Observatorio de la Economía y la Sociedad China
Número 3 -  junio 2007

        La Relación Bilateral Beijing –Buenos Aires en clave subnacional

Maria Victoria Natalizio   (CV)     维多利亚
victorianatalizio@yahoo.com

“Y en el momento en que creíamos haber alcanzado el ladrillo elemental con el cual nuestro universo estaba construido, ese ladrillo ha desaparecido en tanto ladrillo. Es una entidad difusa, compleja, que no llegamos a aislar. La obsesión de la complejidad condujo a la aventura científica a descubrimientos imposibles de concebir en términos de simplicidad…”

Edgar Morin, Introducción al Pensamiento Complejo

 

Pensar en las relaciones bilaterales entre Beijing y Buenos Aires, desarrolladas a partir de 1991, requiere un previo recorrido histórico descriptivo de algunos de los procesos[1], dinámicas e inercias que tuvieron lugar en el sistema internacional de los años noventa a fines de detectar el contexto de irrupción en la escena internacional de estos actores subnacionales, y obtener los elementos que nutrieron y catalizaron la participación de los gobiernos locales en nuevos espacios de acción internacional.  

 

Recorriendo el sistema internacional de los ´90...

El fin de la Guerra Fría y, con ella, la desaparición del esquema bipolar[2] que la había caracterizado instaló definitivamente el debate sobre la existencia de un sistema internacional multipolar, ante un contexto de avanzada interdependencia e institucionalización.

A causa de la intensificación de los procesos de regionalización y globalización, venía tejiéndose en el sistema global un amplio entramado de regímenes y organizaciones internacionales para administrar los problemas políticos colectivos y áreas acotadas de la actividad transnacional (comercio, entre otros). Nuevas formas de asociación política daban lugar a la expansión de vínculos transnacionales y a la interpenetración de la política exterior y doméstica; consiguientemente los Estados buscarían establecer nuevas formas de gobierno y regulación internacional que pudiera afrontar los problemas políticos colectivos[3]. El Estado democrático liberal veía cada vez más erosionada su capacidad para atender solo y de forma efectiva las demandas planteadas por sus poblaciones.

Convergían, así, diversas situaciones en un mismo momento histórico: el “postbipolarismo”[4] - resultante de la desintegración de la Unión Soviética-, se encontró conviviendo con procesos de globalización, fragmentación, regionalización, reestructuración del rol del Estado, aparición de nuevos actores no gubernamentales, procesos de transnacionalización de las relaciones económicas, establecimiento de nuevos temas en la agenda internacional como el medioambiente, las migraciones, las creencias, los fundamentalismos, los derechos humanos...

Este mundo de segunda posguerra donde existen grados avanzados de interdependencia e institucionalización ha sido, definitivamente, un mundo donde abundaron las relaciones transnacionales, dadas por una serie de fenómenos de variada naturaleza que se manifiestan en la escena internacional a través de las fronteras de los Estados. Con esta acción transnacional, el número y la diversidad de actores se multiplica y el cuadro de relaciones en el sistema internacional, anteriormente dada por los vínculos inter-estatales, se complejiza.

El tradicional Estado Nación se enfrenta ahora con Empresas Transnacionales (ETN´s), Fondos de Capital, Banca Privada, Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s), Organismos Internacionales (OI´s), Actores Sub-Nacionales (ASN´s)[5], todos ellos interactuando e interrelacionándose bilateral o multilateralmente, realizando prácticas paradiplomáticas y creando redes de participación y acción conjunta, a las cuales Michael Keating caracteriza como una de las formas más comunes de Paradiplomacia[6].

Aun cuando se hable de la retirada y desaparición del Estado[7], no caben dudas que el Estado continúa siendo el actor predominante en los análisis sobre la política internacional.

La imagen casi mítica[8] de la desaparición del Estado-Nación responde a una interpretación exagerada o errónea de los nuevos procesos que comienzan a darse dentro y fuera de las fronteras de los Estados, a partir de la existencia de fuerzas internas y externas que establecen redes o efectúan acciones “por sobre los Estados”, “a través de las fronteras” o “mas allá de las fronteras”; acciones que están dirigidas a resolver políticas globales sin encontrarse necesariamente en una lógica de oposición al Estado, pero prescindiendo de su propio marco institucional o de sus propias normas[9]. En línea con Keating, estas acciones generan cambios “por arriba” y “por abajo” de las formas institucionales del Estado.

Consecuentemente, los procesos de descentralización política, económica y administrativa que el Estado experimentó, liberaron el camino al desarrollo de nuevas dinámicas en el sistema inter-estatal: las dinámicas transnacionales y subnacionales, donde se enmarca el presente trabajo.

La “Glocalización” fue el producto de la combinación globalización-descentralización. Los fenómenos globales se filtraban a través de las fronteras del Estado para anidarse en las unidades político-administrativas locales, materializándose en lugares físicos concretos situados en los territorios nacionales, y estableciéndose de esta manera una conexión marcada entre lo local y lo global. A partir de este momento las oportunidades de ampliar el margen de maniobra de estos actores eran mayores, como también así las posibilidades de acrecentar su grado de vulnerabilidad si no se posicionaban estratégicamente ante la exposición a las dinámicas sistémicas.

Como puede evidenciarse, la descentralización del poder del Estado, eje principal del Nuevo Orden Internacional que comenzaba a cobrar forma, significaba, también, la transferencia progresiva del poder decisorio a instancia subnacionales[10].

De esta manera estas unidades que veían un incremento en su margen de maniobra, comenzarían a encontrar por cuenta propia nuevos caminos de inserción internacional a nivel regional y mundial, a través de múltiples iniciativas: promoción de su comercio exterior, realización de misiones comerciales, suscripción de acuerdos de cooperación con actores homónimos o Estados Nacionales, contratación de créditos con Organismos Multilaterales en calidad de su condición de “sujetos de crédito internacional”[11]; y ejercicio de actividades paradiplomáticas, entendidas éstas como actividades que funcionan por debajo o dentro del sistema tradicional de relaciones internacionales, y dadas por el intercambio de visitas de autoridades homónimas de otros países, encuentros con otras entidades subnacionales en reuniones regionales y contactos con funcionarios extranjeros[12].  Estas actividades paradiplomáticas dejan entrever que el Estado ya no opera como una “caja negra”, tal como observa Marcelo Salviolo[13]

Las “políticas hacia el exterior” de sus fronteras que las unidades subnacionales comienzan a desarrollar, enmarcadas en el concepto de “gestión internacional”, no son sinónimo del ejercicio de una “Política Exterior”, por el hecho que ésta es una facultad delegada exclusivamente al Estado Nacional.

Las prácticas de interrelación transnacionales ejercidas por las unidades subnacionales no significan el fin de la diplomacia estatal[14] sino que implican la activa participación de los gobiernos locales en las relaciones internacionales contemporáneamente a la acción estatal, constituyendo novedosas formas de acción exterior que, no obstante su autonomía, siguen estando subordinadas a las prioridades y objetivos del Estado..

 

Detectando elementos sistémicos que fomentaron la acción de los gobiernos subnacionales en la escena internacional...

De las líneas precedentes pueden extraerse algunos de los factores del sistema-mundo de los ´90 que operaron en favor del emplazamiento de las unidades subnacionales en la escena internacional.

La avanzada interdependencia desencadenó procesos de integración entre unidades menores a la estatal, por medio de las cuales resolver problemas de carácter transnacional. La incapacidad del Estado de atender a las demandas de estas unidades locales contenidas dentro de sus fronteras, generó una segmentación y disminución de la concentración del poder político central, y de esta manera las unidades subnacionales pasaron a ejercer una actividad que, hasta entonces, era de la competencia exclusiva del Estado.102

La globalización económica y con ella la consolidación de las empresas transnacionales y los capitales financieros internacionales, traslucieron un redimensionamiento de “lo local”, en tanto espacio territorial definido clave para la transformación e innovación económica. Lo local gana así su lugar en la competencia por los mercados mundiales sin necesidad de la protección del Estado Nacional.

El NOEI delineado a partir de las políticas resultantes del Consenso de Washington entre los nuevos actores fuertes de la escena económica internacional (Banco Mundial, FMI, EE.UU.), indudablemente jugó en beneficio de un mayor protagonismo de las unidades subnacionales: las políticas de descentralización de la política y las economías nacionales, y los mecanismos de vinculación directa con las unidades locales, por fuera del poder decisorio del Estado Nacional, además de disparar una redefinición casi obligada del rol del Estado, significaron una transferencia “de hecho” del poder decisorio del Estado a estas instancias subnacionales. En adelante estos Organismos incorporarían programas de relacionamiento directo con estas unidades los cuales, aunque requirieran en última instancia la aprobación del Estado Nacional en tanto que éste es el “cliente” reconocido de estos Organismos, actuaron como catalizadores del debate al interior de las fronteras sobre una mayor autonomía para los actores subnacionales. El reconocimiento a estas entidades de la facultad de ser “sujeto de crédito internacional” tuvo un claro impulso desde estos Organismos antes del reconocimiento jurídico otorgado por el Estado. En los capítulos siguientes se evidenciará cómo la Argentina es un claro ejemplo de este proceso.

No caben dudas que las políticas de descentralización de los Estados han sido fuertemente incentivadas por estas agencias internacionales, con el argumento de una mejor defensa y garantía de gobernabilidad y eficacia del Estado, y condición necesaria para su modernización.

El fin de la Guerra Fría, como pudo verse al comienzo del presente trabajo, abrió el juego internacional al dejar al descubierto la existencia de múltiples polos de poder, de múltiples redes de interconexión por fuera y por dentro de los Estados y de una agenda internacional más compleja que la vigente en los tiempos de la confrontación Este-Oeste. De la mano de este proceso, aparecen en la escena internacional numerosos actores -constituidos al interior de y allende las fronteras de los Estados-, que se involucran en el debate de los temas de esa agenda internacional heterogénea y establecen, en términos de Stephen Krasner[15], regímenes además de redes de participación regional, hemisférica y global.

Consecuentemente, la irrupción de las unidades subnacionales en escena parece ser efecto natural de este proceso.

Por último, de la redefinición del espacio estatal tras los efectos de la combinación globalización- descentralización se extrajo el producto de la “glocalización”; las dinámicas e inercias globales (“lo global”) encontraban un espacio concreto por dentro del Estado donde asentarse (“lo local”), generando casi directamente que las unidades político-administrativas locales tuvieran la facultad de manejar su estrategia de vinculación con ese mundo que se metía más allá de sus fronteras.

El juego de doble nivel, en términos de Robert Putnam[16], que el Estado debía jugar con los actores externos e internos, se veía fortalecido por este proceso.

Los procesos de integración entre unidades menores a la estatal producto de la avanzada interdependencia de la arena internacional, la globalización económico-financiera, el fin de un mundo bipolar en confrontación, la descentralización, las transformaciones en los parámetros tradicionales de comprensión del Estado-Nación y con ella, la redefinición del papel del Estado como actor ya no predominante en el manejo de la participación externa de sus unidades locales, la glocalización como fenómeno emergente; todos estos procesos que orbitaban en el sistema internacional de los noventa, más allá de constituir el contexto de emergencia, indudablemente provocaron o bien, catalizaron desde su condición sistémica, la irrupción de las unidades subnacionales como actores de la escena internacional.

Es importante, por último, destacar que no es objetivo del presente trabajo dejar implícita ninguna tendencia a favor o en contra de la globalización. De hecho, se observa que la globalización no ha retirado del Estado su importancia[17] sino que, de manera contraria, su materialización en el ámbito de ciudades, estados, departamentos y provincias ha dado a los gobiernos locales un papel político de mayor relevancia dentro del propio Estado Nacional, consolidando un modelo de toma de decisiones según el tercer esquema propuesto por Allison[18], y alimentando de esta forma, las posibilidades de formación de estrategias de desarrollo nacionales que sean fruto del consenso entre el Estado y las unidades subnacionales que lo componen. No obstante esto, la pregunta sobre qué ha pasado con el margen de maniobra de la unidad estatal, sigue quedando abierta.

Detectando elementos domésticos que fomentaron la acción de los gobiernos subnacionales argentinos en la escena internacional...

            Pensar en el objeto en estudio, requiere también detectar aquellas variables del orden doméstico o nacional, en la Argentina de la década del ´90, que operaron a favor del emplazamiento de las unidades subnacionales en la escena internacional.

En primer lugar, cabe recordar que la reproducción a nivel nacional de las dinámicas del sistema internacional de las noventa, derivada del perfil de la administración Menem, dificulta la aventura de detectar factores exclusivamente internos que no estén afectados por las dinámicas sistémicas del momento.

El proceso de “reforma estructural” introducido por Menem es quizá el factor interno determinante de la época, ya que constituyó el punto de partida para la aplicación del modelo de desarrollo neoliberal, altamente vinculado a las dinámicas e inercias de la economía y las finanzas internacionales, en detrimento de las funciones de autoridad clásicas del Estado.

Los tres ejes sobre los que este proceso de reforma se apoyó –la liberalización económica, privatización de las empresas públicas y descentralización de las funciones del Estado- fueron, a su vez, propulsores de un mayor margen de maniobra para las unidades subnacionales; así como también lo fue la Reforma Constitucional de 1994, correlato institucional de la reingeniería política y económica que se estaba llevando a cabo.

El instrumento de ejecución de estos ejes serían las reformas de primera y segunda generación, que significaron la conceptualización de la política estatal como una cuestión administrativa y no política, y en consecuencia, la aplicación de mecanismos de gestión privada a la órbita estatal acompañada de un proceso de desjerarquización política.

Cada uno de los ejes mencionados operó a favor de una mayor autonomía de los actores subnacionales: a partir de una progresiva transferencia del poder decisorio - resultante de la descentralización política en curso-, de una reubicación de las actividades productivas y fuertes procesos de integración de los aparatos productivos y de consumo –derivados de los procesos de privatización y liberalización económica- y del resurgimiento del discurso localista a favor de mayores márgenes de maniobra de las unidades locales y de una federalización de la política exterior.

El proceso de achicamiento del Estado que este paquete de reformas estructurales generó, “posibilitó” el traspaso de facultades a instancias locales, que anteriormente correspondían al Estado Nacional. Este último, en su objetivo de reducir el gasto público nacional “se sacaba un peso de encima” con este traspaso de atribuciones (“descentralización de funciones”) de las que él era históricamente el depositario.

De paso, legaba en estas unidades subnacionales la responsabilidad de actuar como garantes de la “gobernabilidad democrática”, necesaria para la inserción en el juego de la economía y el financiamiento internacional.

Particularidades del Caso de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

            El modelo de crecimiento, desarrollo económico e inserción internacional implementado durante los años de la Administración Menem, basado en el plan convertibilidad, la apertura económica, las privatizaciones y reformas del Estado, constituyen un marco referencial dentro del cual se desarrolla el fenómeno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) como actor subnacional que actúa en el plano internacional. La CABA y demás actores subnacionales fueron receptores y espacio geográfico de implementación de este modelo.

No obstante el marco citado y desarrollado más detalladamente en las líneas precedentes, otros procesos endógenos que se sucedían en el orden doméstico de la CABA, complementan el escenario y contribuyen a una descripción más integral:

·        Proceso de “Metropolización”: Alentado por el proceso globalizatorio y dado por la terciarización de la economía, la privatización de los servicios urbanos y el desarrollo del sector inmobiliario, ligado a nuevas formas de consumo y esparcimiento (aparición de los “shoppings”), acompañado todo esto de un incremento en los índices de pobreza y desigualdad social.

·        Impacto del modelo productivo de los ´90: Dado por la fuerte penetración del capital extranjero en sectores claves de la economía y los servicios urbanos, donde el gobierno porteño es un actor central, pero no el único[19]. La CABA se constituye en espacio de concentración de actividades bancarias y financieras, acompañado del boom inmobiliario y las privatizaciones. Lugar privilegiado de la acumulación flexible, consecuencia de la concentración de los agentes económicos resultante del proceso de desregulación.

·        Modelo Barcelona: Por esos años se pone en boga el discurso sobre la “Ciudad Global”, de acuerdo al “Modelo Barcelona” – modelo de gestión pública y arquetipo de ciudad proyectada al espacio globalizado-, cobrando gran difusión en medios políticos y académicos.

“El modelo Barcelona se estructura en tres grandes ámbitos de actuación: el gobierno político, la gestión administrativa y la relación con los ciudadanos. Las tareas de gobierno, las más puramente políticas, se han caracterizado por su visón estratégica y por una preocupación por desarrollar una cultura estratégica consensuada entre los agentes urbanos y concertar con ellos los proyectos a largo plazo. Internamente, (...) el ámbito político también ejerce funciones de liderazgo estratégico de la organización municipal. En el ámbito de la gestión, Barcelona ha optado por distinguir las funciones políticas de las ejecutivas creando espacios para la gestión profesional de los servicios municipales; así, se han creado 15 gerencias profesionales que aseguran la eficiencia y calidad de los servicios. Esta apuesta ha estimulado una positiva repolitización de los concejales electos (...) que (...) garantiza una interrelación fluida entre representantes políticos y ciudadanos.”[20].

 

Además de los procesos de carácter exógeno desarrollados anteriormente, otros de igual orden pero más vinculados con el fenómeno de la irrupción de las ciudades en la escena internacional, también hicieron su aporte a la CABA de los años ´90:

·        Revalorización de las Megalópolis: En contraste con la visión prevaleciente desde los años ´70, donde la concentración de la actividad económica y de la población era vista de manera negativa. Esta nueva tendencia se tradujo en una exacerbación del proceso de re-metropolización[21].

·        Fenómeno de las “Global Cities” (Ciudades Globales): Ampliamente analizado por Saskia Sassen[22], las “Global Cities” son producto de una nueva era urbana resultante de las transformaciones sociales, económicas y del espacio urbano.

En este nuevo tipo de ciudad-global, la orientación hacia el mercado global genera cambios en la jerarquía urbana hasta entonces existente, a partir de la concentración espacial de las funciones terciarias y el creciente distanciamiento de las antiguas ciudades industriales. Los cambios en la organización económica, en la competencia mundial y en los patrones de desarrollo tecnológico han provocado la aparición de un “nuevo complejo industrial” dado por el liderazgo del sector financiero, de servicios y las exportaciones como fuente de crecimiento de los mercados urbanos.

Este nuevo modelo también tiene su correlato en una estructura social urbana polarizada y desigual. En palabras de Sassen, en el modelo de la Ciudad Global “... la globalización de la actividad manufacturera y de las industrias de servicios claves han sido un factor crucial en el crecimiento del nuevo complejo industrial dominado por los servicios productivos y financieros”, resultando, de esta forma que la principal materia prima elaborada por la gran ciudad no sea ya material sino inmaterial, y toma cuerpo en la información[23]. Las “Global Cities” se configuran en el espacio del debate “desindustrialización vs. terciarización”[24] .

En pocas palabras, la Ciudad Global posee una relación directa con la globalización, en tanto es el espacio donde dicho proceso se origina, renutre y transforma. Constituye el centro neurálgico de la sociedad global, desdibuja la lógica territorial para dar paso a difusos espacios en el marco de los cuales se recortan precisas áreas urbanas, íconos culturales cosmopolitas[25].

 

La Relación Bilateral Buenos Aires – Beijing

Buenos Aires y Beijing comenzaron su relacionamiento bilateral en 1991, con la suscripción de un Acuerdo de Hermanamiento.

En materia de hermanamientos, cabe hacer referencia a una práctica que en el caso de la Ciudad de Buenos Aires, data de 1974 cuando se firma el primero con la ciudad de Sevilla.

Si bien estas declaraciones no contienen explicitadas posibles temáticas o ejes de cooperación como lo hacen los convenios de cooperación, tienen un objetivo bien definido: crear vínculos entre ciudades que compartan un mismo nombre, un origen común, problemas similares, o razones humanitarias.

Como la experiencia pasada en esta materia no siempre fue exitosa, y los hermanamientos sólo quedaban en una “foto de los respectivos alcaldes”[26], la tendencia ha ido decreciendo a favor de la suscripción de acuerdos de cooperación, los cuales cuentan con esferas de acción más definidas. No obstante, la CABA y otras ciudades del mundo siguen considerando la opción del hermanamiento como un primer acercamiento y un paso previo para un eventual acuerdo de cooperación más específico.

Como fue mencionado anteriormente, entre los Hermanamientos de la CABA se encuentra el Hermanamiento con Beijing suscripto en 1991, complementado con el Acuerdo sobre el Establecimiento de Relaciones de Hermandad, de 1993.

Las áreas comprendidas en ambos acuerdos de hermanamiento son: economía, comercio, ciencia y tecnología, cultura, preservación del patrimonio cultural, educación, medios de comunicación, administración municipal y planeamiento urbano, turismo, transporte y participación conjunta en redes multilaterales de ciudades, tales como CGLU (Ciudades y Gobiernos Locales Unidos)[27], donde la CABA es miembro de su Consejo Mundial y del Bureau Ejecutivo.

En el marco de estos acuerdos en el año 2001 se llevó a cabo la “Semana de Buenos Aires en Beijing” en conmemoración de los 10 años de hermanamiento entre ambas ciudades, la cual fue complementada con una misión comercial a Beijing, por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, además de varias muestras de expresiones artísticas porteñas y encuentros oficiales de distinto tipo con funcionarios de la Municipalidad de Beijing, instituciones académicas y gubernamentales. Como contrapartida a esta iniciativa, la “Semana de Beijing en Buenos Aires” tuvo lugar en esta última ciudad ese mismo año, con presentaciones artísticas beijinesas variadas.

El Memorando de Cooperación e Intercambio en áreas tales como tecnología, turismo, deporte y cultura, fue otro resultado de la intensa actividad bilateral de ese mismo año.

En el marco de la facultad otorgada a estas unidades subnacionales de realizar actividades paradiplomáticas que no afecten los lineamientos fundamentales de la política exterior de sus Estados, se realizaron importantes intercambios de visitas de funcionarios, como el viaje a Beijing del entonces Jefe de Gobierno de la CABA, Aníbal Ibarra, con motivo de la participación en la Sexta Cumbre de Alcaldes de Grandes Ciudades del Mundo, en septiembre de 2000 y las visitas a la CABA del Vicealcalde de Beijing, Li Binghua, del entonces Presidente de la RPCh, Jiang Zemin, del Vicepresidente del Comité Permanente de la Asamblea Popular de Beijing, Fan Yuanmou, y del Presidente de la RPCh, Hu Jintao, en los años 2000, 20001, 2004 y 2004 respectivamente.

El pasado 2006 contó con los intercambios entre el Embajador de la RPCh en la Argentina, Zhang Tuo y el actual Jefe de Gobierno de la CABA, Jorge Telerman a fines de conversar sobre la ejecución de programas de cooperación en las áreas de cultura, turismo e infraestructura[28]. Asimismo se concretó la visita al Gobierno de la Ciudad de funcionarios responsables del equipo de Relaciones Internacionales y Planeamiento Urbano del Gobierno Municipal de Beijing, en virtud de su interés en las políticas de planeamiento urbano desarrolladas por el Gobierno de la CABA (GCBA).

Al momento de la elaboración del presente trabajo, el 2007 ha contado con la visita oficial de una Delegación de la Municipalidad de Beijing, encabezada por el Director del Departamento de Construcción de Proyectos Sociales del Bureau de Asuntos Civiles de la Municipalidad de Beijing, Li Shixiu.

El objeto de esta visita fue el intercambio de experiencias de ambas ciudades en materia de Descentralización y Desarrollo Social, en especial los programas del GCBA dirigidos a las personas de Tercera Edad.[29]

En síntesis....

Sin perder de vista el marco de comprensión que proveen los primeros párrafos del presente trabajo - al determinar aquellos elementos sistémicos e internos que catalizaron la versión contemporánea de la emergencia de las unidades subnacionales en la escena internacional -, no deben desestimarse los nuevos elementos del orden internacional y nacional que operan en favor de la irrupción de la CABA como actor internacional, y que se vinculan a las particularidades de este estudio de caso, como ser, el fenómeno de la “Ciudad-Global”, el impacto in situ del modelo productivo argentino de los noventa y el mayor margen de autonomía concedido a la Ciudad de Buenos Aires a partir del reconocimiento de su autonomía en el marco del artículo 129 de la Constitución Nacional de 1994.

En estas características propias del caso CABA, donde se entrecruzan dinámicas distintas y no necesariamente excluyentes, radica la riqueza y la importancia de su estudio.

Tanto los factores endógenos y exógenos desarrollados, confluyeron en el reconocimiento fáctico y jurídico de la necesidad de proyección de la CABA en el espacio globalizado del “archipiélago megalopolitano mundial”. La Constitución de la Ciudad, sancionada en 1996, recoge esta necesidad bajo la forma de una nueva competencia: la gestión internacional.

Puede resumirse que la elección de la modalidad de relacionamiento bilateral, sea por medio de acuerdos de cooperación, actas de intención o hermanamientos, está asociada a diversos factores: las tendencias de la coyuntura internacional del momento, la voluntad política del máximo representante del gobierno de la Ciudad y los instrumentos de vinculación contemplados en el modelo de gestión internacional diseñado (generalmente en relación con las prácticas en uso en la coyuntura internacional del momento), entre otros.

Los Acuerdos de Hermanamiento y el Memorando de Cooperación e Intercambio suscriptos entre la CABA y Beijing, son un claro reflejo de estas dinámicas.

Indudablemente, además de encontrar los mecanismos que activen con resultados efectivos las agendas establecidas en estos acuerdos, el verdadero desafío que se presenta en esta relación entre la Ciudad de Buenos Aires y Beijing consiste en saber aprovechar y explotar las oportunidades que se suscitan de esta vinculación bilateral - en el marco de una coyuntura internacional favorable a la interacción entre unidades subnacionales-, y transformar debilidades, tales como el bajo nivel de conocimiento recíproco de sus ciudadanías, en fortalezas perdurables en el tiempo.


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Páginas Web

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[1] Se dice “algunos procesos” ya que se tiene en cuenta la existencia de otras dinámicas distintas a las desarrolladas en las líneas siguientes, y tendientes a la multiplicación de fragmentaciones antes que a la integración. No obstante esto, y a efectos del presente trabajo de investigación, quedaran fuera de análisis. “Un mundo con edades diferentes: la de la globalización para algunos; la edad de las rivalidades étnicas, tribales o interestatales para otros. Un mundo mas unido y al mismo tiempo un escenario de la crisis y multiplicación de Estados Nacionales” FLORIA, C; GARCIA BELSUNCE, C; “Historia de los Argentinos”, Editorial Larousse, Buenos Aires, 2001. Pág. 1030

[2] Entre las causas que facilitaron la decadencia del sistema bipolar, en su obra “El Orden Mundial del Siglo XXI”, Dallanegra Pedraza detecta: 1) declaración de  inconvertibilidad del dólar en oro por parte de Nixon (1971), poniendo en tela de juicio los Acuerdos de Bretton Woods del ´44; 2) el impacto provocado por la crisis de la OPEP del ´73 y el segundo impacto del ´79; 3) el inicio del desplazamiento del eje económico hacia la región del Pacífico –Japón y los NIC´s asiáticos; 4) la crisis de la deuda del ´82 a partir de la cual las transnacionales, especialmente financieras, irrumpirían en el escenario internacional como actores relevantes; 5) recalentamiento de las economías de una y otra superpotencia (por el desarrollo de tecnología, producción de armamentos y carrera espacial), profundizada con la 2da. Guerra Fría de fines de los ´70; 6) la Perestroika y Glasnot. DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “El Orden Mundial del Siglo XXI”, Ediciones de la Universidad, Buenos Aires, 1998. Págs. 28 y 29.

[3] HELD, David; “La democracia y el orden global. Del Estado Moderno al gobierno cosmopolita”, Editorial Paidós, España, 1997. Pág. 138. 

[4] DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Ob. Cit. Pág. 28

[5] Se entiende por actores subnacionales a aquellas instancias socio-territoriales de un país menores al Estado–Nación (ciudades, regiones, departamentos, estados o provincias). MINA, María Sol. “La Ciudad: de Objeto a Sujeto en la Escena Internacional”, Tesis de la Maestría en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos, Universidad Alberto Hurtado, 2004. Pág. 13.

[6] En DE MARSILIO, Ernesto G; “Relaciones Paradiplomáticas: de la teoría y metodología al estudio de las realidades. Algunos aportes al análisis del caso argentino” Trabajo presentado en el III Congreso de Relaciones Internacionales del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de La Plata (IRI), 23 y 24 de noviembre de 2006. 28 Págs.

[7] En términos de Susan Strange. STRANGE, Susan; “The retreat of the State. The diffusion of power in the world economy”, Cambridge University Press, 1996.

[8] “Una cuestión que debe ser discutida para dilucidar lo que hay de mítico y de real en el proceso de globalización es la del debilitamiento o posible desaparición del Estado-Nación”. RAPOPORT, Mario; Ob. Cit. Pág 80.

[9] BRETON, Gilles; “La Globalización y el Estado: algunos conceptos teóricos”. Citado en RAPOPORT, M. Ob. Cit. Págs. 80 y 81.

[10] COLACRAI, M; ZUBELZU, G; “El creciente protagonismo externo de las provincias argentinas”, Revista La política exterior argentina 1994-1997. Centro de Estudios en Relaciones Internacionales de Rosario. 1998. Págs. 319-334.

[11] Esta condición refiere a la nueva facultad de los actores subnacionales de contraer endeudamiento con los Organismos Internacionales de Crédito bajo la forma de “endeudamiento subnacional” y con el objetivo de dar impulso a programas de desarrollo, financiar inversiones, poner en práctica reformas y actividades de fortalecimiento institucional de sus gobiernos subnacionales. LUCIONI, Luis “Orientación del financiamiento de organismos internacionales a provincias”, Serie Estudios y Perspectivas nº 17, Oficina de la CEPAL en Bs. As., diciembre de 2003. Pág. 10

[12] ZUBELZÚ, Graciela (coord.) “Primer Informe”, Programa Provincias y Relaciones Internacionales. Buenos Aires. Agosto 2004. 54 Págs. Disponible en Web: www.cari1.org

[13] SALVIOLO, Marcelo A. “Provincias y Convenios Internacionales, una propuesta desde el Federalismo de Concertación”  Buenos Aires. Editorial Nuevo Hacer, Grupo Editor Latinoamericano. 2005.

[14] FERRERO, Mariano; “La Glocalización en acción: regionalismo y paradiplomacia en Argentina y el Cono Sur Latinoamericano”. Trabajo presentado en el VII Congreso Nacional de Ciencia Política de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP). 15-18 noviembre de 2005. Disponible en el sitio web de la Revista Electrónica de Estudios Internacionales: www.reei.org 

[15] Krasner define a los regímenes como “los principios, normas, reglas y procedimientos de elaboración de decisiones, implícitos o explícitos, alrededor de los cuales convergen las expectativas de los actores en determinada área temática de las relaciones internacionales”. KRASNER, S; “International Regimes”, 1983. En HELD, Ob. Cit. Pág 138.

[16] En DE MARSILIO, Ernesto G; Ob. Cit.

[17] GALLO YAHN FILHO, A (Coord.); “Gobiernos locales e integración regional”, Módulo II, Curso sobre integración regional, gobiernos locales y sociedad civil. Centro de Estudios de Cultura Contemporánea (CEDEC). Pág 9

[18] En COLACRAI, M; ZUBELZU, G; Ob. Cit.

[19] PREVOT SCHAPIRA, Marie-France. “Buenos Aires en los años ‘90: metropolización y desigualdades.” EURE (Santiago). [online]. dic. 2002, Vol.28, no.85 [citado 05 Marzo 2007], p.31-50. Disponible en la Web:
http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0250-71612002008500003&lng=es&nrm=iso  

[20] SISTERNAS SURÍS, Xavier. “El Modelo Barcelona: Introducción.” VII Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Lisboa, Portugal, 8-11 Oct. 2002.  (citado 06 Marzo 2007) 6 Págs.

[21] PREVOT SCHAPIRA, Marie-France. Ob. Cit. pág.3.

[22] SASSEN, Saskia. The Global City. New York, London, Tokyo, s.l, Princeton University Press. 1991

[23] CUERVO GONZALEZ, Luis Mauricio. “Pensar el territorio: los conceptos de ciudad-global y región en sus orígenes y evolución” Serie Gestión Pública Nº 40, Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social (ILPES)/CEPAL, Dirección de Gestión del Desarrollo Local y Regional. Santiago de Chile, noviembre de 2003. 60 págs.

[24] PREVOT SCHAPIRA, Marie-France. Ob. Cit. pág. 6

[25] MINA, María Sol. Ob. Cit. Pág. 61.

[26] Según las palabras de Marcela Gorosito, ex Directora General de Relaciones Internacionales del GCBA. En REYMUNDEZ, Carolina “Iniciativa de paz: hermandad entre ciudades”, Revista del Diario La Nación, 14 de marzo de 2004. En http://www.lanacion.com.ar/Archivo/Nota.asp?nota_id=580269&aplicación_id=12


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