Observatorio de la Economía y la Sociedad China
Número 13 -  junio 2010

EL PROTEGIDO DEL GIGANTE ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LAS RELACIONES SINO-AFRICANAS CONTEMPORÁNEAS

 

María Victoria Natalizio (CV)
victorianatalizio@yahoo.com 


 

Contrariamente a lo que muchos pueden imaginar, China ha mantenido relaciones con el continente africano desde tiempos milenarios, especialmente en materia de intercambio comercial. Una de las primeras referencias históricas a esta vinculación se encuentra en el Yu-yang-tsa-tsu, de Tuan Chéng-shih († 863), donde el autor escribe sobre las tierras de Po-pa-li (Somalia). El encargado de comercio exterior de Quanzhou, en la provincia de Fujian, escribiría en 1226 su “Descripción de los Pueblos Bárbaros”, donde analiza los casos de Zanzibar y Somalia.

Qué mejor indicio del intercambio, que el hallazgo de monedas chinas de las dinastías Son, Ming y Qing en Mogadishu, Somalia y Tanzania.

Por otro lado, la cultura también ha sido un motor de la relación con África, en tiempos de la dinastía Ming, cuando el almirante chino Zheng He recorrió las costas del Cuerno de África y el Canal de Mozambique, con el fin de difundir la riqueza cultural de su civilización, pilar fundamental del poderío chino de esa época. Resultado de esos viajes y la entrega de regalos del Emperador a los gobernantes locales, fue el establecimiento de una serie de estados tributarios, los cuales consolidarían en adelante una relación directa con el Emperador a partir del pago de un impuesto (tributo).

Avanzando en la historia contemporánea de las relaciones sino africanas, se advierte un punto de inicio en tiempos de la Guerra Fría, durante la década del ´50, con la celebración del primero acuerdo comercial bilateral con Argelia, Egipto, Marruecos, Sudán y Guinea. Una década después Zhou Enlai realiza un viaje por el continente, y visita 10 países de la región con el objetivo de cultivar lazos y ofrecer apoyo económico, tecnológico y militar a los países africanos y movimientos de liberación nacional en el marco de la estrategia china de estímulo a las guerras de liberación nacional y revoluciones de aquellos días que buscaban actuar como contrapeso a las dos superpotencias de ese entonces.

En tiempos de la Guerra Fría, el pilar del relacionamiento de China con el continente era, fundamentalmente, diplomático, orientado a buscar apoyo para desplazar al gobierno de la China Nacionalista exiliada en Taiwán, del asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y ganar aliados ante la competencia con Occidente y la URSS en materia de esferas de influencia en la región. Así es como se comprende le apoyo que China dio al movimiento de liberación de Mugabe en Zimbabwe, mientras la URSS apoyaba al encabezado por Nkomo, que sería derrotado por las fuerzas de Mugabe, abriendo un capítulo de estrecha vinculación entre el régimen y la RPCh que sigue vigente en la actualidad. Desde entonces y aún cuando las voces de la comunidad internacional se hayan pronunciado contrariamente al régimen de Mugabe, la RPCh ha invertido en la industria de minerales, rutas y agricultura, sin olvidar la provisión de armamentos a dicho régimen.

Por otro lado, algunos indicadores de la creciente presencia china en el continente, tales como inversión en proyectos de infraestructura (con escaso desarrollo económico por ese entonces), construcción de estadios olímpicos, financiamiento y construcción de carreteras, a lo largo de la costa oeste y este, evidencian que el gigante asiático llegaba para quedarse por un buen tiempo. Las décadas siguientes muestran un creciente incremento en distintas formas de ayuda, cooperación técnica, y envío de expertos. En contraste, la década del 80 experimentó una merma en la capacidad china para competir con los programas de ayuda que destinaba Occidente. Pero en los años recientes, con la emergencia de China como actor clave del escenario económico internacional, la búsqueda de recursos claves que ampliaran sus posibilidades de producción, como el petróleo y el gas, llevó al gigante asiático a pisar más fuerte que antes en el continente africano, esta vez, con la capacidad económica y financiera necesaria para competir eficientemente por dichos mercados. Desde 1990, también, China ha participado en 12 operaciones de mantenimiento de paz de la ONU en África.
 

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Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Natalizio, M.V.:: "El Protegido del Gigante. Algunas consideraciones sobre las relaciones sino-africanas contemporáneas" en Observatorio de la Economía y la Sociedad de China Nº 13, junio 2010. Accesible a texto completo en http://www.eumed.net/rev/china/


Aspectos de la relación económico-comercial

Conceptos básicos de la economía pueden ayudar a comprender fenómenos, en apariencia complejos, pero que, simplemente, se rigen por fundamentos pragmáticos. La frontera de posibilidades de producción (FPP) de una economía muestra las cantidades máximas de producción que puede obtener una economía, dados sus conocimientos tecnológicos y la cantidad de factores existentes. Por lo tanto, ante un incremento en los recursos, se incrementará el potencial productivo de la economía. El comercio internacional cumple un papel destacado en este proceso.

Por su parte, la frontera de posibilidades de consumo (FPC) constituye la cantidad máxima bienes que puede consumir esa misma economía. En una economía cerrada la FPP es igual a la FPC. Y, tal como lo refleja el siguiente cuadro, se ampliará a partir del comercio internacional. Cuanto más alejada de la FPP se encuentre la nueva FPC, mayores serán las ganancias potenciales del país que comercia.

En un contexto de desaceleración y aparente cambio de algunas dinámicas de la economía global, pero que de ninguna manera cortan con la inercia de las economías nacionales de buscar en mercados alternativos opciones de mejora en sus condiciones de crecimiento y desarrollo, y más allá de las hipótesis sobre el nuevo colonialismo chino que desde Occidente se formulan, vale pensar si las políticas de la RPCh hacia el continente africano, no persiguen simplemente la lógica más elemental de la teoría neoclásica.

China se ha convertido en el principal inversor en la industria petrolera de Sudán, así como también en el sector del transporte y proyectos de infraestructura relacionados. La guerra civil en la que ese país se ha visto envuelto desde principios de los ochenta, ha ido desplazando paulatinamente a las firmas americanas y canadienses que allí operaban, dejando el camino liberado para los capitales chinos, los que junto con Malasia llevaron a que Sudán se convirtiera en exportador neto de petróleo. La defensa del régimen sudanés de cualquier tipo de sanción o acción preventiva por parte de la comunidad internacional en el marco de las Naciones Unidas, a través del poder de veto que la RPCh detenta en el Consejo de Seguridad, ha sido pieza clave de esta maquinaria de relacionamiento. El “paquete chino” ha incluido entonces: inversión monetaria, asesoramiento técnico y apoyo en foros internacionales, contra las denuncias de violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad perpetrados en Darfur. Esto, a cambio de la garantía de seguir siendo el principal socio comercial del régimen de Al Bashir, lo que garantiza a la RPCh el petróleo necesario para seguir impulsando su economía.

La costa oeste del África ha sido, también un objetivo claro de las inversiones chinas, por ser el mayor productor de petróleo del continente y abastecedor de más del 15% de las importaciones norteamericanas de este recurso. En particular, la RPCh ha incrementado su presencia en Nigeria y Angola, productores principales de la región, a través del otorgamiento de préstamos blandos (soft loans) como parte de paquetes de medidas de largo plazo a cambio de licencias para la exploración.

Las relaciones comerciales con Nigeria ameritan ser destacadas. El acuerdo de venta de crudo por $800 millones de dólares, junto al compromiso de compra por 5 años de 30.000 barriles diarios de crudo, celebrado en 2005 fue el puntapié de una serie de compromisos que han incrementado significativamente la presencia china desde entonces. Entre los logros alcanzados que garantizan una prolongada presencia en el país, se encuentran las licencias para operar cuatro pozos petroleros nigerianos, un manifiesto involucramiento en la industria nigeriana de refinería del crudo, e inversiones multisectoriales estimadas en $7 billones de dólares .

Zambia y su sector minero, República Democrática del Congo y sus minas de cobre y cobalto, Sierra Leona y Uganda, han sido mercados que a pesar de la guerra civil, la inestabilidad de su política doméstica, y las epidemias, han constituido una oportunidad, más que una amenaza para la presencia china en la región.

Pero, ¿qué resulta tan atractivo para los países africanos de este socio comercial? Además de la protección de la RPCh a muchos de los considerados “estados parias” frente a las denuncias de la comunidad internacional, es la laxitud de requisitos exigidos en materia fiscal, gobernabilidad, seguridad jurídica, riesgo país y cualquier otro indicador que Occidente analizaría agudamente a la hora de invertir en la región, lo que posiciona más favorablemente al gigante chino.

Resulta ilustrativo el caso de Angola, a la cual organismos internacionales de crédito, tales como el FMI, junto a varios países de Occidente, recurrentemente han demandado más transparencia y mejoras en sus políticas vinculadas al sector petrolero, como requisito para la transferencia de cooperación internacional. La falta de respuesta por parte del Estado Angoleño ha tenido, en ocasiones, como respaldo la garantía china de seguir invirtiendo en la región.

“Negocios son negocios. Tratamos de separar la política de los negocios. Ustedes (Occidente) han tratado de imponer una economía de mercado y una democracia de multipartitos en países que no están preparados para ello”, fueron las esclarecedoras palabras de Zhou Wenzhong, actual Embajador de la RPCh en los Estados Unidos, en tiempos que era Vice Ministro de Relaciones Exteriores , que ayudan a comprender con precisión el pragmatismo rector de la relación con el continente africano.

Por otra parte, ¿las motivaciones chinas de vinculación con la región, se limitan exclusivamente a la necesidad de encontrar un mercado abastecedor de materias primas que garantice la expansión de su frontera de posibilidades de producción?

La lógica contemporánea de construcción de poder y expansión de las unidades estatales ha sido, básicamente, la misma: encontrar mercados de los cuales abastecerse y en los cuales posicionar los excedentes de producción que, por distintas causas, el propio mercado interno no absorbe. Así entonces, es dable esperar un incremento en las exportaciones del socio mayor hacia el nuevo mercado, el cual, en algunos casos aún cuando pueda satisfacer la demanda interna con la propia producción de ciertos bienes, se verá obligado a responder al compromiso de abrir su economía a la competencia con los bienes provenientes de la economía extranjera que, seguramente por las escalas de producción y costos que maneja, serán sensiblemente más competitivos y desplazarán, en consecuencia, a la propia producción interna.

La RPCh no ha sido la excepción de esta lógica y, como letra chica del “contrato” de inversión en la región, infinidades de productos chinos han invadido los mercados locales de los distintos socios comerciales, especialmente la industria textil. Este es el caso de Sudáfrica, donde el 80% de las importaciones de textiles eran provenientes de China ya para el año 2004, provocando un efecto devastador en el empleo de mano de obra nacional en ese sector de la industria local.

El impacto de los textiles chinos sobre África se ha sentido puertas afuera, también, cuando el mercado norteamericano dejó de absorber las exportaciones africanas de textiles y las reemplazó por las provenientes de la RPCh, tras la expiración en 2005 del Acuerdo de Multi-fibra ( Multi-Fibre Agreement –MFA) que había abierto el mercado americano a la entrada de textiles e indumentaria proveniente de ciertos países africanos, como Lesotho, Swazilandia, Gambia, Kenya.

Los bajísimos costos de producción chinos en esta industria y su notable competitividad, se tradujeron en despidos masivos y cierre de fábricas textiles a lo largo de todo el continente africano, entre los años 2004 y 2005.

Uno de los resultados más destacados del IV Foro sobre la Cooperación entre China y África (FOCAC) en 2004, fue el plan de acción para reforzar las relaciones en el ámbito político, económico y social y mejorar el acceso a alimentos, la agricultura, el funcionamiento de la banca y el transporte en el continente africano. Invirtiendo en sectores poco atractivos para Occidente pero neurálgicos para los países africanos -telefonía móvil, agricultura y la renovación de refinerías-, apoyando la inversión en fábricas de transformación de materias primas y colaborando, también, en la formación de técnicos y gestores africanos, la RPCh se asegura los recursos materiales y simbólicos necesarios para seguir extendiendo sus fronteras (FPP y FPC). El toma y daca, siempre presente en las relaciones interestatales, aquí se equilibra a partir del suministro de recursos vitales para que la economía china tenga bajo control uno de los posibles límites a su crecimiento.

Entre los recursos mineros, el petróleo ya suponía, en 2006, el 71% de las exportaciones africanas hacia China, concentrada en Sudan, Angola y República del Congo. El hierro constituía, por su parte, el 13%; la madera el 2%; las piedras preciosas, el 3% y una cierta especialización en algodón, el 4,2% concentrada en países como Mali, Chad, Benin y Burkina Faso.

En 2007, el 83% de las exportaciones africanas a China en 2007 fueron en forma de petróleo. Angola, le suministra el 18% de sus necesidades de crudo y Sudán le vende 225.000 barriles diarios de petróleo. La contracara ha sido la llegada de millones de productos made in China, así como centenares de proyectos de infraestructura en países arrasados por años de guerra como Angola, Liberia y Sierra Leona .

Por otro lado, la eliminación de tarifas arancelarias sobre el 95% de los productos procedentes de las naciones menos desarrolladas, un fondo de 1.000 millones de dólares (673 millones de euros) para pequeños y medianos productores de África, condonación de deuda a los más empobrecidos; todas estas medidas constituyen la zanahoria que la RPCh acerca a las narices de un continente que constituye un probado maná de recursos naturales y, ahora, un emergente mercado para absorber los bienes manufacturados que de la “fábrica global” emanan.

Más datos pueden ilustrar la cuestión: en Zimbabwe, se ha centrado en la explotación minera, en las telecomunicaciones y en la financiación de centrales térmicas, obteniendo a cambio, una parte de la explotación del cromo. En Gabón, ha invertido decenas de millones de euros en el sector de la madera, minerales y petróleo. En Sudáfrica, invierte en aluminio; en la República Democrática de Congo y en Zambia, en cobre; en Etiopía, en oro, uranio, cobre y carbón; y en Marruecos, en fosfato.

En 2008, China realizó inversiones directas en África por 7.800 millones de dólares. Un año después, a fines de 2009, ya había desarrollado más de 900 proyectos de infraestructura y bienestar público, enviado 17.000 elementos médicos a 47 países africanos en donde atendieron a 200 millones de pacientes y había proporcionado más de 20.000 becas gubernamentales.

Sin duda, África constituye el comodín para que la RPCh siga ampliando sus fronteras económicas y potenciando su crecimiento, siempre que haga un aprovechamiento eficiente de los recursos que va adquiriendo. La política de no-ingerencia ha sido un instrumento de política exterior estratégico que el PPCh ha implementado, de manera complementaria, a lo largo de este proceso.

Aspectos de la relación político-diplomática

Darfur

Desde 1949 la política de no ingerencia en los asuntos internos de otros estados, ha sido una constante en la política exterior china.

La no-ingerencia fue piedra angular del principio de coexistencia pacífica hasta la década de los sesenta, subordinándose a los elementos revolucionarios y antiimperialistas de la política exterior de los setenta y posteriormente a los elementos de reforma, apertura y desarrollo económico de la mano de Deng Xiaoping (1978). A principios de las década del noventa y en un intento por recomponer la reputación internacional del país, este principio se tradujo en una no-confrontación abierta con Occidente, acompañado de un mayor compromiso en temas de proliferación nuclear y de una profundización de sus relaciones con los denominados “Estados parias”, también.

La segunda mitad de la década, la no ingerencia iba de la mano de una creciente inversión china en el exterior, en busca de recursos energéticos y naturales. China se convertía en el mayor inversor y primer socio comercial de algunos de aquellos “Estados parias”. Sudán es un claro ejemplo, con la compra de la mayoría accionaria de la Greater Nile Petroleum Operating Company, mientras que las compañías petroleras occidentales abandonaban el país y Sudán era cuestionada por respaldar al terrorismo internacional.

Aún cuando ya comenzaban a hacerse oír desde Occidente voces de denuncia de las irregularidades en materia de derechos humanos, libertades civiles y legitimidad sobre muchos de estos países, la RPCh siguió firmemente aferrada a su principio de no ingerencia, aún entrado el siglo XXI. En este sentido y de la mano de una nueva estrategia de “salida” (go-out strategy) al mundo, la RPCh intensificó sus actividades en la industria petrolera de Sudán, incrementando sus acciones en ese sector además de inversiones sustanciales en Darfur y convirtiéndose en el comprador de los 2/3 partes de las exportaciones de petróleo de ese país. Para el 2007 la RPCh se había convertido en el principal socio comercial de Irán, Corea del Norte y Sudán y el segundo socio de Zimbabwe y Myanmar, todos ellos países administrados por regímenes altamente cuestionados por la Comunidad Internacional.

No obstante, la RPCh proseguía con su política de no ingerencia, al punto de amenazar con su poder de veto en el Consejo de Seguridad (CS) de Naciones Unidas de cualquier resolución que impusiera sanciones a Sudán .

Un giro hacia un mayor pragmatismo en la política exterior china comenzó a entreverse para 2006. La abstención de votar una nueva resolución del CS imponiendo sanciones a cuatro funcionarios del gobierno sudanés es un ejemplo de ello. Hasta ese entonces la RPCh se había pronunciado sobre la Crisis de Darfur, calificándola de asunto interno del Estado Sudanés. Pero, durante el verano de ese mismo año, con la nueva escalada de violencia en la región que se extendía hasta la frontera con Chad, donde comenzaban a invertir capitales chinos en la industria petrolera, la RPCh hizo un cambio en su discurso y exhortó al gobierno sudanés a aceptar la entrada de una fuerza de paz híbrida a Darfur, integrada por 20.000 tropas de Naciones Unidas y la Unión Africana.

El tema volvió a ser objeto de pronunciamiento por parte de la RPCh en la sesión especial del CS de noviembre de 2006, así como también en el encuentro sino-africano de ese mismo año; en la visita oficial de Hu Jintao a la capital sudanesa a comienzos de 2007 y la Cumbre de Beijing del Foro de Cooperación China- África, de noviembre de 2007.

Tras el recorrido del enviado del Ministerio de Relaciones Exteriores Chino, Zhai Zun, a los campos de refugiados de Darfur, Sudán acordaría el ingreso a esa región de 3000 tropas de Naciones Unidas, incluyendo 275 ingenieros chinos, mientras grupos rebeldes veían con desagrado este arribo: “Nos oponemos a que vengan, ya que China no está interesada en los derechos humanos. Sólo está interesada en los recursos que tiene Sudán. Les hacemos un llamado para que abandonen Sudán, especialmente las zonas en donde hay petróleo”

La opinión pública internacional y las potencias occidentales celebraron la llegada de este compromiso más activo del país con los asuntos internacionales, especialmente con la crisis humanitaria de Darfur, hecho que evidencia una política exterior china más pragmática. Este mérito, sin embargo, no es atribuible a la comunidad internacional, sino a un cambio en la percepción china de cómo salvaguardar sus intereses nacionales, su seguridad energética y sus objetivos económicos de una manera más en línea con el comportamiento de los otros grandes jugadores de la política internacional.

Aún así, lograr que la RPCh adscriba a ciertas pautas de conducta comunes a otros actores del sistema internacional, es sin duda un avance cualitativo en el largo camino de minimización de incertidumbre, necesario para una mejor previsión y cálculo de costos que el resto de los grandes jugadores experimentan a la hora de vincularse con el gigante asiático.

Puede observarse que desde que los dos países iniciaron su cooperación en el sector petrolero a mediados de la década de los noventa, las relaciones entre la RPCh y Sudán en cuestiones políticas, económicas, sociales, culturales y sanitarias han sido fructíferas pero también han experimentado alteraciones en función de los matices que la política internacional china fue adoptando: de una vinculación sin condiciones, marcada fundamentalmente por los negocios petroleros y la venta de armas de China a Sudán, a una relación acompañada de sugerencias en relación a la crisis humanitaria de Darfur y la advertencia de permitir el ingresos de tropas de las Naciones Unidas y la Unión Africana, todo ello sin descuidar la consecución de los negocios en marcha…

Aún cuando es innegable el protagonismo adquirido por la RPCh en la ayuda internacional para Darfur, no puede dejar de pensarse que la seguridad energética, el crecimiento económico y el apoyo a su política de “Una China”, constituyen elementos de mayor peso en la lista de intereses nacionales chinos, antes que la acción internacional humanitaria per se.

No descuidar Darfur es, en algún sentido, no descuidar el régimen de Omar al- Bashir en Sudán y, de esta manera, no descuidar sus intereses económicos y energéticos allí operando. Antes que altruismo, prima el cálculo de intereses. En este sentido, es dable el cuidado posicionamiento de la RPCh a la hora de condenar abiertamente al régimen de al-Bashir.

Aún teniendo en cuenta las tesis que sostienen la existencia de un proceso de revisión de la política exterior por parte de la RPCh, evidenciado en las denuncias contra las pruebas nucleares de Corea del Norte- antiguo socio-, así como el apoyo a las denuncias contra el régimen en Pyongyang en el seno del CS, o el cambio en su voto para imponer sanciones sobre Irán –otro viejo socio-, además del apoyo a la organización de una fuerza internacional de paz para Darfur, entre otros; aún considerando el posible desvanecimiento del apoyo acrítico e incondicional dado anteriormente a sus socios, ante una coyuntura internacional que solicitaba insistentemente un mayor compromiso de la RPCh en los asuntos mundiales; aún apoyando la idea del surgimiento de una nueva práctica en la política exterior china, más alejada del principio de no ingerencia y más cercana al debate sobre la intervención justificada (en asuntos internacionales), la idiosincrasia política china habla de una elevada cautela y pragmatismo a la hora de actuar.

Y como - en línea con la tendencia natural china a conservar viejas costumbres-, los principios formulados por Deng Xiaoping de “asegurar el posicionamiento logrado”, y “conservar el bajo perfil”, siguen siendo elementos claves en la estrategia de la RPCh, al presente puede resultar particularmente ambicioso arriesgar que la política exterior china en torno a Darfur constituye el semillero de cambio en los pilares tradicionales de esta política.

Taiwán

La cuestión de Taiwán ha sido clave para la RPCh a la hora de encarar las relaciones políticas con el continente africano. El apoyo de éste para la incorporación de la RPCh al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en lugar de la China Nacionalista, exiliada en Taiwán, fue preocupación esencial a comienzos de los ´70. No obstante el apoyo de Argelia, Egipto y Zambia a la política de “Una China”, Swazilandia, Burkina Faso y Gambia, entre otros continúan manteniendo relaciones con Taipei.

Esto se debe a la participación que capitales taiwaneses han tenido en ciertos países en los últimos 30 años. Pero en la actualidad las inversiones de China Continental superan ampliamente a la de aquellos: mientras las inversiones taiwanesas son de aproximadamente $ 500 millones de dólares anuales, se registra que las chinas han sido de más de $ 20 billones en 3 años. De la mano de estas inversiones, va el reconocimiento de uno u otro Estado. La balanza, sin duda, está inclinada a favor de la RPCh, quedando un remanente de 4 Estados africanos que reconocen a Taiwán como estado soberano e independiente.

El impulso que la RPCh dé a las gestiones diplomáticas de África para lograr una banca permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, puede presentarse como la carta a negociar a cambio del apoyo a la posición china en cuanto al status de Taiwán.

Diálogo Bilateral

En materia de diálogo bilateral, el Foro para la Cooperación Sino Africana (FOCAC) es el mejor exponente de la voluntad política de ambas partes de acercarse y encarar los desafíos propios de la globalización política, económica y cultural de estos tiempos.

Celebrada por primera vez en Beijing en el año 2000, con la participación de 80 ministros chinos y representantes de 44 países africanos, esta conferencia se repetiría anualmente a los efectos de trazar planes de acción conjunta que tuvieran efectos positivos sobre ambas partes.

La última conferencia celebrada en Sharm-el-Sheikh, Egipto, el pasado noviembre de 2009, ilustra esta voluntad: Préstamos chinos por un total de $10 billones de dólares, nuevas medidas de fortalecimiento de la relación bilateral que apunten a mejorar el bienestar y la calidad de vida de los pueblos africanos; condonación de deuda a los países africanos más pobres; anuncios de construcción de 100 nuevos proyectos de energías limpias en el continente y eventuales reducciones paulatinas de barreras arancelarias, hasta cubrir el 95% de los productos que provienen de estados africanos con los que la RPCh mantiene relaciones diplomáticas; asistencia médica para los más de 30 hospitales y 30 centros de prevención de malaria construidos por la RPCh; cooperación técnica y recursos humanos que ayuden a garantizar la seguridad alimentaria del continente; inversión en educación y asignación de becas por parte del gobierno chino. Todas estas medidas confirman el interés estratégico de largo plazo que el gigante tiene y mantiene en la región.

De igual manera que Occidente estableciera alguna vez lineamientos para sus relaciones internacionales apoyados en principios económicos neoliberales y occidentales, conocidos como “Consenso de Washington”, la RPCh, ha establecido ciertos pilares a la hora de encarar sus relaciones con sus socios o aliados, contenidos en el “Consenso de Beijing”. No-ingerencia en los asuntos internos, respeto a la soberanía y amistad con los pueblos; promoción del desarrollo estructural a través de préstamos y asistencia, un modelo chino de crecimiento donde la democracia como forma de gobierno no sea la condición sine qua non para el vínculo, y competencia con Occidente, son los ejes de la política blanda (soft policy) que la RPCh mantiene hacia la región.

Consideraciones finales

El liderazgo indiscutido que la RPCh ha adquirido en el tablero de juego de la política internacional, exige un mayor involucramiento de su parte con los asuntos globales que trascienden lo económico, tales como el mantenimiento de la paz y seguridad internacional, la cooperación internacional, la promoción del desarrollo sustentable de las naciones más atrasadas, el respeto de los valores democráticos y los derechos humanos.

Algunas políticas de la RPCh en su relación con el continente africano parecen haber ido en sintonía con estos principios mientras que, en ocasiones, las políticas han ido a contramano de ellos. El contraste entre la abstención de la RPCh, en el marco del Consejo de Seguridad, en votaciones de condena y sanción del régimen sudanés, violatorio de derechos humanos fundamentales y el envío de fuerzas de paz a las operaciones para el mantenimiento de la paz que mantienen las Naciones Unidas en distintas partes del continente africano, es una evidencia de este compromiso parcial con su rol de líder global. Pero esto puede comprenderse en el marco del pragmatismo de la política exterior china y la visión de los líderes del Partido. “No importa de qué color sea el gato, mientras pueda cazar ratones”.

Las violaciones a los derechos humanos, la falta de transparencia en el manejo de la cosa pública, la corrupción y conflictos internos que los distintos países africanos con los que la RPCh mantiene relaciones económicas, comerciales, políticas y diplomáticas, tanto en el plano bilateral como en el marco del diálogo interregional, no constituye una amenaza o elemento de disuasión alguno para que el gigante no siga involucrándose e invirtiendo en el continente. Aún cuando es sabido que África no es el único proveedor de materias primas, juegan un rol clave el crudo africano en la energía que China utiliza así como el cobalto en la industria electrónica china. A cambio de inversiones que permiten al continente poner en marcha su rezagada economía, la RPCh sigue garantizándose la expansión de su capacidad productiva de áreas claves de su industria, a partir de la extracción de estos recursos.

En este contexto, cabe preguntarse cuál es el lugar que queda para las economías occidentales con intereses en un continente que, por elementos materiales y simbólicos varios, parece ser más favorable a la asociación estratégica con China que con aquéllas. Qué estructura de incentivos construir, qué escenarios imaginar para que ambas partes puedan verse potencialmente beneficiadas y, por último, como reconvertir la presencia del gigante en la región en una oportunidad más que una amenaza.

Referencias Bibliográficas

- Muekalia, D.J. 2004, "Africa and China's strategic partnership", African Security Review 13 (1): 5–11

- LYMAN, Princeton, “China´s rising role in Africa”, Council on Foreign Relations, July 21, 2005. Disponible en http://www.cfr.org/publication/8436/chinas_rising_role_in_africa.html

- Natalizio, M.V.: "Crisis de Darfur ¿Catalizador de Cambio de la Política Exterior China de No Ingerencia?" en Observatorio de la Economía y la Sociedad de China Nº 06, marzo 2008. Accesible a texto completo en http://www.eumed.net/rev/china/

- Natalizio, M.V.:: "La RPCh y sus fronteras de posibilidades en el horizonte africano" en Observatorio de la Economía y la Sociedad de China Nº 12, septiembre 2009. Accesible a texto completo en http://www.eumed.net/rev/china/

- Natalizio, M.V:: "Las relaciones sino-africanas a la luz del pragmatismo estructural de la política exterior china" en Observatorio de la Economía y la Sociedad de China Nº 12, septiembre 2009. Accesible a texto completo en http://www.eumed.net/rev/china/



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