Contribuciones a las Ciencias Sociales
Enero 2010

 

ESTUDIOS DE DEMOGRAFÍA HISTÓRICA: EL REVERSO DE LAS “LEYES” MALTHUSIANAS


 

Edgardo Adrián López
edadrianlopez@gmail.com 

 

En determinada tradición marxista (sea ésta política –Lenin, Stalin, Mao, etc.– o filosófica –Althusser, Goldmann, Della Volpe, etc.) y en su variada recepción en el siglo XX (fenomenología francesa –Merlau-Ponty, Sartre-, estructuralismo, post/estructuralismo –Foucault, Derrida, Guattari- , pos/modernismo –Vattimo, Lyotard, Castoriadis-, Escuela de Frankfurt –Adorno, Habermas), se convirtió en una tópica el mecanicismo del amigo de Engels. Es probable que la estandarización en juego, haya influido para que no se advirtiera que el crítico alemán se opone al autor del Ensayo sobre la población precisamente por su ciego determinismo. Heredamos así la idea de que Marx rechaza a aquél por motivos de deconstrucción ideológica.

Quisiéramos poner el acento, sin desconocer lo anterior, en otros aspectos del distanciamiento marxiano. Si tenemos en mente que las reflexiones acerca del problema de la población tiene en el exiliado en Gran Bretaña, una triple vertiente (cf. infra) constatamos que lo que lo empuja a su oposición son errores en la praxis de un saber articulado en argumentos . En realidad, lo que se desmantela es el economicismo y la dialéctica estrechamente comprendida entre base y superestructura , que anidan en la “ley de las proporciones” entre el crecimiento demográfico y la capacidad de los recursos alimentarios para sustentarlo.
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
López, E.A.: Estudios de demografía histórica: el reverso de las “leyes” malthusianas, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, enero 2010, www.eumed.net/rev/cccss/07/eal.htm 


I

Las reflexiones en torno a la demografía responden a una múltiple preocupación, según lo anticipado. En efecto, habría una perspectiva:

i) epistemológica, la que indagaría si hay reglas históricas, por qué y qué carácter tienen.

Aquí el pensador comentado, interroga cómo articular conceptos que no sean trascendentales e idealistas, pero tampoco empiristas. Este nivel constituye el paso hacia la segunda inquietud.

ii) metodológica, la cual reelaboraría lo real en un “concreto espiritual” por medio de un dispositivo llamado “concreto-abstracto-concreto”. El añadido de un cuarto instante que es el histórico/crítico, nos mostrará la conexión de este plano en lo procedimental.

Marx aparece como deconstructor de la ciencia y la teoría.

iii) expositiva, en la que se anhela otorgar al tema, el espacio adecuado para que los estudios alrededor del capital guarden coherencia.

Ahora bien, si entendemos que en la pareja de la hermosa Jenny, las leyes de los procesos sociales no se forman por las mismas causas que condujeron a Galileo a creer en la existencia de una escritura matematizada en el cosmos, ni por compartir el cientificismo del siglo XIX (cuyo paradigma es August Comte), sino porque el derrotero de los acontecimientos no es dispuesto en cooperación sin violencia, será engorroso enrostrarle una Filosofía de la Historia, a la manera en que los post-modernos lo acusan. La lucha del co fundador del Partido Comunista, consistiría en analizar los mecanismos por los cuales los individuos son arrastrados por la Historia como si ésta tuviese una teleología, un sentido ya trazados. La impotencia e inconsciencia de mujeres y varones respecto a los frutos de su praxis, ocasiona que los fenómenos sociales operen al modo de axiomas opresivos.

Así, las leyes que son explicitadas no son sencillamente propias de la dialéctica histórica ni tampoco un mero artificio de la teoría: son objetivas en virtud de que los agentes, al no controlar en una democracia radical las interacciones sociales, las objetivan en cuanto terceros poderes, mas, en calidad de exteriorizaciones, pueden ser disueltas por la misma acción que las “aquitinó”. Au fond, la ilustración conforme a silogismos refutables, es una de las estrategias que contribuyen a licuar las reglas que el obrero colectivo se dio despóticamente: yendo contra las condiciones de lectura que nos hacen internalizar lo opuesto, es factible decir que la revolución debe traernos una historia sin leyes.

Dadas las cosas de esta guisa, las asociaciones pre/comunistas se presentan en tanto conjuntos en las que operó una “filosofía de la historia” en la medida en que no fueron capaces de desmantelar las normas-sentido, las reglas/teleología que gobernaron.

Pero las normativas que giran contra los que no tendrían por qué padecer lo absurdo , son aprehensibles a través de una dialéctica entre inducción, deducción y abducción , tensionada por el riesgo de caer en generalizaciones indeterminadas, metafísicas y por un empirismo contradictorio . A fin de conseguir ese delicado equilibrio en el devenir de una cronología materialista de la falta de cooperación emancipatoria, que sea útil en tanto registro para un saber y una acción alejadas de potencias endurecidas, el padre de “Tussy” se guía por lo que fue bautizado como “método”.

Nuestra prudencia no es arbitraria porque en Miseria de la Filosofía se acusa al método de metafísico (1984: 113-114, 116/117), por lo que el matiz entre lo que se expone y lo investigado debiera ser enfocado desde otros puntos de vista (ir a López 1998: 86). No podemos menos que postular que en el revolucionario alemán, insiste una desconfianza de la “metodolatría”, paralela a un rechazo de la ciencia en cuanto fuerza que se arrogue el derecho de despreciar las creencias, los saberes “menores” (ver infra).

Prosiguiendo con las elucidaciones que anteceden, los italianos (Della Volpe) y mexicanos (De la Garza) dieron en nombrar el “método” marxista como “círculo” del “concreto-abstracto-concreto”. Aparte de que no se trae a colación los tiempos de una “atesis”, de las selecciones previas que el residente inglés asume para aproximar el objeto, y en referencia a las cuales entrará en liza la dialéctica, se olvida un instante adicional: el histórico/crítico por el que las nociones permiten una “cartografía” de los modos de producción que escandieron épocas, sin el lastre de relatos trascendentales.

Aunque no es oportuno justificar lo dicho con más detalle, el “método” sería el de una “atesis” que incide en la conversión de lo real en un abstracto que, después de intrincadas mediaciones intelectuales (cf. López 1998: 206-210), reformula un “concreto de pensamiento”. De éste son deducidas las causas por las que los hombres son sujetados a leyes cuasi/naturales impidiendo en simultáneo, reintroducir una narración de civilizaciones o culturas que ignore las condiciones materiales de existencia (Marx 1974: 240-241).

Pero como es sabido, las precauciones del nacido en Tréveris en lo que se vincula con los relatos de grandes alcances, fueron interpretadas en las notas de una sociología del conocimiento que, para resaltar las “inconsecuencias” del marxismo, acabó por aplicarle esos criterios. Fácil es postular que la recursividad con la que se anhela enfrentar al distanciado con los hermanos Bauer consigo, no lo refuta sino que constata la vigencia de una teoría que puede dar cuenta de su contexto de descubrimiento y autodeconstruirse. Más importante asoma que la crítica (que es a la vez, deconstrucción de la ciencia y argumentación racional) haya procurado estar en una posición “curvada” respecto a la superestructura: si lo científico es semiótico e institucional y si por ende, puede ser capturado por la dialéctica entre base y superestructura, a fin de evitar que esa interacción anule las potencias deconstructivas de una teoría que no es ni filosofía ni ciencia, es imprescindible generar un “hueco” desde el que sea pensable la sociedad, lo contemporáneo. La “sociología” del conocimiento levantada en desmedro del padre de Jennychen, trae lo contrario de lo que deseaba: la teoría crítica es lo que puede deconstruir las formas de saber, incluida una tal sociología que, por su vocación de cientificidad, recibe los efectos superestructurales en su seno .

En lo que a Malthus le cabe, podríamos sostener que el expulsado de la Europa continental, efectúa objeciones no sólo por querer encubrir ideologemas en sentencias pseudocientíficas, sino por confiar demasiado en lo científico , en un producto que es consecuencia del trabajo intelectual, apartado del manual, que los demás hombres (especialmente los obreros) no gestaron en mutua ayuda. Lo rechazable en el teórico de la población es que sentencias científicas, deban ser aplicables a individuos que no participaron en su génesis: si el diagnóstico de los “males” de la superpoblación son científicamente verdaderos (lo que estamos lejos de suscribir...), son los integrantes de los grupos no acomodados los que tendrían que discutir qué medidas concretar para mermar los impactos negativos del remanente demográfico, no los técnicos ni los científicos .

El autoritarismo en el que incurrieron diversas tendencias del marxismo se debe, en parte, a no haber entendido que en nombre de la ciencia no puede ser avasallada la gente que no discutió los alcances vitales de sus resultados. Las observaciones a Malthus podrían enseñarnos que cuando hablamos a favor de lo científico, queremos silenciar, excluir, recluir, dominar otros saberes .

II

Por lo anterior, el autor de los Grundrisse sitúa la temática de la población en el panorama general de una denuncia a las comunidades que, al igual que el capitalismo, gestaron leyes, cosas, estructuras, instituciones, discursos, procesos que, de ser dependientes de los hombres, los subyugaron. Aquí el “filósofo” socialista da un giro doble: deconstruye a Malthus porque él mismo no comprendió lo que había de verdad en su decir, y en razón de que elabora una dialéctica base/superestructura mucho más mecanicista de lo que en realidad es, sin apartar su teoría de ese determinismo (cf. infra).

En lo que hace a lo primero, el germano expresa que la

“teoría de Malthus [...] es importante en dos aspectos: 1) porque ha otorgado una expresión brutal al brutal modo de pensar del capital; 2) porque ha afirmado el factor de la superpoblación para todas las formas de sociedad” (Marx 1972: 112).

Como vemos, el materialismo libertario acepta que en alguna medida, las leyes demográficas de los colectivos que existieron bajo el reino de la Necesidad son malthusianas, en la proporción en que esas normas traducen un desfasaje entre riqueza y excedente de hombres. Tal cual lo indicamos, la vigencia de reglas que actúan a espalda de los individuos, del tenor de los principios demográficos, se corresponden con asociaciones en las que

“[...] las condiciones de existencia [...] son independientes de los [sujetos] y [...] se presentan como condiciones de la naturaleza, o sea incontrolables [...]” (Marx 1971 a: 91).

En dichas comunidades, puesto que los elementos para la génesis de tesoro (por ejemplo, las formas de propiedad) se anteponen como barreras para el despliegue de las fuerzas creativas, la población -que sintetiza el grado de complejidad de las potencias citadas- choca con limitaciones: el contexto de las entidades sociales, sólo es compatible con una cuota dada de personas (Marx 1972: 11).

Esta presunción no debe ocultar que en diferentes modos de producción rigen desiguales leyes demográficas (postulado metodológico), ni que no poseen el mismo carácter que las del universo, aunque ellas sean cuasi/naturales por la impotencia del obrero comunitario (premisas epistemológicas). Tampoco es recomendable perder de vista que los contactos entre la población (integrada por un segmento sustentado en la riqueza accesible y una superpoblación) y la base material, son enmarañadas y variables (advertencia expositiva) .

“La población se desarrolla en proporciones [...] diferentes y [...] la superpoblación constituye [...] una relación [condicionada], [...] no determinada por números o por el límite absoluto de la productividad de medios de subsistencia [...]” (Marx 1972: 113).

En el fondo, el incremento demográfico no es dependiente de tales medios, sino de los medios de empleo del trabajo. Así,

“[...] la superpoblación entre los pueblos cazadores [...] no demuestra que la tierra no pueda soportar ese escaso número, sino que las condiciones de su [permanencia] requieren un gran [espacio] para pocas cabezas” (Marx 1972: 115).

Se trata de aprehender que si las normas demográficas, en paralelo a que las reglas de la génesis de tesoro, etc., son cuasi-naturales, aquéllas no son verdaderas leyes inmodificables por la praxis. La naturalización de los principios que encorchetan la acción humana no llega tan lejos, al extremo de dar lugar a limitaciones inmanentes que sean el destino escrito en signos eternos (Marx 1972: 114).

Una dialéctica entre base y superestructura mal comprendida es lo que tornaría razonable semejante determinismo, sin la alternativa de separar la teoría misma de ese diagnóstico. El co fundador de la Internacional escapa al economicismo, a pesar de tomar nota de que las entidades comunitarias estuvieron acicateadas por las incoherencias económicas, porque en el materialismo tan contundente que las atraviesa, la praxis puede manifestarse como libertad . En Malthus, la reflexión endurece el determinismo hasta el nivel en que comprueba mecánicamente un mecanicismo en que no late ningún grano de autodesarrollo, en que los elementos para la vida son un código inexorable.

La constatación en el “filósofo” germano, del cuasi/naturalismo que anida en la época pre comunista, nos capacita para detectar por qué Malthus decía verdad a pesar suyo: las leyes demográficas están en nexos conflictivos con la base productiva, en virtud de que en ambas esferas anida poco margen para lo libre. En el otro pensador, la puesta en relieve de un causacionismo no polivalente regresa sobre los enunciados teoréticos, calificándolos de mecánicos: imposibilitados de ver las fuerzas de la acción terrena para subvertir lo dado, caen en una metafísica del destino .

Obras consultadas

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