Revista: CCCSS Contribuciones a las Ciencias Sociales
ISSN: 1988-7833


LA EDUCACIÓN COMO PROCESO DE CULTURIZACIÓN, LIBERTAD Y AUTONOMÍA

Autores e infomación del artículo

Eréndira Romero García *

Policarpo Chacón Ángel**

Instituto de Investigaciones Sociales y Humanas A.C

ribe85@hotmail.com

Resumen:

En este artículo se exponen algunos elementos importantes para comprender el proceso de desarrollo humano desde la apropiación de la cultura; en él se menciona la función que tiene la educación escolarizada; ya que la escuela es, en primer lugar, un sitio que busca que, quienes a ella asisten, se encuentren entre ellos y consigo mismo, en un ambiente de reconocimiento y respeto, para continuar bregando por su libertad y autonomía, que les conduzca en la búsqueda de una felicidad compartida. Asimismo se busca comprender cómo el cientificismo instrumental ha convertido a los exámenes escritos, en poderosos instrumentos para corregir al Hombre y encadenar sus inteligencias solamente a resultados, separados de las condiciones reales de su existencia; también una aproximación antropológica al concepto de lo humano y se plantean algunas rutas que podría ayudar a la educación a luchar por un espacio educativo anunciador de un Mundo mejor.
Palabras clave: Hombre, educación, cultura, libertad, autonomía.

EDUCATION AS A PROCESS OF CULTURIZATION, FREEDOM AND AUTONOMY.

Abstract:
This article   describes  some   important  elements to  comprehend the    human  development   process  since the appropriation   of   culture. Here is  mentioned the  purpose of schooled education; firstly, considering   the   school as a place where   people   can be found among them and  with themselves in a respectful  and   recognition  atmosphere, to continue struggling for   their  freedom  and   autonomy that will lead  them  to pursuit  the   shared   happiness.
It  also seeks  to   understand   how the   instrumental scientism has   made written  examinations into  powerful   instruments to  correct the human being and  thus chain their  minds only to the   results, separated from   their   real-life  conditions. Furthermore  this   article presents  an  anthropological approach to   the  human concept as well  as some  pathways that might be useful  for education  and strive for an  educational  area, announcer of  a better  world.

Key  words: Human being, education, culture, freedom, autonomy

 


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Eréndira Romero García y Policarpo Chacón Ángel (2017): “La Educación como proceso de culturización, libertad y autonomía”, Revista Contribuciones a las Ciencias Sociales, (julio-septiembre 2017). En línea:
http://www.eumed.net/rev/cccss/2017/03/educacion-culturizacion.html

http://hdl.handle.net/20.500.11763/cccss1703educacion-culturizacion


 

  1. Introducción.

No es concebible el desarrollo humano sin considerar el papel de la educación, pues, a lo largo de la historia de la Humanidad, se ha demostrado el papel fundamental que ella ha tenido en la formación humana; si bien, la educación siempre depende de cada época por la que ha transitado la Humanidad, esta última ha sido la promotora de muchos cambios económicos, políticos y sociales que, aunque, en muchos de los casos, esos cambios han estado a la saga de los procesos transformadores desarrollados en otras partes del Mundo, no obstante, las revoluciones científicas, sociales y culturales han impactado en los sistemas educativos sorpresivamente, sin que éstos estén preparados y sin que se previeran las transformaciones que se presentaron.

 

En este sentido, el presente artículo tiene la intención de explicar la función de la educación, para superar la visión instrumental que de ella se tiene y entenderla como un proceso de construcción de lo humano para encontrar las rutas que permitan a los sujetos apropiarse de sus responsabilidades, tanto de manera individual como de forma colectiva.

Por tanto, es importante considerar que, aunque el enfático carácter instrumental del proceso educativo actual, a lo largo del Siglo pasado e inicio del Nuevo, ha recibido serias y contundentes críticas, aún permanece vivo y muy saludable entre las paredes de las aulas.

Actualmente, a pesar de las propuestas pedagógicas distintas a esta visión instrumental, como la Pedagogía Crítica que representa uno de los ejemplos en los que la educación se ha adelantado por mucho a la sociedad, muy poco ha impactado en la transformación de ésta, porque dentro de las sociedades competitivas como las Latinoamericanas, se sigue gestando un modo de escolarización que pretende la formación de un Hombre totalmente encontrado con estas realidades, ya que sólo se busca la formación de un sujeto solidario, altruista y altivo que, más que satisfacciones personales, busque la felicidad compartida.

En este contexto, una de las preguntas centrales es ¿cómo la educación podría trabajar para educar a un sujeto crítico, cuya consciencia sea fuente de libertad y autonomía para él y para los demás? por esta razón, en el presente artículo se hace una aproximación a esta interrogante.

 

  1. El Hombre como ser humano.

El Hombre nace como ser natural, pero no nace Hombre, se tiene que hacer Hombre, es decir, se tiene que formar como Hombre y sólo será un verdadero Hombre hasta que haya aprendido a formarse como Hombre, pero ¿cómo formarse como Hombre?, el Hombre se forma Hombre a través del conocimientode las cosas que le provienen de la experiencia, si se quiere conocer algo tiene que aprenderse. Dice Villalpando que nadie puede creer que es un verdadero Hombre a no ser que haya aprendido a formar su Hombre; es decir, que esté apto para todas aquellas cosas que le hacen Hombre. El hombre, continúa diciendo Villalpando, es a propósito para el trabajo en cuanto a su cuerpo, pero vemos que al nacer sólo hay en él una simple aptitud y, poco a poco, ha de ser enseñado a sentarse, a tenerse en pie, a andar y a mover las manos para servirse de ellas. (Villalpando, 1981: 20-21).

Kant señala que la esencia humana se desarrolla y llega a su plenitud a través de la educación; según él, el Hombre es la única criatura que puede ser educada. El Hombre, al nacer, es un ser natural, pero no humano, se humaniza por medio de la educación; el Hombre nace potencialmente humano. “Únicamente por la educación el hombre puede llegar a ser hombre. No es, sino lo que la educación le hace ser.” (Kant, 1987: 4).

Otro importante personaje que escribió acerca de la importancia que tiene la educación en la formación de los sujetos fue Comenio, quien propuso transformar la enseñanza para alcanzar un ideal de sociedad con base en la formación del Hombre, no como ser particular, sino como deber ser, o sea, como ser humano; al respecto dice: a la juventud, “…que se le prepare para adquirir un conocimiento verdadero y sólido, no falso y superficial; es decir, que el animal racional, el hombre, se guíe por su propia razón, no por la ajena; no se limite únicamente a leer y aprender en los libros pareceres y consideraciones ajenos de las cosas, o a retenerlas en la memoria y recitarlas, sino que sea capaz de penetrar hasta la médula de las cosas y conocer de ellas su verdadera significación y empleo." (Comenio, 2000: 41).    

No menos importante es el pensamiento de Rousseau, para quien la infancia constituyó el centro de la educación y estableció que “...el niño vive en un mundo propio que es necesario comprender; para educar, el educador debe hacerse educando de su educando; el niño nace bueno, el adulto, con su falsa concepción de la vida, es quien lo pervierte.”(Gadotti, 2000: 82).

Para Rousseau, la naturaleza del niño es importante y, por tanto, a la naturaleza se le debiera considerar para educar, no para instruir. Él sostuvo que la Naturaleza debe florecer en el niño y que a ésta no se le debe reprimir ni modelar, esto significa que debe propiciarse que la naturaleza del niño se desarrolle en él, sin ninguna intervención humana ajena; en estos principios Rousseau basó su obra titulada Emilio o de la educación.  

 

Para los griegos, mente sana en cuerpo sano, más que un imperativo para gozar de salud y de larga vida, es una ley que tiene que considerarse en tanto gravita permanentemente sobre el individuo, garantizando el cumplimiento de las funciones biológicas, sociales y psicológicas.

Por otra parte, es bien conocido y aceptado que el ser humano se constituye en unidad dialéctica entre lo biológico, lo psicológico y lo social. Esta unidad dialéctica es la que constituye su personalidad, es decir, la personalidad no es más que la integración de los factores biológicos, psíquicos y sociales que se relacionan con el medio en el que se desarrolla el sujeto y se manifiestan a través de sus acciones. Si bien lo biológico puede ser considerado como un punto de partida, este proceso biológico es impactado permanentemente por los procesos psicológicos y sociales.

Por ejemplo, un niño hambriento o en estado permanente de agotamiento no desarrolla de igual manera su condición psicológica que uno con estas necesidades satisfechas. En la escuela, un niño o un joven en estado de ira o aburrido, no sólo es incapacitado para el buen aprendizaje, sino que es, además, un cuerpo en condiciones de funcionamiento biológico anómalo para la vida escolar.

Por lo anteriormente expuesto, puede decirse que, la mirada de un buen profesor no es concentrarse solamente en el aspecto cognitivo, sino también en los estados emotivos de los estudiantes, así como en la satisfacción biológica de las necesidades más importantes para el aprendizaje. Todos estos aspectos que se mencionan son condiciones reales de la vida de los estudiantes. Un alumno abrumado en su vida, por las duras condiciones que impone la pobreza, será siempre un aprendiz en condiciones de desventaja. Por esta razón, es importante partir de la realidad de vida de los sujetos, para entender las complejidades psicológicas de los estudiantes en general y de sus procesos de aprendizaje en particular, pues estas premisas constituyen el punto de partida del  aprendizaje. “Si las emociones definen el espacio de acciones posibles de realizar, entonces las emociones constituyen el aspecto de mayor relevancia para facilitar los aprendizajes en educación: emociones positivas o gratas permitirán la realización de acciones favorables para el aprendizaje, emociones negativas o no gratas no lo permitirán.”(Ibáñez, 2002: s/p).
 

  1. El Hombre como ser social.

La condición biológica del Hombre le da la esencia de ser natural, pero su condición de Hombre no termina en tanto no se desarrolle socialmente; por tanto, su relación con lo social es tal que él, al crear vida social, crea su propia vida individual. No puede existir individuo sin sociedad, ni sociedad sin individuos, tampoco un ser socializado puede estar sólo. Lo humano en el homo sapiens se funda en la apropiación de la cultura, esto significa que el Hombre crea la cultura y la cultura crea al Hombre. Estar sólo en el sentido absoluto y profundo del término es imposible para el Hombre culturizado, porque él, al culturizarse, se complementa de los otros Hombres. Por otra parte puede decirse que, “…el dominio histórico cultural lo juegan la aparición de las herramientas psicológicas: los signos. En la filogenia, la fuerza que interviene es el principio de selección natural, en la dimensión cultural la fuerza explicativa recae en la aparición de los instrumentos de mediación.” (Martínez, 1999: 20).

Lo social y lo psicológico se instala en una biología para establecer con ella una especial dinámica de desarrollo que dura toda la vida. Puede decirse que lo social es causa y efecto de lo psicológico y que esto último es causa y efecto de lo social, es decir, entre el individuo y la sociedad no hay límites definidos ni ontogenética ni filogenéticamente.

Al respecto, es importante plantear la siguiente pregunta: ¿Tienen lo social y lo psicológico el mismo peso en el desarrollo de la personalidad?  Porque la personalidad, como dice Allport “…es un sistema contenido en una matriz de sistemas socio-culturales. Es una ‘estructura interior’ encajada en ‘estructuras exteriores’ y en interacción con ellas” (Allport, 1986: 236).

Sin duda alguna, la respuesta varía dependiendo del desarrollo al que esté haciéndose referencia; es decir, si se alude al desarrollo filogenético, tanto lo social como lo psicológico van de la mano; esto significa que ninguno de los dos aspectos se adelanta uno del otro, pues la construcción de símbolos, fuente de la Psicología no se da al margen de la vida social. Dicho de otra manera, la capacidad semiótica depende de la vida en común; por tanto, viviendo aisladamente ningún Hombre habría podido construir un lenguaje, ni tampoco las más rústicas de las herramientas, ya que el lenguaje es una característica distintiva de los seres humanos. Para Piaget, el resultado más evidente de la aparición del lenguaje es el permitir un intercambio y una comunicación permanente entre los individuos. Sin duda, estas relaciones interindividuales están en germen durante la segunda mitad del primer año merced a la imitación, cuyos progresos están íntimamente relacionados con el desarrollo sensorio-motriz. (Piaget, 1991:30).

Sin embargo, si se busca la respuesta a esta interrogante, desde el punto de vista ontogenético, se reconoce la impronta de lo social sobre lo psicológico, al menos en las primeras etapas de la vida, dado que, al nacer, un individuo, la sociedad ya está establecida y es, precisamente, en el sistema de relaciones sociales donde su condición psicológica comienza a fundarse. Siguiendo a Martínez (1999) coincidimos con él en cuanto que el plano de la ontogénesis se relaciona con los estudios que tratan sobre la evolución de los procesos de un individuo en particular y las fuerzas del desarrollo que lo afectan. Es decir, las líneas natural y cultural. Por otro lado, de acuerdo con el mismo Martínez, la dimensión ontogenética se caracteriza por el concurso y la operación de más de una fuerza del desarrollo, es decir, se orienta entre las líneas natural y cultural.” (Martínez, 1999:21). Asimismo, es reconocido que la consciencia de la identidad es un producto tardío en el desarrollo del niño, lo que hace que en los primeros años de su existencia, éste carece de capacidad de ver el Mundo que admiran los hombres de mayor edad.  

Los niños necesitan ayuda de otros sujetos, no se les puede dejar totalmente a su merced, porque su desarrollo humano se afectaría severamente o, inclusive, estaría imposibilitado. En términos de Vogotsky cuando se refiere al aspecto cognitivo, a esta ayuda le llama Zona de Desarrollo Próximo, entendida como ésta la distancia entre el nivel real de desarrollo, determinado por la capacidad de resolver independientemente un problema y el nivel de desarrollo potencial, determinado a través de la resolución de un problema bajo la guía de un adulto o en colaboración con otro compañero más capaz. (Vigotsky, 1979:133).

Si a los niños, se le llena de imperativos sociales, lo personal crecerá enfermo y dependiente; de lo que se trata es de liberar al sujeto según sus posibilidades y sus potencialidades; no obstante, ambos procesos se logran gradualmente, con la ayuda de otros, porque, sin los otros, no puede fundarse la individualidad, es decir, la individualidad no tiene ni la capacidad ni la posibilidad para construir su propia psiquis, pues ésta se construye socialmente, en un sistema de relaciones culturales en las que el individuo crece y se desarrolla.

Por otra parte, puede decirse que, cuando lo social funda lo psicológico, se establece una relación dialéctica, esto significa que lo psicológico queda bajo la influencia de lo social, lo que a su vez se transforma sin regresar jamás a su estado original, porque las vivencias de los sujetos, son internalizadas desde las condiciones psicológicas existentes en ellos, además porque estas últimas juegan un papel activo en el proceso, de manera que, tanto lo social como lo individual participan activamente en la vivencia de los sujetos.

  1. El proceso de culturación.

 

Educar es culturizar, es proporcionarle a los sujetos los elementos indispensables para desarrollar sus potencialidades, es darle el espacio al desarrollo psicológico desde una muy específica matriz social, que está construida en una compleja red de relaciones familiares, comunitarias, escolares e institucionales en general. Cuando se entiende a la educación como proceso socializador y humanizador, entonces puede apreciarse que son muchas y diversas las instituciones e instancias que participan en la culturación de los sujetos.

La educación, en su empeño por ayudar a los alumnos a formar lo humano siempre tiene fines bien definidos; pues ésta es, en primer término, una institución cultural, un resguardo, un promotor y difusor de la cultura humana y, como tal, el Hombre, en este afán, ha creado los instrumentos necesarios para que las instituciones creadas para este fin, promuevan y dignifiquen la vida de las personas.

Dice Delors que el desarrollo del ser humano, que va del nacimiento al fin de la vida, es un proceso dialéctico que comienza por sí mismo y se abre después a las relaciones con los demás. En este sentido, la educación es, ante todo, un viaje interior, cuyas etapas corresponden a las de la maduración constante de la personalidad  y la educación, como medio para alcanzar esa realización es, pues, a la vez, un proceso extremadamente individualizado y una estructuración social interactiva.” (Delors, 1996: 102).

La educación escolarizada tiene lugar en las escuelas, la que a su vez es mediada por los profesores; la educación escolarizada es el proceso social mediante el cual los sujetos se apropian de los conocimientos, de los valores, los hábitos, las actitudes y las creencias que constituyen la cultura básica de una sociedad. Entonces, la educación presupone una cosmovisión que, a su vez, es definida por una determinada cultura y, en ella, se define el ideal de Hombre.

Puede decirse entonces que, educar es tener un objetivo pedagógicamente previsto, sin que esto signifique que la educación deba imponerse sobre la naturaleza animal del homo sapiens, más bien, se considera que, para lograr estos fines, se creen los espacios culturizadores adecuados en los que el sujeto concientice aquellos objetos de la cultura que son válidos y requeridos para el disfrute digno de la vida.

Todo lo que hace al Hombre deviene de un específico modo cultural, que es aprendido e internalizando a través de los valores que, de su estado primitivo lo asciende a lo humano propiamente dicho. Los valores sustituyen a los instintos haciendo que el Hombre actué, no por imperativos naturales, sino según normas sociales.

En toda sociedad, los valores que son incorporados a la consciencia de los sujetos son aquellos que, desde el poder político se consideran válidos para promoverse, fundamentalmente en la escuela básica; en el caso de México son los valores de la clase capitalista los que se difunden en primera instancia, a través de la reproducción de las relaciones sociales. Toda sociedad no puede prescindir de los individuos que la constituyen, especialmente de los profesores de la escuela básica y éstos, a su vez, están formados sobre determinadas relaciones y con una específica concepción del Mundo.

La cultura capitalista tiene como propósito sedimentar las relaciones de producción y dominio, así como el subconsciente de los sujetos, relaciones de producción que están separadas de la vida real de los sujetos que la producen, incluso de la reproducción de la vida para convertirse en un fin en sí mismos. En otras palabras, no se producen mercancías para garantizar la vida de la especie, se producen mercancías para obtener ganancias por parte de los capitalistas, aun cuando ellas pongan en riesgo a la vida misma. El fin de la producción es el lucro y no la satisfacción de las necesidades de los Hombres; de tal modo que el trabajador produce cosas que no son para él, sino para la riqueza que genera.

Hoy en día, la Globalización implica no sólo la multinacionalidad operativa de las empresas, sino también la homogeneidad de los aparatos gubernamentales de las Naciones, la formación de sujetos teleológicamente orientados al consumo y laboralmente versátiles, así como de la estructuración de un aparato educativo mundial constituyente de sujetos requeridos por las empresas nacionales y trasnacionales.
 
El control de la economía mundial se ha concentrado en unos cuantos centros económicos, decidiendo desde ahí el destino de la Humanidad y de las Naciones del Mundo, así también, se trata de un intento de supresión de referentes que impliquen criticidad y colectivismo en la conciencia de los sujetos y del desarrollo del egoísmo, la vanidad y el individualismo. Así lo hace notar María Novo cuando afirma que la escuela, y todo el aparato educativo en general, es un subsistema del más amplio sistema social y ambos necesitan moverse coherentemente con el resto del conjunto organizado. Si, como está sucediendo en nuestras sociedades globalizadas, se avanza cada vez hacia el desmantelamiento de lo público y la privatización de los bienes y servicios. Si se toma, sigue diciendo Novo, incluso, como un objetivo universitario prioritario la preparación para la competitividad es obvio que las claves morales del individualismo y del ‹‹sálvese quien pueda›› estarán en clara confrontación con los ideales de un ciudadano capaz de someter sus intereses particulares a las necesidades, límites y requerimientos del bien colectivo. (Novo, 2002: 374).

Sin embargo, en el capitalismo, lo que es producido socialmente aparece como natural, es por ello que el enriquecimiento desmedido de unos cuantos frente a la abrumadora pobreza de muchos, se aparece como algo lógico, pero desde la propia lógica del capitalismo, ya que, de esta manera, el Hombre, al consumir los productos propuestos por el capitalismo como el camino a la felicidad, al éxito y al placer, termina por consumir su naturaleza humana; dicho de otra manera, el Hombre, al consumir, se consume a sí mismo con un hambre desmedida de poseedor.

Con referencia en lo anterior, puede decirse que la cultura que se transmite en las instituciones escolares está en función de la sociedad que se aspira conservar por el grupo en el poder, pensada desde el sistema capitalista, pensada como un tipo de alumno inteligente, creativo y capaz de generar soluciones eficientes a los problemas de crecimiento económico.

  1. La educación para libertad y la autonomía.

 

Una educación distinta que aspire a una sociedad más justa, humana y equitativa puede ser pensada desde una manera diferente de hacer Pedagogía, una Pedagogía que forme de distinta manera a los estudiantes, sobre todo donde se priorice el pensamiento de los sujetos, es decir, que aprenda a pensar en lugar de repetir y conseguir respuestas en los libros que se ponen a su disposición, o en portales de internet donde obtiene información que sin mayor esfuerzo copian y pegan en la formación de un texto disfrazado de ensayo. Se necesita repensar la función de los profesores para transformar los métodos impositivos, acríticos y memorísticos que anulan toda la capacidad de pensar.

Se necesita de una Pedagogía que forme en los sujetos la felicidad humana, pero no como una conquista personal, sino colectiva; pues ser feliz en medio de la miseria de millones de Hombres no es indicador de madurez emocional, sino de enajenación y alienación. Una Pedagogía que busque, en lugar del éxito individual y la felicidad hedonista, una felicidad del deber cumplido, deber consigo que es el deber de la especie humana, donde se busque la lucha constante por la libertad y la autonomía de todos los Hombres y mujeres de este planeta Tierra.

Los contrastes en una sociedad capitalista, forma sujetos que llevan en sí las carencias contra las que permanentemente tendrá que luchar durante toda su vida. Sin embargo, lo verdaderamente trascendental no es lo que han hecho de los profesores, sino aquello que ellos están dispuestos a hacer de ahora en adelante por los otros; asumiendo con responsabilidad los defectos que el sistema capitalista les inoculó como poderosas fuentes de consciencia y revisar con honestidad el Hombre o mujer en que se convirtieron y poder establecer claras metas para avanzar hacia un Hombre nuevo.

La educación para la libertad y la autonomía necesita de un nuevo profesor, despojado de las formas de dominación, pues éste no sólo educa con lo que sabe, sino con lo que es, porque el saber es sólo una dimensión de lo humano. Por tanto, la educación es relación humana, y en esas relaciones, los Hombres no se dividen sino que se expresan como totalidades culturizadas. Si nos preguntamos ¿Qué cultura predomina en las instituciones escolares? La respuesta es, sin duda alguna, la cultura predominante que tienen los profesores; nadie puede dudar que la cultura hegemónica entra a las escuelas de la mano de los maestros.

Puede decirse que no se educa desde el conocimiento, sino que se educa desde la esencia que cada uno porta. Lo más radical sería avizorar que el profesor no educa desde lo que sabe, sino desde lo que es; quien no ama el saber no puede educar para ello, quien no se constituye en portador de asertividad no puede educar para ello, si no se tiene consciencia no se puede educar para la consciencia. Este último aspecto es básico, porque cuando no se educa para la consciencia, se educa para la no consciencia, es decir, para la alienación y la enajenación.

  1. La educación como proceso de constitución de conciencia.

 

¿Qué es ser consciente? Para tratar de responder a esta pregunta, se necesita comprender que la educación y la consciencia son partes de un mismo proceso dialéctico, porque ambas se dan en el nivel social, es decir, a nivel interpsicológico y también en el nivel de sujeto, hacia dentro de uno mismo o, sea, lo intrapsicológico.

La consciencia depende, en gran medida de la educación; la educación y la consciencia van de la mano, puede decirse que se educa para la consciencia o bien, para la no consciencia. La educación, o reproduce lo existente sin ir más allá, o reproduce y crea superando con esta dimensión creadora, todas las limitaciones de su época.

Actualmente, la educación está cargada de creencias al margen de la consciencia por ejemplo: la creencia en los maestros al margen de sus prácticas; la creencia en las instituciones al margen de sus efectos; la creencia en las leyes al margen de sus injusticias. Nos referimos a la creencia que se constituye en fuente de enajenación, porque el mundo actual está tan alienado, la cual se evidencia en todas las cosas ya mencionadas, y en muchas otras, no conducen a la felicidad que se anhela; pero en este caso será la felicidad aristotélica, ya que como señala el estagirita la felicidad es, pues, la actividad conforme con la virtud, es razonable pensar que ha de serlo conforme con la virtud más alta, la cual será la virtud de la parte mejor del Hombre. Ya sea la inteligencia, ya alguna otra facultad a la que, por naturaleza, se adjudica el mando y la guía y el cobrar noticia de las cosas bellas y divinas. (Aristóteles 1999: 224).

Si bien, la consciencia depende de alguna manera de la comprensión del carácter histórico, la historicidad conduce al sujeto a sentirse en el plano biológico, social y psicológico como heredero de un pasado. Cuando el sujeto entiende su historicidad, se hace responsable de los resultados de sus actos en la conformación de su futuro.

En cambio, cuando el sujeto no sabe o no quiere saber que el mundo pasado y el actual constituye, la más de las veces, expresiones del egoísmo y la lucha del Hombre por alcanzar la felicidad, entonces carece de consciencia, porque no  puede ser normal que un ser humano sea feliz viviendo en su riqueza y rodeado de la miseria más absoluta de otros miles de seres humanos.  Lo humano, lo profundamente humano, se revela siempre contra la miseria de cualquier otro Hombre, lo humano es, esencialmente, solidaridad, bondad y amor.

Lo anterior requiere de un sujeto crítico, que pueda saber, entender, percibir y sentir que las cosas sí pueden cambiar, pensar que este mundo no tiene remedio es ponerse del lado del sistema que ha generado y genera tanta desdicha y dolor, creer que todo seguirá igual es lo que el sistema necesita que los sujetos piensen.

Un sujeto que no produce pensamientos transformadores en su contexto inmediato o que no se forma una actitud transformadora como parte de la cultura escolar, está siendo educado para la creencia y la sumisión; un sujeto que no cree que el Mundo pude cambiarse y que no se prepara para pensar esa posibilidad de cambio, es un sujeto resignado de las circunstancias.

Saramago  considera que, sin idealizar la institución, habría que tender a que el objetivo que lleva en el nombre –la universidad– al menos estuviera presente en las distintas facultades y se expresara, un espíritu abierto que obliga a reflexionar, que capacita para el análisis, implica dominio de los conceptos, información sobre lo que es el Mundo en que vivimos, las distintas sociedades humanas, las contradicciones, la historia que nos ha hecho ser como somos, el pasado colectivo y el presente individual y plural que tenemos que levantar. Así, al final de una carrera universitaria, podremos tener un ingeniero, sí, pero sobre todo un ciudadano consciente de serlo. (Saramago, 2010: 37).

Este actuar al que se hace referencia tiene otras dimensiones muy esenciales, pues no se trata sólo de hacer por hacer. A lo que aquí se hace referencia es al pensar que tiene como resultado indirecto la elevación de la dignidad de las personas; se trata que, quienes aprenden lo utilicen para hacer cosas que le dignifique y que, al mismo tiempo, dignifiquen a otros. Es, en consecuencia, un pensar que implica reflexión desde y para la praxis y desde y para la teoría.

Otra de las importantes dimensiones de este pensar al que se hace referencia está saber ser, en lo esencial, en un saber colectivo, pues no se trata solamente de lo que un sujeto sabe, sino de lo que entre todos saben. Según Saramago, comenta (Ramírez, 2000), no hay duda que la búsqueda incondicional del triunfo personal implica la soledad profunda, esa soledad del agua que no se mueve; puede decirse que el agua inmóvil se pudre, se envenena, se aleja de la vida que es bondad y belleza; el saber que no se preña de belleza y de bondad mata lo humano, escinde la naturaleza del Hombre y lo convierte en lobo del Hombre.

Cuando se piensa en lo anterior, sólo se piensa lo individual, más no puede pensarse que los problemas humanos esenciales siempre son compartidos; no puede dejarse de lado que, en el aislamiento y en la soledad, el sujeto es débil y que sus acciones, como prueba de ello, mueren inmediatamente que se da la espalda. Sólo se logra elevar la vida de los demás de manera efectiva, cuando los sujetos se unen con base a un mismo ideal; si se trabaja en equipo, juntos uno al lado del otro.

Por tanto, ser un sujeto crítico implica saber y sentir que es responsabilidad de los sujetos cambiar las cosas, saber que es un sujeto histórico y, como tal, tiene las posibilidades de transformar la historia, pero sobre todo, comprender que la historia está haciéndose todos los días.

En este sentido, una de las grandes funciones del maestro es lograr que los estudiantes comprendan que este Mundo les pertenece, no como propiedad, que es la manera como han comprendido quienes detentan el poder y el dinero, sino que les pertenece, en tanto sus acciones lo afectan para bien o para mal. Comprender que los sujetos son propietarios en cuanto a responsabilidad de todo el Planeta, partiendo desde su hogar, su comunidad y su escuela.

  1. Conclusiones.

El carácter sociocultural del Hombre constituye un derrotero esperanzador frente a las rutas de enajenación que impone la Globalización. En este sentido, al redefinir a la educación como una potente posibilidad cultural, proveedora de dignidad hacia la vida en general y hacia al ser humano en particular, se tiene que reflexionar acerca de los objetivos de la educación como horizontes que apunten a la creación de espacios de reconstrucción de una cultura distinta de los pensamientos modernistas y economicistas.

No puede perderse de vista que la educación es proceso de desarrollo humano y de apropiación de la cultura, donde la escuela tiene una función importante en la formación humana, pues no es concebible el desarrollo humano sin considerar el papel de la educación; no obstante, aun cuando el carácter instrumental de los procesos educativos actuales, permanece vivo y muy saludable entre las paredes de las aulas.

La tarea de educar es una acción, en primer lugar, ideológica y cultural que trasciende la simple escolarización hacia una verdadera formación humana, es decir, proporcionándole al Hombre el herramental teórico para su transformación; pues ninguna otra práctica intencionada participa de manera tan directa en la conformación de lo humano.

Sin embargo, es importe considerar que, para transformar a la educación, hay que transformar la formación de los maestros, pues en ellos se encarna el poder del acto de educar. Desalinear al educador es una tarea de máxima urgencia, transformar en ellos los métodos escolásticos y las creencias irracionales para dar paso a nuevas maneras de pensar y de hacer.

Referencias bibliográficas:

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Comenio, J. A. (2000). Didáctica Magna. México: Pórrua.
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Saramago, J. (2010), Educación y Universidad, 2010, Madrid, Editorial Complutense.
Vigotsky, (1979). Obras escogidas. Madrid: Visor.
Villalpando, J. M. (1981). Filosofía de la educación. México: Porrúa.

* Eréndira Romero García es Licenciada en Psicología por el Instituto de Estudios Superiores del Golfo de México. Actualmente egresada del Programa de Doctorado en Investigaciones Educativas que se imparte en el Instituto de Investigaciones Sociales y Humanas. Tel. Cel. O19511438833, E-mail: ribe85@hotmail.com

** Policarpo Chacón Ángel, Profesor de enseñanza Superior Tiempo Completo; Jefe del Área de Investigación Educativa de la c, México. Clave: 20DNE0006. Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, México. Línea de Investigación: Teoría pedagógica.


Recibido: 08/07/2017 Aceptado: 31/08/2017 Publicado: Agosto de 2017

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