Revista: CCCSS Contribuciones a las Ciencias Sociales
ISSN: 1988-7833


LA DIMENSIÓN POLÍTICA DEL DEPORTE EN LA EDAD MODERNA

Autores e infomación del artículo

Francisco Javier Ruiz Durán

Universidad de Extremadura

pacobadajoz@hotmail.com

Resumen: Este artículo pretende mostrar las causas por las que el deporte desarrollado en la sociedad moderna, durante el dominio del Imperio británico, terminó degenerando en una herramienta más de la manipulación política, producida en el siglo XX, por el desarrollo del nacionalismo, el mercantilismo, el consumismo, la conversión del proletariado en las clases medias, la cultura del libre mercado, los diversos tipos de socialismos y las autocracias militares.
Palabras clave: Imperio británico, Padre Arnold, Turner, Ling, Juegos Olímpicos, fútbol,  y socialismo.

Abstract: This article tries to show the reasons for that the sport developed in the modern company, during the domain of the British Empire, ended up by degenerating into one more tool of the political manipulation, produced in the 20th century, for the development of the nationalism, the commercialism, the consumerism, the conversion of the proletariat into the middle classes, the culture of the free market, the diverse types of socialisms and the military autocracies.
Keywords: British Empire, Father Arnold, Turner, Ling, Olympic Games, football and socialism.



Para citar este artículo puede uitlizar el siguiente formato:

Francisco Javier Ruiz Durán (2015): “La dimensión política del deporte en la edad moderna”, Revista Contribuciones a las Ciencias Sociales, n. 28 (abril-junio 2015). En línea: http://www.eumed.net/rev/cccss/2015/02/deporte.html


1. La Edad Industrial.

La primera corriente deportiva desarrollada por los británicos en el siglo XVIII implementaría los deportes modernos como el críquet, el golf, el boxeo, la caza del zorro y las carreras de caballos; y la segunda corriente iniciada en el siglo XIX nos traería el fútbol, el rugby, el atletismo y el tenis, en sus formas contemporáneas. Los deportes modernos comenzaron a fraguarse en el siglo XVIII gracias a la organización de clubs exclusivos, que se articularon en asociaciones más abiertas y universalistas durante el siglo XIX; gracias al auge de la burguesía sobre la aristocracia. Este cambio quedó simbolizado en los internados de las escuelas privadas de las élites que por la idiosincrasia británica, se formaron con una gran independencia con respecto al Estado. Y fue ese alto grado de autonomía relativa el que facilitó la innovación producida en esos internados junto a la gran rivalidad y competitividad que se originó entre ellos; como simboliza la deportivización del fútbol y del rugby como deportes modernos. Así fue como a finales del siglo XIX muchas de las modalidades deportivas inglesas, comenzaron a extenderse por el mundo dando forma a lo que se denominan los Imperios británicos, formal e informal. En este contexto, el rugby inglés fue evolucionando de una manera diferente en Estados Unidos; mientras que en Europa continental existieron resistencias políticas a la difusión de los deportes ingleses como ocurrió en Alemania, donde el poder veía esta concepción deportiva como la enfermedad inglesa –die englische krankheit-; o que en los países borbónicos la actividad deportiva cayó en un estado vegetativo.

Por consiguiente, podemos afirmar, que el deporte moderno se desarrolló en el marco de unas condiciones sociales y políticas a la par que, se moldeó según los cánones de ocio y placer, que usaban las clases altas. Así como, que los universitarios británicos inventaron casi todas las modalidades atléticas que hoy conocemos: salto de longitud, triple salto, carrera de obstáculos y sobre vallas…; al producir una mezcolanza entre los juegos que se practicaban en el medio rural, especialmente el escocés, y las leyendas derivadas del romanticismo, tras el redescubrimiento del mundo grecolatino. En este sentido, todo comenzó cuando en 1066 se produjo la invasión normanda de la aislada Britania, que supuso la imposición del feudalismo normando en aquellas tierras; con ello, Inglaterra tuvo ciudades sin fortificar, un sistema de transporte interregional más abierto y el desarrollo de unas clases aristocráticas dedicadas al trabajo y al comercio. Dichas clases aunque concentraban su herencia en el primogénito, daban a todos sus hijos una educación aristocrática antes de reducirlos al status de burgués. Paralelamente, el aislamiento de las escuelas y universidades rurales provocó que estas, poco a poco, fuesen abriendo sus puertas a los hijos de los comerciantes adinerados lo que terminó provocando la camaradería entre estas clases sociales. Es decir, todo lo contrario a lo que sucedía en la sociedad de la Europa continental. Y aquí radica la clave de bóveda de la diferencia del estilo británico, pues su aristocracia relevada en el poder por la pujante burguesía, constituyó una clase desocupada de propietarios terratenientes, que vivían holgadamente de sus rentas; en un país donde la defensa nacional recaía por un Ejercito profesional compuesto de campesinos pagados por el Estado desde los tiempos de Cromwell. Así, la aristocracia se dedicó a entretenerse, practicando ejercicios caballerescos como la esgrima, la equitación, la hípica o la caza; aunque ya no sirvan como entrenamiento para la guerra. Ahora el deporte era un estilo de vida para la nobleza rural, donde el sportman se identificaría con el gentleman.

Eso sí, Max Weber reseñó, que la burguesía basada en su concepto puritano de la economía, la templanza y la actividad industrial, que marcó el primer periodo burgués, fue en un principio hostil al estilo de vida aristocrático, cuya ociosidad provocó el nacimiento del deporte moderno. Ejemplo de ello fue que en el siglo XVII, los burgueses no enviaban a sus hijos a los colegios frecuentados por la nobleza, donde se empleaba un buen tiempo para el <<esnobismo>> aristocrático; aunque en esos otros colegios, donde sus programas no dejaban tiempo para esas ocupaciones, los mismos profesores lo alentaban participando en los juegos con frecuencia. Así, a finales del siglo XVII, los hijos de los industriales, los comerciantes y de los nuevos ricos, comenzaron a imitar abiertamente el estilo de vida aristocrático que sus padres tanto habían denigrado. De esta forma, la burguesía abandona gradualmente su concepción de vida calvinista –ahorro y sacrifico laboral- para aspirar al status del gentleman. Comenzaba así el acercamiento de la gran burguesía a la vieja aristocracia, que les aporta <<el toque distinguido de las buenas maneras>> y el disfrute del deporte moderno, que antes por moral o pereza habían despreciado. Es decir, en Europa continental se empezaba a caminar por la senda de la interacción de la burguesía y la aristocracia, que los ingleses habían utilizado para desarrollar su Monarquía constitucional; tanto como la progresiva entrada del deporte noble en todas las clases sociales. El concepto de gentleman trajo la desbrutalización de las peleas callejeras, el destierro del duelo, la creación de reglamentos escritos… marcando el camino de estos usos para otros hábitos sociales. Así, una vez que la burguesía aceptó la concepción deportiva de la nobleza, comenzó a aportar “rápidamente sus propios correctivos que reflejan su manera de concebir el mundo, que nace de una atmósfera de lucha, competitividad y el espíritu de sacrificio burgués, haciéndose ver las rápidas pérdidas y ganancias del sistema capitalista” 1.

En esta línea, en el siglo XVI existía un tipo de sirviente denominado footmen, cuyo trabajo consistía en correr en torno de los carruajes para evitar que se ladease peligrosamente o para guiar las caballerías cuando transitaban por caminos en mal estado. Sus señores no tardaron en organizar competiciones para ver quien tenía el footmen más rápido; es más, la compra de un footmen terminó siendo sopesada por las grandes familias tanto como la de sus caballos de carrera. Los cuales recordemos, marcaban y marcan el status de riqueza y poder en todo el mundo. Luego, los gentleman que corrían comenzaron por estandarizar las distancias de dichas carreras. Una de esas rutas sería la que iba de Oxford hasta Londres, sobre ochenta y cinco kilómetros. Gracias a la tecnología del cronómetro, las carreras comenzaron a ser más cortas pues se comenzó a dar más importancia a la velocidad que a la duración. Y todo ello estuvo siempre ligado a las apuestas. Por su parte, “el boxeo moderno también surgió de una extraordinaria solución del liberalismo inglés. Este deporte, tal como llegó a formalizarse en Inglaterra, con su ceremonial, sus reglas escritas, los guantes… pesos, árbitros y el sistema de puntuación” 2, nada tenía ya que ver con los combates grecolatinos ni con la lucha a puñetazos de otras épocas. El boxeo moderno evolucionó en la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII por la necesidad de los nobles de protegerse de cualquier contendiente sin miramientos y así, poder satisfacer sus ansias participativas. Asimismo, “<<el boxeo inglés surge como una respuesta más constructiva a la manía europea del duelo>>” 3, por lo que continuó situado entre las actividades propias de los miembros de la nobleza. La clave fue, que la búsqueda de la eficacia en el Gobierno central inglés hizo, que la sociedad puritana-industrial fuese encontrando sustitutos más civilizados de los duelos para limpiar el honor. Dichos combates sin armas comenzaron con el desarrollo de unas normas para evitar, que las clases altas cayesen en las luchas callejeras propias de las clases bajas. En esta época empezaron los combates entre nobles y burgueses. En 1886 con la protección del controvertido marqués de Queensberry, se aplicaron nuevas reglas; estas son, con algunas ligeras modificaciones posteriores, las que están todavía en vigor. “Conan Doyle, gran amante del deporte, en una de sus novelas, Jim Harrisson, boxeador, describió las pintorescas costumbres pugilísticas de la época”4 .

Recordemos, que muchos de los deportes británicos, como el golf y el críquet, produjeron el acercamiento entre las diversas clases sociales en el siglo XVII; que desde el siglo XVIII gracias al patrocinio deportivo de la aristocracia y la gran burguesía, estos nuevos estilos deportivos comenzaron a penetrar paulatinamente en los campus escolares; y que desde principios del siglo XIX ya eran muchos los nuevos deportes –remo, cross, fútbol, boxeo…- que formaban parte de la vida social de las escuelas públicas preparatorias británicas, que estaban abiertas a los hijos de todos aquellos que pudieran costearlas. Nobles, empresarios o clases medias. Todos los que impulsaban los cambios en las formas de producción y el reparto de las riquezas. No olvidemos, que en la Europa continental, las academias y los liceos burgueses todavía eran pequeños y clasistas. De ahí que muchos teóricos de la educación, como Locke y Rousseau, preconizasen la educación equilibrada en lo físico y lo intelectual que se desarrollaba  en Gran Bretaña. Pero el mérito de los deportes británicos fue haber sabido utilizar, de nuevo, la fuerza del instinto lúdico que siempre despierta en la juventud el espíritu de emulación y competición. Y el primero que inició la reforma teniendo en  cuenta estas observaciones sería el Padre Thonmas Arnold, director del colegio de Rugby desde 1828 a 1842, cuyo programa educativo aprovechaba los valores positivos del deporte. El esfuerzo que del deporte se desprende lo canalizó con reglamentos y límites, para eliminar la brutalidad de la juventud, que tanto reparo les daba a los demás educadores. También, acertadamente, el Pastor Arnold dejó fluir el ejercicio físico entre sus estudiantes bajo su doctrina denominada cristianismo muscular, con la que el Rector de Rugby consiguió que sus jóvenes abandonasen los naipes, el alcohol y el gamberrismo. El Pastor realizó el programa y en 1828 comenzó a elaborar los reglamentos de los juegos que propuso, pero dejándoles los cambios, los métodos de entrenamientos y la dirección de sus asociaciones, a los propios alumnos –y aquí estuvo su gran acierto-; pues así sentó las bases para la formación de los futuros clubes, sobre el pilar de la enseñanza aristocrática que era apelar, en todos los casos, a la razón, la lealtad y la rectitud, inculcándoles la conciencia de su responsabilidad. Además, “el juego excita la emulación, acostumbraba a la sangre fría ante los problemas, a tomar decisiones con rapidez y a ser disciplinado de una manera razonada, o sea, descubrimos en Arnold ciertas dotes de instructor de oficiales imperiales. Una asociación deportiva es una pequeña sociedad, y un equipo de fútbol es un pequeño ejército, dice el señor rector de Rugby”5 .

Igualmente, en una de las obras del Padre Benoit-Joseph Bickel se pueden encontrar, dos referencias a la ligación histórica entre el deporte y la política del Imperio británico. Una de ellas es la opinión de Gladstone sobre los métodos de Arnold, con la educación deportiva entregada a la dirección de los alumnos, que construyó una escuela práctica de la libertad –la piedra angular del Imperio británico-. Y otra donde Bickel afirma, que los héroes de los libros de Kipling sobre la India, los funcionarios del Civil Service, fueron el resultado de la formación deportiva-educativa de los colegios británicos: “la disciplina perfecta, el agudo sentido del honor, la claridad en las renuncias y la disposición al sacrifico personal en aras de la comunidad inglesa y de su clase social eran el resultado de los entrenamientos y las competiciones en los deportes de equipos aristocráticos”6 .

Tal revolución socioeduativa emprendida por el clérigo que dirigía Rugby tuvo muchas resistencias por la concepción educativa de corte moral de la época, tanto como, por los médicos que afirmaban que tanto esfuerzo podía ser imprudente. Pero la ilusión con la que fue recogida por la juventud, el gran papel de las madres británicas que también entendieron la necesidad imperial de la dura disciplina educativa, para desarrollar en sus hijos las cualidades aristocráticas y caballerescas, y los nuevos vientos de la Revolución industrial; barrieron todas las viejas oposiciones. En este contexto, como “el sistema social británico, burgués, puritano y capitalista, se organizó sobre las premisas de la iniciativa privada” 7; el modelo educativo británico se pudo organizar sobre estas premisas, buscando atraer a los jóvenes de buena familia a sus colegios y universidades; propiciando con ello un programa estatal igualitario de educación física y deportes para todas las escuelas del Reino. Así, poco a poco, entre los propios estudiantes y profesores, se fue viendo la práctica de algún deporte como una muestra de alturas de miras y de buen gusto. Por estos motivos, no se tardó en idearse los enfrentamientos entre los diferentes colegios y universidades, que sembraría la semilla para la expansión  y la unificación de los reglamentos por toda la geografía británica. Así, ocho días antes de Pascua comenzó a verse anualmente la competición de remo entre las tripulaciones de los <<ocho>> de Oxford y Cambridge desde 1836; siempre bajo unas premisas muy claras, “el esfuerzo, la disciplina y el entrenamiento […] el respeto al reglamento, el culto a las tradiciones, la generosidad de la que han tenido que dar pruebas en el terreno deportivo; de aquí se deduce que todas estas cualidades deben marcar su existencia, encontrándonos, finalmente, en presencia de un hombre cuya moral es la de un gentleman […] un punto de contacto con la antigua caballería andante”8 . Y llegados a este punto, comprenderemos mejor, que “la estricta disciplina cuasimilitar de los colegios victorianos […] se veía como […] la manifiesta intención de preparar verdaderos gentleman, mandos o cuadros al servicio del rey y de sus instituciones. De ahí la relevancia que el deporte tuvo en la formación del Imperio Británico”9 .

En este ámbito, los métodos y teorías del Pastor Arnold no tardaron en extenderse a otros colegios  permitiendo que en 1855 se celebrase la primera reunión atlética, en la que participaron 17 colegios. De aquí no tardaron en extenderse por todo el Imperio británico en forma de clubes y asociaciones. En las colonias, los oficiales del Ejército británico organizaban encuentros de sus deportes favoritos donde la tropa le servía de jueces o cubrían los puestos vacantes. Así se extendieron los campos de críquet, polo, fútbol, tenis, atletismo… por todo el mundo. Y es en este sentido, donde debemos entender las palabras de Toynbee: “La civilización occidental reconoce en el deporte el paradigma de la superación indefinida y lo transportó como bagaje de expansión <<oceánica>>” 10.

Por su parte, el atletismo fue redescubierto por la Gran Bretaña gracias al movimiento romántico nacionalista, que junto a su reglamentacion con los standares victorianos, sería la base para la cimentación de los Juegos Olímpicos modernos. Eso sí, los ingleses lograron que el individualismo del deporte griego evolucionase hacia el deporte de equipo, gracias a sus campeonatos universitarios e interclubes. Sin olvidarnos, que el primer campeonato entre las universidades de Oxford y Cambridge se celebró en 1864; y que la reglamentación británica, democrática y participativa, también se extendió por el mundo gracias al prestigio del Imperio. Pero la vida moderna exigía la parcelación y participación del tiempo y del espacio de los encuentros deportivos, para obtener beneficios y verificar las hazañas en los estadios. Todo estaba ligado al cambio social del Imperio Británico, derivado de la evolución conjunta del Estado democrático y de la expansión industrial. "La cultura industrial con su necesidad de reglamentarlo todo; el urbanismo naciente bajo los aluviones humanos a las grandes ciudades industriales, urbes que aún son cuna del mejor fútbol inglés (Manchester, Liverpool, Londres), creó la necesidad de acotar los espacios y delimitar las medidas de los campos; el desarrollo del ferrocarril, que permitiría viajar tanto a los equipos como a los seguidores; el difícil pero incesante trabajo de la instrucción pública que enseñó a leer a las masas trabajadoras; por último, y unido a lo anterior, el nacimiento del periodismo, con periódicos baratos que informaban a los hasta hace poco analfabetos sobre los resultados de los encuentros deportivos celebrados con los pronósticos y vicisitudes de los próximos partidos" 11. En este sentido, debemos recordar el papel desarrollado por las grandes ciudades, para atraer a las masas a los estadios gracias al desarrollo urbanístico de la sociedad industrial. Elemento clave para la formación del deporte moderno. Como también, que el deporte moderno se asentó gracias a la media jornada que se produjo con las condiciones industriales y económicas desarrolladas en la nueva sociedad.
           
Otra evolución sustancial del deporte en la sociedad industrial devino de la pasión británica por las apuestas incitadas por el record, así como por su concepción puritana de la religión. Recuerde que los puritanos, imperialistas y comerciantes británicos, tenían una fe determinista que favorecía el individualismo tanto como el análisis racional del tiempo, el dinero y la energía; como se observa en la obra de Max Weber La ética protestante  y  el espíritu del capitalismo. Así pues, el deporte inglés progresó de manera paralela a la industrialización, la precisión y la estandarización de las mediciones de la sociedad en la que se desarrollaba; reforzando a la vez los conceptos de codificación y racionalización necesarios para el mundo industrial. Así podemos comprender mejor como el deporte ayudó a construir y extender la filosofía del capitalismo: sólo vencen los mejor preparados, en un mundo donde se estrenaba una mayor movilidad social.
           
Finalmente, evoquemos, que gracias a la afición que despertaron en las masas los encuentros deportivos modernos fue como el amateurismo de las clases altas británicas, llegó a extenderse por las clases medias y populares de todo el mundo. Y con ella, la filosofía deportiva del gentleman basada en el fair play <<inter pares>>. El juego limpio entre iguales, entre caballeros. Es cierto, que en Grecia, en Roma, en la Italia del Renacimiento y en la España del Siglo de Oro ya se escribía sobre los entrenamientos físicos, pero la Gran Bretaña desarrolló la prensa deportiva de masas así como, la fabricación industrial de todo el material necesario, para practicar los diversos deportes. Por otra parte, con la proliferación continua de clubes deportivos se aumentó la necesidad de buscar patrocinadores, por lo que el deporte abrió sus puertas al mundo de los negocios  y a la publicidad. En los siglos XVII y XVIII fue la aristocracia quien mantenía los acontecimientos deportivos; pero en el siglo XIX, fue bajo el influjo de la prensa deportiva, de los negocios de hostelería o de las empresas como Penfold, Dun lop o Gillete, como se sufragaron los gastos para los encuentros deportivos. Y con dicha proliferación no tardarían en llegar su internacionalización. Por ejemplo, el Recreativo de Huelva, club decano del fútbol epañol, fue creado por los ingenieros ingleses que explotaban las minas de Riotinto; el Bilbao desarrolló su juego, su filosofía de cantera, su nombre de Athletic y su apodo de leones -el símbolo de la Monarquía británica- de acuerdo con los cánones británicos; y el Barcelona, localizado en otro centro industrial, fue creado por un contable suizo como un club atlético.
           
Aunque "el atletismo estuvo envuelto en purezas deportivas mientras fueron [...] los equipos de Yale y Harvard que se habían de enfrentar con los de Cambridge y Oxford"12 ; los primeros programas educativos “equilibrados” fueron propuestos por autores alemanes de la época de Bismarck. Por ello, las naciones de Centroeuropa del siglo XIX, que estaban viendo emerger sus primeros Estados-nación, inocularon en su concepción deportiva el sentimiento pangermano con fuertes concepciones militaristas; como se aprecia en el movimiento gimnástico juvenil denominado Turner. De facto, la ocupación de la Europa pangermánica por Napoleón llevó a Alemania, siguiendo los Discursos a la nación alemana de Fitche, a desarrollar una nueva educación basada en el esfuerzo físico, intelectual y moral que vigorizasen las almas. Ejemplo de ello fue la universidad de Gotinga, creada en 1737, cuyo primer edificio fueron las cuadras, y donde los Reyes de Inglaterra no tardaron en enviar a sus hijos para aprender equitación, por el impresionante nivel que pronto alcanzaron. El segundo edificio construido de esta universidad sería la biblioteca.
           
En este sentido, Johann Bernhard Basedow modificó las ideas ilustradas de Rousseau y abrió las puertas a la pedadogía física. Su método buscaba el endurecimiento mediante baños de agua fría, paseos al aire libre durante todo el año, cunas duras, poca ropa y alimentación basada en la leche, el pan, las legumbres, la mantequilla y la fruta... El horario era: siete horas de sueño, cinco horas de trabajo intelectual, cinco horas de música y ejercicios corporales y siete horas para descansos, comidas, repasos, etc. Los ejercicios corporales se basaban en trabajos manuales, juegos, gimnasia y prácticas de endurecimiento como resistir el sueño, permanecer sólos en la oscuridad… Así se desarrollaron los prusianos; como los nuevos espartanos. Y la riqueza personal de Basedow, ayudó a fundar el ethos de la escuela pública. Además, uno de sus profesores de educación física, Christian Gotthilf Salzmann, abrió su propio internado –el Philantropinum, en el estado vecino de Schnepfenthal- y lo convirtió en el punto de arranque del moderno movimiento deportivo alemán; y que aún existe, tras sobrevivir al nacional-socialismo y al comunismo. Pero la resignación de la ocupación napoleónica de Europa continental, también  encendió el nacionalismo de los jóvenes burgueses como Friedrich Ludwing Jahn, hijo de un predicador, que unió los principios pedagógicos de su maestro Basedow con los discursos políticos de Fitche. Jahn prohibió el uso de la palabra gimansia y la sustituyó por el término germano Turnkust –torneos- dando origen al movimiento deportivo –Turnbemegung- que creó recintos deportivos –Turnplätze- en toda Alemania. El sentido político de este movimiento gimnástico, no sólo se basa en las actividades de espionaje de Jahn sino en que “el mismo Jahn comandó un batallón de gimnastas durante la rebelión que liberó a su pueblo de la invasión  francesa en 1815” 13. Tras la liberación de Alemania, las ideas sobre el Turner llegaron a aspirar a un patrocinio estatal para formar una democracia perfecta, basada en la lucha y en la creciente fuerza del pueblo alemán. Dicho patrocinio llegó desde la Casa Real de Alemania, tras el asesinato del poeta y dramaturgo ruso Kotzebue, protegido del Zar Alejandro I, por uno de los discípulos de Jahn, Karl Sand, ante las sospechas de que el poeta era un espía rusófilo.

Johann Chistoph Friederich Guts Muths, profesor de geografía contratado por Salzmann, abriría una de estas escuelas, que llegaría a ser de las más influyentes, gracias al patronazgo del Duque de Sajonia-Gotha. En dicha escuela perfeccionó el sistema y, por ello,  se le considera el fundador de la gimansia alemana; el régimen del internado destacaba por su dieta frugal, la higiene reinante, los trabajos de jardinería, los paseos, los circuitos atléticos, la equitación y la natación. No obstante, todo estaba regulado para suprimir la espontaneidad, la fantasía y la diversión propia de los juegos infantiles, tanto como para inculcar el respeto al rango, al orden y a la solidaridad. Guts Muths dio inicio al nacimiento de la gimnasia pedagógica. En esta línea, un suizo llamado Henrich Pestalozzi, de fuerte formación teológica, creó en una antigua granja una escuela para educar a niños de las clases populares y darles un hogar. Su visión pedagógica aún siendo más progresista que la de Muths también continuó sus métodos de formación corporal.

Sin embargo después de todos los excesos que la Revolución provocó, llegaría la calma de la Restauración, gracias al Congreso de Viena. Así el nacionalismo de los jóvenes burgueses fue reconduciéndose poco a poco por el amor al deporte; salvo en Alemania donde Jahn encabezaba desfiles nocturnos con antorchas para ensalzar la gimnasia como una religión pangermanista: “<<su divisa era: Fuerza al servicio de la idea; vigor físico y moral para la más grande gloria de la patria>>” 14. En esta senda, los Turner utilizaban los espacios naturales -las plazas y los bosques- para su gimnasia; así como, la barra fija, los potros, las anillas, las espalderas, las barras paralelas… y otros aparatos, que Jahn perfeccionó o inventó para el desarrollo de sus ejercicios en los gimnasios. Así, los Turner simbolizaron lo sano, lo libre y lo fuerte: Frish, Frei, Fröhlich –F.F.F.- la fórmula que entendía el juego como búsqueda de la victoria y no del lucro; en pro de la igualdad, el amor por la vida colectiva, la democratización del ejercicio físico, la camaradería y el espíritu de equipo. Es decir, un juego con parámetros claramente paramilitares; pues buscaba el control, el adiestramiento de la juventud y la inoculación del nacionalismo incipiente en toda Centroeuropa. A parte del posterior desarrollo político de los Turner, especialmente con la llegada de Hitler al poder, Jahn permitió el desarrollo de actividades colectivas y en pro de la comunidad así como, el contacto entre los clubes locales y regionales para fomentar la convivencia y la competitividad. Así, los Turner obtuvieron un gran prestigio cuyo gran símbolo fueron los encuentros deportivos –Turntag- que a finales del siglo XIX concentraba a miles de hombres, mujeres y niños al aire libre. Los Turner eran realmente la representación deportiva del ansia de unidad del pueblo alemán. Recuerde que Bismarck reunificó este pueblo en 1871; y por tanto estos juegos eran parte de la estabilización del sistema político alemán. De hecho, el II Reich alemán estimuló las actividades físicas para reforzar la salud y el sentimiento de comunidad en el pueblo; para mejorar la preparación militar; y para aumentar la producción y la publicidad de los productos elaborados por sus industrias. Mientras que Bismarck gobernaba con la ayuda del Partido Socialista Alemán, el mayor de Europa, y desarrollaba lo que hoy conocemos como Estado del Bienestar. En 1941, existían federaciones Turner –Turnvereine- en casi todo el mundo occidental; gracias a las comunidades alemanas residentes en Polonia, Checoslovaquia, Argentina y Estados Unidos. “En 1956, la República Democrática reunió en Leipzig a cinco mil participantes, mientras que la República Federal le <<contestó>>, dos años más tarde, concentrando en Berlín a casi cuarenta mil gimnastas” 15. Además, la gimnasia con aparatos que creó Jahn, poco a poco, fue  dando paso a lo que se denominaría gimnasia deportiva, cuando los gimnastas alemanes comprendieron que el futuro de los deportes pasaba por la competición al estilo británico. Así, en el curso del siglo XX, pudimos disfrutar de la gimnasia rítmica en las Olimpiadas.

Amén de todo ello, la oleada nacionalista que se despertó en Centroeuropa tras la invasión napoleónica, llegó a la actual Chequia, con una gran población de habla germana y que en el siglo XIX era parte del Imperio austriaco, gracias a la gimnasia nacionalista de Miroslav Tyrs y Henry Fugner en la década de 1860. Estos Turner basados en una disciplina obsesiva fue ampliamente aceptada. Sus participantes eran “los Sokols  (palabra derivada de la palabra checa <<halcón>>) vestían unas camisas rojas y se tocaban con un sombrero del mismo color, adornado con una pluma” 16; sin embargo, aunque los Sokols  tuvieron gran importancia en la independencia de Austro-hungría tras la I Guerra Mundial, Checoslovaquia era cuando fue invadida por Hitler en 1938  la única democracia de Centroeuropa. Pero ya se iba vislumbrando, que “la evolución al deporte de masas con connotaciones políticas se produjo a lo largo del siglo XX y adquirió sus formas más definitivas en las Olimpiadas organizadas en Berlín en 1936, en aquella cita olímpica se fijaron la mayor parte de las teatrales ceremonias olímpicas: carrera de antorchas, podiums, pebeteros, fuegos sagrados, músicas patrióticas, banderas de subida, etc.” 17. Posteriormente, en las Olimpiadas de Estocolmo 1912, los suecos concentraron una selección de 50 deportistas para subir el nivel atlético; como también realizaron “el primer desfile inaugural de naciones, en el que los atletas desfilaban marcialmente tras las banderas y se supone que la juventud marchaba al paso alegre de la paz” 18.

En este ámbito, durante el periodo del despotismo ilustrado del siglo XVIII, llamado pomposamente el siglo de las luces, comenzó el Estado a preocuparse por el desarrollo del deporte. Ejemplo de ello, fue la obra Ratio Educaciones que en 1770 escribió la Emperatriz María Teresa; obra que introdujo el control público de la cultura física en Bohemia y Hungría. En el Imperio austriaco la educación masculina de las Academias de caballería, iban orientadas a formar oficiales para el Ejército. Una de esas escuelas aristocráticas-militares fue el Theresianum fundada en Viena en 1746 donde, naturalmente, se desarrollaría la gimnasia de Jahn en virtud de la obra de la Emperatriz Maria Teresa. “El uso político del deporte fue siempre una práctica de las clases altas, pero cuando lo descubrió el estado como medio de propaganda nacionalista, el uso del deporte político fue total, y brutal en los años 30 del siglo XX […]; posteriormente, las dos grandes potencias […] se enzarzaron en una Guerra llamada Fría” 19.

En Inglaterra, por el contrario, el sistema democrático liberal de corte capitalista comprendió, que era mejor permitir la selección de los hábitos formales de la preparación física mediante la competencia. Sólo impusieron los reglamentos para el respeto hacia los demás. Así, aunque es falso que el Duque de Wellintong afirmase que <<la batalla de Waterloo fue ganada en los campos de Eton>>, el deporte británico sí desarrolló la formación del carácter, el espíritu de equipo, la aceptación elegante de los resultados y el desarrollo del juego limpio. Dicho de otra forma, unió la fuerza moral con la fuerza física, como sintetiza la celebérrima divisa atribuida a Wellintong cuando derrotó a los Ejércitos revolucionarios de Napoleón.

El caso de Suecia fue curioso porque su Corona recayó, tras las invasiones de los revolucionarios franceses, en uno de los Generales de Napoleón. En este ámbito, el nacionalismo sueco encontró su vía de afirmación con el oficial del Ejército sueco Pehr Henrik Ling, que  desarrolló la gimnasia sueca, por el deplorable estado físico en que le dejaron sus heridas de guerra. Todo comenzó cuando comprobó que los métodos de actividad física de su época no tenían base práctica alguna –empirismo- y tuvo que ponerse a estudiar todos los aspectos del cuerpo humano para desarrollar un sistema que le ayudase en su recuperación. Pero además, la gimnasia anatómica terminó regenerando a muchísimos habitantes de Suecia al apartarlos del alcoholismo y la tuberculosis que minaban aquellas tierras. El Rey sueco Carlos XIV, aquel que como General napoleónico se llamaba Jean Bernadotte, ordenó que la gimnasia de Ling fuese incorporada a la preparación del Ejército sueco. La gimnasia sueca fue muy apreciada en los países más pobres, como España, por su simpleza y sus pocos aparatos –como el impagable banco sueco- que sirvió para estimular deportivamente a los menos dotados de forma colectiva. Hoy en día, una de sus múltiples derivaciones es el popular aeróbic. Pero tengamos presente, que en Suecia nunca hubo ningún conflicto entre la gimnasia nacionalista y el deporte competitivo británico cuando Ling, tras visitar Inglaterra hacia 1880, introdujo su estructura deportiva en Suecia para mejorar el movimiento de salud y actividad física. Eso sí, de forma general, los Estados miraban con buenos ojos los batallones escolares tan disciplinados que surgían de los sistemas gimnásticos tanto para la guerra como para sostener su sistema industrial.

Finalmente, como afirmó Diem, determinar cual fue el papel concreto de Francia en el fenómeno deportivo es siempre delicado; pues permaneció a la sombra de Inglaterra y tras las influencias venidas desde Alemania. Tengamos presente, que los pocos avances que tuvieron con personajes como el médico-moralista Tissot –precursor de la gimnoterapia- con su obra Gimnasia médica y quirúrgica en 1780 se diluyeron, con el Terror devenido de la Revolución francesa. Francia, cuyo prestigio mundial se ha basado siempre en su cultura –arte, moda y alta sociedad-,  no consiguió su posición en la historia del deporte hasta que Coubertin desarrolló los Juegos Olímpicos modernos, hilando “los fabulosos descubrimientos que los arqueólogos alemanes e ingleses estaban realizando en los territorios griegos y turcos y el fenómeno deportivo que se estaba extendiendo desde Inglaterra al resto del mundo”20 . En general, fueron los prusianos y germanos, los que más trabajaron por la recuperación del mundo antiguo. Recuerde usted, además de la filosofía alemana, con Nietzsche a la cabeza; que los trabajos de Johann Joachim Winckelmann en la ciudad de Pompeya, redescubierta en 1748, reanimó el interés por el mundo clásico tanto como que sus colegas germanos del siglo XIX revisaran todo el material existente con un rigor, que sus resultados siguen siendo, hoy en día,  de obligada consulta. Así, fue como se pusieron las bases para el desarrollo del romanticismo. En el siglo XVIII, Francia intenta orientar su sistema gimnástico hacia la regeneración nacional, a imagen y semejanza de lo que ocurría en Alemania y Suecia, gracias a un español <<afrancesado>> que huyó a Francia tras la independencia española. El Coronel Francisco Amorós fue el fundador de la gimnasia francesa, para civiles y militares, que se extendería a España y Portugal. Su método muy basado en el uso de aparatos era físicamente muy duro y peligroso pues buscaba el desarrollo de <<gimnastas-soldados>>. Por otro lado, la gimnasia francesa tras Amorós se inició en otra fase, tras la derrota militar francesa de 1870 contra Prusia, donde Triat y Desbonnet crearon un método para trabajar con pesas que terminaría creando el esculturismo y la halterofilia. Pero sería en el siglo XIX, cuando Francia hizo sus tres grandes aportaciones deportivas: el ciclismo, el París-Dakar y su poderosa prensa deportiva moderna.

Al mirar hacia Estados Unidos, debemos conmemorar, que todo país en construcción necesita individuos emprendedores, fogueados y competitivos; y los norteamericanos creyeron en la estimulación de la competición deportiva, mediante un sistema de reglamentos sociales, que encauzasen las energías hacia el éxito deportivo, industrial, científico, social, comercial... En este sistema, la población tiene que estar forjada en el espíritu que busca el máximo rendimiento; exactamente, el espíritu con el que llegaron los primeros emigrantes puritanos que huían de la Inglaterra posterior a Cromwell, por su radicalización política. Estos puritanos que vivían conforme al espírtu del trabajo y del ahorro hicieron derivar los juegos hacia una actividad productiva, para no perder ni el tiempo ni el dinero. Y así fue como en los deportes norteamericanos se fueron imponiendo los métodos del Taylorismo. Los Estados Unidos retocaron y comercializaron los deportes británicos hasta convertirlos en una actividad productiva. Recordemos que el taylorismo fue una teoría científica sobre la dirección y aprovechamiento del esfuerzo de los trabajadores, inspirada en los conocimientos de Taylor sobre el entrenamiento, el trabajo en equipo y la mecanización de los movimientos.  En esta dirección, los norteamericanos adaptaron el rugby inglés “en función de darle un mayor dinamismo al juego y un fuerte retoque para resaltar sus fases más espectaculares, factores necesarios para lograr la mercantilización del deporte y el cobro de entradas para ver los partidos" 21. De igual manera, adoptaron el críquet hasta reconvertirlo en el beisbol que hoy es el deporte nacional de los Estados Unidos. En el país de la producción masiva el record es casi una religión, una consecuencia lógica del sistema capitalista. Algo bueno, si se basa en valores fuertemente morales. No descuidemos que los records de atletismo se remontan al 5 de marzo de 1864 en las pistas de la Christ Church de Oxford durante los encuentros que enfrentaron a los alumnos de Oxford con los de Cambridge. Pero “lo que interesa destacar es que las nuevas bases de la fama deportiva se adecuan perfectamente a los ideales de la sociedad americana, una sociedad igualitaria, puritana, adiestrada, obsesionada con el éxito, materialista, pragmática, relativamente alejada del estricto cumplimiento de las tradiciones occidentales y geográficamente dispersas" 22. Así con la entrada del siglo XX el deporte universitario norteamericano había madurado a tal nivel que cada College tenía su bandera, sus consignas, sus mascotas, sus animadoras... En 1903, Harvard con sólo 5.000 universitarios construyó un magnífico estadio con capacidad para 57.000 espectadores. Es más, en los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, celebrados en Atenas en 1896, fueron los atletas de Harvard y Princenton los que dominaron. Y aquí encontramos la razón por la cual "los atletas y nadadores de las universidades americanas serían los vencedores habituales de las olimpiadas hasta 1936, cuando los estados se dan cuenta de la capacidad política del deporte y deciden participar también en el juego del sitema liberal"23 .
           
El pueblo norteamericano vio como el deporte se convirtió en una obligación cívica cuasi sagrada, gracias a una institución llamada la Young Men´s Christian Association -YMCA- que fue la primera en proponer los juegos de equipos como instrumentos de regeneración de los jóvenes de la calle: pues vieron en el deporte una forma positiva de llenar el tiempo libre de los jóvenes más desfavorecidos, de darles una salida profesional e inculcarles los valores de respeto al contrario y a uno mismo, la autodisciplina y la higiene. En este sentido, el ex-seminarista y profesor de educación física canadiense James Naismith del colegio de Springfield -Massachusetts- concibió el baloncesto en 1891 para que los jugadores del equipo de fútbol americano -y sus demás alumnos- pudiesen entrenarse en el gimnasio durante los duros inviernos del lugar. Todo comenzó cuando el profesor colocó una caja de madera para frutas en la pared para entrenar los lanzamientos del balón.
           
No obstante, "los moralistas, pedagogos y autoridades religiosas nunca consiguieron suprimir las oficinas de apuestas legales o controladas por el estado, ni las ilegales que se movían en torno a las carreras de caballos, galgos, boxeo y otros deportes, tampoco pudieron con la violencia dentro de los campos deportivos y mucho menos con la que se extiende por los graderíos" 24. Aún así, el deporte escolar norteamericano se extendió gracias a los generosos donativos de los antiguos alumnos con los que se construyeron los estadios y gimnasios; a la vez que las universidades siguieron propagando la deuda social con el deporte a través de las becas que otorgaban a los jóvenes más humildes dotados para el deporte. Por otra parte, con el tiempo, la secularización de todos los aspectos de la vida, fue avanzando con el deterioro de las afiliaciones religiosas, las lealtades locales y de la concepción de la cultura; y las universidades norteamericanas han terminado convertiendo las competiciones universitarias de los Colleges británicos en verdaderos escaparates de marketing para atraer dinero y a los mejores jugadores a sus campus. Pero amén de las reiteradas críticas a la mercantilización del deporte norteamericano; también es de justicia recordar, que han sido ellos los que más han difundido el deporte entre las clases más desvaforecidas gracias al papel activo de sus movimientos confesionales -como el de la católica YMCA-. No olvidemos que fue en Estados Unidos donde se desarrollaron por primera vez los planes educativos mediante el deporte a los jóvenes delincuentes, aunque con resultados desiguales. Ni tampoco, que el papel activo de las asociaciones religiosas norteamericanas, consiguió evitar la matanza de animales en las peleas de perros y gallos, formar las ligas contra el alcohol, denunciar la esclavitud a imagen  de sus colegas británicos y retrasar hasta 1920 los encuentros deportivos en el día del señor -Domingo-. El propio Mandell recogió "la sorpresa de los espectadores franceses de la Olimpiada de París, 1900, cuando se enteraron de que muchos atletas yanquis se negaban a competir en domingo"25 .
           
A partir de 1880, la tecnología permitíaría la transmisión simultanea de varios mensajes mediante una misma línea telegráfica; con lo que se daría un considerable impulso a la difusión de las informaciones deportivas. "La aparición del periodismo de masas se explica en parte por el ansia de noticias escritas de una población recién alfabetizada por la explotación de las técnicas de reproducción e impresión mucho más rápidas"26 . En este contexto, la radio demostraría su potencial comercial el 2 de noviembre de 1921, cuando la KDKA de Pittsburg retransmitió los resultados de las elecciones presidenciales norteamericanas; esta emisora también fue la que emitió íntegramente el combate Ray-Dundee, lo que llevó a las estaciones de Schenectady, Jersey City y otras localidades a comenzar a retransmitir los partidos de fútbol americano y las competiciones naúticas. Otro dato curioso de la historia del deporte, ocurrió cuando, un lanzador de beisbol de Rockford, Illinois, que más tarde se trasladó a jugar a Boston, para luego convertirse en su propietario; sería el primero en vender material de beisbol en 1876 para poco después fabricarlo él mismo. El señor Albert Spalding, consiguió que la pelota <<Spalding>> fuese adoptada por la liga profesional y en varias conferencias universitarias. En los años noventa del siglo XIX, Spalding era ya un magnate industrial cuyos productos se promocionaban por sus propias publicaciones. Comenzó la mercantilización del material deportivo. Fue el camino que trajo el cronómetro, el caucho vulcanizado para el tenis, el recauchutado para las pelotas de golf... Para la fabricación de los bates de beisbol Albert Spalding, compró un aserradero en Michigan asegurándose así el abastecimiento de madera necesario; y Albert Pope hizo lo mismo con una planta siderúrgica obteniendo así el material necesario para fabricar sus bicicletas.  

2. El Olimpismo moderno.

Pierre de Fredy, Barón de Coubertin, instauró unos nuevos Juegos imitando a los antiguos pero más universalizados y conformados, bajo el espíritu romántico de la Europa imperial, industrial y colonial del siglo XIX. En una palabra, el olimpismo de Coubertin, configuró una especie de sincretismo de las influencias de la Grecia clásica, la caballería medieval, el romanticismo, los movimientos nacionalistas gimnásticos del siglo XIX y el movimiento pedagógico aristocrático de la Inglaterra victoriana. El rico armador griego Evangelios Zappas aportó una cuantiosa donación al Rey Otto de Grecia para restaurar los Juegos Olímpicos, tras recobrar su influencia, que se celebraría en 1888. Pero todo comenzó, “cuando el barón Pierre de Coubertin visitó Inglaterra en 1833, quedó maravillado por las ventajas del sistema pedagógico inglés, cuya importancia estribaba, según sus propias palabras, en la creencia de que durante los años de adolescencia y de juventud nacían los sentimientos de solidaridad, de energía, de compañerismo, pero también los de dureza, espíritu de equidad y de justicia. Al comprobar los métodos de enseñanza de los colegios ingleses, que alternaban las materias tradicionales con la práctica deportiva, Coubertín concluyó que el deporte no había que considerarlo exclusivamente un ejercicio higiénico, sino el triunfo del ideal humano. Fue así como nació el Movimiento Olímpico, que pretende <<ser la doctrina de la fraternidad del cuerpo y el espíritu, pues los músculos son los servidores más instruidos, más minuciosos y más constantes de la formación del carácter>>”27 . No obstante, el Barón también se inspiró en el mundo griego y del espíritu caballeresco medieval que tanto admiraba: “<<el culto al esfuerzo, el desprecio al peligro, el amor a la patria, la generosidad y el espíritu caballeresco, así como el contacto con las artes y las letras>>”28 . El lema del olimpismo lo pronunció por primera vez el Padre Henri Dion en 1891 durante una entrega de premios de la escuela deportiva Alberto el grande de París en presencia de su amigo el Barón de Coubertin; que convirtió el <<Citius, altius fortius>> en el lema para buscar el progresivo perfeccionamiento, a través del deporte. La bandera olímpica fue creada por el Barón de Coubertin en 1913: sobre el fondo blanco de la pureza y la paz aparecen cinco anillos entrelazados –azul, amarillo, negro, verde y rojo- que representan a los cinco continentes unidos por el deporte. Esta bandera ondeó oficialmente en la Olimpiada de París de 1914; y aspiraba a alcanzar un nivel más elevado de la práctica deportiva para el hermanamiento de este con la cultura de una manera vital y pacífica entre los seres humanos. De facto, el propio Barón de Coubertin promovió los certámenes físico-espirituales dentro del marco olímpico, aunque no sobrevivieron a la II Guerra Mundial. Las Olimpiadas modernas se politizaron, pero a una escala mayor de lo que le ocurrió a las Olimpiadas de la Grecia clásica, donde los atletas representaban a las polis-Estado. En este sentido, se desarrollaron las dos grandes obras maestras del cine dedicadas al deporte: la de Leni Riefenstahl sobre las Olimpiadas de Berlin y la británica titulada Carros de fuego.

El nacionalismo, el mercantilismo, el consumismo, la conversión del proletariado en las clases medias y la cultura del libre mercado, han ido configurando el ideal coubertiniano en una teatralizada pseudo-religión helenizante, regida por los <<sacerdotes>> del Comité Olímpico Internacional. Por ejemplo: la primera Olimpiada moderna celebrada en Atenas en 1896, fue politizada cuando el Gobierno griego reivindicó la isla de Creta frente a Turquía, que provocaría la guerra de 1897 y la desconfianza europea a la pretensión de Grecia, de dejar fijada la celebración de los Juegos en la mítica Olimpia; la Olimpiada de París de 1900 estuvo a punto de suspenderse por el antisemitismo dominante en Francia, como demostró el caso Dreyffus; el Mundial de fútbol de 1932 se celebró en la Roma fascista y las Olimpiadas de 1936 se celebraron en la Alemania nacional-socialista. Fueron los momentos culmen de la politización del deporte; pero la Unión Soviética terminaría despuntando en este contexto, con la utilización social y científica del deporte, desde los años 50 hasta el final de la Guerra Fría. Con ello podemos afirmar que fueron los países totalitarios los que mejor comprendieron y controlaron, el enorme poder catártico del deporte para derivar los problemas reales hacia los deportivos. Es más, las Olimpiadas nacional-socialistas fueron dirigidas por la mano maestra de Diem, un erudito de los agones griegos, que fue capaz de elaborar una magnífica escenografía de antorchas, banderas, desfiles, podios, medallas, etc., que a día de hoy sigue escenificándose en cada Olimpiada como si fuesen una herencia griega.

En esta línea, no debemos obviar que el olimpismo moderno nunca pudo parar una guerra; tampoco celebró las Olimpiadas durante las dos contiendas mundiales en otra parte del mundo para hacer real su bandera blanca, su ideal humanístico o la importancia de participar; ni mucho menos se manifestó contra la exclusión de atletas negros o judíos de las selecciones o de la postergación de las mujeres en el olimpismo, salvo contra el Régimen racista de Sudáfrica, cuando fue políticamente correcto hacerlo.  Y aunque hubo voces que aspiraron a despolitizar las Olimpiadas como la del Arzobispo de Pensilvania que en los Juegos de Londres lanzó el lema de <<lo importante no es ganar sino participar>>; de facto, se puso de nuevo de manifiesto aquel aforismo latino que rezaba <<Nihil novum sub sole>>, pues: “las competiciones clásicas griegas pasaron de ser un ritual religioso austero y respetuoso con las normas sacras a unos juegos en los que primaba la chabacanería, un profesionalismo circense de gentes que iban de feria en feria montando sus groseros combates, y espectadores soeces y desmoralizados en todos los sentidos de la palabra; entre estas dos situaciones, un fulgor luminoso que conocemos como el siglo de Pericles”29 . Sin duda, de tan áspera realidad se debe recordar, que en el mundo griego, las clases altas, sólo a costa del trabajo de miles de esclavos, pudieron dedicarse al cultivo de su cuerpo, de su mente y de su polis, como un conjunto armónico. Pero la idealización  de este mundo realizada por los románticos del siglo XIX, fue la esencia de la recreación bienintencionada del olimpismo que instauró el Barón de Coubertin; si bien leyendo la Ilíada, el gran poema nacional del mundo helénico, se comprende que sólo fue un sueño, el deseo de ver las Olimpiadas como un instrumento de paz entre los pueblos. No obstante, es cierto que se respetaba la tregua olímpica entre las ciudades-Estado, nunca con los pueblos bárbaros. Eso sí, como afirma Cagigal, la importancia de los Juegos es su afán por educar integralmente al ser humano y el idealismo que rezuma para potenciar el compromiso humanista que tanto alentaron los jesuitas y con el que soñaba el Barón de Coubertin.

Por ello, aunque muchos puedan enumerar toda clase de tragedias, errores arbitrales o hechos nefastos como:

  • En las olimpiadas de Atenas de 1896, una mujer griega llamada Melpómene solicitó participar en la maratón. En vista de que la organización se negaba a autorizar la participación de una mujer, Melpómene decidió competir por su cuenta. Salió unos minutos después que los hombres. Entre las burlas de los espectadores rebasó a muchos de los corredores masculinos hasta que, como no le permitieron entrar en el estadio, corrió la última vuelta rodeando el recinto. Para más <<inri>> debemos recordar que en esa misma maratón, el tercer clasificado, el griego Spiridon Belokas, fue descalificado por haber recorrido parte de la carrera en un carruaje.
  • Stella Walsh obtuvo una medalla de oro en los cien metros en los Juegos de Los Ángeles 1932. Pero su autopsia, al morir de un disparo durante un robo, se descubrió que era un hombre.
  • El 24 de mayo de 1964, Argentina se enfrentó a Perú en Lima, en un partido de fútbol de clasificación para las Olimpiadas, donde a falta de dos minutos antes del final, el árbitro anuló a Perú lo que pareció el gol del empate. Los aficionados, enojados, invadieron el terreno de juego, se desató una trifulca y se declaró un incendio en el estadio. Antes de que se restaurara el orden habían muerto 328 personas, la mayoría de ellas aplastadas por la muchedumbre.
  • En los Juegos de Montreal 1976, la nadadora germano-orinetal Kornelia Ender ganó cuatro medallas de oro, -100 libres, 200 libres, 1000 mariposa y 4x100 estilos, batiendo en cada una de estas pruebas el correspondiente récord del mundo- actuación por la que es consideraba como una de las mejores, si no la mejor, nadadora de la historia. Más de una década después se descubrió, que a Ender y a muchas otras atletas alemanas orientales les habían administrado esteroides anabólicos sin su conocimiento.
  • Durante la prueba de pentathlón de los Juegos de 1976, el soviético Boris Onischencko fue sorprendido utilizando un arma trucada –al tocar un botón hacía que las máquinas registrasen un tocado- en el segmento de esgrima.
  • La labor de los jueces de los Juegos de Moscú de 1980 dejó mucho que desear, pues se dieron numerosos ejemplos de arbitraje favorable a la Unión Soviética; se habló de inexactitudes en las distancias atribuidas a los lanzamientos de disco de Víctor Raschupkine, que terminó obteniendo el oro; y el soviético Danis Kula ganó el oro en la prueba de jabalina de dichos Juegos, gracias a que durante los lanzamientos de los atletas soviéticos, unos oficiales del Ejército Rojo abrían las puertas del estadio, como se descubrió después,  para que el viento de cola incrementase la distancia de sus lanzamientos.
  • En los Juegos de Seúl de 1988, Kristin Otto que ganó seis medallas de oro, fue otra nadadora alemana oriental a la que se dio drogas prohibidas para mejorar su rendimiento.

Nunca debemos olvidar, que de la imperfección humana, también pueden sobresalir los ejemplos más claros de la dignidad del ser humano:

  • La primera mujer campeona olímpica fue la tenista británica Charlotte Cooper, en la final celebrada el 11 de junio de 1900.  En los Juegos de París.
  • George Poage, en las olimpiadas de San Luis de 1904, fue el primer deportista afroamericano que ganó una medalla en una prueba de atletismo. Poage fue medalla de bronce en 200 y 400 metros vallas.  En estas Olimpiadas, también se pudo ver al norteamericano Ray Ewry ganar tres medallas de oro a pesar de haber pasado su infancia en una silla de ruedas por una poliomielitis.
  • La primera competición de atletismo femenino fue la prueba de cien metros lisos que se celebró en Ámsterdam el 31 de junio de 1928. La ganadora fue Elizabeth Robinson, una muchacha norteamericana de 16 años, de Illinois. Había competido en su primera prueba de atletismo sólo cuatro meses antes de los Juegos Olímpicos y batió un récord mundial en la segunda carrera que disputó.  Pero en 1931, Robinson, estuvo a punto de morir en un accidente aéreo, del que sobrevivió, después de casi dos meses en coma –donde se llegó a certificar su muerte-, con una fractura en la pierna y otra fractura en la cadera. La lesión de la pierna no acabó de sanar, y se dudó que pudiera volver a andar. Pero Robinson no renunció y su milagrosa recuperación culminó en 1936, en Berlín, cuando ganó su segunda medalla de oro con el equipo estadounidense de relevos 4x100.
  • Todos sabemos que el afroamericano Jesse Owens ganó cuatro medallas de oro -100, 200, salto de longitud y relevo 4 x 100- en las Olimpiadas de Berlín 1936 para sonrojo de Hitler. Pero pocos conocen que cuando Owen iba a realizar su tercer salto de longitud –el primero nulo y el segundo corto- el mejor atleta alemán –Lut Long- que acababa de batir el record olímpico en su primer salto se le acercó y le indicó que estaba batiendo mal por estar confundiendo las señales de referencia. Owens rectificó su batida como le dijo Long y pudo conseguir la clasificación para la final que terminó ganando a su colega alemán, aunque ambos batieron el record olímpico en la memorable final; donde Long levantó el brazo de Owens como reconocimiento de su victoria, poniendo a todo el estadio en pie para aplaudirlo30. Esto, histórica y moralmente, fue mucho más importante que la victoria germana en el medallero.
  • La gimnasta soviética Larissa Latinina ganó, entre 1956 y 1964, 18 medallas de gimnasia -nueve de oro-. Es el record de medallas conseguidas a lo largo de una trayectoria olímpica.
  • Cuando la argelina Hassiba Boulmerka, corredora de medio fondo, se entrenaba en las carreteras de su país, los hombres le tiraban piedras o le escupían. El motivo de su desprecio era que los fundamentalistas musulmanes consideraban vergonzoso el hecho de que una mujer corriera ante los hombres mostrando las piernas. A pesar de ello, Boulmerka perseveró, y en los Juegos de Barcelona de 1992, ganó la medalla de oro de 1.500 metros lisos.

3. El desarrollo del deporte rey.

El fútbol viene jugándose, en cualquiera de sus formas, desde hace unos dos mil años. Uno de los antecedentes más remotos que conocemos lo tenemos en China, donde estaba destinado para mantener en forma a los soldados de la Dinastía Han. “Hay evidencias de que en torno al año 200 a.C. se practicaba un deporte llamado tsu chu, con dos palos de bambú de nueve metros de largo funcionando como portería y una pelota hecha de cuero y rellena de pelo y plumas” 31; en la Grecia clásica, ya en el año 4 a.C., se practicaba una forma de fútbol denominada pheninda o episkyros, consistente en lanzar y patear un balón, y que los romanos practicaron bajo el nombre de haspastum, donde dos equipos de más de cien jugadores se enfrentaban en un campo rectangular para arrojar el balón en la meta contraria pasándoselo siempre hacia adelante, evitando las patadas y las entradas de los contrarios; en Japón durante el siglo V d.C., se jugaba al Kemari donde los jugadores se pasaban el balón en un campo de juego cuadrado. En Italia durante los siglos XV y XVI se practicó el calcio de forma habitual en Florencia durante las fiestas; y lo más probable es que el fútbol británico se originase en las festividades religiosas. “En el Ashbourne del siglo XII, cada martes de Carnaval se jugaba a un juego de pelota con las porterías separadas por tres millas de distancia. En Derby, dos parroquias de la ciudad practicaban un deporte similar. El término derby –un partido entre dos equipos vecinos- procede de este duelo local”32 . Estos partidos se hicieron muy populares en la Edad Media donde ciudades y pueblos se enfrentaban, caóticamente, en grupos de centenares de personas, a través de calles, prados y ciénagas. Pero el nivel de violencia y lesiones que derivan del fútbol medieval llevaron al Rey Eduardo III de Inglaterra, entre 1331 y 1349, al Rey Jaime I de Escocia, en 1424; y a la Reina Isabel I de Inglaterra, a desarrollar leyes para erradicarlo. Estos intentos tanto como, los posteriores que llevaron a cabo los puritanos –en parte porque solía jugarse los domingos- nunca llegaron a buen puerto. Sin embargo, a principios del siglo XIX, con las leyes de cercamiento de los campos entre 1760 y 1830 se redujo de forma considerable las dimensiones de los terrenos comunales necesarios para el juego. A la par, el desarrollo de la industrialización, la urbanización y la migración del campo a la ciudad, limitaran también el tiempo disponible para jugar al fútbol; fue entonces, cuando los colegios privados ingleses como Oxford y Cambridge comenzaron a desarrollar su forma moderna. “En conformidad con la ética victoriana –disciplina, abnegación, los beneficios del ejercicio físico y sumisión del individuo al grupo- los principales colegios privados consideraron el balompié como un medio muy adecuado para inculcar en sus estudiantes los valores masculinos ideales de la época”33 .

En cada colegio –Westminster, Harrow, Eton, Winchester, Charterhouse, Shrewsbury, Uppinghan y Rugby- el fútbol moderno surgió con sus propias normas por lo que cuando comenzaron a enfrentarse entre ellos tuvieron que desarrollar un reglamento común. Es más, “en Rugby se podía coger el balón con la mano, pero correr con él estaba penalizado (hasta que Rugby creó el mito de que era justo esto lo que había hecho un tal William Webb Ellis en 1825, estableciendo así las bases del deporte llamado rugby…)” 34. Para ello, “se celebró una reunión solemne en el Freemason´s Arms, en Londres, el 26 de octubre de 1863, una reunión que dio lugar al fútbol tal y como lo conocemos hoy” 35. De esta forma, a finales del siglo XIX, el fútbol estaba perfectamente asentado en Gran Bretaña; su sencillez elegante, su apelación a las lealtades tribales y locales y su emoción visceral,  le aseguraban un futuro saludable y creciente; que marineros, viajantes, empresarios, maestros y expatriados británicos se encargaron de  introducir en Europa continental e Hispanoamérica. En Alemania el fútbol entró por las ciudades portuarias del norte y por los estudiantes ingleses de Berlín; poco a poco, porque en el país de la gimnasia Turnen, el fútbol era algo anárquico y amenazador para la mentalidad prusiana. Aún así, en 1881 nació el Anglo-American F.C., hoy conocido como Hamburgo, el club más antiguo de Alemania. En Suiza ya se disputaban partidos de fútbol entre estudiantes ingleses y suizos desde 1850, por lo que es el país europeo continental con la tradición futbolística más antigua. Austria entró en 1894 en el mundo del fútbol moderno gracias a la numerosa población británica que vivía en Viena. El First Viena F.C. fue el equipo creado por los jardineros británicos de la familia Rothschild. En Italia “el fútbol había sido introducido […] en 1887 de la mano de Edoardo Bosi, un hombre de negocios de Turín, que tras su regreso de Inglaterra organizó una serie de encuentros entre aristócratas turineses”36 ; se creó en 1893 el Genova Cricket and Football Club, por James Richarson Spensley, para que los empleados del puerto italiano de Génova pudieran jugar con las tripulaciones de los barcos que atracaban con regularidad; Alfred Edwards creó en el Athletic Club (AC) Milán en 1898, pero su negativa a que sólo jugasen italianos, propició que se crease una escisión que dio lugar al Internazionale. En España nació el Athletic de Bilbao en 1898 y sus colores los cogieron del Sunderland, que dominaba en aquella época el fútbol británico; el suizo Joan Gamper fundó el Barcelona y su equipación azulgrana se inspiró en los colores del colegio privado al que asistió el capitán del equipo Alfred Whitty –el Merchant Taylor´s-. En Portugal se creó el Lisbon F.C. en 1875 por unos marinos ingleses. En Rusia fueron los hermanos Clement y Harry Charnock que dirigían los molinos textiles de Moscú los que en 1887 fundaron el Orokhovo Sports Club (KSO) e importaron las equipaciones de su querido Blackburn Rovers; tras la Revolución el equipo pasó a denominarse como el Dínamo de Moscú. En Grecia fueron unos banqueros ingleses los que crearon en Atenas el Panhellenia, que en 1908 se rebautizó como el Panathinaikos, pero conservó en su escudo el trébol del club original.

Llegados a este punto, debemos volver a mencionar, que el deporte surgió con un carácter lúdico y de distracción, pero su espectacularidad, con el tiempo terminaría despertando los intereses comerciales; y su difusión social e internacional provocada por la industrialización. Así el deporte evolucionó del agonismo clásico o el amateurismo británico al profesionalismo moderno. En esta línea, “el fútbol, ligado en su origen al concepto de “tiempo libre” surgido gracias al desarrollo productivo y la organización racional del trabajo, con la consiguiente reducción de jornada laboral ha llegado a convertirse de forma quizás un tanto paradójica en una gran industria […] bajo el amparo del patrocinio de algún gigante bancario”37 . Sin olvidar, que “el fútbol ha sido visto también tradicionalmente como un factor de control social actuando como un liberador de la agresividad latente en los individuos […] como una “válvula de escape””38 , de las tensiones diarias de la masa. Este desahogo es un mecanismo de defensa que Freud calificó como “desplazamiento”. Pero Freud también destacó que las personas inseguras buscan un “yo ideal” mediante la “introyección”, es decir, haciendo suyo los rasgos de sus héroes. Como puede ser un futbolista. El fútbol también puede ser el sustituto más fácil de la discusión política o la forma más práctica para aumentar la cohesión social como factor nacionalizador o de protesta social. No es de extrañar, por tanto, que muchos expertos hayan señalado al fútbol como una religión laica; es más, como indicó el escritor Mario Vargas Llosa: “El fútbol es una religión laica; antes, sólo las religiones convocaban esa especie de manifestación irracional, colectiva; hoy en día, eso que antes era prototípico de la religión es la religión laica de nuestro tiempo” 39.

Sin embargo, durante el siglo XX todos los Regímenes totalitarios socialistas –comunismo, fascismo y nacional-socialismo- vieron en el deporte un importante agente de cambio social, obviamente, directamente controlado por el Estado40. Amén de obtener prestigio y reconocimiento internacional por la explotación de sus éxitos, a través de sus poderosos aparatos de propaganda. Eso sí, la concepción deportiva de estos países estaba orientada a mantener fuertes a sus ciudadanos, con miras a la defensa del Estado. Por ello, su tipo de entrenamiento era  de corte militar. Como en los Turner alemanes. De hecho, aunque a menor escala, a Stalin, Hitler y Mussolini; le surgieron competidores en las dictaduras autocráticas militares de Videla en Argentina, Pinochet en Chile, Franco en España o Mubarak en Egipto. Pero sería la Unión Soviética la que desarrolló el concepto de <<cultura física>> para promover los conceptos de colectivismo, disciplina, salud e higiene en la población a través de la promoción del ejercicio físico. Así el <<deporte proletario>> nació también como medio de alcanzar la Revolución mundial contra la burguesía de Occidente, que se distinguía por su individualismo, su competitividad y su obsesión por el record. En esta línea, la URSS creó en 1921 “la Internacional del Deporte Rojo (RSI) como organización adjunta al Komintern encargada de la supervisión del deporte proletario en el exterior y enfrentada a la mayor y mejor organizada institución Socialdemócrata Internacional Deportiva  Obrera (WSI)” 41 por entender que los Juegos Olímpicos tenían por objetivo desviar a los trabajadores de la lucha de clases y entrenarlos para nuevas guerras imperialistas; en el caso de la WSI se les oponían por considerar que potenciaban la desviación de la lucha de clases y  fomentaban la neutralidad de los atletas. Habría de esperarse hasta 1925, cuando Stalin comenzó su nueva visión del <<socialismo en un solo país>>, para que la URSS comenzase a acercarse a la concepción burguesa del deporte a través del Consejo Supremo para la Cultura Física –CSCP- que provocó la vuelta de los discursos patrióticos, la utilización nacionalista del deporte y la búsqueda del reconocimiento internacional mediante las victorias y los records. En la caída de la Internacional del Deporte Rojo, tuvo bastante que ver la gira de la selección vasca durante la Guerra civil española, para recaudar fondos para el Gobierno vasco, pues derrotó a todos los equipos rusos, salvo al Spartak de Moscú. El viejo debate entre deporte amateur y el profesional se reabrió profundamente para beneficio del CSPC.

En este contexto, el desarrollo del deporte en los Estados comunistas produjo un hecho insólito en la historia del deporte, “como fueron los frecuentes arrestos y ejecuciones de personalidades deportivas como parte de las diferentes purgas llevadas a cabo en algunos de estos Estados”42 . En este ámbito, el deporte soviético en general, y en el fútbol en particular, dio lugar a variadas y continuas historias de corrupción y violencia para hacerse con los mejores técnicos y jugadores. “En la URSS, antes de la Segunda Guerra Mundial al menos cinco ministros deportivos e incontables oficiales y jugadores fueron ejecutados. Los más afortunados, como Nikolai Starostín, pasaron más de diez años en los campos de trabajos forzados o gulags”43 .

Cierto es que el fascismo, el comunismo y el nacional-socialismo, inicialmente, no mostraron mucho interés por el deporte de competición pues prefería la educación física –como los ejercicios Turner- para establecer el “hombre nuevo” que propiciaría el socialismo. Así, “en la Alemania de 1914, el Deutsche Türnershaft (D.T.) constituía la mayor organización del mundo para la promoción del ejercicio físico, contando con 1.400.000 afiliados seguidores de la doctrina de F. L. Jahn, considerado el “padre del Turner”, quien consideraba que los ejercicios gimnásticos mejoraban la preparación militar y fortalecía la raza alemana”44 . Pero, a partir de 1930 la Italia fascista fue la primera en comprender y aprovechar el potencial del deporte competitivo como herramienta política –los deportistas podían ser los mejores Embajadores del Régimen-. “El régimen de Mussolini fue el primero en explotar el fútbol como herramienta propagandística […] La Alemania nazi siguió el ejemplo de Italia. En España, el régimen de Franco apelaría más tarde a los éxitos del Real Madrid en la Copa de Europa, mientras en Europa oriental, los gobiernos comunistas de la postguerra proclamaron la supuesta superioridad del “fútbol socialista”” 45. Comenzó así la época dorada del deporte transalpino en los Juegos Olímpicos de Amsterdam 1928, Los Ángeles 1932 y Berlín 1936 –donde Italia ganó 72 medallas- y por supuesto sus dos victorias consecutivas en la Copa del Mundo de 1934 y 1938. En este sentido los nacional-socialistas terminaron siguiendo los pasos del fascismo italiano, en lo tocante a la evolución del amateurismo al profesionalismo promovido por el Estado. De igual manera ocurriría en la URSS. La Alemania nazi rompió su aislamiento cultural mediante el deporte, y muy particularmente con el fútbol, que se convertiría en la herramienta de propaganda del Régimen para mantener relaciones diplomáticas con los países que consideraban adversarios. Empero, es más, el fútbol austriaco con un asombroso nivel profesional para la época, y un altísimo número de judíos en la estructura del fútbol austriaco –árbitros, jugadores o patrocinadores-; conformó la selección austriaca de los años treinta que liderada por Matthias Sindelar, un hijo de emigrantes checos, que deslumbraba por la belleza de su juego. Así se ganaron el calificativo de Wunderteam, -equipo maravilla-. Hasta que la anexión de Austria al III Reich alemán produjo la reamateurización y la expulsión de los judíos del deporte y de la vida social. Recuerde que para todos los Regímenes socialistas –comunismo, fascismo o nacional-socialismo- el amateurismo, era entendido como la forma de demostrar a las clases trabajadoras, que la salud de la nación era más importante que el beneficio económico. Sindelar, conocido como el <<Mozart del fútbol>>, alegó su edad para intentar no jugar con la nueva selección. Hoy en día, la causa oficial de su muerte no es todavía una cuestión resuelta.

El 22 de junio de 1941 comenzó la invasión alemana de la Unión Soviética, la Operación Barbarroja. Cuando los alemanes ocuparon Kiev no tardaron en permitir el desarrollo de una liga de fútbol para recuperar la paz. Así del Dínamo, uno de los clubes más potentes de la Unión Soviética, formado por oficiales de la policía secreta –NKVD- y de algunos jugadores del Lokomotiv se conformó el F.C. Start que junto al Rukh, otro equipo ucraniano, se enfrentaron a otros cuatro conjuntos alemanes formado por los cuerpos militares de la ocupación. El F.C. Start se alzó como campeón al ganar todos los partidos. Sin embargo los ocupantes decidieron organizar un partido entre el F. C. Start y el equipo oficial de la Luftwaffe, que acabó con un 5 a 1 favorable a los campeones. Las autoridades intentaron corregir el <<accidente>> con un partido de revancha que fue anunciado por toda la ciudad, volviendo a ganar los campeones por 5 a 3. Pocos días después cinco jugadores del F. C. Start fueron detenidos por la Gestapo acusados de sabotaje. Nikolai Korotkykh murió en el interrogatorio, Iván Kuzmenko, Nikolai Trusevich y Alexei Klimneko serían ejecutados en el campo de concentración al que habían sido condenados; y sólo Makar Goncharenko pudo sobrevivir a la condena. Para más <<inri>>, los jugadores supervivientes del Start fueron detenidos por la policía secreta soviética –NKVD- cuando la URSS volvió a tomar Ucrania, por haber colaborado con el enemigo. Y sólo pudieron salvar la vida porque la propaganda soviética creó el <<mito del partido de la muerte>> donde los cuatro jugadores asesinados pasaron a ser unos héroes que habían sido ejecutados por la victoria, inmediatamente tras el partido. Sus tumbas hoy pueden verse a las afueras del estadio Zenit de Kiev.

En España tras el <<periodo azul>>, -donde el General Moscardó, héroe del asedio al Alcázar de Toledo durante nuestra Guerra civil, introdujo el saludo fascista antes del partido y el color azul de la equipación para el conjunto nacional- el fútbol se convirtió en un factor de despolitización fundamental, en lo que se denominó la <<cultura de evasión>> durante la dictadura; en la que también destacaron el cine y los toros. A pesar de lo que creemos, los expertos indican que “no existe una opinión generalizada que afirma un uso sistemático e intencionado por parte del régimen en este sentido” 46. Caso a parte sería la contratación de varios jugadores y entrenadores del este de Europa, especialmente húngaros, que sí serían utilizados como símbolos anticomunistas al concedérseles la nacionalidad española bajo el estatus de <<refugiados políticos>>.

La maravillosa selección húngara denominada también como los aranycsapat –los magiares mágicos- se conformó con el Kispest F.C. como base y, en 1949, se transformó en el equipo del Ejército bajo el nombre del Honved -<<defensores de la patria>>-, por lo cual podía atraer a jugadores como Kocsis y Puskas durante su servicio militar –el Honved por orden del Gobierno comunista arrebató los mejores jugadores a los demás clubes del país. Una política que se extendió por todos los equipos militares de la Europa del este-. Pero la entrada de esta selección en los anales de la historia se produciría, el 25 de noviembre de 1953 cuando vencieron a Inglaterra en el estadio londinese de Wembley, ante 100.000 espectadores. El encuentro fue denominado <<el partido del siglo>> y en él, los magiares mágicos presentaron la novedosa figura posicional del <<medio punta>> y los constantes cambios de posiciones, que destrozó el rígido sistema táctico de la WH inglesa con su nuevo <<fútbol total>> o <<fútbol socialista>>. La selección húngara comenzó a jugar con un sistema revolucionario -4,2,4- que perfeccionaría la mítica selección brasileña que ganó el Mundial de Suecia de 1958. Fue la simiente del “fútbol total” de la Holanda de Cruyff aunque el seleccionador húngaro Gustzav Sebes lo denominó entonces como “fútbol socialista”, todos atacaban, todos defendían, y que se utilizó como arma de propaganda. Pero, en este ámbito, cuando Kubala, que jugaba en el Vasas húngaro, fue llamado a filas para realizar el servicio militar, huyó de nuevo, como ya había hecho de Checoslovaquia; cruzando la frontera austriaca disfrazado de soldado ruso para unirse al equipo de fútbol <<Hungría>> formado por exiliados políticos y dirigido por Dancick, antiguo entrenador del Bratislava, que realizó una gira por Italia. Poco después, en 1956, llegó a España el Honved para enfrentarse al Athletic de Bilbao en un partido de Copa de Europa; pero el partido quedó en un segundo plano cuando los tanques soviéticos aplastaron brutalmente el levantamiento del pueblo húngaro. Los jugadores del Honved decidieron no volver a su país –Ferenc Puskas y varios compañeros habían participado activamente en la sublevación- y el Régimen franquista en virtud a su anticomunismo no tardó en reconocerlos, ni en boicotear los Juegos Olímpicos que se iban a disputar en Melbourne para denunciar la invasión soviética de Hungría. Mientras tanto, el Honved pagó para que se rescatasen a los familiares de sus jugadores pero en la huída el grupo tuvo que dividirse en dos al llegar a una bifurcación. “Los que eligieron mal fueron asesinados a ametralladora, acribillados. Los que eligieron bien se salvaron”47 . Entre los afortunados estuvieron el hijo y la esposa de Zoltan Czibor que pudieron llegar a Austria donde fueron recibidos por Zoltan y su compañero Ferenc Puskas.

Así, España se postuló como un refugio ante el comunismo, en plena Guerra Fría, como reflejaría la película “Los Ases Buscan la Paz” cuyo protagonista principal fue Laszlo Kubala. Y a la par, el Régimen franquista se acercaba a los Estados Unidos, gracias a su anticomunismo, con lo que recibió las ayudas del Plan Marshall, la vuelta de España a las Naciones Unidas y la vuelta de las relaciones diplomáticas con muchos países occidentales. A esta mejora progresiva de la imagen internacional de España también contribuyó al fútbol con las seis copas de Europa del Real Madrid, que se ganó el apelativo del <<equipo del Régimen>>. A partir de 1955 consiguió las primeras cinco ediciones de la Copa de Europa; y el Régimen no dejó escapar la oportunidad para mejorar su imagen.

Por otro lado, en los Juegos de Roma 1960, la U.R.S.S obtuvo 103 medallas y 125 en Montreal 1976. Pero “el sistema soviético deportivo basado en la máxima “ganar a toda costa” que dio lugar a tales éxitos y admirado durante mucho tiempo, posee una cara oculta que se ha ido desvelando en las últimas décadas […] como el uso sistemático de sustancias prohibidas o el abuso físico sobre los atletas”48 . Es más, la RDA deslumbró al mundo, convirtiéndose en una de las grandes potencias deportivas en los Juegos Olímpicos desde 1968 a 1988. 49 Pero tras la caída del Muro de Berlín en 1989 se puso al descubierto “el uso metódico y obligatorio de sustancias dopantes prohibidas suministradas a los atletas –muchos de los cuales aún sufren daños físicos y psicológicos-. Así como la invasión sobre la privacidad de los mismos a través de una amplia red de informantes, lo cual ha podido ser bien conocido gracias a la desclasificación de archivos de la Stasi” 50.  La policía secreta de la Alemania comunista –Stasi- tenía bajo un férreo control la vida de todos sus ciudadanos; incluido la vida de aquellos que habían logrado escaparse del país. Ejemplo de ello fue la figura futbolística del BFC Dínamo Lutz Eigendorf que murió en extrañas circunstancias en un accidente de coche en 1983. Asimismo, hoy en día se sigue considerando un asesinato de la Stasi.

La RDA,  a imagen del sistema soviético, desarrolló sus equipos de fútbol bajo un patrocinador estatal; el término CEIME devenía de la industria química, el Lokomotiv de los ferrocarriles, el Stahl del acero y el Dínamo o el Vorwärts de los vínculos del Ministerio del Interior y el Ejército, respectivamente. Y según las necesidades relocalizan los clubes de una ciudad a otra. En este sentido, el Dínamo de Berlín bajo la presidencia de Erich Mielke –jefe de la Stasi- consiguió diez títulos de liga consecutivos, desde 1979 hasta 1988, gracias al amaño de partidos, el soborno de árbitros, el alargamiento de los partidos hasta que el <<equipo de la Stasi>> marcara, la recolocación de jugadores de un club a otro… Dicho modelo futbolístico, también se implementó en Hungría y Rumanía: corrupción, deserción de jugadores, interferencias políticas, rivalidades de los patrocinadores estatales… Aunque, como hemos mencionado anteriormente, en la Hungría comunista se fraguó uno de los mejores equipos de fútbol de la historia <<el equipo de oro>> formado por Puskas, Kocsis o Czibor. Y Rumanía sería el primer país del Este en alzarse con una Copa de Europa gracias al Steaua de Bucarest; el 7 de mayo de 1986 frente al Barcelona en el Sánchez Pijuán de Sevilla.

En el caso concreto de Hispanoamérica cabría destacar, que la Copa del Mundo disputada en Argentina en 1978, pasó a la historia como <<el Mundial del miedo>> por celebrarse tras el Golpe de estado del General Jorge Rafael Videla -24 de marzo de 1976- para restablecer el orden social y reestructurar las instituciones de cara a crear, las condiciones necesarias para desarrollar una auténtica democracia liberal. Empero el <<Proceso de Reorganización Nacional>> se diluyó en una espiral de torturas y asesinatos durante el cual se celebraría un Mundial que la FIFA había otorgado diez años antes. La Escuela de Mecánica de la Armada –ESMA-, donde se institucionalizó la represión, estaba a sólo cien metros del estadio del River Plate. Eso sí, el Régimen de Videla permitió que Cesar Luis Menotti, antiguo miembro del Partido Comunista, dirigiese la selección a la victoria en el Mundial; y donó 35.000 toneladas de grano al Gobierno de Perú, cuyos jugadores tuvieron gravísimos fallos en el encuentro entre las dos selecciones. Así, la Junta Militar pudo presentarse como un proyecto exitoso. Por otra parte, el fútbol llegó a Brasil gracias a un ingeniero llamado Charles Miller, que en 1894 desembarcó en el puerto de Santos con un balón de fútbol en cada mano. Otro anglo-brasileño llamado Oscar Cox introdujo el fútbol en la ciudad de Río al regresar de sus estudios en Suiza, dando origen así al Fluminense en 1902.  Pero la selección brasileña, que se había alzado con  la Copa del Mundo en 1958 y 1962;  a partir de 1964 serviría como símbolo de la nueva dictadura militar, que bajo el mando del General Emilio Garrastazu Médici, tuvo como seleccionador a Joao Saldaña –histórico militante del Partido Comunista- que finalmente fue destituido por dejar fuera de la lista para el mundial al mismísimo Pelé. Todo volvió a su <<cauce>> con Mario “lobo” Zapallo que obtendría la Copa del Mundo de México 1970.

Finalmente, para ultimar este triste panorama, debemos recordar que el fútbol llegó a Irak de manos del Imperio británico; pero con la instauración de la terrible dictadura de Sadam Hussein en 1979 el fútbol se convirtió en una máquina de corrupción, torturas, sobornos… simbolizada en las victorias del Al-Rasheed dirigida por Uday Hussein y en las continuas torturas de su propios jugadores por fallar un gol o perder un partido. El hijo del dictador no llevaba bien perder las grandes sumas del dinero que invertía en las apuestas. Es más, desde octubre de 2002 la selección iraquí fue dirigida por el alemán Bernd Stange –ex-entrenador del F.C. Carl Zeiss, de la selección nacional de la RDA e informante de la Stasi- que hoy dirige la selección de Bielorrusia, considerada la <<última dictadura de Europa>>.

Conclusiones.

En este artículo hemos pretendido mostrar como la corriente deportiva desarrollada por Gran Bretaña en el siglo XVIII, implementó los deportes modernos, la creación de los clubes y el auge de la burguesía sobre la aristocracia como se simbolizó en sus escuelas privadas. Este cambio en las estructuras sociales pronto comenzó a penetrar en la Europa continental, con diversos grados de resistencia en cada país; a la par que los militares y funcionarios de su Majestad, extendieron sus valores políticos, económicos, sociales y deportivos por todo el Imperio, durante la primera globalización.

            En Norteamérica el deporte británico fue adaptado a sus usos y maneras, pero el deporte se convirtió en una obligación cívica cuasi sagrada, gracias a una institución llamada la Young Men´s Christian Association que fue la primera que utilizó los juegos de equipo para regenerar a los jóvenes de la calle. En esta línea, el Barón de Coubertain recuperó el ideal olímpico para impulsar la paz universal, la democracia, la justicia social, la igualdad, el respeto al contrincante…

 Pero con las nuevas religiones políticas del siglo XIX, el deporte alcanzaría un nivel de manipulación política único en la historia. De facto, podemos afirmar que los mejores ejemplos de esta manipulación, sin igual en la historia, fueron la politización del fútbol desde los Totalitarismos socialistas del siglo XX –comunismo, fascismo y nacional-socialismo-, hasta las autocracias militares, como las de Videla o Emilio Garrastazu; y la propaganda política  que las grandes potencias hicieron de los Juegos Olímpicos durante todo el siglo pasado.

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1 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 307.

2 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 327.

3 Mandell, Richard. Historia cultural del deporte, pp. 155.

4 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 333.

5 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 348.

6 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 347.

7 Weber, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo, pp. 248.

8 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 345.

9 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 347.

10 Toynbee, Arnold J. Ciudades en marcha, pp. 150.

11 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 357.

12 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 461.

13 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 476.

14 Valentín, José María. Apuntes de pedagogía, historia y metodología de la educación Física, pp. 172.

15 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 493.

16 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 514.

17 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 515.

18 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 605.

19 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 519.

20 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 542.

21 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 408.

22 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 411.

23 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 417.

24 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 421.

25 Mandell, Richard. Historia cultural del deporte, pp.190.

26 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 447.

27 Calderón, Emilio. Deportes y límites, pp. 33. 

28 Calderón, Emilio. Deportes y límites, pp. 34.

29 Salvador, José Luis. El deporte en occidente, pp. 28.

30 Berlín 1936. Jesse Owens llegaría a decir, mucho más tarde, “que <<se podrían fundir todas las medallas y copas que ganó, y no valdrían nada frente a la amistad de 24 quilates que hice con Luz Long en aquel momento>>”. Pastor, Mauricio. (Coord.). Deporte y olimpismo. EUG, Granada, 2008, p. 285.

31 Connolly, Kevin y Macwilliam, Rab. La historia del fútbol europeo, pp.23.

32 Connolly, Kevin y Macwilliam, Rab. La historia del fútbol europeo, pp.23.

33 Connolly, Kevin y Macwilliam, Rab. La historia del fútbol europeo, pp.24.

34 Connolly, Kevin y Macwilliam, Rab. La historia del fútbol europeo, pp.25.

35 Connolly, Kevin y Macwilliam, Rab. La historia del fútbol europeo, pp. 24.

36 Leiva, Jorge. Fútbol y dictaduras, pp. 28.

37 Leiva, Jorge. Fútbol y dictaduras, pp. 16.

38 Leiva, Jorge. Fútbol y dictaduras, pp. 18.

39 Leiva, Jorge. Fútbol y dictaduras, pp. 21.

40 “Aplicados al mundo del deporte, las interpretaciones marxistas hacen hincapié en que el deporte es un producto genuino de la revolución industrial y del nuevo orden social establecido por la burguesía. Para la sociología marxista, el deporte constituye un refuerzo positivo e ideológico del que no se vale el sistema capitalista para conseguir en la masa social una aquiescencia, oral y fáctica que hace posible que las relaciones de dominio y poder sigan inalterables”. VVAA. Sociología del deporte. Alianza, Madrid, 1998, p. 25.

41 Leiva, Jorge. Fútbol y dictaduras, pp. 76.

42 Leiva, Jorge. Fútbol y dictaduras, pp. 80.

43 Leiva, Jorge. Fútbol y dictaduras, pp. 80.

44 Leiva, Jorge. Fútbol y dictaduras, pp. 32.

45Connolly, Kevin y Macwilliam, Rab. La historia del fútbol europeo, pp.62.

46 Leiva, Jorge. Fútbol y dictaduras, pp. 53.

47 Leiva, Jorge. Fútbol y dictaduras, pp. 11.

48 Leiva, Jorge. Fútbol y dictaduras, pp. 80.

49 Cuando en 1962 se introdujeron los tests de sexo en el atletismo, cinco atletas de los países del este de Europa se negaron a pasarlos.

50 Leiva, Jorge. Fútbol y dictaduras, pp.  86.


Recibido: 21/05/2015 Aceptado: 05/06/2015 Publicado: Junio de 2015

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