Revista: CCCSS Contribuciones a las Ciencias Sociales
ISSN: 1988-7833


LA DEVALUACIÓN DEL PESO Y DE ENRIQUE PEÑA NIETO: LIBERALIZACIÓN FINANCIERA Y REPRESIÓN SOCIAL

Autores e infomación del artículo

Martín Carlos Ramales Osorio

Jorge Luis Reyes Martínez

UNAM

mramales2000@yahoo.com.mx

Resumen: La política monetaria del Banco de México, en sus vertientes cambiaria y crediticia, no es soberana ni es independiente, está subordinada a la política respectiva de la FED cuando así conviene a los intereses de Washington. La intervención del Banco de México en el mercado de divisas es sumamente arriesgada e irresponsable ya que compromete el bienestar social, en su afán por mantener supuestamente la estabilidad de precios. De decidirse la FED a incrementar sus tasas de interés, las reservas prestadas, que el Banco de México tanto presume como suyas y como del país, se agotarían rápidamente y al instituto central que dirige Agustín Carstens no le quedaría otra más que devaluar. Sí el Banco de México no deja que el peso se deprecie frente al dólar, es porque en realidad el país tiene poco que exportar pero mucho que comprar a sus 45 socios comerciales, contradiciendo el discurso de Enrique Peña Nieto acerca de que exportamos pantallas planas, automóviles y partes para la industria aeroespacial. La renta al capital financiero se mantiene reprimiendo la protesta social.
Palabras clave: Represión, corrupción, devaluación, depreciación, Banco de México, malestar social, capital financiero, política monetaria, tasa de interés.

Abstract: The monetary policy of the Bank of Mexico, in their exchange and credit slope, is not sovereign or independent, is dependent to the respective policy of the Fed when it suits Washington's interests. The intervention of the Bank of Mexico in the foreign exchange market is extremely risky and irresponsible as it compromises the welfare, eager for allegedly maintaining price stability. Fed decide to increase interest rates, borrowed reserves, the Bank of Mexico and boasts both his and as the country rapidly exhausted and the Central Institute Agustin Carstens who directs you otherwise would not only devalue. If the Bank of Mexico does not let the peso depreciate against the dollar, it is because in reality the country has little to export but much to buy its 45 partners, contradicting the discourse of Enrique Peña Nieto on which export flat screens, automobiles and parts for the aerospace industry. Financial capital income remains repressing social protest.
Keywords: Repression, corruption, devaluation, depreciation, Bank of Mexico, social discomfort, financial capital, monetary policy, interest rate.



Para citar este artículo puede uitlizar el siguiente formato:

Martín Carlos Ramales Osorio y Jorge Luis Reyes Martínez (2015): “La devaluación del peso y de Enrique Peña Nieto: liberalización financiera y represión social”, Revista Contribuciones a las Ciencias Sociales, n. 29 (julio-septiembre 2015). En línea: http://www.eumed.net/rev/cccss/2015/03/enrique-pena-nieto.html


1. INTRODUCCIÓN
El presidente Enrique Peña Nieto prometió, cuando era candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), conducir al país hacia mayores niveles de crecimiento, justicia y bienestar social. Con muy poco de lo anterior ha cumplido.
El sistema judicial del país está seriamente cuestionado, tanto a nivel nacional como internacional, por la desaparición forzada de 43 jóvenes de la normal rural de Ayotzinapa (Camacho, Fernando 20/03/2015: www.jornada.unam.mx/2015/03/20/politica/003n1pol), ubicada en el sureño estado de Guerrero, así como por la ejecución extrajudicial (en el ámbito de la violación de derechos humanos) y homicidio calificado (en el ámbito de lo penal) de 22 civiles a manos de efectivos militares en Tlatlaya, Estado de México (Cervantes, Jesusa 19/01/2015: www.proceso.com.mx/?p=393568). Entidad gobernada, por cierto, por el priísta Eruviel Ávila Villegas.
La desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la ejecución extrajudicial de presuntos delincuentes en Tlatlaya por parte de efectivos militares, han sumido al gobierno de Enrique Peña Nieto en una grave crisis de derechos humanos. Tanto a nivel nacional como internacional, se percibe al gobierno peñista como represor y transgresor de derechos humanos básicos y fundamentales de sus conciudadanos.
Por si lo anterior fuera poco, y para fortalecer la percepción nacional e internacional de que el presidente Enrique Peña Nieto es igual que sus antecesores priístas en el cargo, es decir, autoritario, represor y corrupto, en los últimos días y meses la opinión pública mexicana se ha enterado del cese fulminante de la periodista Carmen Aristegui, una de las pocas voces críticas del anquilosado sistema político mexicano, de su espacio de noticias en MVS Radio.
Lo anterior, muy probablemente, porque la periodista Carmen Aristegui dio a conocer en su espacio de noticias acerca de una lujosa mansión, hoy conocida por la opinión pública como La Casa Blanca, propiedad de la esposa del presidente (la actriz de telenovelas de Televisa, Angélica Rivera), cuya adquisición  la Presidencia de la República no ha podido aclarar de manera suficiente y contundente (Aristegui, Noticias 09/11/2014: http://aristeguinoticias.com/0911/mexico/la-casa-blanca-de-enrique-pena-nieto/).
De esa manera, la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la ejecución extrajudicial de 22 civiles a manos del ejército en Tlatlaya, la adquisición poco clara de La Casa Blanca por la esposa del presidente y la adquisición por el secretario de hacienda, Luis Videgaray Caso, de una lujosa mansión en Malinalco, Estado de México, y que tampoco ha aclarado de manera contundente a los mexicanos cómo fue que la adquirió (Aristegui, Noticias 04/02/2015: http://aristeguinoticias.com/0402/mexico/casa-de-videgaray-en-malinalco-con-tasa-de-interes-preferencial-por-parte-de-higa/), han sumido al gobierno de Enrique Peña Nieto en una profunda crisis de credibilidad; o dicho de otra manera, acontecimientos todos ellos que han incidido en una profunda devaluación de la gestión peñista (Ver Figura 1, con datos de Encuesta Cuatrimestral del Periódico Reforma citados por Proceso 26/03/2015: www.proceso.com.mx/?p=399451).
Lo anterior, sin reparar en los acontecimientos más recientes de corrupción y ejecuciones extrajudiciales. Apenas el 11 de abril del año en curso, la Revista Proceso enteraba a la opinión pública nacional acerca de una lujosa mansión del secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, en las Lomas de Chapultepec, ubicada a unos cuantos metros de la controversial Casa Blanca de la familia Peña Rivera. Según la muy bien documentada investigación de la Revista Proceso, tanto Osorio Chong como su subalterno Miranda Nava, subsecretario del mismo ramo y que se está construyendo también una lujosa mansión en la misma zona exclusiva, “recurren a una fórmula ya probada: residencias lujosas, esposas adquirientes y contratistas consentidos que las financian” (Cervantes e Igartúa 11/04/2015: www.proceso.com.mx/?p=400961).
Por si lo anterior fuera poco, el 19 de abril Aristegui Noticias publicaba una investigación de Laura Castellanos sobre los hechos ocurridos en Apatzingán el 6 de enero de 2015; investigación que desmentía al ex comisionado para Michoacán, Alfredo Castillo, acerca de que “los acontecimientos fueron producto de “fuego amigo”. La investigación de Laura Castellanos derrumba la verdad oficial. Reconstruye la masacre cometida por los federales contra civiles que sólo portaban palos como defensa. Los sucesos descritos apuntan a un crimen de lesa humanidad” (Castellanos, Laura 19/04/2015: http://aristeguinoticias.com/1904/mexico/fueron-los-federales/).
Acontecimientos todos ellos que han demeritado significativamente la imagen del titular del Ejecutivo Federal, Enrique Peña Nieto. De esa manera, a la devaluación política del presidente (Ver Figura 1, con datos de Encuesta Cuatrimestral del Periódico Reforma citados por Proceso 26/03/2015: www.proceso.com.mx/?p=399451) le está siguiendo una drástica devaluación del peso frente al dólar; que como decía Adolfo Ruiz Cortines, compañero de sector y de partido de Enrique Peña Nieto, y que ocupó la silla presidencial entre 1952 y 1958, “presidente que devalúa, se devalúa”. O como lo expresa de manera excelente el economista de El Colegio de México Alejandro Nadal:
“La crisis política parecía dominar el escenario nacional. Pero hoy se yergue el espectro de un colapso económico y, como hace 20 años, el epicentro es la devaluación del peso. Hoy como ayer las presiones devaluatorias son una muestra de la bancarrota del modelo económico impuesto por gobiernos entreguistas” (Nadal, Alejandro 17/12/2014: www.jornada.unam.mx/archivo_opinion/autor/front/46/43635).

Es decir, que la profunda devaluación que experimenta la gestión peñista se explica por la ausencia de capacidad y liderazgo para conducir la política interna (seguridad pública, corrupción y libertad de expresión) y la política económica del país (empleo y economía) como para mejorar el bienestar de millones de mexicanos.
En lo que sigue, nos ocupamos del comportamiento de la economía durante los ocho primeros trimestres de la gestión peñista, y de las causas de la reciente devaluación del peso frente al dólar.
2. EL CRECIMIENTO ECONÓMICO
En días recientes, el gobernador-gerente del Banco de México, el Chicago Boy Agustín Carstens, ha expresado sus pronósticos de crecimiento de la economía mexicana para el año que recién comienza, mismos que no son precisamente muy optimistas, toda vez que el Sistema de la Reserva Federal (banco central) de los Estados Unidos contempla incrementar las tasas de interés de referencia para liberar presiones sobre la tasa de inflación.
Los temores, y bien fundamentados por cierto, de la junta de gobierno del Banco de México, “es que un eventual movimiento en las tasas de interés en Estados Unidos podrían tener repercusiones sobre el tipo de cambio, las expectativas de inflación y, por ello, sobre la dinámica de precios en México” (González, Roberto 26/03/2015: www.jornada.unam.mx/ultimas/2015/03/26/advierte-bdem-debil-desempeno-de-la-actividad-economica-5325.html); y debió añadir: “… Y también sobre el nivel de la actividad económica del país”.
Lo anterior, ya que un incremento en las tasas de interés que decida el Sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos, provocará en aquel país un incremento del ahorro y de la inversión financiera; en detrimento del gasto en consumo de las familias y de la inversión productiva de las empresas, que se traducirán en menor inflación (precisamente lo que busca el Sistema de la Reserva Federal) pero al costo de un menor nivel de actividad económica (o de una menor tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto de los Estados Unidos).
Lo anterior es de suma importancia, toda vez que el principal mercado de exportación de las empresas mexicanas es precisamente el mercado de los Estados Unidos; así que sí el incremento en las tasas de interés que decida el Sistema de la Reserva Federal reduce los niveles de consumo y de inversiones productivas, las empresas mexicanas estarían exportando menos al mercado de los Estados Unidos, lo que se traduciría, a su vez, en menor crecimiento de la economía mexicana, ya que las exportaciones son un importante componente de la demanda agregada y los Estados Unidos los principales compradores de productos de exportación tanto de empresas mexicanas como de empresas extranjeras asentadas en México.
Lo anterior se podría ver reforzado si la junta de gobierno del Banco de México decide también incrementar las tasas de interés de referencia, en concordancia con la postura alcista del Sistema de la Reserva Federal (González, Roberto 26/03/2015: www.jornada.unam.mx/ultimas/2015/03/26/advierte-bdem-debil-desempeno-de-la-actividad-economica-5325.html). Lo anterior, para evitar una salida masiva de capitales especulativos del país (mismos que en términos de la balanza de pagos se conocen como Inversión Extranjera de Cartera, IEC) que podría provocar una depreciación (o devaluación) del peso frente al dólar, poniendo en riesgo los objetivos de inflación del instituto central que dirige Agustín Carstens.
De manera tal que si se combinan menores exportaciones de México hacia los Estados Unidos (por el incremento en las tasas de interés de referencia que decida el Sistema de la Reserva Federal, y que deprimiría el nivel de actividad económica de aquel país) con un incremento en las tasas de interés domésticas (que decida el Banco de México para evitar una salida masiva de IEC que ponga en peligro la estabilidad cambiaria y los objetivos de inflación), la economía mexicana estaría experimentando en este año un incremento bastante escaso del principal indicador del crecimiento económico, el Producto Interno Bruto (PIB).
De ser así, durante la primera mitad del gobierno de Enrique Peña Nieto la economía mexicana estaría mostrando un muy pobre desempeño en términos de crecimiento económico y generación de empleos, elementos indispensables para el mejoramiento del bienestar social.
De manera tal que si el PIB a precios constantes en este año crece al 3 por ciento, según pronósticos del FMI (Morales, Yolanda 15/04/2015: eleconomista.com.mx/finanzas-publicas/2015/04/15/expansion-3-mexico-solida-insuficiente-bm), o al 2.4 por ciento, como lo prevén expertos del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) (Ojeda, Marcela 15/04/2015: www.elfinanciero.com.mx/economia/pib-solo-crecera-un-el-cierre-de-2015-cide.html), durante la primera mitad del actual gobierno la economía mexicana estaría creciendo a duras penas al 1.9 por ciento (bajo el escenario pesimista del CIDE) o al 2.2 por ciento en promedio anual (bajo el escenario “optimista” previsto por el FMI).
Lo anterior, porque durante los cuatro trimestres de 2013, el PIB promedió un crecimiento de 1.4 por ciento, y para los cuatro trimestres de 2014 promedió un incremento de 2.1 por ciento; un desempeño bastante escaso si lo comparamos con el desempeño mostrado por la economía mexicana durante los ocho primeros trimestres del gobierno de Felipe Calderón, cuando el PIB a precios constantes creció en promedio al 2.3 por ciento, versus el 1.7 por ciento en promedio durante los ocho primeros trimestres del actual gobierno (Ver Figura 2, con datos de INEGI 2015: www.inegi.org.mx/sistemas/bie/). Definitivamente, de mal en peor.
Expectativas de crecimiento del CIDE y del FMI que se antojan como muy optimistas, toda vez que la caída en los precios internacionales del petróleo ha obligado al gobierno a recortar el gasto público para este año y el siguiente; con lo que tenemos la conjugación de los siguientes factores que estarían limitando seriamente el crecimiento del PIB para este año:

  1. La desaceleración de la actividad económica en Estados Unidos por el incremento en las tasas de interés que decida el Sistema de la Reserva Federal, y que para México significaría menor actividad exportadora hacia los Estados Unidos.
  2. Sí el Banco de México decide incrementar también las tasas de interés para sostener la paridad cambiaria, se debilitarían todavía más el gasto en consumo de la familias y la inversión productiva de las empresas, impactando negativamente las ventas de las empresas y, por tanto, los niveles de producción y de empleo de la economía mexicana.
  3. La caída en los precios internacionales del petróleo significa en sí misma una disminución de las exportaciones en términos de valor, por lo que limita no solamente el crecimiento económico sino que también presiona al tipo de cambio hacia arriba.
  4. La disminución del gasto público por la caída en los precios internacionales del petróleo.

Con prácticamente todos los componentes de la demanda agregada (exportaciones, consumo privado, inversión productiva y gasto público) cayendo o debilitándose, se antoja como sumamente difícil que para este año el PIB de México crezca al 2.4 por ciento, y mucho menos que alcance el 3 por ciento pronosticado por el FMI.
En el punto que sigue, planteamos que tanto la devaluación del peso como el escaso crecimiento económico previsto para este año, son resultado directo de la manera en que nuestro país se ha insertado en la globalización mundial; globalización mundial que es comandada por un capital financiero bastante especulativo y voraz, que en la búsqueda del más alto rendimiento se prepara para emigrar hacia los Estados Unidos, pero que al irse de México está presionando fuertemente la paridad del peso frente al dólar, así como las exportaciones hacia el vecino del norte, afectando negativamente el crecimiento económico del país.

4. LA RESERVA FEDERAL, EL CAPITAL FINANCIERO Y LA DEVALUACIÓN DEL PESO
El modelo de desarrollo inaugurado el primero de diciembre de 1982 por un grupo de tecnócratas llegados de Harvard, Princeton, Yale, Stanford, Chicago y Massachussets, entre algunas otras universidades norteamericanas, es francamente perverso y en apariencia contradictorio. Veamos por qué.
Según el análisis macroeconómico de economías abiertas, bajo tipo de cambio flexible (esquema cambiario adoptado inmediatamente después de la devaluación de diciembre de 1994) y perfecta movilidad del capital financiero a nivel internacional, una economía como la mexicana se protege perfectamente de choques externos negativos (como el que representa potencialmente un incremento en las tasas de interés en Estados Unidos) y la política monetaria es sumamente efectiva para objetivos de política económica como la estabilidad de precios o la promoción del crecimiento económico.
Veamos, primeramente, de qué manera una economía como la mexicana, que supuestamente viene operando bajo tipo de cambio flexible desde 1995 y que liberalizó su cuenta de capital para captar inversión extranjera de cartera (que no es otra cosa más que inversión especulativa que viene al país atraída por los altos rendimientos que ofrecen tanto los bonos gubernamentales como las acciones empresariales), se protege de choques externos negativos, como un potencial incremento en las tasas de interés en los Estados Unidos que pueda decidir el Sistema de la Reserva Federal (FED).
Sí en estos momentos la FED decidiera incrementar las tasas de interés de referencia para liberar presiones inflacionarias, el proceso de ajuste de la economía norteamericana sería el siguiente: disminuirían la demanda de consumo y de inversión; al disminuir ambos componentes de la demanda agregada, esta última también disminuiría, lo que haría caer las ventas de la empresas; al caer las ventas de las empresas, la renta nacional de los Estados Unidos se vería también disminuida.
¿De qué manera la caída de la renta de los Estados Unidos afecta a la economía mexicana? La respuesta es simple: a través del comercio internacional, toda vez que la mayor parte de los intercambios comerciales (exportaciones e importaciones de mercancías) que realiza México es con los Estados Unidos.
En teoría, se supone que las exportaciones netas (se le denomina de esa manera al saldo de la balanza comercial, que no es otra cosa más que la diferencia aritmética entre el valor de las exportaciones y el valor de las importaciones) depende de las tres variables siguientes: de la renta nacional (a la que podemos llamar también la renta doméstica), de la renta externa (como puede ser la renta nacional de los Estados Unidos, el principal socio comercial de México en el TLCAN) y del tipo de cambio real.
Las exportaciones netas guardan una relación inversa con la renta doméstica, una relación directa con la renta externa y con el tipo de cambio real. Partiendo de estas consideraciones teóricas, sí la renta nacional de los Estados Unidos disminuye, las exportaciones netas de México también disminuirían; al disminuir las exportaciones netas, disminuiría la demanda agregada y, en consecuencia, disminuiría también la renta nacional de México.
Aquí viene lo interesante del asunto, tal como lo expone el esquema modificado ISLM para economías abiertas, mejor conocido como modelo Mundell-Fleming (Sachs y Larraín, 1994: 410-417): sí la renta doméstica disminuye, disminuye la demanda de dinero para motivo transacción; la disminución de esta última hace caer la tasa de interés doméstica hasta ubicarla por debajo de la tasa de interés internacional (a la que podemos denominar también tasa de interés externa).
Sí la tasa de interés doméstica se ubica por debajo de la tasa de interés externa salen capitales especulativos del país (matizados con el nombre de Inversión Extranjera de Cartera, IEC, en términos de la cuenta de capital de la balanza de pagos); al salir capitales especulativos del país, aumenta la demanda de dólares al interior de la economía (porque al irse estos capitales hay que pagarles los rendimientos que ganaron mientras estuvieron invertidos en el sistema financiero del país, así como devolverles los montos originales de capital invertidos tanto en títulos gubernamentales como en acciones de empresas, y todo lo anterior ocurre en términos de divisas internacionales como el dólar).
Bajo un sistema de tipo de cambio absolutamente flexible, en el que se supone que el Banco Central no interviene para nada en el mercado de divisas, y en el que por el contrario el tipo de cambio se determina según las leyes de la oferta y la demanda, la mayor demanda de dólares ocasionada por la salida de capitales especulativos del país, ocasiona un encarecimiento del dólar (o alternativamente, un abaratamiento del peso frente a la divisa norteamericana, que en términos de la jerga de la macroeconomía abierta se denomina depreciación, o bajo tipo de cambio fijo devaluación) (Dornbusch et. al., 2009: 285-287).
Sí el peso se deprecia frente al dólar se abaratan exportaciones y se encarecen importaciones, por lo que aumentan las exportaciones netas (al aumentar las primeras y disminuir las segundas, por obvias razones); al aumentar las exportaciones netas, aumenta la demanda agregada y, en consecuencia, aumentarían los niveles de producción y de empleo de la economía nacional, contrarrestando completamente la disminución de exportaciones originada primeramente por la disminución de la renta nacional de los Estados Unidos, como consecuencia del incremento en las tasas de interés que pudiera decidir la FED. De esa manera, los niveles de producción y de empleo de la economía mexicana se restablecerían por completo. La economía mexicana se protege perfectamente de choques externos negativos, como el que potencialmente le representa un incremento en las tasas de interés en los Estados Unidos.
Aquí salen a relucir las contradicciones del discurso oficial, tanto del Ejecutivo Federal (a través del Secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, el de la lujosa residencia en Malinalco, Estado de México; como a través del mismísimo Peña Nieto) como del Banco de México (a través de su titular, el Chicago Boy Agustín Carstens).
En el contexto anterior, cabe cuestionar lo siguiente: ¿Por qué sí según Peña Nieto “nuestra economía ha evolucionado hacia procesos productivos más sofisticados y de mayor valor agregado”, y si “hoy México produce y exporta manufacturas con tecnología de punta, como lo tenemos en los ejemplos de la producción de pantallas planas, automóviles, e incluso componentes para la sofisticada industria aeroespacial” (Presidencia de la República, 15/01/2015: www.gob.mx/presidencia/prensa/en-solo-dos-anos-8-millones-mas-de-mexicanos-se-incorporaron-al-padron-del-registro-federal-de-contribuyentes-enrique-pena-nieto/), el Banco de México no deja que el peso se deprecie frente al dólar para hacer más competitivas esas manufacturas de alto valor agregado en los mercados internacionales para hacer que nuestra economía crezca a través del comercio exterior?
Sí actualmente “México es una economía abierta, con 10 Tratados de Libre Comercio que le dan acceso preferencial a un mercado de más de mil 100 millones de consumidores en 45 naciones del mundo, y otros dos pendientes de aprobación legislativa con Panamá y con los países integrantes de la Alianza del Pacífico” (Presidencia de la República, 15/01/2015: www.gob.mx/presidencia/prensa/en-solo-dos-anos-8-millones-mas-de-mexicanos-se-incorporaron-al-padron-del-registro-federal-de-contribuyentes-enrique-pena-nieto/), según el discurso oficial, ¿por qué no dejar que los capitales especulativos se retiren del país y aprovechar la consecuente depreciación del peso para exportar más pantallas planas, más automóviles y más componentes para la industria aeroespacial a los 45 socios comerciales de México? Medida que significaría para México crecimiento económico y generación de empleos como condiciones necesarias para abatir los elevados niveles de pobreza que padece actualmente el país
Apenas existe la posibilidad de que la FED decida incrementar las tasas de interés de referencia en los Estados Unidos, el capital financiero (denominado pomposamente Inversión Extranjera de Cartera, IEC), en una especie como de chantaje a la autoridad monetaria del país (léase Banco de México), comenzó a salir en grandes cantidades del país, obligando al Banco de México a vender 52 millones de dólares diariamente a fin de evitar una fuerte depreciación del peso frente al dólar (mecanismo de subasta de dólares que inició el 11 de marzo y que se prolongará, según la Comisión de Cambios del Banco de México, hasta el 29 de septiembre del año en curso). Lo anterior, porque el objetivo único e inamovible del Banco de México es la estabilidad de precios, y para lograrlo le conviene mantener un peso fuertemente sobrevaluado, y de ahí su intervención en el mercado de divisas. Para el economista de El Colegio de México Alejandro Nadal, lo anterior es particularmente claro:
El eje de la política monetaria, crediticia y cambiaria neoliberal siempre es la estabilidad de precios. Para lograr este objetivo se ha optado por mantener el peso mexicano sobrevaluado. El tipo de cambio se convirtió así en el ancla del sistema de precios relativos” (Nadal, Alejandro 17/12/2014: www.jornada.unam.mx/archivo_opinion/autor/front/46/43635).
De esa manera, sale a relucir la primera gran mentira del Banco de México acerca de que la economía mexicana opera bajo tipo de cambio flexible cuando en realidad no es así. Se trata, más bien, de un tipo de cambio de flotación controlada, sucia o administrada, como se le conoce en la jerga de la macroeconomía abierta (Dornbusch et. al., 2009: 285). En adición a su intervención en el mercado de divisas (ante la simple posibilidad de que la FED decida terminar con su política de dinero barato, adoptada sobre todo después de la crisis financiera de 2008-2009), el Banco de México también ha anunciado que de incrementar la FED las tasas de interés de referencia estaría también haciendo lo mismo.
¿De qué se trata en realidad? ¿Es que de verdad el Banco de México considera que la economía mexicana está sobrada de crecimiento y falta de estabilidad de precios como para estar dispuesto a incrementar las tasas de interés domésticas y a estar vendiendo dólares para sostener la paridad cambiaria? Hay que recordar que por lo menos desde la administración de Salinas de Gortari los responsables de la política económica vienen insistiendo en lo mismo: lograr y mantener la estabilidad de precios, que más o menos se ha logrado pero al costo de un estancamiento de la actividad económica que se ha venido reflejando en un incremento del desempleo y de la pobreza en todas sus formas y manifestaciones.
Ante tal situación, ¿no convendría mejor, a fin de aprovechar de manera efectiva los numerosos acuerdos de libre comercio que el país tiene suscritos con muchos países y regiones del mundo, dejar que el peso se deprecie para corregir el déficit en balanza comercial y en cuenta corriente (ya que el país exportaría más e importaría menos), así como para impulsar el crecimiento económico (  que tanta falta le hace al país en estos precisos momentos) como condición necesaria para abatir los elevados niveles de desempleo y de pobreza? ¿Y si esa depreciación se acompañara de una disminución de la tasa de interés doméstica como para incentivar la demanda de consumo y la demanda de inversión (productiva por supuesto) no sería mucho mejor, se reactivaría el mercado interno propiciando crecimiento económico y generación de empleos?
¿Qué acaso instrumentos de política monetaria como el tipo de cambio y la tasa de interés no están diseñados para objetivos de comercio exterior (el primero) y para objetivos de inflación (cuando ésta es muy elevada, que no es precisamente el caso de México en el momento actual) y de crecimiento económico (que tanta falta hace al país, por lo menos desde hace 26 años sino es que más) en el caso del segundo de los instrumentos de política monetaria mencionados? ¿Es correcto, desde el punto de vista técnico y humano, que el Banco de México utilice el tipo de cambio como instrumento de lucha contra la inflación, así como que utilice la tasa de interés como instrumento para regular los flujos de capital especulativo que amenazan con abandonar el país tan pronto la FED se decida a incrementar las tasas de interés de referencia en los Estados Unidos? O como lo expone de manera excelente Alejandro Nadal:
“(…) Sí las autoridades del país receptor quieren desalentar la salida de esos capitales (especulativos), tendrán que aumentar la recompensa que ofrecen, por ejemplo, en sus títulos de deuda. El tipo de cambio deja de ser una variable relevante para corregir el desequilibrio externo, y la tasa de interés se transforma en una especie de herramienta para tratar de regular los flujos de capital. Las distorsiones se multiplican. Si la salida de capitales no se detiene, el tipo de cambio se devalúa, la inflación aumenta y los títulos financieros (denominados en pesos) pierden valor, lo que acelera la salida de capitales hasta caer en un círculo vicioso. Si la salida de capitales se frena porque aumenta la tasa de interés, lo más probable es que la economía crezca menos todavía, lo que agrava el desempleo y el déficit fiscal (menos recaudación)” (Nadal, Alejandro 10/12/2014: www.jornada.unam.mx/archivo_opinion/autor/front/46/43563).
Viendo correctamente las cosas, el tipo de cambio no es un instrumento de lucha contra la inflación ni la tasa de interés es un instrumento para regular los flujos de capital especulativo entre mercados financieros de distintos países. Que el Banco de México utilice uno y otro instrumento para conseguir la estabilidad de precios y retener capitales especulativos es otra cosa.
El proceder del Banco de México más bien genera dudas y suspicacias como las siguientes: ¿En verdad interesa al Banco de México la estabilidad de precios, la preservación del poder adquisitivo del dinero, o más bien su objetivo oculto, no declarado y no explícito de política monetaria, es más bien seguir pagando su renta al capital especulativo transnacional (que en nada contribuye al progreso del país toda vez que no paga un solo peso en impuestos y que no genera un solo puesto de trabajo) al costo de renunciar al crecimiento económico y a la generación de empleos como condiciones necesarias para el  bienestar social? Lo anterior hace exclamar a Alejandro Nadal lo siguiente:
Las autoridades monetarias están haciendo todo lo posible para que el capital rentista tenga su recompensa en el espacio económico mexicano. Con razón Peña Nieto piensa como ejemplo de justicia cotidiana en el caso de un propietario al que no le pagan su renta. Seguro se inspiró en el propietario de títulos financieros al que no le pagan sus intereses. Queda claro que desde Veracruz hasta Ayotzinapa, el gobierno busca mantener el espacio económico mexicano funcionando para el bienestar del rentista” (Nadal, Alejandro 10/12/2014: www.jornada.unam.mx/archivo_opinion/autor/front/46/43563).
De esa manera, queda expuesta la perversidad y la aparente contradicción del modelo de desarrollo inaugurado el primero de diciembre de 1982 y que prevalece, por encima de todo, hasta nuestros días. La política monetaria del Banco de México favorece al capital financiero transnacional en detrimento del bienestar de millones de mexicanos que vienen engrosando las filas del desempleo y la pobreza desde hace aproximadamente 33 años.
La estabilidad de precios, puro pretexto del Banco de México. Su titular, el Chicago Boy Agustín Carstens, un empleado y un ideólogo del capital especulativo transnacional. Las políticas monetarias restrictivas más que detener la inflación hacen más ricos a los dueños del capital financiero transnacional y cada vez más pobres a millones de personas de los sectores populares de las llamadas economías emergentes.
De esa manera, en México el desempleo aumenta, la pobreza en todas sus formas y en todas sus manifestaciones se extiende por doquier. El malestar social aumenta. Diversas organizaciones y colectivos alzan la voz, reclaman al gobierno sensibilidad social, cordura y sensatez: no a un capitalismo desenfrenado y salvaje. Las llamadas reformas estructurales lesionan seriamente el bienestar de obreros, campesinos, profesores, padres de familia, estudiantes, pequeños comerciantes, profesionistas independientes, taxistas, policías y un largo etcétera.
En adición, la política monetaria del Banco de México en nada les beneficia. El malestar social aumenta todavía más. El gobierno de Peña Nieto se hace el sordo. En vez de ofrecer soluciones de fondo recurre a la represión, al encarcelamiento de disidentes y luchadores sociales, y en el extremo de la locura y la insensatez a las desapariciones forzadas de aquellos que se atreven a cuestionarlo. La liberalización financiera se sostiene gracias a la represión social.

5. CONCLUSIONES
A la luz de los acontecimientos, podemos establecer las siguientes consideraciones:
1. La política monetaria del Banco de México, en sus vertientes cambiaria y crediticia, no es soberana ni es independiente, está subordinada a la política respectiva de la FED cuando así conviene a los intereses de Washington. Cuando la FED baja sus tasas de interés, en nuestro país el Banco de México decide mantenerlas altas, beneficiando con esa decisión a especuladores norteamericanos que invierten sus capitales en bonos gubernamentales y en acciones de empresas. Cuando la FED decide, por el contrario, incrementar sus tasas de interés el Banco de México hace exactamente lo mismo, quizás en parte con la intención de cooperar a la desinflación de la economía norteamericana y en parte para compartir con la FED al sostenimiento y manutención de los voraces dueños del capital financiero.
2. La intervención del Banco de México en el mercado de divisas es sumamente arriesgada e irresponsable ya que compromete el bienestar social, en su afán por mantener supuestamente la estabilidad de precios. Sí en un momento determinado la FED decide incrementar sus tasas de interés de referencia, la venta de dólares por parte del Banco de México estaría comprometiendo seriamente el de por sí escaso crecimiento de nuestra economía y, por tanto, el bienestar de millones de mexicanos que apenas si sobreviven con un empleo escasamente remunerado.
3. De decidirse la FED a incrementar sus tasas de interés, las reservas prestadas, que el Banco de México tanto presume como suyas y como del país (son prestadas, ya que el superávit en cuenta de capital es generado por préstamos, inversión extranjera directa e inversión extranjera de cartera, que se registran como pasivos en la mencionada cuenta), se podrían agotar rápidamente y al instituto central que dirige Agustín Carstens no le quedaría otra más que devaluar (con todo lo que una devaluación del peso significa para el país en términos de producción, empleo e inflación).
4. Sí el Banco de México no deja que el peso se deprecie frente al dólar, es porque en realidad el país tiene poco que exportar pero mucho que comprar a sus 45 socios comerciales, contradiciendo el discurso de Enrique Peña Nieto acerca de que exportamos pantallas planas, automóviles y partes para la industria aeroespacial. Manufacturas de alto valor agregado que únicamente son ensambladas y maquiladas en el país debido a los bajos costos de la mano de obra, la principal ventaja competitiva del país. ¿Cómo puede el país producir y exportar ese tipo de manufacturas cuando el gobierno y las empresas privadas, en las que tanto creen los neoliberales, apenas invierten el 0.43% del PIB en investigación y desarrollo según datos del Banco Mundial (Banco Mundial, 2015: http://datos.bancomundial.org/indicador/GB.XPD.RSDV.GD.ZS)?
5. Como corolario de lo anterior, sí el Banco de México deja que el peso se deprecie frente al dólar sobrevendría a la economía mexicana una severa estanflación (estancamiento de la producción y del empleo en un contexto de aceleración de la inflación, tal como sucedió en 1995 como resultado y secuela de la devaluación de diciembre de 1994).
6. En última a instancia, al Banco de México no le queda otra opción más que seguir financiando el déficit comercial y en cuenta corriente con capitales especulativos bastante onerosos para la economía nacional. El costo de tal medida es el estancamiento económico que se traduce en desempleo y en pobreza generando malestar social que el gobierno contiene mediante la represión. Ayotzinapa, Tlatlaya y Apatzingán son muestras claras de que la liberalización financiera se sostiene por medio de la represión.
7. En adición, el gobierno de Peña Nieto recurre a la cancelación de libertades democráticas básicas y fundamentales como la libertad de expresión y la libertad de prensa, tratando de callar a las voces críticas del sistema. Los casos de corrupción en su administración demuestran que en México prevalece la impunidad, sobre todo entre los poderosos, y es a la vez como un pesado impuesto que inhibe el crecimiento económico y que finalmente pagan los contribuyentes.

6. REFERENCIAS
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Aristegui, Noticias (09/11/2014): La casa blanca de Enrique Peña Nieto (investigación especial), disponible en  http://aristeguinoticias.com/0911/mexico/la-casa-blanca-de-enrique-pena-nieto/, consultado el lunes 23 de marzo de 2015.
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Castellanos, Laura (19/04/2015): Fueron los federales, disponible en http://aristeguinoticias.com/1904/mexico/fueron-los-federales/, consultado el viernes 22 de mayo de 2015.
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Sachs, Jeffrey y Felipe Larraín (1994): Macroeconomía en la Economía Global, Prentice Hall, Primera Edición, México 1994.


Recibido: 24/06/2015 Aceptado: 12/08/2015 Publicado: Agosto de 2015

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