Contribuciones a las Ciencias Sociales
Marzo 2010

 

AUTONOMÍA EN LA VIDA COTIDIANA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS CHIAPANECOS, UNA CRÍTICA AL ESTADO MEXICANO


 

Juquila Araceli González Nolasco (CV)
juquila@bianni.unistmo.edu.mx

 

Resumen

Sin lugar a duda, los zapatistas, se volvieron tema de investigación de muchos. El trabajo pretende analizar la lucha en la vida cotidiana poniendo énfasis en el papel de hombres y mujeres en el proceso autonómico. Situar las prácticas diarias como eje fundamental de la resistencia, es lo que está permitiéndole al movimiento cambiar las formas de construcción política La autonomía zapatista es una forma de ruptura contra las mediaciones creadas por el capitalismo y el estado. El estado como instrumento controlador permite la reproducción del capital, crea un cerco de dominación en todos los ámbitos de la vida diaria. Ante esto, los compas dicen “el ejercicio de la autonomía indígena es una realidad en tierras zapatistas, y tenemos el orgullo de decir que ha sido conducido por las propias comunidades”. Hasta ahora la autonomía es un camino muy complejo y peligroso. La cotidianidad siempre está construyéndose sobre la base de las rupturas hechas en ese espacio social concreto. La vida cotidiana, si bien, es de reproducción del capital también es la posibilidad de alterar el espacio mediante la acción colectiva humana.

Palabras clave: zapatismo, autonomía, vida cotidiana, crítica, resistencia
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
González Nolasco, J.A.: Autonomía en la vida cotidiana de los pueblos indígenas chiapanecos, una crítica al Estado Mexicano, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, marzo 2010, www.eumed.net/rev/cccss/07/jagn.htm 


I. Introducción

El capitalismo como todo homogéneo busca controlar todas las formas de vida humana, sus acciones, representaciones, simbolismos. Produce y reproduce mitos de los cuales se sirve para dominar. Uno de esos mitos es la imposibilidad de cambiar el orden existente, porque somos presos de procesos de enajenación que, todos los días, se nos imponen. A diario nos separamos de nosotros mismos, de lo que somos, de tal suerte que al final de la jornada sólo somos miembros visibles pero callados de una sociedad que está pidiendo a gritos cambiar. Sin embargo y a pesar de todo, es urgente decir que la vida diaria es mucho más que el lugar donde se nos oprime.

Los pueblos zapatistas exigieron autonomía en los Acuerdos de San Andrés como una ruptura emergente contra el capitalismo. Esto ha abierto el debate teórico sobre la autonomía. No obstante, uno de los primeros problemas, consiste en saber, cuan pertinente es la categoría de autonomía para comprender la lucha de los zapatistas dado que en la narrativa teórica e histórica ha sido tratada de distintas maneras. Por ello, es vital discutirla desde las prácticas concretas de los sujetos, autonomía desde abajo y en la vida cotidiana.

Traspasemos la narrativa de lo abstracto, de tal forma que la categoría de autonomía, permita entonces, explorar si es una de las formas en las que la lucha zapatista trabaja a contrapelo del poder, y a las formas de dominación (Benjamin, 1977:121).

El tema del trabajo es la construcción de la autonomía zapatista en la vida cotidiana. El propósito del mismo es derivado del estar con esos hombres y mujeres de carne y hueso en sus quehaceres diarios como comunidad, como integrantes de un movimiento, en sus actividades individuales y colectivas.

En este trabajo discutiré como la vida cotidiana de los pueblos zapatistas se halla entre la radicalidad y la música; encrucijadas y sueños de tal suerte que la cotidianidad siempre está construyéndose sobre la base de las rupturas hechas en ese espacio social como espacio concreto. La vida cotidiana si bien es de reproducción del capital también es la posibilidad de alterar el espacio mediante la acción colectiva humana (Churchill, 2001: 51).

Las categorías de análisis emanan del conjunto de prácticas vividas en territorio zapatista. Se constituyen a partir de diferentes referentes semánticos, simbólicos y de acción por parte de los propios rebeldes. Dichas categorías se fundan como categorías abiertas, contradictorias, en relación dialéctica como juego inacabado en la construcción del conocimiento de la insubordinación.

Las categorías tomadas del lenguaje subversivo, de hombres y mujeres en lucha, conforman la dinámica en la que viven y se enfrentan día a día. Se abren como particularidades del tiempo anti-homogéneo, de índole histórica y material, producto del conocimiento de las comunidades.

La dinámica de este artículo son la radicalidad y música; las encrucijadas y sueños de los zapatistas Sirva esta manera revoltosa de análisis para detectar la problemática en perspectiva que enfrenta el movimiento zapatista.

Para fines de este trabajo considero la comunidad La Realidad, perteneciente al Caracol I “Madre del mar de nuestros sueños” El proyecto consiste en explicar que las prácticas y subjetividades construidas en la localidad tienen implicaciones directas con las decisiones políticas del movimiento rebelde en general.

Se muestra parte de la vida de La Realidad y sus palabras y sus prácticas, desde las actividades concretas tales como las concernientes a la familia, campo, trabajo, las asambleas, los cargos y responsabilidades como parte del movimiento.

II. Sobre la Perspectiva Teórica

Es urgente que el matiz analítico esté situado desde los horizontes más amplios no sólo de explicación y teorización, sino también en la creación de nuevas formas de socialización humana tengan la finalidad de no encuadrar al zapatismo en un cúmulo de definiciones sociológicas deterministas. La configuración teórica ubicada desde el ángulo de los problemas constituye una mirada crítica al acontecer diario de la autonomía zapatista.

Las herramientas intelectuales de las cuales me sirvo para el análisis están situadas desde la crítica al propio movimiento. No considerar únicamente el impacto del movimiento desde la lógica de los logros, avances y progresos sino también reflexionarlos desde la perspectiva de los problemas, del carácter dinámico y contradictorio en el que se gesta la lucha, bajo el propósito de desmitificar al movimiento de toda clase de ideologías.

La lucha zapatista es, en términos de Zibechi, la lucha por la supervivencia, la pelea cotidiana por asegurar el sustento y la reproducción de la vida, esta es una lucha creativa, por la vida. La lucha como creación de vida requiere del esfuerzo solidario y recíproco entre los seres humanos (Zibechi, 2004: 7). Por lo cual será a partir de la identificación de problemas que se teje el análisis de la vida cotidiana de los pueblos zapatistas chiapanecos en lucha. Desde esta perspectiva teórica se construye una exploración sobre la vida cotidiana que rompe con los umbrales de una historia oficial que sitúa, crea y reproduce héroes y víctimas, poniendo énfasis en que la vida cotidiana es un espacio concreto de la creatividad contra las formas de sincronización y velocidad que implementa el capital diariamente.

El principio epistemológico y metodológico es el tiempo vivido y los problemas que enfrenta el movimiento. De ahí que, sostengo que el zapatismo se encuentra entre la radicalidad y la música.

A cada momento el zapatismo vive en paradojas. La primera es la radicalidad y la música. La radicalidad en el sentido de la invención creativa de la sociabilidad no jerárquica a través de la oposición al capitalismo neoliberal La postura radical ha situado a los zapatistas en una posición de conflicto, porque la radicalidad exige romper de tajo con las determinaciones impuestas históricamente y por las propias determinaciones producidas por ellos mismos como parte del movimiento.

La radicalidad se constituye en el cumplimiento de la palabra, la cual no es un acto retórico discursivo, por el contrario, es el oasis de la lucha. En el entendido de que la palabra pronunciada es ya un acto de resistencia y de confrontación, “cumplir la palabra” es el compromiso mutuo de solidaridad fraterna encarnada en las comunidades. Esta radicalidad es una particularidad del movimiento contradictorio de la lucha. La cual se vive de formas insospechadas en el acontecer diario.

Más allá de comparar la vida diaria de las personas hombres o mujeres pretendo mostrar que su cotidianidad fue y está siendo transgredida por ellos mismos desde que decidieron confrontar al estado mexicano. Constantemente las dimensiones espacio temporales de sus acciones centellean la vida diaria del zapatismo. Tal como lo sugiere Lefebvre, describir y analizar lo cotidiano para mostrar su decadencia y fecundidad, su miseria y su riqueza, lo que implica el proyecto revolucionario de una liberación que desgaje de lo cotidiano la actividad creadora inherente, la obra inacabada (Lefebvre, 1972: 22).

A lo largo de este artículo, hablaré del tiempo vivido en La Realidad considerando el antes del levantamiento armado de 1994 y el tiempo de la lucha en su presente, el aquí y ahora. Explicaré como la participación política de los pobladores ha transgredido su propia cotidianidad. Narrar la historia de su vida diaria nos permitirá analizar cómo se significa la autonomía zapatista. La radiografía es la mejor imagen de un pueblo que pese a las contradicciones de su lucha se resiste a la dominación.

La música es una forma de resistencia y de lucha. Nadie está obligado a seguir el ritmo, es un gusto moverse al compás de la rebeldía. Así como no estás obligado a divertirte tampoco estas obligado a ser zapatista. La música representa las formas colectivas diversas de organización, une, vincula, encuentra y fortalece la subjetividad. Por ello si uno analiza el marco puede caer fácilmente en la descripción de detalles y circunstancias, algunos de los cuales serán distintos en algún tiempo. Trataré, por tanto, establecer los problemas que enfrenta la experiencia zapatista desde su cotidianidad.

La autonomía tiene otra mirada desde dentro. Los zapatistas son un ejemplo de que pensar la autonomía como trabajo concreto es mucho más compleja que el análisis de los comunicados del movimiento Es por ello que discuto, en función de la experiencia vivida en las comunidades de la Selva Lacandona, cómo la autonomía es un proceso de construcción propia. La autonomía no es ninguna abstracción, es una realidad; no es tampoco el sueño ingenuo de los subalternos, es una “práctica revolucionaria”, y como toda práctica contiene y vive su propia contradicción.

Las encrucijadas conforman la negación del miedo al acorralamiento del capitalismo. Son el móvil de la incertidumbre del proceso revolucionario, síntesis abierta que modifica la continuidad de la vida ordinaria y la convierte en impulsos retadores y a la vez peligrosos. Las encrucijadas, en ese sentido, son el punto de partida para pensarse como sujetos de su propia lucha. Obedecen a un potencial situado en el despliegue de nuevas formas de acción, es el “en veces no sabemos qué hacer por eso mejor preguntamos y caminamos”.

La autonomía zapatista es una forma de ruptura con las mediaciones creadas por el capitalismo y el estado. El estado como el instrumento controlador y uno de los que permite la reproducción del capital crea un cerco de dominación en todos los ámbitos de la vida diaria. La pregunta entonces, es ¿si la autonomía de los zapatistas es una lucha contra la reproducción del capital? ¿Cuál es el sentido de la autogestión y del autogobierno en su lucha? La autogestión la entiendo como la creación de los medios alternativos no instrumentales que rompen con las formas hegemónicas de la economía neoliberal. Es un modo de hacer economía sustentada en la solidaridad humana (Holloway, 2002). La autonomía como proceso no puede ser pensada desde el tiempo de la mercancía, no es el mercado quien determina las formas en que se organizan para realizar sus actividades como colectivos o como comunidad; sin embargo, decir que no están invadidos del sistema capitalista sería un error.

Los zapatistas saben que contienden contra el capitalismo. Ello implica un largo recorrido, esa lucha es un sueño consciente hecho experiencia concreta. Es la mirada frente al sol que embelesa y nutre su espacio cotidiano. El sueño no tiene final. Dice un compa “No sabemos cuándo va terminar esta lucha pero es nuestro sueño que estamos construyendo ahora”. Concíbase sueño como dignidad.

La Selva Lacandona, donde viven los encapuchados no es el paraíso y único lugar donde sí se pueda luchar contra el capital, porque no es desde fuera del capitalismo que resisten. Los zapatistas están sometidos a las leyes del mercado externo aunque hacia dentro resisten hacerlo. El sueño autonómico vive su contradicción como sueño, es decir, como práctica. Cómo no reproducir el capital, si esta reproducción es como una máquina que se “impone” a los humanos en su hacer (Holloway, 2002). Transformar la autogestión que vaya más allá de lo económico o de lo político es uno de los retos más grandes del zapatismo

Rechazar el poder del estado, es rechazar todas las formas de mediación producidas por el capital. La autonomía al ser una construcción propia debe ser emancipatoria. Esta no viene de fuera, nace dentro. Si viene de fuera es dominación y si es desde dentro es creatividad humana. Es la música “la que hace reflejar grietas debajo de la superficie social, expresar deseos de cambio, es decir esperanza” (Bloch, 1980: 185).

La música zapatista tiene sus propios ritmos. La letra ellos la componen rompiendo toda métrica formal existente. Conciertan a su manera y como a ellos les gusta, sino queda bien, lo vuelven hacer. La lucha por la autonomía no es nueva. Lo que han hecho los zapatistas es apropiársela. En el proceso de apropiación la dimensión de la autonomía no se reduce a lo económico. Se ven trastocadas otras esferas de la vida. De tal suerte que a cada canción ellos le escriben su propia letra, su propia armonía. Hay canciones que van en contra de la tonada original pero es así como les gusta que suene, no importa la métrica ni la rima, lo que importa es el sentido que cobra denunciar su situación y contar su historia de lucha.

Los compas dicen: “el ejercicio de la autonomía indígena es una realidad en tierras zapatistas, y tenemos el orgullo de decir que ha sido conducido por las propias comunidades” (Muñoz, 2003:247). Lo individual, lo colectivo, lo comunal, lo regional, y lo municipal no se ven todavía como escalas de la autonomía. No se sabe quién tiene primacía sobre quién; si la comunidad es más importante que lo colectivo y si a estos se le antepone lo municipal y por ende se subsume o aniquila lo individual. Hasta ahora la autonomía es un camino muy complejo y peligroso. No es extraño, los zapatistas viven en el peligro y el riesgo de cómo continuar con su sueño que deviene tormenta.

Intervenir en el proceso de autonomía hace que lo privado y lo público se re-signifiquen, que los pensamientos se trastoquen y que los usos y costumbres se modifiquen también. La vida cotidiana se vuelca sobre sí misma y al volcarse hay crisis. Los cambios constantes que en ella se producen generan que los espacios del trabajo y de esparcimiento por género empiecen a sufrir fracturas aunque en apariencia se muestran “fuertemente consolidados”. La tendencia dominante del hombre sobre la mujer se está viendo debilitada. No es un principio de anarquismo o liberación femenina (en su noción más burda), sino el horizonte planteado en el presente como proceso de autonomización permanente.

No se puede ser menos o más autónomo dependiendo el lugar en el que se encuentre uno, por lo que no se puede ver sólo el ámbito económico de la autonomía; hay que analizar lo político y social entendiendo esto como una forma de lucha que no aspira a las formas clásicas del poder. Los zapatistas no son una clase extraña ni una forma novelesca de luchar. Su manifestación clara de no buscar el poder y su rechazo a la clase política no quiere decir que son una forma pura de lucha. El espacio de la política no está fuera de la vida cotidiana, lo que sí es un hecho es que hacen otra política. Por ende, en la organización interna, políticamente hablando, los zapatistas se hallan siempre en situación crítica por un lado, en no reproducir desde sus prácticas rebeldes formas caudillistas o liderazgos charros mismos que, históricamente han servido para la reproducción del estado; y por otro, en crear una estructura de poder que se consolide en el estado zapatista.

La autonomía como proceso exige vencer procesos de fetichización. La lectura desde fuera es la construcción mítica de Zapata y del “Votan Zapata”, pero desde dentro, el proceso de desfetichización de los usos y costumbres debe estar orientado a la consideración de que la autonomía no es espontánea sino que es algo que se gesta en la lucha y en la comprensión del sentido de esa lucha.

Ser sujeto de transformación no es a priori a la lucha. La conciencia de lucha se hace en la vida diaria y es desde esos espacios que irrumpe la creatividad en acto. Los zapatistas están haciendo su lucha diario, desde las cuatro o cinco de la mañana que toman camino para la milpa o el río, cuando lavan ropa o cuando tienen asamblea. Su pensamiento lo están cambiando, “en veces por gusto, en veces por fuerza”, como dicen ellos, ahí siguen entre las montañas, porque la montaña les protege y da fuerza para luchar. La montaña es la que les indica el tiempo de la lucha.

Los indígenas toman el conocimiento de la montaña y de los sembradíos para construir la temporalidad de su lucha. Los sueños son instantes de la lucha, en ocasiones son explícitos y en otras quedan como algo exclusivo de ellos. Es en la intimidad de las comunidades que el sueño es una forma de comunicar a los otros que hay nuevos horizontes en sus planteamientos rebeldes.

III. Radicalidad y Música

Al inicio he dicho que el movimiento zapatista se encuentra entre la radicalidad y la música. Entendámoslo así, la radicalidad no es una circunstancia de las comunidades zapatistas resultado del levantamiento armado de 1994, es una práctica puesta en marcha diez años atrás, en el periodo de clandestinidad. La práctica radical es el imperativo de todo el movimiento, es por ello que inicio con este problema. Salir de la clandestinidad es el primer momento de la radicalidad. El “Ya basta” queda situado como acción de ruptura y de confrontación al estado mexicano.

Ser radical implica fortaleza, seguridad, resistencia y a la vez creatividad. En un principio la radicalidad fue un NO rotundo a todo aquello que viniera del estado. Al interior de las comunidades esto implicó cambios en la vida cotidiana generando conflictos en todos los aspectos de sus vidas.

En adelante subrayo los problemas que vive esta comunidad rebelde no es exclusiva, es un ejemplo de lo que viven los pueblos que deciden resistir. La idea es mostrar empíricamente los momentos críticos de una comunidad en resistencia. El objetivo es crear una constelación de problemas que permitan entender la situación actual del movimiento zapatista. La radicalidad y la música se encuentran como la nube al cielo. Es la convergencia entre “cumplir la palabra” y “ser zapatista por decisión”.

Hablo de música porque la lucha zapatista ha producido nuevas formas de cantar la lucha. Los grupos de música de los pueblos acostumbran a tomar la música de canciones ya existente; ellos cambian la letra, denuncian y cuenta su rebeldía a través de las canciones. Tienen su propio ritmo: la rebeldía presente en las actividades de su cotidianidad.

La Realidad Trinidad Municipio Autónomo de San Pedro Michoacán está ubicada en la Zona Selva Fronteriza del estado de Chiapas. La importancia política de la comunidad desde el levantamiento armado de 1994 ha sido crucial. En la actualidad alberga al Caracol I Madre del Mar de Nuestros Sueños y a la Junta de Buen Gobierno “Hacia la Esperanza”.

La comunidad tiene aproximadamente mil quinientos habitantes en total. El idioma predominante es el español, en segundo lugar su lengua materna, el tojolabal. Todas las personas profesan la religión católica.

La Realidad vive en resistencia hacia dentro y hacia fuera. No sólo se resiste a ser aniquilados por el dominio del estado. Se resiste también a las formas más sutiles de acorralamiento por parte del sistema capitalista. Los procesos de fragmentación al interior del pueblo se ven reflejados en las costumbres, fiestas y forma de vida en general. Fragmentación que no es gratuita, ni casual, es producida. Así la comunidad se ve como terreno en el que se desatan guerras y se crean cercos de resistencia. Los que luchan contra la segmentación y los que la producen.

La comunidad vive bajo la desconfianza. Es por ello que no suelen familiarizarse rápido con todo aquel que les parezca ajeno a su región. La primera familia zapatista que conocí fue en la redila en agosto de 2003. Al principio me miraban con extrañeza, intuía que se hacían miles de preguntas sobre mí. Preguntas que no decían pero que por sus miradas podría inferir. Pasó un gran rato para que se rompiera el silencio. El jefe de la familia, me preguntó que a dónde iba y si iba sola. Me dijo que era muy peligroso que anduviera sin compañía por esas tierras. Al intentar preguntar sobre los zapatistas recibí el silencio por respuesta. Fue difícil empezar a platicar con el padre de familia porque durante todo el camino todos los pasajeros se miraban unos a otros. Saben que no son enemigos pero la desconfianza está sembrada. Dice Don Marcelino “No somos enemigos somos hermanos y no estamos peleados pero cada quien toma su decisión y lo respetamos”.

El no hablar del tema de la resistencia ha sido un arma de defensa entre ellos. Ya en la estancia con ellos en su comunidad observé que son muy cuidadosos de lo que hablan y no suelen tratar los asuntos de la organización o de la lucha fuera del espacio o tiempo para ello.

Ante el levantamiento armado el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) recuperó territorios que estaban en manos de caciques y hacendados, prohibió la entrada a toda persona ajena al lugar, exclusivamente aceptaron a gente solidaria de diferentes lugares a ser observadores de derechos humanos.

Gracias a la familia de don Marcelino supe con quien dirigirme al llegar a la comunidad. Al llegar, me recibió Gaudencio el encargado de recibir a los campamentistas. La mirada de este hombre era de desconfianza, y seguridad. Me ofreció un poco de agua mientras me pedía, al mismo tiempo, mis papeles. Entregué la carta que me dio el posgrado, la carta del aquel entonces Frente Zapatista de Liberación Nacional de Puebla, la hoja que me dieron en Enlace Civil, mi credencial de elector como identificación y el proyecto de investigación que realizaría como parte de mis estudios. Las preguntas que me hizo Gaudencio fueron pocas pero muy claras: a qué voy, cuánto tiempo estaré, de dónde vengo, y cuándo me voy. Dijo que daría mis papeles a las autoridades y que ya me respondería si me podría quedar o no.

Gaudencio me condujo al “Campamento Civil por la Paz”, campamento que sirve para que la sociedad civil sirva de observadora de las violaciones a derechos humanos que sufre la comunidad y denuncien los hostigamientos del gobierno federal. Al llegar al lugar, Gaudencio le pidió al único campamentista que había que me explicara las reglas para los campamentistas. Eran casi las 5 de la tarde y las reglas no se hicieron esperar. La primera: el espacio para los campamentistas eran la zona de la escuela, hacia el río donde uno se bañaría, las tiendas cooperativas, y si daban autorización podría entrar al “Caracol” 2: No está permitido andar de curioso por la comunidad, de hecho, hay zonas en las que uno como sociedad civil no tiene acceso. Se me dijo tiempo después, “tiene que ver con nuestra propia seguridad” 3: No está permitido comprar en tiendas priístas, ni comprar a los niños ni mujeres que llegan ofrecer sus productos al campamento 4: Debe uno bañarse en la zona que está destinada para los campamentistas y no hacerlo en otro lado. Para el caso de las mujeres debe uno cubrirse los senos y las piernas debían estar cubiertas debajo de la rodilla 5: Sobre el campamento, el agua para tomar se debía hervir 6: Cuidar que estuviera limpia la letrina de los campamentistas 7: Hacer nuestra propia comida pero sin ofrecerla a los niños o personas que no fueran del campamento.

Las reglas mencionadas, aunque no son para la gente de la comunidad, generan problemas. Uno como campamentista se encontraba en dilemas tales como no poder comprar a un niño las limas que vende aunque este sea zapatista. La comunidad zapatista no está muy de acuerdo con esa norma, sin embargo la acepta: Forma parte de la obediencia a los nuevos acuerdos construidos internamente. La obediencia es una forma de radicalidad.

Entre las reglas más importantes para los campamentistas se encuentra la de no obsequiar regalos de ningún tipo, ni mucho menos, regalar dinero a ningún miembro de la comunidad. El propósito es, por un lado, no hacer lo que el estado hace con los indígenas, dar “regalitos” que no mejoran su calidad de vida. Por otro, enseñar a la gente a no pedir nada con la idea de no generar descontento entre ellos y no contrarrestar la resistencia.

Vivir la complejidad del zapatismo exige aguante. En la Selva Lacandona hay que desarrollar una de las virtudes que en la ciudad se traduce como lentitud: la paciencia. En la ciudad tener paciencia es importante sólo en términos de la producción y del consumo, en la selva la paciencia es una cosa totalmente distinta. Paciencia en la palabra, en las decisiones, en los actos, en los pensamientos. Esto no quiere decir que La Realidad sea un mundo donde reina la calma. El conflicto existe, Doña Higinia me contaba un domingo en la tarde que “si no se hacen las cosas con paciencia se puede tener más problemas adelante”. La paciencia es parte de la temporalidad mesiánica del zapatismo.

La mirada sobre ellos cambia cuando uno está con ellos. En ese vivir diario, el zapatismo, diverge de las cartas, comunicados, cuentos, literatura, películas, música o teorías que día a día llegan a nosotros a la ciudad. La realidad del zapatismo cobra una dimensión distinta. No estoy diciendo que es totalmente opuesta a los discursos sino que se vive de distinta forma.

Hace aproximadamente sesenta años llegaron pobladores de otras comunidades a “tierra fría”, donde el cultivo de maíz, frijol y café no abundaban. Luego llegaron trabajadores de fincas que querían independizarse de sus patrones. Desde hace 24 años la comunidad se empieza a organizar para la lucha. La organización consistía en realizar trabajos comunitarios. Recuperaron el espíritu colectivo. Poco a poco tuvieron que transformar sus hábitos. Me platicaba Doña Higinia que “antes los hombres tomaban mucho trago, ni querían trabajar, golpeaban a las mujeres y cada quien andaba por su cuenta”. Sin embargo, desde que pertenecen a la “organización”, es decir al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, volvieron a pensar en comunidad. Me sigue diciendo Doña Higinia, “nosotros de por sí nos juntamos porque muchos somos familia, pero como había mucho vicio la gente se puso triste y ya no quería trabajar junta”.

En el año del levantamiento todos los habitantes de esta comunidad eran zapatistas y durante quince años de lucha pública muchos pobladores han dejado la organización rebelde. Dice Eder: “los priístas dejaron la organización y les valió madre y reciben regalos del gobierno y los que quedamos pues estamos exigiendo nuestro derechos, nuestras demandas”.

a. Propiedad y bienes comunales

La dimensión geográfica de La Realidad no la conozco completamente, pero gran parte de ese territorio se recuperó con el levantamiento armado del 94. Dice Yoseva: “es mucha tierra la de la Realidad, mi abuelito fue de los que participó en la recuperación de las tierras hace muchos años”. Las tierras son ejidos, algunos individuales, y otros son de familias. Las casas de la comunidad son todas de madera, algunas tienen todavía techo de palma, aunque la mayoría cuenta ya con techo de lámina, pisos de tierra y en muy pocas casas pisos de cemento.

Todas las viviendas tienen su letrina, y desde el 2002 ya hay energía eléctrica en la comunidad. Algunos pobladores tienen árboles frutales y tienen tejados donde guardan el maíz, el frijol, o cuelgan el guineo (plátano) para que madure. Unos tienen sus pollos y otros puercos. La mayoría de los productos que siembran o cosechan es para el autoconsumo.

Los ejidos individuales los obtienen como acuerdo de la comunidad. Para obtener un solar es necesario que en asamblea comunal decida el lugar del terreno y las dimensiones de este. Para la adquisición de una propiedad se debe solicitar al Comisario Ejidal para que este convoque a la asamblea. Las personas que pueden solicitar un lugar deben tener como mínimo 15 años que es la edad en que “entran a la comunidad”. Es decir, en la medida que adquieren responsabilidades comunales tienen el derecho a un solar. No importa si son solteros o casados. Teóricamente no importa el género aunque en la práctica se otorga la propiedad a los hombres.

Los conflictos se han generado y agravado día con día. Algunos lugareños han decidido vender sus solares a otros. Hoy en día ya no hay tierra que repartir cerca o en los alrededores de la comunidad porque ya está toda la tierra ocupada. Únicamente hay tierras en las zonas alejadas al pueblo y ahí nadie quiere terreno. Las disputas se centran entre los que están a favor de vender (priistas) y los que están en contra (zapatistas). Los que quieren vender, y de hecho venden, suelen hacerlo hasta en un máximo de tres mil pesos. Sin embargo, independientemente de ser priistas o zapatistas venden sus tierras en situaciones tales como migrar hacia Margaritas el municipio más cercano de la zona y la falta de dinero.

Los zapatistas no están de acuerdo con que se vendan los solares el argumento es que no se debe hacer negocio con algo que la comunidad otorga. Los compradores son los que no pudieron alcanzar un terreno cerca del poblado. Hay quienes compran y venden con mayor regularidad, en especial, aquellos que si bien tienen su propio solar viven con sus padres y quieren invertir el dinero en la compra de ganado. Algunos inconformes con este tipo de prácticas dicen que no es bueno para la comunidad que ahora unos cuantos tengan más tierra que otros. Lo mejor es que devuelvan las tierras porque hay otros que ya necesitan un solar para vivir y no tienen.

La comunidad no sabe cómo resolver este asunto. El Consejo Autónomo Zapatista no tiene injerencia en el asunto porque el problema es de la comunidad y no de la organización. Cuando todo el pueblo era zapatista no se vendieron terrenos. El problema se presentó cuando la gente se salió del EZLN. Los conflictos se agudizan porque los rebeldes exigen sea respetado el acuerdo de no vender.

La tierra al convertirse en mercancía, rompe con las formas de convivencia. Las prácticas comunitarias se ven afectadas. Los pobladores tienen algunos acuerdos como limpiar el camino hacia la comunidad pero no todos quieren participar en tanto que los que tienen más terrenos deben trabajar más, así lo firman los que menos tienen.

Otro conflicto tiene que ver con las tierras recuperadas. Parte de los terrenos los están reclamando los priístas pero los zapatistas no los quieren devolver porque forman parte de la resistencia. “No se entregaran porque los hermanos saben que son de la comunidad”, así asevera Bernardino, un responsable de la comunidad. Los priistas por su parte exigen que se les entregue una parte de tierras porque la necesitan y porque son parte de la comunidad aunque no sean zapatistas.

El asunto de la tierra refleja en realidad la fragmentación política de una comunidad que tiene la idea de preservar la tierra, sin embargo se les olvida en ocasiones. Nadie lo enfrenta y nadie lo resuelve.

El movimiento insurgente tiene la responsabilidad social de salvo guardar las tierras hasta donde les sea posible pero bajo los criterios anticapitalistas. Intentar repartir los terrenos a los zapatistas implica reproducir las prácticas individualistas del sistema y también fracturaría su propia lucha, atentaría contra el espacio vital de las personas más allá de posiciones políticas.

Quienes se esconden detrás de estos conflictos por la tierra son el gobierno y las empresas transnacionales quienes pretenden apoderarse de la región incentivando los conflictos entre los habitantes de la comunidad. La guerra de baja intensidad obtiene beneficios económicos y políticos muy grandes al romper con la estructura ejidataria y reactivar la propiedad privada

El significado rebelde de “para todos todo” como parte de la lucha zapatista entra en conflicto cuando las comunidades desean que haya una distribución equitativa de la tierra para todos y el nuevo lenguaje político. La dinámica existente deja entrever que la distribución de los bienes comunales es una forma de cristalización de la forma mercancía. La nueva forma de comprender lo comunal es a través de para todos todo como reivindicación de los valores de uso.

b. Condiciones y formas de vida

La principal actividad en la comunidad está basada en la agricultura, en la crianza de aves de corral, puercos y un poco de ganado vacuno. La agricultura concierne principalmente en la siembra de maíz, frijol, frutas (naranja, lima, plátanos, mango, piña, sandía), café, cacao, calabaza, chayote. Aparte de la parcela comunitaria zapatista en la que se siembra maíz, cada familia tiene su parcela individual. Las actividades de los hombres son dedicarse al trabajo del campo, a la ganadería, a las construcciones de sus casas, a los trabajos comunitarios y al deporte (fútbol y básquetbol).

Las mujeres se dedican al trabajo doméstico que consiste en la preparación de la comida, elaboración de tortillas dos veces al día, el mantenimiento de la casa, el lavado de la ropa, la crianza de los niños, la costura. Para el caso de las mujeres zapatistas costuran y bordan blusas, servilletas y bolsas de manta para su venta. La carga de leña es cortada a una considerable distancia de la comunidad, por lo que, nunca van solas las mujeres siempre irán en parejas o en grupo. También se encargan de la crianza de los animales domésticos (pollos, puercos) y participan en la cosecha del café, cacao, fríjol, maíz. Los niños empiezan asumir responsabilidades cuando ya participan a partir de los 9 años en los trabajos del campo, en el lavado y cuidado de los caballos. La mayoría de niños asiste a las escuelas de la comunidad aunque de forma muy irregular. Por su parte, las niñas colaboran a partir de los 7 años (a veces antes) en el conjunto de las tareas domésticas y en el cuidado de los hermanos menores, sólo algunas asisten a la escuela.

Está prohibida la tala de árboles indiscriminadamente. Existen ciertos animales y plantas que no están permitidos usar para el consumo y venta. Cuando algún lugareño va a quemar su terreno de la milpa debe hacerlo siempre con el previo aviso. La hora depende de que no haya mucho viento para que el fuego no se expanda. En caso de no avisar a las autoridades zapatistas o priistas o quemar fuera del tiempo establecido por el acuerdo comunitario, se le cobra una multa por atentar contra la comunidad. En caso de incendio, la comunidad le ayuda apagar el fuego pero tendrá que pagar por “su necedad”. La comunidad está obligada a ayudar solidariamente si hay un incendio, por quema de la milpa si este fue notificado en tiempo y forma por las autoridades. En caso de incendio forestal en alguna zona de la comunidad, sus alrededores u otra comunidad cercana, toda la comunidad se organiza para apagar el fuego.

La alimentación es una dieta basada en maíz (bajo diferentes formas como tortilla, pozol, tamales de elote, frijol, pollo o cerdo) y de frijol. Según la temporada se encuentran alimentos complementarios como los vegetales (chayote, yuca, vegetales silvestres como la mostaza, la hierba mora, calabaza), en frutas (naranja, lima, toronja, guineo, piña), huevos y carne de pollo y rara vez comen puerco y res. Así durante el tiempo que estuve comí una vez tepezcuinte, un animalito de la selva, su sabor es muy parecido al puerco. Esto lo comí en casa de Doña Higinia, hogar que queda cerca del río donde me bañaba y que me permitió poder entablar una relación muy importante con los integrantes de su familia.

Comí una vez tamales de pollo, Doña Viridiana me los llevó al campamento, y una vez tamales de puerco, esto porque entre varias familias habían matado un puerco y se repartieron la carne. Durante mi segunda visita en los meses de diciembre 2003 y enero de 2004, comí dos ocasiones caldo de pollo, en diferentes casas. Doña Nayeli, esposa de don Marcelino, es una señora muy callada siempre tiene dolores en la espalda o en el brazo, sin contar con un dolor producto de una hernia, me invitó a comer. Me dijo un día: “¿Juqui, te gusta el pollo?, si te gusta dime cuándo vienes para que lo mate”, quedamos que sería el sábado, porque para ese entonces yo ya me encontraba participando en la escuela de la comunidad. Comimos caldo de pollo con un poco de jitomate y calabaza. Invitarme a comer se volvió un día fiesta, sin embargo dicha familia se perdió por una buena temporada de huevos para comer.

No hay leche ni sus derivados. La falta de calcio genera que los niños a muy temprana edad pierdan sus dientes y cuando tienen 16 años muchos andan sin dientes o con prótesis de metal. Cada prótesis cuesta más de mil pesos. La desnutrición es evidente en el cabello de los niños y niñas. Las condiciones precarias e insalubres de vida son la causa de la mayoría de las enfermedades. Este factor, ligado a la falta de recursos económicos y en medicinas, así como a una política estatal de salud totalmente ausente, desde antes de la aparición del movimiento zapatista, provoca la mortalidad por enfermedades que son curables en su mayoría. Los principales padecimientos son desnutrición, gastritis, anemia, migraña, enfermedades gastro-intestinales, (amibas, parásitos), enfermedades de las vías respiratorias, enfermedades de la piel, infecciones vaginales y urinarias, dolores musculares, dolor de espalda, úlceras.

El pozol, bebida hecha de maíz les ha enseñado a resistir no sólo del calor y del hambre, es el néctar valioso que diario se elabora para poder aguantar consciente o inconscientemente la lucha. Dice Andrés “a veces no muy quiero pozol pero con chile baja más rápido”. Las necesidades fundamentales de la vida como el comer hace que la vida diaria solo sea el espacio para obtener bienes, sin embargo, el hambre es el impulso de cambiar su vida, es un quieren y no quieren pozol.

Durante mi estancia en la tercera visita a la comunidad en el mes de junio de 2004, desde Las Margaritas había filas de personas de diferentes comunidades que estaban esperando la ayuda de “Oportunidades” y durante todo el recorrido de comunidades había reuniones de priístas para recibir sus materiales o dinero. El señor de la redila que es de las Margaritas me contó que les dan doscientos pesos por familia. Por su parte en La Realidad, recibieron manguera para que tomen directamente el agua del río. Es claro que las condiciones de vida de los priístas no es mejor que la de los zapatistas, incluso tienen más dificultades, por ejemplo, la luz la obtienen por medio de foto celdas solares que les dio el gobierno, algunas no sirven y cuando llueve mucho la intensidad de la luz disminuye considerablemente. La escuela que recibe apoyo del Consejo Nacional para el Fomento Educativo (CONAFE), padece de la carencia de maestros porque pocos son los días en que la escuela tiene clases. Las condiciones de trabajo tampoco son mejores, porque al vender sus productos, reciben pagos muy por debajo por lo establecido en el mercado. Eder me comentó: “como unos ya vieron que no les está ayudando ser priístas mejor regresan a la organización”.

c. Maltrato y reproducción del patriarcalismo

Las mujeres son muy calladas, desconfiadas, todas visten vestido o falda y blusas muy coloridas, ninguna usa pantalón, todas tienen el cabello largo, diademas y moños coloridos, gargantillas, aretes grandes y pulseras. Descalzas en su mayoría y muchas de ellas usan zapatos de hule en ocasiones especiales como las fiestas, las asambleas, o en la iglesia, otras más no usan zapatos en ningún momento. Los hombres usan pantalón de mezclilla, camisas que en su mayoría son regalos que les hacen como parte de los donativos de la sociedad civil para la comunidad, o camisas que compran que no superan los doscientos pesos en costo, a cuadros y de colores muy alegres, botas largas y con una forma de amarrar muy peculiar, ellos dicen “estilo zapatista”. Los jóvenes, en especial, tienen en su bolsa trasera del pantalón un espejo pequeño y redondo, un peine de diente fino y su pañuelo. Así en cualquier ocasión gustan mucho de mirarse cuantas veces sea necesario. Los adultos ya no se miran tanto en el espejo aunque si siguen guardando su peine y pañuelo en el pantalón.

La moral se reconfiguró, implicó reconocer entre ellos, que algunos usos y costumbres no podían mantenerse en la lucha sino porque les perjudicaba como personas. Los beneficios esperados de la rebeldía no pueden situarse sólo como deseos, sino como alcances. Antes los casamientos estaban establecidos entre el padre y el que sería el esposo, como compraventa, la mercancía, la mujer, que se casaría. Con el tiempo se modificó y los muchachos solían llevarse por la noche a las muchachas a su casa, así al otro día, el esposo tenía que ir a pagar al padre la “vergüenza” el costo iba desde los cien pesos hasta los mil, dependía de la tarifa impuesta por el padre. En el presente, todavía hay algunos hombres que quieren continuar con esta práctica, pero las mujeres ya no lo permiten tanto y las leyes zapatistas no lo aceptan tampoco. Angélica, una mujer de edad madura me decía: “Coquila si te casas en la montaña van a pagar por ti, ha pero si tú te dejas, porque si dices a las autoridades, al hombre lo meten a la cárcel, ya no está permitida la paga”.

Los valores de la comunidad a la entrada del movimiento rebelde se han modificado. Los habitantes han tenido que romper con formas de comportamiento que atentaban contra ellos. Luchan contra ellos mismos, rasgan sus prácticas, quebrantan sus acciones y creencias. Las comunidades desfiguran el sistema “con la pluralidad de prácticas de vida rebeldes al convertirlo en algo que se puede vivir, que vale la pena vivir” (Zadnikar Darij, 2007:79).

Las familias de la Realidad son extensas, como mínimo se tiene 4 ó 5 hijos. Cuando algún hijo se casa vivirán en el mismo espacio de la familia del hombre. Por ello, en una casa conviven hasta cuatro familias, teniendo cada miembro un trabajo determinado. Los casamientos se realizan a temprana edad, y siguiendo su tradición cultural la mujer se integra a la familia del esposo. Así que llega una hija más a la familia, los padres del muchacho se vuelven padres de la recién llegada. El concepto suegro o suegra, nuera o yerno, según sea el caso, no se usa. Sin embargo, si bajo consideración de los integrantes de la familia, la mujer recién llegada no colabora en las actividades de la casa y en las actividades del campo, es decir, es “muy floja” la separan de la casa haciéndole un cuarto independiente dentro del mismo terreno, pero separados, así que estar separados de la familia nuclear es una ofensa para la familia de la mujer porque implica que no la supieron educar.

El maltrato a las mujeres de la comunidad formaba parte de su educación. Doña Higinia me contaba con mucha tristeza que su hija recibió muchas golpizas por parte del marido: “la finadita de mi hija sufrió mucho, el hombre le pegaba mucho, decía que no trabajaba y que era muy rezongona, por eso le pegaba, hoy ese hombre se casó con otra mujer, y él tiene responsabilidad con la comunidad como parte de la organización y de todos modos a veces le pega a la mujer”.

Si bien a la entrada de la organización rebelde quedó estrictamente prohibido golpear a las mujeres, en el acontecer diario las cosas son diferentes. La mayoría de las mujeres que reciben más golpes en la comunidad son las priístas. Sin embargo las zapatistas no quedan exentas de dicha práctica. Las mujeres recién casadas suelen ser las más golpeadas, aunque en algunos casos la vida matrimonial está regida por los golpes. Lo paradójico es que nadie dice nada, sólo entre las mismas mujeres se consuelan. A través del cuchicheo y chisme.

La violencia intrafamiliar se ha ido reduciendo en las familias zapatistas, no así en las priistas quienes tienen que seguir soportando los golpes del marido borracho. Doña Rosy dice “poco a poco estamos avanzando en nuestros derechos pero todavía falta mucho”. Reconoce que ha mejorado la situación para las mujeres zapatistas pero no del todo. Sigue diciendo “hora mi cuñada la priista esta peor, cada vez le está pegando su marido de que mucho toma”.

Para el trabajo, no es bien visto que nazcan más mujeres que hombres. Cuando en una familia hay más mujeres que hombres genera un problema muy grande para las actividades del campo, debido a que ellas tendrán que cubrir parte de los trabajos que los hombres de la familia no pueden realizar. Actividades que tienen que ver con la siembra, la cosecha, el cuidado del potrero más las actividades “propias de su género” como cortar leña, hacer la comida, hacer dos veces al día las tortillas, lavar la ropa, limpiar la casa, cuidar los pollos y cuidar a los hijos. Doña Patricia tiene sólo un hijo varón, las demás son “hembras” y me contaba que cuando se casen sus hijas se van a ir y sólo ella se va a quedar con su hijo y aunque se case, sólo va a ser una mujer. Doña Patricia dice: “El problema es cuando nos vamos al campo porque faltan manos y aparte cuando ya estemos viejitos nos vamos a quedar solitos mi marido y yo”.

Un enemigo de esta comunidad en resistencia es el machismo. Los hombres, la mayoría de las veces, son los que deciden que la mujer quede embarazada. La reproducción de la familia genera problemas de carácter económico por lo que muchas mujeres amamantan a su crío hasta los tres años o hasta cuando les sea posible. Es decir, mientras dan de comer leche materna al niño a algunas no les baja la menstruación por lo que si su hombre desea tener relaciones sexuales no hay peligro de embarazo. Muchas mujeres tienen hijo tras hijo, pero no dicen nada porque su marido se puede enojar. Doña Patricia me platicó en la cocina, era muy temprano y de forma muy secreta que ya no quería tener más hijos: “ya no quiero tanto hijo, son bonitos, pero uno sufre mucho no los podemos mantener, y luego si son mujeres peor el asunto y no le puedo decir nada a él porque enoja”. Ella tiene en la actualidad 7 hijos apenas llega a los 40 años, su hija más grande tiene 20 años y la más chica nació en 2007.

La contradicción es que las madres educan a sus hijas desde pequeñas para ser madres, así que una mujer que tiene entre 15 y 16 años tiene ya que casarse, en algunos casos, a las madres no les gusta que su hijas estén solteras en su casa, prefieren que se casen a que la comunidad esté hablando de ellas. Sin embargo, también hay otras familias donde las mujeres “tardan un poco más en casarse” esto depende de si se le acerca algún pretendiente. Los hombres también desde muy chicos se casan, algunos desde los 14 ó 15 años, aunque dice don Samuel un viejito de la comunidad: “ahora ya tardan más, pero antes luego, luego se casaban”.

Las fiestas y bailes son espacios de la resistencia y de la lucha. La forma de mirar y hacer el mundo, por parte de las mujeres, ha sido quizá la parte más genuina de la lucha de las zapatistas. El baile es el espacio para el cortejo. Las mujeres sentadas, cuchicheando entre ellas tapando siempre su boca, esperan a que empiece la música, mientras que los hombres siempre de pie, las observan. Ya comenzada la melodía se acercan en conjunto y piden a las señoritas la pieza del baile. Algunas se quedan calladas y otras mueven la cabeza afirmativamente. Sin embargo, no se levantan en ese momento, los hombres regresan al centro del baile y esperan a que la muchacha se levante, por fin ellas deciden ponerse de pie y comienza el baile. El ritmo del baile es muy peculiar y siempre en silencio. El hombre siempre mirando hacia enfrente y las mujeres hacia un lado, muy pocas veces se cruzan las miradas y no dicen ni una palabra. Se dedican a bailar y por acá termina la pieza y regresan corriendo a su lugar en la banca. Si un muchacho saca constantemente a bailar a la misma chica significa que tiene un interés particular por ella.

El ritual durará según las horas de baile establecidas. Mientras las señoritas bailan, las madres, sentadas en las bancas, observan con mucho detenimiento la forma en que todas bailan, y quiénes sacan a bailar, mientras los niños pequeños duermen sobre un plástico en el suelo. Cuando las muchachitas tienen ya diez años empiezan a bailar con otras de su misma edad. Se empiezan a preparar para que en pocos años ya bailen con los muchachitos. Cuando no hay algún muchacho que saque a bailar a las mujeres, bailan entre ellas. Es muy común que entre ellas bailen. Les sirve de refugio ante la vergüenza de no haber sido elegida por algún hombre pero también para ir tomando seguridad ante los hombres que las miran constantemente. Las niñas también bailan entre ellas. La forma de arreglarse para el baile no cobra importancia cuando son pequeñas, en cambio, cuando ya están en edad casadera se vuelve vital.

En un párrafo anterior dije que el baile es un espacio de lucha y de resistencia para las mujeres porque tomar la iniciativa de romper la costumbre del baile es una confrontación contra los hombres y contra ellas mismas, en tanto que es la apropiación del gusto por el baile.

Durante el tiempo que estuve compartiendo con estas personas, las mujeres casadas no bailaban y sólo miraban el danzar de las hijas o hermanas, las niñas solo bailaban con niñas. Ahora algunas mujeres casadas bailan entre ellas, es decir con mujeres que están en su misma condición, son madres. Las niñas bailan con los niños, estas pequeñeces están logrando que el trato entre hombres y mujeres vaya cambiando.

Los hombres casados por su parte se resisten a sacar a sus mujeres a bailar aun cuando muchos de ellos una vez casados ya no bailan y otros bailan con otras mujeres menos con sus esposas. Los niños chiquitos se molestan mucho porque sus madres bailan, dicen que ya están casadas que ya para qué lo hacen. No todas las mujeres lo hacen, porque entre ellas se recriminan con las miradas. Las que se atreven tienen vergüenza, bailan temblorosas pero con seguridad. Confrontan con su baile a las que tienen ganas de levantarse a bailar y no lo hacen por timidez. Las pocas viejitas que conocí motivan mucho a sus hijas bajo la palabra secreta y queda. Todas, solteras o casadas, viudas, viejitas y niñas comentan con gran detalle los sucesos del baile. Así que si alguna bailó con diferentes hombres la frase es “esa mujer baila mucho con hombres”.

La Realidad al ser el centro del Caracol recibe en cada fiesta a muchos zapatistas de otras comunidades. Las mujeres acostumbran a ir al baile solo por el gusto de bailar, no les importa caminar el tiempo que sea necesario. Con o sin hijos, dejan maridos o novios y llegan a La Realidad a reunirse con otras mujeres a alistarse para la hora del baile.

Los campamentistas generalmente bailan entre ellos. Sólo cuando hay alguna fiesta muy grande, como la del uno de enero, llegan a bailar con las mujeres de la comunidad; aunque los hombres de la comunidad sí bailan con las mujeres de la sociedad civil independientemente de la magnitud de la fiesta. No a todos los bailes o fiestas tenemos permiso los campamentistas de asistir. Hay celebraciones que competen exclusivamente a la comunidad y si uno puede entrar es bajo su autorización.

Las fiestas se han modificado con la redistribución de los espacios públicos de la comunidad. Ante las diferencias políticas de los pobladores, se generaron problemas por el sentido de pertenencia de la Casa Ejidal y de la escuela Autónoma. Es por ello que no hay festividades de la comunidad donde los priistas y zapatistas se reúnan para bailar. Desde 2007 los espacios del baile ya están definidos. Los zapatistas utilizan la escuela autónoma para sus convivios y bailes. Los priistas, por su parte, usan la Casa Ejidal o la escuela del CONAFE.

Es en este contexto cotidiano de la resistencia que la radicalidad de los zapatistas se vuelve el espejo para los movimientos sociales y organizaciones en lucha. A través de sus problemas nos muestran que pertenecer a una lucha es romper con las formas pueriles de participación como adhesión a la multitud.

IV. Anticonclusiones

Lo expuesto hasta ahora son pinceladas de un trabajo mucho más amplio realizado como parte del doctorado. En la tesis decía que no podemos hablar de conclusiones cuando se trata de movimientos de insubordinación porque la dinámica de estos es abierta e insospechada. Por ende, en este trabajo sigo planteando la idea de no concluir el análisis sino por el contrario dejar abierto el debate.

En estas anticonclusiones puedo decir que hoy en día la guerra que enfrentan los zapatistas, es contra ellos mismos, contra lo que crearon como forma de lucha, la del principio rector. Haber dicho y exigido ¡YA BASTA! los ha colocado en una posición diferente. Están obligados a transformar las acciones concretas de su lucha. Tendrán que cambiar el horizonte de sus sueños, la radicalidad les debe permitir crear, inventar nuevas formas de organización. Tenemos una “subjetividad desgarrada por la separación del hacer respecto de lo hecho” (Holloway, 2002: 112).

La autonomía se expresa a través de la radicalidad de las prácticas y de las decisiones. El zapatismo creó nuevos símbolos, valores y creencias que reivindican el sentido humano del concepto comunidad al conformar la organización. Habían recuperado lo perdido, lo despojado y ahora han destruido lo recuperado.

La cotidianidad de La Realidad está agrietada, es incomprensible y contradictoria. Pese a ello, en los momentos que parece estar muriendo, en realidad anuncia vida. La comunidad juega en esa lógica. En ocasiones no importa la posición social, o política y actúan bajo sus principios históricos de comunidad, a decir, una especie de solidaridad espiritual que resiste a ser devastada. Esta situación la viven cuando realizan sus actividades en el campo. La siembra en sus formas colectivas los vuelve a unir. Es como ir en busca del sentido de pertenencia que en momentos se pierde por la lucha misma. Ir al campo reivindica la noción de familia. No importa lo que siembren o lo que cosechen o lo que hagan. La palabra entre ellos es como “la vuelta a casa” de la que habla Bloch (1979). Regresan al sentido de lo que les pertenece a lo que es nuestro” están en una lucha y van más allá de esa lucha construida.

Cuando los zapatistas hablan de la organización, al principio pensaba siempre en formas estructuradas y claramente establecidas. Esto no es así, cuando ellos pronuncian organización, la carga semántica es otra (Freire, 1999). No quiere decir que son ajenos a los conceptos de ganancia, o de explotación, justamente ahí es donde los zapatistas están en crisis. La contradicción entre el discurso y la práctica, entre lo que dicen y lo que hacen y cómo el sistema se impone es lo que hay que meditar, cómo salir de la encrucijada entre una lucha contra el neoliberalismo sin reproducir el capital.

En un artículo, John Holloway (2006) preguntaba porque amábamos a los zapatistas. Yo tengo una respuesta, son seductores. La seducción no se agota porque es eminentemente dialéctica e infinita. Embelesan y desesperan al mismo tiempo. Son capaces de trastornar nuestras ideas y acciones. Son provocadores hasta el cansancio insatisfechos y locos, por eso tienen tantos problemas. Siempre van más allá de eso y contra todo eso que nos hace mirar la imposibilidad de una vida mejor. Los zapatistas insisten en ser heliotropos …

V. Referencias bibliográficas

Benjamin, Walter. “Tesis de Filosofía de la Historia” en Para una crítica de la violencia. México, Premia editora, 1977

Bloch, Ernst. El principio esperanza. Tomo I Madrid. Aguilar 1979

Churchill, Nancy. “Una aproximación a la sociología del espacio urbano” en Conflicto Violencia y teoría social Una agenda sociológica Tischler Visquerra, Sergio y Genaro Carnero Roque (coord.) Puebla, Universidad Iberoamericana y Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2001, pp. 43-57

Freire, Paulo. Pedagogía de oprimido. México, siglo veintiuno editores, quincuagésima segunda edición, 1999

Holloway, John. Cambiar el mundo sin tomar el poder. El significado de la Revolución hoy. Buenos Aires, Herramienta, 2002

Holloway, John. “La otra campaña en las ciudades ¿Por qué amamos a los zapatistas? En Bajo el Volcán, Revista Semestral de Ciencias Sociales, Posgrado de Sociología, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, BUAP, año 6 núm. 10, 2006, pp.86-90

Lefebvre, Henri. La vida cotidiana en el mundo moderno. Madrid, 1972

Muñoz, Gloria. 20 y 10 el fuego y la palabra. México, Coedición revista Rebeldía, La Jornada, 2003

Zadnikar, Darij. “Adorno y la posvanguardia”. En Holloway John, Fernando Matamoros y Sergio Tischler (Comp.) Negatividad y revolución Theodor W. Adorno y la política Argentina, Herramienta y Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2007

Zibechi, Raúl. Genealogía de la Revuelta Argentina: la sociedad en movimiento México, Frente Zapatista de Liberación Nacional, 2004

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