Revista: CCCSS Contribuciones a las Ciencias Sociales
ISSN: 1988-7833


LA TECNODEPENDENCIA: ¿LIBERTAD O SUJECIÓN?

Autores e infomación del artículo

Oswaldo Xavier Baque Jiménez

Hugo Ernesto Solís Ferrer

Ángel Paulino Arcos Coba

Docentes de la Universidad de Guayaquil, Ecuador

oswaldo.baquej@ug.edu.ec

Resumen:
En este artículo se presenta una reflexión de la dependencia del ser humano a la tecnología mediante su uso no consciente que trae como consecuencia la progresiva fusión del mundo digital con el mundo físico. Se describe los cambios experimentados por la sociedad postmoderna y la visión de los jóvenes centenarios acerca del impacto en sus vidas del progreso tecnológico; cambios que abrió la posibilidad histórica de un progreso sin límites. Para los autores la adopción de nuevas tecnologías sin debatir los impactos éticos, políticos y económicos, permiten una evolución-involución a una sociedad del ser humano autómata. Para el despliegue de estas aristas temáticas se construye una red de cooperación entre actores, para comprender la problemática de la tecnodependencia. Finalmente, se propone el desafío de interiorizar estos cambios, de permitirse reflexionar acerca de la posibilidad de independencia para abandonar la obsesión del tener por tener o del hacer por hacer, características actuales de la sociedad y centrar nuestra atención en el ser, en sentir la experiencia de la vida en “presencia plena” con el uso responsable y consciente de la tecnología.
Palabras Clave: Tecnología, dependencia, tecnodependencia.

Abstract:
This article presents a reflection of human dependence on technology is presented by using it not aware that results in the progressive fusion of the digital world with the physical world. the changes in postmodern society and vision of young centenarians about the impact on their lives of technological progress is described; historical changes that opened the possibility of unlimited progress. For authors adopting new technologies without debate the ethical, political and economic impacts, allow an evolution-involution to a society of the human automaton. For the deployment of these issues edges a network of cooperation between actors is constructed to understand the problems of tecnodependencia. Finally, the challenge of internalizing these changes, to afford reflect on the possibility of independence to abandon the obsession of having to have or to do, current characteristics of society and focus our attention on being, to feel is proposed experience of life in "full presence" with the responsible and conscious use of technology.
Keywords: Technology, dependency, tecnodependencia.



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Oswaldo Xavier Baque Jiménez, Hugo Ernesto Solís Ferrer y Ángel Paulino Arcos Coba (2016): “La Tecnodependencia: ¿Libertad o Sujeción?”, Revista Contribuciones a las Ciencias Sociales, (julio-septiembre 2016). En línea:
http://www.eumed.net/rev/cccss/2016/03/tecnodependencia.html

http://hdl.handle.net/20.500.11763/CCCSS-2016-03-tecnodependencia


I. INTRODUCCIÓN

Hace aproximadamente 2.5 millones de años aparece en el planeta el género “homo”, el hombre en su forma primitiva, el cual fue evolucionando desde aquel homínido que caminaba sobre las cuatro extremidades hasta alcanzar la posición erecta hace millón y medio de años e iniciándose un largo proceso de diferenciación de la especie.

Según Roel (1998), a lo largo de la historia de la humanidad se han producido tres revoluciones que modificaron los patrones de la organización social. Las primeras dos revoluciones se caracterizaron por la manufactura textil, la máquina metalúrgica, la energía por vapor, la organización de las industrias a partir de líneas de montaje, y otros descubrimientos tecnológicos que fueron el eje motor en los siglos XVIII y XIX.
En 1961, dos ingenieros eléctricos estadounidenses, Jack Kilby y Robert Noyce, descubrieron el circuito integrado o (chip) de silicio que condujo a la revolución de la alta tecnología, denominada por Roel como la tercera revolución industrial o la revolución científica tecnológica, caracterizada por el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación.

En esta tercera revolución, en cuyo vertiginoso desarrollo nos encontramos, y que al igual que las dos anteriores ha permitido un cambio total en todas las facetas de la vida diaria. Esta época de la tecnología digital está cambiando abruptamente nuestra forma de vivir y comunicarnos La exposición diaria a la alta tecnología como computadores, teléfonos inteligentes, videojuegos, redes sociales, gagdets o artefactos electrónicos, según Small y Vorgan, estimulan la alteración de los caminos neuronales y la activación de los neurotransmisores. Es decir la actual revolución tecnológica, según las ideas de Darwin, nos estaría evolucionando/involucionando nuestro ser. Además de influir en cómo pensamos, nos está cambiando la forma de sentir y comportarnos, en pocas palabras en la forma de operar en el mundo.

Si bien el objetivo del artículo no es adoptar una postura antiprogresista o anti-tecnológica, ni menos profundizar en el fenómeno “tecnología” dado que esto implicaría abordar enfoques políticos, sociales, filosóficos, etc. se pretende interpelar al lector a cuestionarse, a hacer consciente el uso de la artefactualidad tecnológica y como ésta nos está produciendo una especie de adicción o dependencia. Cuando pensamos en la adicción o dependencia, por lo general la asociamos con el consumo de alcohol o drogas. Sin embargo, los mismos caminos neuronales del cerebro que refuerzan esta dependencia pueden conducir a conductas tecnológicas compulsivas igual de adictivas y potencialmente destructivas (Small y Vorgan, 2009).
Pero esta adicción ¿a quiénes afecta? En palabras de Prensky, tanto a nativos digitales como a los inmigrantes digitales. Los nativos digitales son los jóvenes que al día de hoy tienen entre diez y veinte años, y quienes no han conocido un mundo sin computadoras, sin teléfonos celulares, sin internet; mientras que los inmigrantes son aquellos que crecieron en una época menos tecnofrenética, y la actual revolución digital se produjo transcurrido ya sus años de formación.  

Por lo tanto, en este trabajo se propondrá una reflexión crítica sobre la dependencia irracional de los seres humanos a los artefactos tecnológicos en el marco de una sociedad postmoderna. Como todo ser viviente, sistémico y complejo que está expuesto a la influencia de su entorno, las organizaciones se ven afectados por agentes tecnológicos que según la relación con éstos podría atentar contra su salud social. Se considera que una forma de análisis de la problemática de la tecnodependencia a través de la metáfora de cuadro clínico en el paradigma del modelo médico podría ser una perspectiva adecuada para su mejor comprensión.

II. TECNODEPENDENCIA, UNA PATOLOGÍA EMERGENTE

Se puede definir a la tecnodependencia como “el hábito repetitivo y compulsivo difícil de controlar que compromete la salud y vida social de quien la padece, a cantidades específicas de “dosis” o uso de recursos tecnológicos que en estricto rigor no son necesarias para la práctica social o para la vida, la salud o bienestar del ser humano”
Somos tecnodependientes en distintos grados, día y noche, a cualquier hora o minuto del día. Y cuando pasamos por periodos sin uso de algún artefacto tecnológico, nos causa una ansiedad encarnada en nuestra corporalidad como lo contrario nos causa un estado de placer y euforia.

Mientras escribo el presente artículo, gozo con las bondades que me ofrece el procesador de texto, como rápidamente encuentro información a través de mi conexión a internet de 25 megabytes, realizo citas fácilmente con el software Zotero, interactúo con colegas a través de Facebook, Twitter, blackberry Messenger, programo en mi cuenta de Google calendar a través de mi ordenador portátil las actividades para asegurar el término del artículo y éstas se sincronizan en mi tablet el cual llevo todos los días a mis clases de doctorado. Muchos de nosotros en nuestras vacaciones nos ponemos intranquilos si no hay un televisor donde ver noticias u otro programa, o si no hace una llamada con el teléfono móvil, o no se tiene acceso a internet para consultar algo. En lenguaje coloquial se dice “se siente desconectado del mundo”
Según Small y Vorgan, estos sentimientos de euforia, antes incluso de que se produzcan las escenas propias de la adicción, están vinculados a cambios químicos cerebrales que controlan las conductas, que van desde un seductor impulso psicológico hasta la auténtica adicción.
En un estudio reciente de la Kaiser Foundation, se averiguó que las personas de entre ocho y dieciocho años se exponen a ocho horas y media diarias de estimulación digital y visosensorial.

Los investigadores explicaban que la mayor parte de la exposición tecnológica es pasiva, por ejemplo ver la televisión o videos (cuatro horas al día) o escuchar música (una hora y cuarenta minutos), mientras que otra exposición es activa y requiere participación mental como jugar videojuegos (cincuenta minutos al día) o usar el ordenador (una hora).  Y es que en la actual edad digital, llevamos el teléfono inteligente colgado en la cintura, en el bolsillo, en la cartera, auriculares en las orejas. Disponemos a mano de una portátil y con facilidad encontramos conexión Wi-fi a nuestro alrededor. A medida que la tecnología nos permite acaparar más y más trabajo cada día, nos deja la sensación que éste fuese cada día más abundante.

Todo esto es indicativo de que vivimos en un mundo en continua metamorfosis, las ansias de modernidad y las formas de vivir en una sociedad competitiva y dinámica donde la tecnología marca el ritmo del progreso y las pautas de vida; entendiendo como progreso una secuencia lineal en la que la acumulación de bienes marca un estado u otro.  Como menciona (Herreros, 1988) “La vertiginosa aceleración histórica que padecemos hace que el afán de novedades, esa especie de neomanía compulsiva, haya llegado a formar parte del cuadro clínico de la sociedad contemporánea como uno de sus más relevantes síndromes”

III. SÍNTOMAS. SENSACIONES SUBJETIVAS EXPERIMENTADAS EN “LA TECNO-REALIDAD”

Síntoma es un término con origen en el latín symptōma que, a su vez, procede de un vocablo de la lengua griega. El concepto permite nombrar a la señal o indicio de algo que está sucediendo o que va a suceder en el futuro. En el saber médico, es la referencia subjetiva que da un enfermo por la percepción o cambio que reconoce como anómalo, o causado por un estado patológico o enfermedad. El síntoma entonces cobra importancia, dado que se convierte en un aviso de que la salud puede estar amenazada sea por algo psíquico, físico, social o combinación de éstas. Pero ¿Será que el tecnodependiente reconoce algo anómalo en su cotidianeidad producto de la alienación de la artefactualidad tecnológica?

Resulta complejo en nuestro entorno reconocer la dependencia a la artefactualidad  así que propongo, en palabras del físico Hans Christian Ørsted, varios experimentos “gendaken”1   en las que formularemos la “ausencia de…” para evidenciar los síntomas de la tecnodependencia.
Gendaken: La catástrofe de los relojes: “Por un momento imaginemos que todos los relojes e instrumentos de medición del tiempo paulatinamente comienzan a ralentizarse hasta que se detienen”

En los primeros minutos de la mañana que ya no podremos medir, salvo que realicemos un conteo, será una preocupación efímera dado que hay cosas más relevantes en el quehacer del día. Seguiremos ocupados en el estudio, el trabajo, en el hogar, etc., pero transcurre nuestro reloj biológico, nos ataca el hambre, sueño, necesidades fisiológicas y comienza haber una ligera preocupación sobre todo en los lugares como los centros educativos, laborales, etc. Ha transcurrido no más de 45 minutos para un estudiante que está motivado y que atiende atentamente una lectura de física cuántica, pero el oficinista del banco percibe que ha laborado por más de 3 horas… Sigue transcurriendo el tiempo que ya no es cuantificable, y las personas se comienzan a guiar por la luz natural para regresar a los hogares. En la mañana siguiente al no ser despertados por el reloj sino por su cuerpo, existe una desorganización en el inicio de la rutina diaria. Pasan los días de esta manera y comienza una verdadera paranoia. Paralelamente el indígena que desarrollaba sus actividades en el campo y vive su día a día del trabajo armonizado por la naturaleza, no se percató de esta catástrofe mundial.  Si preguntamos cómo se sintió aquella persona que utiliza este instrumento, la respuesta podría ser una ansiedad generalizada caracterizada por la imposibilidad de organizarse.  

El hombre es el animal que mide su tiempo, él usa relojes en la muñeca, en el teléfono celular, está presente en el computador, en las paredes de muchos lugares, en el despertador, en algunas refrigeradoras, cafeteras, en el termostato del acondicionador de aire, en el calentador del agua, como elemento decorativo en las calles de grandes ciudades, en lugares tan recónditos; los hay digitales, análogos, clásicos, de colores, deportivos, grandes, pequeños, unisex, de plástico, de platino, con correas en piel, caros, baratos y exageradamente caros, etc.

Entonces, ¿Qué es el tiempo? ¿Si lo dejo de medir, deja de existir? ¿Qué complicación a la vida humana implicaría la ausencia de instrumentos de medición del tiempo?
No se trata de juzgar al reloj, al tiempo, ni de cuestionar su validez y su practicidad, sino más bien, experimentar la sensación que produce este artefacto.  “La máquina ya ha manipulado a todos, a sus dueños y a sus servidores, haciéndoles vivir bajo los dictámenes del reloj. Un ignorante turista de una tierra sin relojes se preguntaría por qué el mundo moderno rechaza la tiranía de los hombres mientras se somete a la de un ídolo” (De Grazia, 1966).

Gendaken 2: La proliferación del virus informático 5-N-Sión. “Un grupo de crackers extremistas  perteneciente a una red mundial autodenominados –La nueva Sión- quienes anhelan un mundo de unidad, paz y libertad, opuesta a la “Babilonia” sistema opresor de explotación del mundo occidental, liberan un virus que ataca a los principales servidores mundiales”
Es la mañana del 11 del septiembre, y te percatas de que tienes problemas en la cobertura de la señal en tu celular, recibes un mensaje de la compañía telefónica en el que te indican que se encuentran solucionando dicho inconveniente; por lo que como es costumbre lo guardas en tu bolsillo y partes para el trabajo. Una vez en la oficina, te sirves café y procedes a encender tu computador, digitas tu clave y accedes inmediatamente a la intranet de la empresa. De pronto te das cuenta, que no se actualiza tu bandeja de entrada con un correo electrónico esperado para ese día de un cliente importante, tratas de acceder a internet y te carga una página en la que sale un mensaje: “Bienvenido a Sión”, por más que deseas acceder a otras páginas y ejecutando una y otra vez el antivirus, lograr borrar dicho mensaje, pero es algo tarde dado que apareces “Sin conexión”. No pasan ni cinco minutos, y este virus se ha alojado en la memoria RAM, en el BIOS, tu máquina comienza cíclicamente a reiniciarse hasta que no vuelve a encender más. Ha pasado ya algunas horas, y los del departamento de sistemas no logran solucionar el inconveniente. Comienzas a sentir que no puedes trabajar, dado que necesitas el procesador de texto, la hoja de cálculo, el correo electrónico y te inunda un sentimiento profundo de incapacidad. Por otra parte los jóvenes acostumbrados a las redes sociales, comienzan a sentirse desconectados del mundo cuando han interiorizado y confundido el “mundo real-imaginario”. Este virus ha afectado a los principales sistemas de comunicación, y tristemente la gente comienza a percibir vibraciones en sus bolsillos, y luces de los indicadores LED de sus celulares cuando en efecto no los hay… La profesora de filosofía explica a su estudiante que la realidad no es lo que percibe los sentidos sino lo que el cerebro interpreta… por lo que el roce del pantalón-celular o el reflejo de la luz de la pantalla del teléfono a nuestros ojos nos comienzan a traicionar…

Es interesante vivenciar una serie de sentimientos que se alojan en el imaginario de las personas ante la carencia de cierto artefacto tecnológico. El estudiante universitario de ingeniería no puede realizar un cálculo de una división de una fracción propia para un decimal de cola infinita. Las parejas, los padres, novios, las familias comienzan a sentir una enorme preocupación al no poderse comunicar instantáneamente vía celular, y mientras más corta es la distancia que los separa mayor es la intensidad de la preocupación.  El ciberespacio nos ha seducido al punto que ya no distinguimos qué es real, qué es normal. Nos entristece si alguien no publica en nuestros muros de Facebook, o no dan “me gusta” a nuestras publicaciones.

Cada vez tenemos más “amigos” pero menos relaciones sociales vivenciales. Ha cambiado el sentido de qué es lo que nos divierte, revelando en ciertos días algunos episodios depresivos inexplicables, de aislamiento y de inestabilidad emocional.

Se podrían plantear más gendanken’s, pero llegado a este punto es claro la presencia de síntomas de la persona tecnodependiente, al igual que aquel que depende de alguna droga y se siente que controla la situación. Es sólo en la ausencia de ésta que se magnifica el problema real. Entonces los síntomas que podemos resumir son: ansiedad, distintos grados de incapacidad, euforia-depresión, distorsión de relaciones sociales, inestabilidad emocional, entre otros.
El síntoma requiere la búsqueda de sentido del deseo, escondido o no, del dependiente, deseo que esté vinculado con el lenguaje común, con la narrativa de cada lugar y momento histórico. Tan importante es la genealogía de los genes como la genealogía cultural y mítica que se trasmite con el barrio donde se habita, con la familia de la que se desciende.

IV. SIGNOS. MANIFESTACIONES OBJETIVABLES VISTOS DESDE EL PARADIGMA BIOCÉNTRICO

La palabra signo deriva del vocablo latino signum. Se trata de un término que describe a un elemento, fenómeno o acción material que, por convención o naturaleza, sirve para representar o sustituir a otro. Un signo es también aquello que da indicios o señales de una determinada cosa. Continuando con el cuadro clínico de la tecnodependencia y en el paradigma médico, los signos son manifestaciones objetivas consecuente a una enfermedad o alteración de la salud observadas en la exploración médica, y que se hace evidente en la biología del enfermo.

La exploración “médica” se realizará desde el paradigma biocéntrico, entendido este como un mirar y un sentir del ser humano y del mundo que lo integra de manera orgánica con la totalidad del universo, separándose del antropocentrismo hegemónico de la modernidad occidental capitalista.

Según O’Riordan (1977) para los biocentristas, las estructuras sociales consideradas como deseables para la organización humana deben ser buscadas en los ejemplos de la naturaleza; y ello puede lograrse a través de una “bioética” o una “moralidad natural”.

Entonces se somete al tecnodependiente a un examen que evalúe valores como la interacción social, la coevolución, la no discriminación, la cultura de lo vivo, la democracia participativa, el uso de las energías renovables, el cooperativismo, la solidaridad, el encuentro y la vivencia.

Los signos detectados son:

La ilusión de la gran accesibilidad.

Hoy en día los smartphone o teléfonos inteligentes, las tabletas digitales, los videojuegos online, y una serie de artefactos con acceso a la Internet, nos instalan la creencia de una omnipresencia y omnisciencia, cuando lo que sucede es cada vez es más fácil el acceso a la información, mas no necesariamente al procesamiento y discernimiento de la misma. 

La rapidez de conexión transferida a nuestra cotidianeidad.

En la carrera de la acumulación de bienes y visión de progreso lineal  valoramos lo “rápido”, lo “utilitario”. El hombre límite de esta época lo quiere hacer todo, añora hacerlo todo y la vida cotidiana se convierte en una carrera constante. Owe Wikström (2005) en su texto “El elogio de la lentitud” dice que queremos vivir rápido, pero queremos  los frutos de la lentitud, de una vida tranquila, en una extraña paradoja de la condición humana actual. Y es que ¿quién quiere vivir sin internet? ¿o sin nuevas líneas de metro que nos lleven de un punto de la ciudad a otro en pocos minutos? El problema está en que nuestro placer a la velocidad, esta obsesión por hacer cada vez más y más en menos tiempo, ha llegado demasiado lejos. A pesar de que una vida acelerada nos empieza a perjudicar, invocamos la lógica de la acción más rápida ¿te molesta la cantidad de gente en la estación de metro y esperar uno o varios trenes? Toma un taxi. ¿Te demoras en descargar o subir un archivo a la web? Contrata una conexión más rápida a Internet. ¿No tienes tiempo para leer libros? Aprende técnicas de lectura rápida o cómprate audiolibros. ¿La dieta no te está dando resultados? Intenta una liposucción. ¿Demasiado ocupado como para cocinar? Cómprate un microondas y comida precocida. A medida que seguimos acelerando, nuestra relación con el tiempo es cada vez más difícil y disfuncional.

Cualquier manual de medicina te dirá que una obsesión microscópica por el detalle es un clásico síntoma de neurosis.
Es inevitable que una vida apresurada se convierta en superficial. Cuando nos apresuramos, rozamos la superficie y no logramos establecer verdadero contacto con el mundo o las demás personas. Como escribió Milan Kundera en su novela corta La lentitud (1996): Cuando las cosas suceden con tal rapidez, nadie puede estar seguro de nada, de nada en absoluto, ni siquiera de sí mismo.

La sobrevaloración del refuerzo afectivo inmediato e intermitente y sus efectos sobre las emociones-identidad

La revolución de las tecnologías de las comunicaciones nos ha llevado a un estado de atención parcial continua, es decir estamos permanentemente ocupados, siempre atentos a todo pero sin centrarnos nunca de verdad en algo concreto.
Esto ha llegado a la esfera de nuestras relaciones afectivas. Estamos pendientes de nuestras redes sociales, de nuestra bandeja de entrada en el teléfono celular; de algún mensaje, “toque”, “me gusta”, “mención”; algo que nos haga sentir que somos importantes y que nos prestan atención. Conversamos de forma virtual a través de mensajes de texto, controlamos listas activas de cientos de “amigos” en las redes; todo y en cualquier lugar conectado a través de nuestra atención periférica.
En este contexto se dan dos situaciones problema: una distorsión de las emociones-identidad y un agotamiento tecno-cerebral. Cuando en la dinámica relacional y conversacional de las personas, se dan situaciones positivas y/o negativas se suele publicar comentarios en redes sociales. En ese sentido para los distintos observadores de dichas publicaciones son varios los efectos que en ellos produce, al punto que en ocasiones se tiene un delirio de persecución, al tomarse personal algún comentario negativo o si es positivo se intercambian sentimientos con un simple click.

O más grave aún si a través de pequeños programas nos damos cuenta que hemos sido eliminados de alguna red social que compartíamos con nuestros contactos, eso si sería muy pero muy personal. Entonces, el comentar o no comentar, el responder rápido o demorado un correo, el borrar o bloquear contactos, el añadir contactos no apropiados según el otro, etc. permiten fluir una cascada de emociones que configuran una nueva identidad para los tecnodependientes.

Además el estar pendientes de lo anterior mencionado, en un estado de atención parcial continua “on line” es posible que pongamos a nuestro cerebro en un estado de mucho estrés, viviendo con una sensación de crisis constante, atentos a la aparición en cualquier momento, de un contacto nuevo o de alguna noticia o información apasionante. Es una realidad que nutre nuestro ego y el aprecio por nosotros mismos, una realidad que se torna irresistible.

La creciente facilidad de relaciones sociales virtuales y la dificultad de vivenciarlo en la realidad

Una relación social en el ciberespacio implica un contacto diferente, en algunos aspectos, al que se da en un contacto cara a cara. Se construye sobre una nueva concepción de espacio y tiempo, implicando además la idea de que existe un entorno de red propio de la sociedad de la información que posibilita la conexión entre sujetos distantes geográficamente o cercanos que de otra manera por cuestiones de obligaciones y tiempo no pueden concretar reuniones en un lugar físico determinado.

En las relaciones sociales mediados por un ordenador se está ante un universo paralelo, una realidad virtual en la que los sujetos se ven liberados de su corporalidad, concibiéndose a esa virtualidad como la verdadera esencia de su ser. Pero ¿Cuál es el precio o cuál es el riesgo? A medida que dominamos nuevas destrezas tecnológicas y entramos en el mundo de la realidad virtual, nos alejamos de habilidades sociales fundamentales, como por ejemplo leer la expresión facial durante una conversación o captar el contexto sentimental de un gesto sutil.  De acuerdo a un estudio de la Universidad de Stanford se descubrió que, por cada hora que pasamos en el computador, se reduce casi treinta minutos el tiempo que dedicamos a la tradicional interacción directa o cara a cara con otras personas.
La participación de las personas en comunidades virtuales no es del todo negativa, siempre y cuando se parta de instancias organizadas (espacios armonizados y regulados) con objetivos y fundamentos teóricos claros, dado que podría incrementar el capital cultural y político permitiendo participar como protagonistas activos en el ámbito social, pero vale recalcar que nunca sustituirá la presencia corpórea real.

Además se pueden mencionar muchos signos que pueden estar presente en los tecnodependientes, y que se pueden diagnosticar a nivel fisiológico (sedentarismo, cansancio, sueño, desnutrición, fatiga ocular, cefaleas, problemas musculares, agotamiento mental, epilepsia, convulsiones), a nivel psicológico (Depresión, inestabilidad emocional, empobrecimiento afectivo, agresividad, confusión mundo real-imaginario, infantilismo social, inmadurez, fantasía extrema, falta de habilidades de afrontamiento), a nivel psicosocial (aislamiento social, evitación o esquizoide, conflictos familiares, escolares, laborales, incumplimiento de actividades cotidianas, etc.)

V. ETIOLOGÍA. MITOS DE  LA IDEA DE PROGRESO Y CAMBIOS EXPERIMENTADOS EN NUESTRA SOCIEDAD POSTMODERNA.

La palabra etiología refiere en términos generales al estudio sobre las causas de las cosas y de las enfermedades y por esto razón es un término que observa una amplia utilización en los contextos médicos y filosóficos2 .
Establecer una causa directa de la tecnodependencia implicaría operar en una linealidad, por lo que partiré en situar en qué contexto se da y posterior a esto, plantear un conjunto de hipótesis etiológicas que interactúan para que el fenómeno emerja.

El problema de la tecnodependencia al que me refiero en este artículo, lo sitúo en la era de la postmodernidad. Según los posmodernos, lo que creemos ver del mundo es una sucesión de escenarios mostrados por la tecnología y que van quedando rápidamente obsoletos en la medida que el proceso de la técnica acostumbra la mirada a esperar siempre lo que sigue, con la certeza de que será más seductor y que su entretención durará tanto como la técnica tarda en fabricar algo distinto y todavía más fascinante. Lo que queda atrás no tiene valor histórico; no es el proceso que activamente va concibiendo lo nuevo, sino que es algo viejo, anacrónico, desechable.

Bajo esta lógica, el mundo no se “mueve” sin el uso de aparatos tecnológicos, si nos ponemos a pensar miles y miles de años antes no existían tanta artefactualidad, y sin embargo la gente seguía el curso natural de la vida sin verse afectados.

Hay gente que cada vez sale menos de sus hogares, evitan reuniones sociales, se ahorran los costos de viajes, paseos, etc.  si no que se encierran a mirar la vida desde adentro, y ¿por qué? Porque desde dentro de ellas, pueden ser quienes quieren, quienes siempre quisieron ser, pueden cambiar su nombre su sexo, su posición económica etc. Y todo esto con la ayuda del de las tecnologías de la información y comunicación.

Medimos la realidad con lo digital, hasta lo tradicional debe registrarse para que sea real y a esto le agregaría la satisfacción que nos da el ver las fotos de un cumpleaños, de una reunión, de viajes, una biografía por ejemplo, que se convierten en signos obligatorios para lograr que el verdadero acontecimiento perdure en nosotros y no como un recuerdo si no como una carpeta más de fotos en nuestro escritorio.

Creo que aunque no caigamos en la tecno-realidad la mentalidad con la que nacemos y nos criamos en esta era postmoderna es totalmente distinta de lo que era años atrás y esto porque la tecnología de hoy en día ya es parte de la cotidianeidad de la cual nos rodea y nos hace participes.

Como hipótesis etiológicas para que se manifieste dependencia en una persona que interactúa con la tecnología está por ejemplo: necesidad progresiva de accesibilidad, contacto continuo y obsesivo en redes sociales, refuerzos emocionales en la internet y carencia de retroalimentación afectiva real, incremento de “amigos” o contactos en línea, anonimato, gran excitación, disminución momentánea del malestar emocional, escape de las tensiones, sensación percibida de control o dominio de la artefactualidad tecnológica, uso de gagdets como símbolo de aprobación y status social.

La incertidumbre constituye hoy en día una de nuestras características, junto con el reconocimiento responsable de que los modelos de estilo de vida actualmente más extendidos, son insostenibles en un próximo futuro. Debemos, pues, preguntarnos: «Progreso, tecnología, ¿para qué?». La respuesta no puede ser sino: «Con vistas a lograr una vida más digna».

VI. TRATAMIENTO Y PREVENCIÓN. UNA PROPUESTA TECNO-VIVENCIAL

Como se mencionó anteriormente nos encontramos en la era de la tecnología, lo tecnológico hace parte de nuestra cotidianidad y contribuye idealmente a mejorar las condiciones de vida del hombre, aunque lejos de contribuir al “perfeccionamiento” humano, lo tecnológico ayuda pero se deshumaniza; se corre el riesgo de caer en la absolutización, lo que significa una creciente necesidad de una ética en la tecnología que proponga reflexionar y orientar el desarrollo tecnológico y dirigirlo al servicio de la humanidad.

La tecnología se “deshumaniza” no nos deshumaniza, es decir no es la tecnología la que deshumaniza, sino las propias personas a través de la tecnología. Cabe mencionar igual que la tecnología en cierto sentido no es neutra, dado que se produce con fines económicos, políticos, sociales sean claramente definidos o tácitos.

Erich Fromm (1970, p.41) señala en su texto sobre la revolución de la esperanza, dos principios que persigue el desarrollo tecnológico: uno es la máxima de que algo debe hacerse porque resulta posible técnicamente hacerlo y el otro es la máxima eficiencia y rendimiento. Sin embargo, la eficiencia que persigue este desarrollo tecnológico es en sí sólo para el sector dominante económica y políticamente, agravando las condiciones sociales de la mayor parte de la población mundial: los desposeídos.

Y es que el desarrollo no se debe reducir al simple crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre.
En nuestra cultura el bien y la verdad desaparecen frente a lo útil o lo eficaz, las preguntas concretas que cabe hacernos son ¿la tecnología contribuye al desarrollo de la humanidad? ¿El avance de lo tecnológico contribuye a resolver los problemas del mundo contemporáneo?

¿Desarrollo es equivalente al progreso de la humanidad?
Fromm propone para humanizar la sociedad tecnológica realizar una planificación humanista. Al respecto menciona “Las máquinas y las computadoras deberán volverse una parte funcional en un sistema social orientado por la vida y no un cáncer que empieza por hacer estragos y acaba por matar al sistema” (Fromm, 1970). De acuerdo a Langdon Winner (1987, 43), el enigma de nuestros tiempos es que vivimos en un sonambulismo tecnológico a través del proceso de reconstrucción de las condiciones de existencia humana. Al respecto Fromm menciona que las máquinas y computadoras deben volverse medios para los fines determinados por la razón y la voluntad del hombre. Agrega además que “… el conocimiento del hombre, de su naturaleza y de las posibilidades reales de sus manifestaciones debe llegar a ser uno de los datos básicos para toda planificación social” (Fromm, 1970).

La humanización de la tecnología entendida como proyecto humanístico, no es una nueva versión de tecnología ni un movimiento revolucionario moderno, simboliza la reivindicación con la naturaleza y la recuperación del ser social. Con la tecnología se quiere ir más allá del uso y la mecanización del instrumento tecnológico, se quiere rescatar la noción de innovación tecnológica fundamentado en la idea de “Buen vivir”.

El Buen Vivir implica un cuestionamiento sustancial a las ideas contemporáneas de desarrollo y al bienestar “occidental”. Se ampara en la cosmovisión de los pueblos indígenas ancestrales y está comenzando a hacer eco en nuestras sociedades sudamericanas.

Esta propuesta de ninguna manera se niega a la posibilidad para propiciar la modernización de la sociedad, particularmente con la incorporación en la lógica del Buen Vivir de muchos y valiosos avances tecnológicos.

Desde la cosmovisión indígena, el mejoramiento social es una categoría en permanente construcción y reproducción. En ella está en juego la vida misma.

Por esta razón, como propuesta tecno-vivencial se recoge las ideas de Winner, Fromm y la filosofía del Buen Vivir, que nos permita poner en el centro a lo vivo, donde el hombre es el principal responsable del entorno, por lo que se requiere una planificación humanista (no antropocentrista)  que de manera consciente la tecnología nos permita una buena vida.
Impera entonces, la necesidad por el respeto a la dignidad y los derechos de la vida como sustento para el desarrollo tecnológico y la redefinición del concepto de responsabilidad tecnológica.  Se trata de comprender la tecnología en su aspecto humano, ya que lo tecnológico afecta a la humanidad y a todo lo vivo en el sentido profundo de su existencia en el mundo.

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  • Wikstrom, Owe. 2005. El Elogio De La Lentitud. Editorial Norma.
  • Winner, Langdon. 1987. La Ballena y el reactor: una búsqueda de los límites en la era de la alta tecnología. Gedisa.

1 Son situaciones contrafácticas que en una serie finita de pasos producen un resultado de forma totalmente a priori, por lo que, a diferencia de los experimentos "reales", no necesitan ser llevados a cabo más que en el "laboratorio de la mente"

2 Desde Definicion ABC: http://www.definicionabc.com/salud/etiologia.php#ixzz2DAX47Hpx


Recibido: 25/09/2016 Aceptado: 28/09/2016 Publicado: Septiembre de 2016

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