Contribuciones a las Ciencias Sociales
Abril 2010

IMPLICACIONES DE LOS MODELOS DE RESPUESTA COGNITIVA PARA LA EVALUACIÓN DEL TESTIMONIO EN LA SALA DE JUSTICIA
 

 

Yolanda Lirón Ruiz (CV)
yolandaliron@hotmail.com
 


Palabras clave: persuasión, testimonio judicial, modelo heurístico, modelo atribucional, modelos de probabilidad de elaboración.

1. INTRODUCCIÓN

Resulta claro que tanto los jueces y profesionales de la justicia, como el jurado, no toman sus decisiones en el vacío, sino que en ellas se reflejan actitudes y valores sociales como hechos sociales, que dan sentido y enmarcan a los sucesos históricos en un marco de referencia más amplio (Haney, 1984). El testimonio y su engarce con las teorías de la persuasión, se refieren a procesos que son igualmente cotidianos en nuestras salas de justicia. Incluso las referencias a la institución del jurado parecen adecuadas. Como es sabido, el artículo 125 de nuestra Constitución ordena la participación de los ciudadanos en la Administración de Justicia, y la ley orgánica 5/1995 de 22 de Mayo, del Tribunal del Jurado, la respalda. En este trabajo trataremos los modelos de respuesta cognitiva que han posibilitado el análisis de cómo las personas nos enfrentamos a mensajes persuasivos y cómo dependiendo de unas variables personales y contextuales puede modificarse la percepción y por tanto la evaluación de un testimonio.
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Lirón Ruiz, Y.: Implicaciones de los modelos de respuesta cognitiva para la evaluación del testimonio en la sala de justicia, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, abril 2010, www.eumed.net/rev/cccss/08/ylr2.htm 


2. EL MODELO HEURÍSTICO

La visión de la persuasión como proceso heurístico sugiere, del mismo modo que el modelo de probabilidades de elaboración, que las personas varían en el grado de esfuerzo cognitivo que dedican a procesar los mensajes persuasivos. En concreto, el modelo heurístico propone que en condiciones de baja implicación personal, las personas emplean reglas de decisión e inferencias sencillas para evaluar los mensajes. Estas reglas se adquieren en función del conocimiento previo y la experiencia. Los heurísticos son definidos como: “todo aprendizaje declarativo o procedimental de estructuras de conocimiento que están almacenados en la memoria de los sujetos” (Chaiken y col. 1990; Giner- Sorolla y Chaiken, 1999). Las investigaciones sobre el riesgo de la decisión ante una comunicación persuasiva, muestran que la gente a menudo miente sobre su implicación en el tema y se arriesgan al juzgar fijándose y aceptando heurísticos como el de ser experto, ante decisiones judiciales ( Bohner, Ruder y Erb,2002). De acuerdo con el modelo de probabilidad de elaboración de Petty y Cacioppo (1986) y el modelo del heurístico sistemático de Chaiken (1987), esto es lo que ocurre en las situaciones en las cuales las personas o no están motivadas para analizar el mensaje o no tienen la suficiente capacidad para realizar un escrutinio del mismo (Bohner, Moskowitz, Chaiken, 1995).

Aunque las características de la situación de juicio no favorecen en principio el uso de heurísticos para evaluar el testimonio, el modelo es flexible en este punto, ya que postula que el procesamiento heurístico de indicios de persuasión tiene lugar en paralelo respecto al procesamiento del contenido del mensaje. Es decir, mientras que el modelo de probabilidades de elaboración concibe la ruta periférica y la ruta central de la persuasión como mutuamente excluyentes, según el modelo heurístico ambos tipos de procesamiento se llevan a cabo simultáneamente. Las implicaciones de estos supuestos de cara a la evaluación del testimonio son claras. Según el modelo heurístico, los jurados valoran los argumentos contenidos en las declaraciones de los testigos, e intentan extraer conclusiones sobre la validez de su declaración. Al mismo tiempo, tienen en consideración otro tipo de indicios más o menos relacionados con el problema: las características personales del testigo (credibilidad, sinceridad, memoria), su forma de declarar, las características estructurales de su declaración, etc. Estos dos procesos interactúan, de manera que una elaboración cuidadosa del testimonio conduce a que gran parte de las conclusiones que el jurado pueda extraer en función de un procesamiento heurístico de indicios extrínsecos se contradiga o pierda sentido. En estas condiciones, el impacto persuasivo del contenido de la declaración será mayor. Además, según el modelo, las personas prefieren basar sus decisiones en el procesamiento sistemático del testimonio, ya que permite mayor seguridad. Sin embargo, cuando el procesamiento del testimonio no conduce a una conclusión clara, bien porque existen declaraciones contradictorias, o porque los jurados no encuentran suficiente la información, o porque no se ha conseguido una comprensión adecuada del testimonio, el impacto de los indicios de persuasión será mayor, ya que los jurados buscarán otro tipo de indicios para inclinar su decisión. El modelo heurístico predice, por tanto, que el impacto de los indicios de persuasión en el contexto de la sala de justicia es función de la implicación personal de los jurados, pero que un alto nivel de implicación personal no excluye la influencia de indicios procesados de manera heurística según otras circunstancias, como por ejemplo cuando las evidencias, o son insuficientes para decidir con seguridad, o son contradictorias.

Así, cabría esperar que el impacto de factores ajenos a la declaración (aspecto o atractivo físico, credibilidad, pericia o sexo del testigo) o de aspectos extra-legales, tendrán mayor impacto sobre las decisiones de los jurados en casos en los que el testimonio sea contradictorio o las evidencias en contra y a favor del acusado estén muy equilibradas, mientras que si el testimonio es unilateral o el caso está relativamente inclinado hacia una parte, se espera que predomine el procesamiento sistemático de la evidencia. Esta idea recibe apoyo de los estudios que han empleado registros judiciales (Kalven y Zeisel, 1966; Kerr, 1982; Myers, 1979), que muestran cómo el impacto de factores extra-legales como el estatus socio-económico, la raza, el sexo o el atractivo del acusado es mayor cuando las pruebas del caso están equilibradas. Igualmente, estudios que emplean simulaciones de juicios han demostrado esta misma idea (Baumister y Darley, 1982; Kaplan y Schersching, 1980). No obstante, Hendry, Peacock y Shaffer (1989) encontraron que el impacto de las habilidades de auto-presentación del acusado sobre los juicios de culpabilidad del acusado es significativo sólo si el caso es favorable a la defensa. Este resultado es interpretado por los autores como revelador de que ciertos factores más relacionados con el procesamiento de la evidencia, como las habilidades de auto-presentación, tienen su efecto no como un mero indicio de persuasión, sino como una variable que sesga el procesamiento de la evidencia.

En la investigación sobre evaluación del testimonio existen trabajos que han apelado al modelo heurístico de la persuasión. Concretamente, Bell y Loftus (1988, 1989) sugieren que el impacto del grado de detalle en el testimonio sobre las decisiones de los jurados se puede definir como una mezcla de procesaminento sistemático y heurístico. La persuasión trivial, indican, es heurística, puesto que le subyace una creencia del estilo "las personas que recuerdan más detalles son más creíbles", pero tiene también connotaciones de procesamiento sistemático, puesto que su efecto está mediado por inferencias sobre la memoria y la atención prestada por el testigo, que constituyen pensamientos relevantes al problema.

La disponibilidad del heurístico ( y por lo tanto de su uso) remite a si la estructura del conocimiento, está almacenado o no en la memoria, pero esto no asegura su uso, es decir el heurístico debe “activarse” para que estando en la memoria, el sujeto lo ejecute en el momento de la evaluación (Higgins,1990). En investigaciones posteriores (Chaiken, Axson, Liberman y Wilson; 1993) se constató que la frecuencia del uso del heurístico es probablemente el resultado de la accesibilidad crónica de éste para ser utilizado o de su preparación para ser utilizado, tal accesibilidad realizada de una forma frecuente, hace que las personas activen potencialmente el uso de ese heurístico. En otras palabras, la facilidad con la cual el heurístico viene a la mente del individuo puede aumentar la validez del heurístico empleado en el juicio, por debajo de la necesidad para procesar más allá para alcanzar un nivel suficiente de validez en la evaluación (Giner- Sorolla & Chaiken,1999) entonces cabe preguntarnos ¿ qué es lo que determina la aplicabilidad del heurístico almacenado?, parece ser, que en cuanto a tareas de juicio se refiere, el uso del heurístico depende del grado en el que éste “se empareja” a las características de la tarea (Higgins, 1996). Las últimas investigaciones del modelo, plantean la posibilidad de un efecto indirecto sobre las actitudes del sujeto aunque este procese la información sistemáticamente, así se ha evidenciado por ejemplo, que una fuente experta puede afectar en la interpretación de argumentos ambiguos (Chaiken y Maheswaran,1994) y que el heurístico del experto puede fomentar la formación de expectativas sobre la calidad del mensaje, variando por lo tanto el nivel de argumentos subsecuentes comparados (Bohner y col, 2002). Así puede haber contextos en los cuales el receptor aplica el heurístico con procesamiento sistemático relacionando el mismo con la fuente experta.

Reiner (2003) descubrió que el efecto de la calidad del argumento sobre la actitud era parcialmente mediado por la percepción de la fuente experta, apoyando de esta forma, que la calidad de los argumentos puede estar asociada a la percepción de la fuente experta. Lo que puede determinar este efecto indirecto es la “percepción del yo- experto”, la lógica de este supuesto, parte de la idea en que las personas pueden tener la sensación de no poseer los conocimientos necesarios para juzgar directamente un caso, por lo tanto tendrían más accesibilidad el uso de los heurísticos en la toma de decisiones (Siegrit,2000).

Como conclusión podríamos resaltar que la evidencia empírica muestra que la entrada del comunicador puede:

- Influir en cómo es procesado el mensaje (Petty y Cacioppo, 1986; Ziegler y col, 2002)

- Determinar la interpretación de los argumentos ambiguos (Chaiken y Maheswaran, 1994) y

- Propiciar ciertas expectativas que provocan un contraste de los argumentos dados (Bohner y col, 2002).

3. MODELO ATRIBUCIONAL

La visión atribucional de la persuasión comparte con el modelo heurístico el supuesto de que el objetivo de las personas que se exponen ante mensajes persuasivos es valorar la validez global de aquello que el mensaje expone o defiende. Esta característica supone una gran ventaja de cara a la aplicación al ámbito de la evaluación del testimonio, puesto que se supone también que la meta de los jurados es decidir sobre la validez del testimonio como prueba incriminadora o exoneradora de un acusado.

La atribución de inferencias puede ser utilizada por los sujetos para una validación rápida de un objeto, teniendo un uso en cómo las inferencias sobre las fuentes del mensaje pueden influir en las actitudes, afectando de esta forma, en la cantidad de esfuerzos cognitivos requeridos (Gilbert, 1999).

En la investigación sobre evaluación del testimonio se ha tendido a separar las investigaciones sobre testigos presenciales en función de si son relevantes las atribuciones sobre la sinceridad del testigo. Es decir, se han estudiado de manera separada las variables que afectan a la credibilidad de testigos sinceros frente a testigos en los que cabe la sospecha de que mientan.

A nuestro entender esta separación es académicamente útil, pero provoca que se haya dado por sentado que, en situaciones con testigos presenciales, los jurados no se cuestionen la posible sinceridad del testigo, sino que se ha abordado de manera extensiva la evaluación de la exactitud. Esta creencia ha provocado un sesgo en la investigación sobre evaluación del testimonio de testigos presenciales, en los que el papel de factores como la sinceridad, u otros factores ajenos a la memoria del testigo, a pesar de que pueden ser un componente importante de las valoraciones de los jurados, han sido generalmente olvidados.

Una visión atribucional de la evaluación del testimonio presenta la ventaja de que incluye las estimaciones sobre la situación del testigo o sus características personales como determinantes del tipo de procesamiento que va a recibir, y como consecuencia, de su impacto persuasivo. Desde un punto de vista atribucional, los jurados valoran las causas del testimonio para decidir el veredicto del acusado. Esto significa que, en principio, pueden plantearse la intención del testigo al declarar o las razones que le llevan a identificar al acusado. En situaciones de juicios reales, estas atribuciones pueden explicar gran parte de las reacciones de los jurados ante testigos que tienen intereses en juego dependiendo de la decisión que adopten (testigos-víctima, por ejemplo). Es cierto que, de entrada, las características de los testigos presenciales, meramente observadores, no favorecen la atribución de un interés especial para declarar en un sentido u otro, pero también es cierto que los jurados disponen de la historia del testigo desde que observó el delito hasta que declara, de manera que cuentan con indicios sobre su consistencia en las descripciones y relatos del suceso, que en ocasiones se pueden contrastar con las historias de otros testigos presenciales. Esta información sobre indicios en el comportamiento de los testigos se utilizaría entonces para inferir sus intenciones. Además, los jurados pueden ser conscientes de:

(1) Las presiones que la policía impone a los testigos para que identifiquen a un sospechoso,

(2) La necesidad del testigo para mostrarse coherente y mantener en el tiempo y las ocasiones su testimonio,

(3) La posibilidad de que el testigo intente favorecer una determinada postura más allá de lo que su recuerdo puede indicar,

(4) Que el testigo oculte información por miedo o amenazas externas.

Este conjunto de factores pueden provocar que la evaluación del testimonio vaya más allá de la valoración de la exactitud de la memoria del testigo. También es posible que los jurados establezcan una relación entre la exactitud de la memoria y las características personales y presiones que actúan sobre el testigo. Los estudios sobre el conocimiento de la memoria de testigos presenciales han demostrado que las personas tienden a sobre-estimar la exactitud de la memoria. Es razonable suponer que los jurados puedan pensar que los testigos deberían ser exactos en sus declaraciones. De este modo, cuando un testigo muestra inconsistencias en su testimonio, o su declaración se contradice con la de otro/s testigo/s, puede ocurrir que los jurados atribuyan este inconsistencia no a un error de memoria o falta de exactitud, sino a las características personales del testigo o a presiones en su situación.

Según el modelo atribucional, los jurados buscarán información en el testimonio que les permita dilucidar las causas de que un testigo declare, por ejemplo, que identifica, o que no reconoce al acusado del caso como la persona que cometió el delito que se juzga. En principio, la atribución que lleva a cabo un jurado sobre el testimonio puede hacer responsable de la declaración del testigo, bien a sus características personales, o a las presiones situacionales que actúan sobre su comportamiento, o bien a la realidad que observó. Desde este punto de vista, pensamos que en la medida que los jurados atribuyan la causa del testimonio a la memoria del testigo, su credibilidad, y por tanto su impacto persuasivo, aumentarán. Sin embargo, en la medida en que los jurados atribuyan la declaración a las características personales o presiones situacionales del testigo, su impacto persuasivo disminuirá. El modelo defiende que los jurados llevan a cabo un análisis de varianza subjetivo en el que entran como factores las personas, las situaciones y las entidades.

En una situación de juicio, esto significa que para establecer las causas del testimonio, los jurados examinan el consenso entre los testigos en la identificación del acusado o su recuerdo de los sucesos, la consistencia de las declaraciones o identificaciones de los testigos a lo largo de las distintas ocasiones que durante el proceso policial o judicial tienen para señalar al autor del caso, y las características de la entidad bajo juicio (la identidad del acusado como autor del delito).

Pero el análisis causal no depende exclusivamente de la oportunidad del jurado para evaluar la información sobre la historia de cada testigo antes de entrar en la sala a declarar. En el análisis configuracional del testimonio, los jurados tienen en cuenta las posibles causas que pueden explicar la postura del testigo en su declaración. De las múltiples causas plausibles que el jurado es probable que encuentre explican el testimonio, se escogerán, según el principio de desestimación y de aumento, aquellas que mejor se ajusten a los indicios que el testigo transmite en su testimonio.

El modelo atribucional presenta un marco en el que analizar de manera precisa los procesos de inferencia que el jurado lleva a cabo cuando el testimonio es inconsistente. Concretamente, en casos en los que, por ejemplo, un testigo identifica al acusado como el autor del delito, mientras que un segundo testigo no lo reconoce como el autor, un análisis causal de los testimonios puede ser especialmente relevante para la tarea de los jurados. En concreto, desde supuestos del modelo atribucional se ha hipotetizado que en estas situaciones los jurados pueden atribuir la identificación del autor a las características del testigo, más que a la realidad observada (Leippe, 1985). De manera más general, se puede establecer que estas situaciones equivalen a eliminar el consenso de la matriz del anova subjetivo, por lo que la decisión del jurado estará en función del análisis de la historia de los testigos (la consistencia interna de su testimonio) y del parecido entre las descripciones de los testigos y el acusado.

Desde el principio de covariación en la atribución, en estas situaciones de consenso interpersonal bajo, es probable que cualquier otra causa plausible, accesible para los jurados, se combine con la conducta de los testigos para determinar la atribución según el principio de aumento. Es decir, si uno de los dos testigos, por ejemplo, muestra una especial memoria para la situación, los jurados contarán con una causa facilitadora (la buena memoria del testigo) y una inhibidora (la falta de consenso). En estas condiciones, el principio de aumento sugiere que la intensidad de la causa facilitadora será mayor que si fuera la única causa plausible.

Según el modelo de Eagly, Wood y Chaiken (1981), es posible distinguir dos tipos de sesgo del testigo que pueden subyacer a las atribuciones de los jurados sobre el testimonio. Los jurados atribuyen al testigo un sesgo de conocimiento si infieren que el recuerdo que el testigo tiene del delito es incompleto o está sesgado, y consecuentemente no refleja de manera fiel lo sucedido, o la identidad del autor. Por otra parte, los jurados pueden inferir un sesgo de informe si perciben que el recuerdo del testigo es bueno, pero está comprometido su deseo de transmitir una versión verídica de los hechos. El sesgo de informe surge de la percepción de que el testimonio responde a razones estratégicas; el testigo, más que transmitir lo que observó, intenta favorecer a una parte concreta del caso, o intenta convencer al jurado.

El modelo atribucional predice una serie de consecuencias de cara a la persuasividad del testimonio según la postura que adopta el testigo en la sala confirme o desconfirme expectativas de sesgo de informe o de conocimiento. En la medida de que el testigo sea percibido como sesgado, su impacto persuasivo disminuirá, pero si el testigo confirma una expectativa de sesgo de informe, esta disminución del impacto persuasivo irá acompañada además de una percepción del testigo como manipulador y carente de sinceridad. Además, el modelo predice una mayor elaboración del testimonio en condiciones en las que el testigo desconfirma la expectativa de los jurados, ya que se produce una situación de ambigüedad que el jurado resuelve buscando más indicios en el testimonio que confirmen que su análisis causal es correcto. Otros estudios han demostrado que la desconfirmación de las expectativas, provoca ante la sorpresa, un aumento del procesamiento del mensaje (Harasty, Petty y Prietsler 1996) y que las manipulaciones que incrementan los procesos de pensamiento en los sujetos, como la evaluación aprendida, reducen los efectos de variables periféricas como los efectos de la mera exposición del mensaje (Kruglanski, 1996).

4. EL MODELO DE PROBABILIDADES DE ELABORACIÓN

El testimonio de testigos presenciales es en muchos casos la evidencia más importante, si no la única, con la que los jurados cuentan para tomar su decisión, así que el impacto persuasivo de un testigo sobre el veredicto dependerá también del grado de elaboración cognitiva que suscite su declaración en los jurados, pero qué ocurrirá cuando se escucha un único testimonio en el cual la testigo es la presunta víctima, analizando los anteriores sesgos que se pueden producir según el modelo atribucional ¿cuáles serán las variables que tendrán en cuenta los sujetos para evaluar ese testimonio?¿se producirán realmente dicho sesgos? ¿en qué condiciones se producirán?, todas estas preguntas las analizaremos a continuación en los siguientes apartados, empezaremos por explicar detenidamente el modelo de probabilidades de elaboración dentro de un contexto de evaluación del testimonio.

El primer paso para aplicar el modelo de probabilidades de elaboración a un contexto de evaluación del testimonio consiste, entonces, en definir qué se entiende por elaboración cognitiva. Para Petty y Cacioppo (1986a) la elaboración hace referencia al "grado con que la persona piensa de manera cuidadosa sobre información relevante al problema" (p. 7). Aplicado a la situación de juicio, la elaboración cognitiva del testimonio consiste en el grado en que los jurados generen pensamientos relevantes a la declaración del testigo: la comparen con información semejante, analicen su validez, etc. Desde nuestro punto de vista, la información relevante en la situación del jurado tiene que ver con aquellos factores que inciden en la validez de su testimonio, y concretamente en la exactitud de la memoria del testigo.

La primera consideración que desde el punto de vista del modelo de probabilidades de elaboración se puede realizar acerca de la investigación sobre la evaluación del testimonio es de índole metodológica. Gran parte de las investigaciones en credibilidad del testimonio han empleado un paradigma de jurados simulados. La principal desventaja que presenta este tipo de procedimiento según el modelo es que en estas condiciones los sujetos jurados pueden mostrar una implicación baja por la tarea y además poca responsabilidad personal, puesto que las consecuencias de su decisión respecto al acusado del caso no son pertinentes a su tarea. Por tanto, es muy probable que, aunque su capacidad para elaborar el mensaje sea alta, su motivación presente niveles bajos.

El modelo presenta varias predicciones sobre qué puede ocurrir en condiciones de baja motivación para elaborar el mensaje: primero, el impacto de los indicios de persuasión será mayor, y segundo, el jurado no mostrará diferenciación en sus respuestas ante argumentos débiles y fuertes.

Si revisamos algunos de los resultados obtenidos en la investigación sobre el modelo de metamemoria de Wells y Lindsay (1983) podemos aclarar algunos resultados contradictorios. Los estudios que muestran el fracaso de las manipulaciones relativas a las condiciones de observación de los testigos (Lindsay et al., 1986), en los cuales se manipularon las condiciones de observación de un delito simulado a lo largo de un continuo desde buenas hasta muy malas y se observó que para los probadores de hechos no parecen tener en cuenta de manera suficiente la información relativa a la observación, se podrían explicar, según el modelo de probabilidades de elaboración, si se demostrara que la baja motivación de los jurados simulados para elaborar el mensaje provoca una menor diferenciación entre las respuestas ante argumentos fuertes (testigos con muy buenas condiciones de observación) y argumentos débiles (testigos con malas condiciones de observación). Igualmente, es razonable suponer que los resultados contradictorios de los estudios que emplean el descrédito al testigo, como los que promueven la elicitación de admisiones de fracasos de memoria (Loftus y Goodman, 1985) puede estar mediado, entre otras variables, por la motivación de las personas para elaborar el mensaje, y por lo tanto, para tener en cuenta la información relativa al descrédito del testigo para decidir el veredicto.

Finalmente, el gran peso sobre la decisión de credibilidad que encuentran algunos estudios para la seguridad en el testimonio puede estar mediado también por el fracaso en lograr una motivación adecuada en los jurados simulados (Petty y Cacioppo,1986; Chaiken, 1989).

Con todo, desde nuestro punto de vista, esta crítica a la investigación con jurados simulados puede resolverse si se estudia la evaluación del testimonio en condiciones en las que se maximice la motivación para elaborar el testimonio. Estas condiciones pueden incluir, por ejemplo, el uso de casos en los que la evidencia de testigos sea contradictoria, de manera que se fuerce a los jurados a un análisis exhaustivo del testimonio para poder decidir con un mínimo de seguridad en no equivocarse.

Igualmente se puede reforzar la motivación de los sujetos con simulaciones de juicios más realistas, pero pensamos que el costo de una simulación en la que el jurado pueda percibir que las consecuencias de la decisión son reales sigue siendo excesivo dado el estado de investigación en el que todavía se encuentra el área.

Es posible preguntarse si en la situación del jurado real existirán también las condiciones necesarias para que la elaboración del testimonio sea la adecuada, o si por el contrario se puede pensar que la situación real no se distingue tanto de las simulaciones de laboratorio. En principio, las características del contexto en el que tiene lugar un juicio llevan a pensar que la probabilidad de elaboración del testimonio es alta. En primer lugar, la selección de los jurados mediante el voir-dire asegura prácticamente de que todas las personas que lo componen están capacitadas para comprender e integrar las pruebas que se presenten. En segundo lugar, los jurados tienen conocimientos e hipótesis formadas sobre la mayor parte de los problemas relacionados con la evidencia de testigos presenciales, en la medida que se trata con procesos psicológicos que todos experimentamos y en los casos que declara la propia víctima, el jurado puede realizar hipótesis del propio hecho.

En tercer lugar, las presiones motivacionales de una situación de juicio son altas. No cabe duda de que la relevancia personal de la situación de un jurado es alta, y además la responsabilidad, dadas las posibles consecuencias para el acusado, también es alta.

No obstante, diversos factores pueden influir en que la motivación o la capacidad para elaborar el testimonio también fluctúen en la vida real. En primer lugar, en ocasiones los juicios e interrogatorios a los testigos pueden ser tediosos o repetitivos para los jurados, lo que puede actuar como un indicio afectivo que aparte su decisión de una consideración cuidadosa de las implicaciones de la declaración del testigo. De hecho, los expertos en tácticas de abogados recomiendan no repetir las preguntas a los testigos por esta misma causa (Bailey y Rothblat, 1971).

También el orden de presentación de pruebas y de interrogatorio de los testigos, en el que se alternan las partes, puede impedir que los jurados lleguen a integrar de manera precisa los argumentos y las implicaciones del testimonio. Por otra parte, resulta razonable suponer que la alta demanda motivacional de la situación real de un juicio pueda llegar a suponer una interferencia más que una ayuda a la elaboración de las evidencias.

Con estas consideraciones queremos poner de relieve que, aunque nos movemos en el terreno de la tentativa, es posible que en la sala de justicia los jurados varíen también en su motivación y capacidad para elaborar el testimonio del mismo modo que el modelo de probabilidades de elaboración contempla en otras situaciones de persuasión.

En primer lugar, hemos visto anteriormente que las personas mantienen hipótesis intuitivas sobre el funcionamiento y la capacidad de la memoria de los testigos, y por tanto, cuentan con cierto conocimiento previo sobre los factores que determinan la memoria. Resulta perfectamente razonable suponer desde este punto de vista que las personas no dejan aparcados sus conocimientos previos antes de entrar en la sala de justicia, y que éstos actuarán como guías de su interpretación del testimonio, que no tendrá lugar de una manera "fría" y objetiva, sino filtrada por el conocimiento previo. Parece probable que los juicios que los jurados y los probadores de hechos hacen acerca de la exactitud del testimonio de los testigos estén influenciados por sus creencias sobre la memoria y su relación con algunas características estáticas de los testigos, como la edad o la inteligencia aparente.

Con respecto a las creencias sobre la memoria de los testigos, en un estudio de Brigham y Bothwell (1983) se mostró que en una rueda de identificación fotográfica los sujetos suelen sobreestimar la proporción de testigos que identifican correctamente al autor.

La tendencia a aceptar como correcta la memoria del testigo, al menos en el recuerdo de la cara del autor, ocurre también en jurados que se enfrentan a testimonios reales. Estudios establecieron que identificaciones erróneas llegaron a ser consideradas como correctas hasta en un 80% de los sujetos de un jurado (Wells, Ferguson y Lindsay, 1981).

Si consideramos estas investigaciones parece bastante razonable suponer que las personas creen que la memoria humana para las caras y los sucesos es significativamente mejor de lo que en realidad es. Estas expectativas positivas sobre la memoria de los testigos pueden tener importantes repercusiones sobre el modo en que se procesa una declaración. Por ejemplo, es posible que se preste más atención de manera selectiva a los aspectos de la declaración que confirmen sus creencias.

También es posible que el testimonio que es considerado menos hábil o experto que las expectativas positivas depositadas en él, pueda conducir a más descrédito del que merece. En estas condiciones, el testimonio puede parecer peor en comparación con los estándares implicados por esas expectativas (Leippe y Romanczyck, 1989). De esta forma, es posible que se tienda a favorecer cognitivamente las identificaciones positivas del acusado independientemente de las condiciones de observación, puesto que el conocimiento previo genera un esquema que sobre-estima la exactitud de la memoria de reconocimiento. De manera similar, este sesgo de conocimiento puede provocar la comisión de múltiples errores de juicio en los jurados, en la medida que tenderán a favorecer argumentos cuyo sustento es erróneo.

El conocimiento previo no es el único factor que, desde nuestro punto de vista, facilita una elaboración sesgada del testimonio. El modelo predice que cuando los sujetos son conscientes de que existe una intención en el comunicador de persuadir a la audiencia se producirá una mayor motivación en los receptores para contra-argumentar su mensaje en función de su conocimiento previo. En una situación de juicio, cabe la posibilidad de que el testimonio se perciba como un intento de persuadir a los jurados de la culpabilidad o inocencia del acusado.

En la medida que esto sea así, el modelo predice que los jurados reaccionan ante el intento de persuasión con una mayor motivación para generar argumentos en contra de la postura defendida por el testigo, y por lo tanto su impacto será menor.

Una tercera fuente potencial de sesgo en la elaboración del testimonio puede deberse al contexto proporcionado por el resto de evidencias disponibles en el juicio. En la medida que estas evidencias generen una expectativa o esquema sobre la culpabilidad del acusado, los jurados elaborarán el testimonio contra-argumentando las evidencias en contra de su expectativa y favoreciendo cognitivamente las que la apoyen. Existen pruebas experimentales de que cambios en la longitud (Pyszczynsky y Wrightsman, 1981) y la localización temporal en la secuencia del juicio (Wells, Wrightsman y Miene, 1985) afectan al impacto de las pruebas testificales sobre los juicios de culpabilidad, y que este impacto tiene que ver con la creación de un esquema pro-culpabilidad en las primeras fases del juicio.

El modelo de probabilidades de elaboración no especifica qué hace a un argumento más persuasivo, ya que la calidad de los argumentos se define de manera empírica en función de la favorabilidad de las respuestas cognitivas que generan en los receptores, pero desde nuestro punto de vista, el modelo de Wells y Lindsay (1983) sí proporciona un listado de indicios que los jurados emplean para valorar el testimonio y por lo tanto, qué consideran que hace más creíble a un testigo. Según este modelo, el testimonio se puede considerar como una comunicación persuasiva y las categorías relevantes a tener en cuenta son: la fuente, la audiencia, el mensaje y el estilo de presentación.

Las principales influencias, que el probador de hechos realiza sobre el mensaje de memoria son sin grande sorpresa, lo que el testigo dice (el contenido del mensaje) y cómo lo dice el testigo (el estilo de presentación). La declaración, a su vez, está influenciada por al menos otros tres tipos de variables, que, a través de su influencia sobre el mensaje de memoria, tienen una influencia indirecta sobre los juicios del probador de hechos. Las condiciones de observación afectan de manera natural a lo que se recuerda y, por tanto, a lo que se dice. Además, las declaraciones de testigos se separan del resto de los mensajes persuasivos en un aspecto muy central, puesto que se presentan dentro de un contexto interactivo. Recordemos que es un policía o un abogado el que interroga al testigo, y que el tipo de interrogatorio puede influir tanto en el contenido como en el estilo de presentación del mensaje. Finalmente, la declaración puede estar influida por ciertas características estáticas del testigo, tales como su edad o status. Las características del testigo afectan al contenido del mensaje debido a que correlacionan con la memoria así como con las habilidades de comunicación y motivación.

Además del contenido y el estilo del mensaje, los juicios de los probadores de hechos están determinados por un tercer tipo de factores, en el que se incluyen las creencias preexistentes, los sesgos y los estereotipos sobre la memoria de los testigos. Los atributos del testigo, pueden además tener una influencia indirecta sobre los juicios de los probadores de hechos a través de su impacto sobre sus creencias y preconcepciones. Por ejemplo, el testimonio de un niño puede ser juzgado como carente de credibilidad debido a que los jurados creen que los niños son muy sugestionables y que tienen muy mala memoria. La cuarta categoría de influencias directas es el conocimiento de las condiciones de observación. Los jurados, y muchas veces los policías, pueden tener información sobre el suceso obtenida por medios independientes del testigo. Es posible esperar de ellos que incluyan esta información en su cálculo sobre la exactitud de la declaración del testigo (Wells y Lindsay, 1983).

Desde este punto de vista, el modelo de probabilidades de elaboración tiene la ventaja de que especifica en qué condiciones y bajo qué supuestos los jurados emplearán la información que el modelo de metamemoria resalta como determinantes de la credibilidad.

Anteriormente mencionábamos que el fuerte impacto de la seguridad en el testimonio que se encuentra en muchos experimentos puede estar sobre-dimensionado por un fracaso en lograr la motivación adecuada en el jurado para elaborar cuidadosamente el testimonio. Así, sugeríamos que la seguridad en el testimonio puede estar actuando como un indicio de persuasión simple que tiene mayor impacto cuando la probabilidad de elaboración es baja.

Sin embargo, también existe la posibilidad de que los jurados consideren que la seguridad es un indicio de mejor memoria en el testigo, y por lo tanto actúe en conjunción con la calidad de los argumentos de los testigos. De hecho, los resultados de Whitley y Greenberg (1986) apoyarían esta interpretación.

Según el modelo de probabilidades de elaboración, para detectar si una variable actúa como indicio o afecta a la elaboración de los argumentos es necesario manipularla conjuntamente con argumentos de distinta calidad para observar cómo interactúa. Además, esta manipulación se ha de llevar a cabo bajo condiciones en las que la probabilidad de elaboración sea moderada, de manera que no se produzcan efectos techo o suelo para la elaboración de argumentos.

Estas condiciones se pueden conseguir de manera ideal presentando a los sujetos casos en los que la evidencia de testigos sea contradictoria o inconsistente, y manipulando la seguridad en el testimonio conjuntamente con la calidad de los argumentos, que se puede definir de manera operativa. Una variable que se puede considerar como candidato por excelencia para definir qué hace más creíble a un testigo presencial será la información relativa a las condiciones de observación en las que presenció el delito o en la propia víctima, la intención de sus declaraciones.

Esta misma estrategia de investigación es aplicable al estudio del efecto de otras variables frecuentes en el área de la evaluación del testimonio. En concreto, sería aconsejable determinar el efecto de variables como el descrédito a los testigos, la información condicional, el grado de detalle en el testimonio, el grado de atractivo o la profesión del testigo, etc. bajo distintos niveles de motivación para elaborar el testimonio y contingentemente con la calidad de los argumentos.

Finalmente, el modelo presenta predicciones complejas para variables que en un principio no tienen un efecto tan claro sobre las probabilidades de elaboración. Es el caso, por ejemplo, de la exposición retórica frente a la exposición en forma de afirmaciones. Petty, Cacioppo y Heesacker (1981) encontraron que el uso de expresiones retóricas aumenta la elaboración del mensaje cuando la relevancia personal del tema es baja, pero disminuye la elaboración si la relevancia personal es alta. La hipótesis del modelo es que en condiciones de implicación baja, el uso de expresiones retóricas aumenta la motivación de los sujetos para procesar el mensaje, pero en condiciones en las que ya existe una probabilidad de elaboración alta, las retóricas interrumpen la cadena natural de pensamiento y por lo tanto reducen la capacidad para procesar el mensaje.

5. CONCLUSIÓN

La investigación psicológica de lo legal, implica un análisis sobre las diversas conductas de los agentes implicados en un contexto jurídico. En palabras de Saks y Hastie (1978), "toda ley y toda institución legal se basa en supuestos sobre la naturaleza humana y sus determinantes. Pensamos que la psicología científica puede ayudarnos a comprender estas instituciones y a mejorarlas" (p.1). Por lo tanto, es a través del estudio de los procesos psicológicos implicados en los procedimientos y supuestos legales como la psicología debe ejercer un papel de cambio de la justicia.

Con esta conclusión podemos analizar todas las variables que amenazan a la evaluación de un testimonio en una sala de justicia y por lo tanto, todas las posibilidades de error a la hora de decidir en el hipotético caso de ser elegido por la Administración de justicia para formar parte de un tribunal popular. El conocimiento de este artículo puede proveer a los distintos lectores de información para evitar sesgos y errores del procesamiento de la información que en el caso de un tribunal popular, puede conllevar graves errores para la vida de las personas.

6. BIBLIOGRAFÍA

-Cacioppo, J.T. y Petty, R.E. (1985): Central and peripheral routes to persuasion: the role of message repetition. En A. Mitchell y L. Alwitt (Eds.). Psychological processes and advertising effects. Hillsdale. Erlbaum.

-Cacioppo, J.T.; Petty, R.E. y Sidera, J. (1982): The effects of a salient self-schema on the evaluation of pro attitudinal editorials: top-down versus bottom-up message processing. Journal of Experimental Social Psychology, 18, 324-338.

-Cacioppo, J. T., & Petty, R. E. (1982) The need for cognition. Journal of Personality and Social Psychology, 42, 116–131.

-Chaiken, S. y Eagly, A.H. (1983): Communication modality as a determinant of persuasion: the role of communicator salience. Journal of Personality and Social Psychology, 45, 241-256.

-Chaiken, S., Liberman, A.,&Eagly, A. H. (1989). Heuristic and systematic information processing within and beyond the persuasion context. In J. S. Uleman & J. A. Bargh (Eds.), Unintended thought (pp. 212–252). New York: Guilford Press.

-Chaiken, S., & Maheswaran, D. (1994). Heuristic processing can bias systematic processing: Effects of source credibility, argument ambiguity, and task importance on attitude judgment. Journal of Personality and Social Psychology, 66, 460–473.

-Chen, S., & Chaiken, S. (1999). The heuristic-systematic model in its broader context. In S. Chaiken & Y. Trope (Eds.), Dual-process theories in social psychology (pp. 73–96). New York: Guilford Press.

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