Contribuciones a las Ciencias Sociales
Marzo 2010

 

LA COMUNICACIÓN MEDIÁTICA: UNA FORMA DE PODER


 

Enrique Rascón Palacio (CV)
erascon75@gmail.com

 

Resumen

Los argumentos que integran este escrito son el producto de un análisis sobre dos hechos sociales históricamente no relacionados: la comunicación mediática y el poder. Ambos, son fenómenos sociales que parecieran no guardar vinculación explícita dentro del esquema capitalista. Sin embargo, hoy en día a través del fenómeno de la globalización, se hace notorio que la comunicación mediática es un instrumento que líderes de cualquier índole utilizan para hacer valer de una u otra forma, estrategias sectoriales que a través del discurso, evidencian estar impregnadas de una constante intencionalidad de dominación.

Palabras clave: Poder, discurso, comunicación mediática, dominación sutil, actor social.
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Rascón Palacio, E.: La comunicación mediática: una forma de poder, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, marzo 2010, www.eumed.net/rev/cccss/07/erp3.htm 


Introducción

El propósito de este escrito es demostrar que la comunicación mediática es una forma de poder a veces inadvertida, capaz de fomentar esquemas procedimentales de dominio sobre ciertos actores sociales. En ese sentido, sostenemos que actualmente la comunicación mediática es el recurso tecnológico que más puede influir en el juicio, pensamiento o acción de cientos y miles de millones de personas. A raíz de este hecho, se puede argüir que la comunicación mediática representa una forma de dominación sutil. Eso es posible, por ejemplo, al no darse en la comunicación mediática una ecuanimidad y objetividad en torno al contenido discursivo de información procedente de una o más fuentes (sean oficiales por parte del Estado, de líderes políticos o individuos comunes y corrientes). Quizás como secuela de esta situación, de forma consciente o inconsciente, se ve potenciado el surgimiento de una o varias tipologías de poder.

El texto consta de tres partes fundamentales para facilitar la comprensión de la argumentación que se explaya. La primera, hace referencia a la significación dada al poder; la segunda, alude al discurso como medio catalizador-mediador entre el poder y la comunicación mediática y, por último la tercera parte, aborda la relación existente entre poder y la comunicación mediática. Para constatar la aseveración expresada líneas atrás, se abordan ciertas interrogantes como: ¿Qué es el poder? ¿El discurso funge como catalizador-mediador entre la comunicación mediática y el poder? ¿Existe alguna relación entre la comunicación mediática y el poder? Finalmente, se trata de demostrar dicha relación, a través de casos en la realidad social.

¿Qué es el poder?

Michel Foucault aborda el “poder” de una forma inusual. Al hacer referencia a la sutilidad en que el poder se puede emplear como forma de dominación, permite abrir un espacio teórico para hacer evidente la vinculación entre el discurso, el poder y la comunicación mediática. Esta última como forma de poder generalmente inadvertida.

Pero, ¿qué entendemos por poder? Desde principio, hay que tener claro que no existe una sola forma de manifestación del poder. Aunque las normativas en un Estado parecieran mostrar el fin último del discurso hecho manifiesto a través de un escrito, un parámetro regularmente obviado es la subjetividad que cada ser humano posee de forma intrínseca.

Este potencial de interpretación, muy propio por cierto de cada ser humano, representa una limitante al momento de querer universalizar formas o tipologías en cuanto al ejercicio del poder. En ese sentido, se ha constatado que pueden hacerse manifiesta tipologías de poder como: poder coercitivo, poder discursivo, poder político, poder económico, entre otras. Como verbigracia, el poder podría entenderse en cuanto a “la capacidad de actuar de acuerdo a la consecución de propósitos o intereses, - o -, la capacidad de intervenir en el curso de los acontecimientos” (Thompson, 1998: 29).

Un elemento a considerar es que el poder no es estático. En cambio, es circulante. Se caracteriza por ser hasta cierta forma dinámico, en torno a quién lo ejerce y, aunque sea intangible, es a través de las acciones de los seres humanos que se hace manifiesto.

Recordada la existencia de diversos tipos de poder, esbozamos una definición de poder por cierto foucaultiana, que permite vincular la relación existente entre la comunicación mediática y el poder. Para este fin, por poder debe entenderse “una red productiva que pasa a través de todo el cuerpo social…” (Foucault, 1997: 137).

Por cuerpo social ha de entenderse, el conjunto de actores interrelacionados por acciones de origen individual que transcienden a un nivel macro-social a raíz de la naturaleza de éstos. Esto es, por su condición de ser seres socio-racionales. Consecuentemente, cuando se habla de conjuntos de actores, se comprende que los mismos, independientemente del trabajo social que desarrollen, son generadores de diferentes redes de producción.

Ahora bien, se puede entender por red de producción cualquier forma de trabajo, transformación, acción o comunicación, capaz de traspasar del espacio individual a uno macro-social que permite ubicar a cualquier actor de la sociedad (ya sea institucional o antropogénico) como parte necesaria del continuum que existe en una interacción desarrollada vis a vis o de forma múltiple entre actores, unidireccional o bidireccionalmente.

Con ésta aclaración bastante teórica por cierto, creemos marcar dos vías de interconexión para la sustentación de la relación poder-comunicación mediática. La primera, es que al explicitar lo que entendemos por cuerpo social, se permite incluir implícitamente la comunicación mediática como un actor social que ocupa un parámetro dentro de un campo o institución frecuentemente relacionado con el poder y en donde el actor social humano (individual o plural) a través de la expresión de ideas o pensamientos; ya sea de forma verbal, audiovisual o impresa, ejerce y se hace dependiente de éstos últimos, dentro de un contexto caracterizado por una temporalidad y espacio específico. Esto es dado así porque en última instancia, las acciones individuales o colectivas de los humanos, son las que permiten construir socialmente la comunicación mediática.

Segundo, red de producción permite considerar a la comunicación mediática como un actor social con cuerpo, contenido y sentido significante, especialmente social, situación que la hace constituirse como parte integral del ejercicio interactivo diariamente ejercido en una sociedad. Con ello, se asevera que a través de la acción institucional o humana, ya sea individual o colectiva, la comunicación mediática es de facto un actor social real y verificable.

El discurso: catalizador-mediador entre el poder y la comunicación mediática.

El acceso restringido y acotado al discurso en diferentes espacios de participación pública o privada, podría establecer una institucionalidad, en cuanto es determinante de un tipo específico de poder. Como afirma Järger (1993:5), representante de la Escuela de Duisburg, citado por Wodak et. al. (2001), el discurso puede ser entendido como una modalidad del habla institucional y convencionalmente establecida que pone de manifiesto la relación existente entre el comportamiento y la dominación. Sin embargo, al discurso también se le es considerado como una forma de uso del lenguaje, como comunicación de creencias y como interacción de índole social. Ello evidencia que el discurso implica además del proceso de cognición individual, un proceso de cognición sociocultural (Van DijK, 2001).

El discurso, al poner de manifiesto la relación existente entre el comportamiento y la dominación, evidencia dos aspectos esenciales. Uno es que a través del comportamiento, es posible ver empíricamente la aceptación y/o negación de los actores sociales frente a un hecho específico. Pero principalmente, a través de la dominación, se constata una forma de poder, cualquiera que sea su índole. En la comunicación mediática esto es un tipo de poder que permite relacionar continuamente lo discursivo y simbólico. De esta forma como expresión de un poder, el discurso permite deslindar ideologías, misiones, visiones, políticas, estrategias, etc., de un mensaje aparentemente elocuente y sin nota de novedad, pero que a través de un análisis del discurso, evidencia matizaciones ocultas para momentos u hechos específicos escenificados en el pasado o que ocurren en el presente.

Como casi todo ser racional se caracteriza por expresarse a través del habla, el discurso en sí, además de contemplar significaciones simbólicas, emocionales, circunstanciales y de otros caracteres; efectúa un papel de intermediación entre la comunicación mediática y el poder. ¿Por qué? Porque ya sea el discurso expresado de forma oral, impresa, audiovisual u en otra modalidad, es el único mecanismo social que permite la comprensión entre diferentes actores. Funge como medio de entendimiento y facilitador de codificaciones y re-codificaciones de mensajes o expresiones dadas entre un emisor y un receptor. Por eso sin éste, ¿cómo imaginar la comunicación mediática? Ahora bien, hay que considerar que el lado positivo del discurso es un poco opacado porque en la realidad social, las prácticas discursivas tienden en la mayoría de los casos, contribuir a producir y reproducir relaciones de poder desiguales (Van DijK, 2001).

Aunque existe diversidad de instrumentos para que la comunicación mediática se efectúe, su vinculación inseparable con el discurso, que creemos, es el cuerpo esencial que da vida, contenido y significación a los mensajes emitidos por un emisor a uno o diversos receptores dentro de un proceso comunicativo, trasciende su función inicial de ente de enlace, al depender hasta cierta forma del sentido y significación que precisamente el emisor de subjetivamente y, porque no, de la interpretación que le otorgue, el receptor.

Esto permite comprender que el establecimiento de agendas en cierta forma, se vea determinado por complejos procesos, los cuales suelen ser moldeados por las características de los mensajes mediáticos y en un nivel menor, por las peculiaridades de los receptores (McCombs, 2004). Aquí por agenda puede comprenderse como el tipo de relación social de corte política, económica, cultural o de cualquier otra índole, que incita directa o indirectamente, el ejercicio de uno o varios tipos de poder dentro de un cuerpo social. Para que ocurra este hecho, es importante que exista una interacción entre por lo menos dos actores, dado que un solo actor, ¿qué interacción social puede establecer? Ninguna.

Con numerosos estudios referidos a la comunicación mediática, se ha podido corroborar que es posible cierto grado de relatividad entre la correspondencia de las prioridades de la agenda mediática y las prioridades posteriores de la agenda pública (McCombs, 2004). Si este hecho ha sido científicamente constatado, el discurso, al considerársele como el único ente interlocutor o mediatizador entre un emisor y un receptor, destaca a la vez como catalizador de significaciones, sentidos, expresiones e incluso, simbologías. Ante este hecho, no es posible considerar al discurso como solo un eslabón del proceso de comunicación mediática. Trasciende su esencialidad de función interlocutora al posibilitar la presencia a través de las acciones de los seres humanos, de diferentes manifestaciones y/o tipologías de poder.

Relación existente entre la comunicación mediática y el poder.

Los medios de comunicación son formas sociales cada vez más influyentes en la vida cotidiana de cada ser racional. La exploración en alguna medida, algo somera en torno a la determinación social que éstos hacen sobre la agenda privada y pública en la sociedad, ha permitido concebir ingenuamente a los mismos, como expresiones sin carácter relevante en cuanto a manifestaciones de poder. Pero, realmente ¿será cierta esta aseveración? o ¿es la comunicación mediática una manifestación de poder social?

No cabe duda que al concebirse el poder como un hecho social no estático, la comunicación mediática, como construcción social dirigida por entes racionales, consideramos, es quizás no contundentemente pero sí relativamente, una manifestación de poder. Lo que interesa determinar es ¿qué tipo?

Se ha evidenciado que en el proceso neoliberal que se experimenta a través de la globalización, la mercantilización de la información es aún vigente (Trujillo, 2006). Si se toma en consideración que esa mercantilización de la información no es ajena a sutiles influencias de intereses específicos particulares o colectivos, es posible empíricamente denotar la existencia de algún tipo de poder.

Quizás, la forma más tácita de identificar una relación entre la comunicación mediática y alguna forma de poder, es a través de la consolidación económica de los propios medios de comunicación. Al ser el “medio de comunicación” un actor social con personería jurídica de carácter asociativo o privado, para su funcionamiento interno es consecuentemente necesario, el establecimiento de cuentas bancarias y/o infraestructuras, por ejemplo. Hoy en día, la opulencia económica es quizás, una manifestación de un status quo social que traducido en nuestro enfoque de interés, de forma per se constata una manifestación de poder. En lo relativo a esto, podría aseverarse de un tipo de manifestación de poder adquisitivo, tributario, informativo y simbólico, por ejemplo.

Aunque en la comunicación mediática es frecuente la distinción entre medios masivos y alternativos, un medio de comunicación al connotarse como alternativo, no escapa al hecho de “servir a los intereses de un sector tradicional” (Trujillo, 2006: 32). Evidentemente, a medida que un medio de comunicación incrementa su ranking de audiencia, su poder de influencia sobre la cognición de sus receptores crece, y es posible que éste influya sobre las actitudes, posturas o interpretaciones que el receptor de los mensajes re-codifique a través de su subjetividad.

Aparte de su potencial de influir en el aspecto cognitivo del receptor, ese hecho en sí, es permeable a intensificación de por ejemplo ideologías, estrategias políticas y slogans discursivos que en acciones específicas multitudinarias (manifestaciones, revueltas públicas, periodos de elecciones, etc.), podrían contraponerse con las teorías normativas existentes en la comunicación mediática. Al proceder este evento, los sectores apoderados de dichos medios de comunicación, tendrían la oportunidad de orquestar un cambio en el orden social imperante; trayendo como secuela la instauración de un nuevo orden social. Esto de hecho, sería un nuevo modelo de orden que circunscribiría el potencial del medio en torno al ejercicio de un poder político, ideológico, simbólico, religioso u de cualquier otra denominación.

Enmarcándonos en el ámbito político, un caso real de correlación entre el poder (cualquier tipo que sea) y la comunicación mediática, lo plantearemos sobre las pasadas disputas que surgieron entre los que en Panamá, desean se aprobara la ampliación del Canal de Panamá y los que se oponían a dicha propuesta.

Por un lado, el gobierno que encabezaba el Presidente Torrijos, promovía la aprobación por referéndum, del proyecto de ampliación del Canal. Para este fin, se arguyó que al concretarse la aprobación del proyecto y una vez se iniciarán los trabajos en el área, se generaría más empleo¹, el país en términos de servicios marítimos sería más competitivo y tendría la oportunidad de seguir liderando la ruta marítima más propicia en cuanto al trasporte de productos desde el Continente Americano a otros sitios geográficos y viceversa.

Importante es destacar que junto al gobierno, sectores empresariales manifestaron su interés porque el proyecto se lograra concretar. Esto último, independientemente de las injerencias externas políticas provenientes de entidades transnacionales. Empero por otra parte, en Panamá un sector social constituido por residentes campesinos afectados, ambientalistas y miembros de partidos políticos, entre otros actores sociales; hicieron esfuerzo común y se opusieron al mencionado proyecto porque según éstos, se atentaba contra la estabilidad ecológica y se impulsaría un mayor endeudamiento del país, pues el costo estimado de la obra era de 5,250 millones de dólares. Otra razón adversativa de la propuesta, era la poca confiabilidad que un sector de la sociedad tenía en torno a la cantidad de empleos directos o indirectos proyectados a raíz de los estudios hechos por el gobierno nacional. Se observa entonces la importancia del discurso como medio catalizador-mediador entre el poder y la comunicación mediática.

Descrito el escenario a groso modo, ¿cómo se determina la relación poder –comunicación mediática? Quizás, a través de un ejemplo simple se constate dicho hecho. El gobierno, como gestor de dicha iniciativa contó con el acceso directo a los medios de comunicación (servicios). Para tal fin, orquestó una campaña televisiva, radial e impresa con miras a influir en la concepción individual y colectiva de los residentes del país en torno a votar por un sí en el momento del referéndum. Por el contrario, los sectores opuestos a dicho proyecto, solo tuvieron acceso a participaciones reducidas en los medios de comunicación. Si se efectuare un análisis de por ejemplo, la periodicidad de mensajes publicitarios a favor de una u otra postura, se podría determinar la diferenciación de los espacios en términos de “tiempo aire” reales, inclinándose la balanza a favor del entonces sector del gobierno². Aquí se constata la afirmación hecha por Maxwell en torno a que “establecer la agenda de atributos para un tema es la encarnación del poder político” (McCombs, 2004: 159).

Las preguntas que surgen sobre dicha acción es: En sí, ¿fue esta una estrategia política de la oligarquía que formó parte del gobierno y de los sectores vinculados con los intereses del gobierno? ¿Se constata o no la influencia del poder económico sobre temas de interés nacional y ello de cierta forma excluye, a la mayor parte de la población pero incluye a sectores históricamente oligárquicos? Es notorio como la influencia del poder económico se inmiscuye indirectamente sobre temas diversos de interés nacional y se observa como los medios de comunicación, a través de la prestancia de los servicios que ofertan, directa o indirectamente, se pueden convertir en instancia utilitaristas claves de un sector o grupo social dominante; quizás, sin la intención de serlos.

Ejemplo tangible de esta situación es el grupo de los Eleta. Éstos en el año de 1939 logran la fusión de varias empresas. Surge de esta forma la “Cervecería Nacional”. Con esta acción el señor Fernando Eleta –Ministro en aquel entonces- expande su influencia política y comercial tanto en Colón y en la ciudad de Panamá (Soler, 1974). Hoy en día, la familia Eleta es partícipe en la acciones de la Corporación MEDCOM PANAMÁ S.A.* Entidad corporativa constituida por RPC radio y televisión (Canal 4) y Telemetro (Canal 13). Como entidad corporativa, MEDCOM PANAMÁ S.A., a través de pautas publicitarias, al momento de impulsarse el referéndum sobre ampliación del Canal de Panamá, fue una de las diversas entidades mediáticas que permitieron a una y otra parte vinculada con el tema; hacer uso de los servicios y ventajas estratégicas de mercadeo permitidas bajo marco legal; empero, se impactó sobre aspectos cognoscitivo-visuales de la sociedad. Otras familias elitistas de esa época y, que hoy en día, pertenecen a la clase pudiente e influyente política del país son: la familia Alemán, la familia Arias-Espinosa, la familia Vallarino, la familia Duque, la familia Chiari, entre otras. He aquí en estas familias junto con la presencia de grupos hebreos y de otros grupos étnicos la concentración del poder económico panameño.

Otro ejemplo reciente en torno a cómo los medios de comunicación influyen en cierto grado en el aspecto cognitivo del receptor (en este caso miembros de la sociedad panameña), fue la estrategia de campaña publicitaria utilizada en las pasadas elecciones generales de 2009 por los asesores del entonces candidato presidencial Ricardo Martinelli, hoy día, Presidente de la República de Panamá. Los contenidos verbales y slogans, las imágenes y los significados subjetivos de éstas, la periodicidad, la hora de difusión e incluso, el vestuario empleado en las cuñas publicitarias; son elementos componentes de éstas que contribuyeron a propiciar un resultado sin precedentes en la historia republicana de los procesos electorales en Panamá. El actual Presidente de Panamá, ganó los comicios con más del 60% de preferencia. En ese contexto, tal fue la magnitud económica de la campaña publicitaria requerida tanto por la candidatura oficialista como la de oposición que, dejó claro que en Panamá por ahora, quién aspira llegar al solio presidencial, debe contar con los recursos económicos suficientes, pues se demostró que la publicidad, es uno de los principales elementos que demarca el éxito o fracaso de una campaña presidencial.

A manera de Conclusión

El discurso (sea hablado, audiovisual, impreso u de otra forma) es catalizador-mediador del comportamiento y la dominación dada entre la comunicación mediática y el poder. Por un lado, la comunicación mediática es parte de una red de producción por considerársele un ente social constituido de contenido, sentido y significación. Empero, el poder se caracteriza por ser circular, no estático. Al ser dinámico, esto permite su intromisión quiérase o no, en las esferas de la comunicación mediática.

Como se aludió dentro del contenido del escrito, cualquier medio de comunicación, indistintamente que se auto-categorice como masivo o privado, no escapa de la influencia ejercida por intereses provenientes de un sector social. Al contrario, con los ejemplos esbozados casi al final del texto (caso Panamá), se constata cómo en ocasiones los medios de comunicación son instancias que influyen en la reorientación de una política estatal o preferencia electoral, por citar un par de casos.

La contemplación de la comunicación mediática dentro de una red de producción, en el caso específico sector medios de comunicación social, aunado a su intrínseca presencia dentro de un cuerpo social que podría ser en términos institucionales o antropogénicos, permite correlacionar sus acciones procedimentales como figura empírica verificable en cualquier espacio y tiempo junto con el poder; éste último, claramente contemplado como hecho social circulante. Con estas características, se ven sustentados los lineamientos teóricos expresados.

Algo que es importante reconfirmar, es que tanto la comunicación mediática y el poder, son parte de un cuerpo social. Su vinculación o correlación, base de nuestra inquietud por determinar la comunicación mediática como una forma de poder, es recíproca entre sí. ¿Por qué es recíproca? Porque ambos parámetros son dependientes del discurso como único medio capaz de mediar o catalizar las acciones de comportamiento y dominio suscitados entre ambos.

Notas

¹ Según las proyecciones enunciadas por parte del gobierno en ese entonces, se estimaba una generación de 7000 empleos directos y 35000 empleos indirectos, durante todo el proceso de construcción del tercer juego de exclusas. Para mayores detalles consultar < http://www.critica.com.pa/archivo/07172006/cie02.html> Sección: Al Cierre del lunes 17 de julio de 2006.

² Para una muestra, consultar el web site del diario Crítica Libre del día 17 de julio de 2006.

³ Al respecto, el proyecto fue aprobado en Consejo de Gabinete el día 26 de junio. Posteriormente, fue aprobado en tercer debate en la Asamblea Nacional durante la cesión del día 14 de julio de 2006.

* El nombre de la Corporación MEDCOM PANAMÁ S.A., es empleado en este escrito como referente y ejemplo circunstancial para los potenciales lectores del mismo.

Bibliografía

Fairclough, Nornan y Ruth Wodak (2001). Análisis del discurso. En: Van Dijk, Toun A. (comp.)

El discurso como interacción social. Editorial Gedisa, Barcelona, España.

Foucault, Michel (1997). Verdad y poder. En: Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones. Editorial Alianza, Madrid, España.

McCombs, Maxwell (2004). Estableciendo la agenda: EL impacto de los medios en la opinión pública y en el conocimiento. Editorial Paidós, España.

Soler, Ricauter (1974). Panamá dependencia y liberación. Editorial Educa, Costa Rica.

Thompson B., John (1998). Los media y la modernidad: una teoría de los medios de comunicación. Editorial Paidós, Barcelona, España.

Trujillo, Silvia, et. al. (2006). Espejos rotos: La intrincada relación de las mujeres y el periodismo impreso en Guatemala”. Editorial de Ciencias Sociales. Guatemala.

Van Dijk A., Teun (2001). El estudio del discurso. En: El discurso como estructura y proceso. Editorial Gedisa, Barcelona., España.

Sitio Web:

http://www.critica.com.pa/archivo/07172006/cie02.html Consultado en enero de 2010.

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