Contribuciones a las Ciencias Sociales
Julio 2010

CULTURA Y PANORAMA CULTURAL. EN TORNO A LA DIALÉCTICA DE UN DISCURSO: INDIVIDUALIDADES, OTREDADES, IDEAS Y COMPORTAMIENTOS

 

Yarima Elena Hernández Pérez (CV)
yarimahp@ult.edu.cu 

 

RESUMEN

En el presente artículo se declaran las concepciones de teóricos e investigadores sobre la cultura. El análisis permite relacionar desde dimensiones dinámicas, que es precisamente en los nexos interculturales, donde se establecen y reestablecen las interacciones con el pasado. Ello posibilita comprender las relaciones triádicas entre cultura, panorama cultural y memoria cultural; entramado teórico que direcciona el discurso crítico en la investigación.

SUMMARY

Presently article the conceptions are declared of theoretical and investigators on the culture. The analysis allows to relate from dynamic dimensions that it is in fact in the interculturals nexuses, where they settle down and they reestablish the interactions with the past. It facilitates it to understand the relationships among culture and cultural panorama; theoretical lattice that addresses the critical speech in the investigation.

¿Cómo una sociedad cualquiera podría existir, subsistir, tomar conciencia de ella misma si no abrazara en una mirada un conjunto de acontecimientos presentes y pasados, si no tuviese la facultad de remontar el curso del tiempo y de repasar sin cesar sobre los trazos que ha dejado de si misma?  

Maurice Halbwachs.
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Hernández Pérez, Y.E.: Cultura y panorama cultural. En torno a la dialéctica de un discurso: individualidades, otredades, ideas y comportamientos, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, julio 2010, www.eumed.net/rev/cccss/09/yehp.htm 


Desde el siglo XIX y hasta el presente, la intención de definir una concepción de la cultura subsiste como una polémica de complejidad dialéctica, que se debe fundamentalmente, al espacio social que le sirve como soporte y del cual forma parte1. Esto genera que al asumir una postura ante este fenómeno, se impongan ante todo, los principios tanto filosóficos, antropológicos, sociológicos, como culturológicos de los que se parte para dar respuesta a tales disquisiciones.

Un acercamiento hacia el corpus teórico de la cultura, constituye la particularidad de todo análisis en el campo de las ciencias sociales y los estudios culturales; al presentarse como fundamento de perfil humanista que concebida desde la generalidad, parte de la posibilidad de que el hombre sea capaz de desarrollarse como ente social. Es en este proceso donde se convierte en catalizador de esa realidad que le permite erigir, reproducir y transformar su contexto. La tentativa de clarificarla, por medio de la reconstrucción y explicación del status del género humano, sirve de paradigma a todo el pensamiento científico en torno a su conceptualización y acercamiento epistemológico.

El hombre se instala como protagonista de su propio consumo en la persistencia de una cultura que se auxilia de este para mostrársele como reflejo de su dinámica social; y a manera de estructura funcional establecer una relación indisoluble entre cultura-hombre, de modo que uno se debe al otro como condición natural. La cultura en este sentido, no funge como condicionante que el individuo agrega a su vida, sino que sus comportamientos, exigencias y necesidades culturales, se establecen en su propio desarrollo.

Es entonces, en este proceso de humanización, donde el hombre experimenta un auto-reconocimiento de su identidad. Ello implica por consiguiente, la latencia de las relaciones entre el “yo“ y el “otro” como nexo fundamental para asimilar posturas heterogéneas, a raíz de las interrelaciones establecidas a nivel de colectividad. Desde la perspectiva histórica de su propia cultura y de otras que no le pueden permanecer ajenas, se transfigura su imaginario cognitivo,“Nuestra diversidad constituye nuestra riqueza. Es necesario dejar de ver la diferencia desde el concepto maniqueo de bueno y malo, clasificar al “otro” subjetivamente entre estos parámetros, y juzgar cada acto con intolerancia“(del Valle; 2006:33)

La heterogeneidad que distingue a la cultura no condiciona su existencia, toda vez que se convierte en el vínculo indiscutible de aceptación de otredades2, tanto en el plano individual como colectivo. Ello implica la presencia de una simbiosis de las realidades del individuo que las experimenta y que le posibilita enfrentarse a la dinámica que lo absorbe, pertrechado de aquellos rasgos que le pertenecen.

En este conjunto de elementos, interviene un sistema de valores y códigos de comunicación, materializados en las producciones tanto de la cultura material como espiritual. Frente a estas creaciones y el desenfreno de la globalización neoliberal, el discurso de la cultura, su preservación, reconstrucción y transformación, impone un concepto desde una postura dialéctica, que conlleve a procesos de desarrollo en su entorno.

Todo los intentos por conceptualizar la cultura, coinciden en retornar a las referencias decimonónicas reconocida bajo los postulados de Edward Burnett Tylor3 (1832-1917) en su obra maestra Cultura primitiva en 1871, donde se asume que:

La cultura o civilización, tomada en su sentido etnográfico amplio, es ese complejo total que incluye conocimiento, creencia, arte, moral, ley, costumbre y otras aptitudes y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad. (Bohannan; 2005: 64)

Atendiendo al análisis realizado por Tylor en torno a la cultura y al tratamiento de esta categoría social, se adoptan posturas generales, en tanto para él no existen barreras definibles entre cultura o civilización. Por supuesto, este elemento constriñe la concepción contemporánea del individuo como gestor del desarrollo y sobre el que tienen lugar toda la red de relaciones sociales que conlleven al mismo.

La imbricación que se prescribe entre ambas (cultura-civilización), refrenda que esta dualidad parte del reconocimiento de un todo complejo en el que se involucran: el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el conjunto de relaciones interpersonales, las costumbres, tradiciones y cualesquiera otros hábitos asumidos por las relaciones entre el hombre y su medio. Este último es entendido como eslabón de un desarrollo de dimensión macrosocial.

Establecer demarcaciones con la postura de Tylor, replantea que la cultura existe independientemente de la delimitación o cohesión de los grupos sociales. Es bajo la comprensión y asimilación de las diversificaciones culturales, que se constata un desarrollo tanto humano como social. Aún cuando se reconozcan en sus juicios, la complejidades científicas que comprenden la cultura y se convierta esta en objeto de ciencia, se aprecian concepciones de cierto radicalismo. Esta premisa pone de manifiesto el carácter descriptivo de sus juicios, consecuencia de la corriente evolucionista que limita su ideología de desarrollo multidireccional y heterogéneo:

Comparando las varias etapas de la civilización entre las razas que la historia conoce, con la ayuda de inferencia arqueológica de los restos de las tribus prehistóricas, parece posible juzgar de manera tosca sobre una primera condición general del hombre, la cual se considera una condición primitiva desde nuestro punto de vista, cualquiera que sea el estado anterior que pueda haber estado tras ella en realidad. (Ídem: 76)

Bajo los intentos por “institucionalizar” una clasificación de cultura, los ideólogos burgueses, de la misma forma que los antropólogos del siglo XIX, encuentran una alternativa para imponer sus mecanismos de dominación.

La postura de Kroeber difiere totalmente de la teoría evolucionista de Tylor, puesto que manifiesta que los procesos culturales y sociales, son tan dispares en todo el mundo, que es difícil discernir una tendencia general. Cuando reseña las cualidades y particularidades de la cultura afirma que “(…) consiste en pautas de comportamiento, explícitas o implícitas, adquiridas y trasmitidas mediante símbolos y constituye el patrimonio singularizador de los grupos humanos (…)”. (Ídem: 64)

Indiscutiblemente, la cultura entendida como fenómeno diverso y totalizador de las sociedades humanas, permite al individuo no sólo conocer sus necesidades, sino establecer patrones de significación ante un fenómeno determinado por medio del reconocimiento al otro. La complejidad de criterios para comprender y conformar una ideología de las relaciones hombre-cultura, debe concebir esta última, no como necesidad de la formación humana; sino como proceso donde los límites entre uno y otro queden armonizados.

El hombre, más que un receptáculo de conocimientos, experiencias, ideas y significados, debe convertirse en el autogestor de su desarrollo. La cultura, exige mucho más para un entendimiento coherente de los fenómenos sociales y aún cuando el hombre funge como vínculo intermedio, es precisamente en este donde se instituye la diferencia.

Austin por su parte, defiende el precepto de que la cultura es el sustantivo común "(…) que indica una forma particular de vida, de gente, de un período, o de un grupo humano (…)" (2000: 3) Es en este regreso al pasado, donde se viabiliza la construcción de un presente, como consecuencia de los sucesos que asumidos como historia se comparten de forma inconsciente. Ello constituye el cimiento que sobre esta estructura de coexistencia temporal, tiene sentido, al encontrar la génesis de los procesos culturales en el carácter interpretativo que los individuos adjudican a sus recuerdos.

El pasado se convierte en la herramienta de la que se auxilian las colectividades para conocer a sus semejantes. Por tanto, es en las relaciones interpersonales, donde se declaran los rasgos más distintivos de cada grupo social y que constituyen a su vez, el referente más cercano hacia la interpretación, compartida, de la estructura social.

De manera que el consumo del conocimiento genera actitudes que responden no solo a cuestiones individuales, sino que asume las exigencias y necesidades culturales de los demás. Como indica Ward Goodenough, la cultura "es lo que uno debe conocer (saber o creer) para comportarse aceptablemente de acuerdo a las normas de los demás". (Reynoso; 1986: 31)

Esta definición ilustra que la exégesis de la cultura, durante su período de socialización, obliga a estudiosos de las ciencias sociales a que en la búsqueda para la comprensión de los procesos culturales se considere “una descripción de los fenómenos culturales que sean congruentes tanto con el fenómeno analizado como con las conceptualizaciones de los nativos”, (Austin; 2000:6)

Es en el nivel que ocupan las reinterpretaciones y resignificaciones, donde quedan almacenados todos los recuerdos y vivencias para comprender los procesos culturales del presente.

Asimismo, Tzvetan Todorov4 reconoce que la cultura es un proceso que engloba más que acumulaciones de recuerdos y asume las posibilidades que ofrece el que se le reconozca como el conjunto de relaciones interpersonales, vivencias y lugares compartidos que en los marcos de la memoria encuentran su fundamento. La cultura en este sentido:

(…) un asunto de memoria: es el conocimiento de un cierto número de códigos de comportamiento, y la capacidad de servirse de ellos. (…) Un ser sin cultura es el que no ha adquirido jamás la cultura de sus ancestros, o que la ha olvidado y perdido. (1997:11-12)

Realizadas las consideraciones anteriores, cada cultura abarca la totalidad del comportamiento humano, haciéndose inseparable en esta relación la presencia de “otras culturas” para la reconstrucción de su discurso.

Andrés Santamaría encauza sus ideas hacia una valoración donde la misma “es consustancial al pensamiento y a la acción humana”, (2004:254) de manera que en las relaciones compartidas se sustenta que “en virtud de nuestra participación en la cultura, el significado se hace público y compartido y, de este modo, la mente se entronca con la cultura”. (Ídem: 264)

Los espacios de la mente recepcionan toda una serie de experiencias, significados y sucesos que al formarse y concebirse frente a coyunturas culturales, se auxilian de esta cualidad para implantar una postura ante la cultura, propugnada en su interrelación con la memoria.

Teresa Valiente, en correspondencia con lo referenciado por Goodenough, Austin y Todorov; reconoce que "la cultura comprende los artefactos heredados, los bienes, los procesos técnicos, la organización social, las ideas, los hábitos y los valores". (1993:15) Es importante desatacar que es en la correlación con las readaptaciones que de estos fenómenos se hace en el presente, donde persisten los significados tanto de carácter individual como colectivo. Esto por tanto, se consolida entre la relación de lo cultural y lo simbólico.

La concepción semiótica de Clifford Geertz, relaciona que la cultura no es atendida como “(…) un poder, algo a lo que se le puede atribuir los sucesos sociales, las conductas, las instituciones o los procesos; es un contexto, algo en lo que pueden ser inteligibles, es decir, densamente descritos.”(Bohannan: 555) Tales idealizaciones de la cultura, permiten plantear que esta constituye el espacio en que todos los acontecimientos del entramado social adquieren significado, y donde el hombre se encarga de figurarlos.

Para Geertz, “lo más importante de un enfoque semiótico de la cultura es, ayudarnos a acceder al mundo conceptual en el que viven los individuos, para que podamos, en el sentido amplio del término, conversar con ellos”. (Ídem: 563)

Si bien por mediación de la interpretación sígnica de los acontecimientos sociales, la cultura encuentra verosimilitud con la realidad; lo más relevante no es el “qué” de la cultura, sino el “cómo” y “para qué” se asume esta como esencia de todos los procesos sociales de desarrollo.

La noción que sobre la cultura advierte Ayús en su texto La aventura antropológica, registra las relaciones que se establecen entre individuo-otro, que como condición indispensable genera una red de manifestaciones sígnicas, al suponer una dirección de compatibilidad entre símbolos, experiencias, identidades y por ende también de culturas:

La cultura no está relegada a los límites en que la concibe el uso común e institucional: el arte, la religión, la actitud intelectual. La cultura es toda realización humana que implique construcción de sentido por medio de sistemas de lenguajes que permiten articular el sentido (la significación) como una interacción comunicativa (…). (Ídem)

Los sistemas de lenguaje median como conectores en los procesos culturales. En los mismos se transgreden los límites simbólicos de actitudes y comportamientos humanos, de dimensiones tanto sociales como culturales. Por su parte esta ruptura conllevan a compartir la idea de que “la cultura representa en sí misma un lenguaje”. (Ídem) Desde este aspecto en que la palabra se presenta como expositora de conductas humanas en sociedad, se advierte las conformaciones de reconstrucciones en el pensamiento de patrones culturales, tanto creadas como preestablecidas socialmente.

La historia de la humanidad ilustra que el progreso de las sociedades ha estado amparado por un desarrollo comunicacional de sus individuos. La relación que se establece entre estos y su cultura, asume como factor intermedio al lenguaje. En este sentido, la cultura deviene resultado de esa interrelación a niveles colectivos y por tanto, en ella se manifiestan y reflejan conductas, actitudes, modos de vida y de pensamiento materializados por medio de la palabra articulada. Como sostiene Luigi Luca Cavalli en su texto La evolución de la cultura. Propuestas concretas para futuros estudios, la cultura es:

(…) la acumulación global de conocimientos y de innovaciones derivados de la suma de las contribuciones individuales transmitidas de generación en generación y difundidas en nuestro grupo social, que influye y cambia continuamente nuestra vida. Este desarrollo ha sido posible gracias a la capacidad de comunicación entre los individuos que se debe a la maduración del lenguaje. (…) (2007:9)

Cavalli asume la cultura como el soporte donde se establecen las experiencias y acumulaciones desde una dimensión individual, las cuales son transmitidas a niveles colectivos y por tanto, compartidas en estructuras macro sociales. Independientemente que se refiere a procesos de “acumulación global”, es pertinente aclarar que ello por sí solo no constituye un fenómeno cultural.

En este sentido se asume la postura cavalliana, en tanto es necesario que los individuos se apropien de la palabra y por medio de la misma, transfiguren su realidad social. De ahí que el lenguaje, no solo ha constituido un catalizador para el desarrollo del hombre y su cultura, sino también para las sociedades.

En consecuencia, se le reconoce (cultura) como el recurso mediante el que de forma espontánea se han establecido las relaciones individuales intermediadas por el lenguaje. Por tanto, el lenguaje media entre las relaciones que se establecen a través del binomio individuo – sociedad, para de esta forma, manifestarse en la cultura como:

(..) un proceso antes que nada social, es decir, de intercambio de informaciones entre individuos. Nuestros conocimientos y actividades son el resultado de experiencias de millones de individuos que nos han precedido, que nos han transmitido un bagaje que nos condiciona y que nos proporciona una serie de respuestas posibles a cierto número de problemas, deseos, necesidades e intereses. (…) (Ibíd.:25)

Aún cuando Marvin Harris6 declara las disquisiciones ante una teorización lineal de la cultura, su criterio se sustenta en las ideas de asumirla como “el modo socialmente aprendido de vida que se encuentra en las sociedades humanas y que abarca todos los aspectos de la vida social, incluidos el pensamiento y el comportamiento”. (2007:17)

Es por tanto que en este sentido, el lenguaje reaparece como nexo indiscutible entre las subestructuras y sirve de medidor cultural para estabilizar concepciones en el orden de las ideas y del comportamiento. Harris, por su parte, sostiene criterios antagónicos en tanto reconoce que en la cultura son precisamente “las ideas las que guían el comportamiento”. (Ídem: 20)

El individuo ante la dinámica que le absorbe, es capaz de organizar su vida en consonancia con normas, proyectos, esquemas y metas condicionadas por la cultura. A su vez, se cuestiona para conformar cada una de las respuestas ante fenómenos tan heterogéneos como la dinámica social en la que se desarrolla. A pesar de que se reconozca en este sentido que las ideas tutelan al comportamiento, es válido declarar que la suma de actitudes, en el marco de las ideas y en el marco de los comportamientos, debe corresponderse.

La cultura se presenta como el conjunto de transformaciones diarias que en las sumas del comportamiento y las ideas se generan, en tanto el individuo funge también como ente de cambio. Como reconoce Harris,“es también ahí, de medio a largo plazo, donde el comportamiento da forma a las ideas, las conforma, orienta, desarraiga, derriba y hace emerger el nexo de rasgos cognoscitivos que acompaña y guía al comportamiento a corto plazo”. (Ídem: 24)

Ello determina, que tanto el comportamiento como las ideas, deben verse como elementos que conforman un entramado teórico hacia la comprensión de la cultura. En tanto, es entendida como proceso sobre el cual se forja una serie de valoraciones tanto ideológicas como conductuales. No es sino, en la interrelación de estas posturas, donde el acercamiento hermenéutico a los marcos culturales establecidos a nivel social alcanza significación.

Como consecuencia de ello, se considera que cultura es el reconocimiento de factores objetivos y subjetivos en la conformación de actitudes, comportamientos, significados, valores, modos de vida, costumbres. Por tanto, en ella se establecen las respuestas ante los procesos dinámicos de carácter social, tanto presentes como pasados. Corresponde al hombre autorreconocerse como resultado de la imbricación de otras normas y pautas culturales que no le están ajenas.

Es además, un fenómeno inherente a la existencia humana, toda vez que no asimila distinción de raza, concepciones ideológicas del mundo, filiaciones religiosas y sí asume como condición indispensable el discurso de la aceptación, la tolerancia y el respeto hacia la otredad. Emerge como esa suerte de leit motive de las relaciones individuales, colectivas e institucionales, en la medida en que facilita el escenario para que el hombre posesione en sociedad, la urdimbre de significados y recuerdos que le custodian. Es en ella donde se establecen relaciones con el pasado y que por medio del intercambio interpersonal, esos acontecimientos perviven en el recuerdo de los individuos.

El análisis sobre las concepciones de la cultura, constituye un referente necesario para asumir los estudios del pasado. En este sentido, Susan Wright establece diferentes concepciones al reconocer “viejas” y “nuevas” ideas de cultura.

Entre las nuevas ideas de cultura que plantea se encuentran:

-la cultura es un proceso activo de construcción de significado

-la manera en que se forman conjuntos de conceptos es históricamente específica, y las ideas nunca constituyen un todo cerrado.

-en su forma hegemónica, la cultura aparece como coherente, sistemática, consensual. (2008:132)

Desde estas consideraciones, se constata que las nociones analizadas sobre la cultura, permiten declarar las relaciones que se establecen entre esta y los componentes que conforman el panorama cultural de Victoria de las Tunas (1930-1935). Desde el fundamento epistemológico de la cultura, confluyen los valores compartidos de las identidades culturales de los pueblos y por tanto, de sus individuos. Es desde las relaciones que se establecen entre hombre-cultura-sociedad, que se materializan las lecturas del pasado, por medio de los rasgos que conforman el panorama cultural de las ciudades.

Las cuestiones como el lenguaje, el recuerdo, el respeto hacia el “otro”, la significación que ocupan los procesos culturales como gestores de desarrollo, permiten a la autora establecer una relación directa entre cultura y panorama cultural. Desde las estructuras culturales a nivel de colectividad, se generan las manifestaciones que distinguen el panorama cultural de cualquier territorio. Por tanto, la cultura es portadora de significados sociales que confluyen en las relaciones entre esta y su medio. El panorama cultural de una ciudad, sustentado sobre las relaciones interpersonales que se desarrollan en ella, constituye un reflejo de la cultura del pueblo.

Es válido destacar que las aproximaciones teóricas hacia la conceptualización del término panorama cultural son limitadas. Debido a que los enfoques desde los que se ha analizado, se corresponden con una visión historicista de los acontecimientos que forman parte de la cultura. En este sentido, las propuestas que se asumen, están sustentadas por investigaciones, que a partir de una visión generalizadora del contexto, estudian los procesos de desarrollo que tienen lugar en una sociedad determinada. Para ilustrar lo anterior expuesto, se toman como referentes los textos: Panorama cultural de la Cultura Cubana. Antología de Sonia Almazán del Olmo y Pedro Torres Moré y Panorama de la República en Bayamo (1925-1952) de Aldo Daniel Naranjo Tamayo, Orlando Guevara Díaz y Clemencia Tamayo-Saco.

En ambos casos, el enfoque que se asume para los estudios del panorama cultural, responde a un tratamiento contextual en el que tienen lugar las relaciones entre la cultura y los grupos sociales que confluyen en su marco. Como consecuencia a lo anterior planteado, los estudios del panorama cultural, se distinguen por la selección de aquellos acontecimientos relevantes, que condicionan el cauce del desarrollo social en la temática o período a estudiar. Los procesos de selección, por parte de los investigadores, asumen una perspectiva que se desenvuelve desde lo general a lo específico y significativo.

Así puede reflejarse en las principales temáticas seleccionadas por los mencionados autores:

Por ejemplo, entre las temáticas que caracterizan el estudio del Panorama de la República en Bayamo, se consideran los siguientes: agravamiento de los males neocoloniales, situación de la economía, aumento de la explotación y malestar de las masas, partidos políticos en el poder, movimiento obrero y popular, visión de la cultura, comportamiento demográfico, la vida social y muchos de sus males, situación política. El análisis sobre el panorama de la cultura cubana identifica los siguientes: valor de la cultura, análisis contextual del desarrollo en las diferentes manifestaciones artísticas como la música, danza, teatro, artes plásticas, principales fiestas y celebraciones populares. Como puede observarse, en ambos casos es significativo que el análisis parte de la visión de los investigadores, quienes establecen las temáticas a tratar en su estudio.

Cabe agregar, que existen tantas vías de estudiar un panorama cultural como visiones particulares de un fenómeno determinado en el que intervienen procesos como: la interrelación con el contexto en el que tienen lugar los acontecimientos y un análisis que transcurre desde lo más general hacia lo representativo. Ello corrobora, la inexistencia de una estructura metodológica que oriente desde una misma línea de pensamiento, las concepciones teóricas en este sentido.

Por tanto, se asume como panorama cultural la exposición de los rasgos más esenciales y significativos de una cultura, determinados por elementos tanto generales, como específicos. Tiene un marcado carácter social lo que permite distinguirlo de otros. Posibilita que se desarrollen estudios sobre las características de los procesos culturales, sin profundizar en sus especificidades. Aún cuando asume la importancia de los acontecimientos el estudio no se desarrolla desde un enfoque hechístico, sino que la interpretación de los mismos, se pondera como herramienta esencial. Constituye un análisis interpretativo y dialéctico en relación con el contexto en que se desarrolla.

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Notas

1- Ver. Susan Wright: “La politización de la “cultura”, en Anthropology Today, Vol. 14, Nº 1, febrero de 1998.

2- Ver. Ramfis Ayús Reyes: “Cultura. La sociabilidad y yo. Una etnografía del encuentro o al encuentro de la etnografía”, en: La aventura antropológica. Cultura, poder, economía y lenguaje, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2007, pp.33-65

3- Sir Edward Burnett Tylor (2 de octubre de 1832–2 de enero de 1917). Antropólogo inglés. Entre sus trabajos antropológicos relevantes se encuentran: el registro de sus observaciones en México, titulado Anahuac; or, Mexico and the Mexicans, Ancient and Modern (1861). Researches into the Early History of Mankind (1865); Primitive Culture: Researches into the Development of Mythology, Philosophy, Religion, Language, Art and Custom (1871). Pequeño manual de Antropología (1881).

4- Tzvetan Todorov: “Los abusos de la memoria”, Disponible en: http://www.region.org.co/elem_prov/pdf/LIBRO-Memoria-y-ciudad.pdf

5- Ver. Anrubia, Enrique: Clifford Geertz: de ¿quién es “quién”? o ¿quién sabe “dónde”?”, en: revista Nómadas, enero-junio, Núm.5, España, 2002. Disponible en: http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/181/18100501.pdf

6- Marvin Harris en: Teorías sobre la cultura en la era posmoderna, A&M Gráfic, Barcelona, 2007, reconoce que para algunos antropólogos, la cultura consiste en los valores, motivaciones, normas y contenidos ético-morales dominantes en un sistema social. Para otros, la cultura abarca no sólo los valores y las ideas, sino todo el conjunto de instituciones por las que se rigen los hombres. Algunos antropólogos consideran que la cultura consiste exclusivamente en los modos de pensamiento y comportamiento aprendidos, mientras que otros atribuyen mayor importancia a las influencias genéticas en el repertorio de los rasgos culturales. Por último, unos opinan que la cultura consiste exclusivamente en pensamientos o ideas, mientras que otros defienden que consta tanto de los pensamientos e ideas como de las actividades ajenas a los mismos. (p.17) Por su parte establece que ha existido en ese afán por teorizar unidireccionalmente a la cultura, una falta de consenso que se soporta en las siguientes líneas de pensamiento: 1-William Durham mantiene que la definición exclusivamente Ideacional de la cultura representa un «consenso nuevo y esperanzador» en la antropología; 2- Conrad Kottak contiene la siguiente expresión: «las tradiciones y costumbres que rigen el comportamiento»; 3- William Haviland afirma que «la cultura consiste en valores, creencias y percepciones abstractas del mundo que subyacen al comportamiento del hombre y que se reflejan en su conducta»; 4- Serena Nanda quien escribe que «el término cultura ... describe el tipo específicamente humano de comportamiento aprendido en el que tanta importancia tienen las normas y reglas arbitrarias»; 5- Melvin y Carol Ember postulan que «para la mayor parte de los antropólogos, la cultura engloba los comportamientos, creencias, actitudes, valores e ideales aprendidos y que caracterizan a determinada sociedad o población»

7- Polimnia: Musa de la historia.

8- Ver. Fabricio Cossalter, “Imágenes (y palabras) pese a todo” Notas sobre la representación del pasado. Disponible en: http://www.ucm.es/info/hcontemp/Fabrizio_Cossalter.pdf

9- Ver. María Teresa Johansson: “Reseña de Tiempo pasado. Cultura de la memoria y giro subjetivo. Una discusión”, en Persona y Sociedad, Universidad Alberto Hurtado, Vol. XX, No.2, 2006, pp. 252-254. Disponible en: http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/181/18100501.pdf La autora plantea que el protagonismo que se le adjudica a tales escritos de la memoria ha sido provocado por un cambio en el objeto de la historia que, tras la tensión entre historia crítica y monumental y el surgimiento de neohistoricismo, se ha desplazado hacia los márgenes variando sus fuentes hacia la historia oral.

10- Ver. Joel Candau, Antropología de la memoria, Buenos Aires: Nueva Visión, 2002, p.57. Candau examina que las relaciones que se establecen entre la historia y la memoria han transcurrido por diferentes niveles que por supuesto albergan perspectivas críticas divergentes. Cuando referencia a Pierre Nora admite que en sus criterios se declara una oposición radical a los puntos de confluencia entre memoria e historia. Pierre Nora por su parte, descarta cuáles son las posibilidades que ofrece cada una de estas posturas al asumir que la memoria: “Es la vida vehiculizada por grupos de gente viva, en permanente evolución, múltiple y multiplicada, abierta a la dialéctica del recuerdo y de la amnesia, inconsciente de sus deformaciones sucesivas, vulnerable a todas las utilizaciones y manipulaciones, susceptible de largas latencias y de súbitas revitalizaciones. Afectiva y mágica, arraigada en lo concreto, el gesto, la imagen y el objeto, la memoria solamente se acomoda a los detalles que la reaseguran; se nutre de recuerdos vagos, que se interpretan, globales y fluctuantes, particulares o simbólicos, sensibles a todas las transferencias, pantallas, censuras o proyecciones”; la historia: “sólo se vincula a las continuidades temporales, a las evoluciones y a las relaciones entre las cosas. Pertenece a todos y a nadie; tiene vocación de universalidad. Es una operación universal y laica que demanda el análisis, el discurso crítico, la explicación de las causas y de las consecuencias”.

11-Joel Candau, (ob. cit) reconoce que Tzvetan Todorov desarrolla un punto de vista cercano al de Pierre Nora, aunque menos radical y absoluto que el de éste. En una investigación que Todorov realizó sobre los recuerdos sobre la ocupación que llevó a cabo en Boischaut Sud, se toma como referente que por una parte, la historia, en ciertos casos también es parcial y, por otra, que la memoria es portadora de una verdad reveladora del sentido que compensa ampliamente su relativa ineptitud para establecer una verdadera adecuación.

12-Ver. Esteban Lythgoe. Consideraciones sobre la relación Historia-Memoria en Paul Ricoeur en: Revista de Filosofía No. 11/2007. (Disponible en: http://www.historiaviva.cl/wp-content/uploads/2007/11/consideraciones-sobre-la-relacion-historia-memoria-en-paul-ricoeur.pdf

13- La cuestión de la memoria individual ocupa un lugar central en la obra de Henri Bergson y va ligada a una original concepción del espacio y el tiempo. Bergson reconocía que la conformación social de la memoria individual estaría representada por una memoria pura correspondiente a la duración: “forma que toma la sucesión de nuestros estados de conciencia cuando nuestro yo se deja vivir, cuando se abstiene de establecer una separación entre el estado presente y los estados anteriores; y por una memoria-hábito correspondiente al espacio y al tiempo. (Vid. Vicente Huici Urmeneta; Tiempo, espacio y memoria: actualidad de Maurice Halbwachs. Disponible en: http://www.uned.es/ca-bergara/ppropias/vhuici/Temmh.htm

14- Maurice Halbwachs (1877-1945). Llevó a cabo diversos estudios sobre morfología social, así como varios ensayos acerca de Leibniz y Durkheim. Fue discípulo de Bergson durante siete años tanto en el liceo Henri-IV, como en el Collège de France y en la École Normale Supérieure. Su gran aportación al pensamiento sociológico fue el análisis de las relaciones entre la memoria y la sociedad. De hecho, el propio Halbwachs introdujo la expresión " memoria colectiva " en la terminología sociológica y la desarrolló conceptualmente en sucesivas investigaciones. Cronológicamente tres de estas investigaciones fueron publicadas en vida. La primera, inaugural y decisiva -Les Cadres Sociaux de la Mémoire-, vio la luz en 1925. La segunda apareció en forma de artículo de revista en 1939 y llevaba por título " La Mémoire collective chez les musiciens". La tercera, un ensayo de aproximación empírica de los principios teóricos anteriormente expuestos, se editó en plena segunda guerra mundial en 1941 bajo el título de La topographie légendaire des Évangiles en Terre Sainte. Más tarde, cinco años después de su muerte, fueron editados una serie de escritos que se acogieron al título genérico de La mémoire collective donde Halbwachs declara la viva diferencia entre la historia y la memoria colectiva y que a la hora de estudiar a esta última hay que tener en cuenta que, en las sociedades desarrolladas hay ya constituidas muchas memorias colectivas.

15- Halbwachs reconoce en los marcos sociales de la memoria niveles generales (espacio, tiempo, lenguaje) y específicos (familia, religión, clases sociales), relativos a los diferentes grupos sociales, que crean un sistema global del pasado que permite la rememorización individual y colectiva, los que asume como constructores sociales que no son estrictamente ni conceptos, ni imágenes. Son nociones, es decir, combinaciones de conceptos o ideas e imágenes; representaciones en las que intervienen una parte sensible y otra más o menos abstracta. “Cuando se recuerda, se recuerda por medio de las claves específicas que se corresponden a los grupos en los que o sobre los que se esté recordando, pero también por medio de la aceptación implícita de marcos más amplios que prescriben determinadas configuraciones básicas sobre el especio, el tiempo y el lenguaje. Recordar implica, así también, asumir una determinada representación de la temporalidad, la especialidad y el lenguaje”. (Vid. Maurice Halbwachs, La memoria colectiva y el tiempo. Disponible en: http://www.uned.es/ca-bergara/ppropias/vhuici/mc.htm)

16- Pierre Nora tomó la noción de lugares de memoria de Frances A. Yates, quien la había formulado en varios tratados dedicados al arte de la memoria entre la Antigüedad y los comienzos del siglo XVIII. El diccionario Le Grand Robert de la langue francaise (1993) proporciona la definición de la noción: un lugar de memoria es una “unidad significativa, de orden material o ideal, a la que la voluntad de los hombres o el trabajo del tiempo convirtieron en un elemento simbólico de una determinada comunidad” Según Nora, el tiempo de los lugares de memoria es “ese momento preciso en el que un inmenso capital que vivíamos en la intimidad de una memoria desaparece para vivir solamente bajo la mirada de una historia reconstituida”. (Vid. Joel Candau, Antropología de la Memoria. Buenos Aires: Nueva Visión, 2002)

17- Ver. Gilda Wadman, La "cultura de la memoria": problemas y reflexiones, Publicado en Revista Futuros No.18, 2007 Vol.V. Disponible en: http://www.revistafuturos.info

18- Ver. Eva Borreguero. India. Identidades y memoria cultural en el conflicto comunalista. (Disponible en: http://www.istor.cide.edu/archivos/num_5/notas2.pdf)

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