Observatorio de la Economía y la Sociedad China
Número 4 -  septiembre 2007

A 62 años de la retirada nipona en la II Guerra Mundial

Japón invade otra vez China, pero con empresas

Pedro Crespi
pcrespi78@gmail.com

* La ciudad de Dalian, al noreste de Pekín, es el caso más emblemático con la presencia de 2800 compañías japonesas de las 100.000 que hay en el país

* Los capitales generaron 9.2 millones de puestos de trabajo

* El Gigante Asiático ya es la cuarta potencia económica mundial


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Pedro Crespi: "Japón invade otra vez China, pero con empresas" en Observatorio de la Economía y la Sociedad de China Nº 04, septiembre 2007. Accesible a texto completo en http://www.eumed.net/rev/china/


            El 9 de agosto de 1945 quedó sentenciada la suerte de Japón en la II Guerra Mundial cuando Estados Unidos lanzó un ataque nuclear sobre la ciudad de Nagasaki, que ocurrió tres días después del bombardeo que realizó sobre Hiroshima. Pero ese día también fue muy significativo para China, que después de ocho años se liberaba de la invasión nipona en su territorio. El dolor, no obstante, perdura aún hoy en China en el recuerdo de los 25 millones de individuos que murieron en la “resistencia antijaponesa”, tal como definen el conflicto bélico algunos historiadores del Gigante Asiático.

            Tras la guerra (1937 – 1945) quedaron fuertes resabios de la cultura japonesa en China. ¿Ejemplos? El gusto que tienen los chinos por el sushi y la cantidad de individuos que hablan el japonés son, tal vez, los más elocuentes. Y, aunque suene a paradoja, esta base cultural es utilizada por Japón en los últimos años para una nueva “invasión” en territorio chino. Japón, en su afán de profundizar su desarrollo económico, quiere hacer de China su Central de Subcontratación. Y los chinos, con un resentimiento inocultable en buena parte de ellos, aceptan las condiciones y aguardan agazapados para contragolpear en cualquier momento y, así, convertirse en la mayor potencia económica del mundo.

            El prestigioso periodista estadounidense Thomas Friedman, tres veces ganador del premio Pulitzer, explica de manera clara en su libro The World is Flat la actual relación comercial que mantienen chinos y japoneses. “Puede que China no olvide nunca lo que le hizo Japón el siglo pasado, pero los chinos están tan empeñados en convertirse en la primera potencia mundial del próximo que están dispuestos a darle un repasito a su japonés para hacerse con todo el trabajo que Japón pueda subcontratar en China”[1], cuenta Friedman.

 

¿Qué es la subcontratación?

            Pero para entender un poco mejor el fenómeno, ¿qué es la subcontratación? Se trata de la tercerización que hacen hoy las empresas de determinadas tareas en otros países. De esta manera, las compañías que externalizan ciertas actividades contratan donde se instalan a personal  calificado y oficinas que ofrezcan buenas instalaciones y posean el hardware y software necesarios para el cumplimiento de los requerimientos demandados. La relación comercial es beneficiosa para ambas partes. Para la compañía que contrata, porque se convierte en una organización más competitiva por dos motivos fundamentales: por un lado, porque reduce sus costos al conseguir recursos humanos calificados a muy bajos precios por las ventajas que ofrece el tipo de cambio; y por otro, porque no debe contar con instalaciones y, así, gastar en el mantenimiento que ellas generan.

            Para el país que recibe los capitales, en tanto, el negocio también es redondo: en las ciudades donde se instalan los centros empresariales se crean miles y miles de puestos de trabajo que permiten la mejora de la calidad de vida de los habitantes, mientras la ciudad también se moderniza por la inyección económica que genera la llegada de las inversiones.

            La práctica de la subcontratación en el mercado internacional tuvo su explosión luego del histórico 9 de noviembre de 1989, cuando cayó el Muro de Berlín. Este hecho ocasionó el triunfo del capitalismo sobre el comunismo y las consecuencias que permitieron una liberalización económica espectacular. ¿Alguna de ellas? El desarrollo de las nuevas tecnologías de la información, como las aplicaciones de Microsoft, que revolucionaron la manera de trabajar en las empresas y, por ende, de hacer negocios. La ganancia de las compañías como producto de las inversiones en la subcontratación es de miles y miles de millones de dólares. Tal es el caso de las empresas japonesas en la ciudad portuaria de Dalian, al noreste de Pekín.

 

 

Dalian, una Tokio en China

            Los carteles en la vía pública de empresas subcontratistas como GE, Microsoft, Dell, SAP, HP, Sony y Accenture, entre otros, impactan a los business man y a los periodistas internacionales que tienen la posibilidad de caminar por las calles de Dalian. Es que esta moderna ciudad presenta un enorme contraste con lo que ocurre en otras ciudades chinas, donde domina la pobreza y el subdesarrollo. Pero todo ello no es lo que más asombra a los visitantes, sino la fuerte atmósfera nipona que se respira. ¿La causa? En Dalian hay 2800 empresas japonesas que convierten a esta localidad portuaria en una pequeña Tokio china. Dalian ofrece como la capital japonesa, sin dudas, todas las características de una ciudad de tecnología de punta.

            “Dalian no sólo es impresionante en comparación con otras ciudades chinas: con sus amplios bulevares, sus preciosas zonas ajardinadas y su entramado de universidades, escuelas técnicas superiores y un inmenso parque de empresas informáticas [...],  viene a ser un símbolo de la rapidez con que la mayoría de las ciudades modernas de China (en contraste con la gran cantidad de ciudades pobres y atrasadas que quedan aún en el país) están atrayendo negocios, no sólo como focos industriales sino también como centros empresariales del sector de las tecnologías de la información”[2], según comentó el periodista Friedman tras una visita.

            La ciudad de Dalian, en rigor, es uno de los casos emblemáticos de las tantas ciudades del noreste y sureste de China que se benefician de las inversiones japonesas que, según informó en 2005 el Ministerio de Información de Comercio de la República Popular China, generaron 9.200.000 millones de puestos de trabajo. Las empresas niponas en China son cerca de 20.000 y representan el 8 % de las 350.000 compañías extranjeras que están registradas. Pero, en rigor, se estima que el verdadero número de empresas japonesas en el Gigante Asiático asciende a 100.000, ya que muchas de ellas hacen sus negocios a través de inversiones indirectas desde Hong Kong.

            Pero, ¿están contentos los chinos de trabajar para las empresas de un país que tanto daño les provocó con la invasión que tuvo lugar entre 1937 y 1945? La respuesta la brinda Xia Deren, alcalde de Dalian: “Nunca olvidaremos que entre nuestras dos naciones hubo una guerra histórica, pero cuando entramos en el terreno de la economía nos centramos exclusivamente en las cuestiones económicas, sobre todo si hablamos del negocio de la subcontratación en el sector del software[3].

            Deren tiene muy clara la posición de su país: China, en su proyecto de convertirse en la primera potencia económica mundial (hoy es la cuarta detrás de Estados Unidos, Alemania y Japón), no vacila en recibir a las empresas de Japón que invierten 61.700 millones de dólares por año en el Gigante Asiático. Pero, mientras la economía crece gracias a los capitales nipones, sigue, como todos sus connacionales

 a la espera de un pedido de disculpas enérgico por parte de las autoridades gubernamentales japonesas por los 25 millones de muertes que dejaron los ochos años de invasión de las tropas del Ejército Imperial.

            El primer ministro Junichuri Koizumi pidió perdón en los actos de la conmemoración del 60 aniversario de la rendición japonesa, el 15 de agosto de 2005, pero no alcanzó. “Queremos que demuestren su arrepentimiento con hechos”, contestó el 12 de abril de este año el primer ministro chino, Wen Jiabao, ante el Parlamento japonés.


Fuentes:

  • Friedman, Thomas. La Tierra es Plana; 1ª  edición argentina; Buenos Aires, Grupo Editorial Planeta, 2006.

 

[1] Friedman, Thomas. La Tierra es Plana; 1ª edición argentina; Buenos Aires,  Grupo Editorial Planeta, 2006; p. 42.

[2] Friedman, Thomas. Op. Cit.; p. 43.

[3] Friedman, Thomas. Opc. Cit.; p. 45.


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