de integración en el grupo procedente de los países de la Unión Europea Oriental y del Resto del Mundo. En sentido contrario, los mayores niveles de percepción de mucha integración, con cifras cercanas o superiores al 50%, corresponden a la población procedente de los países occidentales de la UE y de Argentina/Chile/Uruguay. En línea con los datos mencionados con anterioridad, un 76% de la población de origen extranjero mayor de 16 años muestra un importante nivel de identificación con la CAE. En un 42,3% de los casos se refleja bastante identificación y en un 33,7% mucha, por encima en este último caso del 30,7% de 2010. En contraste, un 24% se posiciona como poco o nada identificada con la CAE (23,1% en 2010)” (EPIE 2015, 134-135).

Finalmente, cabe destacar que los datos demuestran que la identidad étnica y nacional adhiere a los orígenes, y sentirse orgullosa de su propia identidad es el sentimiento más importante para las personas migrantes en el País Vasco. Por tanto, en este estudio se quiere evidenciar la fuerte conexión con el origen para las personas inmigrantes, añadir valor y transformar ese sentimiento de ser híbrido a través de la herramienta de la indagación apreciativa, con el objetivo de proponer y promover una imagen y sentimiento no-conflictivo, útil al legado intergeneracional que se pasa de padres a hijos. Esta transferencia será analizada en las conclusiones, reflejando los resultados de la sesión de investigación-acción participativa.

3. ¿POR QUÉ SE NECESITA UNA METODOLOGÍA INNOVADORA PARA LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL?

Este enfoque metodológico empieza desde el análisis de una combinación de elementos de la vida diaria de las mujeres inmigrantes, protagonistas de este método aplicado experimental de las “cajas de vida” como herramienta tangible de narrativas biográficas, que mezclan elementos reales y simbólicos. Además, ellas están involucradas en las actividades de la asociación local de mujeres inmigrantes de Basauri, “Echando raíces”, participando activamente con sus hijas e hijos. Finalmente, ellas representan el vínculo principal con el mundo externo, la vida asociativa, donde la investigación ha tenido lugar. Esto significa que también son las principales protagonistas de los procesos de integración psico-social  y eco-cultural que involucran a las familias en el pasaje de origen a destino, donde lo local no engloba a lo extranjero, sino que lo extranjero se abre nuevos caminos a nivel local en las sociedades de acogida en actuaciones performativas, en las cuales la conciencia mágica y el poder de transformación es un valor perdido en la vida postmoderna de las sociedades y culturas del mundo occidental.
“Según Gergen, la auto-observación es el factor clave en la construcción del auto-concepto y en el desarrollo de la identidad: la gente puede transformarse en objetos para nosotros y nosotros podemos vernos desarrollar roles diferentes, en los cuales estamos involucrados y podemos darnos una idea de quiénes somos” (Renau Ruiz, et al. 2013, 163). Por tanto, a través de la herramienta de las “cajas de vida”, pretendemos reconstruir la principal parte emocional en las experiencias de vida de las mujeres inmigrantes, con el objetivo de dar una prueba tangible de las realidades que estas viven y habita, de los sentimientos que florecen en su interior; finalmente, se quiere dar la oportunidad de transformarlos en lo que ella más desea, añadiendo valor y agradeciendo por la herramienta que transforma problemas en soluciones. La idea es que ellas sean independientes y puedan seguir trabajando con la herramienta en sus hogares con sus hijos e hijas.

La estrategia metodológica es importante para este trabajo, ya que se basa en una herramienta específica que conlleva la propuesta de un método alternativo con un enfoque apreciativo. La metodología más pertinente es cualitativa y se desarrolla a través de la investigación-acción participativa (AIP) desde el enfoque del socio-construccionismo relacional. Además, cuenta con la aplicación del enfoque de la indagación apreciativa para el análisis e interpretación de las narrativas de las mujeres participantes. La indagación apreciativa consiste en la escucha activa de las narrativas construidas por las participantes y la intervención por parte de un especialista que, a través de preguntas abiertas y construidas en positivo conjuntamente con las participantes, intenta transformar problemas y sentimientos conflictivos en positivos. El experto ayuda a traer a la luz valores, recuerdos, emociones e ideas nuevas para la construcción de una narrativa centrada en la visión positiva de la experiencia migratoria, de la conexión con las familias de origen y la renegociación de la identidad de las mujeres en un sentido propositivo y favorable al nuevo entorno.  Este enfoque usa técnicas centradas en la persona, métodos creativos y constructivos que combinan a menudo teoría y práctica, además de intervención en forma participativa entre el moderador y el investigador con las participantes, no solamente en la parte relativa a la recolección de información, sino también en el análisis y reelaboración de los resultados como devolución a las participantes que encuentran un cambio positivo en su visión de la experiencia migratoria.
En el caso de este trabajo se ha utilizado la herramienta de las “cajas de vida” porque, para la reconstrucción de las identidades de las mujeres inmigrantes, se considera una técnica poderosa para la re-construcción de las historias de vida basada en la identificación de hitos personales y significativos dentro de sus biografías.  
La técnica de las “cajas de vida” consiste en colectar objetos diferentes, fotografías, cuentos, poemas, escritos, objetos de la vida diaria, conectados con recuerdos, creencias, e hitos personales importantes desde el punto de vista de la identidad cultural y de la pertenencia para las mujeres inmigrantes y sus familias.
Se ha explicado el ejercicio al grupo de mujeres que han adherido al trabajo de campo de forma voluntaria, y se ha sugerido que se desarrollase a lo largo de un mes en sus casas a diario; luego se ha compartido el material durante un grupo de discusión con siete mujeres. Finalmente, con la ayuda de un supervisor y psicólogo se ha desarrollado el trabajo de transformación de las experiencias dolorosas en experiencias positivas para luego seguir con el trabajo en casa y con sus familias.

4. LA HERRAMIENTA DE LAS “CAJAS DE VIDA”

Según Marc Cadafalch (2008), la “caja de vida” es una técnica flexible; puede ser adaptada a las exigencias de los participantes en el proceso. Se utiliza para la construcción de historias de vida y la re-construcción de identidades biográficas promueve un proceso de aprendizaje, partiendo de cada una de las personas participantes, de forma individual. Son ellas las protagonistas del proceso en todo momento, tienen que componer su propia “caja de vida” adaptándola a los hitos más relevantes de su mundo y llenándola de elementos simbólicos. Tal y como fue explicado a las mujeres inmigrantes participantes en el trabajo, una “caja de vida” ha de recolectar lo siguiente:

  • El mundo de la persona: valores, aspectos emocionales y expectativas.
  • Competencias y capacidades personales: elementos cognitivos y psicomotores.
  • Participación y compromiso personal a lo largo de todo el proceso: implicaciones, conocimiento de la práctica y de la metodología para saber cómo usarla en el presente y en el futuro. Este aspecto es el más importante para asegurar los mejores resultados de aprendizaje. Por tanta, se busca pleno acuerdo de las participantes para ejecutar la dinámica.
  • El proceso debería ser llevado a cabo al menos durante hora y media una vez por semana, con regularidad.

El proceso para la elaboración de la “caja de vida” es más importante que el resultado final y de los objetos que las mujeres han reunido. La cosa más importante es reflexionar sobre los sentimientos generados durante el proceso y el ejercicio. La investigación-acción participativa (IAP) fue planeada y llevada a cabo durante tres fases principales:

  • Un primer encuentro con las mujeres inmigrantes e informantes clave (seleccionadas con anterioridad) en la sede asociativa de “Echando Raíces”, ubicada en Basauri (País Vasco), donde aproximadamente el 4% de la población es de origen inmigrante, que sería alrededor del 2% de la población total del País Vasco. La mayoría de ellas pertenece a la asociación de mujeres inmigrantes “Mujeres en la Diversidad” en cooperación con la asociación para el desarrollo de los derechos humanos y de la igualdad de oportunidades, “Berdintzen”, también ubicadas en Basauri. Durante esta fase se proporciona la idea y toda la información necesaria para llevar a cabo el taller experimental.
  • Una segunda fase, comprende la recolección individual de las memorias, creencias, objetos simbólicos, ligados a la idea y percepción de pertenencia a sus raíces e identidad cultural, para transmitirlas luego como legado a sus hijas e hijos.
  • La tercera fase comprende la discusión de la construcción individual de las “cajas de vida”, compartiendo el análisis con todas las participantes en el centro “Echando Raíces”. Esta fase se ha planeado como grupo de discusión participativo con la presencia y acompañamiento de un experto, el psicólogo Richard Sánchez Cano, para crear las devoluciones a través de las cuales las mujeres co-crean o co-generan aprendizaje positivo de sus experiencias vitales y migratorias. Además, las participantes transforman, sobre la base del diálogo apreciativo (Gergen, et al., 2004), el material conflictivo en material narrativo positivo, listo para ser trasladado a las segundas generaciones.

Antes de iniciar con la dinámica narrativa acerca del proceso de construcción de las cajas y selección del material simbólico, el moderador propone la técnica del “triple silencio” (Cohn, 1999) como parte de la dinámica para armonizar a las participantes, para establecer un equilibro entre su parte intelectual y emocional.
En el método del triple silencio el psicólogo empieza por pedir a las participantes de cerrar sus ojos y tomar una posición confortable, con la invitación a relajarse. Después, en el segundo silencio, se invita a las participantes a pensar en el espacio y el tiempo. En el tercer silencio, se invita a las participantes a explorar el tema de las “cajas de vida” y se pregunta: ¿Cómo pensáis la “identidad cultural” como tema de este grupo de discusión? ¿Qué tipo de “fascinación” 1 creéis que era la mejor experiencia? ¿Podría estar ligada a alguna emoción o pensamiento concreto? ¿Cuáles?
Después de este último silencio y de poner en el centro las preguntas que se quiere transformar, las participantes toman la palabra para contar la experiencia en la elaboración de su “caja de vida”. La investigadora toma parte en el grupo de discusión como observadora no participante, mientras que el experto es el investigador participante.
La selección de las participantes se ha llevado a cabo en base a los requerimientos de la Investigación Acción Participativa, a partir de una petición sobre cómo trabajar la transmisión de la identidad cultural migrante a nivel intergeneracional desde la Asociación “Mujeres en la Diversidad” perteneciente al centro intercultural “Echando Raíces”.
Se seleccionaron las participantes en base a petición voluntaria de las mismas, se convocaron y se explicó la dinámica y sus fines.

Además, estaban de acuerdo en experimentar una técnica innovadora para la trasmisión de su legado cultural a sus hijas e hijos, y garantizar la creación de un mejor diálogo intergeneracional, con el apoyo de un experto en sede, pero se les explicó que este trabajo deberían luego continuarlo de forma independiente en sus hogares a lo largo del tiempo. Los criterios del grupo de trabajo fueron los siguientes:

  • Mujeres inmigrantes de diferentes orígenes, para asegurar la heterogeneidad en el grupo y diferentes experiencias de vida y migratorias.
  • Mujeres inmigrantes con familia, hijas e hijos (infancia y adolescencia) para construir el diálogo intergeneracional intra y extra-familiar.
  • Predisposición y apertura hacia la investigación apreciativa, transformación de sus diálogos internos negativos en positivos.

5. EXPERIMENTO

Cabe destacar que la visualización de nuevas técnicas y metodologías es un desafío en acto en el campo de la investigación académica interdisciplinaria y en la innovación social en materia de migraciones y en relación a las familias migrantes. Por tanto, el objetivo principal de este artículo es introducir el proceso de la investigación-acción participativa para las mujeres migrantes y los resultados de la sesión experimental, en la cual el método usado ha sido el de las “cajas de vida” como construcción de historias de vida. Para ello se ha creado un grupo de discusión con siete mujeres de diferente nacionalidad y recogidas en a la asociación intercultural “Echando Raíces” de Basauri (País Vasco).
Este artículo tiene como objetivo el de proponer nuevas prácticas que puedan contribuir a la investigación de problemáticas ligadas a los temas psicosociales y a la identidad dentro del ámbito de las migraciones internacionales. Para ello, se considera importante identificar el principal agente en este proceso de trasferencia (de identidad) a través de la acción-comunicativa (Habermas, 1999) y simbólica (Blumer, 1969). Cómo afecta al proceso de adaptación socio-cultural de la identidad de las mujeres inmigrantes y el impacto sobre las futuras generaciones de las familias migrantes.
Este trabajo parte de la idea que las mujeres migrantes son las principales “portadoras” (Okin, 1994) y “transformadoras” de valores y culturas étnicas y nacionales a nivel intergeneracional (Siim, 2007). Así, los métodos de investigación tradicionales están mezclados con metodologías emergentes y alternativas, capaces de sacar a la luz matices novedosos, a través de esta exploratoria esta acción-investigación, en la cual la “caja de vida” era el método usado para anclar elementos simbólicos a las cuestiones de identidad, a través de una práctica de reconstrucción y transmisión de la identidad cultural desde las madres a sus hijas e hijos.
La técnica de la “caja de vida” en la metodología de la investigación-acción participativa, o incluso en grupos focales, puede tener un impacto social importante, tanto a nivel micro (individual) como a nivel macro (social y colectivo), ya que el impacto se determina a partir de la investigación sobre las personas involucradas, por un lado; y, por el otro, es capaz de acercar la academia y la misma investigación a las sociedades y a las culturas de origen y destino en la cultura global, haciendo que la academia se instaure como un importante agente de cambio y transformación social. Los efectos de este trabajo de transformación son positivos e interculturalmente válidos.
Sin embargo, se requiere puntualizar que en la mayoría de las veces las nuevas metodologías en desafío mantienen coherencia con las estrategias de investigación clásicas.

Por tanto, no se permite el pasaje necesario a una nueva consciencia metodológica requerida en la acción-investigación participativa, que tiene el objetivo de cambiar los diálogos intra-familiares y extra-familiares de las familias inmigrantes participantes en su vida cotidiana, y no solamente la realidad social, sin tener en cuenta qué es lo que realmente pasa con el nivel individual.
En extrema coherencia con esta estrategia metodológica, entonces, se plantes y usa para el experimento, la indagación apreciativa, ya que responde a las exigencias de este ejercicio relacional, ya que éste tiene el objetivo principal de cambiar unas prácticas concretas de relación y transferencia de identidad cultural en familias de inmigrantes. De hecho, el proceso de indagación apreciativa depende de las personas implicadas, de compartir sus historias en grupo, sus ideas, creando visiones de futuro de forma conjunta, partiendo de las preguntas iniciales del investigador (Gergen, et al. 2004, 4).
El enfoque apreciativo elegido para la transformación de los diálogo (Gergen, et al., 2004), y para el mismo análisis de contenidos (llevado a cabo de forma participativa), permite profundizar en las narrativas que las mujeres inmigrantes construyen de los elementos seleccionados da una buena perspectiva de los productos, como parte de lo dicho (a través de las narrativas construidas) y en las “cajas de vida”, como parte de lo no dicho que se oculta detrás del simbolismo de los objetos dentro de la caja.  Cabe destacar los elementos esenciales en forma de valores y bagaje emocional, aprendizaje, memorias, sentimientos positivos y negativos ligados a las diferentes experiencias migratorias, tanto de las mujeres como de todos los miembros de la familia.
Este tipo de estrategias metodológicas, de hecho, tiene como objetivo el de obtener beneficios reales en las migrantes y en las historias de vida de sus familias, según una perspectiva histórico temporal. El espacio simbólico de co-creación de consciencia, promovido durante este grupo de discusión en investigación-acción participativa, se centra en el nivel educacional y en un entorno de aprendizaje informal, para promover al mismo tiempo un nuevo horizonte de relaciones humanas e interculturales; ya que las dinámicas de adaptación y socialización en estos ambientes asociativos se consideran muy importantes para la integración psico-social.

6. “CAJAS DE VIDA” E HISTORIAS DE VIDA: ANÁLISIS Y DISCUSIÓN

En esta sección, se analizan los puntos más relevantes de cuatro narrativas de mujeres inmigrantes de las siete participantes en la dinámica experimental. El análisis se ha desarrollado en base al enfoque de la indagación apreciativa, la metodología que permite intervención en la investigación-acción participante, a través del cual se puede transformar el enfoque centrado en problemas en el enfoque apreciativo, resiliente y centrado en la persona.

Este enfoque, de hecho, permite crear consciencia, liderazgo, transformación de negativo a positivo de falsas imágenes, conceptos e ideas.
Además, aporta valores para la re-construcción del auto-imagen y auto-concepto de las mismas mujeres dentro de la sociedad de destino, transformando la imagen de “víctima” y la idea de “vulnerabilidad” (Gregorio Gil, 2012) creadas a menudos por las sociedades de destino, y asumida como verdadera por las personas inmigrantes mismas, que acaba afectando a su autoestima. Las participantes se encuentran en un espacio de aprendizaje, donde aprenden, pues, a lidiar con el ambiente eco-cultural que se han encontrado, para mejorar las dinámicas interculturales, a través del aprendizaje de una herramienta que les haga capaces de enfrentarse a los retos de la convivencia en entornos multiétnicos.
Algunas cuestiones importantes para la interpretación simbólica, que desprenden de la identidad en el diálogo intergeneracional son cuestiones ligadas a los colores como pertenencia. De hecho, se ha encontrado una fuerte conexión entre el color con la identificación de las raíces y de las identidades culturales de las mujeres inmigrantes. 
Se ha visto que las mujeres inmigrantes experimentan aquellos “procesos adaptativos” mencionados en la parte teórica que conlleva el proceso de ruptura con sus orígenes. Puedes ser traumático o liberatorio, dependiendo de los casos. Pueden hacerlo desde la negación, “que conllevan la ocultación de marcas identitarias, hasta la modificación del vestuario, peinado o aspecto físico”, correspondiente a la “identidad sustractiva”, caracterizada por el “encubrimiento” en las formas de autorrepresentación de sí mismas (Goffman, 1970, citado en Vereda Muñoz, 1999) o desde la aceptación.
Trabajando con el significado simbólico de los colores como ruptura con los orígenes, o como continuum, en el terreno de la identidad, es una manera muy simple de empezar a construir puentes de comprensión en sentido de intercambio intergeneracional y de diálogo intercultural. En el caso de Francisca, 40 años, venezolana se escucha:
“(…) Para mí los colores chillones de mi tierra son importantes, cuando llegué al País Vasco tuve que cambiar todo mi vestuario, del color más fuerte y chillón, pues, tuve que pasar a tonos negros, grises, marrones, que nunca he usado en mi vida, pero es una cuestión de adaptación. Para pasar inobservada entre la gente tuve que hacerlo (…)”.
El uso del color, en este caso, es una marca étnica y de identidad nacional entendida como claro legado para pasar a sus hijas e hijos, como ella misma subraya:
“(…) Yo metería todo lo que quiero legar a mis hijos en una bolsa de color súper vivo, porque cuando he venido a vivir aquí he perdido el uso del color. Aquí hay colores de las estaciones, yo nunca he vivido colores oscuros como negro, marrón, gris. En Venezuela nos vestimos llenos de colores. Este uso del color (junto con las estaciones) para mí ha marcado mucho un antes y un después.

Yo no podía usar los colores de mi cultura, la gente me miraba como una “guacamaya”, iba por la calle y parecía un semáforo. Tuve que tirar toda mi ropa y mis zapatos. Tuve que adaptarme. Rescataría todos los colores. Me he hecho invisible, me he camuflado. Soy inmigrante, pero si me visto como una de aquí paso inobservada”.
¿Qué representa para ella el color? Es un tipo de concepto extensor de la identidad, marca la diferencia entre el antes y el después del proyecto migratorio, y lo no dicho del legado simbólico es que ella querría dejar a sus hijos no se rindan en las adversidades de la vida cotidiana en el país de acogida, que no se rindan en la decisión de la migración, en enfrentarse a nuevos desafíos, sobre todo cuando el cambio parece dirigir nuestros sueños hacia direcciones cuyas tonalidades son más bien “grises”.
Ella quiere decir, en realidad, que no deberían preocuparse por el gris y el negro de las dificultades, porque siempre tendrán los colores, porque son la identidad fuerte que ella les deja como legado. Los colores para ella son, de hecho, símbolo de valores claros:
“(…) la identificación de la esperanza, de las buenas decisiones, de crecer incluyendo en las vidas de sus hijos necesarios elementos de resiliencia, para caminar hacia adelante en el proceso migratorio, en la experiencia del duelo y a veces de la depresión que este cambio conlleva”.
Los colores son lo opuesto al no-color. La vida pre-migratoria opuesta a la vida post-migratoria, en la que ella siente que ha tenido que vestir colores diferentes, y “(…) vestir como la gente de aquí para ser imperceptible (…)”. La actitud del no-color es opuesta a sus raíces, sin embargo, el mensaje final es el siguiente: “(…) no hay que olvidar el color en nuestras vidas, aunque estemos viviendo una crisis (…)”.
Un dato interesante es que la madre venezolana declara estar incómoda con el concepto de “caja”, como algo cuadrado y rígido que no es adapto para representar el círculo de la vida sin fronteras y barreras mentales.
En el caso de Sofía, 38 años, española y migrante interna, otro objeto simbólico relevante que se ha encontrado es una tira de perfume. Este objeto encierra la “esencia”, la esencia de un momento concreto, de un recuerdo, pero también simboliza el concepto de “esencia”. En las palabras de Sofía se lee lo siguiente:
“No es el perfume, es la representación de la ‘esencia’. Que siga siendo ella, en lo bueno y en lo malo, pero su esencia esa alegría que tiene, que se quiera a sí misma, que se respete, que sea alegre. No me gustaría que perdiera su alegría.  La gente me dice que no estoy educando a mi hija como los debería hacerlo, como lo hacen en el País Vasco – comentario que denota el sentirse “diferente”.

En realidad, a través de la transformación llevada a cabo, viene a explicar y expresar el significado de la verdadera esencia de la persona, de la vida, de las relaciones y de las cosas buenas. Este objeto simbólico, usado por Sofía, sirve para decirle a su hija con carácter propositivo y positivo:
“(…) que mire la esencia de las cosas, que siempre sea ella misma en todas las circunstancias de la vida, que sea una mujer auténtica y llena de alegría (…)”.
También trae las entradas de Disneyland París que representan para ellas dos el merecido descanso después de una larga enfermedad, la esperanza y la unidad de la familia en las dificultades de la vida.
“Las entradas a Disney, las guardamos porque nos conectan con un momento de recuperación, con un momento de felicidad de toda la familia. Las uso de marca página, es una vivencia real y tiene un sentimiento, el respiro, la recuperación, el calor, la alegría de aquel momento. En la incertidumbre de la vida, nos merecíamos ese momento”.
Latifa, 41 años, de Marruecos, habla del proceso de construcción de la caja junto con su hija de tres años en casa. Ellas han construido una caja común, la usan para jugar y para transformar juntas sus emociones y realidades en un juego de cuentacuentos. Esta caja ha ayudado a Latifa a ser más fuerte, porque es la materialización de su fuerte conexión con su hija, y representa la lucha simbólica cotidiana para construir una vida mejor en el País Vasco, lejos de sus orígenes.
“He creado una cajita compartida. Tenemos muchas cosas mi hija y yo. En mi caja intento meter siempre mejorar los valores de mi cultura, a veces veo a mi hija y soy positiva. Esta es mi caja. Metemos todo porque echamos de menos nuestras raíces, es muy difícil para nosotras aquí. Jugamos con esa caja mi hija y yo”.
María, 35 años, de Italia, comenta que su caja es como una maleta porque representa su viaje como inmigrante. En esta maleta pone tres objetos fundamentales que representan sus orígenes, la conexión con su tierra, que le gustaría dejar como legado a sus hijos: la máquina de café, porque alrededor de hacer el café hay todo un ritual en el sur de Italia, asimismo hay un ritual para tomarlo con amigos, parientes, en familia. En este objeto ella ha ancorado su identidad, mientras que en el plan simbólico se encierran en ese objeto las voces de sus ancestros, historias contadas alrededor de una mesa, tomando café. Otro objeto es un rosario que pertenecía a su abuela materna, y que representa las voces femeninas de su familia, narrando cuentos de esperanza y de lucha para la armonía interior en un mundo caótico y sin valores claros.

“(…) Yo no lo uso para rezar, pero es parte de mis ancestros y de una cultura identitaria que me hace sentir cómo todavía pertenezco a mi lugar de origen (…)”.
Le hace sentir una conexión simbólica con su tierra, que le entrega probablemente aquella “seguridad ontológica” (Giddens, 1995) que le permite de sobreponerse a la incertidumbre interior creada por la experiencia migratoria. Además, en este sentido, representa la fe, la fe en el presente y en el futuro. Finalmente, trae también un par de zapatillas Nike rojas de verano.
“(…) No las uso casi nunca, ya que el verano bilbaino es corto, no es como en Italia” (las mujeres participantes se ríen).
Para llegar a este clima, en el proceso de IAP hubo que afrontar algunas dificultades. Primero, crear una atmósfera de confianza es importante para el buen desarrollo de la sesión. Segundo, las mujeres participantes deberían estar al corriente de las emociones que se mueven durante el grupo de discusión, como un proceso natural de construcción del diálogo intercultural e intergeneracional. Finalmente, es necesario asegurar al final de la sesión que esta metodología se haya entendido perfectamente, para que pueda ser utilizada de forma independiente por las madres con sus hijas e hijos para la transformación de la identidad cultural.
En cuanto a la dimensión emocional, las narrativas de las participantes eran intensas, repletas de elemento significativos, duelo migratorio, estrés, soledad …. Francisca, por ejemplo, admite haber pasado por un síndrome de Ulyses y duelo migratorio, que la ha afectada profundamente:
“(…) y todos los días me decía a mí misma, resiste, resiste, resiste, porque esto es pasajero, solo es una etapa (…)”.
Por tanto, hubo momentos difíciles, en los cuales era importante parar el grupo de discusión, y las narrativas personales, para lidiar con las energías y las emociones que surgían repentinamente, ya que la memoria es una cuestión muy sensible en la tarea de de-construcción y re-construcción de identidades. En realidad, este ejercicio ha llegado al mundo emocional de las participantes, hubiera sido difícil lidiar con esto sin la presencia de un experto que se predisponía a acompañar todo el proceso desde el principio, hasta la transformación de la identidad cultural para transmitir a las nuevas generaciones. Esta transmisión ha de producirse en el espacio íntimo del hogar, en familia, donde se manejan códigos culturales compartidos.

La indicación para los elementos emocionales es que sean trabajados juntos para ser transformados positivamente y de forma apreciativa. Por tanto, la fase final del ejercicio se desarrolla en el seno familiar. Una parte interesante de este trabajo, de hecho, es volver a preguntar a las participantes sobre cómo ha sido el proceso de transformación y sus resultados, pero por acotamiento de tiempo no se podrá realizar esta reflexión en este artículo.
Cabe destacar la importancia de trabajar con las memorias de las mujeres inmigrantes y sus emociones, de hecho, en este contexto migratorio son un elemento clave para anclar las identidades híbridas o fluctuantes entre dos mundos de las madres y de los hijos. Por tanto, abriendo su propia “caja interior”, ellas están revisitando sus vidas y sus decisiones con carácter retroactivo; ellas están revisando las relaciones y los sucesos autobiográficos que las llevaron al País Vasco.
Abriendo la “caja” también están abriendo una variedad desproporcionada de posibilidades para construir su propio proyecto migratorio desde el aquí y el ahora, desde el presente que no controlan todavía, hacia un futuro que no visualizan de forma completamente positiva. Sin embargo, abriendo su “caja”, ellas también abren su mundo interno, el mundo de las emociones no expresadas, de las voces silenciadas, de lo no dicho, las memorias y los pensamientos más ocultos detrás de sus narrativas personales. Entonces, gracias a este ejercicio se puede confirmar que todo cobra sentido y que ellas son capaces de anclar sus propias realidades, transformándose de “portadoras” de cultura a “transformadoras” de identidad cultural. Esta es la razón por la cual el primer trabajo ha de ser desarrollado con las madres inmigrantes.
Después de haber transformado positivamente emociones, sentimientos, conflictos internos debidos al proceso migratorio, ellas están listas para transferir el aprendizaje y el legado identitario a sus hijos y demás miembros de la familia en casa, de una forma independiente, a través del trabajo simbólico de la “caja de vida”.
Alguna resistencia acerca de la “caja” como herramienta se ha relevado interesante, otra vez para ir más allá de la caja mental que construimos en la vida cotidiana. Se confirma en las narrativas de las mujeres participantes que la gente tiene una caja mental en sus mentes y en sus almas. María:
(…) mucha gente vive como en cajas, donde guardan recuerdos y herencias culturales, aprendizajes, tópicos, pero nunca salen de ellas, ni saben que son tan rígidos (…)”. Francisca: “(…) ha sido un ejercicio bonito poder compartir con mi familia cómo elaboramos nuestras propias cajas y meterlo todo en una caja común más grande”.

El resultado más importante de la técnica de la “caja de vida” es la relevancia simbólica que adquiere para niños y adolescentes de segunda generación, ya que es como un juego con aprendizaje intercultural y rico del diálogo intergeneracional que se instala dentro de la familia de origen. 
La colección de objetos está relacionada directamente con su cultura de origen y con la experiencia migratoria, como partes integrantes de la ser inmigrante, contiene valores de dos mundos y dos culturas, expresiones de las voces interiores y del mundo externo.
La voz interna repite muchas voces al mismo tiempo, voces familiares, voces de origen nacional, voces ancestrales, que pertenecen a aquella persona de forma única. Estos elementos seleccionados por las mujeres participantes, en definitiva, condensan sus narrativas y sus historias de vida. En la parte final de este proceso de IAP se propuso un ejercicio para desarrollar en casa: construir una nueva “caja de vida” conjuntamente con toda la familia, con el objetivo principal de promover la co-creación de diálogos positivos y relaciones saludables dentro del seno familiar, a través del reconocimiento de la cultura de origen, la aceptación del presente migratorio y la cultura de destino como puerto de oportunidades para mayor desarrollo de todos los miembros de la familia. No se puede hacer este ejercicio con hijas e hijos en una primera fase, porque salen sentimientos muy fuertes, lágrimas, amarguras, nostalgia. El objetivo ha sido transformar vivencias dolorosas a través de una mirada apreciativa, que tiene que ver con la compasión, con la comprensión, el apego a nuestros orígenes e identidad.

CONCLUSIONES

“Desde una visión más sociológica identidad se transforma en un constructo que parece ser clave en el tipo de elección que lleva a cabo una persona. Adicionalmente la teoría de las identidades múltiples, la interculturalidad, la diversidad y los procesos de intercambio entre sistemas culturales constituyen los modelos más apropiados para entender el fenómeno de la migración, educación y globalización” (Noriega, et al. 2009, 105).El grupo de discusión que se ha desarrollado se considera como un espacio simbólico donde trabajar las identidades de forma individual y luego compartida, un espacio y un tiempo creado para compartir vidas y experiencias migratorias a través del diálogo intercultural. Se genera, finalmente, conocimiento y comprensión mutua, y al mismo tiempo proporciona el aprendizaje necesario para llevar a cabo auto-análisis y auto-conocimiento útiles para crear consciencia para la integración de patrones horizontales de culturas diferentes, para su transformación en algo positivo y virtuoso.

Durante el grupo de discusión con las participantes, se ha promocionado la toma de consciencia de la construcción de vínculos interpersonales basados en elementos interculturales y la promoción del diálogo intergeneracional para su transferencia, a través del proceso de “fascinación” (Gergen, 2015), llamando a la puerta de los ancestros, de rituales familiares, de relaciones y vínculos sagrados dentro de las familias, para la transferencia de su legado.
Se puede concluir que este método es más efectivo en situaciones de familias menos favorecidas, donde hay conflictos intergeneracionales o interculturales que hunden sus raíces en la experiencia migratoria; o cuando las conexiones construidas son débiles en sus procesos de adaptación y re-negociación de identidades.
Se concluye que ha habido un impacto positivo primero en las vidas de las mujeres inmigrantes, que han podido aprender a trabajar de forma independiente, a través de la herramienta de la “caja de vida” aplicada a la transferencia de la identidad cultural transformada de manera apreciativa con sus hijas e hijos y aprendiendo también a manejar el diálogo intergeneracional. Ellas han podido trabajar con la supervisión de un experto en sede sobre sentimientos de soledad, el duelo migratorio, por ejemplo, para dirigir hacia la creación y co-creación de consciencia parte desde adentro hacia fuera, desde la parte más interior de la persona migrante, pasando al aspecto intergeneracional y, por consiguiente, los beneficios de esta técnica no solamente se dirigen a la esfera privada intra-familiar, sino que el impacto positivo se ha hecho evidente para la sociedad entera, ya que al mejorar el diálogo intergeneracional, también se mejora la conexión con la cultura de origen y las propias raíces en madres e hijas hijos, lo que hace mejorar la relación intercultural en la esfera pública, en las relaciones con la sociedad de destino.
Se confirma lo planteado en el marco teórico, que en la interrelación con individuos y sociedades de origen y destino madres e hijos han conseguido su identidad cuando ven reconocido un sentido de pertenencia a la sociedad de origen y las motivaciones de la migración que les han llevado a pertenecer a la sociedad de destino (Suárez-Orozco 2003, 3-5), que se encarna en los elementos simbólicos seleccionados para la conformación de las “cajas de vida”. Las narrativas de las historias de vida de las mujeres participantes, desarrolladas a través de la elaboración de las “cajas de vida” como práctica imaginativa, en este contexto representa una fuerte conexión entre individuos y sistema: la relación del “yo” migrante y todas sus facetas, las creencias del individuo, las relaciones intra y extra-familiares, con el país de origen y con el país de destino.

El punto de partida y la idea más fuerte es, entonces, la de la interdependencia entre el “ser” y la sociedad, se explicita, de hecho, en las narrativas donde se refleja la explicación de los acontecimientos sociales y relacionales dentro de las vidas de las mujeres en objetos tangibles, como símbolos de experiencias e hitos personales importantes, traumáticos o liberatorios, como se ha visto en el análisis de los casos, que se corresponden a la transformación que se necesita para donar sentido a la experiencia migratoria y serenidad a las mujeres y a sus hijas e hijos.
A través de esta propuesta metodológica, de hecho, ha sido posible visualizar aquellos elementos ocultos, que, disfrazados con objetos y recuerdos, sacan a la luz las experiencias más relevantes en las vidas de las participantes y sus familias, de forma consciente o inconsciente, según las necesidades personales de reelaboración.
Además, es interesante como surgen “huéspedes invisibles” (Gergen 2015) que las mujeres querrían transmitir a las nuevas generaciones. Son los miembros de la familia de origen, las voces familiares, ancestrales, que hablan de pura identidad cultural y valores etno-nacionales, que a través de una danza silenciosa se entremezclan a las voces presentes dentro del proceso migratorio. Por otro lado, se han identificado barreras lingüísticas en relación con la parte emocional y las memorias de las madres para retrasmitir a sus hijas e hijos.
 Este problema ha encontrado fácil solución, gracias al trabajo sobre la parte simbólica de las memorias en las “cajas de vida”. Desde la experimentación sale a la luz que “las transiciones a través de los contextos son el área de trabajo en teoría de sistemas ecológicos. Los niños y jóvenes se mueven más allá del entorno familiar hacia el contexto de los padres y la comunidad y sus elecciones de vida e identidad pueden diferir como una función de sus percepciones y oportunidades y riesgos” (Noriega, et al. 2009).
En cuanto a la seguridad ontológica (Giddens 1995), los resultados del experimento sobre cómo niños y adultos crean significados en sus vidas, no están ligados al proceso de adaptación e integración socio-cultural. De hecho, en el experimento realizado se ha notado que no hay seguridad ontológica en la transmisión de valores socio-culturales y principios éticos para las nuevas generaciones. En realidad, la seguridad ontológica se encuentra en el anclaje de las identidades culturales a las raíces y se encuentran dentro de cada mujer inmigrante y no fuera en la sociedad de destino. Se concluye que se generan normas de actuación en el seno familiar y se construyen significados inter-culturales que crean seguridad en los miembros de las familias, por consiguiente, generan “control y poder” para “expresar y defender su identidad” (Noriega, et al. 2009, 103).

Por ende, se sugiere profundizar con el trabajo sobre la parte más emocional del anclaje con la propia identidad cultural para que sea posible llegar a una mayor seguridad ontológica basada en la reelaboración de la experiencia migratoria de las familias inmigrantes, para que no sea pasajera, sino duradera.
Finalmente, se ha visto cómo se da un proceso de construcción basado en un orden simbólico de funciones desarrolladas y de pactos explícitos o tácitos, del que muchas veces las personas no son conscientes (Elias, 1991).  Se trata de crear coherencia, y esta construcción dialógica, apreciativa, se refleja en la vida cotidiana y es capaz de crear las bases para un diálogo intercultural saludable entre personas inmigrantes y población de destino, partiendo del presupuesto que se haya fortalecido la población inmigrante a través de la posibilidad de transformación de las propias identidades culturales de manera también saludable, aplicando técnicas y herramientas innovadoras, centradas en la persona.

Sin embargo, dichas herramientas han de ser diseñadas teniendo en cuenta la heterogeneidad del colectivo inmigrante y las necesidades específicas de cada persona, sea adulta, niña, niño o adolescente. Se ha demostrado que a través de la herramienta de las “cajas de vida” se puede llegar a realizar un cambio positivo tanto en los diálogos internos las participantes, en las narrativas co-generadas dentro del espacio de confianza y transformación creado para el experimento. Además, se ha demostrado una herramienta útil para el fortalecimiento de los diálogos con las nuevas generaciones de inmigrantes y para la creación de vínculos intergeneracionales e interculturales, con la cultura de origen y con la de destino.

Dichas mejoras demuestran una tendencia hacia la mejora de las relaciones socio-culturales y del diálogo intercultural sobre la base de una construcción del sentido de la experiencia migratoria, de la cogeneración de la historia migratoria de la familia que ha acudido al grupo experimental. Sin embargo, para testear la validez de este experimento, se invita a futuras reproducciones, en diferentes contextos, para el florecimiento de futuros hallazgos y mejoras de la metodología innovadora utilizada.

BIBLIOGRAFÍA

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1 Se explica a las participantes lo que “fascinación” significa, en base a la argumentación de Gergen (2015), como explicado en párrafos anteriores.

Recibido: Junio de 2017 Aceptado: Junio de 2017 Publicado: Junio de 2017

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