Contribuciones a las Ciencias Sociales
Enero 2010

 

CULTURA. ENTRE INTELECTUALES, GESTORES Y MILITANTES


 

Jorge Eduardo Padula Perkins
jopa52@yahoo.com.ar


 

La gestión, la militancia y la intelectualidad son formas de abordaje individual de la cuestión cultural, que no aseguran por si mismas el compromiso personal ni ideológico, que emana del propio ser.

Gestión – cultural – intelectual – gestor – militante – ideología – compromiso

The management, militancy and intellectuals are all forms of individual approach of the cultural question, not of themselves ensure the personal or ideological commitment, which emanates from the self.

Management - cultural - intellectual - manager - activist - ideology - commitment
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Padula Perkins, J.E.: Cultura. Entre intelectuales, gestores y militantes, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, enero 2010, www.eumed.net/rev/cccss/07/jepp.htm 


En presencia de un creciente desarrollo del quehacer cultural asociado a la figura del gestor, parece oportuna una reflexión respecto de quienes han tenido y tienen roles preponderantes en la materia.

Carlos Altamirano (2008) señala al intelectual como una “Figura característica de la modernidad” que se halla “conectado al mismo tiempo, por intermedio de una tradición y de una genealogía, con quienes en las sociedades premodernas encarnaban el poder cultural o desafiaban la definición oficial de la realidad en nombre de una verdad más profunda. Sacerdotes y profetas son antepasados más o menos lejanos del intelectual”.

Definidos por Bourdieu como aquellos que en las sociedades modernas tienen “el monopolio de la producción de los bienes culturales” (ibídem), los intelectuales actúan en la teoría del sociólogo francés en el marco de un “campo cultural”, espacio relativamente autónomo en el que “luchan por el monopolio de la producción cultural legítima con arreglo a estrategias que dependen de la posición que cada actor, individual o colectivo, ocupe en el campo” (ibídem).

Estos intelectuales aparecen entonces como los productores históricos de hechos culturales, fueren sacerdotes, profetas, escritores, actores, artistas plásticos o filósofos.

Por su parte, los militantes de la cultura, se presentan como actores menos formales, alternativos y profundamente comprometidos con una orientación ideológica. Por definición el militante es quien adopta y defiende una ideología.

Para la agrupación estudiantil Franja Morada el militante “cree en una verdad que lo trasciende y da sentido a su vida. Esta verdad es su ideología, la ideología que comparte con sus compañeros y expresa su lucidez. La ideología que hace de él un sujeto y no un objeto de la historia.” ( http://www.siemprefranjamorada.com.ar/que-es-un-militante - sin fecha )

El escritor Alfredo Di Bernardo (2009), refiriéndose a si mismo, dice en un reportaje: “Me defino, primero, como escritor y después como una categoría que sería militante cultural porque creo que la tarea del artista no se agota en su actividad, específica y técnica, sino que se extiende al utilizar esas facultades en función de algún fin que ayude a modificar la realidad en que está. En mi caso tiene que ver con la difusión y el trabajo con gente joven. Y si bien no he tenido esa experiencia de la militancia política, rescato la cuestión de hacer algo desinteresadamente, en función de un propósito o una meta”.

Más cercana a nuestros días, aunque sin anular la vigencia de las figuras expuestas, aparece la del gestor cultural. La tecnicatura en la especialidad, ofrecida por la Universidad Nacional de Mar del Plata señala al respecto que:

“Al término de la carrera el Técnico Universitario en Gestión Cultural, será capaz de:

• Planificar, gestionar y evaluar proyectos culturales en ámbitos públicos y privados.

• Asesorar y coordinar museos, centros culturales, parques y ámbitos temáticos naturales y/o paisajísticos, acciones de puesta en valor de bienes patrimoniales y comunitarios en general, capaces de brindar distintas actividades de animación socioculturales y educativas.

• Ofrecer alternativas al uso del tiempo libre en la sociedad en el marco del municipio y región en la que se desempeña el graduado.

• Analizar críticamente distintas manifestaciones del arte y la cultura en general.

• Diagnosticar y realizar estudios de campo a los efectos de poner en marcha diferentes proyectos en la localidad y en la región.”

Así entonces el gestor cultural se presenta como un profesional capacitado técnicamente para el desempeño de tales funciones. No obstante sus atribuciones no se reducirían al aspecto formal, sino que debería estar en condiciones de involucrarse desde una perspectiva de mayor compromiso político.

Para Kusch, citado por Olmos y Santillán Guemes (2004) “lo que el gestor cultural recoge es la voluntad cultural. Esta, por su parte, puede cristalizarse de muchas maneras, ya sea en política, en costumbre o en expresión artística”…es, afirman los autores, “un operador del sentido y, en consecuencia, un factor clave a la hora de la decisión cultural, a la hora de optar entre lo cultural y ‘lo ajeno’”.

¿Entonces, por formación académica el gestor cultural torna en un intelectual y por compromiso en un militante de la cultura?

¿Y acaso el intelectual no puede ser gestor y militante?

¿No puede ser el militante, en algunos casos, no solo un individuo comprometido ideológica y emocionalmente, sino también un gestor eficiente y un intelectual socialmente aceptado?

Adolfo Colombres (2008) estima como claras las diferencias al afirmar que “el perfil del gestor cultural nada tiene ya que ver, gracias a la creciente colonialidad de las ciencias sociales, con el de un militante de base que opera en su cultura y desde ella se proyecta hacia los otros campos del quehacer, para fortalecer la identidad y conciencia de su comunidad a fines de que ésta pueda defenderse mejor de toda forma de opresión”. Más aun, anatematiza su funcionalidad aseverando que “se trata más bien de un profesional con formación universitaria, por lo común proveniente de la clase media e incluso alta, o de un intelectual con un vasto currículum vitae y cursos de postgrado en el exterior que ostenta como broches de oro.” (ibídem)

A la luz de estas afirmaciones, los interrogantes antes planteados parecen tener como respuesta común que la formación en gestión cultural no garantiza la eticidad de su desempeño en función de las necesidades culturales de los grupos o sectores sociales que reclaman su visibilidad en el espacio hegemónico, en tanto “un gestor cultural no puede ir a gestar creativamente las culturas subalternas, pues eso sería usurparles un rol fundamental para su liberación con un método paternalista, por seductores que resulten sus frutos” (ibídem) y solo si se limitase “a proveer, a activar los mecanismos de la conciencia reflexiva y apoyar humildemente el proceso con las armas de su especialidad, pero como un simple asesor” estaría ofreciendo una contribución positiva, papel que, según Colombres (2008) “muy pocos gestores se allanarán a cumplir” por “simple y subordinado….después de haber estudiado varios años para conducir los ‘altos destinos’ de la cultura”.

Desde otra perspectiva ideológica, el peruano Germán Carnero Roqué (2007), entrevistado por Rosina Varcalcel, ante la pregunta ¿El gestor cultural es una militancia?, responde afirmativamente: “Sí. Yo adquirí una dimensión muy importante que es la de la gestión cultural, porque yo creo que los problemas fundamentales de la humanidad son problemas culturales, y de lo que se trata es de lograr una cultura de paz y la cultura de paz no es más que la democracia; me impregné de la saludable filosofía "Unesquiana" (dice en relación con su actividad en la UNESCO) .A través de los cargos fui asumiendo la cuestión cultural como una militancia, sigo en eso de una manera u otra y ahí estaré hasta cuando pueda… el interés por la cultura en las élites gobernantes es mínimo, hay que buscar recursos, estoy convencido que los grandes problemas del Perú son problemas culturales. Este desencuentro cultural que padecemos desde la conquista española está ahí todavía, está ahí, pues, y significa intolerancia, racismo, prejuicios.”

Más allá del uso descalificador que de la denominación hace Colombres (ob.cit.), los intelectuales ofrecen también una perspectiva de inconformismo creador. Para Gramsci, según Altamirano (2008) “cada clase genera sus propias categorías intelectuales –los intelectuales ‘orgánicos’ de una clase-, pero la disputa por la supremacía social requiere también el esfuerzo por conquistar ideológicamente a los intelectuales procedentes de otros grupos –los intelectuales ‘tradicionales’-“ , situación en la cual la sociedad civil era vista como “el espacio de un combate cultural que hacía de los intelectuales actores centrales de la lucha por el consenso y la conquista de la hegemonía” (ibídem).

Como poseedores del capital cultural, los intelectuales son para Bordieu (citado por Altamirano, 2008) “miembros de la clase dominante pero en la condición de fracción dominada de los dominantes. Esta posición socialmente ambigua –dominados entre los dominantes- los inclina a “mantener una relación ambivalente, tanto con las fracciones dominantes de la clase dominante (‘los burgueses’) como con las clases dominadas (‘el pueblo’)”.

A la luz de lo referido se deduce que el compromiso con la cultura y el marco ideológico dentro del cual éste se asume, es lo que marca las diferencias y no así la dimensión personal/profesional (intelectual, gestor cultural o militante) desde la cual se produzca el involucramiento.

Bibliografía y fuentes:

Altamirano, Carlos (2008): Voz “Intelectuales”. Altamirano, Carlos: Términos críticos de sociología de la cultura, Paidós, Bs.As.

Carnero Roqué, Germán (2007): Carnero Roque: Cantos y confesiones por Rosina Valcarcel. En línea. http://isla_negra.zoomblog.com/archivo/2007/12/29/german-Peru-Carnero-Roque-Cantos-y-con.html [Consulta: 31-DIC-2009]

Colombres, Adolfo (2008): Jugar en el bosque cuando el lobo no mira ¿Militancia cultural o gestión profesional? . En : II Congreso de Cultura, Mar del Plata, septiembre 2008. En línea.

http://www.scribd.com/doc/6000540/Militancia-Cultural-o-Gestion-Profesional [Consulta: 31-DIC-2009]

Di Bernardo, Alfredo (2009): Declaraciones al diario “El Litoral.com”. En línea. http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2009/01/03/nosotros/NOS-05.html [Consulta: 30-DIC-2009]

Olmos, Héctor A. y Santillán Güemes (2004): “El mundo en gestión”. En: “El gestor cultural. Ideas y experiencias para su capacitación”, CICCUS, Buenos Aires.

http://www.siemprefranjamorada.com.ar/que-es-un-militante/ . En línea. [Consulta: 30-DIC-09]

http://www.mdp.edu.ar/uabierta/general.htm [Consulta: 31-DIC-2009]

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